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miércoles, 17 de noviembre de 2021

CAMBIO CLIMÁTICO : Las nociones científicas sobre el cambio climático que todos deberíamos conocer, en seis gráficos

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., los líderes mundiales se reunieron en Glasgow, Escocia, en la Cumbre del Cambio Climático de las Naciones Unidas COP26, conocida como la Cumbre del Clima. 26a Conferencia de las Partes de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26) en Glasgow del 31 de octubre al 13 de noviembre de 2021. que ya culminó sin acuerdos de cumplimientos de las naciones, con efectos vinculantes; esa bueno saber este importante estudio elaborado por el reportaje de la Revista National Geographic, nos brinda que les invito a leer........


Las emisiones excesivas de este gas incoloro, inodoro y compuesto por oxígeno y carbono son una de las principales causas del calentamiento global. Un problema causado por la actividad humana y agravado por la larga pervivencia del CO2 en la atmósfera. Ante la amenaza de una escala sin precedentes, se plantea el almacenamiento subterráneo.
https://www.bbva.com/es/sostenibilidad/que-es-el-dioxido-de-carbono-co2-y-como-impacta-en-el-planeta/



En este contexto, reducir la emisión del gas es un reto que llevará tiempo y se hará de forma escalonada. No existen recetas mágicas, solo constancia. El dióxido de carbono convive con la civilización humana desde hace miles de años. Durante todo este tiempo, el balance energético terrestre ha estado equilibrado, los mecanismos de captación de CO2 vía fotosíntesis y los procesos de respiración de los seres vivos han mantenido esta armonía. Pero se ha perdido el equilibrio.
https://www.bbva.com/es/sostenibilidad/que-es-el-dioxido-de-carbono-co2-y-como-impacta-en-el-planeta/

La degradación del aire y del suelo
En cuanto a la contaminación del aire, también, el principal problema es que se altera su composición, de modo que lo que respiramos deja de ser, en esencia, lo más saludable para mantener el óptimo estado de nuestro cuerpo. Los principales detonantes son la extracción de hidrocarburos fósiles (sobre todo, petróleo, gas natural y carbón), la posterior combustión de estos combustibles en los medios de transporte y en las industrias, la quema de los bosques (en especial, los tropicales) y el auge del sector ganadero, que provoca una cría indiscriminada de ganado bovino cuyo proceso digestivo provoca la degradación del aire.


Hoy vamos a hablar de un gas que se ha vuelto muy famoso conocido como dióxido de carbono. Se trata de un gas de efecto invernadero que tiene capacidad para retener calor en la atmósfera. Aunque la gente ha demonizado a este gas con el aumento del efecto invernadero y los efectos del cambio climático, este gas es imprescindible para la vida. Tan sólo decir que si este gas no existiera, las plantas no podrían realizar la fotosíntesis y, por lo tanto, no tendríamos oxígeno que respirar.

En un momento en que la cumbre del clima de Naciones Unidas en Escocia (COP26) está poniendo el foco en las políticas sobre el cambio climático y el impacto del calentamiento global, resulta especialmente útil entender lo que la ciencia ha demostrado hasta ahora.


La Estación Espacial Internacional orbitando sobre el río Amazonas.

Foto: iStock
Para entender qué está provocando el cambio climático, el tema clave de las negociaciones de la COP26 es el dióxido de carbono. Este gas de efecto invernadero se libera con la quema de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas natural), pero también como consecuencia de los incendios forestales, de los cambios de uso del suelo o bien generado por fuentes de origen natural.

La Segunda Revolución Industrial, iniciada finales del siglo XIX, provocó un enorme aumento de la quema de combustibles fósiles. Esto permitió dotar de energía a hogares e industrias, e inauguró la era de los transportes globales. En ese mismo siglo, los científicos ya detectaron la capacidad del dióxido de carbono para incrementar las temperaturas globales, lo que en su momento se pensó podría incluso tener consecuencias positivas para el planeta.

