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domingo, 17 de diciembre de 2017

RELIGIÓN CRISTIANA : JESÚS .- NATIONAL GEOGRAPHIC .- ¿Quién fue Jesús en la Historia? En busca del Jesucristo histórico.................. ¿Es Jesús Dios?

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., aún ahora se pone en duda la existencia de Jesús, los escépticos simplemente lo niegan rotundamente, es más se le rechaza como el Hijo de Dios; sin embargo, recorramos a la Santa Biblia, vamos a Mateo 16:13-17..." Al llegar Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos: "¿Quién dice la gente que soy yo, el Hijo del Hombre?" Ellos dijeron: "Unos dicen que eres Juan Bautista; otros dicen que eres Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas". Jesús les preguntó: "¿Y ustedes, quién dicen que soy yo?" Simón contestó: "Tu eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo." Jesús le respondió: "Feliz eres, Simón Bar-jona, porque no te lo enseñó la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los Cielos".
Vamos a Juan 1: 49-51..."Natanael exclamó: "Maestro, ¡tú eres el Hijo de Dios! ¡Tú eres el Rey de Israel!" Jesús le dijo: "Tú crees, por que te he dicho: Te vi bajo la higuera. Verás cosas mayores que éstas. De verdad les digo: ustedes verán los cielos abiertos y a los ángeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del Hombre".
Vamos a Lucas 3: 21-22 ..."Jesús es bautizado por Juan...Un día, con el pueblo que venía a bautizar, se bautizó también Jesús. Y, estaba orando, se abrieron los cielos; el Espíritu Santo bajó sobre él y se manifestó exteriormente con una aparición como de paloma, Y del cielo llegó una voz: "Tú eres mi Hijo, el Amado; tú eres mi Elegido".
La Revista National Geographic, ha elaborado un amplio reportaje sobre la "Existencia de Jesús" que la brindamos para su lectura...


Jesucristo: El Greco, Museo del Prado, Madrid


http://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/quien-fue-jesus-historia-busca-del-jesucristo-historico_12172
http://www.nationalgeographic.com.es/viajes/grandes-reportajes/nazaret-viaje-cuna-del-cristianismo_11383
http://www.nationalgeographic.com.es/viajes/grandes-reportajes/paseo-por-via-dolorosa_11195
http://www.nationalgeographic.com.es/historia/actualidad/hallan-roca-caliza-sobre-que-supuestamente-yacio-cristo_10828
http://www.nationalgeographic.com.es/historia/actualidad/destapan-tumba-cristo-por-primera-vez-siglos_10821
https://y-jesus.org/spanish/wwrj/3-ed-jesus-dio/

¿Existió realmente Cristo? Para los creyentes es el Hijo de Dios; para los escépticos es una leyenda; y para el arte, una imagen representada a lo largo de los siglos. Hoy, los arqueólogos que excavan en Tierra Santa intentan discernir entre lo real y lo ficticio

Iglesia del Santo Sepulcro
En la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén, los fieles rodean el edículo, un santuario hoy restaurado que según la tradición cristiana se construyó sobre la tumba de Jesucristo. El santuario fue noticia en 2016 cuando durante su restauración se hallaron restos de un sepulcro antiguo detrás de sus ornamentados muros.
Foto: Simon Norfolk

Jesucristo, un revolucionario social
Las ruinas de Herodión, una de las fortalezas de Herodes el Grande, evocan el opresivo poder del Imperio romano. Algunos expertos ven en Jesús un revolucionario social cuya verdadera misión era cambiar el régimen, no salvar almas.
foto: NG

Un lugar visitado por Jesús
Las columnas de una sinagoga de Cafarnaún, datada de entre los siglos II y V y hoy parcialmente restaurada, se alzan sobre una estructura anterior que probablemente fue visitada por Jesús, según algunos expertos. En las cercanías , los arqueólogos descubrieron una vivienda que fue venerada por los primeros cristianos, quizá la casa del apóstol Pedro. 
Foto: NG

Jesús 2.000 años después
Las nuevas tecnologías han permitido generar, en base a criterios científicos, retratos robot de Jesús. En este caso se trata de una imagen generada por ordenador a partir del análisis forense del cráneo de un judío del s. I, obra de Richard Neave. Aquí tienes otras 58 representaciones de Jesús en los últimos 2.000 años.
Foto: Richard Neave

Bautizo en el río Jordán
Recién bautizada en el Jordán, esta cristiana indonesia lleva en la túnica una imagen de Jesús sometiéndose a idéntico rito en el mismo río hace 2.000 años. La fe que comenzó como una minúscula secta judía es hoy la religión más seguida y diversa del mundo, con más de dos mil millones de fieles.
Foto: Simon Sorfolk, con permiso de Yardenit

Piscina ritual
En Jerusalén, narra el Evangelio según san Juan, Jesucristo sanó a un paralítico en una piscina ritual rodeada de cinco pórticos, la llamada piscina de Betesda. Muchos expertos dudaban de su existencia hasta que una excavación arqueológica descubrió claros vestigios de la misma bajo las ruinas de estas iglesias seculares.
Foto: Simon Norfolk
Icono ortodoxo
Este icono-joya –llamado encolpión–que porta Teófilo II, patriarca griego ortodoxo de Jerusalén y toda Palestina, venera a la virgen María y el niño Jesús.
Foto: Simon Norfolk

Hueso de un crucificado
El hallazgo de un hueso del pie de un crucificado encontrado en un panteón familiar podría refutar la tesis de que Jesús, ejecutado como un criminal, no recibió una sepultura digna. La crucifixión romana tenía muchas variantes. 
Foto: NG
El buen samaritano
Durante la Pascua, los samaritanos varones caminan hasta la cumbre del monte Garizim, donde creen qeu se halla el verdadero templo de Dios (y no en Jerusalén). En la época de Cristo se los tachaba de infieles, pero Jesús, en una de sus parábolas más famosas, pone al "buen samaritano" como ejemplo de amor al prójimo.
Foto: NG

Piedra de Magdala
Desenterrada en una sinagoga de la ciudad natal de María Magdalena, se cree que la piedra de Magdala reproducía el Templo judío de Jerusalén y podía servir de soporte ceremonial de la Torá. Aquí la vemos fotografiada en los almacenes de los tesoros nacionales de Israel.
Foto: NG

Esta iglesia es nuestra
Peregrinos ortodoxos etíopes celebran la Pascua sobre una de las cúpulas de la iglesia del Santo Sepulcro. en una larga polémica mantenida con los coptos egipcios, una comunidad de monjes etíopes lleva más de 200 años ocupando una zona de la azotea para reclamar una parte de la iglesia.
Foto: Alessio Romenzi

La piedra de la unción
Un peregrino se arrodilla en la iglesia del Santo Sepulcro ante la Piedra de la Unción, que conmemora el ungimiento de Jesús previo a su entierro. 
Foto: NG

Capilla ortodoxa en la iglesia del Santo Sepulcro
Diversas escenas de la vida de Cristo (entre ellas su infancia, su entrada triunfal en Jerusalén y la Última Cena) adornan la pequeña capilla ortodoxa copta dentro de la iglesia del Santo Sepulcro. Varias sectas cristianas comparten no sin recelo el vasto santuario; cada una de ellas se arroga una capilla o espacio. Las llaves de la iglesia se confía a una familia musulmana de la ciudad. 
Foto: NG
Kristin Romey
17 de diciembre de 2017

El despacho que Eugenio Alliata tiene en Jerusalén es el típico del arqueólogo que prefiere estar manchándose de tierra a pie de excavación que estar entre cuatro paredes poniendo orden. En un rincón cría polvo un equipo informático estropeado. Los informes de excavación comparten las abarrotadas estanterías con cintas métricas y otros implementos del oficio.

Es como el despacho de cualquier arqueólogo que he conocido en Oriente Próximo, con la diferencia de que Alliata viste hábito marrón de fraile franciscano y tiene su gabinete en el monasterio de la Flagelación, que según la tradición eclesiástica se alza en el lugar exacto en que Jesucristo, ya condenado a muerte, fue azotado por los soldados romanos y coronado de espinas.


«Tradición» es una palabra que se repite muy a menudo en este rincón del mundo, donde ma­sas de turistas y de peregrinos atestan decenas de lugares que, según la tradición, constituyen los escenarios de la vida de Cristo, desde su cuna en Belén hasta su sepultura en Jerusalén.

Para una arqueóloga reconvertida en periodista como yo, sabedora de que culturas enteras brillaron y sucumbieron sin dejar tras de sí más que unos pocos vestigios sobre la Tierra, buscar en un paisaje milenario evidencias de una sola persona se antoja la crónica de un fracaso anunciado, como intentar dar caza a un fantasma. Y si ese fantasma es nada menos que Jesucristo, en quien más de 2.000 millones de habitantes del planeta ven al mismísimo Hijo de Dios, en fin, ante tamaña tarea conviene buscar guía divina.

Arqueología cristiana

Y por ese motivo siempre que viajo a Jerusalén recalo una y otra vez en el monasterio de la Flagelación, donde el padre Alliata nunca deja de recibirme –a mí y a mis preguntas– con una paciencia infinita. En calidad de catedrático de arqueología cristiana y director del museo del Studium Biblicum Franciscanum, forma parte de la misión franciscana que lleva 700 años cuidando y protegiendo los lugares sagrados de Tierra Santa (y, desde el siglo XIX, excavándolos de acuerdo con los principios científicos).

Como hombre de fe, el padre Alliata parece reconocer sin incomodidad hasta dónde puede llegar la arqueología, y hasta dónde no, para revelar la figura fundamental del cristianismo. «Descubrir pruebas arqueológicas de [un individuo concreto que vivió] hace 2.000 años sería algo raro y excepcional –reconoce–. Pero tampoco puede negarse que Jesús dejó una huella histórica».

De esas huellas, las más importantes (y puede que también las más controvertidas) son con diferencia los textos del Nuevo Testamento, sobre todo los primeros cuatro libros: los Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan. ¿Pero qué tienen que ver esos textos antiguos, escritos en la segunda mitad del siglo I, y las tradiciones que inspiraron con la labor de los arqueólogos?

«La tradición aporta vida a la arqueología y la arqueología aporta vida a la tradición –responde el padre Alliata–. A veces van de la mano; otras, no –hace una pausa y esboza una media sonrisa–, lo cual resulta más interesante».



Y así, con la bendición del padre Alliata, me dispongo a seguir los pasos de Jesús, visitando los escenarios de su historia tal y como la relatan los evangelistas y la interpretan generaciones enteras de eruditos. Por el camino espero descubrir cómo cuadran las narraciones y las tradiciones cristianas con los descubrimientos de los arqueólogos que hace unos 150 años empezaron a cribar a conciencia las entrañas de Tierra Santa.

Pero antes de emprender mi peregrinación necesito sondear un interrogante explosivo que se agazapa tras las sombras del estudio del Jesús histórico: ¿es posible que Jesucristo no haya existido jamás, que la historia que narran las vidrieras sea pura invención? Así lo sostiene sin tapujos más de un escéptico, pero ningún experto académico, en especial ningún arqueólogo, cuya labor suele poner los pies en la tierra –literalmente– a quienes especulan en alas de la fantasía.
¿Es posible que Jesucristo no haya existido jamás, que la historia que narran las vidrieras sea pura invención?

