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miércoles, 29 de octubre de 2025

Un desastre enigmático: Isla de Pascua, el colapso de una civilización

 Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos entrega un reportaje sobre las conjeturas de que hubo un desastre que originó un colapso en la Isla de Pascua, y se también no se descarta que hubo una sobreexplotación de los recursos naturales, que acabaron con la civilización conocida como los Rapanui, y siempre habrá la incógnita de como construyeron esas gigantescas estatuas megalíticas de piedra y de forma humana y erigidas...... siga leyendo...... 


Se ha afirmado que la sobreexplotación de los recursos naturales acabó con la cultura de los rapanui, los habitantes de Pascua. Pero ¿fue esto lo que sucedió?

Los moais, las grandes esculturas de Pascua, se levantaban en los ahu, plataformas ceremoniales donde se les rendía culto. Éstos se hallan a un kilómetro del lago Raraku, donde fueron esculpidos.

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Hoy en día, la isla de Pascua es famosa por ser el lugar habitado más remoto del planeta y por la existencia de los moai, unas esculturas megalíticas de forma humana erigidas por una civilización ancestral, que, según se afirma, desapareció en circunstancias misteriosas. Tradicionalmente, la historia de la isla se ha presentado como ejemplo de un colapso ecológico y cultural debido a la sobreexplotación de los recursos naturales por parte de sus pobladores, pero las últimas investigaciones ponen en entredicho esta visión. 

Los primeros europeos que desembarcaron en la isla fueron los miembros de una expedición holandesa capitaneada por Jacob Roggeveen; llegaron el domingo 5 de abril de 1722, día de Pascua, por lo que bautizaron a la isla con ese nombre. En realidad, el nombre local de la isla es Rapa Nui, y sus habitantes aborígenes son los rapanuis. Pascua es la cima de un gran cono volcánico submarino de unos 3.000 metros de altura en pleno océano Pacífico, y está separada por más de 2.000 kilómetros de los archipiélagos más orientales de la Polinesia, y a más de 3.000 kilómetros de las costas de América del Sur

Estas enormes distancias respecto de los puntos habitados más cercanos han alimentado el debate sobre su poblamiento. El explorador noruego Thor Heyerdahl sostenía que la isla fue colonizada inicialmente por una cultura amerindia, aniquilada más tarde por colonizadores polinesios. En 1947 llevó a cabo una expedición que pretendía demostrar que los antiguos amerindios podrían haber llegado a Rapa Nui en sus rudimentarias embarcaciones (para lo que construyó una balsa parecida a éstas, la Kon-Tiki), sólo con la ayuda del viento y las corrientes marinas. 


La playa de anakena es, según la tradición, el lugar al que llegaron los pobladores polinesios, dirigidos por el rey hotu matu’a. La preside el ahu nau nau.

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Sin embargo, los arqueólogos y antropólogos no se tomaron esta aventura muy en serio, ya que todas las evidencias indicaban que los primeros colonizadores eran de origen polinesio, lo cual concordaba con las propias leyendas de los rapanui. Los estudios actuales de ADN sustentan esta posición, aunque no descartan un componente sudamericano en el poblamiento inicial de la isla. 



Testigos de una civilización perdida

El primer enigma científico que plantea Rapa Nui es la existencia de más de 900 grandes estatuas en piedralos moai, en una isla de poco más de 160 kilómetros cuadrados, lo que hace pensar que esas estatuas fueron muy importantes para la civilización rapanui que las construyó.

Todos los moai, excepto unos pocos, fueron esculpidos en una misma cantera: la caldera volcánica del lago Raraku, formada por toba, una roca relativamente blanda. La sociedad que los construyó era neolítica –no conocía los metales–, y los moai se esculpieron utilizando herramientas fabricadas con rocas volcánicas más duras, principalmente el basalto, obtenido en otros conos volcánicos, sobre todo el que contiene el lago Kao. 

En lengua rapanui, la palabra moai significa «escultura de persona», en piedra (maea) o en madera (kavakava), aunque con ella se suelen designar las grandes estatuas, como las del ahu Tongariki.

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Pero ahora nos ocupa otro enigma: la desaparición de esa antigua civilización rapanui, que parece haber conocido cierto esplendor desde la colonización inicial de la isla por los polinesios hasta poco antes de la llegada de los europeos. Según las investigaciones más recientes, la ocupación de Rapa Nui fue la culminación de un proceso de poblamiento del Pacífico que empezó en Taiwan en 3000 a.C. y llevó a la colonización de Pascua entre 800 y 1000 d.C.