A mediados del siglo XX empezaron a realizarse mediciones sistemáticas. Desde entonces estas han reflejado un aumento constante de los niveles de dióxido de carbono, algo que en su mayor parte se puede achacar directamente a la quema de combustibles fósiles.


Estos aumentos anuales se suman. La concentración de CO2 actual es de unas 415 ppm, frente a las 280 de antes de la era industrial.

Foto: The Conversation / NOAA Global Monitoring Lab

Una vez que alcanza la atmósfera, el dióxido de carbono tiende a permanecer allí durante mucho tiempo. Una parte del CO₂ producido por la actividad humana es capturado por las plantas, y otra parte es directamente absorbida por los océanos. Sin embargo, cerca de la mitad de este gas queda atrapado en la atmósfera, donde es probable que permanezca durante cientos de años, y desde donde ejerce su influencia en el clima global.

En 2020, durante el primer año de la pandemia del coronavirus, cuando bajó el uso del coche privado y algunas industrias detuvieron brevemente su actividad, las emisiones de dióxido de carbono procedentes de la quema de combustibles se redujeron en torno al 6%. Pero esto no implicó una reducción de la concentración de dióxido de carbono, pues la cantidad liberada a la atmósfera por la actividad humana seguía excediendo con creces lo que la atmósfera podía absorber de forma natural.

Si la civilización dejara hoy de emitir dióxido de carbono, aún se necesitarían varios cientos de años para que el volumen de dicho gas en la atmósfera se redujera de forma natural y el ciclo del carbono del planeta volviera a alcanzar el equilibrio debido a la persistencia del CO₂ en la atmósfera.


Medido en partes por millón.

Foto: The Conversation / Pieter Tans

¿Cómo sabemos que los gases de efecto invernadero pueden cambiar el clima?

Numerosas evidencias científicas apuntan a que el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero producidas durante el último siglo y medio han supuesto el factor fundamental del cambio climático a largo plazo en todo el mundo. Por ejemplo:

  • ° Las mediciones de laboratorio realizadas desde el siglo XIX han demostrado y cuantificado en múltiples ocasiones las propiedades de absorción del dióxido de carbono, que hacen que pueda retener el calor en la atmósfera.
  • ° Los modelos simples que toman como referencia el calentamiento del planeta provocado por el dióxido de carbono atrapado en la atmósfera certifican que dicho aumento de temperaturas sigue una cronología histórica.
  • ° Los modelos climáticos complejos, cuyos precursores han sido recientemente galardonados con el premio Nobel de Física, no solo muestran el calentamiento global general producido por el aumento de emisiones de gases de efecto invernadero, sino que además ofrecen información detallada sobre aquellas zonas donde el peligro es mayor.

  • La evidencia científica demuestra que, cuando los niveles de dióxido de carbono han sido altos, también lo han sido las temperaturas.

    Foto: Tabla elaborada a partir de los datos de Salawitch et al. actualizados a 2020
  • ° Los registros a largo plazo que suponen los testigos de hielo, los anillos de los árboles y los corales muestran que cuando los niveles de dióxido de carbono han sido altos, también lo han sido las temperaturas.
  • ° Nuestros planetas vecinos también nos ofrecen evidencias científicas. La atmósfera de Venus posee una gran cantidad de dióxido de carbono y en consecuencia es el planeta que presenta mayores temperaturas de nuestro sistema solar. Y eso a pesar de que Mercurio se encuentra más próximo al Sol.
  • Las temperaturas están subiendo en todos los continentes

    El aumento de las temperaturas resulta evidente en los registros de todos los continentes y también en los océanos. Sin embargo, las temperaturas no están subiendo con la misma intensidad en todos los sitios. Hay numerosos factores que condicionan las temperaturas de cada región, como por ejemplo los usos del suelo, que influyen en la cantidad de radiación solar absorbida o reflejada, las fuentes de calor concretas como las islas de calor urbanas, o los niveles de contaminación.

    En el Ártico, por ejemplo, el ritmo de aumento de las temperaturas es tres veces superior a la media de la Tierra. En parte, es porque, a medida que se calienta el planeta, la nieve y el hielo se van derritiendo y hacen que la superficie terrestre tenga una mayor tendencia a absorber (en lugar de reflejar) la radiación solar. Como consecuencia de ello, tantola capa de nieve como los mares congelados se están reduciendo a mayor velocidad.