«No conozco un solo experto de los círculos convencionales que ponga en entredicho la historicidad de Jesús –me dijo Eric Meyers, arqueólogo y profesor emérito de estudios judaicos de la Universidad Duke–. Los detalles se debaten desde hace siglos, pero nadie mínimamente serio pone en duda que haya sido un personaje histórico».

Prácticamente lo mismo oí de boca de Byron McCane, arqueólogo y profesor de historia de la Universidad Atlántica de Florida. «No se me ocurre ningún otro caso que cuadre tan bien en su contexto temporal y espacial, pero cuya existencia se niegue», dijo.

Incluso John Dominic Crossan, exsacerdote y codirector del Jesus Seminar, un polémico foro para expertos, cree que los escépticos radicales van demasiado lejos. Cierto es que los relatos de los milagros de Jesús –curar enfermos con la palabra, dar de comer a las muchedumbres con unos pocos panes y peces, incluso resucitar a un hombre que llevaba cuatro días muerto– se atragantan a las mentes modernas, pero esto no es razón para concluir que Jesús de Nazaret fuese una fábula religiosa. «Los datos de que hizo determinadas cosas en Galilea, en Jerusalén, que murió ejecutado… cuadran perfectamente en un escenario histórico muy concreto», me dijo.

Dos bandos de expertos en Jesús

Los expertos en Jesús se alinean en dos bandos: los que creen que el Jesús taumaturgo de los Evangelios es el Jesús auténtico y los que creen que el Jesús auténtico –el hombre que inspiró el mito– está oculto en los Evangelios y ha de ser revelado por la investigación histórica y el análisis literario. Ambos bandos apelan a la arqueología.
Quienquiera que fuese Jesucristo –Dios, un hombre o el mayor montaje literario de la historia–, la diversidad y devoción de sus discípulos modernos se materializa en un colorido desfile de gente cuando llego a Belén, la ciudad milenaria que tradicionalmente se considera su cuna. Los autobuses turísticos que franquean el puesto de control entre Jerusalén y Cisjordania transportan una ONU virtual de peregrinos.

Uno por uno los autocares aparcan y descargan pasajeros que salen con los ojos entrecerrados por el fulgor del sol: mujeres indias con saris multicolores, españoles con el logo de la parroquia estampado en la mochila, etíopes con túnicas blancas como la nieve y crucifijos de color añil tatuados en la frente.

Me acerco a un grupo de peregrinos nigerianos en la plaza del Pesebre y entro con ellos en la ba­sílica de la Natividad. Las altísimas naves están envueltas con lonas y andamios. Un equipo de restauradores se afana en limpiar el hollín acumulado durante siglos en los mosaicos dorados del siglo XII que flanquean los muros superiores, por encima de las vigas de cedro talladas en el siglo VI. Rodeamos una sección del suelo que se ha levantado para dejar a la vista la primera versión de la iglesia –erigida entre los años 330 y 340 por orden del primer emperador romano de religión cristiana, Constantino– y bajamos a una gruta alumbrada con lámparas y un nicho revestido de mármol.


Allí, una estrella de plata marca el lugar donde, según la tradición, nació Jesucristo. Los peregrinos se hincan de rodillas para besar la estrella y posar las manos en la fría piedra pulida. Pronto un celador de la iglesia los conmina a proseguir y dejar que otros tengan oportunidad de tocar la roca santa (y, según su fe, al Niño Dios).

La basílica de la Natividad es la iglesia cristiana más antigua todavía en uso, pero no todos los expertos están de acuerdo en que Jesús de Nazaret naciese en Belén. Solo dos de los cuatro Evangelios mencionan su nacimiento, y dan versiones distintas: el pesebre y los pastores aparecen en el de Lucas; los reyes magos, la masacre de los inocentes y la huida a Egipto, en el de Mateo. Hay quien cree que los evangelistas localizaron la Natividad en Belén para vincular al campesino galileo con la ciudad de Judea de la que, según la profecía del Antiguo Testamento, saldría el Mesías.

La arqueología, en general, poco tiene que de­cir al respecto. Al fin y al cabo, ¿qué probabilidad existe de demostrar materialmente una visita fugaz de un par de aldeanos hace 2.000 años? Hasta la fecha las excavaciones en la basílica de la Natividad y alrededores no han aportado piezas de la época de Cristo, ni tampoco indicios de que los primeros cristianos considerasen sacro aquel lugar. La primera prueba evidente de veneración data del siglo III, cuando el teólogo Orígenes de Alejandría visitó Palestina y dejó escrito: «En Belén se muestra la cueva en la que nació [Jesús]».

A principios del siglo IV el emperador Constantino envió una delegación imperial a Tierra Santa con la misión de identificar los escenarios de la vida de Cristo y consagrarlos con iglesias y santuarios. Habiendo localizado lo que consideraron el portal de Belén, los delegados levantaron sobre él una rica iglesia, origen de la basílica actual.

Muchos de los especialistas con los que hablé no se mojan en la cuestión de dónde nació Cristo, aduciendo que no existen pruebas materiales suficientes para aventurar una opinión. Creen que es aplicable el aforismo que los arqueólogos aprendemos el primer día de clase: «La ausencia de la prueba no es la prueba de la ausencia».

Nazaret, una aldea al sur de Galilea

Si el rastro del Jesús histórico se pierde en Belén, vuelve a percibirse con bastante más fuerza 105 kilómetros al norte, en Galilea, la región montañosa del norte de Israel. Tal y como sugieren los nombres «Jesús de Nazaret» y «Jesús el nazareno», este se crió en Nazaret, una pequeña aldea agrícola del sur de Galilea. Los expertos que conciben su figura en términos estrictamente humanos –como un reformador religioso, un revolucionario social o un profeta apocalíptico– indagan en las corrientes políticas, económicas y sociales de la Galilea del siglo I en busca de las fuerzas en juego que pudieron dar lugar al hombre y su misión.

Con diferencia, el factor más poderoso de aquel tiempo a la hora de conformar la vida en Galilea era el Imperio romano, que había sometido Palestina unos 60 años antes del nacimiento de Jesús. La inmensa mayoría de los judíos aborrecían el férreo dominio de Roma, con su fiscalidad tirá­nica y su religión idólatra, y muchos estudiosos ven en ese descontento social el caldo de cultivo perfecto para el agitador judío que irrumpió en escena vituperando a los ricos y poderosos y bendiciendo a los pobres y marginados.


Otros argumentan que la em­bestida de la cultura grecorromana moldeó a Jesús e hizo de él un paladín de la justicia social menos judaico y más cosmopolita. En 1991 John Dominic Crossan publicó El Jesús de la historia, un libro que cayó como una bomba. En él formulaba la teoría de que Jesús era un sabio errante cuyo estilo de vida contracultural y sus sentencias subversivas presentaban llamativos paralelismos con la doctrina de los cínicos.

Aquellos filósofos peripatéticos de la antigua Grecia no eran cínicos en la acepción moderna del término, pero despreciaban las convenciones sociales, desde la higiene hasta el deseo de obtener riqueza y estatus.

La heterodoxa hipótesis de Crossan se inspiraba hasta cierto punto en hallazgos arqueológicos según los cuales Galilea –que siempre se había tenido por un enclave judío rural aislado y atrasado– experimentaba en la época de Jesús un proceso de urbanización y romanización mucho más significativo de lo que los expertos habían imaginado.

También se basaba en el hecho de que la ciudad donde se desarrolló la infancia de Jesús estaba a apenas cinco kilómetros de Séforis, la capital provincial romana. Aunque en los Evangelios no se habla de ella, la ambiciosa campaña de construcción alentada por el tetrarca de Galilea, Herodes Antipas, habría atraído obreros cualificados de las aldeas circundantes.

Jesús, un artesano de la zona

Muchos estudiosos ven razonable imaginar a Jesús, un joven artesano de la zona, trabajando en Séforis y cuestionándose los límites de la religión que sus mayores le habían inculcado. Un espléndido día de primavera, después de que las lluvias caídas hayan tapizado de flores silvestres las colinas de Galilea, recorro a pie las ruinas de Séforis con Eric y Carol Meyers, los arqueólogos de la Universidad Duke a quienes consulté al inicio de mi odisea.

El matrimonio dedicó 33 años a excavar el inmenso yacimiento que encendió un acalorado debate académico sobre el grado de judaísmo de Galilea y, por extensión, del propio Jesús. Eric Meyers se detiene frente a un montón de columnas. «Hubo bastante acritud», dice, recordando las décadas de disputas a cuento de la influencia de una ciudad en pleno proceso de helenización sobre un joven campesino judío.

Se detiene en lo alto de un cerro y con un gesto de la mano abarca una extensión de muros cuidadosamente excavados. «Para llegar a las viviendas tuvimos que excavar un vivac de la guerra de 1948. Incluso apareció un obús sirio sin explotar –explica–. ¡Y debajo encontramos los mikvaot!».

Al menos 30 mikvés, los baños rituales judíos, puntean el barrio residencial de Séforis: es la mayor concentración doméstica localizada hasta la fecha por los arqueólogos. Sumados a los recipientes de piedra ceremoniales y a la destacada ausencia de huesos de cerdo (cuya ingesta evitan los judíos que guardan la kashrut), constituyen una prueba clara de que incluso aquella ciudad imperial seguía teniendo una marcada identidad judía durante los años formativos de Jesús.


Este y otros datos recabados de excavaciones arqueológicas a lo largo y ancho de Galilea han conducido a un importante viraje en la opinión de los expertos, dice Craig Evans, profesor de orígenes del cristianismo en la Facultad de Pensamiento Cristiano de la Universidad Baptista de Houston. «Gracias a la arqueología se produjo un cambio sustancial en el concepto de Jesús, que pasó de helenista cosmopolita a judío observante».

Cuando jesús rondaba los 30 años se sumergió en el Jordán con el predicador judío Juan el Bautista y, según se narra en el Nuevo Testamento, la experiencia le cambió la vida. Al salir del agua vio que el Espíritu Santo descendía sobre él «como una paloma» y oyó que la voz de Dios proclamaba: «Este es mi Hijo muy querido, en quien me complazco». A raíz de ese encuentro divino, Jesús emprendió una misión de prédicas y curaciones que comenzó en Galilea y terminó, tres años después, con su ejecución en Jerusalén.

Una de sus primeras paradas fue Cafarnaún, un pueblo de pescadores de la orilla noroccidental de un gran lago de agua dulce llamado, para confusión de muchos, mar de Galilea. Allí Jesús conoció a los pescadores que se convertirían en sus primeros discípulos –Pedro y Andrés, que echaban las redes; Santiago y Juan, que las reparaban– y estableció su primera base de operaciones.

Conocido en la ruta turística cristiana como «la ciudad de Jesús», el centro de peregrinación de Cafarnaún pertenece hoy a los franciscanos y está rodeado por una alta valla metálica. Justo al otro lado del portal de acceso se alza sobre ocho pilares una iglesia de una modernidad incongruente. Es el Memorial de san Pedro, consagrado en 1990 sobre uno de los hallazgos más trascendentales del siglo XX realizado por los arqueólogos que investigaban al Jesús histórico.