En esas gentes se encuentra el origen de la antigua civilización rapanui, que no sólo era neolítica, sino también prehistórica, puesto que no conocía la escritura. Existen algunas tablillas de madera con una escritura jeroglífica indescifrable conocida como rongorongo, pero tanto su origen como su cronología son dudosos. 

Del auge a la catástrofe

Todo lo que sabemos de aquella civilización proviene de las crónicas de los primeros visitantes europeos (holandeses, españoles, británicos y franceses), de la tradición oral conservada por los actuales rapanui y de los descubrimientos arqueológicos.

Después de colonizar la isla, parece que los rapanui construyeron una sociedad bastante próspera con relativa rapidez, que quizás alcanzó su mayor florecimiento económico y demográfico hacia el año 1500. Las cifras de población máxima de la isla que se han propuesto varían mucho, aunque la mayoría se encuentra entre 6.000 y 8.000 habitantes (40-50 por kilómetro cuadrado); las estimaciones más optimistas creen que la población pudo llegar a los 20.000 habitantes (125 por kilómetro cuadrado).


Esta representación de un nativo de Pascua apareció en un grabado de Louis Choris publicado en 1822. Museo Británico, Londres.

wikimedia commons 

Esa sociedad vivía de la agricultura, de la pesca y de recursos costeros como moluscos, crustáceos y aves migratorias. La estructura social se basaba en clanes, cuyos jefes, una vez muertos, eran deificados y representados en los moai. Éstos poseían poderes sobrenaturales para garantizar la fertilidad del mar y la tierra, por lo que eran objeto de culto. 

Hacia principios del siglo XVI, la floreciente sociedad rapanui parece haber experimentado un cambio radical y más o menos rápido, caracterizado por un descenso significativo de la población y por el fin de la cultura de los moai. Terminaba así la fase cultural conocida como ahu moai y comenzaba el período llamado huri moai, caracterizado por el culto del hombre pájaro (tangata manu). Éste se centraba en la elección del representante en la tierra de Make Make, el creador supremo, mediante una competición de fuerza y resistencia. 


En su momento, las cuencas oculares de los moai no estaban vacías, sino que tenían ojos hechos de coral blanco y escoria volcánica roja u obsidiana, como en éste, reconstruido. Eran los ojos lo que les proporcionaba sus poderes sobrenaturales.

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Algunos autores atribuyeron estas transformaciones a guerras entre clanes provocadas, en gran medida, por la escasez de recursos naturales y el hambre. Todo ello se asociaba a la hipotética eliminación de los bosques, que eran quemados para obtener terrenos de cultivo y talados para hacerse con madera que habría sido utilizada para la construcción de viviendas y embarcaciones, pero, sobre todo, como «ruedas» para mover los moai desde la cantera de Raraku hasta sus emplazamientos definitivos. 

Esto, combinado con la sobreexplotación de los recursos marinos y costeros, habría provocado un colapso ecológico seguido de un colapso cultural, en un proceso que se calificó de «ecocidio», término con el que se designa una destrucción del medio natural de tal magnitud que llega a amenazar la existencia de quienes viven en él. A partir de ese momento, la vida en la isla se habría vuelto más precaria, abandonándose el culto a los moai, que habrían sido derribados de sus altares.

Hasta hace unas décadas, la idea del ecocidio era bastante especulativa, ya que estaba basada en deducciones a partir de la tradición oral. Pero, en la década de 1970, los trabajos del paleoecólogo británico John Flenley (fallecido en 2018) aportaron evidencias que parecían sustentar esta hipótesis. 


Vista de la isla de Pascua; en primer plano, el cráter del lago Kao. En la deforestación total de la isla se vio la principal prueba de una catástrofe ecológica debida a la actividad humana. 

