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domingo, 21 de diciembre de 2025

Historia y religión: ¿Quién fue la verdadera Virgen María?

 Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos entrega un reportaje sobre: ¿Quién fue la verdadera Virgen María?, escrito en un nuevo libro por el arqueólogo y profesor jubilado James Tabor, del judaísmo antiguo y cristianismo primitivo, de la Universidad de Carolin del Norte, en Charlotte, quien en su libro The Lost Mary (La María perdida), recupera a la María histórica, que no sólo podría remodelar nuestra comprensión de Jesús, sino también reescribir los orígenes del cristianismo mismo................................. siga leyendo...........


Un nuevo libro sostiene que la madre de Jesús era una mujer poderosa por derecho propio.



Madonna con el Niño, c. 1485 (óleo sobre madera) de Giovanni Bellini, actualmente en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York.

Bridgeman 


Durante dos mil años, María, la madre de Jesús, ha sido honrada en catedrales, himnos y pinturas como la Virgen Madre de Dios. Desde la Pietà de Miguel Ángel Pietà hasta los mosaicos dorados de Bizancio, se la representa con frecuencia como serena, joven y eternamente pura. Sin embargo, detrás del halo y los iconos se esconde una mujer muy diferente, cuya vida de carne y hueso ha quedado oscurecida por siglos de pátina teológica.

Según el erudito bíblico James Tabor, respetado arqueólogo y profesor jubilado de judaísmo antiguo y cristianismo primitivo en la Universidad de Carolina del Norte en Charlotte, recuperar a la María histórica no solo podría remodelar nuestra comprensión de Jesús, sino también reescribir los orígenes del cristianismo mismo.

El argumento de Tabor, expuesto en su reciente libro The Lost Mary, se desarrolla en cinco afirmaciones radicales: cree que María fue una de las fundadoras del cristianismo, que descendía de la realeza y del primer sumo sacerdote, que fue borrada deliberadamente de la memoria cristiana, que transmitió la esencia de las enseñanzas de Jesús y que se la entiende mejor como una mujer judía real que navegó por la violencia de la Judea ocupada por los romanos en el siglo I d. C.




En conjunto, estos argumentos son el intento de Tabor de rescatar a María de la abstracción piadosa y revolucionar nuestra imagen de ella como una de las mujeres más importantes de la historia.

Una fundadora del cristianismo

En la historia tradicional, el cristianismo comienza con Jesús y se expande a través de la predicación de Pedro y Pablo. María aparece en los márgenes: una presencia silenciosa en el pesebre, en las bodas de Caná y de pie al pie de la cruz. Pero Tabor insiste en que tales representaciones minimizan su verdadero papel

María, argumenta, no era solo la madre de Jesús, sino la matriarca de una dinastía. Era madre de Santiago, que sucedió a Jesús como jefe del movimiento en Jerusalén, y pariente de Juan el Bautista a través de su pariente Isabel. Estos tres hombres —Juan, Jesús y Santiago— dieron forma a las primeras décadas del movimiento de Jesús, y María los unió a todos.

Era un «asunto de familia». En la crucifixión del Evangelio de Juan, Jesús confió a su madre a un discípulo anónimo conocido solo como «el discípulo al que Jesús amaba». Tabor sostiene que este discípulo amado era Santiago, el hermano de Jesús, y que desde el comienzo de su ministerio hasta el final, María y Santiago estuvieron estrechamente involucrados en el liderazgo.




Si es así, entonces, lejos de ser una figura secundaria, María habría sido el pilar del movimiento, proporcionando estabilidad, continuidad e inspiración tras la crucifixión de su hijo. Una de las razones por las que los historiadores no han valorado su papel, escribe Tabor, es que en el siglo XIX, cuando los académicos comenzaron a buscar al Jesús histórico, «las mujeres estaban en gran medida marginadas de la academia, la iglesia y la sociedad en general». La marginación de las mujeres en el siglo XIX, afirma, llevó a los estudiosos a proyectar sus propias estructuras sociales sobre la Galilea del siglo I y, como resultado, a ignorar el papel de María.

