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domingo, 23 de abril de 2023

MITOLOGÍA GRIEGA: Atlas, el titán que soportaba el peso del mundo sobre sus hombros

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., Atlas el más poderoso de los titanes de la mitología griega; que el también poderoso dios Zeus, dios supremo del Olimpo, lo condenó a sujetar el peso del mundo durante la eternidad sobre sus espaldas, por rebelarse contra el poder de los dioses del Olimpo......"Pero ¿dónde se encontraba Atlas? Cuenta el poeta Hesíodo, que Atlas se hallaba en el país de las Hespérides, en el extremo del mundo conocido, mientras que para el filósofo Platón, Atlas fue el primer rey de la mítica Atlántida. De hecho, asociamos el nombre del titán con el de la gran cordillera que recorre el norte de África y con el océano Atlántico. Asimismo Atlas, gracias a la increíble gesta que se veía obligado a realizar, está considerado el epítome de la fuerza física, además de simbolizar el tesón, la firmeza y el compromiso...".... "Pero ¿qué sabemos de sus orígenes? La mayoría de escritores clásicos refiere que Atlas era hijo del titán Japeto y de la oceánide Clímene, aunque algunos apuntan a que su madre podría haber sido la ninfa Asia. El escritor romano Higino es el único que menciona a Atlas, en su obra Fábulas, como hijo de Éter y de Gea, y lo sitúa en la lucha de los gigantes contra los olímpicos (la gigantomaquia), un acontecimiento que cronológicamente es posterior a la guerra de los titanes. Atlas tenía varios hermanos, titanes como él, entre los que se encuentran Epimeteo, Menecio y Prometeo..."  ....... siga leyendo...................


Tal vez uno de los personajes más fascinantes de la mitología de la antigua Grecia sea Atlas, el titán al que Zeus, el dios supremo del Olimpo, castigó de un modo terrible por rebelarse contra los dioses y contra el orden establecido: sujetar el peso del mundo durante toda la eternidad sobre sus espaldas.

La caída de los titanes. Cornelis Cornelisz van Haarlem, 1588. Galería Nacional de Dinamarca, Copenhague.

PD


Estatua de Atlas en el palacio Linderhof.
https://es.wikipedia.org/wiki/Atlas_(mitolog%C3%ADa)


J. M. Sadurní
J. M. Sadurní

Especialista en actualidad histórica

Actualizado a 


Según la mitología griega, tras la aplastante victoria de Zeus y los dioses olímpicos sobre los titanes, los poderosos seres que se habían rebelado contra su dominio, estos fueron enviados al inframundo. Pero hubo algunas excepciones, como Atlas y su hermano Prometeo. Este último fue condenado por los dioses por entregar el fuego a los hombres y Atlas también fue sometido a un terrible castigo: soportar el peso del firmamento sobre sus hombros durante toda la eternidad. Aunque a pesar de las limitaciones que le imponía tan ímproba tarea, Atlas también jugó un papel muy destacado en las historias que tuvieron como protagonistas a dos grandes héroes: Heracles y Perseo. 

Pero ¿dónde se encontraba Atlas? Cuenta el poeta Hesíodo, que Atlas se hallaba en el país de las Hespérides, en el extremo del mundo conocido, mientras que para el filósofo Platón, Atlas fue el primer rey de la mítica Atlántida. De hecho, asociamos el nombre del titán con el de la gran cordillera que recorre el norte de África y con el océano Atlántico. Asimismo Atlas, gracias a la increíble gesta que se veía obligado a realizar, está considerado el epítome de la fuerza física, además de simbolizar el tesón, la firmeza y el compromiso.


Recreación de la mítica Atlántida de Platón.

Віщун (CC BY-SA 4.0)

LA FAMILIA DE ATLAS

Pero ¿qué sabemos de sus orígenes? La mayoría de escritores clásicos refiere que Atlas era hijo del titán Japeto y de la oceánide Clímene, aunque algunos apuntan a que su madre podría haber sido la ninfa Asia. El escritor romano Higino es el único que menciona a Atlas, en su obra Fábulas, como hijo de Éter y de Gea, y lo sitúa en la lucha de los gigantes contra los olímpicos (la gigantomaquia), un acontecimiento que cronológicamente es posterior a la guerra de los titanes. Atlas tenía varios hermanos, titanes como él, entre los que se encuentran Epimeteo, Menecio y Prometeo.

