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jueves, 6 de junio de 2019

ARQUEOLOGÍA: LOS INCAS .- NATIONAL GEOGRAPHIC .- La historia de Hiram Bingham, el descubridor de Machu Picchu

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., existe cierta controversia, en saber quien fue el primero en descubrir Machu Picchu, mundialmente se le atribuye al norteamericano Hiram Bingham, sin embargo existen pruebas documentadas por el mismo norteamericano que fue un peruano llamado Agustín Lizárraga, quien visitó Machu Picchu en 1902.
Lo cierto, que nadie habla de Lizárraga, y todos le atribuyen al norteamericano  Hiram Bingham, documentar el descubrimiento de Machu Picchu,  el 24 de julio de 1911.
National Geographic.- narra : "....Creyendo hallarse a las puertas de Vilcabamba, el lunes 24 de julio, que amaneció nublado y con una ligera llovizna, Bingham entró en el recinto y se dio cuenta del sensacional descubrimiento que acababa de hacer. Una ciudad con una arquitectura y una ingeniería espectaculares y totalmente desconocida hasta entonces por el mundo. En su libro escribió: "De repente me encontré parado frente a las paredes de una ruina y casas construidas con la mejor calidad del arte inca. Las paredes fueron difíciles de ver ya que los árboles y el musgo habían cubierto las piedras por siglos. Pero en la sombra del bambú y trepando los arbustos estaban las paredes visibles hechas de bloques de granito blanco cortados con la más alta precisión. Encontré brillantes templos, casas reales, una gran plaza y miles de casas. Parecía estar en un sueño". También documentó cada una de las fotos que iba tomando con su Kodak A3, y durante el recorrido por el yacimiento Bingham pudo leer en una de las paredes del Templo de las tres ventanas una inscripción hecha en carbón vegetal en la que decía "Lizárraga” y un año: 1902. Era la prueba de que mucho antes que él otras personas ya habían visitado el emplazamiento....."

https://www.nationalgeographic.com.es/historia/historia-hiram-bingham-descubridor-machu-picchu_14323

El 6 de junio de 1956 moría en Washington el famoso arqueólogo Hiram Bingham, que pasó a la historia como el descubridor de Machu Picchu. Aunque no todos creen que fuese el primero en llegar a la legendaria ciudadela inca, pues el agricultor peruano Agustín Lizárraga ya dejó constancia de su existencia algunos años antes.

Una juventud prometedora
Nacido en Honolulú (Hawáii) el 19 de noviembre de 1875, Hiram Bingham fue hijo y nieto de los primeros misioneros protestantes que llegaron al archipiélago volcánico de Pacífico. A pesar de muchas dificultades, Bingham consiguió graduarse en Yale, y más tarde doctorarse en Harvard, donde ejerció como profesor de historia. 
Foto: CC

Bingham y Tiffany & Co
En 1898 cuando su vida cambió completamente al conocer a Alfreda Mitchell, hija de Alfred Mitchell y Annie Olivia Tiffany, hija y heredera de Charles Tiffany, fundador de la famosa joyería Tiffany & Company de Nueva York. El matrimonio con la joven heredera permitió a Bingham entrar a formar parte de la clase pudiente norteamericana, además de financiar alguna de sus expediciones.  
Foto: Cordon Press

Primeras experiencias
Entre noviembre de 1906 y mayo de 1907, Bingham partió en su primera expedición. La idea de Bingham, que para entonces ya había publicado algunos artículos académicos, era escribir una biografía de Simón Bolívar y seguir la ruta que el libertador llevó a cabo entre Caracas y Bogotá, pero jamás llegó a hacerlo.
Foto: Cordon Press

En busca de Vilcabamba
El punto de inflexión en las exploraciones de Hiram Bingham se produjo en 1910, cuando un amigo suyo, Edward S. Harkness, leyó el borrador del libro de su último viaje. Quedó tan impresionado que le sugirió realizar una nueva expedición para encontrar el último refugio de los Incas, la mítica Vilcabamba. 
Foto: CC

El Machu Picchu desde la cámara de Bingham
En su libro escribió: "De repente me encontré parado frente a las paredes de una ruina y casas construidas con la mejor calidad del arte inca. Las paredes fueron difíciles de ver ya que los árboles y el musgo habían cubierto las piedras por siglos." 
Foto: Cordon Press

Un descubrimiento sin igual
Creyendo hallarse a las puertas de Vilcabamba, el lunes 24 de julio, que amaneció nublado y con una ligera llovizna, Bingham entró en el recinto y se dio cuenta del sensacional descubrimiento que acababa de hacer.
Foto: Gonzalo Azumendi
Josep Gavaldà

La historia de Hiram Bingham, el descubridor de Machu Picchu

La curiosa historia de Hiram Bingham está llena de incógnitas y contradicciones. Algunos creen que fue el modelo en que se inspiraría el personaje del famoso arqueólogo de ficción Indiana Jones –aunque otros piensan que fue el arqueólogo Sylvanus Morley–, y para otros, simplemente fue un explorador fascinado por la cultura sudamericana que se llevó el mérito del descubrimiento de Machu Picchu cuando, en realidad llegó al yacimiento nueve años después que su auténtico descubridor, el agricultor peruano Agustín Lizárraga.
Nacido en Honolulú (Hawáii) el 19 de noviembre de 1875, Hiram Bingham fue hijo y nieto de los primeros misioneros protestantes que llegaron al archipiélago volcánico de Pacífico. Una férrea disciplina y una educación encaminada a una vida como misionero hicieron de la infancia de Bingham una de las épocas más tristes de su vida; incluso llegó a robar 250 dólares de la cuenta familiar para poder huir con un amigo. En 1892 sus padres lo llevaron a la Phillips Academy en Andover, Massachussets, y posteriormente ingresó en la Universidad de Yale. Los ahorros familiares sólo le alcanzaron al joven para mantenerse durante un año y se vio obligado a realizar multitud de trabajos, desde ayudante de cocina a vendedor de caramelos y libros a domicilio, pasando por maestro particular de los compañeros de clase más ricos. A pesar de todas la dificultades, finalmente, Bingham logró graduarse en Yale en 1898.
La infancia de Bingham fue tan dura que llegó a sustraer 250 dólares de la cuenta familiar para poder huir con un amigo
De regreso a casa de sus padres, Bingham desempeñó varios oficios, pero nunca logró sentirse realizado. Fue en 1898 cuando su vida cambió completamente al conocer a Alfreda Mitchell, hija de Alfred Mitchell y Annie Olivia Tiffany, hija y heredera de Charles Tiffany, fundador de la famosa joyería Tiffany & Company de Nueva York, de la cual se enamoró perdidamente. En agosto de 1899 se matriculó en la Universidad de California en Berkeley y se doctoró en Harvard en 1905 donde trabajó como profesor de Historia.

