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domingo, 28 de septiembre de 2014

La Historia del Amor Cruel: Capítulo CLXIX.- Olzagon tuvo un descuido de no abotonarse parte del pantalón, así lo vio una hija de Laurita y le armó un berrinche a su madre

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., continuando con La Historia del Amor Cruel entre Iarma y Olzagon y como informamos en el capítulo anterior; Olzagon y Laurita tuvieron un dichoso encuentro amoroso sobre la pequeña mesa del comedor de la cocina de la pensión; a cargo de Laurita, todo fue dichosamente disfrutado y aprovechando que ese día Olzagon le fue muy bien en todas sus gestiones; ella como dueña de la pensión se sentía que la felicidad le llegó desde los reinos celestiales de Cupido y Eros por tanto amor y placer que sentía al lado de su joven amante.


Aquí en la imagen observamos una típica representación de la terrible situación que muchos hogares atraviesan en el transcurso de existencia por que siempre hay la existencia de un tercer elemento (amante tanto para él como para ella) que como una tentación tenebrosa carcomen la consistencia del matrimonio, y más si los esposos viven solamente la apariencia y no la triste realidad de que no son felices. Fuente: Archivos del blog. Obra Literaria reconocida con Derecho de Autor, según Partida Registral No. 00855-2012, Asiento: 01; con fecha: 10 de Agosto de 2012, por : INDECOPI.
 
Este es el símbolo de Marca Perú, que distingue para todos los productos elaborados por peruanos.
 
Olzagon, luego de hacer feliz a su madura amante, se puso a reparar el tablero  de la mesa que les sirvió de "cama" para su encuentro amoroso, y realmente poco podía hacer, por que se había roto una de las patas y como era de tubo de fierro, se tenía que soldar y solicitar los servicios de un cerrajero, que ya sería para el día siguiente.
Cuando ambos amantes estaban planeando la reparación de la mesa, alguien tocó la puerta de la calle; Olzagon se dio una mirada a todo su cuerpo y creyendo que todo estaba bien, salió a ver: ¿Quién tocaba la puerta a esa hora del día?. Al abrir, se sorprendió ver a la señor Hortencia, hija mayor de Laurita, quien estaba casada con un paisano de Olzagon; con mucha atención la saludó haciéndola pasar, pero ella le miró con más atención la bragueta, que él, no le dio mayor importancia.
Doña Hortencia, avanzó hasta la cocina, saludó a su madre y Olzagon se quedó en la puerta y en aquel instante llegó el esposo y éste al ver a Olzagon, le dijo:
--- Hola paisano Olzagon que gusto verte....
Y éste, también le miró la bragueta y agregó al saludo:
--- Olzagon, creo que haz tenido sexo con mi suegra, y que no tuviste tiempo de abotonarte la bragueta; pues cierra el "portillo" que tienes visita ..jajajaja..jajaja..
Olzagon, recién se dio cuenta, que efectivamente había olvidado abotonarse y contestó:
--- Disculpe paisano, estuve en el baño y salí apresurado a abrir la puerta y olvidé abotonarme el "portillo" como usted lo llama, por favor mil disculpas por mi descuido.
El paisano solo sonrió y sin decir palabra dio por terminado el azaroso descuido del joven amigo.
En cambio doña Hortencia que ya conocía las "mañas de su madre" con los jóvenes pensionistas; se le subió la sangre a la cabeza y en ese estado perturbado había llegado a la cocina y después de saludar a su madre, la vio solo en bata y con el cabello revuelto y la cocina llena con el mesa tumbada y rota una de las patas, frunciendo el ceño, le dijo:
--- Madre: ¿Cómo es posible que sigas con tu vida impúdica con los pensionistas?
Laurita, le levantó la mano para castigar a su hija que se atrevió a llamarle la atención tan fuerte; pero reaccionó y le contestó en voz baja:
--- ¿Cómo te atreves a insultar a tu madre,  y que pruebas tienes para ofenderme de esa manera?
Doña Hortencia, que si tenía pruebas visuales y como ya llegó su esposo a la sala, ella también en voz muy baja y al oído de su madre, le contestó:
--- Ese joven que abrió la puerta, tenía la bragueta abierta y con humedad como gotas a los lados; ¿Qué me contestas con esa prueba?, si mi padre supiese ésta situación te suspendería la pensión que te alcanza todos los meses.
Doña Laurita, levantó el ánimo y de la defensiva en que se encontraba, pasó a la ofensiva y levantando la voz como para que la escuchen todos, dijo:
--- Hortencia, tu no sabes nada de la vida de tu madre; yo me gano el sustento diario, dando pensión a jóvenes estudiantes y con ese dinero mantengo la casa y estoy criando a tus hermanos menores; tu padre dio una mísera pensión hace 5 años y nunca más vino a ésta casa a preguntar por la salud de sus hijos; ya que él, tiene a su joven costurera a quien si la atiende en todo y se olvidó de nosotros.
La hija(Hortencia) que también era ingrata con su madre(Laurita)ya que solo la visitaba una o dos veces al año, sintió mucha vergüenza y empezó a llorar y dijo:
--- Perdóname madre; tienes razón, yo no sé nada de tu vida; estaba creída que mi padre si cumplía con su pensión; al menos así lo dice cuando lo visito; me ha engañado, claro está,  encaramado y encamotado con su amores juveniles sé  olvidó de sus hijos.
En esos  precisos momentos entró a la cocina el esposo de Hortencia y saludando a la suegra, le dijo:
--- Querida Laurita, no hago caso a Hortencia, es que se siente consentida con mi suegro y poco la visita a usted; yo estoy de acuerdo que usted tiene legítimo derecho a rehacer su vida y nadie la juzgará; por que tener una pensión es un trabajo decente y se asegura la comida; en todo caso la felicito por ser una mujer que lucha para salir adelante.
Doña Hortencia, dejó de sollozar y se volvió en contra del esposo diciéndole:
--- ¿Desde cuándo te haz vuelto abogado de mi madre?, por favor no te entrometas en asuntos de la familia, pero como ya hablaste, también estoy de acuerdo que rehagas tu vida madre mía,  pero busca aun señor de tu edad, para que sea algo duradero en el tiempo y no olvides ese refrán: "Quien se acuesta con niños amanece mojado".
Mientras tanto Olzagon, ajeno a la discusión de la familia de su amante, por que había subido a su dormitorio y estaba jalándose los pelos de la cabeza por tan lamentable descuido de tener la bragueta abierta, que ha sido todo el origen de éste áspero intercambio de palabras entre madre e hija.
Poco después, ya llegaron los comensales y Laurita alistó la comida para servirles y todos los harán en la sala, incluida la visita, por que la mesita de la cocina estaba con la pata rota.
Doña Hortencia, cambió de semblante y mirando pícaramente a su esposo, le dijo al oído:
--- Mi madre se ha sacado la lotería con ese joven que se le ve muy bien plantado y con mucha energía ... jajaj..jajaja..  ... continuaremos.....
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
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