El escritor romano Higino sitúa a Atlas en la lucha de los gigantes contra los olímpicos.


Techo de la Sala de los Gigantes en el Palacio Te, Mantua. obra de Julio Romano.

(CC BY-SA 4.0)

Como titán, Atlas era un ser gigantesco, dueño de un cuerpo poderoso, pero también estaba dotado de una enorme sabiduría. Algunos mitos cuentan que se casó con Pléyone, una oceánide hija de Océano y Tetis, y que con ella engendró a las Pléyades. Según otras versiones, Atlas también era el padre de las famosas Hespérides, conocidas como las "ninfas del ocaso", guardianas de las preciadas manzanas de oro que el héroe Heracles tuvo que robar en uno de sus doce trabajos. Entre tantas hijas, el único hijo varón de Atlas fue Hias o Hiante, encarnado en la constelación de Acuario. 

para saber más

Maqueta del caballo de Troya utilizada para rodar la película Troya.

TRAS LAS HUELLAS DEL MÍTICO CABALLO DE TROYA

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EL PESO DEL UNIVERSO

La principal fuente que ha llegado hasta nosotros sobre la guerra que tuvo lugar entre los titanes y los dioses es la Teogonía de Hesíodo, donde se cuenta que los titanes, liderados por Atlas, fueron derrotados y arrojados al Hades por Zeus. Pero el dios supremo tenía reservado para Atlas un castigo muy especial. El titán fue conducido hasta el borde mismo de la Tierra y condenado a cargar con la bóveda celeste por toda la eternidad. Aunque no todos los autores están de acuerdo con esto. Por ejemplo, según Homero, "Atlante vigila las largas columnas, sustento del cielo". El gran poeta épico también cuenta que Atlas sufrió un castigo añadido cuando el hijo de Helios y Clímene, Faetón, se precipitó sobre la Tierra mientras conducía el carro solar, con lo que Atlas tuvo que soportar en sus propias carnes el abrasador fuego del Sol que se acercaba cada vez más a la superficie terrestre.

La principal fuente que ha llegado hasta nosotros sobre la guerra que tuvo lugar entre los titanes y los dioses es la Teogonía de Hesíodo. 


Jardín de las Hespérides, obra de Edward Coley Burne-Jones, 1869-1873. Hamburger Kunsthalle, Hamburgo.

Bridgeman Images / Gtres

El terrible castigo decretado por Zeus sobre Atlas obligaba al titán a permanecer inmóvil mientras sostenía el peso del mundo, aunque eso no fue óbice para que algunos héroes recalaran en sus dominios en el transcurso de sus aventuras, tal como cuentan diversos autores. Según el poeta romano Ovidio, tras vencer a la terrible gorgona Medusa, Perseo llegó al reino de Atlas, situado en el extremo más occidental de la Tierra "donde el Sol para a los caballos cansados", y le pidió refugio esgrimiendo que era hijo de Zeus.

En aquella región, cerca de Mauritania, crecía una frondosa arboleda, en cuyas ramas colgaban unas hermosas manzanas de oro. Aquellas valiosas frutas, que estimulaban la pasión tanto de hombres como de dioses, estaban constantemente vigiladas por las hijas de Atlas, las Hespérides. Tras escuchar a Perseo, Atlas recordó la profecía que le advertía de que sería un hijo de Zeus quien robaría aquellos frutos: "Llegará el momento, Atlas, y el oro será robado del árbol, y la mejor parte irá al hijo de Zeus". 

para saber más

Heracles lucha contra Cerbero. Óleo por Pedro Pablo Rubens. 1636. Museo del Prado, Madrid.

CERBERO, EL PERRO MONSTRUOSO QUE VIGILABA EL INFRAMUNDO

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ENGAÑADO POR PERSEO

Fue entonces cuando el titán hizo rodear el huerto con un muro y que un dragón de siete cabezas, llamado Ladón, custodiara las preciadas frutas. Acto seguido, para prevenir males mayores, negó la hospitalidad a Perseo. Este, sabiéndose inferior en tamaño y fuerza, extrajo entonces la cabeza de Medusa del zurrón que llevaba consigo y se la mostró al titán, que nada más verla se convirtió en piedra. Su cabello y su barba se transformaron en bosques y sus hombros y sus brazos en lo que sería la cordillera del Atlas. La cabeza del titán se convirtió en el pico más alto de la cordillera, y "el cielo descansaba sobre él con el abismo de sus constelaciones". Pero Atlas se equivocó de hijo de Zeus. Y es que la profecía no se refería a Perseo, sino a Heracles, otro de los vástagos del dios supremo.

