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lunes, 6 de enero de 2020

DINOSAURIOS : NATIONAL GEOGRAPHIC .- Así fue el último día de vida de los dinosaurios

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., hace 65 millones de años un asteroide impactó contra La Tierra y mató el 75% de la vida que existía, y terminó con la extinción masiva de los dinosaurios, se cree que desencadenó incendios forestales y un tsunami y expulsó azufre a la atmósfera que bloqueó la luz de El Sol. "El análisis de rocas extraídas de la zona central del cráter Chicxulub en México confirma estas teorías y revela la ausencia de azufre en algunas de las muestras."
NATIONAL GEOGRAPHIC .- narra : ".............. Cuando el asteroide chocó contra la Tierra, el impacto provocó incendios forestales, desencadenó un tsunami y expulsó tanto azufre a la atmósfera que bloqueó la luz del Sol, lo que causó un enfriamiento global que condujo finalmente a la extinción de los dinosaurios.
Un nuevo estudio, liderado por el Instituto de Geofísica de la Universidad de Texas (EE UU) y con la participación del Centro de Astrobiología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), confirma este hipotético escenario planteado por los científicos. Los científicos analizaron muestras de rocas extraídas de la zona central del cráter y hallaron sólidas evidencias en las decenas de metros de rocas que rellenaron el cráter en las primeras 24 horas después del impacto.
Las evidencias incluyen fragmentos de carbón vegetal, una mezcolanza de rocas arrastradas por el contraflujo del tsunami y una notoria ausencia de azufre. Todas ellas pertenecen a unas muestras de roca que ofrecen los datos más detallados hasta ahora de las secuelas de la catástrofe que terminó con la era de los dinosaurios”, señala Sean Gulick, profesor de investigación en el Instituto de Geofísica de la Universidad de Texas y autor principal del estudio....."


https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/asi-fue-ultimo-dia-vida-dinosaurios_14690

Hace 65 millones de años, el impacto de un asteroide en la Tierra desencadenó incendios forestales y un tsunami, y expulsó tanto azufre a la atmósfera que bloqueó la luz del Sol. Esto explica en parte la extinción del 75 % de la vida en ese momento. El análisis de rocas extraídas de la zona central del cráter Chicxulub en México confirma estas teorías y revela la ausencia de azufre en algunas de las muestras.

Ilustración que muestra el momento de la caída del meteorito que provocó la extinción de los dinosaurios
foto: iStock
SINC


El más importante de todos ellos es el cráter Chicxulub, situado en la península de Yucatán en México. A pesar su enorme tamaño, de 200 kilómetros, no ofrece vistas espectaculares para un visitante. El cráter está enterrado bajo cientos de metros de sedimentos que se han acumulado a través de los millones de años que han pasado desde que se formó, hace unos 65 millones de años.
Aunque ha habido muchos grandes impactos en nuestro planeta a lo largo de su historia, Chicxulub es el único conocido por haber causado una de las cinco grandes extinciones masivas de la vida en el planeta.
Cuando el asteroide chocó contra la Tierra, el impacto provocó incendios forestales, desencadenó un tsunami y expulsó tanto azufre a la atmósfera que bloqueó la luz del Sol, lo que causó un enfriamiento global que condujo finalmente a la extinción de los dinosaurios.
Un nuevo estudio, liderado por el Instituto de Geofísica de la Universidad de Texas (EE UU) y con la participación del Centro de Astrobiología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), confirma este hipotético escenario planteado por los científicos. Los científicos analizaron muestras de rocas extraídas de la zona central del cráter y hallaron sólidas evidencias en las decenas de metros de rocas que rellenaron el cráter en las primeras 24 horas después del impacto.
Las evidencias incluyen fragmentos de carbón vegetal, una mezcolanza de rocas arrastradas por el contraflujo del tsunami y una notoria ausencia de azufre. Todas ellas pertenecen a unas muestras de roca que ofrecen los datos más detallados hasta ahora de las secuelas de la catástrofe que terminó con la era de los dinosaurios”, señala Sean Gulick, profesor de investigación en el Instituto de Geofísica de la Universidad de Texas y autor principal del estudio.