Las mujeres también estaban marginadas en la Galilea del siglo I, pero en la antigüedad había mujeres influyentes. Bernadette Brooten, profesora emérita de la Universidad de Brandeis, por ejemplo, ha recopilado pruebas epigráficas para Mujeres líderes en la sinagoga antigua que muestran la influencia y el poder que tenían las mujeres en el judaísmo antiguo. Esto no significa que María fuera influyente, y casi no hay fuentes antiguas que sugieran que lo fuera, pero en principio Tabor tiene razón.

Visto así, dice Tabor, María no solo estuvo presente en los inicios del cristianismo, sino que fue su primera fundadora, una matriarca cuya sabiduría y resistencia habrían hecho posible el surgimiento de una nueva tradición religiosa.

¿Un pedigrí «doblemente real»?

La autoridad de María no era solo maternal, sino también genealógica. Tabor sostiene que María tenía ascendencia tanto sacerdotal como real, lo que la convertía a ella y a sus hijos en «doblemente reales».

La prueba clave se encuentra en la genealogía de Lucas, que los estudiosos han asumido durante mucho tiempo que trazaba la ascendencia de José. Inusualmente, Tabor ve esta lista, que se extiende desde David hasta Jesús, como un relato del linaje de María. A diferencia de la genealogía de Mateo, que sigue la línea real de Salomón, la de Lucas incluye nombres asociados con la clase sacerdotal de Israel: Leví, Eliezer y Jannai. Tabor sugiere que María descendía tanto de David, el emblemático rey de Israel, como de Aarón, el primer sumo sacerdote (según el Levítico, todos los sacerdotes del Templo debían descender de Aarón).

Una dificultad de este argumento es que, aunque el relato de Lucas sobre el nacimiento de Jesús se centra en María, la genealogía en sí nunca la menciona y, en cambio, traza su linaje a través de José. Tabor ofrece un argumento convincente de por qué podríamos ver una alusión a María en Lucas 3:2, pero otros estudiosos que han considerado esta posibilidad, por ejemplo, Raymond Brown, autor de El nacimiento del Mesías, no están de acuerdo.

Si Tabor tiene razón, esta herencia habría dado a los hijos de María el derecho a reclamar el liderazgo como herederos legítimos tanto del trono como del templo (aunque es de suponer que muchos otros podrían haber hecho reclamaciones similares, si se hubieran atrevido).




No hay pruebas de ello en el Nuevo Testamento, pero algunos escritores cristianos primitivos, como Hipólito de Roma y Orígenes, de finales del siglo II y principios del III, describieron a Jesús como «de mezcla tribal», combinando la línea real de Judá con el linaje sacerdotal de Leví. Así también, Santiago, el segundo hijo de María, fue recordado en los escritos del cristiano converso del siglo II Hegesipo como alguien que vestía ropas sacerdotales, lo que solo habría sido permitido si Santiago fuera considerado miembro de la clase sacerdotal.

El escritor del siglo IV Epifanio sugiere que Santiago vestía ropas sacerdotales en el propio Templo de Jerusalén. Estas fuentes son mucho más tardías y tienen motivaciones teológicas, pero demuestran el interés de los primeros cristianos por establecer un linaje sacerdotal para Jesús. Este linaje sacerdotal debe provenir de María, argumenta Tabor, «ya que José no tenía ningún derecho a reclamar ningún estatus sacerdotal».

Borrada de la historia cristiana

Si el papel de María era tan central, ¿por qué el Nuevo Testamento la relega tan a menudo a un segundo plano? Si María descendía de la realeza religiosa y secular, ¿por qué no hay más que una insinuación muy indirecta de ello en los Evangelios? Tabor señala lo que él considera un borrado deliberado.

En el Evangelio más antiguo, el de Marcos, Jesús es llamativamente llamado «el hijo de María», una forma inusual de identificar a un hombre judío. José está totalmente ausente de la narración, lo que deja a María como la figura central de la familia. Pero las visiones contrapuestas del legado de Jesús empujaron a María a un segundo plano. En las epístolas paulinas, María desaparece casi por completo. Pablo nunca la nombra; solo se refiere a Jesús como «nacido de una mujer». Los evangelios posteriores vuelven a incluir a José en la escena y lo elevan como padre legal, lo que aleja aún más la atención de María.