El titán hizo rodear el huerto con un muro y que un dragón de siete cabezas, llamado Ladón, custodiara las preciadas frutas.

Hércules roba las manzanas de las Hespérides, cuadro pintado por Lucas Cranach el Viejo. Museo Herzog Anton Ulrich. Braunschweig.

PD

De hecho, el mito más famoso referido a Atlas es el que tiene que ver con el papel que desempeñó en uno de los doce trabajos de Heracles, una de las misiones que, tras el asesinato de su esposa e hijos en un rapto de locura, el héroe debía cumplir como penitencia para el rey Euristeo de la Argólida. Para llevar a cabo su undécimo trabajo, Heracles debía partir hacia Mauritania en busca de las famosas manzanas de oro, que eran sagradas para la diosa Hera. Pero incluso para un semidiós tan fuerte como Heracles era muy difícil lograr sustraer las frutas, puesto que estaban custodiadas por el terrible Ladón. Heracles pidió entonces ayuda al propio Atlas para poder llevar a cabo con éxito aquella misión. 

para saber más

The Minotaur, cuadro pintado pr el artista inglés George Frederic Watts en el año 1885 (Tate Britain).

LA LEYENDA DEL MINOTAURO, EL TERRORÍFICO MONSTRUO MITAD HOMBRE Y MITAD TORO

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EL ASTUTO HERACLES

Atlas, viendo por fin una oportunidad de liberarse de su pesada carga, aceptó ayudarle siempre y cuando el héroe se comprometiera a sostener la bóveda celeste mientras él recogía las manzanas. Heracles aceptó y Atlas pasó sobre los hombros del héroe el terrible peso, que este apenas podía soportar. Al límite de sus fuerzas, Heracles vio con desesperación como el titán, tras recoger las manzanas, no tenía ninguna intención volver a ocupar aquel malhadado lugar. Es más, Atlas le dijo que sería él mismo quien llevaría las frutas a Euristeo.

Atlas propuso a Heracles que sostuviese la bóveda celeste mientras él recogía las manzanas.


Hércules y Atlas. cuadro pintado por Lucas Cranach el Viejo. Museo Herzog Anton Ulrich, Braunschweig.

PD

Así pues, mientras Heracles sostenía la bóveda celeste, pensaba en el modo de salir airoso de aquella situación. Entonces le dijo a Atlas que de buena gana aceptaría sus condiciones siempre y cuando le concediese el tiempo necesario para rehacer su capa a modo de almohada y de este modo poder soportar mejor el peso del universo sin lastimarse. Atlas, ingenuamente, sin sospechar en la trampa de Heracles, se avino a sus deseos y dejó las manzanas en el suelo para sustituir de nuevo a Heracles mientras este se acomodaba la capa. Cuando el héroe vio que el titán volvía a ocupar su lugar de nuevo, cogió las manzanas y salió corriendo.

para saber más

Jason y los Argonautas en el Argo, serigrafía realizada por la Escuela Americana en el año 1918.

JASÓN Y LOS ARGONAUTAS: EN BUSCA DEL VELLOCINO DE ORO

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REY DE LA ATLÁNTIDA

Pero, como hemos visto, también hay algunas leyendas que hacen de Atlas un rey en lugar de un titán. Por ejemplo, Platón, en su Critias, menciona a Atlas como el primer rey de la mítica Atlántida. Según el filósofo, el padre de este soberano era el dios Poseidón, y de su nombre se derivaría el de la legendaria isla, Atlántida, y también el del océano circundante, Atlántico. Por su parte, el historiador Diodoro Sículo, en su Biblioteca Histórica, narra que Atlas era rey de la tierra de Mauri, la actual Mauritania, además de ser un reputado matemático y astrólogo. El propio Diodoro y también Paléfato relacionan también a Atlas con las terribles gorgonas, unos seres terroríficos que, como Medusa, tenían serpientes en lugar de cabellos. 

