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sábado, 29 de junio de 2019

SUMERIOS : ARQUEOLOGÍA.- MESOPOTAMIA.- NATIONAL GEOGRAPHIC .- Gudea de Lagash

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., leer y estudiar el "país de Sumer" o Sumerios, es fascinante, por que fueron las primeras ciudades-reinos(Estados independientes) que existieron sobre la Mesopotamia, y dieron origen a la llamada "Civilización; aún se sigue considerando a los sumerios como los antiguos iniciadores de la formación de ciudades, antes de ellos los pueblos no existían; el hombre era nómade, recolector y cazador y vivía en cuevas o refugios precarios.
Justamente, un rey que brilló por propios méritos en el país de Sumer, fue el rey Gudea, quien gobernó en la ciudad estado Lagash, según la historia fue uno de los más brillantes soberanos en la construcción de templos, tal  como sucedió con el Templo Eninnu dedicado al dios Ningirsu y fue uno de los más poderosos del antiguo Sumer.
National Geographic.- narra : "A lo largo del III milenio a.C., el país de Sumer estaba compuesto por una serie de ciudades independientes gobernadas cada una por una dinastía propia. Algunas de ellas ejercieron una cierta hegemonía sobre el resto, como Uruk y Kish, que sin embargo entraron en declive desde mediados del milenio. Fue entonces cuando la llamada primera dinastía de Lagash (2450-2300 a.C.) se erigió en la gran potencia del sur de Mesopotamia. Y aunque la ciudad cayó bajo el dominio del Imperio de Acad –que rigió la región entre los años 2335 y 2150 a.C., aproximadamente–, luego renació con la llamada segunda dinastía de Lagash, formada por trece gobernantes. Entre ellos brilló con luz propia Gudea. Sus dominios comprendían, además de Lagash (la actual al-Hiba), las ciudades de Girsu (actual Tello) y Nina-Siraran (actual Zurghul), así como un gran número de aldeas y caseríos que se conocen a partir de la documentación administrativa cuneiforme. En total abarcaba un territorio de ochenta kilómetros de norte a sur y unos cuarenta de este a oeste, con una superficie total de tres mil kilómetros cuadrados...."

 https://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/gudea-de-lagash_9391

Soberano de una de las ciudades más poderosas del antiguo Sumer, Gudea dejó un gran legado de construcciones, entre las que destaca el templo dedicado al dios Ningirsu



Un monarca devoto
Gobernador o ensi de la ciudad-estado de Lagash, Gudea se representa a menudo en actitud orante, con las manos cruzadas delante del pecho y tocado con un casquete (tal vez de lana). Museo del Louvre, París.
Foto: FRANCK RAUX / RMN-GRAND PALAIS

La antigua Girsu sale a la luz
Entre 1877 y 1933 se sucedieron en Girsu (la actual Tello) veinte campañas arqueológicas. Arriba, la misión llevada a cabo desde  1931 hasta 1933 por el arqueólogo francés André Parrot.
Foto: ADOC-PHOTOS / ALBUM

Clavo de fundación
Uno de los muchos que llevan el nombre de Gudea. Museos Estatales, Berlín.
Foto: BPK / SCALA, FIRENZE



Vestida para la corte
La mujer bajo estas líneas, en actitud de oración, va vestida con el chal sumerio, prenda que se colocaba sobre el vestido; era típico de las clases altas.
Foto: E. LESSING / ALBUM

El pastor de su pueblo
Estatua de Gudea en pie y sosteniendo un vaso manante. Museo del Louvre, París.
Foto: SCALA, FIRENZE

Esfinge
Toro con cabeza humana procedente de Girsu. 2140 a.C. Museo del Louvre, París.
Foto: E. LESSING / ALBUM
Barbara Böck, CSIC

Gudea de Lagash

La epopeya de Gilgamesh
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La epopeya de Gilgamesh