Este silencio, argumenta Tabor, no es casual. Al borrar a María, Pablo y los posteriores líderes cristianos pudieron desviar la atención de la familia judía de Jesús y dirigirla hacia su identidad cósmica como Cristo. El énfasis teológico pasó de una dinastía de carne y hueso arraigada en la política de Judea a un mensaje universal de salvación. María, Santiago y el resto de la familia de Jesús quedaron eclipsados por Pedro y Pablo, que se convirtieron en los «pilares» oficiales de la fe.




Otros estudiosos han planteado argumentos similares sobre la eliminación y marginación de las mujeres de la iglesia primitiva. En una serie de publicaciones, Elizabeth Schrader Polczer, profesora adjunta de Nuevo Testamento en Villanova, ha demostrado que los primeros manuscritos cristianos eliminaron las referencias a María Magdalena. Un artículo reciente publicado en el Journal of Biblical Literature por Yii-Jan Lin, profesora asociada de la Yale Divinity School, demuestra cómo Junia, nombrada apóstol por Pablo, fue degradada y se le cambió el género en la interpretación cristiana.

Tabor plantea un argumento igualmente sólido y aún más controvertido: María fue apartada en favor de Pablo y su tipo de discipulado. En este proceso que duró siglos, María fue reconvertida en la siempre virgen y sumisa Madre de Dios; santa, sí, pero históricamente silenciada.

El origen del mensaje de Jesús

Pero, ¿y si el mensaje radical de justicia y compasión de Jesús no solo procediera de la revelación divina, sino también de su madre?

María vivió en la pobreza, la opresión y la pérdida. Viuda desde joven, crió a una familia numerosa en una tierra agitada por la revuelta y la brutalidad romana. Sus experiencias, sugiere Tabor, le dieron un profundo sentido de la justicia. En el Evangelio de Lucas, pronuncia unas palabras que a menudo se denominan el Magnificat: «Ha derribado a los poderosos de sus tronos y ha exaltado a los humildes; ha colmado de bienes a los hambrientos y ha despedido a los ricos con las manos vacías» (Lucas 1:52-53).

Tabor sostiene que, independientemente de si estas palabras son históricamente suyas, reflejan la ética que el propio Jesús proclamaría más tarde: el Reino de Dios pertenece a los pobres, los últimos serán los primeros, los mansos heredarán la tierra. La voz de María resuena en la enseñanza más famosa de su hijo, las Bienaventuranzas que se encuentran en el Sermón de la Montaña. Su visión de un mundo reordenado moldeó no solo la predicación de Jesús, sino también el liderazgo de Santiago en Jerusalén.

Tras la crucifixión de Jesús, fue Santiago quien asumió el liderazgo del grupo de seguidores en Jerusalén. Esto lo sabemos por Pablo, que se refiere a Santiago y a su tensa relación con los líderes de la iglesia de Jerusalén. Tabor imagina a María viviendo y liderando la iglesia de Jerusalén junto a Santiago, como «el centro neurálgico de todo el movimiento de Jesús».

Incluso identifica una casa del siglo I, situada debajo de la iglesia de los Apóstoles de la época de las cruzadas en el monte Sión de Jerusalén, como su hogar durante este periodo. Es una imagen convincente que abarca las realidades sociales de la época: las viudas como María solían vivir con miembros de su familia, como Santiago. (Sin embargo, cabe señalar que la Biblia guarda un curioso silencio sobre la vida de María después de los acontecimientos de la Pascua).

Desde este punto de vista, María no fue simplemente el útero que dio a luz a Jesús, sino la fuente de su mensaje. Podría decirse que este aspecto del argumento de Tabor es el menos controvertido y el más instintivo de todos. La tradición católica asume que María habría compartido los detalles de la anunciación (cuando el ángel Gabriel le dijo que concebiría un hijo) con el joven Jesús. En un artículo para Catholic Answers, una base de datos en línea sobre la doctrina católica, Michael Pakaluk argumentó que María también influyó en la composición del Evangelio de Juan.