El historiador Diodoro Sículo, en su Biblioteca Histórica, narra que Atlas era rey de la tierra de Mauri, la actual Mauritania.


Medusa, cuadro pintado por Caravaggio, Galeria de los Uffizi, Florencia.

PD


Según todos estos autores, aquellos seres vivían en unas islas del mar de Etiopía, cuya isla principal se llamaba Cerna (estudios recientes sugieren la posibilidad de que estas islas puedan corresponderse con las del actual archipiélago de Cabo Verde). Y siguiendo con las serpientes, según el romano Ovidio, después de que Perseo convirtiera a Atlas en una montaña, el héroe se alejó del lugar sobrevolando Etiopía y de la sangre de la cabeza de Medusa que goteaba de su zurrón nacieron las actuales serpientes que pueblan la zona. 

para saber más

John William Waterhouse A Mermaid

SIRENAS GRIEGAS, LOS PÁJAROS DE LA MUERTE

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EL TITÁN CARTÓGRAFO

El mito de Atlas, el titán que sostiene eternamente el firmamento sobre sus espaldas, no se encuentra solo en la literatura. También está presente en muchos otros ámbitos artísticos, como por ejemplo en la arquitectura. En esta disciplina, algunas columnas y pilastras usadas para sostener edificios o techos, que reciben el nombre de "atlantes" o "telamones", adoptan la forma de un hombre dotado de una fuerza descomunal. Pero no solo la arquitectura ha rendido homenaje a la figura de Atlas. También la escultura ha representado al forzudo titán.

Por ejemplo, en la Antigüedad clásica se esculpieron grandes estatuas de Atlas, como las que adornaron el templo de Zeus en Agrigento, en la isla de Sicilia. Aunque tal vez la escultura más impactante del titán que ha llegado hasta nosotros sea el famosísimo Atlas Farnesio, una copia romana de un original helenístico que actualmente se exhibe en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles y en la que Atlas aparece arrodillado, con el orbe sobre sus hombros, sujetándolo con un gran esfuerzo. 

Tal vez la escultura más impactante del titán que ha llegado hasta nosotros sea el famosísimo Atlas Farnesio.



Atlas Farnesio, estatua romana de mármol. Museo Arqueológico Nacional, Nápoles.

Lalupa (CC BY SA 4 0)

Siglos después, también los artistas del Renacimiento pondrían su mirada en la colosal figura de Atlas. Así, tenemos el grabado del artista italiano Francesco di Giorgio, donde se muestra a Atlas como rey de Mauritania, en su faceta de astrólogo. En esos años, a Atlas se lo relacionó asimismo con una pujante disciplina científica: la cartografía. Uno de los primeros editores que asoció al titán con los mapas fue el impresor francés Antonio Lafreri, quien usó su imagen para ilustrar la portada de la obra Tavole moderne di geografia de la maggior parte del mondo di diversi autori, del año 1572. Asimismo, cuando el emperador Carlos V abdicó en favor de su hijo Felipe II, el acontecimiento se conmemoró con la acuñación de unas monedas en las que se representa la historia de Atlas. En ellas se muestra al emperador como el titán, colocando el peso del poder sobre los hombros de su joven hijo Felipe, que se encarna en la figura del héroe Heracles. 

para saber más

DA06225D

EL VIAJE DE LAS ALMAS AL MÁS ALLÁ. EL INFIERNO DE LOS GRIEGOS

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LA RESIGNACIÓN DE ATLAS

En la actualidad, el mito de Atlas sigue vigente. La psicología, por ejemplo, se refiere al "síndrome de Atlas" para definir el comportamiento de todas aquellas personas que son incapaces de delegar, es decir, que cargan con todo el peso de la responsabilidad del trabajo sobre ellos, al igual que hizo el titán con la bóveda celeste. Pero ¿por qué Atlas nunca se rebeló? ¿Por qué se avino siempre a cargar con el peso del universo sobre sus hombros sin protestar? De hecho, solo una vez intentó sustraerse a su funesto destino (aunque de un modo efímero) cuando logró engañar al héroe Heracles diciéndole que sujetara su pesada carga por un momento. 

¿Por qué Atlas nunca se rebeló? ¿Por qué se avino siempre a cargar con el peso del universo sobre sus hombros sin protestar?