Una porción de los núcleos perforados de las rocas que llenaron el cráter de impacto del asteroide que aniquiló a los dinosaurios.
Foto: International Ocean Discovery Program 
 “Es un conjunto de muestras que pudimos extraer de la zona cero del impacto”, dijo Gulick, que también codirigió la misión científica de perforación del Programa Internacional de Descubrimiento Oceánico (IODP 2016), que extrajo en 2016 las rocas del lugar del impacto, desde una plataforma en alta mar, en la península de Yucatán.
Nos permite estudiar los procesos del impacto desde una ubicación casi de testigos oculares”, añade. El estudio se publica hoy en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) y se basa en trabajos anteriores que permitieron describir cómo se formó el cráter y cómo la vida se recuperó relativamente rápido en el lugar del impacto.
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Lo que quedó dentro del cráter

Los análisis indican que la mayor parte del material que rellenó el cráter en las horas posteriores al impacto se originó en el mismo lugar del impacto o fue arrastrado por el agua del océano que fluyó de nuevo hacia el cráter desde el Golfo de México circundante.
En un solo día se depositaron alrededor de 130 metros de material, una tasa que se encuentra entre las más altas jamás encontradas en el registro geológico.
Esta tasa vertiginosa de acumulación ha quedado registrada en las rocas, y ha permitido reconstruir los sucesos acaecidos en el medioambiente dentro y fuera del cráter en los minutos y horas después del impacto y hacerse una idea sobre los efectos a largo plazo del impacto, que, según los datos, acabó con el 75 % de la vida presente entonces en el planeta.
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Gulick lo describe como un infierno de corta duración a escala local, seguido de un largo período de enfriamiento global. “Se achicharraron y luego se congelaron”, dice. “Aunque no todos, muchos dinosaurios murieron ese día”, revela.
Como experto en sedimentación relacionada con el impacto en cráteres formados en ambientes marinos, Jens Örmo, investigador del Centro de Astrobiología y coautor del estudio, analizó las muestras en busca de variaciones relativas en factores como el tipo de roca y el tamaño o la redondez del fragmento, con el objetivo de conocer la forma en la que el material había sido transportado y depositado; y a veces también su procedencia.
Según los científicos, los habitantes de la Tierra en ese momento, “se achicharraron y luego se congelaron”
“Esta parte del estudio ha sido esencial para entender la cantidad de agua que fluía en el cráter y los procesos que ocurrieron cuando el cráter se estaba llenando. Los sedimentos revelan enormes energías de transporte que son mucho más grandes que cualquier otra inundación catastrófica conocida en el planeta. El agua densa y llena de escombros se movía con velocidades que equivalían a la velocidad del viento de los huracanes”, señala Örmo.

10.000 millones bombas de Hiroshima

Los investigadores estiman que el asteroide impactó con una potencia equivalente a la de diez mil millones de bombas atómicas como la de Hiroshima. La explosión carbonizó toda la vegetación situada a miles de kilómetros a la redonda del impacto y desencadenó un enorme tsunami que llegó hasta el interior de Norteamérica, a más de 2.000 kilómetros de distancia.
Dentro del cráter, los investigadores encontraron carbón vegetal y también un biomarcador químico de la presencia de hongos del suelo dentro o justo encima de capas de arena, lo que sería signo de haber sido depositado por un reflujo de aguas. Estos hallazgos sugieren que el paisaje carbonizado fue arrastrado hacia el cráter por el retroceso de las aguas del tsunami.
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Fotografías

Ausencia de azufre

Uno de los resultados más importantes de la investigación ha sido la ausencia de azufre en algunas de las muestras de roca. El área que rodea el cráter de impacto está llena de rocas ricas en azufre, pero no había azufre en el núcleo. ¿Dónde estaba este elemento?
El impacto del asteroide pudo vaporizar los minerales ricos en azufre presentes en el lugar del impacto y los liberó a la atmósfera, que se volvió opaca a la luz solar. Esto causó profundos cambios en el clima de la Tierra, que sufrió un enfriamiento global. Los investigadores estiman que al menos 325.000 millones de toneladas métricas habrían sido liberadas a la atmósfera por el impacto.
Esa cantidad es alrededor de diez mil veces superior a todo el azufre que fue expulsado a la atmósfera durante la erupción del volcán Krakatoa (Indonesia) en 1883, que provocó un descenso promedio de 2,2 ºC en la temperatura global durante cinco años.