  • La línea de base es la media de 1910-2000.

    Foto: The Conversation / NOAA

    ¿Qué le está haciendo el cambio climático al planeta?

    El sistema del clima de la Tierra es complejo y está interconectado, por lo que incluso pequeñas variaciones de temperatura puede tener un gran impacto (por ejemplo, en la capa de nieve o en el nivel del mar).

    Los cambios ya están ocurriendo. Hay estudios que muestran cómo el aumento de las temperaturas ya está teniendo un impacto en las precipitaciones, en los glaciares, en los patrones del tiempo atmosférico así como en la incidencia de los ciclones tropicales y de las grandes tormentas. Numerosos trabajos muestran, por ejemplo, que el aumento de la frecuencia, intensidad y duración de las olas de calor afectan a los ecosistemas, a la salud humana y a actividades como el comercio o la agricultura.

    Los registros históricos del nivel de los océanos han mostrado aumentos casi siempre crecientes a lo largo de los últimos 150 años. Esto se ha producido de forma simultánea al retroceso de los glaciares y al incremento general de las temperaturas, que han hecho aumentar la cantidad de agua en los océanos con algunas desviaciones locales, pues algunos terrenos han quedado sumergidos y otros han surgido sobre el nivel del mar.


En metros respecto a la media local de 1961-1979 de cada lugar.

Foto: The Conversation / Permanent Service for Mean Sea Level

Aunque es cierto que los fenómenos climáticos extremos tienen su origen en conjuntos complejos de causas, algunas de estas se ven exacerbadas por el cambio climático. De la misma forma en que las inundaciones costeras pueden ir a peor por el aumento del nivel de los océanos, las olas de calor pueden ser más complejas de gestionar si aumentan las temperaturas medias.

Los científicos climáticos trabajan duro para evaluar los cambios que se producirán como consecuencia tanto del incremento de las emisiones de dióxido de carbono y debido a otras alteraciones esperables, como por ejemplo el aumento de la población global. Está claro que las temperaturas subirán y que también variarán los patrones de las precipitaciones, pero la magnitud exacta de estos cambios dependerá de numerosos factores interrelacionados.


Basado en el SSP3-7.0, un escenario de altas emisiones.

Foto: Claudia Tebaldi, et al., 2021

Algunas razones para la esperanza

Afortunadamente, los métodos de investigación científica están mejorando nuestro conocimiento sobre el clima y sobre el complejo ecosistema general de nuestro planeta, con lo que se están identificando las zonas más vulnerables y se están pudiendo coordinar esfuerzos para reducir los catalizadores del cambio climático.

Los esfuerzos que se están realizando en energías renovables, en fuentes de energía alternativas y en mecanismos para capturar el carbono que las industrias expulsan a la atmósfera ofrecen nuevas opciones a unas sociedades ahora mejor preparadas para este reto.

Al mismo tiempo, las personas están aprendiendo a reducir su impacto climático individual, pues cada vez existe un conocimiento mayor sobre el hecho de que es necesario un esfuerzo global coordinado para lograr impactos significativos. La utilización de vehículos eléctricos y de energías solar y eólica está aumentando hasta alcanzar niveles antes impensables. Y cada vez hay más personas dispuestas a cambiar los modos tradicionales de hacer las cosas para lograr una mayor eficiencia energética, un consumo más sostenible y para consolidar la alternativa de las energías renovables.

Los científicos defienden con pruebas cada vez más sólidas que abandonar el uso de combustibles fósiles tiene ventajas adicionales como una mejor calidad del aire, lo que tiene consecuencias positivas tanto para la salud humana como para la de los ecosistemas.

Mapas de cómo subirán las temperaturas en el planeta debido al cambio climático

MÁS INFORMACIÓN

ASÍ SUBIRÁN LAS TEMPERATURAS DEL PLANETA

*Betsy Weatherhead es científica atmosférica en la Universidad de Colorado Boulder. Esta nota apareció originalmente en The Conversation y se publica aquí bajo una licencia de Creative Commons.

NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

lunes, 3 de julio de 2017

NATIONAL GEOGRAPHIC : MEDIO AMBIENTE .- Las olas de calor serán mortales para la mayor parte de la humanidad en el año 2100

http://www.nationalgeographic.es/medio-ambiente/2017/06/las-olas-de-calor-seran-mortales-para-la-mayor-parte-de-la-humanidad-en-el

Un nuevo estudio advierte de que hasta un 75 por ciento de los habitantes del planeta podrían enfrentarse a olas de calor mortales para el año 2100, a no ser que las emisiones de carbono disminuyan. Martes, 20 Junio                             


En esta fotografía del 4 de junio de 2017, los paquistaníes se bañan en un canal para luchar contra el calor y aliviar el tiempo extremadamente caliente durante el octavo día del Ramadán. Se han registrado máximas de 47 grados en Lahore, Pakistán.
Un nuevo estudio ha descubierto que el 30 por ciento de la población del mundo se encuentra expuesta actualmente a un calor potencialmente mortal durante 20 días al año o más, a medida que el cambio climático expande estas temperaturas extremas como si de un incendio forestal se tratara. a vuelo

Sin grandes reducciones en las emisiones de gases de efecto invernadero como el CO2, hasta tres de cada cuatro personas podrían morir por el calor para el año 2100. Sin embargo, incluso con reducciones, una de cada dos personas a finales de siglo probablemente tendrá que enfrentarse a al menos 20 días de calor extremo que puede resultar mortal, según el análisis publicado el pasado lunes en Nature Climate Change.

«Las olas de calor mortales son muy comunes. No sé por qué como sociedad no estamos más preocupados por los peligros», afirma Camilo Mora, de la Universidad de Hawái en Manoa, el autor principal del estudio. «La ola de calor europea de 2003 mató a aproximadamente 70.000 personas. Eso es más de 20 veces el número de personas que murieron en los ataques del 11S».

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Las olas de calor peligrosas son mucho más comunes de lo que nadie se esperaba y resultan mortales para personas en 60 partes diferentes del mundo cada año. Entre las olas de calor especialmente mortales se encuentran la de 2010 en Moscú, durante la que murieron al menos 10.000 personas y la ola de calor de Chicago en 1995, en la que fallecieron 700 personas por causas relacionadas con el calor.

Las olas de calor también se han cobrado víctimas más recientemente. En las últimas dos semanas, docenas de personas han muerto en la India y Pakistán debido a la ola de calor, con temperaturas que han alcanzado un récord de 53,5 grados Celsius. También se han producido fallecimientos relacionados con el calor en Estados Unidos este verano.

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Cada vez más víctimas

Mora y un grupo internacional de investigadores y estudiantes examinaron más de 30.000 publicaciones relevantes para encontrar datos sobre 1.949 estudios caso de ciudades o regiones en las que las bajas humanas se asociaban a las altas temperaturas. Las olas de calor letales se han documentado en la ciudad de Nueva York, Washington D.C.,  Los Ángeles, Chicago, Toronto, Londres, Pekín, Tokio, Sídney y São Paulo.

Aquellos en mayor riesgo viven en los trópicos húmedos, donde solo ligeros aumentos de las temperaturas o de la humedad pueden resultar en fallecimientos. Sin embargo, el calor puede resultar mortal incluso con temperaturas moderadas de menos de 30 grados Celsius si se combinan con un alto grado de humedad, según Mora.

El calor mata diez veces más personas en Estados Unidos que los tornados u otros fenómenos meteorológicos extremos, según Richard Keller, profesor de historia médica en la Universidad de Wisconsin-Madison.

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El calor extremo nos sorprende porque esperamos que haga calor en verano, explica Keller, quien escribió un libro acerca de la ola de calor europea de 2003.

La temperatura interna ideal del cuerpo humano se encuentra entre 37 y 38 grados Celsius; si sube, es fiebre. A medida que suben las temperaturas, el cuerpo reacciona sudando para intentar enfriarse.

