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domingo, 16 de abril de 2023

CIEN AÑOS DE DOMINIO EXTRANJERO: Los faraones Hicsos de Egipto

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., los Hicsos, reyes asiáticos, de las tierras de Canaán: Fenicia, Siria y Palestina, invadieron Egipto, en épocas de la Dinastía XII (2040-1786), entraron en Egipto al frente de tropas mercenarias y también como mano de obra con sus familias y se instalaron en Delta del Nilo y de quedaron por más de un siglo, pero no llegaron a dominar a los reyes de Tebas, que finalmente los expulsaron..."Dada la preeminencia que los hicsos habían alcanzado en aquella región, no es de extrañar que aprovechasen la situación para hacerse con el poder durante el Segundo Período Intermedio (1780-1550 a.C.), cuando Egipto empezó a fragmentarse y surgieron dos dinastías en el Delta, la XIII y la XIV. Al parecer, los asiáticos no encontraron mucha resistencia; en todo caso, los niveles arqueológicos de los diferentes yacimientos egipcios no muestran la huella de destrucciones correspondientes a esa época. Pero, aunque tuviera lugar sin graves violencias, la toma del poder por los extranjeros debió de suponer una tremenda conmoción para los egipcios. .." ...siga leyendo................

Durante algo más de cien años, Egipto estuvo dominado por reyes asiáticos, hasta que los gobernantes de Tebas, en el sur del país, lideraron la reconquista del territorio y lograron expulsar a los extranjeros.

Pintura encontrada en la tumba de un funcionario llamado Khnumhotep (dinastia XII) en la que se muestra una procesión, posiblemente de cananeos, a los que se les llama Aamu.

PD

Actualizado a 

"He reconstruido lo que estaba desmembrado desde el primer momento, cuando los asiáticos estaban en Ávaris, en la tierra del Norte, y en hordas errantes derribaban lo que estaba hecho".

De este modo se refería Hatshepsut, la gran reina de la dinastía XVIII, a una época que los más ancianos aún habían vivido en su infancia, un período de casi un siglo de duración en el que Egipto estuvo gobernado por primera vez en su historia por una dinastía de origen extranjero: los hicsos.



LA INVASIÓN DE LOS HICSOS

Los historiadores de la Antigüedad presentaban a los hicsos como invasores. Esta tesis tiene su origen en la obra del sacerdote egipcio Manetón, que redactó su Historia de Egipto en el siglo III a.C. Según su conocimiento de la historia del Mediterráneo, cuando en un país el poder pasaba a manos de elementos extranjeros ello se debía a una invasión; así había sucedido con los asirios, los persas o los babilonios, y Manetón creía que los "reyes pastores" (otra traducción del término hicso) habían tomado el poder por la fuerza: "La decimoquinta dinastía fue de reyes pastores. Éstos fueron seis reyes extranjeros de Fenicia que tomaron Menfis".

Los historiadores de la Antigüedad presentaban a los hicsos como invasores. Esta tesis tiene su origen en la obra Historia de Egipto del sacerdote egipcio Manetón.


Escarabeo de esteatita azul, vidriado y engarzado en una montura de oro. Lleva el nombre del gobernante hicso Khyan "¡Hijo de Ra, Khyan, viviendo para siempre!" en un cartucho.

Tim Evanson (CC BY-SA 2.0)

En el siglo I d.C., el historiador judío Flavio Josefo, citando a Manetón, también narra la llegada de los hicsos como una invasión: "La cólera divina se dejó sentir sobre nosotros y, de improviso, desde el Oriente, un pueblo de raza desconocida tuvo la audacia de invadir nuestro país, y, sin dificultad ni combate, se apoderó de él por la fuerza".

En realidad, los hicsos penetraron en Egipto de forma gradual y pacífica. La palabra hicso es una malformación de las palabras egipcias heqa jasut, que significan "jefe de un país extranjero". Este término se empleaba, ya desde el Reino Medio, para designar a los jefes de las tribus semitas de Palestina y Siria que, en tiempos de la dinastía XII (2040-1786 a.C.), entraron en Egipto al frente de tropas de mercenarios y también como mano de obra con sus familias y se instalaron en el delta del Nilo; así lo refleja una escena de la tumba del nomarca (gobernador) Knumhotep en Beni Hassan, que muestra una caravana de asiáticos con sus vestimentas típicas y sus enseres.