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Flenley analizó el polen contenido en los sedimentos de los tres únicos cuerpos de agua dulce de la isla aptos para consumo humano: los lagos Raraku y Kao, y una ciénaga llamada Aroi, y demostró que la isla había estado cubierta de bosques de palmeras durante por lo menos 34.000 años hasta que, de repente, desaparecieron y fueron sustituidos por praderas de gramíneas, como las que dominan la vegetación actual. De las anteriores palmeras no quedaba ni rastro.
Según las dataciones de carbono 14, este espectacular cambio ecológico coincidía más o menos con la colonización polinesia de la isla, por lo cual parecía demostrada la teoría del colapso social y ecológico –y con ella, el ecocidio–. A partir de aquí, la isla de Pascua se consideró un modelo en miniatura de lo que podría ocurrir en la Tierra, cuyos recursos naturales también son limitados, si no se detiene su explotación indiscriminada. 

No se ha podido establecer el sistema por el cual los moai eran trasladados a distancias de hasta 18 kilómetros. Se ha propuesto que los rapanui los desplazaban sobre rodillos o sobre trineos de madera.

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Esto desencadenó todo tipo de publicaciones científicas y populares de carácter catastrofista, cuyo exponente más conocido tal vez sea el libro del ecólogo estadounidense Jared Diamond titulado Colapso. Porqué unas sociedades perduran y otras desaparecen, publicado en 2005. Los resultados de Flenley y estas interpretaciones catastrofistas cuajaron tanto en los medios científicos como en los populares, y la teoría del ecocidio se ha mantenido viva hasta hoy. 

Pero en los análisis polínicos de Flenley y sus interpretaciones había algunos inconvenientes. Si bien la desaparición de los bosques y el correspondiente cambio ecológico eran incuestionables, las fechas en que esto sucedió ofrecían dudas. Un análisis detallado de sus dataciones de 14C reveló que, en realidad, el cambio ecológico había tenido lugar en algún momento entre hace 7.700 y 520 años.


Orongo, junto al lago Kao, devino el centro cultural de la isla cuando el lago Raraku se quedó sin agua por la sequía.

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El registro sedimentario de Flenley no era continuo, ya que no contenía sedimentos representativos del intervalo de tiempo transcurrido entre esas dos fechas, por lo que, en realidad, no se podía saber cuándo ocurrió el cambió ecológico.

Además, Flenley sólo había tenido en cuenta el factor humano en sus interpretaciones, pero estudios llevados a cabo en todas partes del mundo han demostrado que los cambios climáticos también pueden producir alteraciones ecológicas del tipo registrado en Pascua. Así pues, no todo estaba dicho. 

Nuevas pistas

Durante la última década, los sedimentos de los lagos Raraku y Kao, junto con los de la ciénaga de Aroi, volvieron a ser sondeados, datados y estudiados utilizando polen (para reconstruir la historia de la vegetación) y otros indicadores (para reconstruir la historia climática). De este modo se obtuvieron registros sedimentarios continuos que permitían conocer lo ocurrido durante los últimos 3.000 años, con lo que se llenaba una parte del vacío de los estudios de Flenley. 
Estos nuevos estudios confirmaron que las praderas habían reemplazado a los bosques en toda la isla, pero se comprobó que esta sustitución no había sido total, brusca y simultánea, como proponía la teoría del ecocidio. Cada región fue deforestada en épocas distintas y a diferente ritmo: mientras que en algunas de ellas la deforestación se produjo en solo un siglo, en otras tuvo lugar a lo largo de varias centurias. 

Se duda de si la escritura rongorongo (arriba) surgió antes de la llegada de los europeos, y de si es una escritura o una representación gráfica de saberes astronómicos de los polinesios ancestrales.

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Además, estos estudios han permitido reconocer épocas de sequía pronunciada que secaron el lago Raraku, pero no el Kao, donde se construyó el poblado de Orongo, centro del culto al hombre pájaro. Todo ello ha sugerido la posibilidad de migraciones internas de los antiguos rapanui, forzados tanto por una actividad humana que llevó a la deforestación de partes de la isla, como por cambios en el clima, con sequías que provocaron la falta de agua en ciertas áreas. Según las últimas dataciones, este estado de cosas se habría extendido hasta la llegada de los primeros europeos, y la deforestación total de Pascua no se habría completado hasta aproximadamente el año 1600 o incluso más tarde. 

Existen evidencias arqueológicas que apoyan esta idea, como la continuidad de la agricultura y de los asentamientos humanos: no se advierte un declive en dichos asentamientos ni en la actividad agrícola hasta el contacto con los europeos. Los estudios siguen, y se espera que proporcionen una solución a uno de los enigmas más populares de PascuaMientras tanto, la teoría del ecocidio va perdiendo credibilidad: parece evidente que los isleños fueron utilizando el bosque hasta su eliminación, pero no de forma rápida y compulsiva, como propone esta teoría, sino gradualmente.