Una mujer judía histórica

Por último, Tabor aboga por sacar a María de la «vitrina» de la tradición cristiana y recordarla como una figura histórica: una mujer judía del siglo I que crió a sus hijos bajo el yugo del dominio romano. Esto debería ser obvio, pero la pesada nube de siglos de interpretación y tradición cristianas ha oscurecido tanto su identidad religiosa original como las dificultades a las que se enfrentó.

Esto comienza con su nombre. Aunque nosotros la llamamos María, el Nuevo Testamento se refiere a ella con el nombre griego Mariamun nombre hebreo que la conecta con Mariam, la hermana de Moisés y Aarón, y que podría traducirse mejor al inglés como Miriam. Esta María es una joven madre que probablemente dio a luz en condiciones precarias, iba a buscar agua todos los días y luchaba por alimentar a sus hijos. Probablemente era joven, de unos catorce años, cuando dio a luz a Jesús.

La paternidad de Jesús estaba envuelta en controversia. Aunque los Evangelios hacen de Dios el padre de Jesús, es poco probable que los contemporáneos de María fueran tan generosos. Hay leyendas posteriores, explica Tabor, que afirman que Jesús era hijo de un soldado romano, pero, en última instancia, «desde nuestro final de la historia tendríamos que decir «padre desconocido».

Es posible que José, como atestiguan los Evangelios, la protegiera de los rumores y los chismes crueles, pero su apoyo fue solo temporal. Es probable que, algún tiempo después de su matrimonio concertado con José, enviudara y criara a sus hijos e hijas con una ayuda limitada. José, señala Tabor, nunca aparece en nuestras fuentes después de que Jesús cumpliera doce años. En cambio, se muestra a María viajando sola con sus hijos.

Según los Evangelios, también era una mujer judía que visitaba Jerusalén y el Templo para las fiestas religiosas y estaba profundamente arraigada en la vida judía. Vivió el terror político, ya que la dinastía de Herodes y Roma ejecutaban a los aspirantes a mesías. En el año 4 a. C., justo cuando María entraba en la edad adulta, Galilea estalló en revuelta. Un rebelde llamado Judas el Galileo se apoderó de la armería real en Séforis y se proclamó rey, encendiendo las esperanzas mesiánicas entre las aldeas circundantes, incluida Nazaret, donde vivían María y José.

La respuesta de Roma fue rápida y despiadada. El legado sirio Varo marchó con dos legiones (aproximadamente 12.000 hombres) hacia Galilea, quemando Séforis hasta los cimientos y desatando un terror masivo. El historiador judío Josefo registra que los romanos crucificaron a unos dos mil rebeldes a lo largo de las principales carreteras, de modo que, hasta donde alcanzaba la vista, las cruces se alineaban en las carreteras, cada una con una víctima retorciéndose.

Para los aldeanos como María y su familia, que podían ver el humo de la ciudad desde la cercana Nazaret, el espectáculo era ineludible: el hedor de las ruinas carbonizadas, los gritos de los crucificados, la visión de los cuerpos de sus vecinos colgados a pocos metros de las carreteras por las que transitaban a diario. Fue, como observa Tabor, un trauma formativo, una lección temprana sobre los costes del imperio y el precio de la esperanza mesiánica. Pero no fue la experiencia más desgarradora. Al final de su vida, tres de sus hijos (Jesús, Santiago y Simón) habían sido asesinados por sus reivindicaciones o su liderazgo. Su vida se definió por la resistencia, el dolor y la resiliencia.

Tabor cree que devolver a María a la historia significa verla no como una figura etérea, sino como una mujer cuya fe y coraje se forjaron en el sufrimiento. Su judaísmo era importante: vivía y respiraba la Torá, los rituales del templo y las esperanzas de liberación de Israel. Pertenecía a una comunidad que esperaba justicia, e inculcó esa esperanza en sus hijos.

