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lunes, 13 de octubre de 2014

SEÑOR CAUTIVO DE AYABACA: Milagro por salvar la vida a Jovita, quien se quemó sus piernas con una olla llena de agua hirviente....

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., continuando con la divulgación de los Milagros del Señor Cautivo de Ayabaca, que como informamos en los anteriores  es una recreación en ficción de un hecho que sucedió años atrás, los personajes y lugares que aparecen aquí son pura coincidencia. En el Distrito de Jurupe, había un centro poblado llamado: "Pampa Vieja" y al costado había una choza, donde vivía una familia, cuyo progenitor era don Melciadez Morocho, casado con doña Inés Paúcar y con tres hijos: Joel, Daniel y Jovita; la familia no tenía fortuna y vivían de realizar trabajos a los vecinos, acción que era secundada por doña Inés, quien era muy "curiosa" (se denomina así a una persona hábil en hacer muchas cosas/actividades) cosiendo vestidos, o arreglando polleras y también preparando remedios caseros.

Aquí observamos la imagen del SEÑOR CAUTIVO DE AYABACA, que se celebra su festividad religiosa todos los 13 de octubre. Un símbolo cristiano del Abandono de los apóstoles a Jesús en el huerto de Getsemaní, quien estando apresado y maniatado por los jerarcas judíos; se quedó sólo, San Mateo 26 -56 ...más todo sucede para que se cumplan los Escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos dejándole, huyeron.., pero la Torah no acepta estas imágenes, Levítico 26:1 ...Bendiciones de la obediencia, no harás para vosotros ídolos ni levantarás estatuas, ni pondrás en vuestra tierra piedra pintada para inclinarte ante ellos, por que soy YHWH vuestro Dios...
Foto: Archivos del Blog: A vuelo de un quinde.