La verdadera catástrofe

Lo que ofrece pocas dudas es lo que ocurrió a partir de la llegada de los europeos. Sus primeras visitas no estuvieron exentas de escaramuzas y de algunas bajas entre los rapanui, pero nada fue tan decisivo para la población autóctona como el esclavismo y la introducción de enfermedades contagiosas desconocidas por los isleños, contra las cuales éstos no poseían defensas. 


Los moai kavakava, hechos de madera, eran réplicas de los moai de piedra a pequeño tamaño. Los de este tipo representaban a los akuaku o espíritus de la Naturaleza.  

wikimedia commons. 

miércoles, 27 de febrero de 2019

AMÉRICA DEL SUR : NATIONAL GEOGRAPHIC .- PERÚ .- ARGENTINA .- 20 paisajes espectaculares de América del Sur

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos alcanza una amplia información turística de 20 paisajes impresionantes de América del Sur, entre los que destacan : El Lago Titicaca, Machu Picchu, Desierto de Atacama, Islas Galápagos, Isla de Pascua, Cataratas del Iguazú, Salar de Uyuni, Peñón de Guatape, El Callejón de Huaylas con Huaráz, Glaciar Perito Moreno, entre otro

https://www.nationalgeographic.com.es/viajes/grandes-reportajes/paisajes-espectaculares-america-del-sur_11557/1 

Basta un recorrido por algunos de los paisajes más asombrosos de América del Sur para soñar. ¡Te quedarás sin palabras!

Salar de Uyuni, Bolivia
Lo difícil de decidir con esta maravilla natural en Bolivia es cuándo visitarlo. El Salar de Uyuni no es lo mismo en época de lluvias que en época seca: mientras en la primera se forma un espejo perfecto en el que se refleja el cielo y el horizonte se confunde; en la época seca, admiramos un espacio de infinito blanco propicio para el juego de perspectivas. Es el mayor desierto de sal continuo y alto del mundo. Y en él no solo se puede extraer sal, también litio, el mineral del futuro, aunque en un proceso complicado. Desde la población de Uyuni salen tours para visitar toda la zona, que incluye la Laguna Colorada o el Desierto Siloli y Árbol de Piedra, verdaderas maravillas naturales.
Foto: José Alejandro Adamuz



Cataratas del Iguazú
“El asombroso espectáculo de un océano cayendo a raudales en un abismo es casi escalofriante”, así describió el espectáculo de las Cataratas del Iguazú, el botánico suizo Robert Chodat. Su topónimo, que proviene del guaraní, se refiere precisamente a estas dimensiones gigantescas: Iguazú significa “Agua Grande”. Se encuentra entre la provincia argentina de Misiones y el estado brasileño de Paraná, y sus saltos fueron elegidos como una de las “Siete maravillas naturales del mundo”.
Foto: Gtres



Desierto de Atacama, Chile
Un paisaje que parece salido de Marte. El desierto de Atacama, en el norte de Chile, es el desierto no-polar más árido de la Tierra. Es un espacio geográfico delimitado por un lado por el Pacífico y por el otro por los Andes. Es una zona rica en minería; pero que atrae al turismo mundial por los paisajes, por cierto misticismo relacionado con las culturas ancestrales que lo habitaron, y, también, por el cielo: es el mejor sitio del planeta para observar el firmamento. Es la meca del turismo astronómico y lugar de ubicación de algunos de los complejos astronómicos más importantes del mundo.
Foto: Gtres



Monte Fitz Roy, Patagonia
Un monte que es uno de los símbolos de la Patagonia. Alcanza los 3.405 metros de altitud y está ubicado en el oriente del campo de hielo Patagónico Sur, en el límite entre la Argentina y Chile. Muchos montañeros salen de la población cercana de El Chaltén, provincia de Santa Cruz, Argentina, para alcanzar su cumbre siguiendo una de las caminatas más bellas del mundo. Desde el lado chileno, se alcanza partiendo de Villa O'Higgins. La senda es exigente a nivel físico; pero cuando se alcanza la cumbre, la maravilla de ver sus aristas rozando el cielo, junto al lago, sirve de pago a todo esfuerzo.
Foto: Gtres