Durante siglos, la tradición cristiana ha celebrado a María como la Virgen Madre, mientras descuidaba a la mujer detrás del mito. La reconstrucción de Tabor no está exenta de controversia, y muchos debatirán elementos de su argumento, pero nos invita a ver a María de una nueva manera: como fundadora, matriarca, visionaria y superviviente.

Al recuperar su historia, descubrimos no solo las raíces ocultas del cristianismo, sino también un modelo de resiliencia que trasciende el tiempo. María, como muestra Tabor, nos recuerda que detrás de cada movimiento hay mujeres cuyas voces han sido silenciadas, cuya influencia ha quedado oculta a plena vista.

Dos mil años después, quizás el acto más radical sea llamarla por lo que fue: no solo «bendita entre las mujeres», sino una fundadora olvidada del cristianismo.
NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
ayabaca@gmail.com

sábado, 8 de abril de 2023

UN PERSONAJE POLÉMICO: Poncio Pilato, el gobernador romano que sentenció a muerte a Jesús

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., al recordar la vida, pasión y muerte de Jesucristo - Jeshua HaMashiaj, necesariamente llegamos al gobernador romano Poncio Pilatos, quien se hizo célebre por condenar a la muerte a Jesucristo; no existe una historia completa sobre este personaje romano, pero si se afirma que era cruel y despiadado, e inflexible en sus decisiones, que después fue condenado al exilio en la Galia, donde terminó suicidándose.  ...
"La inocencia de Pilato fue un recurso literario para liberarlo de su total responsabilidad. Las fuentes históricas contemporáneas nos presentan a Pilato como un hombre duro y desconsiderado, codicioso y cruel. Después de diez años en su cargo como procurador en Palestina, iniciado el año 26 d. C., fue depuesto del mismo por su desmesurada crueldad con los samaritanos, que elevaron quejas y protestas al legado romano en Siria. En efecto, los samaritanos se quejaron ante su jefe Vitelio, el legado de Siria; este ordenó a Pilato que fuera a Roma para explicar al emperador las razones de tanto abuso, pero cuando llegó a la capital, Tiberio había muerto.
El pobre Pilato cayó en desgracia con el emperador Calígula, según una versión del historiador Eusebio, y prefirió suicidarse por allá del año 37 d. C. La figura de un Pilato inocente, que intenta por todos los medios librar a Jesús, no responde en absoluto a la realidad. En la colaboración entre Roma y el Sanedrín judío para eliminar a Jesús, Pilato cedió inmediatamente y de mil amores, a las intenciones y pretensiones judías, y ello evidentemente, por razones políticas....." tomado de ......                            https://www.ecocatolico.org/formacion-y-espiritualidad/sagradas-escrituras/item/950-sagradas-escrituras-poncio-pilatos


Romano. Gobernador de Judea, en la época en que Jesús es crucificado. Hombre firme. Para mantener el orden, es capaz de ordenar masacres. Desprecia a los judíos y odia vivir en Jerusalén. Pierde la paciencia con facilidad. Su furia es contenida sólo por la esposa Claudia, a quien admira, ama y respeta. Se preocupa con la hija, Helena, que nutre simpatía por los judíos, al punto de vivir un amor prohibido con el apóstol Judas Tadeo. Intenta salvar a Jesús de la crucifixión, por influencia de Claudia, pero falla en el intento.

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/poncio-pilato-el-gobernador-romano-que-sentencio-a-muerte-a-jesus_19365

Convertido posiblemente en el gobernador romano más famoso de la historia, Poncio Pilato era prácticamente un desconocido hasta su aparición en uno de los episodios mas trascendentales de la historia del cristianismo: la pasión y muerte de Jesús. Aunque las fuentes no se ponen de acuerdo en torno al personaje, algunas afirman que Pilato fue un gobernador cruel e inflexible, cuyas decisiones lo condenaron al exilio en la Galia, donde fue enviado por el emperador tras caer en desgracia. Allí acabaría suicidándose.

"Ecce Homo", cuadro pintado por el artista italiano Antonio Ciseri entre 1860 y 1880. MAS, Lugano.