Destrucción masiva y cambio climático

Aunque el impacto del asteroide provocó una destrucción masiva a escala regional, fue precisamente este cambio climático global el que causó la extinción masiva de especies en la Tierra, no solo de los dinosaurios, sino también de la mayoría de la otra vida que habitaba el planeta en ese momento. “El verdadero asesino tiene que ser atmosférico”, señala Gulick. “La única manera de conseguir una extinción masiva global como esta es un efecto atmosférico”.
Para Örmo, “todo lo que se puede deducir de los sedimentos depositados en esos primeros instantes nos permite saber cómo fue el primer día del Cenozoico, el primer día de una nueva era dominada por los mamíferos y eventualmente por nuestra propia especie. Una especie que ahora, por otras causas como la contaminación masiva de los océanos y de la atmósfera, ha iniciado la sexta y última de las extinciones masivas. Tal vez todavía estamos a tiempo de aprender algo del pasado”, concluye.
NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
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martes, 24 de julio de 2018

MEDIO AMBIENTE : INDONESIA .- VOLCANES.- NATIONAL GEOGRAPHIC .- Volcán Kawah Ijen, Indonesia: fuego azul

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., ciertamente es fascinante observar como nuestro querido planeta La Tierra, ha previstos respiraderos para eyectar parte de la acumulada energía en su interior, con erupciones volcánicas muchas veces catastróficas que ha costada la vida de millones de seres humanos en todos tiempos de al existencia terrestre;  justamente en Indonesia, un país insular célebre por ser parte de su territorio la Isla de Java, con más de 143 volcanes activos en todo el archipiélago territorial indonesio, pero destaca Java, con uno de los volcanes especiales y fuera de serie y este el Volcán Kawah Ijen.
National Geographic.- dice : "El Kawah, parte del complejo volcánico Ijen, ubicado en el interior de una gran caldera de 20 kilómetros de diámetro, es un volcán muy singular. Y es que, a medida que la luz solar va languideciendo, sus laderas refulgen cubiertas por una miríada de llamas azules que parecen avanzar por las vertientes como espectros incorpóreos. Azules e iridiscentes como pequeños neones danzantes, las flamas fulguran de forma constante en el Kawah Ijen, pero son muy tenues y solo pueden distinguirse en la oscuridad. ¿Su origen? Reacciones químicas inducidas por ciertas circunstancias físicas..."
National Geographic.- agrega : "La peculiaridad de este volcán es el descomunal acúmulo de azufre que alberga en su interior. Un elevado porcentaje de este elemento químico emerge en estado líquido y desciende creando ríos rojizos que se solidifican y cristalizan en contacto con la atmósfera; se originan así grandes bloques de color amarillo intenso. Otra gran parte del azufre, sin embargo, es eyectada en estado gaseoso..."
National Geographic.- añade : "
Sometido a enormes presiones y a temperaturas de más de 600 °C, mucho más altas que su punto de ignición, de 360 °C, el gas es canalizado por cualquier vía de escape –una grieta, una fisura o una fumarola– y eyectado en plena combustión, envuelto en llamas. Una vez en el exterior, los gases de azufre arden de nuevo en contacto con el oxígeno, pero en cuanto la temperatura desciende, el gas se licúa y forma pequeños ríos de azufre líquido sobre los cuales «navegan» esos fuegos brillantes y azules, una tonalidad que se debe a la presencia de dióxido de azufre.
Estos llameantes ríos ácidos concluyen su recorrido en la cuenca de un gran lago ácido formado en el interior del cráter. Con un kilómetro de diámetro, es el mayor lago del mundo de estas características. Un lago humeante y caliente (a unos 40 °C de temperatura), de un increíble tono turquesa opalescente. Pero cuidado… aquí un baño sería la peor de las ocurrencias: contiene nada menos que 36 millones de metros cúbicos de ácido sulfúrico y ácido clorhídrico...."

http://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/grandes-reportajes/fuego-azul-2_8195/2
En el este de Java, un gigante de azufre arde ante la cámara de un fotógrafo apasionado de los volcanes

Llamas azules
El azufre en combustión desprende espectaculares llamas azules en el volcán Kawah Ijen, en la isla indonesia de Java, que solo son visibles de noche.
Foto: Olivier Grunewald
 
Zona volcánica
El Kawah Ijen forma parte de un grupo de estratovolcanes activos situados en la provincia de Java Oriental. Indonesia alberga 143 volcanes en actividad: las dos últimas erupciones, registradas en febrero, fueron las del Kelud y el Sinabung (este último en Sumatra).
Foto: Olivier Grunewald

Minería de azufre
El cráter del volcán es uno de los pocos lugares del mundo donde se lleva a cabo una actividad minera completamente exenta de mecanización. Los mineros trabajan acarreando bloques de azufre que superan con creces su propio peso.
Foto: Olivier Grunewald