Desde su original elevación, la iglesia ofrece unas impresionantes vistas del lago, pero todas las miradas se dirigen al centro del edificio, cuyos visitantes escudriñan con afán –por encima de una barandilla y a través de un suelo de vidrio– las ruinas de una iglesia octogonal construida hace unos 1.500 años. Cuando en 1968 unos arqueólogos franciscanos excavaban por debajo de esa estructura, descubrieron que se había erigido sobre los restos de una casa del siglo I.

Era la prueba de que una vivienda privada se había transformado en un foro de reunión pública en un espacio de tiempo muy ajustado.
En la segunda mitad del siglo I –apenas unas décadas después de la crucifixión de Jesús–, los bastos muros de piedra de aquella casa fueron enyesados y los utensilios de cocina dejaron paso a las lámparas de aceite, propias de un lugar de congregación.

Religión oficial del Imperio

En siglos subsiguientes se grabaron en esos muros ruegos a Cristo, y para cuando el cristianismo pasó a ser la religión oficial del Imperio romano, en el siglo IV, la morada se había transformado en un centro de culto con una de­coración elaborada. Desde entonces la estructura ha venido conociéndose como la Casa de Pedro. Aunque es imposible demostrar que ese discípulo morase realmente en aquella vivienda, muchos expertos dicen que es plausible.

Los Evangelios apuntan que Jesús curó a la suegra de Pedro, que padecía unas fiebres, en la casa de esta en Cafarnaún. La noticia del milagro corrió como la pólvora y esa misma noche la suegra tenía a la puerta de su casa multitud de personas con algún padecimiento. Jesús sanó a los enfermos y expulsó los demonios de los poseídos.

Los relatos de que grandes muchedumbres acudían a Jesús en busca de sanación concuerdan con lo que revela la arqueología sobre la Palestina del siglo I, donde eran muy comunes enfermedades como la lepra y la tuberculosis.

Tras estudiar enterramientos en la Palestina romana, el arqueólogo Byron McCane llegó a la conclusión de que entre dos terceras partes y tres cuartas partes de las sepulturas analizadas contenían restos de niños y adolescentes. Sobrevivir a los peligrosos años de la infancia aumentaba la probabilidad de llegar a viejo, dice McCane. «En la época de Jesús, parece que la frontera crítica eran los 15 años».

Desde Cafarnaún sigo el mar de Galilea hacia el sur hasta llegar a un kibutz que en 1986 fue escenario de un gran revuelo, y de una excavación de emergencia. Una grave sequía había disminuido de forma drástica el nivel del lago, y dos hermanos de la comunidad que buscaban monedas antiguas en el lecho expuesto distinguieron el sutil contorno de una embarcación. Los arqueólogos que la examinaron hallaron piezas de la época romana en su interior y al lado del casco. La datación por carbono-14 confirmó la edad de la barca: coincidía aproximadamente con la vida de Jesús.

Aunque al principio se intentó ocultar el descubrimiento, la noticia de que había aparecido «la barca de Jesús» fue un reclamo para los buscadores de reliquias, que pusieron en peligro una pieza tan frágil. Justo entonces volvió a llover y el nivel del lago empezó a recuperarse.

Se emprendió entonces una «excavación de rescate» a marchas forzadas. En tan solo 11 días se completó un proyecto que en condiciones normales habría exigido meses de planeamiento y ejecución.

Aquella preciada embarcación ocupa hoy un lugar de honor en un museo del kibutz, cerca del lugar donde fue descubierta. Con unos ocho me­tros de eslora y dos de manga, podría dar cabida a 13 hombres, aunque no hay prueba alguna de que Jesús y sus doce apóstoles navegasen en aquella nave en concreto. Para ser franca, no es precisamente una belleza: un esqueleto de tablones parcheados y reparados una y otra vez, hasta que al final lo desmantelaron y hundieron.

«Fueron reparando y reparando la barca hasta que ya no tuvo arreglo posible –dice Crossan–, pero su valor historiográfico es incalculable. Ver cuánto trabajo tuvieron que invertir para mantenerla a flote dice mucho sobre el contexto económico del mar de Galilea y la actividad pesquera en tiempos de Jesús».

Otro hallazgo espectacular tuvo lugar más al sur, a dos kilómetros de la barca de Jesús, en el yacimiento de la antigua Magdala, el pueblo natal de María Magdalena, devota seguidora de Jesús. Los arqueólogos franciscanos empezaron a excavar parte de la ciudad en los años setenta, pero la mitad norte seguía oculta bajo un complejo turístico abandonado a orillas del lago.

Hasta que llegó el padre Juan Solana, delegado papal a cargo de supervisar un albergue de peregrinos en Jerusalén. En 2004 Solana decidió construir un retiro de peregrinos en Galilea, así que se dispuso a recabar millones de dólares y adquirir parcelas de terreno a orillas del lago, incluido el complejo turístico.

Arqueología cristiana

En 2009, ante el inicio de las obras, un equipo de arqueólogos de la Autoridad de Antigüedades de Israel se presentó en el lugar para llevar a cabo la inspección que exige la ley. Tras varias semanas de calicatas, hallaron para asombro general las ruinas soterradas de una sinagoga de la época de Jesús. Era la primera estructura de su género desenterrada en Galilea.

El hallazgo era especialmente significativo porque refutaba de una vez por todas el argumento escéptico de que en Galilea no existieron sinagogas hasta varias décadas después de muerto Jesús. Si los escépticos hubiesen tenido razón, habría sido el fin del retrato evangélico de Jesús como un fiel judío que acudía a la sinagoga, escenario habitual de su magisterio y sus milagros.

Al excavar las ruinas, los arqueólogos sacaron a la luz unos muros recorridos por bancos –señal de que se trataba de una sinagoga– y un suelo de mosaico. En el centro de la sala descubrieron una piedra del tamaño de un baúl decorada con bajorrelieves que reproducían los elementos más sagrados del Templo de Jerusalén. El hallazgo de la Piedra de Magdala, como se conoce la pieza, dio el golpe de gracia a la idea, entonces en boga, de que los galileos eran unos rústicos impíos aislados del centro religioso de Israel.

Si los escépticos hubiesen tenido razón, habría sido el fin del retrato evangélico de Jesús como un fiel judío que acudía a la sinagoga.

Al seguir excavando, descubrieron una ciudad entera enterrada a menos de 30 centímetros de la superficie. El magnífico estado de conservación de las ruinas hizo que algunos empezasen a llamar a Magdala «la Pompeya israelí».

La arqueóloga Dina Avshalom-Gorni me guía por el yacimiento, señalándome los restos de almacenes, baños rituales y una zona industrial donde se debía de preparar y vender pescado. «Es como si viera a las mujeres comprando pescado aquí mismo», me dice, señalando los cimientos de los puestos de piedra. ¿Y quién sabe? Es posible que una de aquellas compradoras fuese la fa­­mosa hija nativa de la ciudad, María Magdalena.

El padre Solana se acerca a saludarnos y aprovecho para preguntarle qué dice a los visitantes que quieren saber si Jesús recorrió estas mismas calles. «No podemos pretender dar respuesta a eso –admite–, pero somos conscientes de cuántas veces los Evangelios mencionan a Jesús en una sinagoga de Galilea».

Habida cuenta de que la si­­nagoga funcionaba durante el ministerio de Jesús y quedaba a un corto trayecto en barco desde Cafarnaún, concluye Solana, «no tenemos motivos para negar o dudar de que Jesús estuvo aquí».

En cada parada de mi viaje por Galilea, las sutiles huellas de Jesús parecían algo más definidas, menos borrosas. Pero no llegaron a dibujarse con nitidez hasta que regresé a Jerusalén. En el Nuevo Testamento, esta ciudad ancestral es el escenario de muchos de sus milagros y de sus momentos más dramáticos: la entrada triunfal, la expulsión de los mercaderes del Templo, las sanaciones de las piscinas de Betesda y Siloé (ambas localizadas en excavaciones arqueológicas), sus conflictos con las autoridades religiosas, su última cena pascual, su agónica plegaria en el huerto de Getsemaní, su juicio y ejecución, su enterramiento y resurrección.

Pese a divergir en el relato del nacimiento de Jesús, los cuatro Evangelios coinciden bastante al narrar su muerte. Habiendo llegado a Jerusalén para celebrar la Pascua, Jesús es llevado ante el sumo sacerdote Caifás y acusado de verter blasfemias y amenazas contra el Templo. Condenado a muerte por el gobernador romano Poncio Pilato, es crucificado en una colina fuera de las murallas de la ciudad y sepultado en las inmediaciones, en una tumba excavada en la roca.
La ubicación tradicional de esa tumba, dentro de lo que hoy es la iglesia del Santo Sepulcro, se considera el lugar más sagrado de la cristiandad. También es el lugar que encendió mi interés por el Jesús histórico. En 2016 hice varios viajes a esa iglesia para documentar las sucesivas restauraciones del edículo, el santuario que alberga la supuesta sepultura de Jesús. Ahora, en plena Semana Santa, regreso para verlo en todo su esplendor, reforzado y limpio de hollín.

Miles de peregrinos en el Santo Sepulcro

Apretujada entre los peregrinos que hacen cola para acceder al minúsculo santuario, recuerdo las noches que pasé en el interior de la iglesia vacía con el equipo de restauradores, descubriendo siglos y siglos de grafitis y tumbas de reyes cruzados.

Me maravillo ante los numerosos hallazgos arqueológicos que a lo largo de los años, tanto en Jerusalén como en otros lugares, han aportado credibilidad a las Escrituras y a las tradiciones que rodean la muerte de Jesús, como es el caso de un ornamentado osario que quizá contenga los huesos de Caifás, una inscripción que alude al mandato de Poncio Pilato y un hueso calcáneo perforado por un clavo de hierro para crucifixiones hallado dentro de la tumba de un judío llamado Yehohanan en Jerusalén.

También me impresionan las múltiples cadenas de indicios que aquí convergen. A apenas unos metros de la sepultura de Cristo hay otros sepulcros contemporáneos, confirmación de que esta iglesia, destruida y reconstruida dos veces, se levantó efectivamente sobre una necrópolis judía. Recuerdo estar sola dentro del sepulcro, cuyo revestimiento de mármol se había retirado provisionalmente, y sentirme abrumada al saber que contemplaba uno de los monumentos más importantes del mundo: un sencillo saliente de piedra caliza que se venera desde hace milenios, una estampa que nadie había visto en quizá mil años.

Sentía el peso de todos los interrogantes históricos que aquel instante revelador, tan fugaz como espectacular, acabaría por responder. Hoy, en mi visita pascual, estoy una vez más dentro de la tumba, compartiendo su angostura con tres rusas que cubren su cabeza con pañuelo. El mármol está de nuevo en su lugar, protegiendo el lecho funerario de los besos y los rosarios y las estampas que continuamente friegan y refriegan la superficie pulimentada por el tiempo. La más joven de las tres ruega en un susurro a Jesús que sane a su hijo Yevgeni, enfermo de leucemia.