PD


Representación de la primera estación del Via crucis: Pilato se lava las manos y con ese gesto sella la condena a muerte de Jesús. De Gebhard Fugel, ubicado en Santa Isabel, Stuttgart.
Poncio Pilatoa​ —también conocido en español como Poncio Pilatos— fue un miembro del orden ecuestre y quinto prefecto de la provincia romana de Judea, entre los años 26 y 36. Los evangelios canónicos lo presentan como responsable ejecutivo del suplicio y crucifixión de Jesús de Nazaret, siendo este uno de los pocos episodios en los que se le menciona, conocido también por autores judíos (FilónFlavio Josefo), romanos (Tácito) y un testimonio arqueológico epigráfico.


Sagradas Escrituras: Poncio Pilatos

Uno de los protagonistas principales de la Pasión del Señor fue el procurador romano Poncio Pilatos. Muy conocido por todos y, como sucede con Judas Iscariote, una figura despreciada y sombría, por haber tenido la desdicha de condenar a Jesús a la muerte. Se le ha criticado su cobardía por no haberlo defendido siendo inocente, lavándose las manos para desentenderse de su responsabilidad. Su nombre es citado casi medio centenar de veces en los Evangelios; también por los historiadores romanos de la época y constituye el símbolo tradicional de la vileza y de la sumisión a los bajos intereses de la política.


J. M. Sadurní
J. M. Sadurní

Especialista en actualidad histórica

Actualizado a 


normalmente nadie recuerda el nombre de ningún gobernador provincial de la antigua Roma. Aunque este no es el caso de Poncio Pilato, gobernador de Judea, que ha pasado a la historia por ser el hombre que firmó la sentencia de muerte de Jesús de Nazaret. Pilato perteneció al orden ecuestre y fue el quinto gobernador de la provincia romana de Judea entre los años 26 d.C. y 36 d.C. Su figura siempre ha estado asociada a la pasión y muerte de Jesucristo, lo que que ha contribuido a crear una imagen del personaje que posiblemente no sea la real.

Los cuatro evangelios canónicos narran los últimos días de vida de Jesús en los cuales Poncio Pilato adquiere un papel protagonista. Los textos sagrados del cristianismo dicen que el gobernador lo condenó a morir en la cruz, aunque al principio intentó indultarlo tras la condena a muerte que le había impuesto el Sanedrín (una asamblea de sabios judíos que impartía justicia). Finalmente, al darse cuenta de que la situación podía estallarle, Pilato decidió lavarse las manos mientras exclamaba: "Inocente soy de la sangre de este justo. Vosotros veréis" (Mateo 27:24), dejando bien claro que él no se hacía responsable de la muerte de Jesús.


EL DESCONOCIDO ORIGEN DE PILATO

Aunque Poncio Pilato es el gobernador de Judea del que tenemos más información, no se sabe gran cosa acerca de su vida antes de ostentar el cargo, al que accedió gracias a la influencia de su amigo Lucio Elio Sejano, hombre de confianza del emperador TiberioEn español, su cognomen suele ser Pilatos, posiblemente influenciado por la forma griega Πειλᾶτος o por el el nominativo latino Pilatus. Así, aun cuando Pilato puede considerarse la forma más correcta, Pilatos también está aceptado por la Academia de la Lengua Española. 

Poncio Pilato es el gobernador de Judea del que tenemos más información.


Cristo frente a Pilato, cuadro del artista húngaro Mihály Munkácsy pintado en 1881 Galería Nacional de Hungría, Budapest.