Con el paso del tiempo, los contingentes asiáticos llegaron a ser muy numerosos en la zona del Delta, y algunos de sus miembros alcanzaron posiciones dominantes en la sociedad. Muchos de ellos eran funcionarios y gobernantes de diferentes ciudades, por lo que tenían acceso directo al gobierno de la zona. Tanto es así que algunos incluso se atrevieron a inscribir su nombre en cartuchos, privilegio reservado a los faraones.

para saber más

Soldados egipcios durante una expedición al país del Punt. Templo de Hatshepsut en Deir el-Bahari.

LOS HICSOS NO INVADIERON EGIPTO

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UN SIGLO DE DOMINIO EXTRANJERO


Dada la preeminencia que los hicsos habían alcanzado en aquella región, no es de extrañar que aprovechasen la situación para hacerse con el poder durante el Segundo Período Intermedio (1780-1550 a.C.), cuando Egipto empezó a fragmentarse y surgieron dos dinastías en el Delta, la XIII y la XIV. Al parecer, los asiáticos no encontraron mucha resistencia; en todo caso, los niveles arqueológicos de los diferentes yacimientos egipcios no muestran la huella de destrucciones correspondientes a esa época. Pero, aunque tuviera lugar sin graves violencias, la toma del poder por los extranjeros debió de suponer una tremenda conmoción para los egipcios. 

Dada la preeminencia que los hicsos habían alcanzado en la región, no es de extrañar que aprovechasen la situación para hacerse con el poder.


Imagen del faraón Amosis matando a un hicso representada en la empuñadura de su daga.

PD

El gobierno de los hicsos se prolongó algo más de un siglo, si seguimos la cronología del Canon Real de Turín, un texto quinientos años posterior que contiene la lista de los reyes de Egipto. En él se mencionan dos dinastías hicsas, la XV y la XVI. Mientras tanto, en el Alto Egipto surgió la dinastía XVII, formada por gobernantes de la región de Tebas que en un primer momento se declararon vasallos de los hicsos.

No hay unanimidad entre los expertos, pero se cree que la dinastía XVI, o de los Pequeños Hicsos, estaba formada por vasallos de la XV. Por su parte, esta última dinastía, llamada de los Grandes Hicsos, estuvo compuesta por seis faraones. Los cuatro primeros llevan nombres de origen asiático (Salitis, Meruserre Jacob-her, Seuserenre Jyan, Aauserre Apofis), mientras que su quinto rey, el más importante, adoptó un nombre egipcio, Apofis, que hace referencia al ser más peligroso y temido por los egipcios: la serpiente que, según creían, atacaba cada noche la barca del Sol y amenazaba con destruir la existencia del astro divino. 

Aunque durante mucho tiempo se ha querido ver en el gobierno de los hicsos una época oscura, la arqueología nos muestra que nada está más lejos de la realidad. Los gobernantes asiáticos introdujeron en Egipto algunos de los elementos que modelaron la vida cotidiana del país del Nilo durante los años siguientes. Tal fue el caso del carro de combate y del caballo. El armamento egipcio también se vio enriquecido con la incorporación en ese período de la espada curva o jepesh y de un nuevo tipo de arco, el arco compuesto, que gracias a su mayor tensión podía disparar flechas a una distancia superior. 

para saber más

La derrota de los hicsos. Esta ilustración del siglo XX recrea de un modo fantasioso el momento en que los hicsos son derrotados por el faraón de Tebas, acabando con su gobierno en la tierra de Egipto.