Si nuestra temperatura interna se acerca a los 40 grados Celsius, todos los mecanismos celulares principales empiezan a fallar. Las temperaturas corporales por encima de los 40 grados son extremadamente peligrosas y requieren atención médicainmediata.

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Si la temperatura de bochorno —un índice que combina la temperatura y la humedad— alcanza los 40 grados Celsius, nuestros cuerpos comienzan a calentarse lentamente por la temperatura ambiente a no ser que tomemos medidas para refrescarnos.

En esta fotografía del 9 de agosto de 2010, la gente descansa en la plaza Manezhaya justo frente al Kremlin, en Moscú, Rusia. En 2010, la capital rusa se vio inmersa en nubes de humo tóxico procedente de incendios incontrolados y una ola de calor sofocante que mató a unas 55.000 personas en toda Rusia occidental.
Los más jóvenes y los más ancianos, a quienes les falta recursos de manera desproporcionada y están más aislados socialmente, son los más vulnerables. La gran mayoría de los 15.000 fallecimientos relacionados con el calor en Francia durante la ola de calor de 2003 en Europa fueron de personas de 75 años o más, muchas de las cuales vivían solas, según Keller.
«La desigualdad creciente lleva a un incremento de las muertes por causa del calor extremo», explica Keller.

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El calentamiento del sur

El calor no solía ser uno de los grandes problemas de la India, Pakistán u otras partes del Sur, sin embargo, las temperaturas extremas son ahora más comunes e intensas debido al cambio climático, según Keller.

Miles de personas han fallecido en la India debido a las olas de calor en los últimos años. Otro estudio reciente publicado en Science Advances había descubierto que el número de olas de calor en la India que habían matado a más de 100 personas había incrementado 2,5 veces más entre 1960 y 2009, un aumento que probablemente se debe al cambio climático según Steven Davis, coautor del estudio y profesor de la Universidad de California, Irvine.

Pese a todo, la temperatura media de la India solo ha subido unos 0,5 grados Celsiusen los últimos 50 años, un incremento leve en comparación a otras partes del mundo.

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Las mediciones de temperatura en superficie muestran que la Tierra se ha calentado 1 grado Celsius desde la era preindustrial, pero este calor adicional no se encuentra distribuido de forma equitativa. La temperatura en el Ártico ha subido de mediaunos 2,5 grados, y en noviembre de 2016, las temperaturas llegaron a unos niveles extraordinarios de 20 grados Celsius por encima de lo normal en la mayor parte del océano Ártico, un área superior a la parte continental de Estados Unidos.

Los pequeños incrementos en temperaturas medias podrían tener un impacto importante en los países tropicales, especialmente entre las personas pobres, quienes son extremadamente vulnerables, según señala Davis.

«En Chicago, la gente puede huir del calor, pero ese no es el caso para mucha gente pobre de la India», dice él.

Las mediciones de temperatura revelan que los veranos en el 92 por ciento de las ciudades estadounidenses son cada vez más cálidos desde 1970. Las ciudades en Texas y la región oeste de los Estados Unidos situada entre las Rocosas y la cordillera de las Cascadas son las más afectadas, según los datos recopilados por ClimateCentral. Estos muestran que los veranos en Milwaukee son actualmente 1,34 grados más cálidos de media, 1,6 grados más cálidos en Dallas y 2,1 grados más cálidos en Salt Lake City.

«Esto es lo que significa el cambio climático sobre el terreno», explica Davis. Tampoco resulta sorprendente que se produzcan unas 60 olas de calor mortales cada año, añade. Las temperaturas más cálidas están obligando a las personas a dejar sus hogares y migrar.

«Nuestra actitud hacia el medio ambiente ha sido tan imprudente que nos estamos quedando sin elecciones buenas para el futuro», explica Mora, de la Universidad de Hawái.