Una boda de postín

En 1900, Bingham se casó con Alfreda, con la que tuvo siete hijos y de la que acabaría divorciándose en 1937. Esta unión permitió a Bingham entrar a formar parte de la clase pudiente norteamericana y permitirse lujos de los que hasta entonces nunca había podido disfrutar. Por fin, entre noviembre de 1906 y mayo de 1907, Bingham partió en su primera expedición acompañado de Hamilton Rice, un joven doctor que había ganado cierta fama como explorador por su viaje desde Guayaquil hasta el Río Napo, en Ecuador. La idea de Bingham, que para entonces ya había publicado algunos artículos académicos, era escribir una biografía de Simón Bolívar y seguir la ruta que el libertador llevó a cabo entre Caracas y Bogotá, pero jamás llegó a hacerlo.
Su matrimonio con Alfreda Mitchell en 1900 introdujo a Bingham en la poderosa clase alta estadounidense
En diciembre de 1908, Bingham participó en el Primer Congreso Científico Panamericano celebrado en Santiago de Chile, y durante el proceso de coordinación de la delegación norteamericana conoció al presidente Theodore Roosevelt con el que mantendría una gran amistad hasta su muerte. Al finalizar el congreso, Bingham se trasladó a Lima y desde allí a Cuzco, donde fue recibido con todos los honores por las autoridades peruanas encantadas de que un delegado norteamericano asistente al congreso científico tuviese intención de explorar el país.
Bingham visitó Cuzco y sus alrededores durante un tiempo y partió en 1909 para seguir con su exploración, que le llevó hasta Abancay, donde reconoció el sitio de Choquequirao por expreso deseo del prefecto de la región Juan José Nuñez.

En busca de Vilcabamba

Bingham había intentado convencer a las autoridades peruanas de que él ni era científico ni un experto en cultura incaica, pero de nada le valieron sus explicaciones y se vio obligado a partir, formando parte de una gran caravana, hacía las ruinas de Choquequirao. En realidad, Bingham no era arqueólogo y en los días que pasó en el sitio tomó muchas fotografías, midió cuidadosamente los monumentos y describió el medio ambiente del modo más preciso que pudo.
En los muros de Choquequirao pudo leer los nombres y las fechas de los primeros exploradores que llegaron al lugar escritos con carbón vegetal. Entre ellos, Bingham anotó cuidadosamente los de Eugene de Sartiges acompañado de los peruanos José María Tejada y Marcelino León en 1834; José Benigno Samanez, Juan Rivas Plata y Mariano Cisneros en 1861... El último grupo era el de Bingham, compuesto por el mismo prefecto Núñez y por el teniente Cáceres. Finalizada la expedición, Bingham quedó muy decepcionado al no encontrar ningún tesoro y volvió a Lima desde donde regresó a los Estados Unidos.
El punto de inflexión en las exploraciones de Hiram Bingham se produjo en 1910, cuando un amigo suyo, Edward S. Harkness, leyó el borrador del libro de su último viaje. Quedó tan impresionado que le sugirió realizar una nueva expedición para encontrar el último refugio de los Incas, la mítica Vilcabamba. El principal escollo fue la financiación la cual, tras cerrársele muchas puertas, acabaron pagando su esposa Alfreda, National Geographic Society, la Universidad de Yale y la Sociedad Nacional Geográfica de Estados Unidos.
Tras prácticamente un año de preparativos, la expedición partió hacía Cuzco en 1911. Bingham se dedicó a recopilar información acerca de la última capital de los Incas, y durante una noche de bebida, en la que el subprefecto de Cuzco bebió más de la cuenta, éste pronunció una palabra clave para el descubrimiento que el explorador estaba a punto de realizar: "Huayna Pichu", el nombre de la montaña a cuyos pies se extienden las ruinas de Machu Picchu, el lugar donde Bingham creía que se encontraba Vilcabamba.
El 19 de julio de 1911, la expedición partió hacia el valle del Urubamba y el 23 de julio acamparon en Mandorpampa, una gran planicie cercana al yacimiento, que Bingham conocía tras haber oído hablar de ella al rector de la Universidad San Antonio Abad de Cuzco, Albert A. Giesecke.
En 1911, Bingham partió hacia Cuzco con la intención de organizar una expedición en busca de las ruinas de la mítica Vilcabamba

Bingham entra en Machu Picchu

Creyendo hallarse a las puertas de Vilcabamba, el lunes 24 de julio, que amaneció nublado y con una ligera llovizna, Bingham entró en el recinto y se dio cuenta del sensacional descubrimiento que acababa de hacer. Una ciudad con una arquitectura y una ingeniería espectaculares y totalmente desconocida hasta entonces por el mundo. En su libro escribió: "De repente me encontré parado frente a las paredes de una ruina y casas construidas con la mejor calidad del arte inca. Las paredes fueron difíciles de ver ya que los árboles y el musgo habían cubierto las piedras por siglos. Pero en la sombra del bambú y trepando los arbustos estaban las paredes visibles hechas de bloques de granito blanco cortados con la más alta precisión. Encontré brillantes templos, casas reales, una gran plaza y miles de casas. Parecía estar en un sueño". También documentó cada una de las fotos que iba tomando con su Kodak A3, y durante el recorrido por el yacimiento Bingham pudo leer en una de las paredes del Templo de las tres ventanas una inscripción hecha en carbón vegetal en la que decía "Lizárraga” y un año: 1902. Era la prueba de que mucho antes que él otras personas ya habían visitado el emplazamiento.
Las mejores imágenes del descubrimiento de Machu Picchu
Más información