Desde la puerta, un sacerdote nos recuerda a voces que se nos ha acabado el tiempo, que hay más peregrinos esperando. De mala gana, las mujeres se levantan y salen en fila; yo las sigo. En ese momento comprendo que para los creyentes sinceros la búsqueda científica del Jesús histórico y no sobrenatural carece de importancia. Es una búsqueda que no concluirá jamás, cuajada de teorías mudables, dudas irresolubles, datos irreconciliables. Pero para los fieles verdaderos, su fe en la vida, la muerte y la Resurrección del Hijo de Dios es una prueba más que suficiente.

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Foto: Turismo de Israel

Panoramica de la ciudad
Nazaret es una panorámica de más de 20 siglos de historia bíblica. Aquí es donde Jesucristo vivió sus años de vida privada.
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La Basilica de Nazaret
La ciudad de Nazaret se encuentra muy próxima a Tel Aviv, la segunda mayor ciudad de Israel. 
Foto: Turismo de Israel
José Alejandro Adamuz
7 de abril de 2017
Llegar a un lugar de más de 20 siglos de antigüedad siempre produce respeto. Ahí delante, en la suave ondulación que dejan los montes de la Baja Galilea, está Nazaret. En la ciudad, destaca sobre tejados rojos la cúpula oscura de la Iglesia de la Anunciación. Las campanas de las distintas iglesias, los minaretes, los monjes y peregrinos que se mezclan en la calle con una población que es de mayoría musulmana, confieren un poderoso ambiente de religiosidad. Nazaret es la cuna de la cristiandad, el lugar donde transcurrió la infancia de Jesús.

A solo dos horas en coche desde Tel Aviv, la segunda mayor ciudad de Israel, Nazaret es un destino perfecto para pasar un fin de semana. Además, según los evangelios, es el lugar donde comenzó todo para la cristiandad: “Al sexto mes envió Dios al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una joven prometida a un hombre llamado José, de la estirpe de David; el nombre de la joven era María”.

48 horas para no perderse nada de Nazaret

Un paseo por cada uno de estos lugares no es solo descubrir el patrimonio de Nazaret, sino, también viajar con la Biblia hasta muchos siglos atrás.
Al andar por las calles de la Ciudad Vieja, pasamos por el mercado de Nazaret, en el que se descubre, entre patios y jardines bien cuidados, todo Oriente Próximo desde los sentidos: incienso, especias, tejidos coloridos, el alboroto de las rutinas cotidianas. A nuestra vista, alzada, la cúpula de la Iglesia de la Anunciación, uno de los lugares más venerados del mundo cristiano. Se trata de una iglesia bizantina que se construyó en el lugar donde según la tradición, el ángel Gabriel anunció el nacimiento de Jesús. Dentro de la iglesia se puede visitar la Gruta de la Anunciación, la antigua cueva donde se anunció a la Virgen María que pronto sería madre. Cerca, se encuentra la Iglesia de San José, justo donde el padre de Jesús tenía su taller de carpintería.

Hay muchas más iglesias y lugares sagrados en Nazaret. En realidad, se trata de un viaje a los escenarios bíblicos. Por eso, al visitar la Iglesia Ortodoxa Griega de la Anunciación, estamos, o al menos se cree, en el pozo donde María sacaba agua cada día. Parece ser que no hay confusión ninguna, porque Nazaret solo tiene una fuente natural. Las rutinas diarias en un lugar con tanta historia acaban teniendo una significación más allá de lo cotidiano; pero si lo que queremos es saber cómo se vivía en los años que Jesús habitó aquí, podemos visitar el Nazareth Village, una atracción que escenifica tal cómo era y se vivía en la zona hace 2.000 años.
Si ascendemos hasta lo más alto de la ciudad, donde se encuentra la Basílica de Jesús Adolescente, de construcción relativamente reciente, dispondremos de una vista panorámica de Nazaret. A veces, no hay nada mejor que alejarse para ver mejor: a nuestros pies, 20 siglos de antigüedad, las suaves colinas que rodean el lugar donde Jesús comenzó a andar. Desde aquí seguimos por el Sendero del Evangelio, una ruta cultural que une los lugares sagrados de Galilea.
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Un paseo por la Vía Dolorosa

Este emblemático camino fue recorrido por Jesús desde que fue sentenciado a muerte por Poncio Pilatos hasta que llegó al Gólgota con la cruz

Iglesia del Santo Sepulcro
Se trata de uno de los lugares más sagrados para los cristianos. Según los Evangelios, es el punto exacto donde se produjo la crucifixión de Cristo, su enterramiento y la resurrección. Está dentro de la Ciudad Vieja de Jerusalén y se encuentra justo al final de Vía Dolorosa. 
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Iglesia de los Dolores de María
Situada en la estación III de Vía Dolorosa, a la entrada de esta iglesia católica armenia es donde Jesucristo se cayó por primera vez con la cruz. Dentro de sus instalaciones, tal y como se puede ver en la imagen, se encuentra el hospicio armenio de Jerusalén. 
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Vistas del Santo Sepulcro
Situado en el barrio cristiano de la ciudad, en sus interiores lo primero que uno se encuentra es la piedra de la unción que, aunque no es la original, marca el lugar donde Jesús fue lavado antes de ser sepultado. En la zona del Calvario es donde se ubican cuatro de las últimas estaciones del viacrucis. La décima correspondería a cuando Jesús fue despojado de su vestimenta, la undécima al lugar donde fue clavado en la cruz, la doceava es donde murió Jesús y la última de ellas correspondería a su descenso cuando es entregado sin vida a su madre. 
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Cúpula del Santo Sepulcro
Bajo esta imponente cúpula es donde se encuentra el sepulcro de Cristo, del que el templo adquiere el nombre. Se trata de uno de los lugares más sagrados del cristianismo. También es el más visitado por los peregrinos en su visita a Jerusalén. 
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Estación V del viacrucis
Encima de esta puerta se encuentra la inscripción que hace mención al momento en el que Simón el Cirineo se encuentra con Jesús y le ayuda a cargar con su cruz hasta el Gólgota. 
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Monte de los Olivos
Situado al este de la ciudad de Jerusalén, en el valle de Kidrón, el monte de los Olivos era el lugar escogido por Jesús para realizar sus oraciones. Se dice que fue aquí donde fue arrestado, motivo por el que la procesión bizantina solía tomarlo como punto de inicio el Miércoles Santo antes de cruzar la puerta de los Leones y seguir la Vía Dolorosa que cruza la Ciudad Vieja. 
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Iglesia de la Resurrección de Cristo
Situada dentro del Santo Sepulcro, aquí es donde los Evangelios narran que se produjo la resurrección de Jesús. 
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Camino al monte de los Olivos
Este monte sagrado, a donde Jesús acudía a realizar sus oraciones, está conectado a la Ciudad Vieja de jerusalén por un estrecho camino pedregoso. Algunas procesiones lo recorren durante la Semana Santa antes de iniciar la ruta de Via Dolorosa. 
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Puerta Dorada
Es la entrada más antigua de la Ciudad Vieja de Jerusalén y el único acceso al monte del Templo. Se cree que era la utilizada por Jesús para entrar a la ciudad y, desde el siglo XVI permanece cerrada. En sus exteriores los musulmanes crearon un cementerio. 
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Torre de David
Situada junto a la puerta de Jaffa, esta ciudadela nombrada el honor al rey David fue construida para defender la Ciudad Vieja de Jerusalén. 
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Vía Dolorosa
El nombre de esta calle aluje al dolor que tuvo que pasar Jesucristo en sus últimas horas de vida antes de ser crucificado. La ruta empieza en la puerta de los Leones, cerca de la antigua fortaleza Antonia, y termina en la iglesia del Santo Sepulcro. 
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Iglesia de la Condena
La segunda estación del viacrucis corresponde a la iglesia franciscana de la Condena, donde Jesús recogió la cruz con la que tendría que carar por toda la Vía Dolorosa para, finalmente, ser crucificado. Junto a ella también se encuentra la capilla de la Flagelación, donde se cree que fue azotado antes de ponerse en marcha. 
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Sexta estación del viacrucis
Esta pequeña puerta de madera indica que estamos ante la estación número seis del viacrucis. En ella es donde una joven mujer llamada Verónica se acercó a Jesús con un paño de seda para limpiar el sudor de su cara. Este pañuelo está expuesto en el Patriarcado ortodoxo griego del barrio Cristiano.
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Monasterio copto
A la entrada del monasterio una placa indica que estamos ante la estación número IX del viacrucis. Junto a la antigua columna romana fue donde Jesús tuvo su tercera caída antes de llegar al monte Calvario. 
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Capilla de la séptima estación
Este lugar que puede pasar desapercibido marca el lugar donde Jesús tuvo su segunda caída. La capilla que recuerda el suceso se encuentra situada entre la Vía Dolorosa y la calle del Mercado. 
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Puerta de Jaffa
Conocida también como la puerta de la Torre de David, esta entrada se ubica en el lado occidental de la Ciudad Vieja de Jerusalén. Su nombre se debe a que en este lugar es donde se unene los caminos a Jaffa y a Hebrón. 
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Capilla de la Flagelación
Está ubicado en el barrio musulmán de la Ciudad Vieja de Jerusalén, cerca de la puerta de los Leones (también conocida como puerta de San Esteban). El lugar, que se encuentra junto a la iglesia de la Condena, está marcado como la estación dos del viacrucis. Los cristianos creen que en este lugar fue donde Jesús fue azotado por los romanos antes de tomar la cruz y recorrer la Vía Dolorosa. 
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Monasterio griego ortodoxo
En los exteriores de este monasterio, marcados como la estación octava del viacrucis, es donde Jesucristo se encontró a las piadosas mujeres a las que les pidió que llorasen por sus hijos y por ellas, no por él. Una cruz ennegrecida en la pared marca el lugar exacto. 
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Laura Fernández
27 de marzo de 2017

Pocos caminos son tan transitados al día como la Vía Dolorosa. Situada en el corazón de la Ciudad Vieja de Jerusalén, esta bulliciosa calle de edificios históricos, con puestos de comerciantes y tramos escalonados, es uno de los principales atractivos de los peregrinos, quienes buscan seguir los pasos de Jesús hasta el lugar donde fue crucificado. Un recorrido en el que se encuentran marcadas nueve de las 14 estaciones del viacrucis y que comienza en la puerta de los Leones, cerca de la antigua fortaleza Antonia.
Levantada por Herodes el Grande, en el Pretorio es donde Poncio Pilates interrogó a Jesús para, posteriormente, condenarlo a muerte. A pocos metros, en la iglesia franciscana de la Condena es donde el Mesías adquirió la cruz. Hoy, este lugar que cuenta con la recreación de algunos pasajes bíblicos como la liberación de Barrabás, está marcado como la segunda estación de viacrucis. Allí también se encuentra la capilla de la Flagelación, donde se cree que Jesucristo fue azotado antes de emprender el camino.
La tercera parada corresponde a donde Jesús se cayó por primera vez con la cruz. Un episodio que, según las fuentes bíblicas, se repite en otros dos tramos del trayecto y que están marcados para que los creyentes puedan seguir fielmente su historia. A pesar de las reformas que se realizaron en Vía Dolorosa, pavimentada en varias ocasiones, las autoridades han utilizado para ello las piedras originales que se encontraron bajo la superficie. Hoy, lo que más llama la atención del trayecto son la cantidad de lugares históricos por los que discurre, como la prisión de Cristo, donde estuvo preso; el lugar donde Simón tomó la cruz de Jesús para ayudarle; o donde una joven le limpió el sudor de su frente. Esta última corresponde a la sexta estación, donde en una pequeña capilla aún se conserva el paño que la mujer utilizó.