Peñón de Guatape, Colombia
Cerca de la ciudad de Medellín, Colombia, se encuentra uno de los paisajes más extraños de América del Sur. Algunos dicen que forma parte de un meteorito; pero lo cierto es que se trata de una formación geológica muy singular. Una especie de piedra; pero gigante. Conforme se llega al pueblo de Guatapé, se puede observar en el horizonte una protuberancia que sale de la tierra. Es la Piedra del Peñol, una roca gigantesca con más de 200 metros de altura que escaló por primera vez un lugareño, el señor Luis Eduardo Villegas López. Para alcanzar el mirador sobre el monolito formado por cuarzo, feldespato y mica hay que ascender cerca de 700 escalones. Las vistas lo valen, porque se puede ver el embalse de Guatapé.
Foto: José Alejandro Adamuz



Isla de Pascua, Chile
Uno de los lugares más bellos de América del Sur, y uno de los más misteriosos del planeta. En medio del Pacífico, a unos 3.700 km de la costa de Chile, se encuentra la isla de Pascua, que sigue despertando la fascinación por sus moais. El paisaje de Isla de Pascua es espectacular y, a criterio de Jacques Cousteau, tiene uno de los mejores mares para bucear por su alta visibilidad. Ver un atardecer en Hanga Roa, con el Ahu Tahai, uno de los grupos de moais mejor conservados de la isla, como escenario sigue siendo uno de los espectáculos que todos deberíamos disfrutar al menos una vez en la vida.
Foto: Gtres

Huaraz, Perú
Este es el lugar de los grandes nevados de la Cordillera Blanca, en Perú, que forma parte de los Andes. Se extiende a lo largo de 200 km en dirección nordeste: todo un espectáculo de seismiles, glaciares, páramos, lagos y lagunas. Si lo tuyo es el senderismo y el montañismo, Huaraz es el centro. El Parque Nacional Huascarán, Reserva de Biosfera, es famoso por el gran macizo nevado que le da nombre. Algunos lugares asombrosos que se encuentran en la zona son: la laguna de Chinaconcha, la Laguna 69 (en la imagen), el Glaciar Pastoruri, el Alpamayo. Y no solo naturaleza, también las ruinas de una civilización misteriosa: Chavín de Huántar, una de las culturas preincaicas más importantes de Perú.
Foto: Gtres



Islas Galápagos, Ecuador
Las Islas Galápagos forman un archipiélago de origen volcánico perteneciente a Ecuador. Está declarado como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1978. Se trata de un mundo en sí mismo, conocido por la gran variedad de especies endémicas que estudió Charles Darwin. Es tal la riqueza de fauna y flora que son conocidas como “Las Islas Encantadas”. Toda visita se centra de forma imprescindible en tres islas principales: Isabela, Santa Cruz, Fernandina. El turismo vive en un complicado equilibrio con la conservación del hábitat de sus especies. El Aeropuerto Seymur de Baltra, a corta distancia de Santa Cruz, es el primero ecológico y sostenible del mundo.
Foto: Gtres



Machu Picchu
Uno de los lugares más mágicos del planeta. El atractivo de alcanzar la antigua ciudad de Machu Picchu, en el promontorio rocoso que une los cerros de Machu Picchu y Huayna Picchu, concentra a miles de viajeros que llegan a Perú atraídos por los misterios de esta maravilla de la civilización inca. Es Patrimonio de la Humanidad y una de las nuevas siete maravillas del mundo moderno.
Foto: Gtres


Río Amazonas, a su paso por Iquitos
Uno de los ríos míticos del mundo. Su cuenca hidrográfica corresponde a cerca de una quinta parte del agua dulce líquida del planeta. Se trata de un universo maravilloso de fauna y flora. Es el río más largo del mundo, con 7.062 km de longitud desde su nacimiento hasta la desembocadura. Nace en Perú, atraviesa Colombia y desemboca en Brasil. A él llegan más de 1.000 ríos tributarios, algo que lo convierte en el río más caudaloso del mundo (contiene más agua que el Nilo, el Yangtsé y el Misisipi juntos). Su conservación es esencial para el planeta.
Foto: Gtres