Las mejores imágenes del descubrimiento de Machu Picchu

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Fotografías
En Machu Picchu, Bingham descubrió una inscripción con un nombre, Lizárraga, y una fecha, 1902
Aparte de la controversia generada por el descubrimiento, Bingham también recibió críticas por sustraer de manera ilegal 46.332 piezas arqueológicas que fueron llevadas a la Universidad de Yale. Tan sólo 300 fueron devueltas; el resto permanece en grandes museos europeos como el Museo Británico, el Museo del Louvre o en colecciones particulares.
Tras fracasar en su carrera política y divorciado dos veces, Hiram Bingham, quien en su juventud fue un hombre alto y apuesto, audaz y con una personalidad seductora, moría el 6 de junio de 1956 a los 81 años. Su cuerpo descansa en el Cementerio Nacional de Alington (Virginia) donde fue enterrado con todos los honores.
NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
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sábado, 2 de febrero de 2019

MACHU PICCHU : AMÉRICA DEL SUR .- PERÚ.- CUSCO .- NATIONAL GEOGRAPHIC .- De Cusco a Machu Picchu

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG.,la Revista National Geographic, ha elaborado un reportaje de la visita desde el Cusco a Machu Picchu, ciudadela símbolo de la impresionante arquitectura de la Civilización Incaica, con detallada y en sencilla pedagogía conduce al turista o viajero, dándole varias alternativas para llegar  a Machuc Picchu
Desde el Cusco a Machuc Picchu son 112 kilómetros, que los puede hacer en tren directo hasta Aguas Calientes, o en rutas cortas por bus, o a pie, en todos los casos se llegan a Aguas Calientes, y desde  allí se toma el último bus para llegar a la puerta de acceso a la Ciudadela de Machu Picchu.

 https://www.nationalgeographic.com.es/viajes/grandes-reportajes/machu-picchu-de-cusco-a-la-ciudad-perdida-de-los-incas_9427
 La enigmática ciudad inca, encajada en medio de los Andes peruanos, es un enclave lleno de historia



El enigma de los Andes
La silueta piramidal del Huayna Picchu se eleva sobre la legendaria ciudad de los incas. El arqueólogo Hiram Bingham la dio a conocer al mundo en 1911, tras  cuatro siglos de abandono.
GONZALO AZUMENDI



Cusco
La catedral barroca (1560-1650) es el edificio principal de la plaza de Armas, la explanada en torno a la cual se erigían los palacios y templos de la época inca.
DMITRY SAMSONOV


Ollantaytambo y Chinchero
Son visitas imprescindibles desde Cusco. El primero por sus ruinas incas y su casco antiguo; Chincheros por su mercado de tejidos.
BILL SMOTRILLA

Salineras de Maras
Un arroyo de agua salina llena estos pozos de época preincaica. Su explotación, aún hoy, pasa de padres a hijos.
SUSANNE KREMER / FOTOTECA 9 X 12

Tras los pasos incas
El tren de Cusco cruza el centro de Aguas Calientes. En las otras fotos, una llama y la entrada a Machu Picchu.
NAVANEETH SAIPRASAD

Machu Picchu
Se alcanza al cuarto día de marcha por el Camino del Inca o bien en autobús desde Aguas Calientes.
BERTRAND GARDEL / GTRES

 
Valle del Urubamba
En tiempos de los incas, era una zona muy transitada porque comunicaba las principales ciudades del imperio.
ILIA KOTCHENKOV

 
Huayna Picchu
Esta montaña de 2.667 m es el magnífico telón de fondo de Machu Picchu. Un camino con peldaños permite alcanzar la cumbre en apenas una hora.
JONNY FINKEL

El Valle Sagrado
1 Cusco. La antigua capital inca tiene las mejores muestras de barroco andino.
2 Ollantaytambo. Conserva las ruinas de la mayor fortaleza inca.
3 Camino del Inca. Se recorre en 4 días desde el Km 82 de la vía del tren de Cusco.
4 Machu Picchu. La ciudadela inca se alcanza desde Aguas Calientes.
Mapa: BLAUSET
Redacción

De Cusco a Machu Picchu

El camino entre Cusco y Machu Picchu es uno de los más transitados de América del Sur. Las rutas entre un punto y otro, sin embargo, son varias y ofrecen más de lo que muchos esperan: un valle sagrado, pueblos coloniales, mercados indígenas, ruinas incas y montañas imponentes.

Cusco, el punto de partida, es una ciudad que sorprende. Ubicada en medio de los Andes peruanos, en un valle a 3.400 metros de altitud, la antigua capital del imperio inca ofrece una colorida amalgama de mercados callejeros, iglesias barrocas y edificios coloniales. Se trata del lugar ideal para empezar a aclimatarse a la altitud antes de emprender la ruta a la ciudadela de Machu Picchu, a 112 kilómetros de distancia. Ya sea en tren, en autocar o a pie, el recorrido se disfruta yendo sin apuro, contemplando el paisaje a ritmo lento.
La leyenda cuenta que Manco Cápac, el primer gobernador de los incas, fundó la ciudad-estado de Qosqo en el siglo XII en las afueras de lo que hoy es la Plaza de Armas, tras una revelación de Inti, el dios Sol. El lugar se convirtió en el centro del Reino de Cusco, que luego se expandió hasta formar el Tawantinsuyu, el imperio precolombino más grande de América. La ciudad se convirtió entonces en el centro administrativo, político y militar de un territorio que abarcaba desde el sur de Colombia hasta el centro de Chile.
En la actualidad Cusco es la puerta de entrada al Valle Sagrado, centro del universo inca gracias a sus fértiles tierras y su espectacular paisaje de ríos, cerros y quebradas que se extiende entre las poblaciones de Písac y Ollantaytambo. Accesibles en trayectos cortos en autobús, hay poblados con mercados y ruinas fascinantes. Una de las paradas más coloridas es el pueblo de Chinchero, a 28 kilómetros de Cusco. Todos los domingos, sus habitantes montan un mercado en la plaza y ofrecen flores, frutas, verduras, artesanías y telas con motivos tradicionales. Este mercado indígena nació como un espacio para el trueque de productos y hoy sigue siendo un reflejo de la vida cotidiana de los pueblos andinos.


Chinchero es también el punto de acceso a uno de los rincones más peculiares del viaje: las terrazas de cultivo de Moray. A primera vista parece un anfiteatro gigante en el que los incas tallaron círculos concéntricos hasta formar bancales hundidos en la tierra. Las diferencias de humedad y temperatura entre los bancales superiores e inferiores y su grado de exposición al sol crean una veintena de microclimas. Los incas utilizaban Moray como centro de investigación agrícola y para calcular el volumen de la cosecha en las distintas zonas del imperio. Las vecinas salineras de Maras producen otro impacto visual, con su aspecto de cajones abiertos en la ladera de la montaña. Son más de 3.000 estanques de 5 metros cuadrados y poca profundidad que se usan desde tiempos preincaicos para obtener sal por evaporación del agua.