EL FARAÓN QUE MURIÓ EN BATALLA

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ALIADOS DE LOS NUBIOS

Hay muchas pruebas de que durante el gobierno hicso Egipto no se encerró en sus fronteras, sino que mantuvo intensas relaciones con el Mediterráneo oriental. En yacimientos egipcios de este período se han hallado objetos comerciales procedentes de Siria-Palestina y de la zona del mar Egeo, en particular cerámica y joyas de clara inspiración cretense; y unas hermosas pinturas murales del palacio de Ávaris (actual Tell el-Daba), de inicios del Reino Nuevo, nos recuerdan los frescos del palacio de Cnosos, en la Creta minoica.

Hay muchas pruebas de que durante el gobierno hicso Egipto no se encerró en sus fronteras.


Escarabeo con el nombre inscrito del rey hicso Apofis. Museo Metropolitano, Nueva York.

PD

A la inversa, ha aparecido material egipcio en otros lugares de la cuenca mediterránea. Por ejemplo, se han descubierto bellos vasos de alabastro con cartuchos de faraones hicsos, entre ellos uno encontrado en Almuñécar (Granada) con el nombre de Apofis I. También se han localizado, en el norte de Egipto y en Palestina, numerosos escarabeos o escaraboides, pequeños objetos con la forma de escarabajos que se utilizaban como sellos reales y que son signo de la intensa actividad comercial que mantuvieron los hicsos.

Una de las razones de la mala reputación de los hicsos entre los egipcios fue el culto que rendían a Set, un dios asociado al caos y al desierto (símbolo de lo estéril), que asesinó a su hermano Osiris y estaba eternamente enfrentado al dios Horus; los hicsos lo asimilaron a su divinidad principal, Baal, una deidad guerrera. En Ávaris, su capital, edificaron un templo dedicado a Set, del que no ha quedado ningún vestigio. Conocemos este hecho gracias a la llamada la Estela del año 400, encontrada en Tanis y fechada durante el reinado de Ramsés II (1289-1224 a.C.). En ella se conmemora la fundación del templo de Set en Ávaris cuatrocientos años atrás, fecha que se remonta al gobierno hicso en esta zona. 

Una de las razones de la mala reputación de los hicsos entre los egipcios fue el culto que rendían al dios Set.

Para poder controlar todo el territorio egipcio, los hicsos forjaron una alianza con los nubios, en el sur. Hay que recordar que durante el Segundo Período Intermedio los egipcios habían perdido el dominio sobre la mayor parte de Nubia, lo que permitió el desarrollo de un importante reino nubio en torno a la ciudad de Kerma, que controló la mayor parte de fortalezas que los faraones habían construido durante el Reino Medio. Gracias a esta alianza, los hicsos se aseguraron el control de todo Egipto, en particular sobre los gobernantes de Tebas, que constituían la principal amenaza a su poder.

para saber más

momia faraon seqenenre-taa-ii

EL FARAÓN SEQENENRE-TAA II FUE EJECUTADO TRAS SER CAPTURADO EN COMBATE

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EXPULSADOS DE EGIPTO

Durante el gobierno de Apofis I, los gobernantes tebanos se hicieron más atrevidos y mostraron una actitud mucho más belicosa. Se llegó así al primer enfrentamiento entre hicsos y egipcios, a instancias del rey tebano Sekenenre Taa, apodado "el Bravo". Este combate está atestiguado por un interesante documento, La disputa de Apofis y Sekenenre, que narra cómo el rey hicso, desde Ávaris, envió al gobernante tebano un mensajero para quejarse del ruido que producían los hipopótamos que se encontraban en Tebas: "Que se abandone el estanque de los hipopótamos que está al este de la ciudad, puesto que impiden que acuda a mí el sueño, de día y de noche; el ruido que ellos hacen llena [en efecto] los oídos de la gente de su ciudad". Hay que tener en cuenta que el hipopótamo era el animal sagrado del dios Set, patrón de los hicsos, y éstos veían como un sacrilegio el arponeo de aquellos animales por parte de los tebanos. 

Durante el gobierno de Apofis I, los gobernantes tebanos se hicieron más atrevidos y mostraron una actitud mucho más belicosa.