PD

Como figura histórica, encontramos evidencias de la existencia de Pilato en  algunas monedas acuñadas con su nombre, así como en una inscripción en la base de lo que pudo ser una estatua suya descubierta en las ruinas del teatro romano de la ciudad de Cesarea Marítima, por aquel entonces una de las ciudades más importantes de Judea, fundada por Herodes el Grande entre los años 25 y 13 a.C. Asimismo, son varias las fuentes literarias en las que se hace referencia al gobernador. Estas comprenden los textos del filósofo judío Filón de Alejandría, del historiador judío Flavio Josefo y los relatos de los cuatro evangelistas.

para saber más

02 Bar Kokhba. Foto. AKG.Album

LA GUERRA DE SIMÓN BAR KOKHBA: LA ÚLTIMA REVUELTA JUDÍA CONTRA ROMA

Leer artículo



"INFLEXIBLE" Y "CRUEL"

En el caso de Filón, este describe a Pilato como "un hombre inflexible, testarudo y cruel". Según cuente el historiador, cuando se convirtió en gobernador de Judea, Pilato permitió a las legiones allí acantonadas la colocación en la ciudad de Jerusalén de escudos móviles con inscripciones (signa) que honraban al emperador, en aquel momento Tiberio. Los judíos vieron esto como una provocación y una violación de su ley. Rápidamente, una delegación judía se presentó ante Pilato en el anfiteatro de la ciudad de Cesarea amenazándole con organizar una revuelta si no ponía fin a semejante ultraje.

Poncio Pilato permitió a las legiones acantonadas en Judea la colocación en jerusalén de escudos con inscripciones que honraban a Tiberio

Como figura histórica, encontramos evidencias de la existencia de Pilato en  algunas monedas acuñadas con su nombre, así como en una inscripción en la base de lo que pudo ser una estatua suya descubierta en las ruinas del teatro romano de la ciudad de Cesarea Marítima, por aquel entonces una de las ciudades más importantes de Judea, fundada por Herodes el Grande entre los años 25 y 13 a.C. Asimismo, son varias las fuentes literarias en las que se hace referencia al gobernador. Estas comprenden los textos del filósofo judío Filón de Alejandría, del historiador judío Flavio Josefo y los relatos de los cuatro evangelistas.

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"INFLEXIBLE" Y "CRUEL"

En el caso de Filón, este describe a Pilato como "un hombre inflexible, testarudo y cruel". Según cuente el historiador, cuando se convirtió en gobernador de Judea, Pilato permitió a las legiones allí acantonadas la colocación en la ciudad de Jerusalén de escudos móviles con inscripciones (signa) que honraban al emperador, en aquel momento Tiberio. Los judíos vieron esto como una provocación y una violación de su ley. Rápidamente, una delegación judía se presentó ante Pilato en el anfiteatro de la ciudad de Cesarea amenazándole con organizar una revuelta si no ponía fin a semejante ultraje.

Poncio Pilato permitió a las legiones acantonadas en Judea la colocación en jerusalén de escudos con inscripciones que honraban a Tiberio.

Pintura del artista alemán Gebhard Fugel en el que se representa a Poncio Pilato lavándose las manos. Iglesia de Santa Isabel, Stuttgart.

PD

Entonces el Sanedrín apeló al mismísimo emperador Tiberio, ya que en virtud de los acuerdos a los que habían llegado con Roma debía respetarse la ley judía en la ciudad de Jerusalén. Según sigue contando Filón, Tiberio respondió a Pilato "reprochándole y reprendiéndole mil veces por su última osadía, y diciéndole que quitara inmediatamente los escudos y los hiciera llevar de la capital a la ciudad de Cesarea".


Aunque ese no sería el único altercado protagonizado por el gobernador. Se cuenta también que Pilato hizo construir un acueducto con cargo al erario del templo de Jerusalén, para lo cual pidió fondos al Sanedrín bajo la amenaza de aumentar los impuestos si no le eran entregados. Los sacerdotes en un principio se negaron, argumentando que era dinero sagrado, aunque finalmente aceptaron bajo la condición de que no se hiciera público y de que el agua llegara también los depósitos del Templo. Pero cuando el acuerdo salió a la luz, el enfado entre la población fue generalizado y se produjeron manifestaciones masivas por las calles. Para sofocarlas, Pilato envío a soldados disfrazados que acabaron con la vida de muchos de los que protestaban.

para saber más

STC 93299

JUDEA, LA PROVINCIA INGOBERNABLE DEL IMPERIO ROMANO

Leer artículo



UNA CONDENA SIN MOTIVOS

Sin embargo, la imagen de Poncio Pilato que nos ofrece el evangelista Marcos es diametralmente opuesta a la que dan de él Filón y Josefo. En el evangelio que lleva su nombre, Marcos nos presenta a un hombre débil que, presionado por los judíos, y a pesar de no encontrar nada que lo justifique, se ve obligado a condenar a muerte a Jesús. Marcos construye una historia en la que la muerte de Jesús en la cruz, una forma de ejecución terrible, reservada solamente a los traidores a Roma, es un montaje orquestado por los propios judíos para acabar con la vida de un personaje que les resultaba incómodo.