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La última parada del Valle Sagrado suele ser Ollantaytambo, un pueblo a 60 kilómetros de Cusco. Fue la residencia de la nobleza, un centro ceremonial y el fuerte de Manco Inca Yupanqui, el líder de la resistencia contra los conquistadores. Por eso, hoy se pueden ver las ruinas de la que fue la mayor fortaleza defensiva del imperio inca. En Ollantaytambo, los caminos de los viajeros se bifurcan: algunos se suben al tren que va directo a Aguas Calientes, al pie de Machu Picchu, otros comienzan el trekking siguiendo el Camino del Inca, y otros eligen rutas alternativas. Todos conducen al mismo destino: Machu Picchu.
Los incas trazaron una red de caminos de 30.000 kilómetros que atravesaba los seis países del Tawantinsuyu. Se llamaba Capac Ñam, que en quechua significa Camino Real o Camino del Inca, y fue la red vial más larga y avanzada de la Sudamérica precolombina. Su tramo más famoso son los 43 kilómetros que van del poblado de Chillca a Machu Picchu y que recibe el nombre de Camino Inca. La caminata de cuatro días empieza en el kilómetro 82 de la vía férrea que va de Cusco a Aguas Calientes; a partir de ahí se siguen senderos de tierra y puentes colgantes que cruzan valles, montañas, selvas, bosques, ríos y ruinas incas. El recorrido termina en la Puerta del Sol, la entrada principal a Machu Picchu. Allí, muchos caminantes, desbordados de emoción, lloran mientras ven por primera vez la ciudad oculta entre las montañas.
Desde la cima del Huayna Picchu aparece la vista panorámica de la mayor obra arquitectónica y de ingeniería que legaron los incas
Pero no todos van en tren o a pie a Aguas Calientes, la población desde donde se hace el ascenso final a Machu Picchu. Hay quienes eligen llegar por vías alternativas y más económicas, pero no menos impresionantes. Una de las «rutas de atrás» parte de Cusco en autobús local o combi hacia las localidades de Santa María y Santa Teresa –casi siete horas en total– y después sigue a pie junto a la vía del tren hasta Aguas Calientes, a 15 kilómetros desde la Hidroeléctrica. Sea cual sea la ruta escogida, el premio es magnífico: la visita a uno de los sitios arqueológicos más enigmáticos del planeta.
Aún hoy las certezas acerca de Machu Picchu son escasas. Se sabe que los incas lo construyeron alrededor de 1450 y que lo abandonaron cien años después, tras la conquista española. Su aislamiento geográfico, entre selva y montañas, hizo que pasara desapercibido hasta 1911, cuando el historiador estadounidense Hiram Bingham alcanzó las ruinas gracias a los pastores locales y divulgó sus vestigios al resto del mundo. Algunos investigadores creen que era el lugar de descanso de la realeza inca, otros piensan que acogía un centro ceremonial o una fortaleza militar.
Una vez ahí, lo importante es apreciar el valor y el estilo de vida de aquella civilización y disfrutar del paisaje. Para esto último vale la pena subir el Huayna Picchu, la montaña que se ve de fondo en todas las postales de Machu Picchu. El ascenso es empinado y lleva una hora, pero lo que se contempla desde arriba es el cierre magistral del viaje. Cuando la niebla se despeja, desde la cima del Huayna Picchu aparece la vista panorámica de la mayor obra arquitectónica y de ingeniería que legaron los incas. Después de contemplar esa maqueta silenciosa, con los pies colgando del borde de la montaña, será muy difícil convencerse de que debemos bajar y regresar a nuestra civilización.
MÁS INFORMACIÓN

Documento: pasaporte.
Idioma: español, aimara y quechua.
Moneda: nuevo sol.
Horario: 7 horas menos.
Salud: para realizar el Camino Inca es esencial aclimatarse a la altitud, hidratarse y protegerse del sol.
Cómo llegar y moverse: Lima y Madrid están conectadas por varios vuelos semanales. A Cusco llegan aviones diarios desde Lima. Una red de autobuses comunica los pueblos de la región de Cusco. El tren a Aguas Calientes tarda 4 horas; desde este pueblo un autobús sube a Machu Picchu en 20 minutos.
NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
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viernes, 18 de enero de 2019

LOS INCAS : ARQUEOLOGÍA .- EXPEDICIONES .- NATIONAL GEOGRAPHIC .- El reino perdido de los incas...............El día que se fraguó el fin del Imperio inca............. El Valle Sagrado de los incas

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG.,por considerar de importancia, hemos tomado un reportaje de la Revista National Geographic, que aporte información sobre lo que fue el Imperio de Los Incas, que narra que la conquista dle Cusco por los españoles no significó el fin del Tahuantinsuyo, sino que hubo resistencia por más de 40 años en el corazón de Los Andes.


https://www.nationalgeographic.com.es/historia/actualidad/el-dia-que-se-fraguo-el-fin-del-imperio-inca_6764

Un 16 de noviembre de 1532, los conquistadores españoles del Perú concertaron una reunión con Atahualpa, el último soberano inca


https://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/el-valle-sagrado-de-los-incas_9676/6

Situado a los pies de los Andes, el valle que rodea Cuzco tuvo gran importancia para los incas, que lo sembraron de palacios, templos y fortalezas que hoy son Patrimonio Mundial


https://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/reino-perdido-incas_13519/1

La conquista de Cuzco por los españoles no comportó el final de la resistencia inca, que se mantuvo viva cuarenta años en el corazón de los Andes

El Valle sagrado
Vista del cañón del Urubamba desde la ciudadela inca de Machu Picchu, situada a 600 metros de altura sobre la corriente. 
FOTO: Günther Bayerl / Lookphotos / Gtres

Los grandes soberanos
Esta genealogía del siglo XVIII muestra a los Incas desde el primero, Manco Capac, hasta Atahualpa, vencido por los españoles. 
FOTO: Christie's Images / Scala, Firenze

Machu Picchu
En 1909, el estadounidense Hiram Bingham llegó por primera vez a Perú, decidido a encontrar Vilcabamba. En 1911, durante una nueva expedición, alcanzó Machu Picchu. 
FOTO: Susanne Kremer / Fototeca 9x12

Francisco Pizarro
El conquistador del Perú, en un grabado holandés fechado en 1673.
FOTO: AKG / Album