Un trabajo arduo
Bajo un cielo estrellado, una cuadrilla de mineros cargados con bloques de la preciada mercancía extraída más abajo asciende por la pared interior del cráter, una escarpada pendiente de unos 200 metros. Un trabajo realizado en las peores condiciones. «El aire es irrespirable –dice el fotógrafo francés Olivier Grunewald– y se hace imprescindible el uso de máscaras antigás, que muy pocos mineros poseen.»
Foto: Olivier Grunewald

Trozos de azufre
Un minero rompe a martillazos el azufre y lo introduce en cestas. 
Foto: Olivier Grunewald

Azufre líquido
El azufre líquido adquiere un tono rojo intenso; a medida que se enfría, se torna más amarillo.
Foto: Olivier Grunewald

Una pesada carga
Un trabajador pesa su carga en las dependencias de la mina. Cada par de cestas puede pesar entre 70 y 90 kilos. Por lo general, cada minero hace el viaje una o dos veces al día, para ganar apenas cinco céntimos de euro por cada kilo entregado. 
Foto: Olivier Grunewald

Aguas azul turquesa
Las aguas del lago Kawah Ijen, de una intensa tonalidad azul turquesa, son de una acidez y toxicidad extremas, pues están cargadas de ácido sulfúrico y de ácido clorhídrico. La emisión de gases y vapores letales forma parte de este extraordinario paisaje onírico, y determina una atmósfera casi irrespirable para los centenares de mineros que viven de la extracción de azufre.
Foto: Olivier Grunewald

Un gas tóxico
El Kawah Ijen es escenario de fenómenos poco habituales. No hay muchos lugares en el mundo donde sea posible contemplar la extrema belleza de este fuego azul que desprende dióxido de azufre, un gas altamente irritante y tóxico y principal causante de la llamada lluvia ácida, presente en las emisiones de muchas fábricas, centrales eléctricas y vehículos. Las llamas acompañan el descenso de los ríos de azufre líquido en plena combustión.
Foto: Olivier Grunewald
Redacción
25 de mayo de 2018
 