«Para las olas de calor, nuestras opciones son o bien malas o bien horribles», añade él. «Mucha gente de todo el mundo está pagando el elevado precio de las olas de calor».
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NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

NATIONAL GEOGRAPHIC : MEDIO AMBIENTE .- ¿Qué es el calentamiento global?

http://www.nationalgeographic.es/medio-ambiente/que-es-el-calentamiento-global#
http://www.nationalgeographic.es/medio-ambiente/2017/04/la-antartida-esta-cubierta-de-mas-agua-de-deshielo-de-la-que-pensábamos

  Por Redacción National Geographic
5 de septiembre de 2010
Los glaciares se están derritiendo, el nivel del mar aumenta, las selvas se están secando y la fauna y la flora lucha para seguir este ritmo. Cada vez es más evidente que los humanos han causado la mayor parte del calentamiento del siglo pasado, mediante la emisión de gases que retienen el calor, para potenciar nuestra vida moderna. Llamamos gases de invernadero y sus niveles son cada vez más altos, ahora y en los últimos 65.000 años.
 
Llamamos al resultado calentamiento global pero está provocando una serie de cambios en el clima de la Tierra o patrones meteorológicos a largo plazo que varían según el lugar. Conforme la Tierra gira cada día, este nuevo calor gira a su vez recogiendo la humedad de los océanos, aumentando aquí y asentándose allá. Está cambiando el ritmo del clima al que todos los seres vivos nos hemos acostumbrado.
 
¿Qué haremos para ralentizar este calentamiento? ¿Cómo vamos a sobrellevar los cambios que ya hemos puesto en marcha? Mientras intentamos entenderlo, la faz de la Tierra tal y como la conocemos, sus costas, bosques, haciendas y montañas nevadas están en vilo.
 
Efecto invernadero
El “efecto invernadero” es el calentamiento que se produce cuando ciertos gases de la atmósfera de la Tierra retienen el calor. Estos gases dejan pasar la luz pero mantienen el calor como las paredes de cristal de un invernadero.

En primer lugar, la luz solar brilla en la superficie terrestre, donde es absorbida y, a continuación, vuelve a la atmósfera en forma de calor. En la atmósfera, los gases de invernadero retienen parte de este calor y el resto se escapa al espacio. Cuantos más gases de invernadero, más calor es retenido.

Los científicos conocen el efecto invernadero desde 1824, cuando Joseph Fourier calculó que la Tierra sería más fría si no hubiera atmósfera. Este efecto invernadero es lo que hace que el clima en la Tierra sea apto para la vida. Sin él, la superficie de la Tierra sería unos 60 grados Fahrenheit más fría. En 1895, el químico suizo Svante Arrhenius descubrió que los humanos podrían aumentar el efecto invernadero produciendo dióxido de carbono, un gas de invernadero. Inició 100 años de investigación climática que nos ha proporcionado una sofisticada comprensión del calentamiento global.

Los niveles de gases de efecto invernadero (GEI) han aumentado y descendido durante la historia de la Tierra pero han sido bastante constantes durante los últimos miles de años. Las temperaturas medias globales se han mantenido bastante constantes también durante este periodo de tiempo hasta hace poco. A través de la combustión de combustibles fósiles y otras emisiones de GEI, los humanos están aumentando el efecto invernadero y calentando la Tierra.

Los científicos a menudo utilizan el término “cambio climático” en lugar de calentamiento global. Esto es porque, dado que la temperatura media de la Tierra aumenta, los vientos y las corrientes oceánicas mueven el calor alrededor del globo de modo que pueden enfriar algunas zonas, calentar otras y cambiar la cantidad de lluvia y de nieve que cae. Como resultado, el clima cambia de manera diferente en diferentes áreas.

¿No son naturales los cambios de temperatura?
La temperatura media global y las concentraciones de dióxido de carbono (uno de los principales gases de invernadero) han fluctuado en un ciclo de cientos de miles de años conforme ha ido variando la posición de la Tierra respecto del sol. Como resultado, se han producido las diferentes edades de hielo.

Sin embargo, durante miles de años, las emisiones de GEI a la atmósfera se han compensado por los GEI que se absorben de forma natural. Por lo tanto, las concentraciones de GEI y la temperatura han sido bastante estables. Esta estabilidad ha permitido que la civilización humana se haya desarrollado en un clima consistente.