La imagen de Poncio Pilato que nos ofrece el evangelista Marcos es diametralmente opuesta a la ofrecida por Filón y Josefo.


La Flagelacio´n, cuadro pintado por Caravaggio. 1607. Museo Nacional de Capodimonte, Nápoles.

PD

Marcos cuenta que tras ser condenado por el Sanedrín, Jesús es conducido ante Pilato, el cual no ve motivo alguno para condenarlo. Marcos narra en su evangelio, a pesar de que no existen evidencias históricas que demuestren tal práctica, que Pilato tenía la costumbre de liberar a un preso durante la fiesta de la Pascua judía, y que dio a escoger a la multitud entre el propio Jesús y un rebelde (posiblemente un zelote) de nombre Barrabás. Como es bien sabido, la multitud eligió a Barrabás.

Los evangelios cuentan asimismo que Pilato ordenó la flagelación de Jesús antes de su ejecución, pero los autores no se ponen de acuerdo en los motivos de esa decisión. En todo caso es Mateo el responsable de la famosa escena en la que Pilato se lava las manos ante los allí presentes y exclama: "No soy responsable por la sangre de este hombre. Allá vosotros. Yo me declaro inocente de la muerte de este justo". A lo que la multitud responde, sin pensar en las consecuencias: "Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros descendientes".

para saber más

La crucifixión , del colegio de María de Aragón

LA CONDENA A JESÚS DE NAZARET

Leer artículo



EL TRÁGICO FINAL DE PONCIO PILATO

Pero según algunas fuentes, la cosa no terminó ahí. Tras la muerte de Jesús, al parecer Poncio Pilato, fiel a su carácter, llevó a cabo dos acciones brutales: una fue la muerte de unos galileos que estaban ofreciendo sacrificios en el Templo y la otra tuvo lugar en el año 36 d.C., cuando reprimió violentamente a un grupo de samaritanos que se habían reunido en el monte Gerizim, en el norte de Israel; creyendo que preparaban una insurrección, Pilato envió a un grupo de legionarios para acabar con ellos. La indignación por tales actos de brutalidad llegó a tal extremo que un una delegación judía pidió audiencia al propio Tiberio para que el emperador tomara cartas en el asunto.


Grabado de principios del siglo XIX en el que el autor se imagina el suicidio de Poncio Pilato.

(CC BY 4.0)

Tras la muerte de Jesús, sobre Pilato recae la muerte de unos galileos que estaban ofreciendo unos sacrificios en el Templo.

Finalmente Tiberio, en aras de garantizar la tranquilidad en aquellas tierras díscolas, decidió destituir a Pilato. Este regresó a Roma con la esperanza de que, tras la muerte del emperador (que ya era un hombre anciano) pudiera contar con el apoyo de su sucesor. Sin embargo Calígula mantuvo la decisión tomada por Tiberio y lo mandó al exilio en la Galia, donde, según el texto apócrifo Mors PilatiPoncio Pilato acabaría suicidándose poco después de su llegada.

Como hemos visto, el personaje tiene diversas lecturas. Malvado y cruel, o débil y compasivo, según las fuentes. De hecho, el conjunto de textos apócrifos que surgieron tras la muerte de Jesús llegaron a ensalzar la figura de Poncio Pilato hasta tal extremo que en algunos lugares, como en Etiopía, es considerado incluso un santo y se celebra una fiesta en su honor el 25 de junio de cada año. Pero seguramente cuál es la verdad en torno al gobernador romano más famoso de la historia probablemente seguirá siendo un enigma.


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