Volcán Kawah Ijen, Indonesia: fuego azul
Es al anochecer cuando el volcán Kawah Ijen, situado en el este de la isla de Java, muestra su aspecto más fascinante. Este gigante de fuego, de 2.386 metros de altura, es uno de los 143 volcanes que se hallan en activo en el archipiélago de Indonesia, un país constituido por miles de islas que se asientan sobre una de las zonas de la Tierra con mayor actividad sísmica y volcánica: el Cinturón de Fuego del Pacífico.
El Kawah, parte del complejo volcánico Ijen, ubicado en el interior de una gran caldera de 20 kilómetros de diámetro, es un volcán muy singular. Y es que, a medida que la luz solar va languideciendo, sus laderas refulgen cubiertas por una miríada de llamas azules que parecen avanzar por las vertientes como espectros incorpóreos. Azules e iridiscentes como pequeños neones danzantes, las flamas fulguran de forma constante en el Kawah Ijen, pero son muy tenues y solo pueden distinguirse en la oscuridad. ¿Su origen? Reacciones químicas inducidas por ciertas circunstancias físicas.
La peculiaridad de este volcán es el descomunal acúmulo de azufre que alberga en su interior. Un elevado porcentaje de este elemento químico emerge en estado líquido y desciende creando ríos rojizos que se solidifican y cristalizan en contacto con la atmósfera; se originan así grandes bloques de color amarillo intenso. Otra gran parte del azufre, sin embargo, es eyectada en estado gaseoso.
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«El Kawah Ijen es un estratovolcán que erupciona mediante explosiones freáticas y magmáticas que arrojan al exterior vapor, agua, ceniza y piedras –explica Joan Martí, investigador del CSIC y coordinador del Grupo de Volcanología de la Universidad de Barcelona–. El magma, extremadamente viscoso, circula a gran profundidad bajo la corteza y, si emerge en forma de lava, se solidifica rápido y avanza poco sobre el terreno. En cambio, la ingente cantidad de gas sulfuroso que se halla atrapado bajo la corteza se ve irremisiblemente impelido a buscar una salida hacia el exterior.»
Sometido a enormes presiones y a temperaturas de más de 600 °C, mucho más altas que su punto de ignición, de 360 °C, el gas es canalizado por cualquier vía de escape –una grieta, una fisura o una fumarola– y eyectado en plena combustión, envuelto en llamas. Una vez en el exterior, los gases de azufre arden de nuevo en contacto con el oxígeno, pero en cuanto la temperatura desciende, el gas se licúa y forma pequeños ríos de azufre líquido sobre los cuales «navegan» esos fuegos brillantes y azules, una tonalidad que se debe a la presencia de dióxido de azufre.
Estos llameantes ríos ácidos concluyen su recorrido en la cuenca de un gran lago ácido formado en el interior del cráter. Con un kilómetro de diámetro, es el mayor lago del mundo de estas características. Un lago humeante y caliente (a unos 40 °C de temperatura), de un increíble tono turquesa opalescente. Pero cuidado… aquí un baño sería la peor de las ocurrencias: contiene nada menos que 36 millones de metros cúbicos de ácido sulfúrico y ácido clorhídrico.
Centenares de mineros que trabajan en el interior del cráter arrancando y acarreando pesados bloques de azufre
Para Olivier Grunewald, autor de las mag­níficas imágenes que ilustran este reportaje y experimentado fotógrafo que lleva casi 20 años retratando los volcanes de nuestro planeta, el Kawah Ijen es un volcán diferente, especial. Lo visitó por primera vez en 2009 y pasó en su interior 30 noches junto al operador de cámara de vídeo Régis Etienne. «No es fácil instalarse dentro del cráter y trabajar con normalidad. A me­­nudo el aire es irrespirable, las emanaciones de gas son muy irritantes y a veces el humo es tan espeso que uno no distingue ni sus propias manos», explica. Todo ello por no hablar de lo extraordinariamente corrosivo que es el líquido que fluye por todas partes, debido al cual Grunewald tuvo que tirar un par de ópticas dañadas para siempre por el ácido.
Pero no solo era la belleza del Kawah Ijen lo que atrajo hasta aquí al fotógrafo parisino. Grunewald quería ver con sus propios ojos la realidad de los centenares de mineros que trabajan en el interior del cráter arrancando y acarreando pesados bloques de azufre sin ningún tipo de mecanización ni de protección. «Los mi­­neros empiezan a trabajar a las tres de la mañana, arrancan bloques de azufre en las orillas del lago, dentro del cráter, y los transportan hasta la cima. Desde allí se dirigen a la oficina de la empresa PT Candi Ngrimbi, que explota la mina desde 1967 y que les paga unos cinco céntimos de euro por cada kilo de azufre», relata Olivier.
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Los mineros portean entre 70 y 90 kilos por viaje (un peso que supera el suyo propio) dentro de dos cestas de bambú unidas por un palo que cargan sobre sus hombros. Realizan un porteo al día, a veces dos, para cobrar al final de la jornada entre 4 y 8 euros, lo cual es bastante más de lo que ganarían en la mayoría de los trabajos disponibles. A cambio de acarrear esos pesados bloques minerales hasta la empresa explotadora, que no brinda a sus trabajadores ni contrato, ni seguro ni siquiera máscaras protectoras, podrán sacar adelante a su familia. El precio es alto, ya que tras años bregando en la mina la salud se ve gravemente dañada. Problemas respiratorios, artrosis, lesiones de espalda, irritación en los ojos y la garganta, además de daños irreparables en la dentadura, afectada por las partículas corrosivas. Sin embargo, los mineros lo tienen claro: el Kawah Ijen es su mejor opción.
Olivier Grunewald y Régis Etienne permanecieron tantas horas en las entrañas del volcán, tanto de día como de noche, que los mineros tuvieron claro que ambos realizaban un trabajo profesional del que querían hacerlos partícipes. Lo suyo no era la típica «visita de guiris», como la que realizan los turistas en verano; estos, sin ningún tipo de reparo, trastean sus cámaras entre los mineros, a los que sin ni siquiera preguntarles fotografían sin cesar «como si estuvieran paseándose por un zoo», afirma Grunewald.
Él y Etienne, provistos casi todo el tiempo de una máscara, incluso para dormir, captaron el alma y la esencia de aquellos trabajadores que extraen azufre del cráter, y también la de este volcán tan especial en el que hay que andar con mucho tiento. Porque aunque el Kawah Ijen no ha erupcionado de forma importante desde 1936, en los últimos 40 años hasta 74 mineros han perdido la vida a consecuencia de las frecuentes explosiones que liberan de forma súbita grandes nubes de azufre y llamaradas de hasta cinco metros de altura. Esas emanaciones repentinas envenenan el aire a unos niveles que pueden superar 40 ve­­ces los valores límites que en Europa se consideran seguros para la salud.
El Kawah Ijen es uno de los pocos lugares en el mundo donde se desarrolla una actividad minera tan primitiva
Pero aquí no existen más límites que los que resisten los «hombres fuertes de Java», que es como los lugareños denominan a los mineros, ni más seguridad que la que otorga la experiencia adquirida a fuerza de trastabillar por estos parajes. Son ya generaciones enteras las que han encontrado aquí una forma de tirar adelante cargando con un mineral omnipresente en un sinfín de procesos industriales como la fabricación de dinamita, cerillas, fertilizantes, líquido para baterías, ciertos productos cosméticos o en procesos como el blanqueado del azúcar o la vulcanización del corcho. Y hay trabajo para rato, porque el Kawah produce unas cinco o seis toneladas diarias de azufre.
Grunewald comenta que el Kawah Ijen es uno de los pocos lugares en el mundo donde se desarrolla una actividad minera tan primitiva. Pero no es el único volcán donde ha observado este fascinante fuego azul. Lo ha visto también surgir de las entrañas del Dallol, en Etiopía, y explica que se ha documentado también en la isla eolia de Vulcano y en el Vesubio. Fue en las cercanías de este último donde el 25 de agosto del año 79 el insigne naturalista Plinio el Viejo perdió la vi­­da, según dejó escrito su sobrino, Plinio el Joven.
Cuenta el escritor romano que antes del amanecer y en plena erupción del Vesubio, el sabio, fascinado por el espectáculo, fue acercándose cada vez más a la montaña hasta caer desvanecido. Quién sabe si, antes de morir, esas pequeñas llamas azules le dieron su última alegría.
NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