En ocasiones, otros factores tienen una influencia breve sobre la temperatura global. Las erupciones volcánicas, por ejemplo, emiten partículas que enfrían temporalmente la superficie de la Tierra. No obstante, éstas no tienen un efecto que dure más de unos cuantos años. Otros ciclos, como El Niño, también se producen de manera breve y en ciclos predecibles.

Ahora los humanos han aumentado la cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera más de un tercio desde la revolución industrial. Estos cambios tan significativos se han producido históricamente en el trascurso de miles de años pero ahora se producen en tan solo unas décadas.

¿Por qué es preocupante?
El rápido aumento de los gases de invernadero es un problema porque está cambiando el clima tan rápido que algunos seres vivos no pueden adaptarse. Igualmente, un clima nuevo y más impredecible impone desafíos únicos para todo tipo de vida.

Históricamente, el clima de la Tierra ha oscilado entre temperaturas como las que tenemos en la actualidad y temperaturas tan frías que grandes capas de hielo cubrían la mayor parte de Norteamérica y Europa. La diferencia entre las temperaturas globales medias y durante las edades de hielo tan solo es de 9 grados Fahrenheit y estas oscilaciones se produjeron lentamente, durante el trascurso de cientos de miles de años.

En la actualidad, con las concentraciones de gases de invernadero aumentando, las capas de hielo que permanecen en la Tierra (como Groenlandia y la Antártida) también comienzan a derretirse. Esta agua sobrante podría hacer que aumente considerablemente el nivel del mar.

Conforme sube el mercurio, el clima puede cambiar de forma inesperada. Además del aumento del nivel del mar, las condiciones meteorológicas pueden pasar a ser más extremas. Esto implica tormentas mayores y más intensas, más lluvia seguida de sequías más prolongadas e intensas (un desafío para los cultivos), cambios en los ámbitos en los que pueden vivir los animales y pérdida del suministro de agua que históricamente provenía de los glaciares.

Los científicos ya están observando que algunos de estos cambios ocurren más rápido de lo que esperaban. Según el Grupo Intergubernamental de Expertos para el Cambio Climático, once de los doce años más calurosos desde que se tienen registros se produjeron entre 1995 y 2006.

De hecho, el año 2015 fue el año más cálido desde que existen registros, que arrancaron en 1880. Así lo corroboró la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) y la NASA en su informe anual. Además, el mes de diciembre de 2015 fue el más cálido de los últimos 136 años.

Durante el pasado año la "temperatura promedio global" de las superficies terrestre y oceánica estuvo 0,9 grados Celsius por encima del promedio del siglo XX, alcanzando los 13,9 grados centígrados. Aún más, diez de los doce meses de 2015 registraron temperaturas récord.

La mayor parte del calentamiento global se ha dado en los últimos 35 años, coincidiendo con el aumento de la emisión de gases de efecto invernadero por parte del hombre, según ha señalado la NASA.
 

La Antártida está cubierta de más agua de deshielo de la que pensábamos

Aunque las implicaciones del aumento del nivel del mar no están del todo claras, un nuevo estudio podría ayudar a los científicos a entender mejor los efectos del clima sobre el continente.
      Viernes, 21 Abril
 
 
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Una red sorprendentemente vasta de canales atraviesa las plataformas de hielo de la Antártida, las lenguas flotantes de hielo que emanan de las costas del continente.

Se ha tenido conocimiento durante décadas que las inundaciones estacionales por causa del agua del deshielo se dan en todo el continente, como parte del ciclo natural de la Antártida. Pero ahora, los científicos las han catalogado de forma sistemática, revelando que son mayores de lo que ellos mismos pensaban.

En algunos casos, estos sistemas alcanzan niveles difíciles de comprender. Por una parte, la barrera de hielo Amery, de la Antártida oriental, tiene torrentes que transportan el agua del deshielo hasta 120 kilómetros, lo que alimenta las lagunas sobre la superficie de la plataforma de hielo que pueden llegar a medir 80 kilómetros de largo. La superficie de su laguna más grande puede crecer en un solo día el equivalente a 400 campos de fútbol gracias a este drenaje.