Los tramos más transitados de Vía Dolorosa son los que se van acercando al final del recorrido. Allí es donde comienzan a abundar los zocos, las escaleras y que se cruzan con los bulevares de restaurantes y hoteles. Antiguamente se cree que los límites de la ciudad estaban en la séptima estación, de ahí a que, según los Evangelios, el Santo Sepulcro sea el lugar original de la crucifixión, enterramiento y resurrección. Conocido también como el Gólgota, este lugar sagrado señala varias estaciones que corresponden al sepulcro de Jesús, el monte Calvario y el aljibe donde fue encontrada su cruz.
A pesar de los numerosos escalones de subida y bajada que los visitantes se encuentran por el camino, según las autoridades de Israel, la Vía Dolorosa se ha intentado conservar lo más fiel posible al trazado original. Los pasos de los peregrinos se posan sobre las huellas que Cristo fue dejando tras él en sus últimas horas de vida.
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Hallan la roca caliza sobre la que supuestamente yació Cristo

La denominada tumba de Cristo, en la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén, ha sido explorada durante sesenta horas, revelando un hallazgo histórico y asombroso

Labores de conservación
Miembros del equipo de conservación sostienen una piedra que va a ser limpiada y escaneada digitalmente antes de ser reinstalada en la fachada del Edículo, el templo que encierra la supuesta tumba de Jesús de Nazaret.
Foto: Oded Balilty, AP for National Geographic

Superficie original rocosa
Un restaurador retira parte de los escombros acumulados debajo de una losa de mármol, revelando la superficie original rocosa de la supuesta tumba de Jesucristo.
Foto: Oded Balilty, AP for National Geographic

Losa de mármol rota
Esta losa de mármol rota, con una cruz cristiana, podría datar de la época de las Cruzadas.
Foto: Oded Balilty, AP for National Geographic

Sitio sagrado del cristianismo
Un conservador limpia la superficie de la losa de piedra que cubre el sitio más sagrado del cristianismo.
Foto: Oded Balilty, AP for National Geographic

Expectación
Antonia Moropoulou, la supervisora de los trabajos de restauración, muestra la tumba descubierta a los diferentes líderes religiosos, que se muestran expectantes.
Foto: Elisavet Tsilimantou, Jerusalem Patriarchate / National Technical University of Athens

Sacerdotes franciscanos
Un grupo de sacerdotes franciscanos visita el Santo Sepulcro durante las labores de restauración.
Foto: Oded Balilty, AP for National Geographic

Mujeres rezando
Unas mujeres rezan sobre la tumba de Jesús antes del comienzo de las labores de restauración.
Foto: Oded Balilty, AP for National Geographic

Muros de la tumba original
Un ingeniero utiliza un georradar para detectar los muros de la tumba original, que se esconden detrás del mármol.
Foto: courtesy of the Jerusalem Patriarchate / National Technical University of Athens

Estructura de acero
La estructura de acero que sostiene el Edículo se retirará la primavera que viene, cuando acaben los trabajos de restauración.
Foto: Oded Balilty, AP for National Geographic
Alec Forssmann
3 de noviembre de 2016


La tumba en la que supuestamente yació Cristo, en la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén, quedó al descubierto la pasada noche del 26 de octubre y en el transcurso de unas sesenta horas. El revestimiento de mármol que la cubría ha sido colocado de nuevo y podría quedar sellada durante siglos o milenios. "La conservación arquitectónica que estamos implementando está concebida para durar para siempre", afirma Antonia Moropoulou, la supervisora de los trabajos de restauración, en el segundo artículo sobre este tema que ha publicado la edición internacional de National Geographic. Sesenta horas...
"Estoy totalmente sorprendido. Me tiemblan un poco las rodillas porque no estaba preparado para esto", expresa el arqueólogo Fredrik Hiebert, de National Geographic Society, quien participa en la investigación. "No lo podemos afirmar al 100%, pero esto parece una prueba visible de que la localización de la tumba no ha cambiado a lo largo del tiempo, algo que los científicos e historiadores se han preguntado durante décadas". ¿A qué prueba visible se refiere?
Los investigadores afirman haber encontrado intacta la cama sepulcral labrada en la roca caliza
La pesada losa de mármol fue retirada la noche del 26 de octubre y debajo apareció material de relleno, compactado por el paso de los siglos. Los investigadores de la Universidad Técnica Nacional de Atenas continuaron trabajando de forma ininterrumpida durante horas, desempolvando el sitio más sagrado del cristianismo. En 1555, y puede que mucho antes, la tumba excavada en la roca maciza fue cubierta con un revestimiento de mármol, presuntamente para evitar el expolio de peregrinos ávidos de recuerdos.
Los investigadores retiraron delicadamente el material de relleno y se toparon con otra losa de mármol, con una cruz cristiana grabada que podría datar de la época de las Cruzadas. La noche del 28 de octubre, unas horas antes del sellado definitivo de la tumba, apareció intacta la cama sepulcral labrada en la roca caliza. La tradición cristiana afirma que el cadáver lacerado de Cristo fue extendido sobre una plataforma o cama sepulcral tallada en una cueva de piedra caliza perteneciente a José de Arimatea, un judío rico e ilustre que se convirtió en discípulo de Jesús.

"Puede que no sepamos con total seguridad si el sitio del Santo Sepulcro corresponde efectivamente a la tumba de Jesús, pero sin duda no tenemos otro sitio que pueda ser reclamado como tal y, además, no tenemos ninguna razón para rechazar la autenticidad del sitio", sostiene Dan Bahat, un arqueólogo israelí veterano y conocido por sus excavaciones en Jerusalén. ¿Cuáles son los argumentos de peso para afirmar que se trata de la tumba de Jesucristo?
Las fuentes históricas sugieren que el emperador Adriano levantó un templo sobre la tumba de Cristo para reivindicar el poder de la religión estatal romana en un sitio que veneraban los cristianos desde hacía años. Constantino, el defensor del cristianismo, ordenó la demolicion del templo y levantó una basílica que ha sufrido numerosas destrucciones y reconstrucciones a lo largo de la historia. Las excavaciones realizadas en el interior de la iglesia del Santo Sepulcro durante el siglo XX revelaron unos vestigios que, según se cree, pertenecieron al templo de Adriano y a los muros del templo original de Constantino. Los arqueólogos también documentaron una antigua cantera de piedra caliza y, al menos, una docena de otras tumbas excavadas en la roca, algunas de las cuales se pueden ver hoy. Los trabajos de restauración del Edículo finalizarán la primavera que viene y, de momento, toda la información obtenida durante estos días será analizada en busca de nuevas respuestas.
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Destapan la tumba de Cristo por primera vez en siglos

Un equipo de investigadores ha puesto al descubierto la superficie original de la supuesta tumba de Cristo, según reveló el miércoles la edición internacional de 'National Geographic'


El Edículo
El Santo Sepulcro con el Edículo en el centro, la estructura que está siendo restaurada por primera vez desde que fue reconstruida en 1810 tras un incendio devastador.
Foto: Oded Balilty, AP for National Geographic

Un instante histórico
Los técnicos retiran la tapa de mármol que durante siglos ha cubierto el lugar más sagrado de la cultura cristiana.
Foto: Dusan Vranic, AP for National Geographic

Rezando ante la tumba de Cristo
Una monja cristiana reza ante la tumba de Cristo en el interior del Edículo.
Foto: Oded Balilty, AP for National Geographic

Líderes religiosos
Los diferentes líderes religiosos escuchan antentamente los avances anunciados por Antonia Moropoulou, la supervisora de los trabajos de restauración, de la Universidad Técnica Nacional de Atenas.
Foto: Oded Balilty, AP for National Geographic
Alec Forssmann
29 de octubre de 2016


Primero había una cueva, o puede que fuera una oquedad en la roca. En una tumba excavada en la roca maciza fue depositado el cuerpo lacerado de Jesús de Nazaret. Posteriormente, según Eusebio de Cesarea, la tumba sagrada fue tapada con tierra y con piedras y, durante el mandato de Adriano, se paganizó el lugar mediante la construcción de un templo. Constantino, el defensor del cristianismo, ordenó la demolicion del templo, supuestamente erigido sobre la tumba de Jesús, y levantó una basílica que ha sufrido numerosas destrucciones y reconstrucciones a lo largo de la historia. La iglesia del Santo Sepulcro, en el centro de Jerusalén, incluye dos sitios sagrados: el Gólgota, donde Cristo supuestamente fue crucificado; y su tumba... vacía, pues resucitó de entre los muertos.
Seis órdenes cristianas custodian el Santo Sepulcro: la Iglesia Ortodoxa Griega, la Iglesia Católica Romana, la Iglesia Apostólica Armenia y, en menor grado, la Iglesia Ortodoxa Siria de Antioquía, la Iglesia Ortodoxa Copta y la Iglesia Ortodoxa Etíope. Todas están de acuerdo en una cosa: allí se encuentra la sepultura de Jesucristo. En 2015, las principales comunidades cristianas aceptaron la visita de la Universidad Técnica Nacional de Atenas con motivo de una inspección del Edículo, la estructura que cubre el sepulcro, reconstruida en 1810 tras un incendio devastador.
"Podremos ver la superficie rocosa en la que yació el cuerpo de Cristo", dice Hiebert
Por primera vez en siglos, los investigadores han puesto al descubierto la superficie original de la supuesta tumba de Cristo, según reveló el miércoles la edición internacional de National Geographic, que participa en el proyecto de restauración. La tumba ha estado sellada con un revestimiento de mármol desde 1555 y muy probablemente desde varios siglos atrás."Hemos retirado la cobertura de mármol de la tumba y nos ha sorprendido la cantidad de material de relleno que hay debajo", explica Fredrik Hiebert, arqueólogo de National Geographic Society. "El análisis científico será largo, pero finalmente podremos ver la superficie original rocosa en la que, de acuerdo con la tradición, yació el cuerpo de Cristo".

La tradición cristiana afirma que el cadáver fue extendido sobre una plataforma o cama sepulcral labrada en la cueva de piedra caliza y que siglos después quedó encerrada en el Edículo. El análisis de la roca original podría aportar información sobre la forma primordial de la tumba y sobre su evolución a lo largo de los siglos, desde que fue detectada por Helena de Constantinopla, la madre del emperador Constantino, en el siglo IV. "Estamos rehabilitando el Edículo y este es un momento crítico", expresa Antonia Moropoulou, la supervisora de los trabajos de restauración, de la Universidad Técnica Nacional de Atenas.
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¿Es Jesús Dios?