Choquequirao
En el siglo XIX, Antonio Raimondi (un geógrafo italiano naturalizado peruano) exploró este imponente enclave andino y creyó que se trataba de Vilcabamba la Grande, una identificación hoy descartada. 
FOTO: Alex Robinson / AWL Images

Un imperio gigantesco
Seres divinos, los Incas gobernaron un imperio que se extendía sobre 4.000 km de los Andes, y con unos 12 millones de habitantes, como muestra este mapa.
FOTO: NGS Maps




Tocador de flauta
Figura inca de plata procedente de Perú. Siglos XIII-XVI.
FOTO: Granger / Album



Convento de santo Domingo
Se edificó en Cuzco sobre el templo inca del Sol, el Coricancha. Su basamento se ve en el muro curvo del primer plano.
FOTO: Alamy / ACI

El Centro del poder
En la plaza de Armas de Cuzco fueron ejecutados Atahualpa (en 1533, muerto a garrote), y Tupac Amaru (decapitado en 1572).
FOTO: Franck Guiziou / Gtres



 
Vaso inca

Cerámica inca en forma de serpiente, hallada en la zona de Lima. Siglos XIII-XVI.
FOTO: Granger / Album



Oro inca
Lámina de oro repujado con motivos animales. Arte inca. Museo de América, Madrid.
FOTO: Oronoz / Album



Sacsahuaman
Esta fortaleza inca defendía Cuzco, y desde aquí pusieron sitio los rebeldes incas a los españoles en 1536.
FOTO: Fotosearch / AGE Fotostock
María del Carmen Martín Rubio

El reino perdido de los incas

Desde épocas tempranas, en los territorios andinos habitaron etnias presididas por un sinchi o curaca, algunas de las cuales fueron muy poderosas. Pero, a pesar de su poder, no pudieron evitar que a mediados o finales del siglo XIII se instalaran en sus territorios los Incas, una etnia procedente de Taipicala, en la actual Bolivia, y que en uno de sus valles crearan un nuevo señorío: Q’osqo, "el Ombligo", nombre después transformado en Cuzco y Cusco; en él, Manco Capac se proclamó rey a sí mismo y a sus sucesores, estableció las primeras leyes de gobierno y se declaró representante del dios Sol en la tierra.
Eran los comienzos del Tahuantinsuyo, un pueblo dominador que a partir del noveno monarca, Inca Yupanqui Pachacuti, y de su hijo Tupac Inca Yupanqui, ejerció en América del Sur un papel similar al de Roma en Europa, tanto por su gran expansión territorial como por la unidad cultural que impuso en los lugares que sometió: desde el río Ancasmayo, en Colombia, hasta el río Bio-Bio, en Chile, lo que incluye las actuales repúblicas de Ecuador, Perú, Chile y el noroeste de Argentina. En estos territorios, los Incas (los soberanos de aquel pueblo) impusieron un riguroso orden social bajo el control de un poderosísimo ejército, férreamente disciplinado. Sin embargo, en 1534, tan sólo ciento sesenta y ocho hombres extranjeros abatieron a aquel gran Estado y se apoderaron, sin apenas resistencia, de sus extensos territorios.
Los Incas impusieron un riguroso orden social bajo el control de un poderosísimo ejército
Las causas del derrumbre del Tahuantinsuyo se encuentran en la guerra por la posesión del trono que desde 1527 sostenían Huascar y Atahualpa, los dos hijos del poderoso monarca Huayna Capac. En ella había muerto mucha gente, incluso los componentes de las panacas o familias reales, los gobernantes de las ciudades y hasta el mismo Huascar, el heredero cuzqueño. El pueblo se hallaba huérfano y en manos del vencedor Atahualpa, que era casi un extranjero pues, aunque el cronista Juan de Betanzos dice que había nacido en Cuzco, había pasado casi toda su vida en Quito, al norte del Tahuantinsuyo. A ese caos se unió el desconcierto que produjo la presencia de gentes extrañas cabalgando sobre animales desconocidos, a las que tomaron por viracochas: dioses blancos barbados. Todos estos factores llevaron a que apenas hubiera resistencia cuando, el 16 de noviembre de 1532, Atahualpa fue hecho prisionero por el español Francisco Pizarro y los hombres que le acompañaban.

Surge la resistencia

Una vez superado el asombro inicial, los ciudadanos andinos comenzaron a sentir un gran rechazo hacia los españoles. La situación llegó a ser tan tensa que el adelantado Francisco Pizarro, que gobernaba en nombre del emperador Carlos V, tuvo que nombrar Inca a Tupac Hualpa o Toparpa, un príncipe cuzqueño hijo de Huayna Capac, para que fuera intermediario entre él y los muchos pueblos que formaban el Tahuantinsuyo. Creyó que así tranquilizaría a los aborígenes; pero no lo consiguió, porque éstos no obedecieron al nuevo monarca a quien, por cierto, muy pronto envenenó el general de Atahualpa, Chalcuchima. Muertes y saqueos generaron un fuerte clima de inseguridad en la Nueva Castilla, como ahora se llamaba el Tahuantinsuyo, por lo que Pizarro intentó normalizar la situación eligiendo en 1533 como nuevo Inca a otro hermano del fallecido Atahualpa.
El príncipe tomó el nombre de Manco Inca, y, aunque en los primeros momentos luchó a favor de los españoles y en contra de los quiteños del ejército de Atahualpa, desde su llegada al trono mantenía oculta la loable pretensión de poder restaurar el reino de sus antepasados. Pero los extranjeros ya habían fundado ciudades de corte castellano en las que el estamento indígena jugaba un papel muy importante realizando trabajos para ellos y, bajo esa nueva estructura urbana y social, el Inca veía que era muy difícil poder echar a los españoles, puesto que su poder como Inca no era efectivo, sino ficticio y dependiente de Francisco Pizarro.
Manco Inca mantenía oculta la pretensión de restaurar el reino de sus antepasados
Un día logró salir de Cusco con el pretexto de ir a buscar una estatua de oro macizo que había ofrecido a Hernando Pizarro y no volvió. De inmediato atacó y mató a españoles residentes en pueblos cercanos y después convocó a doscientos mil aborígenes para poner cerco a Cuzco; corría el año 1536. El asedio duró trece o catorce meses; durante ese tiempo las tropas del Inca estuvieron a punto de aniquilar a los españoles, pero éstos finalmente las derrotaron. Tampoco pudo vencer en otro cerco que, sobre las mismas fechas, puso a la Ciudad de los Reyes su general Quiso Yupanqui.