A lo largo del III milenio a.C., el país de Sumer estaba compuesto por una serie de ciudades independientes gobernadas cada una por una dinastía propia. Algunas de ellas ejercieron una cierta hegemonía sobre el resto, como Uruk y Kish, que sin embargo entraron en declive desde mediados del milenio. Fue entonces cuando la llamada primera dinastía de Lagash (2450-2300 a.C.) se erigió en la gran potencia del sur de Mesopotamia. Y aunque la ciudad cayó bajo el dominio del Imperio de Acad –que rigió la región entre los años 2335 y 2150 a.C., aproximadamente–, luego renació con la llamada segunda dinastía de Lagash, formada por trece gobernantes. Entre ellos brilló con luz propia Gudea. Sus dominios comprendían, además de Lagash (la actual al-Hiba), las ciudades de Girsu (actual Tello) y Nina-Siraran (actual Zurghul), así como un gran número de aldeas y caseríos que se conocen a partir de la documentación administrativa cuneiforme. En total abarcaba un territorio de ochenta kilómetros de norte a sur y unos cuarenta de este a oeste, con una superficie total de tres mil kilómetros cuadrados.
Sumer, la primera guerra de la historia
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Sumer, la primera guerra de la historia

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Fotografías
El nombre de Gudea, que significa en sumerio «el que fue nombrado», lo recibió con toda probabilidad el monarca con ocasión de su entronización. A pesar del ingente número de artefactos e inscripciones referidos a él que conservamos, no se sabe mucho sobre su vida. Se le atribuyen al menos veinte años de reinado, desde 2141 a 2122 a.C. Según la costumbre mesopotámica, los años no se designaban mediante números, sino con nombres, es decir con frases que aludían a los eventos más significativos que habían tenido lugar durante el año. Así, el primer año de su gobierno se llamó «año en que Gudea se convirtió en ensi [gobernador]», y el último de que se tiene noticia sobre él fue el «año en que fue construido el templo Ebagara». Gudea contrajo matrimonio con Ninalla, hija de su predecesor Ur-Baba. Se le conoce una segunda mujer, con el nombre de Nininimagina; no obstante, faltan datos que determinen si fue ésta su primera esposa y Ninalla la segunda o si tuvo dos mujeres al mismo tiempo.

Legislador y arquitecto

Gudea es muy conocido por las veintidós estatuas de diorita que lo representan como soberano de Lagash, y que hoy se conservan en su mayoría en el Museo del Louvre, en París. La diorita, una piedra oscura y difícil de esculpir por su dureza, fue importada del golfo Pérsico, probablemente del actual Omán. Las características de este material explicarían la apariencia desproporcionada de estas representaciones de Gudea, que lo muestran con un cuerpo rechoncho y achatado.
Casi no hay constancia de campañas bélicas durante su reinado, pero sí parece que Gudea logró preservar la independencia de su Estado frente a los guti, un pueblo nómada originario de los montes Zagros que durante sesenta años, tras la caída del Imperio acadio, asoló el sur de Mesopotamia. No sabemos si lo logró por simple fortuna o pagándoles un tributo.
Por otro lado, las inscripciones conservadas de su reinado insisten en destacar la preocupación de Gudea por la justicia social. En esos textos se dice que durante el tiempo que duraron las obras del Templo Eninnu –el principal santuario de la ciudad de Girsu, dedicado al dios Ningirsu– reinaron en la ciudad la armonía, la justicia y la misericordia. Consta asimismo que Gudea condonó las deudas a los pobres, se preocupó de la manutención de las viudas y los huérfanos, liberó a los siervos de su servidumbre económica, introdujo nuevos días festivos y celebró diversas fiestas. Reflejen o no estas descripciones la actuación real del soberano, lo que sí es cierto es que Gudea fue el primer gobernador sumerio en subrayar estos asuntos largamente y con detalles que no aparecen después en otros textos.
Pero Gudea destacó sobre todo por su afán constructivo. No es casualidad que, de todos los reyes de Lagash, sólo él fuera representado con los atributos de un arquitecto. Se conservan más de sesenta fragmentos de estelas monumentales e innumerables clavos de fundación –pequeñas esculturas de arcilla o bronce– con textos inscritos que indican que Gudea fue uno de los ensi sumerios que más templos renovó y construyó. Dos de sus inscripciones más prolijas, inscritas en dos grandes cilindros de arcilla (los llamados cilindros A y B), contienen descripciones arquitectónicas únicas y evidencian una terminología constructiva tan técnica que sólo se puede explicar por el gran interés mostrado por Gudea en este tipo de materias.