viernes, 1 de junio de 2012

DESASTRES: El volcán Nevado del Ruiz desprende un fuerte olor a azufre

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., Fuerte olor a azufre se percibió hoy en algunos centros urbanos de la región de influencia del volcán Nevado del Ruiz, en el centro oeste de Colombia, que continúa en alerta naranja, informó hoy el Servicio Geológico Colombiano (SGC)
 Imagen tomada este martes 29 de mayo de 2012, del Volcán Nevado del Ruiz, a través de la cámara ubicada en el Cerro Gualí, en Manizales (Colombia). Las autoridades colombianas han elevado a naranja la alerta sobre el volcán  ante un inusitado incremento en su actividad, informaron fuentes regionales del Servicio Geológico (SGC). EFE/ INGEOMINAS .

 Bogotá, 1 jun (EFEverde).- Fuerte olor a azufre se percibió hoy en algunos centros urbanos de la región de influencia del volcán Nevado del Ruiz, en el centro oeste de Colombia, que continúa en alerta naranja, informó hoy el Servicio Geológico Colombiano (SGC).
 n comunicado del SGC indica que se reciben informes de caída de ceniza y fuerte olor a azufre en varios sectores de Manizales, capital del departamento de Caldas (centro),  una de las tres ciudades del Eje Cafetero y la más cercana a la cumbre volcánica.
Aclara, sin embargo, que la cantidad de ceniza y el tamaño de la misma, "es menor en comparación" con la depositada pasado 29 de mayo.
Alerta naranja, erupción probable
Ciudadanos de Manizales (Colombia) cubren la cara ante emisiones de ceniza del volcán Nevado del Ruiz. tapan sus bocas
Foto/EFE/Jonh Jairo Bonilla
El martes pasado, las autoridades colombianas elevaron de amarilla a naranja la alerta sobre el Ruiz ante un "inusitado" incremento en su actividad.
Pero a pesar de la reducción de emisiones, se mantiene invariable este jueves la alerta naranja, que significa "erupción probable en término de días o semanas".
En 1985 provocó una terrible tragedia
El Ruiz, que forma parte del Parque Nacional Natural de los Nevados, con una altitud de 5.364 metros sobre el nivel del mar, causó en noviembre de 1985 la peor tragedia natural en la historia de Colombia.
Una erupción y un deshielo dieron origen entonces a una avalancha que arrasó con la población de Armero, en el departamento del Tolima, y mató a más de 23.000 de sus 25.000 habitantes.
Además de la observación del volcán, los organismos de socorro están pendientes de los ríos Lagunilla, Gualí, Recio, Azufrado y Chinchiná, que se desprenden de la cumbre volcánica. EFEverde
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
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