El reino de la selva

Manco no se dio por vencido. Reunió a sus súbditos y les comunicó que había decidido iniciar una nueva guerra desde la selva de Vilcabamba, zona de muy difícil orografía situada a 175 kilómetros de Cusco. Allí, desde el reinado del décimo monarca Tupac Inca Yupanqui, sus antepasados habían fundado ciudades. Manco partió hacia Vilcabamba acompañado por un gran número de aborígenes, se instaló en la ciudad de Vitcos e inició una guerra de guerrillas en la que sus huestes atacaban a los que transitaban por los caminos y destruían las casas de los pueblos de la sierra.
Los españoles estaban decididos a terminar con el foco rebelde. En 1539, Gonzalo Pizarro (hermano de Francisco) atacó Vitcos, mató a muchos hombres de Manco y, aunque éste logró escapar, tomó prisionero a su hijo, el pequeño Tito Cusi. Desde entonces, Manco no se sintió seguro en Vitcos y, junto con su gente, emprendió el camino hacia Quito. Mas al llegar a Guamanga (la actual Ayacucho), advirtiendo que había españoles por todas partes, regresó a Vilcabamba y fundó ciudades por todas sus montañas, entre ellas Vilcabamba, a la que hizo capital del reino. Manco Inca gobernó hasta 1544, cuando fue asesinado por varios españoles y un mestizo a los que había dado asilo. Al morir dejó tres hijos: dos legítimos, Sayri Tupac y Tupac Amaru, y otro ilegítimo, Tito Cusi Yupanqui.
Manco Inca gobernó hasta 1544, cuando fue asesinado por varios españoles y un mestizo
El reinado de su sucesor, Sayri Tupac, comenzó con guerra, pero el virrey Andrés Hurtado de Mendoza logró que abandonara la selva, se fuera a vivir al Valle Sagrado de los Incas y hubiera paz en Vilcabamba. Paz que no duró mucho, porque su hermanastro Tito Cusi Yu- panqui se proclamó nuevo soberano y reinició la guerra. Las autoridades españolas entablaron nuevas negociaciones y en 1568 lograron que entraran frailes a predicar el evangelio.

El fin de Vilcabamba

Muchos de los moradores de Vilcabamba se bautizaron, entre ellos el Inca, quien en 1570 escribió una Instrucción a Felipe II en la que justificaba el alzamiento y pedía derechos al rey de España como descendiente del Tahuantinsuyo. Pero, de repente, se sintió enfermo y veinticuatro horas después murió. Algunos cronistas dicen que falleció debido a una pulmonía, y otros, a que fue envenenado por sus capitanes, temerosos de abandonar la selva y caer en manos de los españoles.
Sayri Tupac murió de repente, unos dicen que por una pulmonía y otros, envenenado
Le sucedió en el trono Tupac Amaru, el heredero legítimo, a quien Tito Cusi había tenido encerrado en las Casas de las Vírgenes del Sol, una especie de monasterios donde residían las mujeres consagradas a esta divinidad. Por entonces, el virrey del Perú era Francisco de Toledo, a quien Felipe II había encargado que pusiera fin a la insurrección. El virrey envió a Vilcabamba un mensajero para iniciar conversaciones, pero los guerreros del Inca lo mataron antes de que se entrevistara con él. Cuando Toledo lo supo, armó un ejército de 250 hombres y a finales de mayo de 1572 lo envió a la selva al mando del general Martín Hurtado de Arbieto. El día 24 de junio, uno de sus capitanes, Martín García Oñaz de Loyola, se apoderó de la capital y seguidamente capturó a Tupac Amaru que, al ser atacado, había mandado quemar la ciudad. El Inca fue llevado a Cuzco donde, tras ser juzgado, sería decapitado en la Plaza de Armas.
Después de estos hechos, el virrey mandó fundar una gobernación y una nueva capital en Vilcabamba: San Francisco de la Victoria. Pero, considerando los vecinos que era un sitio insano y que se hallaba alejado del área minera, la trasladaron a otro lugar, donde aún existe con el nombre de Vilcabamba la Nueva; más tarde, la zona pasó a ser un corregimiento y a partir de la independencia de Perú fue integrada en la provincia de La Convención. Para entonces, el reino de los Incas rebeldes ya había caído en el olvido, pues, con el paso del tiempo, la selva se había adueñado de las calzadas y las ciudades que los últimos señores del Tauhantinsuyo habían construido en el corazón de los Andes.

Para saber más

En el encuentro de dos mundos: los incas de Vilcabamba. María del Carmen Martín Rubio. Atlas, 2004.
Historia del origen, y genealogía real de los reyes ingas del Piru. De sus hechos, costumbres, trajes, y manera de gobierno. Fray Martín de Murúa. Testimonio, 2004.
Suma y narración de los Incas. Juan de Betanzos (ed. María del Carmen Martín Rubio). Universidad de San Marcos, 2010.

El día que se fraguó el fin del Imperio inca

Un 16 de noviembre de 1532, los conquistadores españoles del Perú concertaron una reunión con Atahualpa, el último soberano inca



Los funerales del inca
Foto: Museo de arte de Lima 15 de noviembre de 2012

 El 15 de noviembre de 1532, Francisco Pizarro (1478-1541), el gobernador nombrado por el rey de España para ultimar la conquista del Perú, entró con sus tropas en la ciudad de Cajamarca, que se encontraba prácticamente desierta. Buscaba un encuentro decisivo con el soberano inca Atahualpa, quien preparaba su entrada triunfal en Cuzco tras haber resultado vencedor de la cruenta guerra de sucesión que le había enfrentado a su hermano Huáscar.
Atahualpa y su ejército, de unos 30.000 hombres, se habían concentrado a las afueras de Cajamarca con el fin de entrevistarse con los conquistadores españoles. Pizarro envió al campamento de Atahualpa una embajada compuesta por Hernando Pizarro, su hermano, y Hernando de Soto, que solicitaron al inca una audiencia con el gobernador. Atahualpa, infravalorando la fuerza de los españoles, aceptó, y el encuentro tuvo lugar el día siguiente, el 16 de noviembre.