Aquí en la imagen observamos a Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui, autor del Blog: A vuelo de un Quinde; ferviente devoto del Señor Cautivo de Ayabaca. Foto : Archivos del Blog: A vuelo de un quinde.
Cierto día de una semana de invierno del mes de Febrero; doña Inés se enfermó y cayó en cama muy grave, y como conocía de los efectos medicinales de ciertas plantas, ordenó a su hija Jovita (de 6 años de edad) le prepare tisanas, lo que la niña de temprana edad obedeció y hacía lo humanamente posible.
Por la noche regresó don Melciadez y encontró a su esposa postrada en cama y su pequeña hija cocinando la comida, que consistía en hervir una olla llena de mote de maíz con frejoles; la niña atizaba la candela y como era  aún inexperta por su corta edad, al intentar poner un trozo de leña, tal vez un poco más grande que no entraba en el fogón, la niña le hizo fuerza y se levantó la olla de barro (cerámica) y se volteó cayéndole sobre sus piernas agua hirviente de más de 100°C, fue un espantoso espectáculo por que su cuerpo muy frágil  se desolló la tierna piel de ambas piernas, formando grandes ampollas.
Eran una quemaduras de tercer grado muy graves lesionando los tejidos que cubrían lo muslos y las piernas quedaron expuestas, con lo que comúnmente se denomina: "carne viva" sin piel, la niña lloraba aterrada de tan espantoso accidente.
Eran las 18:30 horas del día, en la humilde choza no había ningún medicamento útil, solo existía hierbas y destacaba las hojas de matico, cuyas propiedades curativas y cicatrizantes son ampliamente conocidas y en aquel instante de dolor, la señora Inés, invocó el apoyo  de Dios, diciendo:
--- "Señor Cautivo de Ayabaca, te pido de todo corazón, ayúdanos a curar a nuestra hijita Jovita, se ha quemado su cuerpo con agua hirviente, lo único que tengo es matico, pero ella necesita apoyo médico urgente, por favor ayúdanos Señor"
Luego rezó tres padrenuestros y lo hizo con tanto fervor y devoción que se olvidó de su propia enfermedad que la agobiaba.
Desde la morada de la familia Morocho - Paúcar;  hasta la Ciudad Jurupe, tenía una distancia de 10 kilómetros con aproximadamente 2 horas  de caminar y siendo de noche, lo único que podían hacer, era pedir auxilio a los vecinos, pero todos ellos vivían en casas dispersas de entre 200 a 500 metros, no era fácil pedir la colaboración de la vecindad.
En ese trajín, doña Inés, seguía rogando al Señor Cautivo de Ayabaca, y don Melciadez salió con machete en mano para cortar unos palos y hacer una camilla con una sábana vieja y sucia y por su puesto transportar a su hija grave a la Ciudad.
Entonces, cuando don Melciadez;  ya había abandonado su choza y buscar un árbol y cortar la madera que necesitaba (dos travesaños largos), escuchó el ruido de cascos de caballos con jinetes que se aproximaban a la "Pampa Vieja" y como la noche estaba muy oscura, él se ayudaba con  una lámpara a mechón con kerosene y pudo distinguir a lo lejos unos bultos blancos a pesar de la oscuridad.
Don Melciadez detuvo la marcha hacia el bosque y pensó que venía la ayuda y él, creía que eran jinetes que podrían llevar a su hijita a la Ciudad, quizás mi esposa tenga razón y el Señor Cautivo de Ayabaca, la haya escuchado.
Mientras tanto en el interior de la choza, la situación estaba empeorando, por que la niña Jovita de tanto dolor se había desmayado, hasta se corría el riesgo de un colapso y su madre enferma nada podía hacer; pero ella continuaba rogando al Señor Cautivo de Ayabaca los auxilie enviando a alguien que pueda transportarlos a la Ciudad.
Al mismo tiempo en la Pampa, se acercaban él o los jinetes a donde estaba don Melciadez  esperándolos, pasaron unos minutos y llegó un jinete montado en un caballo y jalando a tres más de color blanco y ensillados, quien al ver a don Melciadez le dijo:
--- Buenas noches señor, estoy buscando la casa de doña Inés Paúcar, quien ha pedido ayuda urgente, me puede indicar donde está esa vivienda.
Don Melciadez, incrédulo a lo que oía y veía al mismo tiempo, atinó a contestar:
--- Buenas noches Señor, soy el esposo de Inés, es cierto necesitamos ayuda, mi hijita Jovita se ha quemado su cuerpo, está llorando de tanto dolor y estoy yendo a cortar unos palos para armar una camilla, pero no tengo con quien llevarla a la Ciudad, si usted viene a ayudarnos, pues vamos a la casa, que está allá a pocos metros de aquí.
El recién llegado apurando con rapidez en la ayuda que quería brindar, le dijo:
--- Entonces, amigo vamos rápido, he traído tres caballos para llevar a la niña, a su esposa y a usted, pero apuremos la ayuda por que el tiempo apremia contra nosotros.
Don Melciadez, de inmediato montó uno de los caballos y dirigió la marcha a la choza, no hubo ningún dialogo más entre ellos, pero don Melciadez, pudo notar que el jinete le brillaba el cuerpo y tenía una sotana; al llegar a la choza, ambos se apearon y el sacerdote vestido con una sotana morada, quien viendo a la niña postrada y estado grave y a su madre descansando, le dijo:
--- Inés, sus súplicas y fe en Dios han sido escuchadas, en este momento nos vamos a la Ciudad.
Luego el sacerdote vendó las heridas de la niña colocándole las tiras de tela y gasa cubriendo todas las heridas, sellando por completo y levantó  el cuerpo y lo colocó sobre el apero de uno de los caballos, le puso un arnés para asegurar el cuerpo al apero, la señora Inés la hizo subir a otro caballo y ordenó a don Melciadez suba la último.
Luego viendo que todo estaba bien, dijo:
--- Vamos que estamos contra el tiempo
Los caballos apuraron la marcha a todo trote, sin saber como lo hicieron, pero ya estaba en la Ciudad, llegaron al hospital, los médicos encargados atendieron a la herida y empezaron el chequeo de la señora Inés, y el médico tratante, preguntó:
--- ¡¡¡¡ Caramba los felicito !!!! han hecho un trabajo excepcional aplicando vendas a las heridas de la niña, es un trabajo depurado de primeros auxilios fantástico.
Don Melciadez, un poco aturdido por tanto elogio que no le correspondía, contestó:
--- Nosotros no lo hicimos, fue obra del sacerdote que nos trajo aquí, y lo hizo con tanta rapidez que no nos dimos cuenta  como fue todo eso; además,  inspiraba mucha ternura y dedicación de ayuda para nosotros.
El médico un poco sorprendido e incrédulo a lo que estaban viendo sus ojos por la proeza médica del vendaje a las heridas, contestó:
--- Yo nunca vi a ningún sacerdote, ustedes llegaron solos y todo  lo han hecho tan bien y a tiempo, que su hija está salvada, sus heridas cicatrizarán y a la señora le haremos un examen médico completo y dos días le daremos de alta....
El médico, haciendo una pausa y mirando fijamente a don Melciadez, le dijo:
--- Oiga amigo, a usted lo necesitamos  en éste hospital, para que se encargue del mantenimiento de los jardines... ¿ qué dice acepta la chamba?
Don Melciadez, aceptó de inmediato el trabajo y tuvo que regresar a "Pampa Vieja" a recoger a sus dos hijos para reunir a toda la familia y dar inicio a una nueva etapa de sus vidas.
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
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