Chimborazo, Ecuador
El Volcán Chimborazo está en Ecuador y es el “el punto más cercano al Sol”. No es que el Everest se haya encogido, sino que es un efecto debido a que el diámetro terrestre en la latitud ecuatorial es mayor que en la latitud del Everest. Así que, medido desde el centro de la tierra, es el punto más lejano del planeta al que puedes llegar sin volar.
Foto: Gtres

Glaciar Perito Moreno, Argentina
Una maravilla heladora. Y nunca mejor dicho… El Glaciar Perito Moreno tal vez no sea el más bello del mundo; pero sí es espectacular, y, además, se trata del glaciar con más fácil acceso de todo el planeta. Basta descender unas escaleras y sus pasarelas para encontrarse directamente con la gran masa de hielo que procede del campo de hielo Patagónico Sur. Se ubica frente a la península de Magallanes, a unos 80 km de la población de El Calafate, Argentina. Alcanza el lago con una altura de 60 metros de media y con sorprendentes azules de un hielo muy antiguo. Sólo puede haber algo que mejore su contemplación: coincidir con el fenómeno de la ruptura, que ocurre cada cuatro o cinco años.
Foto: José Alejandro Adamuz



Lençóis Maranhenses, Brasil
¿Puede estar un desierto inundado? Sí, si se trata del Parque Nacional de los Lençois Maranhenses, en Brasil, en la región nordeste del estado de Maranhão. Su belleza es de las que dejan sin palabras. Más en la época húmeda. Entonces es cuando se forman centenares de lagunas de todos los tamaños de color azulado o verdoso, cercadas por dunas de arena blanca. Aparecen y desaparecen de forma cíclica cada año, constituyendo un espectáculo de una belleza asombrosa.
Foto: Gtres



Los Roques, Venezuela
Un pequeño tesoro en forma de islas. Si piensas en un paraíso perfecto del mar Caribe, es esto: Los Roques, aguas turquesas y tranquilas, playas de arena blanca y fina, corales, sol. Se trata de un archipiélago de Venezuela, en el Mar Caribe, a 168 Km al norte de La Guaira. Su singularidad y belleza se debe en parte por la formación geológica pues poseen una estructura de atolón, más propia del Pacífico que del Mar Caribe.
Foto: Gtres



Desierto de Tatacoa, Colombia
Si cierras los ojos y te trasladan a este lugar, al abrirlos te parecerá imposible seguir en la tierra. En el departamento del Huila, Colombia, se encuentra una de las zonas áridas más espectaculares del mundo. El lugar constituye un horizonte de ocre y gris que parece un laberinto natural. Cuando Jiménez de Quesada llegó aquí, le pareció alcanzar un espacio deteriorado y por ello lo bautizó como Valle de las Tristezas. No le faltó razón, los científicos, más recientemente, revelaron que en el lugar, durante el Periodo Terciario, existió un jardín poblado de vegetación . Solo las estrellas guardan el recuerdo de aquellos siglos pasados; pero el viajero puede mirar al cielo preguntándoles, porque se trata de una estupenda zona para la observación celeste.
Foto: Gtres



Ilha Grande, Brasil
Un auténtico paraíso de Brasil al que se llega por mar. Esta isla situada frente a la costa de Río de Janeiro forma parte del municipio de Angra dos Reis. Por sus paisajes, y aunque no esté bañado por el Mar Caribe, a esta zona se la conoce como Caribe Brasilero. Antiguamente hubo un penal famoso; hoy llegan viajeros atraídos por sus fantásticas playas y rutas de senderismo; pero sobre todo, atraídos por la calma de un lugar al que no llegan automóviles.
Foto: Gtres



Laguna Colorada, Bolivia
Podría ser que el agua de esta laguna sea de un color tan especial porque a los miles de flamenco andinos que acuden allí a criar se les destiñe las plumas. Pero no, no se trata de eso. La explicación tiene más que ver con los sedimentos de un tipo de alga que hay en las agua de esta laguna, de tipo alto andina-salina que se encuentra en la Reserva Nacional de Fauna Andina Eduardo Abaroa, Bolivia, en el altiplano potosino.
Foto: Gtres