Cabeza momificada del faraón Seqenenra Taa (dinastía XVII) muerto por las heridas sufridas por un hachazo durante un combate con los hicsos

PD

La respuesta a la carta del rey hicso no se ha conservado, pero es evidente que hubo un enfrentamiento y que en él murió Sekenenre Taa; así lo prueban las diferentes heridas de guerra presentes en su momia, descubierta en 1881 en el escondrijo de Deir el-Bahari, junto a otras momias de faraones del Reino Nuevo. Lejos de amedrentarse, el hijo y sucesor de Sekenenre, Kamose, mantuvo la pugna con los hicsos.

En una ocasión interceptó a un mensajero que portaba una misiva destinada al rey de Kush, en Nubia, en la que el rey de los hicsos le pedía asistencia contra los tebanos: "Capturé su mensajero, que iba al sur hacia Kush por el camino del oasis, [portando] una carta de papiro". Kamose inició entonces una nueva guerra que le llevó hasta las puertas de Ávaris, aunque finalmente tuvo que retirarse a Tebas, donde hizo grabar el relato de estas campañas en unas estelas erigidas en el templo de Amón en Karnak. 

Fue el hermano y sucesor de Kamose, Amosis, quien derrotó a los hicsos definitivamente. Conocemos el desarrollo de estas campañas gracias a la narración que un noble llamado igual que el rey, Amosis, plasmó en su tumba de El-Kab, en el Alto Egipto. El faraón tomó Ávaris y diferentes baluartes hicsos, y forzó el éxodo de los asiáticos hacia Palestina: "Luego tomamos Ávaris; hice capturas: un hombre, tres mujeres; total: cuatro cabezas, Su Majestad me los dio como esclavos". El rey persiguió a los hicsos hasta la fortaleza de Sharuhen, en Palestina: "Asediamos a continuación Sharuhen durante tres años; Su Majestad finalmente se apoderó de ella". Con la victoria de Amosis comenzó el Reino Nuevo, una de las épocas más gloriosas de la historia de Egipto, esta vez regido por faraones autóctonos. 

 


NATIIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

miércoles, 9 de diciembre de 2020

NATIONAL GEOGRAPHIC : MISTERIOS Y CURIOSIDADES DEL ANTIGUO EGIPTO .- Mujeres faraón en el trono de Egipto

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos entrega un amplio reportaje sobre las mujeres faraón que gobernaron Egipto; hay una lista que durante los tres mil años de historia faraónica, hubieron mujeres influyentes en el gobierno ya sea como regentes o encargadas terminaron como reales faraonas.
NATIONAL GEOGRAPHIC.- narra : "........ Sabemos, eso sí, que durante toda la historia de Egipto, hubo muchas reinas, esposas y madres de faraones, que ejercieron gran poder e influencia sobre las decisiones de Estado, e incluso algunas de ellas contribuyeron a cambiar la historia, como es el caso de las grandes reinas tebanas de la dinastía XVII (h. 1540 a.C.), como Tetisheri o Ahhotep, cuyas actuaciones fueron fundamentales en la guerra contra los hicsos (A Ahhotep incluso le concedieron una valiosa condecoración militar al valor, el "collar de las moscas"). Muchos de los nombres y las gestas de estas mujeres han llegado hasta nosotros: Hetepheres, Khenthaus, Ahmosis Nefertari, Tiy, Isis Nofret, Nefertari, Nefertiti... Sabemos que ellas transmitían el poder, y también sabemos que fueron influyentes y escuchadas, pero siempre actuaron a la sombra de sus esposos, que eran en realidad quienes ejercían el poder efectivo que comportaba el título de faraón....."




Durante los tres mil años de historia faraónica, el título de soberano de las Dos Tierras recayó casi siempre en manos masculinas. Pero en algunas ocasiones el faraón no fue un hombre, sino una mujer que normalmente alcanzó el trono en períodos de regencia, y en tiempos convulsos o de vacío de poder.