El gran proyecto de Gudea

Entre las iniciativas de restauración llevadas a cabo por Gudea destaca la del complejo de templos de la ciudad de Girsu. A mediados del III milenio a.C., los reyes de Lagash mantuvieron guerras constantes con el Estado vecino de Umma para hacerse con el control de unas tierras muy extensas y productivas, y durante el conflicto Lugalzagesi de Umma destruyó parcialmente la ciudad sagrada de Girsu. A pesar de que Ur-Baba, predecesor de Gudea, había emprendido labores de renovación y reconstrucción, fue el propio Gudea quien llevó a término la restauración del conjunto.
El sur de Mesopotamia carece de madera y piedra para la construcción, siendo la arcilla la materia prima por excelencia del país
Dentro de este gran complejo, el elemento más importante y el más cuidado por Gudea fue el llamado Eninnu. En las inscripciones se explica el empeño y esfuerzo del rey por conseguir el costoso material de construcción. Hay que tener en cuenta que el sur de Mesopotamia carece de madera y piedra para la construcción, siendo la arcilla la materia prima por excelencia del país. Para erigir y decorar un templo digno de Ningirsu, Gudea importó cedros del Líbano, bojes y enebros de los Zagros y el Tauro, maderas exóticas de países lejanos como Magán, Meluhha y Dilmun, en la India y Omán actuales, así como cobre, plata, oro, alabastro y cornalina.
El Eninnu constaba, según las inscripciones, de hasta 52 monumentos distintos. Albergaba el templo de Ningirsu–el llamado templo Águila Blanca (é-anzu-babbara)– y el de su esposa Baba, el Etarsirsir, término cuyo significado aún se desconoce. Es muy probable que también sus hijos Igalim y Shulshaga tuvieran templos pequeños o cellas en el recinto, que, según los arqueólogos, debió de cubrir una superficie de aproximadamente cinco hectáreas.
Gudea fue sucedido en el trono de Lagash por su hijo Ur-Ningirsu, al que a su vez sucedió su hijo Pirigme. Se cree que luego la ciudad perdió su posición hegemónica, seguramente en beneficio de Uruk, que bajo el rey Utukhegal dominó todo el sur de Mesopotamia y logró la expulsión definitiva de los guti, los «dragones de la montaña», que durante décadas habían planeado como una mortífera amenaza sobre todo el país de Sumer.

Para saber más

Los mesopotámicos. Jean Claude Margueron. Cátedra, Madrid, 2013.
Los diccionarios de las civilizaciones: Mesopotamia. Juan Vivanco (trad.). Electa, Barcelona, 2006.
Himno al templo Eninnu. F. Lara Peinado (editor). Trotta, Madrid, 1996.
NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
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viernes, 28 de junio de 2019

SUMERIOS: NATIONAL GEOGRAPHIC .- Sumer, la primera guerra de la historia

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., ciertamente el ser humano, siempre ha estado en guerra y por intereses económicos, tal es el caso que en el País de Sumer, en 4,500 años atrás; se efectuó el primera guerra entre ciudades-estado sumerias llamadas Lagash y Umma, que duró más de un siglo, con victorias y derrotas sucesivamente.
National Geographic.- narra: ".............Urukagina se sentía acosado. Lagash, su reino, atravesaba por graves dificultades económicas, con una buena parte de su población tan endeudada que no había tenido más remedio que malvenderse a sus acreedores.
Niños y adolescentes eran forzados a abandonar a sus familias para prestar sus servicios en haciendas de extraños, mientras que sus progenitores trabajaban duramente con la certeza de no poder satisfacer más que los intereses de una deuda inmensa: un panorama desolador al que ahora, otra vez, se sumaba la antigua guerra contra la vecina ciudad de Umma. Urukagina, como todos los ciudadanos de Lagash, conocía bien una vieja historia que se había transmitido a través de varias generaciones.
Lagash y Umma eran dos de las principales ciudades-estado del país de Sumer. Estos reinos se organizaban en torno a una gran capital, bajo cuya jurisdicción e influencia se hallaban otras poblaciones junto con sus campos, zonas de pasto y canales de regadío. Las ciudades-estado sumerias se concentraban en el sur de Mesopotamia, allí donde confluyen los ríos Tigris y Éufrates. Se trataba de una región agrícola extraordinariamente productiva, más, incluso, que el Egipto de la época. Algunas zonas eran especialmente codiciadas por su fertilidad, y entre ellas destacaba la gran llanura del Guedenna, la zona fronteriza entre Lagash y Umma, separadas por unos sesenta kilómetros....."