Esta actitud sumisa ha sido tratada en la moderna literatura, que se ha hecho eco de ella de algún modo, como en la novela distópica La rebelión de Atlas, de la autora Ayn Rand, publicada en 1957. En ella, uno de los personajes le pregunta a otro: "Si vieses a Atlas en la mitología, el gigante que sostiene al mundo sobre sus hombros, si vieses que está de pie, con la sangre latiendo en su pecho, con sus rodillas doblándose, con sus brazos temblando, pero todavía intentando mantener al mundo en lo alto con sus últimas fuerzas, y cuanto mayor sea su esfuerzo, mayor es el peso del mundo que carga sobre sus hombros, ¿qué le dirías que hiciese?", a lo que el interpelado contesta "que se rebele". Algo que el titán, al parecer, nunca se planteó hacer.


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Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

sábado, 17 de septiembre de 2022

Grecia Antigua: EL ARTE DEL SIMPOSIO.- Así eran los banquetes en la Antigua Grecia

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., en la antigua Grecia, la alta aristocracia acostumbraban hacer un simposio usualmente en la casa de un anfitrión rico, para la diversión donde se bebía y comía en exceso, también en otros casos se escuchaba música, que eran adornado con la presencia de bailarinas muy cultas que entretenían a los invitados con historias y danzas, en algunos otras casos estas bailarinas ofrecían sus servicios sexuales; los motivos de estos banquetes pudieron ser como el triunfo de un atleta, o la celebración de un autor trágico, eran familias acomodadas que se divertían con sus amigos con chistes y gracias.
Por lo general el anfitrión pagaba todos los gastos, aunque en algunos casos los invitados llevaban parte de los ingredientes, la cena en la Grecia clásica era sencilla y frugal, no se usaban utensilios como cuchillos o tenedores, toda la comida se cogía con la mano, aún ni servilletas se usaban, la carne era preparada en trocitos pequeños, los dedos se limpiaban con trozos de pan y arrojaban al suelo que era el alimentos de los perros; los postres eran frutas como uvas o higos o dulces elaborados con miel....  ..siga leyendo..................

En las ciudades de la antigua Grecia, más que comer, lo que hacían los invitados a un simposio en casa de un rico anfitrión era beber, escuchar música, deleitarse con las bailarinas y, sobre todo, hablar de todo lo divino y lo humano.

En esta copa para vino (Kylix) un grupo de comensales conversan y se entretienen con varios juegos. Cerámica de figuras rojas, 450 a.C. Museo Metropolitano de Arte, Nueva York.

Foto: Wikimedia Commons

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Como podemos ver por la anécdota de Jenofonte, la invitación a un banquete no era demasiado formal. El anfitrión podía hacerla al encontrarse casualmente con los amigos en la calle o en el ágora. Tampoco parece que hubiera problemas si algún invitado traía por su cuenta a otro amigo a la reunión, como vemos que hace Sócrates en el Banquete de Platón. Pronto apareció un tipo humano conocido como bufón (ákletos) que acudía sin ser invitado y comía gratis siempre que animara la velada con sus chistes y gracias. Cualquier ocasión festiva podía justificar un banquete: el triunfo de un atleta o de un autor trágico, una celebración familiar y la partida o llegada de un amigo. Por lo general, el anfitrión pagaba todos los gastos, pero a veces cada invitado llevaba sus propias provisiones, aunque el vino corría siempre por cuenta del dueño de la casa.

La etiqueta exigía cuidar el cuerpo y bañarse antes de acudir a un banquete; Aristóteles dice que «es indecoroso llegar a un banquete sudoroso y lleno de polvo». Sócrates se arreglaba especialmente para esas ocasiones y se ponía las sandalias, dos cosas que hacía pocas veces.