Roraima, la Gran Sabana
El monte Roraima es una de las formaciones geológicas más antiguas de la tierra. Forma parte de la cadena de mesetas tepuis (montañas tabulares) de la sierra de Pacaraima. Hasta su cumbre llegó Carl, el protagonista de la película Up, en su casa voladora. La cumbre es una meseta rodeada de paredes completamente verticales de las que suelen caer abundantes cascadas, lo cual dificulta algo su ascenso. Se da la particularidad que hay un punto denominado la triple frontera, compartida por Venezuela, Guyana y Brasil. Llegar arriba es encontrarse con un paisaje de otro tiempo; no obstante, Arthur Conan Doyle se inspiró en las descripciones de este lugar que hicieron las expediciones de la época para ambientar su novela El mundo perdido.
Foto: José Alejandro Adamuz



Torres del Paine
El Parque Nacional Torres del Paine es uno de los más importantes de Chile y símbolo de la Patagonia chilena. Los circuitos O y W en Torres del Paine son uno de los más bellos en el mundo del senderismo, ya que presentan una gran variedad de entornos naturales que suman montañas, ríos, valles, lagos y glaciares. A esta belleza que parece sacada de otro mundo, o de otra época, se accede desde la población de Puerto Natales. Su acceso se puede realizar durante todo el año; pero en temporada baja, de mayo a septiembre, con la llega del invierno, cierran las instalaciones para acampar y algunas zonas del circuito O se convierten con nieve y hielo en muy exigentes para la práctica del senderismo.
Foto: José Alejandro Adamuz



Lago Titicaca
Uno de los lugares más bellos y misteriosos de América del Sur. El lago Titicaca, en el altiplano andino, entre Bolivia y Perú, es el lugar del origen del imperio Inca; al menos, para el Inca Garcilaso de la Vega, que así lo describe. Todavía en las tradiciones orales se considera la isla del Sol, en la parte boliviana del lago, como el lugar del que los legendarios Manco Capac y Mama Ocllo partieron para fundar el Tahuantinsuyo, nombre que recibió el territorio de los inca. Navegar el lago y visitar algunas de sus islas sigue siendo todavía un viaje al pasado y un escenario de una belleza impresionante. Un imprescindible: ver las puestas de sol.
Foto: Gtres
José Alejandro Adamuz

20 paisajes espectaculares de América del Sur

América del Sur fue estudiada, medida y mostrada por dos de los más grandes viajeros de todos los tiempos: Alexander Humboldt y Charles Darwin. Si el primero recorrió Latinoamérica durante tres años, el segundo pasó por las costas de Brasil, Argentina, Chile y las Islas Galápagos en su recorrido de vuelta al mundo con el Beagle. Los dos observaron algunos de los paisajes más asombrosos de América del Sur.
“La naturaleza es el espacio de la libertad” (Humboldt en su obra Cosmos).
En la cima del Chimborazo, en Ecuador, el techo del mundo por entonces, exhausto por el esfuerzo y casi congelado por no llevar ropa adecuada, Humboldt pudo observar la naturaleza desde el punto más distante posible del planeta: alcanzó los 5.400 metros de altitud, apenas 300 metros de la cima según sus cálculos (en realidad, hoy sabemos que mide 6.263 metros sobre el nivel del mar). Era junio de 1802 y su viaje había empezado tres años antes.
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Fotografías
Darwin llegó a América del Sur unas décadas más tarde que Humboldt. En una nota tomada durante una de sus expediciones a los Andes describió así el sentimiento que le causaba contemplar la naturaleza: “Me siento feliz de estar solo; experimento lo que se siente cuando se presencia una tempestad tremenda o cuando se oye un coro del Mesías ejecutado por una gran orquesta”.
Basta un recorrido por algunos de los paisajes más asombrosos de América del Sur para soñar, para imaginar horizontes, para vernos en el encuadre como en una postal, para sentir que algún secreto está apunto de desvelarse. Basta admirar algunos de estos paisajes para sentir aquella libertad de espíritu que describieron Humboldt y Darwin.

Ambos se maravillaron con el espectáculo de los paisajes que les brindó la naturaleza. Hoy, a pesar de que el mapa ya no guarda espacios vacíos como en su época, seguimos teniendo la oportunidad de disfrutar de algunos escenarios sublimes. Solo hace falta la voluntad de conservarlos con admiración tal como hicieron ellos. Como dijo Humboldt, la naturaleza ejerce un poder positivo en todas aquellas almas que se sienten agitadas y preocupadas. Así pues, vale la pena el esfuerzo, ¿verdad?
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Fotografías
NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
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