  Situación de las ciudades de la antigua Mesopotamia.

Sumeria (del acadio Šumeru; en sumerio cuneiforme 𒆠𒂗𒂠 ki-en-gi, aproximadamente KI 'tierra, país', EN 'señor', GI cañaveral'1​) es una región histórica de Oriente Medio, parte sur de la antigua Mesopotamia, entre las planicies aluviales de los ríos Éufrates y Tigris. La civilización sumeria está considerada como la primera civilización del mundo. Aunque la procedencia de sus habitantes, los sumerios, es incierta, existen numerosas hipótesis sobre sus orígenes, siendo la más aceptada actualmente la que argumenta que no habría ocurrido ninguna ruptura cultural con el período de Uruk, lo que descartaría factores externos, como podían ser invasiones o migraciones desde otros territorios lejanos.
El término "sumerio" también se aplica a todos los hablantes de la lengua sumeria. En dicha lengua, esta región era denominada Kengi (ki), equivalente al acadio mat Sumeri, esto es, "tierra de Súmer".
https://es.wikipedia.org/wiki/Sumeria
WIKIPEDIA.

https://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/sumer-la-primera-guerra-de-la-historia_6285
Hace 4.500 años, las ciudades sumerias de Lagash y Umma se enfrentaron en una guerra que duró más de un siglo, la primera de la que tenemos testimonios escritos
 

El ejército victorioso
El rey Eannatum de Lagash y sus soldados aparecen en el anverso de la Estela de los Buitres, con la que el monarca conmemoró su victoria sobre Umma. Hacia 2400 a.C.
HERVÉ LEWANDOWSKI / RMN



El casco de un soberano
Hallado en la tumba de Meskalamdug, en el cementerio real de Ur, está hecho de oro. En los orificios que lo bordean debía de ir atado un forro interior de tela. 2400 a.C.
SCALA

Girsu, dominio de Lagash
André Parrot, especialista en el próximo oriente, ante los restos de Girsu.
ALBUM

Eannatum, el victorioso
El rey que mandó grabar la Estela de los Buitres aparece en esta placa votiva, que debía de estar emplazada en el muro de un templo. Hacia 2400 a.C. Museo Británico, Londres.
ERICH LESSING / ALBUM

El testimonio del pasado
El zigurat de Ur (reconstruido en parte) evoca el antiguo esplendor de esta ciudad, pero de las antaño poderosas Umma y Lagash apenas quedan restos.
ACI

El imponente zigurat de Ur
Lugalzagesi, rey de Umma, conquistó Lagash y también Ur. Casi tres siglos después, hacia 2100 a.C., se erigió este edificio en Ur, centro de un floreciente imperio.
NIK WHEELER / ACI

Los dioses de la victoriosa Lagash
Representaciones mitológicas de la Estela de los Buitres, conservada en el Museo del Louvre. Mide 1,80 metros de altura, 1,30 de anchura y 0,11 de espesor.
ERICH LESSING / ALBUM
16 de diciembre de 2016, 14:11

Sumer, la primera guerra de la historia



Gudea de Lagash
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Gudea de Lagash

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Fotografías

Urukagina se sentía acosado. Lagash, su reino, atravesaba por graves dificultades económicas, con una buena parte de su población tan endeudada que no había tenido más remedio que malvenderse a sus acreedores.
Niños y adolescentes eran forzados a abandonar a sus familias para prestar sus servicios en haciendas de extraños, mientras que sus progenitores trabajaban duramente con la certeza de no poder satisfacer más que los intereses de una deuda inmensa: un panorama desolador al que ahora, otra vez, se sumaba la antigua guerra contra la vecina ciudad de Umma. Urukagina, como todos los ciudadanos de Lagash, conocía bien una vieja historia que se había transmitido a través de varias generaciones.
Lagash y Umma eran dos de las principales ciudades-estado del país de Sumer. Estos reinos se organizaban en torno a una gran capital, bajo cuya jurisdicción e influencia se hallaban otras poblaciones junto con sus campos, zonas de pasto y canales de regadío. Las ciudades-estado sumerias se concentraban en el sur de Mesopotamia, allí donde confluyen los ríos Tigris y Éufrates. Se trataba de una región agrícola extraordinariamente productiva, más, incluso, que el Egipto de la época. Algunas zonas eran especialmente codiciadas por su fertilidad, y entre ellas destacaba la gran llanura del Guedenna, la zona fronteriza entre Lagash y Umma, separadas por unos sesenta kilómetros.