¿Alguna vez has conocido a alguien que es el centro de atención adondequiera que vaya? Alguna característica misteriosa e indefinible lo distingue de todos los demás. Bueno, así fue hace dos mil años con Jesucristo.  Pero no fue sólo la personalidad de Jesús que cautivó a las personas que lo oyeron. Los testigos de sus palabras y su vida nos cuentan que Jesús de Nazaret era distinto a todos los hombres.
Las únicas credenciales de Jesús fueron él mismo. Nunca escribió un libro, lideró un ejército, ocupó un cargo político ni fue dueño de ninguna propiedad. Solía viajar dentro de las cien millas alrededor de su pueblo, atrayendo a multitudes que se asombraban con sus palabras provocadoras y actos asombrosos.
Sin embargo, la grandeza de Jesús fue obvia para todos los que lo conocieron y oyeron. Y mientras que la mayoría de los grandes personajes finalmente se desvanecen en los libros de historia, Jesús sigue siendo el tema de miles de libros y de controversias mediáticas sin paralelo. Gran parte de esas controversias giran en torno a las afirmaciones radicales que hizo Jesús sobre sí mismo – afirmaciones que asombraron tanto a sus seguidores como a sus adversarios.
Fueron principalmente las afirmaciones únicas de Jesús que causaron que fuera visto como una amenaza tanto por las autoridades romanas como por la jerarquía judía. Si bien era un forastero sin credenciales ni base de poder político, en sólo tres años, Jesús cambió el mundo para los siguientes veinte siglos. Otros líderes morales y religiosos han causado un impacto – pero ninguno como ese desconocido hijo de carpintero de Nazaret.
¿Qué tenía Jesucristo que marcó la diferencia? ¿Fue meramente un gran hombre, o fue algo más?
Estas preguntas llegan al fondo de quién fue Jesús realmente. Algunos creen que él fue meramente un gran maestro moral; otros creen que simplemente fue el líder de la mayor religión del mundo. Pero muchos creen algo más grande. Los cristianos creen que Dios realmente nos ha visitado en forma humana. Y ellos creen en las pruebas que lo respalda.
Después de estudiar cuidadosamente la vida y las palabras de Jesús, un antiguo catedrático de Cambridge y escéptico, C.S. Lewis, llegó a una conclusión inesperada sobre Jesús que cambió el rumbo de su vida. Entonces, ¿quién es el verdadero Jesús? Muchos contestarán que Jesús fue un gran maestro moral. Al estudiar más profundamente a la persona más controvertida del mundo, empezamos por preguntarnos: ¿Jesús podría haber sido meramente un gran maestro moral?

¿Un gran maestro de la moral?

Incluso las personas de otras religiones reconocen que Jesús fue un gran maestro de la moral. El líder hindú Mahatma Gandhi elogiaba su vida honrada y sus palabras profundas.[1] Asimismo, el erudito judío Joseph Klausner escribió, “Es universalmente aceptado… que Cristo enseñó las más puras y sublimes éticas…lo cual arroja a la sombra a los preceptos morales y las máximas de los hombres más sabios de la antigüedad”.[2]
El sermón del monte de Jesús ha sido llamado la enseñanza más excelente de ética humana jamás pronunciada por una persona. De hecho, gran parte de lo que conocemos hoy como “igualdad de derechos” en realidad es el resultado de las enseñanzas de Jesús. El historiador no cristiano Will Durant dijo de Jesús que “él vivió y luchó incansablemente por la ‘igualdad de derechos’; en tiempos modernos él habría sido enviado a Siberia. ‘El más importante entre ustedes será siervo de los demás’ – ésta es la inversión de toda sabiduría política, de toda cordura”.[3]
Muchos, como Gandhi, han tratado de separar las enseñanzas éticas de Jesús  de sus afirmaciones sobre sí mismo, creyendo que simplemente fue un gran hombre quien enseñó elevados principios morales. Ésta fue la propuesta de uno de los Padres Fundadores de los Estados Unidos de América, el Presidente Thomas Jefferson, que cortó y pegó un ejemplar del Nuevo Testamento, eliminando las secciones que él consideraba que se referían a la divinidad de Jesús, y conservando otros pasajes sobre las enseñanzas éticas y morales de Jesús.[4] Jefferson llevaba con él en todo momento su Nuevo Testamento cortado y pegado, venerando a Jesús como el que fuera quizás el mayor maestro moral de todos los tiempos.
De hecho, las palabras memorables de Jefferson en la Declaración de la Independencia tienen sus raíces en las enseñanzas de Jesús de que cada persona es de inmensa e igual importancia para Dios, sin tener en cuenta el sexo, la raza o el estatus social. El famoso documento establece, “Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables…”
Pero una pregunta que Jefferson nunca contestó fue: ¿cómo podría Jesús ser un gran líder moral si  afirmó ser Dios en falso? ¿Pero Jesús en realidad afirmó su divinidad? Antes de analizar qué sostuvo Jesús, debemos estudiar la posibilidad de que simplemente fue un gran líder religioso.
notas finales

¿Un gran líder religioso?

Sorprendentemente, Jesús nunca afirmó ser un líder religioso. Él nunca se metió en la política religiosa ni impulsó una agenda ambiciosa, y él se desempeñó casi totalmente fuera del marco religioso establecido.
Cuando uno compara a Jesús con los otros grandes líderes religiosos, surge una notable distinción. Ravi Zacarias ha estudiado las religiones del mundo y ha observado una distinción fundamental entre Jesucristo y los fundadores de otras grandes religiones. Todas las religiones proporcionan instrucciones sobre una manera de vivir. Pero solo Jesús ofrece la liberación, el perdón de los pecados y la transformación. “Jesús no solo enseñaba o exponía su mensaje. Él era idéntico a su mensaje”.[5] La certeza de la observación de Zacarias es subrayada por la cantidad de veces en los evangelios que el mensaje de las enseñanzas de Jesús fue sencillamente “Ven a mí” o “Sígueme” o “Obedéceme”. Además, Jesús dejó claro que su misión principal era perdonar los pecados, que era algo que sólo Dios podía hacer.
En The World´s Great Religions (Las grandes religiones del mundo), Huston Smith observó que entre todos los líderes religiosos, solo Jesús afirmó ser divino.[6] Y eso nos lleva a la pregunta de qué afirmó realmente Jesús acerca de sí mismo; específicamente, ¿Jesús afirmó ser Dios?
notas finales

¿Jesús afirmaba ser Dios?

Entonces, ¿qué ha convencido a tantos estudiosos de que Jesús afirmó que era Dios? El autor John Piper explica que Jesús afirmó tener poderes que pertenecían exclusivamente a Dios.
“…los amigos y enemigos de Jesús se desconcertaban una y otra vez por lo que él hacía y decía. Él podía estar andando por un camino, al parecer como cualquier otra persona, y entonces daba la vuelta de pronto y decía cosas como, ‘Antes de que Abraham naciera, ¡yo soy!’. O, ‘Quien me ve a mí está viendo al Padre’. O, muy tranquilamente, después de ser acusado de blasfemia, él decía, ‘Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados’. A los muertos él podía simplemente decirles, ‘Sal fuera’ o ‘Levántate’. Y ellos obedecían. A las tormentas en el mar les decía, ‘Quieto’. Y a la hogaza de pan le decía, ‘Conviértete en mil porciones’. Y se realizaba inmediatamente”.[7]
¿Pero cuál era realmente el significado de dichas afirmaciones? Es posible que Jesús fuera sólo un profeta como Moisés, Elías o Daniel? Incluso una lectura superficial de los evangelios revela que Jesús afirmaba ser más que un profeta. Ningún otro profeta había afirmado algo similar sobre sí mismo; de hecho, ningún otro profeta se ha colocado en el lugar de Dios.
Algunas personas sostienen que Jesús nunca dijo expresamente, “Yo soy Dios”. Es verdad que nunca dijo las palabras exactas, “Yo soy Dios”. Sin embargo, Jesús tampoco dijo de manera explícita, “Yo soy un hombre” ni “Yo soy un profeta”. Pero Jesús sin duda fue humano, y sus seguidores lo consideraron un profeta como Moisés y Elías.  Por ello, no podemos descartar que Jesús es divino sólo porque él no dijo esas palabras exactas, así como tampoco podemos decir que no fue un profeta.
De hecho, las afirmaciones de Jesús sobre sí mismo se contradicen con la idea de que él simplemente fue un gran hombre o un profeta. En más de una ocasión, Jesús se refirió a sí mismo como el Hijo de Dios. Cuando se le preguntó a Bono, el cantante de U2, si él pensaba que era inverosímil que Jesús fuera el Hijo de Dios, él contestó:
“No, para mí no es algo increíble. La respuesta secular al relato de Jesucristo siempre es así: Él fue un gran profeta, obviamente era un tipo muy interesante, tenía muchas cosas que decir, como los demás grandes profetas,… Pero en realidad, Jesús no te permite eso. Él no te deja librarte tan fácilmente del tema. Jesús dice, “No. No estoy diciendo que soy un maestro, no me digan maestro. No estoy diciendo que soy un profeta….estoy diciendo que soy Dios encarnado”. Y la gente dice: No, no, por favor, se un profeta nomás. Podemos lidiar con un profeta”.[8]
Antes de analizar las afirmaciones de Jesús, es importante entender que él las hizo dentro del contexto de la creencia judía en un solo Dios (monoteísmo). Ningún judío creyente creería alguna vez en más de un Dios. Y Jesús creía en el único Dios, rezándole a su Padre como, “el único Dios verdadero”.[9]
Pero en esa misma oración, Jesús habló de haber existido siempre con su Padre. Y cuando Felipe le pidió a Jesús que les muestre al Padre, Jesús dijo, “Tanto tiempo como llevo con vosotros y ¿no has llegado a conocerme, Felipe? Quien me ve a mí está viendo al Padre”.[10] Entonces, la pregunta es: ¿Jesús estaba afirmando ser el Dios hebreo que creó el universo?
notas finales

¿Jesús afirmó ser el Dios de Abraham y Moisés?