Hatshepsut realiza su carrera ritual durante el Heb Sed o jubileo real, tocada con la corona del Bajo Egipto. Capilla Roja, Karnak
Foto: iStock

"¿qué es el rey del Alto y Bajo Egipto? Él es el dios gracias al cual se vive, el padre y la madre de todos los hombres, él solo, sin igual". Para los antiguos egipcios era algo que estaba en armonía con las leyes naturales y con el mantenimiento del equilibrio cósmico que el cargo de faraón, la más alta autoridad en la tierra, el representante de los dioses e interlocutor entre ellos y los humanos, fuese ostentado por un hombre; de hecho, los reyes eran identificados con Horus, el dios representado como un hombre con cabeza de halcón, hijo de Isis y Osiris, dos de las divinidades más importantes del panteón egipcio.

Para los antiguos egipcios era natural que el cargo de faraón, la más alta autoridad en la tierra, interlocutor entre los dioses y los humanos, fuese ostentado por un hombre.

Sabemos, eso sí, que durante toda la historia de Egipto, hubo muchas reinas, esposas y madres de faraones, que ejercieron gran poder e influencia sobre las decisiones de Estado, e incluso algunas de ellas contribuyeron a cambiar la historia, como es el caso de las grandes reinas tebanas de la dinastía XVII (h. 1540 a.C.), como Tetisheri o Ahhotep, cuyas actuaciones fueron fundamentales en la guerra contra los hicsos (A Ahhotep incluso le concedieron una valiosa condecoración militar al valor, el "collar de las moscas"). Muchos de los nombres y las gestas de estas mujeres han llegado hasta nosotros: Hetepheres, Khenthaus, Ahmosis Nefertari, Tiy, Isis Nofret, Nefertari, Nefertiti... Sabemos que ellas transmitían el poder, y también sabemos que fueron influyentes y escuchadas, pero siempre actuaron a la sombra de sus esposos, que eran en realidad quienes ejercían el poder efectivo que comportaba el título de faraón.


La reina Nefertari jugando al senet. Escena de su tumba en el Valle de las Reinas.

Foto: Cordon Press

¿UNA MUJER EN EL TRONO DE LAS DOS TIERRAS?

Sin embargo, también sabemos que a lo largo de la historia del País del Nilo hubo algunas mujeres que, más allá de su condición de esposas o madres, ocuparon ellas mismas, de pleno derecho, el trono real. De todas ellas, tal vez la más destacada sea Hatshepsut, a principios de la dinastía XVIII (1539-1292 a.C.). Hija y esposa de faraones, Hatshepsut alcanzó el poder como regente de su sobrino e hijastro Tutmosis III, pero acabó gobernando Egipto durante unos veinte años, y no sólo como regente de un faraón menor de edad, sino presentándose ella misma como faraón coronado. Otra famosa reina que ostentó el título de faraón fue Cleopatra VII, ya a finales del período ptolemaico, poco antes de la conquista definitiva de Egipto por Roma.


Cleopatra y su hijo Cesarión. Relieve del templo de Dendera.

Foto: iStock

Hatshepsut alcanzó el poder como regente de su sobrino e hijastro Tutmosis III, pero acabó gobernando Egipto durante unos veinte años como faraón coronado.

Pero, además de Hatshepsut y Cleopatra, ¿hubo otras mujeres que ocuparon el trono de las Dos Tierras como faraón reinante? Pues al parecer sí, aunque no fueron muchas. Según el historiador romano Diodoro Sículo, que vivió en el siglo I a.C., sólo hubo cinco, aunque se piensa que pudo haber habido hasta ocho. Aquí exponemos las historias fascinantes de algunas mujeres que posiblemente gobernaron Egipto como faraón a lo largo de sus más de tres mil años de historia.


Estela del rey Djet. Museo del Louvre, París.