LLEGAN LOS INVITADOS

Cuando los invitados llegaban a la casa donde tendría lugar el simposio, un esclavo los hacía pasar a la estancia especialmente reservada para estas reuniones: el andrón, la «sala de los hombres», término que indica a las claras que el banquete estaba reservado a los hombres y vetado a las mujeres libres. Después, los invitados se acomodaban sobre un lecho y un esclavo les lavaba las manos y les quitaba las sandalias antes de que se reclinasen. La buena educación exigía conceder un tiempo a la contemplación y alabar los techos, los adornos o las colgaduras de la estancia. La primera parte de la reunión se dedicaba a la cena (deîpnon). La comida en la Atenas clásica era sencilla y frugal. El queso, las cebollas, las aceitunas, los higos y el ajo eran esenciales en la cocina. También se consumía una especie de puré de judías y lentejas. La carne se trinchaba en trozos pequeños, porque, como no usaban cuchillos ni tenedores, todo se cogía con las manos. Tampoco había servilletas; se limpiaban los dedos con trozos de pan que luego tiraban al suelo para que se los comieran los perros de la casa que dormitaban bajo los lechos. Los postres consistían por lo general en frutas, como uvas e higos, o bien dulces elaborados con miel. Durante la cena también se servía vino a los invitados.


Un esclavo transporta sobre sus hombros un diván que será colocado en el andrón donde tendrá lugar un simposio. Pelike (recipiente para contener vino) ático de figuras rojas. Siglo V a.C.

Foto: Cordon Press

Al finalizar la cena, los esclavos retiraban las mesas y limpiaban la sala. Entonces comenzaba el symposion o simposio, la «bebida en común». Era el momento de disfrutar despreocupadamente con el vino, de acuerdo con el dicho «bebe o retírate». Los invitados se perfumaban y se ponían guirnaldas en la cabeza. Estas guirnaldas, de mirto o de flores, no sólo eran un adorno refinado para la reunión, sino que al parecer atenuaban los dolores de cabeza que producía el beber tanto vino. Luego realizaban una libación de vino puro en honor del Buen Genio. También se hacían libaciones a Zeus y a los dioses Olímpicos, a Zeus salvador y a los héroes, y cantaban un peán o himno a Apolo. La libación consistía en beber una pequeña cantidad de vino puro y derramar algunas gotas invocando el nombre del dios. Estas prácticas, obligatorias en todo simposio, nos recuerdan que el banquete tiene un origen religioso, pues en tiempos más antiguos la cena o deîpnon estaba precedida por un sacrificio en el que se daba muerte a los animales que se iban a consumir. A continuación se designaba, generalmente por azar, al jefe del simposio, el simposiarca. Su función era decidir la mezcla de agua y vino que se debía realizar y cuántas copas tenía que beber cada invitado. La desobediencia al simposiarca suponía una sanción: bailar completamente desnudo o dar vueltas a la sala llevando a cuestas a la flautista.


Dos jóvenes desnudos se sirven vino mezclado con agua de una crátera.  siglo VI a.C. Museo Ashmolean, Oxford.

Foto: Cordon Press

Los griegos no bebían el vino puro. Éste se mezclaba con agua dulce en un recipiente de cerámica especial llamado crátera, la pieza clave de todo simposio. Por regla general, la mezcla era de dos partes de vino por cinco de agua, o bien una parte de vino y tres de agua. Así se alargaba el placer de la velada, de modo que sólo al final de la noche los comensales estaban realmente borrachos. En muchas ocasiones se aprovechaba la mezcla para enfriar la bebida; lo hacían en un vaso especialmente diseñado al efecto, llamado psictera (psykter), donde echaban agua fría o incluso nieve. Por lo general una sola copa circulaba de izquierda a derecha entre los invitados y un joven esclavo se encargaba de llenarla de la crátera en cada ocasión. Además, durante el simposio, para despertar la sed, los invitados picaban de las mesitas frutos secos, habas o garbanzos tostados, aperitivos que se llamaban tragémata.

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El Más Allá de los etruscos, un camino peligroso hacia un banquete eterno

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ADICTOS A LOS JUEGOS

Además de beber, los invitados se distraían de formas variadas: se proponían acertijos o jugaban a hacer retratos de los asistentes imaginando comparaciones caricaturescas. Pero lo más habitual era que cantaran al son de la lira los escolios, canciones tradicionales breves y sencillas que trataban sobre la amistad y los placeres del vino, o que exponían hechos históricos o enaltecían los valores sociales de la aristocracia. La palabra escolio, que en griego significa «oblicuo», indicaba el orden que se seguía para continuar el canto. Así, los convidados iban cantando por turno pasándose una rama de mirto.


En este fresco de la tumba del nadador de Paestum los invitados juegan al cótabo lanzando vino con sus copas.