Acusado de idolatría y rebeldía

Desde la plaza de Cajamarca, los españoles vieron avanzar la impresionante comitiva inca, de radiante colorido. Los conquistadores españoles le habían preparado una encerrona. Tan sólo le recibió el capellán, Vicente de Valverde. Sostenía una cruz y una Biblia y le hablaba al Inca de la necesidad de reconocer al emperador Carlos V y al único Dios. Atahualpa pidió al capellán el libro y lo arrojó al suelo diciendo que a él "no le decía nada". El capellán se retiró mientras Atahualpa profería amenazadoras exclamaciones.
Atahualpa pidió al capellán el libro y lo arrojó al suelo diciendo que a él "no le decía nada"
Los españoles lo apresaron y trasladaron a empujones al interior del palacio de la ciudad. Meses después, Atahualpa ofreció a Pizarro llenar una estancia de oro y plata a cambio de obtener la libertad. Sin embargo, y aunque pagó un gran rescate, fue procesado y condenado a morir en la hoguera, acusado de idolatría y rebeldía. Aunque se bautizó para evitar la hoguera, el 26 de julio de 1533 murió por garrote con el nombre de Francisco de Atahualpa. Su muerte significó el hundimiento definitivo del Imperio inca.

El Valle Sagrado de los incas

Situado a los pies de los Andes, el valle que rodea Cuzco tuvo gran importancia para los incas, que lo sembraron de palacios, templos y fortalezas que hoy son Patrimonio Mundial



Una ciudadela real
Pisac se halla a 30 kilómetros de la capital del Imperio inca, Cuzco. Se cree que fue construida por Pachacuti para conmemorar su victoria sobre los cuyos.
ALEX ROBINSON / AWL-IMAGES



El creador del gran imperio andino
Pachacuti, el primer gran soberano del Imperio inca. Óleo del siglo XVIII.
BRIDGEMAN / ACI



Santuario de Machu Picchu
El símbolo más conocido del Imperio inca se alza a los pies del Huayna Picchu, a una altura de 2.438 metros. Fue erigido en el reinado del Inca Pachacuti, en torno a 1450.
CHARLES DUNCOMBE / AGE FOTOSTOCK



El gemelo de Machu Picchu
Choquequirao fue una combinación de ciudadela y centro ceremonial, muy semejante a Machu Picchu. fue construido por el Inca Tupac Yupanqui.
ALEX ROBINSON / GETTY IMAGES



Grandes constructores
Los incas labraron grandes bloques de piedra (algunos de cien toneladas) sin usar útiles de hierro y los ensamblaron sin argamasa. Según el inca Garcilaso de la Vega, daban forma a los bloques golpeándolos con unas piedras negras. Grabado de la Nueva crónica y buen gobierno de Felipe Huamán Poma de Ayala.
Dea / Album; Color: José Luis Rodríguez

La ciudadela de Ollantaytambo
Con sus calles empedradas, edificios colosales, un templo dedicado al Sol y unos amplios andenes agrícolas, Ollantaytambo fue una de las propiedades reales más importantes erigidas por Pachacuti en el Valle Sagrado.
HERVÉ HUGHES / GTRES
9 de octubre de 2015

El Valle Sagrado de los incas

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En el siglo XV, dos soberanos incas, Pachacuti Yupanqui y Tupac Yupanqui, crearon un inmenso imperio en Sudamérica, que iba desde el sur de la actual Colombia hasta el centro de Chile y ocupaba gran parte de los territorios andinos de Perú, Bolivia y el norte de Argentina. El imperio de las Cuatro Regiones del Sol, o Tahuantinsuyo, se extendía a lo largo de más de 4.000 kilómetros de norte a sur y estaba articulado por una impresionante red viaria, de 40.000 kilómetros de extensión total. El centro neurálgico de aquel poderoso Estado se situaba en el corazón de la sierra peruana: en una amplia zona a más de 3.000 metros de altitud en la que se alzaba la ciudad de Cuzco, capital del Imperio y corte de los Incas. Esta área estaba atravesada por el denominado Valle Sagrado, un territorio que se extiende a lo largo del río Vilcanota-Urubamba, de extraordinaria riqueza agrícola y jalonado por una serie de espléndidas fortalezas incaicas.
El Vilcanota era un río sagrado para los incas, quienes veían en este curso de agua la contraparte terrestre de la Vía Láctea. El río nace en los glaciares de la cordillera de Vilcanota y cambia su nombre al de Urubamba en su descenso hacia la espesura de las selvas amazónicas en la región andina. En su trayecto une dos de las montañas más sagradas para aquella civilización precolombina: el monte Ausangate y el pico Salcantay. Sus aguas se nutren de la nieve procedente del deshielo del pico Verónica o Wacay Wilca, una montaña femenina considerada «esposa» del Salcantay. Justamente en el extremo de un filo que desciende del Salcantay, sobre un promontorio rodeado por las aguas del río Urubamba, los incas construyeron la extraordinaria ciudadela ceremonial de Machu Picchu, estancia real de los primeros emperadores y centro sagrado para el culto a las montañas circundantes.

Un paisaje espectacular

El valle del río Urubamba ha sido desde épocas muy antiguas un área privilegiada para el cultivo del maíz, en razón de su moderada altitud y de que se encuentra protegido de los fuertes vientos del altiplano. Ya en tiempos de los incas constituía, además, un importante corredor hacia las selvas nubosas o yungas donde se cultivaba la hoja de coca, de enorme importancia ritual en el mundo andino. En efecto, el cultivo de la coca era una de las actividades productivas de mayor importancia en los alrededores de Machu Picchu, tal como lo acreditan las fuentes históricas y etnológicas.
El cultivo de la coca era una de las actividades productivas de mayor importancia en los alrededores de Machu Picchu
El nombre de Valle Sagrado se aplica al tramo del valle del río Urubamba que comprende los poblados de Pisac, Calca, Yucay, Urubamba y Ollantaytambo. Aquí, el río discurre entre canchones de cultivo y laderas con empinadas andenerías (las terrazas de cultivo de la zona). Los promontorios rocosos más abruptos están coronados con imponentes ruinas de ciudadelas fortificadas. Hacia lo alto se yerguen los montes Pitusiray, Sahuasiray, Verónica y Chicón, con sus cimas de nieves perpetuas.
Al igual que Machu Picchu, los más importantes complejos ceremoniales en el corazón del Valle Sagrado fueron construidos a mediados del siglo XV, durante el reinado del primer gobernante histórico inca, Pachacuti Yupanqui (1438-1471). Las ruinas de Pisac y Ollantaytambo brindan testimonio de la habilidad de los incas para combinar las formas del paisaje natural con la arquitectura ceremonial en piedra y los conjuntos de terrazas de cultivos adyacentes. Dichas ciudadelas constituían lugares aptos para la iniciación de los expertos en rituales, en virtud de la proximidad y las vistas de los picos montañosos que las rodean.
Estas «ciudadelas-fortalezas», que combinan rasgos ceremoniales y defensivos, suelen aparecer emplazadas en las estribaciones orientales de los Andes. Su función consistía en vigilar las fronteras y prevenir ataques sorpresivos por parte de los antis u otros pueblos nómadas que habitaban las forestas. Asimismo, por su monumentalidad arquitectónica y sus cualidades escenográficas, cabe pensar que estos complejos fueron diseñados para causar admiración reverencial en las etnias andinas vecinas, en particular los chancas, tradicionales rivales de los quechuas de Cuzco.
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Pisac, centro de control