Foto: Cordon Press

MERNEITH, EN LOS ALBORES DE EGIPTO

Durante la dinastía I (2900-2730 a.C.), en los albores del Egipto faraónico, surge de las sombras del tiempo la figura de esta reina, cuyo nombre significa "la amada de la diosa Neith", que al parecer ostentó una titulatura real. Fue esposa del rey Djet/Uadyi, y tras enviudar tuvo que ejercer como regente de su hijo Den, el heredero del trono, por entonces un niño. El egiptólogo Flinders Petrie descubrió en Abydos la suntuosa mastaba real donde se hizo enterrar Merneith y la catalogó al principio como perteneciente a un faraón masculino. Pero ¿llegó a ostentar Merneith el título de faraón? El hallazgo de un templo funerario dedicado a esta mujer en Abydos, y los descubrimientos en Saqqara de una barca solar, el hallazgo de varios vasos con el nombre de Merneith inscrito que se localizaron en la mastaba 3503, sumados a que su nombre aparece en una lista real procedente de la impresión de un sello cilíndrico descubierto en la tumba de su hijo Den parecen confirmar que, como mínimo, mientras duró su regencia, Merneith ejerció el gobierno con las prerrogativas y poderes de un faraón, actuando como rey efectivo de Egipto. Pero años después, en la Lista Real del Horus Kaa, de finales de la dinastía, su nombre ya no aparece entre los de los monarcas.


Pirámide de Userkaf, hijo de la reina Khentkaus I y primer faraón de la dinastía V, en Saqqara.

Foto: iStock

KHENTKAUS I Y KHENTKAUS II

Estas dos reinas vivieron respectivamente a finales de la dinastía IV (2543-2436 a.C.) y durante la V (2435-2306 a.C.) y, curiosamente, se han hallado representaciones de ambas con atributos reales, como la barba postiza y el ureo (la cobra y el buitre, símbolos del poder faraónico). A la primera se la menciona incluso como "La Rey del Alto y del Bajo Egipto y Madre del Rey del Alto y del Bajo Egipto". Pero ¿quiénes fueron estas mujeres que compartieron nombre y dinastía? Khentkaus I fue una hija de Micerino, el propietario de la pirámide más pequeña de Gizeh. En 1932, el arqueólogo Selim Hassan halló su tumba, una magnífica mastaba en forma de gigantesco sarcófago. La reina fue la esposa del último faraón de la dinastía IV, Shepsheskaf, y la madre del primer faraón de la dinastía V, Userkaf. Al parecer actuó como regente de tres de sus hijos: Userkaf, Sahure y Neferirkare. En la tumba de la soberana en Gizeh, las inscripciones la muestran como faraón gobernante, pero tampoco consta en las listas reales posteriores. En cuanto a la segunda Khentkaus, poca cosa sabemos en realidad. De ella nos queda una pirámide auxiliar y un templo funerario en la necrópolis de Abusir, además de alguna representación de la misma con los atributos del poder faraónico.


El banquete de Nitocris. Grabado.

Foto: Cordon Press

NITOCRIS LA VENGADORA

Una lista de reyes de Egipto como el Canon Real de Turín menciona el nombre de Nitocris como faraón efectivo de Egipto, y el sacerdote Manetón, autor de una lista de reyes de Egipto, la reconoce como último faraón de la dinastía VI (2305-2118 a.C.). En su Historia de Egipto, Manetón dice lo siguiente: "Hubo una mujer, Nitocris, que reinó; era más valiente que todos los hombres y más bella que todas las mujeres de su tiempo, dotada de una hermosa piel y de sonrosadas mejillas. Se dice que construyó la tercera pirámide que tiene aspecto de montaña". Parece ser que Nitocris se desposó con su hermano Merenre II, pero al quedar pronto viuda (al parecer, el rey fue asesinado) gobernó en solitario durante dos años como faraón. Su leyenda atravesó los siglos, y llegó a oídos del historiador griego Heródoto, quien durante su viaje a Egipto, en el siglo VI a.C., contó lo siguiente sobre la venganza de Nitocris: "Me contaron que ella, para vengar a su hermano, hizo perecer con engaños a muchos egipcios". Al parecer, invitó a los culpables del crimen a un banquete y los ahogó inundando la sala con agua del Nilo. Al final, cuando la reina logró su venganza, siempre según Heródoto, "se precipitó en una cámara llena de cenizas para evitar las represalias...".


Cabeza de la reina Sobeknefrure. Museo Egipcio, Berlín.