Los comienzos de la guerra

La lucha entre estas dos ciudades-estado por el control del Guedenna se remontaba a tiempos muy lejanos. Las historias que desde niño había oído Urukagina, escritas en tablillas de arcilla y en otros objetos depositados en el templo de Ningirsu, el dios tutelar de Lagash, hablaban de un antiquísimo acuerdo por el que Umma podía cultivar parte de los campos del Guedenna a cambio de satisfacer un elevado tributo a Lagash. Esas historias decían que Enlil, la divinidad suprema del panteón sumerio, el padre de todos los dioses, había delimitado la frontera entre Lagash, dominio de Ningirsu, y Umma, el reino del dios Shara, pues era bajo la forma de enfrentamientos entre los dioses como se explicaban entonces los conflictos entre estados.


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Las tumbas perdidas de Omán

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Las antiguas historias afirmaban también que Mesilim, el legendario rey de Kish, había mediado en el conflicto. Siguiendo a su vez la inspiración divina, actuó a modo de árbitro: tras efectuar las correspondientes mediciones, erigió una estela que marcaba la frontera entre las posesiones de ambos dioses.
Los límites fijados por Mesilim fueron respetados hasta los tiempos de Ur-Nanshe, fundador de la I dinastía de Lagash. El poder e influencia que entonces alcanzó Lagash en el sur de Mesopotamia debieron de ser muy considerables, y contra él se alzó la primera alianza de ciudades-estado de la que tenemos noticia. Umma consiguió que se le unieran el reino de Ur y probablemente también Uruk. Según todos los indicios, Lagash derrotó a Umma y capturó a su monarca y a diversos altos oficiales del ejército enemigo. A todos ellos los mató Ur-Nanshe sin piedad y, según sus propias palabras, «elevó túmulos funerarios» con sus cadáveres. Pero la derrota de la coalición no fue completa: nada dice Ur-Nanshe en sus inscripciones de la captura del rey de Ur, por lo que es de suponer que éste no sufrió una derrota fatal como la del soberano de Umma.

Eannatum, el hijo de los dioses

A pesar de su fracaso, Umma no tardó en rehacerse. Recuperada de su humillación, y bajo el liderazgo de un nuevo rey, Ush, invadió la llanura del Guedenna y se apoderó de sus campos. La ocupación sólo terminó cuando Eannatum I subió al trono de Lagash. Las proezas bélicas de este rey nos han llegado sobre todo a través de una importante inscripción: la Estela de los Buitres. En ella se narra la historia del enfrentamiento entre ambas ciudades y se explica en clave religiosa cómo el nuevo soberano de Lagash recuperó la fértil llanura. Según cuenta la Estela, Ningirsu, el dios de Lagash, enfadado por la hostilidad de Umma, engendró al gigante Eannatum, a quien amamantó la diosa Ninurshag. Una noche, al hacerse mayor, Eannatum soñó con el dios Ningirsu, quien le anunció una victoria segura sobre su secular enemigo, asegurándole que «millares de cadáveres enemigos alcanzarían la base del cielo». Estimulado por esta visión, Eannatum se enfrentó al rey de Umma en dos batallas consecutivas y, aunque fue herido durante la contienda –recibió un flechazo–, logró derrotar a su contrincante, restablecer el honor de Lagash y recuperar la llanura en litigio. Como había hecho Ur-Nanshe años atrás, amontonó los cuerpos de los vencidos formando una veintena de túmulos, sobrecogedor testimonio de su triunfo.