La más extensa de las fortalezas del Valle Sagrado y de toda la civilización inca es la de Pisac. Enclavada en un abrupto promontorio rocoso, los caminos que conducen a ella desafían precipicios y atraviesan túneles excavados en la roca. El corazón del asentamiento comprende un templo dedicado al Sol o intihuatana, que incluye algunos de los más exquisitos ejemplos de arquitectura incaica en piedra canteada. El sector denominado Kalla Q’asa cuenta asimismo con una cadena de baños rituales.
Las alturas de Pisac dominan visualmente los acantilados rocosos al otro lado de la garganta de Quitamayo, cuyas cuevas fueron utilizadas con fines funerarios. En tiempos de los incas era frecuente que los cuerpos de los difuntos fuesen colocados en cuevas o machays, a las que se denominaba mallquihuasis o «casas de los ancestros momificados». Lamentablemente, la mayor parte de los enterramientos en la necrópolis de Pisac fueron saqueados por buscadores de tesoros antes de que los arqueólogos los pudieran estudiar. Desde un punto de vista militar, este enclave fortificado situado a los pies de los Andes orientales controlaba el acceso hacia Paucartambo y hacia las frondosas yungas de la Amazonia peruana. Sin embargo, pese a su estratégica localización, no se conocen evidencias que atribuyan a Pisac un papel destacado durante la resistencia inca a la ocupación española.
Un imponente conjunto de andenerías de cultivo desciende por las empinadas faldas de la montaña, en dirección al poblado colonial de Pisac, hoy día famoso por su pintoresco mercado dominical. Al fondo se yergue la figura del Pachatusan, una montaña sagrada a la que los incas reverenciaban como «sostén del mundo».

Una ciudadela que vigila el valle

Además de las ciudadelas que funcionaban como centros ceremoniales, enclaves fortificados y estancias reales, el Incanato sostenía un sistema de chasquihuasis. Estas pequeñas instalaciones situadas junto a los caminos proveían de alojamiento a los mensajeros o chasquis, quienes cumplían velozmente su labor mediante un eficaz sistema de postas. También existían corpahuasis o casas de peregrinos y acllahuasis, destinados a la reclusión de las mujeres elegidas, a las que los conquistadores españoles denominaron «vírgenes del sol».
Ollantaytambo fue la única fortaleza desde la cual los incas lograron resistir con éxito el embate de la caballería española
Uno de los mejores ejemplos de planificación urbana incaica que subsiste hasta nuestros días es el poblado de Ollantaytambo. Atravesado por acequias, conserva casi intactas las canchas –corrales para animales, normalmente llamas– en torno a las cuales se disponen las viviendas, construidas en adobe y techadas en paja. La ciudadela homónima cuenta con un templo en la cima de la colina, que fue construido con piedras megalíticas transportadas desde una cantera situada al otro extremo del valle. Si bien la construcción del templo quedó finalmente inconclusa, se advierte que el trabajo en piedra es de muy elevada calidad y se cree que los incas habrían empleado para esta tarea a maestros lapidarios procedentes de la región del lago Titicaca. Desde este promontorio, sacralizado con su templo megalítico, descienden empinadas terrazas para el cultivo del maíz, el cual era almacenado en un granero o colca situado a gran altura sobre las abruptas laderas del monte Pinkuylluna, frente a la fortaleza.
Las leyendas atribuyen el topónimo de esta ciudadela a Ollanta, un general de las milicias de Pachacuti, que se habría enamorado de la hija predilecta del emperador. Lo cierto es que durante la conquista europea, Ollantaytambo fue la única fortaleza desde la cual los incas lograron resistir con éxito el embate de la caballería española, comandada por el hermano menor de Francisco Pizarro, Gonzalo.

Recuperar el pasado

Durante las cuatro décadas que siguieron a la invasión española, la historia del valle del Urubamba quedó inextricablemente unida a la resistencia ejercida por los Incas rebeldes. En 1536, tras alzarse contra los españoles en Cuzco, Manco Inca instaló sus cuarteles en el poblado de Calca. Sus sucesores, Sayri Tupac, Titu Cusi y Tupac Amaru, lograron mantener viva la resistencia desde la planicie de Vilcabamba, oculta en los contrafuertes andino-amazónicos. Finalmente, a raíz de las negociaciones mantenidas con los conquistadores, el Inca Sayri Tupac emergió de la foresta para visitar Cuzco antes de instalarse en el poblado de Yucay, donde murió en circunstancias sospechosas, al parecer por envenenamiento. Las ruinas de su pequeño palacio constituyen uno de los raros ejemplos de arquitectura incaica posterior a la conquista existentes en el valle.
Actualmente, son numerosos los arqueólogos peruanos y los equipos internacionales de investigadores que estudian los complejos arquitectónicos incaicos junto al río Urubamba. Aventureros, caminantes, amantes del turismo místico y viajeros ilustrados engrosan las filas de visitantes que llegan al valle. Muchos quizá no detengan su apresurado peregrinar hacia el Camino del Inca y Machu Picchu. Sin embargo, en el Valle Sagrado aún es posible caminar con tranquilidad, descubriendo parajes de inusitada belleza natural, mientras se admira el legado de los incas, custodiado en esta majestuosa región de los Andes orientales.

Para saber más

Historia de los incas. P. Sarmiento de Gamboa. Miraguano, 2001.
En el encuentro de dos mundos: los incas de Vilcabamba. Mª del Carmen Martín Rubio. Atlas, Madrid, 1988.
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Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
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