Jesús se refería a sí mismo de maneras que desconcertaban a sus seguidores. Tal como señala Piper, Jesús hizo la afirmación audaz de que, “antes de que Abraham naciera, ¡yo SOY!”[11] Le dijo a Marta y las personas a su alrededor, “Yo SOY la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera”.[12] Asimismo, Jesús decía cosas como, “Yo SOY la luz del mundo”[13], “Nadie llega al Padre sino por mí”[14] o, “Yo SOY la verdad” [15]. Éstas y otras afirmaciones suyas fueron precedidas por las palabras sagradas para nombrar a Dios: “Yo SOY” (ego eimi).[16] ¿Qué quiso decir Jesús con estas afirmaciones? ¿Y qué significado tiene el término “Yo SOY”?
Una vez más, debemos analizar el contexto. En las Sagradas Escrituras Hebreas, cuando Moisés preguntó a Dios su nombre en la zarza ardiente, Dios respondió, “Yo SOY”. Él le estaba revelando a Moisés que Él es el único Dios, que trasciende al tiempo y siempre ha existido. Increíblemente, Jesús usaba estas palabras sagradas para describirse a sí mismo. La pregunta es ¿por qué?
Desde el tiempo de Moisés, ningún judío practicante se referiría nunca a sí mismo ni a ningún otro hombre como “Yo Soy”. Por ello, las afirmaciones de “Yo SOY” de Jesús enfurecieron a los líderes judíos. Una vez, por ejemplo, algunos líderes le explicaron a Jesús por qué  trataban de matarlo: “Porque tú, siendo hombre, te haces pasar por Dios” .[17]
El uso por Jesús del nombre de Dios enfureció a los líderes religiosos. Pero lo importante es que éstos estudiosos del Antiguo Testamento sabían exactamente lo que él estaba diciendo – él estaba afirmando ser Dios, el Creador del universo. Sólo esta afirmación habría conllevado la acusación de blasfemia. Entender a partir de estos textos  que Jesús afirmó ser Dios claramente se justifica, no simplemente por sus palabras, pero también por la reacción a estas palabras.
C. S. Lewis inicialmente consideró que Jesús era un mito. Pero este genio literario que conocía los mitos muy bien concluyó que Jesús tiene que haber sido una persona real. Más aún, a medida que Lewis estudió las pruebas de la existencia de Jesús, se convenció de que Jesús no sólo fue real, sino de que fue diferente a cualquier otro hombre que haya vivido. Lewis escribió,
“Y allí está la verdadera sorpresa’ dice Lewis: ‘Entre estos judíos de pronto aparece un hombre que habla como si fuera Dios. Dice que puede perdonar los pecados. Dice que siempre ha existido. Dice que vendrá para juzgar al mundo al fin del tiempo”.[18]
Lewis pensaba que las afirmaciones de Jesús eran simplemente demasiado radicales y profundas para haber sido hechas por un maestro o líder religioso común. (Para ver un análisis más exhaustivo de la afirmación de Jesús de su divinidad, ver “¿Jesús afirmaba ser Dios?” http://y-jesus.org/spanish/more/jcg-jesus-afirmo-ser-dios/).
notas finales

¿Qué clase de Dios?

Algunos sostienen que Jesús solamente estaba afirmando ser parte de Dios. Sin embargo, la idea de que todos somos parte de Dios, y que dentro de nosotros esta la semilla de la divinidad, simplemente no es un posible significado de las palabras y acciones de Jesús. Tales pensamientos son revisionistas, son ajenos a sus enseñanzas, ajenos a las  creencias que expresó, y ajenos a  cómo entendieron sus enseñanzas los discípulos.
Jesús enseñó que él es Dios de la manera que los judíos entendían a Dios y la manera que las Escrituras Hebreas describían a Dios, no de la manera en que el movimiento de la Nueva Era entiende a Dios. Ni Jesús ni su público habían sido criados viendo la Guerra de las Galaxias, por lo cual, cuando ellos hablaban de Dios, no estaban hablando de fuerzas cósmicas. Redefinir lo que Jesús quiso decir con el concepto de Dios es simplemente un mal enfoque histórico.
Lewis explica que:
“Dejemos esto en claro. Entre los panteístas, como los hindúes, cualquiera podría decir que él es parte de Dios, o que es uno con Dios…Pero este hombre, dado que era un judío, no podría referirse a esa clase de Dios. Dios, en su idioma, significaba el Ser que está fuera del mundo, que lo había creado y era infinitamente distinto a cualquier otra cosa. Y cuando uno haya entendido eso, podrá ver que lo que dijo este hombre fue simplemente lo más escandaloso que alguna vez ha pronunciado un humano”.[19]
Por cierto, hay personas que aceptan a Jesús como un gran maestro, pero no están dispuestos a llamarlo Dios. Como deísta, hemos visto que Thomas Jefferson no tenía ningún problema con aceptar las enseñanzas de Jesús sobre la moral y la ética, a la vez que negaba su divinidad.[20] Pero como hemos señalado, y examinaremos en mayor profundidad, si Jesús no era quien afirmaba ser, entonces debemos analizar algunas otras alternativas, ninguna de las cuales harían de él un gran maestro moral. Lewis argumentó, “Lo que estoy tratando de impedir es que alguien diga esa cosa realmente absurda que la gente a menudo dice de Él: ‘Estoy listo para aceptar a Jesús como un gran maestro moral, pero no acepto su afirmación de ser Dios’. Esa es la única cosa que no debemos decir”.[21]
En su búsqueda de la verdad, Lewis sabía que respecto de la identidad de Jesús sólo podía ser la una o la otra. O Jesús era quien afirmaba ser – Dios encarnado – o sus afirmaciones eran falsas. Y si éstas eran falsas, Jesús no podría ser un gran maestro moral. Él estaría mintiendo intencionalmente o sería un demente con un complejo de Dios.
notas finales

¿Es posible que Jesús estaba mintiendo?

Aún los críticos más severos de Jesús rara vez han dicho que era un mentiroso. Sin duda, esa etiqueta no concuerda con las elevadas enseñanzas morales y éticas de Jesús. Pero si Jesús no es quien afirmaba ser, debemos considerar la opción de que él engañaba a todos intencionalmente.
Uno de los trabajos políticos más conocidos y más influyentes de todos los tiempos fue escrito por Nicolás Maquiavelo en 1532. En su obra clásica, El Príncipe, Maquiavelo exalta el poder, el éxito, la imagen y la eficiencia por encima de la lealtad, la fe y la honestidad. Según Maquiavelo, mentir está bien si logra un fin político.
¿Podría Jesucristo haber construido toda su vida pastoral a partir de una mentira sólo para obtener el poder, la fama o el éxito? De hecho, los opositores judíos de Jesús trataron constantemente de exponerlo como un fraude y un mentiroso. Ellos lo inundaban con preguntas a fin de tenderle una trampa para que se contradijera. Sin embargo, Jesús respondía con una notable coherencia.
La pregunta que debemos analizar es, ¿qué podría motivar a Jesús a vivir su vida entera como una mentira? El enseñó que Dios se oponía a la mentira y a la hipocresía, por lo cual, él no lo estaría haciendo para complacer a su Padre. Él claramente no mintió para beneficio de sus seguidores, dado que todos menos uno fueron martirizados por no renegar de su Divinidad (ver “¿Los apóstoles creían que Jesús es Dios?” http://www.y-jesus.com/apostles_jesus_god_1.php). Y entonces, nos quedamos con sólo dos explicaciones razonables, cada una de las cuales es problemática.
notas finales

Beneficio

Mucha gente ha mentido por ganancia personal. De hecho, la motivación de la mayoría de las mentiras es algún beneficio percibido para uno mismo. ¿Qué podría haber esperado ganar Jesús al mentir sobre su identidad? El poder sería la respuesta más obvia. Si la gente creía que él era Dios, él tendría un enorme poder. (Es por eso que muchos líderes antiguos, tales como los Césares, afirmaban su origen divino.)
El problema con esta explicación es que Jesús rechazó todos los intentos de posicionarlo para el poder establecido, y más bien criticó duramente  a aquellos que abusaron de dicho poder y vivieron sus vidas persiguiéndolo. Además, él optó por acercarse a los marginados (las prostitutas y los leprosos), aquellos que no tenían poder, creando una red de gente cuya influencia era menos que cero. De una manera que sólo puede ser descrita como extraña, todo lo que Jesús hizo y dijo iba en dirección diametralmente opuesta al poder.
Parecería que, si el poder fue la motivación de Jesús, él habría evitado la cruz a toda costa. Sin embargo, en varias ocasiones, él les dijo a sus discípulos que la cruz era su destino y misión. ¿Cómo podría morir en una cruz romana traerle a uno poder?
La muerte, por supuesto, pone todo en perspectiva. Y mientras que muchos mártires han muerto por una causa en la que ellos creían, pocos han estado dispuestos a morir por una mentira conocida. Sin duda, toda esperanza para la propia ganancia personal de Jesús habría terminado en la cruz. Sin embargo, hasta su último suspiro, él se negó a renunciar a su afirmación de ser el único Hijo de Dios. El estudioso del Nuevo Testamento J.I. Packer señala que este título es una afirmación de la divinidad personal de Jesús.[22]
notas finales

Un Legado

Por lo tanto, si Jesús estaba por encima de mentir para su propio beneficio, quizás sus afirmaciones radicales fueron falseadas con el propósito de dejar un legado. Pero la posibilidad de recibir una tremenda paliza y ser clavado a una cruz enfriaría rápidamente el entusiasmo de la mayoría de las superestrellas en potencia.
Y hay otro hecho fascinante. Si Jesús  simplemente hubiera renunciado a su afirmación de ser el Hijo de Dios, él nunca habría sido condenado. Fue su afirmación de ser Dios y no estar dispuesto a retractarse de ello que lo llevó a la crucifixión.
Si aumentar su credibilidad y reputación histórica fue lo que motivó a Jesús a mentir, hay que explicar cómo un hijo de carpintero de un pueblo pobre de Judea pudo prever los eventos que catapultarían su nombre a la prominencia mundial. ¿Cómo sabría que su mensaje sobreviviría? Los discípulos de Jesús habían huido y Pedro lo había negado. No es precisamente la fórmula para dar inicio a un legado religioso.
¿Los historiadores creen que Jesús mintió? Los estudiosos han analizado en detalle las palabras y vida de Jesús para ver si hay alguna evidencia de un defecto en su carácter moral. De hecho, incluso los más ardientes escépticos están sorprendidos por la pureza moral y ética de Jesús. Según el historiador Philip Schaff, no hay evidencia, ni en la historia de la iglesia ni la historia secular, de que Jesús haya mentido acerca de algo. Schaff argumentó,“¿Cómo, en nombre de la lógica, el sentido común y la experiencia, podría un hombre mentiroso, egoísta y depravado haber inventado, y continuamente mantenido desde el principio hasta el fin, el más puro y noble carácter conocido en la historia con el más perfecto aire de verdad y realidad?”[23]
La opción de mentiroso parece nadar contra corriente ante todo lo que Jesús enseñó, vivió, y por lo que murió. Para la mayoría de los estudiosos, simplemente no tiene sentido. Sin embargo, para negar las afirmaciones de Jesús, uno debe ofrecer alguna explicación. Y si las afirmaciones de Jesús no son verdaderas, y él no estaba mintiendo, la única opción que queda es que él debió haberse engañado a sí mismo.
notas finales 

¿Jesús podría haber sido enfermo mental?