Museo Egipcio, Berlín.

SOBEKNEFRURE, EL FINAL DE UNA DINASTÍA

Tras los tiempos convulsos del final del Reino Antiguo, los monarcas tebanos de la dinastía XII (1939-1760 a.C.) llevaron a cabo la segunda reunificación de Egipto. Estos doscientos años de la historia de Egipto son calificados como un tiempo próspero y con grandes beneficios para el país. Pero a finales de la dinastía, una serie de disputas entre gobernadores provinciales (nomarcas) volvieron a traer un período de inestabilidad. Es en este contexto cuando surge la figura de la reina Sobeknefrure. Pero ¿quién era esta mujer? Su nombre aparece en varias listas reales e inscripciones, y se han localizado cinco estatuas suyas. Parece ser que fue hija de Amenhemat III y hermana de Amenhemat IV, al que posiblemente desposó. Lo que sí está claro es que aparece como último rey coronado de la dinastía XII con los siguientes títulos: "Amada de Re", "Señora de las Dos Tierras", "Hija del Poder", "Eterna de Apariciones Radiantes", "El Rey del Alto y del Bajo Egipto Sobeknefrure".


Interior de la tumba de Tausert, en el Valle de los Reyes, posteriormente usurpada por su sucesor Sethnakht.

Foto: iStock

LA ENIGMÁTICA TAUSERT

Tras el gobierno en solitario de Hatshepsut durante la dinastía XVIII (1539-1292 a.C.), hubieron de pasar varios siglos hasta que otra mujer accediese al trono de las Dos Tierras. Fue a finales de la dinastía XIX (1292-1191 a.C.), cuyos primeros reyes, como Seti I y Ramsés II, son los más conocidos. Tras la muerte de Merneptah, hijo y sucesor de Ramsés II, subió al trono de Egipto su hijo Seti II. Seti tuvo un hijo enfermizo llamado Siptah, de una esposa secundaria. Seti también desposó a una mujer llamada Tausert, de origen incierto. Tras la muerte de Seti II, al parecer Tausert ejerció como regente del joven Siptah, que murió poco tiempo después. Tausert decidió entonces gobernar en solitario y se proclamó "Rey del Alto y del Bajo Egipto", incluso incluyó en su nombre la titulatura de "Sa-Re", que significa hija de Re (el dios Sol). Tausert ordenó construir para ella una tumba en el Valle de los Reyes, igual que sus predecesores masculinos, y también mandó erigir un Templo de Millones de Años (templo funerario) cerca del Ramesseum. Pero Tausert no tuvo un largo reinado. Dos años después fue destituida por Sethnakht, el fundador de la dinastía XX (1190-1077 a.C.), un personaje tan ambicioso como ella, que persiguió la memoria de la reina y borró su nombre de todos sus monumentos. Incluso usurpó la magnífica tumba que ella mandó erigir en la necrópolis tebana.


El faraón Hatshepsut se representa en este relieve junto a su padre, el dios Amón. Templo de Karnak.

Foto: Cordon Press

"COMO RE, ETERNAMENTE..."

No podemos acabar esta relación de faraones femeninos sin hacer referencia a cómo Hatshepsut legitimó su ascenso al trono de las Dos Tierras, con el apoyo del clero de Amón. Para ello, se ideó el mito de la "teogamia" o nacimiento divino de la soberana, haciéndola hija del dios Amón, quien, tomando la figura de su padre, Tutmosis I, fecundó a su madre, la reina Ahmosis. El dios principal de la dinastía legitimaría su reinado con estas palabras: "Amón hizo que los dioses todos del Alto y Egipto la vieran (a Hatshepsut). Palabras dichas por Amón Re, Señor del Cielo y Rey de los dioses: 'Ved a mi hija Henemet-Amón Hatshepsut, que viva. Amadla y complaceos en ella' (...). Ella permanecerá al frente de los ka de todos los vivientes, junto con su ka, como Rey del Alto y Bajo Egipto sobre el trono de Horus, como Re, eternamente".

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