Foto: Wikimedia Commons

Uno de los juegos más populares era el cótabo (kóttabos). Una vez vaciada su copa, el invitado la cogía con un dedo por el asa y le daba vueltas con la intención de lanzar los restos de vino que quedaban hacia un blanco fijado previamente, por lo general otra copa. Al tiempo que lo hacía, pronunciaba el nombre de la persona amada. Si daba en el blanco, se consideraba un presagio favorable para sus pretensiones amorosas. El juego tuvo variantes más elaboradas: en una de ellas se trataba de hundir pequeños recipientes de barro que flotaban en un gran vaso; o bien se disparaba a un platillo colocado en equilibrio sobre una vara de metal. En el año 404 a.C., un aristócrata condenado a muerte, Terámenes, demostró su sangre fría jugando al cótabo con la copa de cicuta mientras pronunciaba las palabras «Por el bello Critias», que era quien le había condenado.

Los banquetes más informales estaban amenizados por bailarinas y flautistas, mujeres que también podían ofrecer servicios sexuales. En la imagen, flautista en un simposio. Siglo V a.C. Museo Metropolitano de Arte, Nueva York.

Foto: Wikimedia Commons

Para amenizar el simposio nunca podía faltar una flautista (aulêtris). En las representaciones del simposio sobre cerámica la vemos actuando semidesnuda entre los asistentes que, con un brazo detrás de la cabeza, parecen transportados por la música. Dada la condición servil de estas flautistases muy probable que ofreciesen también servicios de carácter sexual. Al parecer, la costumbre era poner en subasta a la flautista al final del banquete, lo que creaba discusiones y peleas entre los participantes, que a esas alturas ya estaban bastante borrachos. Según Aristóteles, una de las funciones de los inspectores urbanos (astynómos) era vigilar a las flautistas, a las tañedoras de lira y a las citaristas para que no cobrasen más de dos dracmas como salario. Es el único ejemplo conocido de regulación de precios en la Atenas clásica.

LOS TRASNOCHADORES VUELVEN A CASA

El anfitrión podía traer bailarinas, acróbatas y artistas de mimo. En el Banquete de Jenofonte, el rico anfitrión Calias contrató a un empresario que ofrecía todo un equipo de animadores: una flautista, una bailarina experta en acrobacias y un hermoso muchacho que tocaba la lira y también bailaba. Al final de la velada, los bailarines ejecutaron una especie de danza erótica, una pantomima que representaba las bodas de Ariadna y Dioniso, el dios del vino, y que excitó enormemente a todos los invitados.


Parejas de hombres y mujeres en un Kylix ático de principios del siglo V. Museo Metropolitano de Arte, Nueva York.

Foto: Wikimedia Commons


Foto: Wikimedia Commons



Procesión de borrachos en una crátera de figuras rojas. Siglo V a.C.

Foto: Wikimedia Commons

Otras mujeres que asistían con frecuencia al simposio eran las heteras. Eran cortesanas de lujo que se convertían en acompañantes habituales de un hombre que podía pagar sus servicios. Deslumbraban con su belleza y entretenían a los hombres con su ingenio y su refinada conversación. El simposio les ofrecía la posibilidad de mostrar sus encantos y encontrar generosos protectores. Nadie se engañaba sobre su papel en la reunión; cuenta Ateneo que cuando unos jóvenes se pelearon por los favores de una hetera llamada Gnatena, ésta consoló al que había sido vencido diciendo: «Ánimo, muchacho, que la pelea no es por una corona, sino por tener que pagar».

Cuando el simposio terminaba, los asistentes, adornados con sus guirnaldas, salían a las calles y formaban una procesión festiva de borrachos, llamada kómos. Bailaban, gritaban e insultaban a cuantos encontraban a su paso, y también atacaban y dañaban las propiedades ajenas. Su actitud era un desafío a las normas de la sociedad, pues no podemos olvidar que el simposio era propio de la aristocracia. Por eso, en algunas ciudades se crearon leyes para impedir estas conductas soberbias hacia otros ciudadanos y destructivas hacia sus bienes. En Mitilene, por ejemplo, había una pena doble para los delitos cometidos bajo los efectos del alcohol. No obstante, la institución del banquete nunca fue cuestionada y, a pesar de sus excesos y de su origen aristocrático, siguió ocupando un puesto central en las relaciones sociales hasta la época romana.

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Heteras, las cortesanas de Grecia

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