Albert Schweitzer, quién fue galardonado con el Premio Nobel en 1952 por su trabajo humanitario, tenía sus propias opiniones sobre Jesús. Schweitzer concluyó que la locura era la causa de las afirmaciones de Jesús de ser Dios. Es decir, que Jesús estaba equivocado sobre sus afirmaciones, pero no mentía intencionalmente. Según esta teoría, Jesús en realidad se engañaba a sí mismo, creyendo realmente que él era el Mesías.
Lewis consideró esta opinión cuidadosamente. Lewis dedujo que si  las afirmaciones de Jesús no eran ciertas, entonces él tendría que haber estado loco. Lewis argumenta  que alguien que afirmaba ser Dios no sería un gran maestro moral.  “Él podría ser un enfermo mental – al nivel de un hombre que dice ser un huevo hervido – o de lo contrario él sería el Diablo del Infierno”.[24]
La mayoría de las personas que han estudiado la vida y las palabras de Jesús reconoce que él era extremadamente racional. Si bien su propia vida estuvo llena de inmoralidad y escepticismo personal, el renombrado filósofo francés Jean-Jacques Rousseau (1712-78) reconoció el carácter superior y el aplomo de Jesús: “Cuando Platón describe su hombre recto imaginario…él describe exactamente el personaje de Jesús…Si la vida y muerte de Sócrates son las de un filósofo, la vida y muerte de Jesús son las de un Dios”.[25]
Bono concluye que “loco” es la última etiqueta que uno le podría poner a Jesús.
“Lo que nos queda entonces es que Jesús era quien decía ser o si no, estaba totalmente chiflado. Es decir, estamos hablando de un loco al nivel de Charles Manson…No es broma. La idea de que todo el curso de la civilización para la mitad del mundo se hubiera visto cambiado y puesto de cabeza por un loco, para mí, es difícil de creer…” [26]
Entonces, ¿ Jesús fue un mentiroso o un demente, o fue el Hijo de Dios? ¿Podría haber estado en lo correcto Jefferson al etiquetar a Jesús de “sólo un buen maestro moral” a la vez que negaba su deidad? Es interesante que el público que escuchó a Jesús – tanto los creyentes como los enemigos – nunca lo considerara como un simple maestro moral. Jesús generó tres efectos principales en la gente que lo conoció: odio, terror o adoración.
Las afirmaciones de Jesucristo nos obligan a escoger. Como dijo Lewis, no podemos ubicar a Jesús en la categoría de ser solamente un gran líder religioso o un buen maestro moral.  Este antiguo escéptico nos desafía a tomar nuestras propias decisiones sobre Jesús:
“Uno debe elegir. O este hombre fue y es el Hijo de Dios, o si no, era un loco o algo peor. Uno puede callarlo por ser un tonto, escupirle y matarlo por ser un demonio o puede caer a sus pies y llamarlo Señor y Dios. Pero no nos permitamos  disparates condescendientes  de que fue un gran maestro humano. Él no nos dejó esa posibilidad. No era su intención hacerlo”.[27]
En su libro Mere Christianity (Mera cristiandad), Lewis explora las opciones respecto de la identidad de Jesús y concluye que él es exactamente lo que afirmaba ser. Su cuidadoso estudio de la vida y las palabras de Jesús llevó a este gran genio literario a renunciar a su anterior ateísmo y volverse un cristiano comprometido.
La gran pregunta de la historia de la humanidad es, “¿Quién es el verdadero Jesucristo?” Bono, Lewis e innumerables más han concluido que Dios visitó nuestro planeta en forma humana. Pero si eso es cierto, esperaríamos que él estuviera vivo hoy en día. Y eso es exactamente lo que creen sus seguidores.

¿Jesús realmente resucitó?

Los testigos presenciales de Jesucristo realmente hablaban y actuaban como si ellos creyeran que él hubiera resucitado físicamente de la muerte después de su crucifixión. Si ellos estaban equivocados, la cristiandad se fundó sobre la base de una mentira. Pero si tenía razón, dicho milagro sería una prueba de todo lo que dijo Jesús sobre Dios, sobre sí mismo y sobre nosotros. Pero, ¿debemos creer en la resurrección de Jesús únicamente basados en la fe o hay pruebas históricas sólidas? Varios escépticos han estudiado los registros históricos a fin de probar la falsedad del relato de la resurrección. ¿Qué descubrieron?
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¿Jesús dijo qué pasa después de la muerte?

Si Jesús realmente resucitó, entonces debe saber qué hay al otro lado. ¿Qué dijo Jesús sobre el sentido de la vida y sobre nuestro futuro? ¿Hay muchos caminos a Dios, o Jesús dijo que él era el único camino? Lea las respuestas sorprendentes en “¿Por qué Jesús?” Haga clic aquí para ver las pruebas de la afirmación más fantástica que jamás se ha hecho — ¡la resurrección de Jesucristo!

¿Jesús le puede dar sentido a la vida?

¿Puede Jesús contestar las grandes preguntas de la vida? ¿Quién soy?, ¿Por qué estoy aquí? y ¿A dónde me dirijo? Jesús hizo afirmaciones sobre la vida y nuestro propósito aquí en la Tierra, que se deben analizar antes de considerarlo poco compasivo o impotente. Este artículo, “¿Por qué Jesús?”, estudia el misterio de por qué vino Jesús a la Tierra, y qué significa eso para nosotros. Haga clic aquí para descubrir cómo Jesús puede darle sentido a la vida.
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Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
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43 comentarios:

Thomy Novoa dijo...

Amigo Guillermo, en el manual del cristiano ( llámese la biblia), se encuentran claramente las respuestas a sus preguntas, y más aún por qué vino a este mundo. Si quiere conocer más de Él, le recomiendo que vaya directamente a la fuente ( que es 100 0/0 verdadero) y no a un programa hecho por hombres lleno de suposiciones. Dios te bendiga y te guarde.

Esther Troncos Jimenez dijo...

En la biblia ,esta claro ,Jesus vino en cuerpo a la tierra siendo Dios mismo y dio su vida por nosotros para librarnos del pecado ,vendría por segunda y hoy junto con nuestra madre celestial nos esta llamando para darnos el agua de la vida ,eternamente ,debemos creer en nuestra madre celestial ,hay tantos misterios que Satanás abolió por medio del hombre para que no se supiera y vivamos engañados amen

Nelly Maldonado dijo...

Buen dia aunque aq 33 grados.me mata....pero voy esto leer en vertical me activa las neuronas...no me quedan muchas...pero vertical te vuelve loquito ..me gustaria q la proxima comienze a escribir en CIRILICO...es mas facil..
Jajajaaaa.esta bueno

Jose Yamo Garcia dijo...

Si existe amigo gullermito

Nelly Maldonado dijo...

De todos los rostros de jesus q he visto...el q se parece mas es de ROBERT POWELL q filmo ""Jesus deNazareth""lo digo xq he pasado x "ECA la MUERTE'""T ALGUN DIA CONTARE COMO OCURRIO.ES PARA UN LIBRO. ..

María Rosa Castro dijo...

Amén.....Gracias amigo, buenas noches, Bendiciones

Carlos Severo dijo...

Este rostro es el mas probable...dadas las características étnicas de los pobladores de la región en donde se narran historias acerca de Jesús... Aunque ningún historiador romano de la época lo menciona.

Elsa Castillo dijo...

Bueno yo creo en la imagen tridimensional tomado de la sábana Santa.

Nuris Herrera dijo...

Siempre he pensado como fue ese hombre
Me acerco más a este rostro que a un ser super mega hermoso

Miriam Eizmendi dijo...

ASI ES JESUS EL HIJO DE DIOS.... NUESTRO SALVADOR... AMEN 🙏 ❤️

Albeiro Espinal Jaramillo dijo...

AMEN GRACIAS

Marina Rojas- Higa dijo...

Amén 🙏🏻
Gracias por compartir ! Bendiciones y buena semana!

Doralcira Llacsahuanga Yangua dijo...

JESÚS ES HIJO ÚNICO DE DIOS , AMÉN BENDICIONES CHEMITA.

Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui dijo...

Amiga Doralcira Llacsahuanga Yangua, yo no tengo ninguna duda que Jesús es le hijo de Dios, pero si hay un debate mundial promovido por National Geographic, sobre esta parte de la Religión Católica, que hay que debatir con argumentos, le invito abrir la página Web y enviar su comentario:

Susana Ocampo dijo...

AMEN

María Rosa Castro dijo...

Amén

Ivan Tavara Jimenez dijo...

Amén .

Alberto Castillo Lozano dijo...

Amen

Mercedes Loayza Campaña dijo...

Amen

Nancy Nole Zapata dijo...

Amén

Efraín Ríos Castillo dijo...

Uno de los bellos rostros de Jesús
Una obra maestra del Greco.

Jose Miguel Abramonte Gomez dijo...

Amén

Sonia Maria Ruiz dijo...

Para reflexionar

Mary Ezcurra dijo...

Amén

Guillermo Cotrina López dijo...

Excelente reportaje, sobre la vida de Jesucristo, ya es tiempo de hablar sin tapujos de Jesús, yo soy un cristiano, y por su puesto siempre existen dudas por aclarar, y este reportaje me parece un buen ensayo, que muchas veces la Iglesia no explica..

Wilfredo Sánchez dijo...

Hola familia, para mi Jesucristo es uno con Dios, El está en el Padre y el Padre está en El.

Wilfredo Sánchez dijo...

Los dos son uno y a la vez El ruega al padre para que nosotros seamos uno con El.

Vanessa Burneo Flores dijo...

Muy bello

Wilfredo Sánchez Achutegui dijo...

Buen día Guillermo, gracias por tu aporte. Veamos un detalle: lo que dices de Ezequiel 44: 22 era para los sacerdotes levitas, mas no para las demás tribus de Israel, Jesús el Cristo era de la tribu de Juda en su encarnación física. Gracias.

Elena Julia Mazzino dijo...

Benddicenos señor

Jose Yamo Garcia dijo...

No pasa nada con esa imagen según el. Manto sagrado muestra un Jesús con cabello largo x q el era nazareno era una rama de los judíos que no se rapaban el cabello ni tomaban vino ni se acostaban con mujer

Maximo Rodrigo Jimenez Abad dijo...

Caballo de troya de jj benites dice verdades

Nilsa Esponda dijo...

Mas alla del rostro
El sacrificio de jesus nos redime en la cruz
Para poemas querido chema esta el grupo
Gracias

Lorena Palomera Regalado dijo...

Sorry, para nada que se parece, JesusCristo es Guapo. Es mi opinión no me discutan he?

Maximo R. Jimenez Abad dijo...

Demostro k la muerte no existe solo k las religiones lo cambiaron todo

Magdalena Antunez dijo...

Definitivamente no se parece a Jesús el era Dios

Pepita Araujo Carrera dijo...

Debemos ver a Jesús con los ojos del alma no con los ojos físicos. Jesús hizo el gran sacrificio perdió su vida por los pecadores. Jesús venció a la muerte y al pecado.

Eunice Clara dijo...

Solo quiero ser perdonado. Que se apiade de nosotros. Paz a todos. Amén. Él es maravilloso.

America Tene dijo...

Para mi no¿ yo me quedo con el que conocí desde que tuve uso de razón. Muchas Bendiciones en este Triduo Pascual y un Domingo de Pascua de Resurreccion.

Luisa Maria Díaz Noda dijo...

Jesucristo

Pepita Araujo Carrera dijo...

Con el rostro que aparece Jesús, sola apreciamos bondad y misericordia hacia nosotros.

Bernardita Uribe dijo...

Jesús es lindo en la película Jesús de Nazaret ojos claros

Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui dijo...

Bernardita Uribe muchas gracias por su comentario; las películas tergiversan, Jeshua HaMashiaj (Jesús) no fue blanco, ni tenía cabello largo, y menos ojos verdes, lea la Torah allí encuentra el verdadero rostro de Jeshua.