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Esta vez, no obstante, el soberano enemigo no murió en el campo de batalla: fue hecho prisionero y obligado a pronunciar una serie de humillantes juramentos ante varios dioses. El vencido rey de Umma se comprometía a usar los campos de la llanura sólo a cambio de entregar el correspondiente tributo de grano en concepto de arrendamiento; tendría, además, que respetar la frontera establecida, señalada por estelas que marcaban los límites, y no podría desviar el curso de los canales de irrigación. En conmemoración de tan brillante victoria, Eannatum erigió la Estela de los Buitres. El monarca no sólo venció a Umma y recuperó el Guedenna, sino que además extendió su autoridad e influencia por toda Sumer, hasta llegar a tierras muy lejanas. Con él, Lagash se convirtió en una gran potencia, temida y respetada en los países surcados por el Tigris y el Éufrates.

La venganza de Umma

Eannatum fue sucedido por su hermano Enannatum I, y con él regresaron los problemas. El soberano de Umma, lejos de cumplir con el juramento realizado ante los dioses, rehusó pagar los tributos debidos a Lagash por el uso del Guedenna, hasta el punto de adeudar una exorbitante cantidad de grano. Y no sólo eso. Según se refiere en una tablilla, privó de agua los canales, arrancó y quemó las estelas que señalaban la frontera y destruyó santuarios de los dioses de Lagash. Enannatum no tuvo más remedio que enfrentarse a Umma, pero esta vez las cosas no terminaron bien para el rey de Lagash: Enannatum fue herido, quizás incluso mortalmente, y tuvo que ser su hijo Enmetena quien derrotara y matara finalmente al monarca enemigo.
En los años siguientes, mientras Lagash y Umma dedicaban su atención al conflicto que las oponía, fue creciendo un nuevo poder: el reino de Uruk. Al tiempo que esta potencia emergente consolidaba su autoridad y estrechaba lazos con Umma, la I dinastía de Lagash tocaba a su fin. A Urukagina (o Uruinimgina), su último soberano, lo precedieron reyes que habían roto la sucesión dinástica, que descansaba en los lazos de sangre; él mismo había subido al trono de forma ilegítima.

El final de los abusos

La posición de Urukagina no era envidiable. A la crisis dinástica y los problemas con Umma y sus aliados se añadía una situación social explosiva, con una población endeudada y empobrecida. A ello respondió el monarca con la promulgación de una serie de medidas que, con toda justicia, han de ser consideradas como el primer edicto de reforma social de la historia. Por una parte, decretó una serie de medidas administrativas para poner coto a los abusos de poder cometidos por la familia real y por sus funcionarios sobre la población o los sacerdotes; por otra parte, proclamó la condonación de deudas para todos los ciudadanos privados de libertad por esa causa.
En realidad, las reformas de Urukagina no fueron sino el último intento por conservar un modelo político y social, el de la ciudad-estado, que se desintegraba irremisiblemente. La existencia de redes comerciales que cada vez abarcaban mayores territorios, así como la interdependencia creciente de todos los sistemas de irrigación vinculados a los ríos Tigris y Éufrates, requerían la colaboración entre comunidades y la concentración de fuerzas. Fue así como Uruk y Umma encontraron en Lugalzagesi al caudillo que tanto temía Urukagina. A pesar de su resistencia, Lugalzagesi invadió finalmente Lagash, destruyó sus santuarios y arrasó buena parte de su territorio. Las imprecaciones que contra él lanzó Urukagina fueron vanas: «¡El hombre de Umma, puesto que ha destruido Lagash, ha pecado contra Ningirsu! La mano que ha llevado contra él será cortada». Urukagina fue derrotado y, aunque sobrevivió al ataque, vio reducido su reino a los confines de la ciudad de Girsu. Por su parte, Lugalzagesi, maldecido por Urukagina, no tardó en encontrar también su final. Cuando estaba en la cumbre de su poder y era dueño de Ur, Larsa, Umma, Nippur y Lagash, controlando de este modo todo el país de Sumer, se alzó frente a él un hombre aún más poderoso: Sargón, señor de Acad. Lugalzagesi, derrotado por las tropas del soberano acadio, fue exhibido desnudo y atado a las puertas del templo de Enlil, certificando con ello el final de la época gloriosa de la ciudad-estado y el advenimiento de un mundo nuevo, el de los imperios, que tuvo en Sargón a su primer abanderado.
PARA SABER MÁS
La Mesopotamia arcaica. Nicholas Postgate. Akal, Madrid, 1999.
La ley más antigua: textos legales sumerios. Manuel Molina. Trotta, 2000.
El arqueólogo. Martí Gironell. Suma de Letras, Madrid, 2011.
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Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

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