Los hallazgos, publicados el miércoles en la revista Nature, aportan una información vital sobre el agua de deshielo de la Antártida. El modelo general era que esta simplemente se acumulaba allí donde se derretía. Sin embargo, es todavía pronto para afirmar si estos sistemas de agua de deshielo, un total de 700, contribuyen o perjudican al equilibrio de las plataformas de hielo del continente. Esta es una pregunta arriesgada, debido al papel potencial que juegan estas plataformas en el aumento del nivel del mar.

Para saber más: Efectos del cambio climático en la Antártida

La descomposición de una capa de hielo no afecta directamente al nivel del mar: por naturaleza, una plataforma de hielo ya se encuentra flotando sobre el agua. Sin embargo, el climatólogo de la Universidad de Massachusetts-Amherst Rob DeConto señaló que algunas de estas capas de hielo actúan como muros de contención, impidiendo que las capas de hielo que se encuentran tras ellas se desplacen hacia el mar. La pérdida de dichas plataformas de hielo aceleraría el flujo del hielo de la tierra al agua, convirtiéndose en un grifo que elevaría el nivel del mar.

«Sería como si un portero dejase entrar a oleadas [de gente] en un concierto o en un bar», añade la coautora del estudio Robin Bell, glacióloga en el Observatorio terrestre Lamont-Doherty, de la Universidad de Columbia. «De algún modo actúan como guardianes: si las quitas, habrá más hielo en el océano».

El agua de deshielo puede amenazar la estabilidad de las plataformas de hielo cargándolas de peso y ampliando sus grietas internas. En los días previos la repentina desintegración de la barrera de hielo Larsen en 2002, por ejemplo, las lagunas de agua de deshielo cubrieron su superficie y ejercieron presión. Otra parte de la misma barrera de hielo, Larsen C, podría ceder en cuestión de semanas o meses.

En uno de sus dos recientes estudios, Bell y su coautor Jonathan Kingslake advierten de que el drenaje a gran escala podría intensificar la amenaza que supone el agua de deshielo, ya que permite que este agua se desplace de forma más efectiva, especialmente si el cambio climático continúa a un ritmo tan rápido.

«Esto es importante, ya que la cantidad de agua de deshielo que se forma en un lugar dado no ocurre simplemente en función de la cantidad de agua derretida; también tiene que ver con el hecho de que el agua se desplaza hacia dentro durante largas distancias», explica Kingslake, quien también es glaciólogo en el Observatorio terrestre Lamont-Doherty.

Por otra parte, el segundo estudio de Bell y Kingslakesugiere que estas redes fluviales podrían estar manteniendo la estabilidadde al menos una barrera de hielo, drenando de manera eficiente el agua de deshielo de la superficie de la misma.

En la parte más baja del continente, según Bell, este curso fluvial podría transportar tanta agua como el río Potomac en Estados Unidos.
Sigue leyendo: La Antártida recupera su hielo
Un avión de la Operación IceBridge de la NASA observa más hielo en las aguas de las costas de la Antártida occidental.

Tierra (todavía) desconocida

Bell añade que este tipo de estudio de todo un continente ha sido posible gracias a décadas de datos de imágenes por satélite tomadas por un avión militar. Para su análisis de la barrera de hielo Nansen, Bell empleó revistas de hace siglos sobre el Equipo Norte, un contingente de la desafortunada expedición Terra Nova de Sir Robert Scott, que no se arriesgó a visitar el Polo Norte.

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«Tomaron muchas medidas preventivas, pero después se quedaron atrapados y tuvieron que pasar el invierno en una cueva. Eso es todo lo que [la gente] recuerda sobre ellos», afirma Bell. «Poder utilizar la ciencia de estas personas y darles el crédito que se merecen por lo que hicieron... me hace muy feliz».

Sin embargo, Bell y Kingslake, al igual que otros expertos, ponen énfasis sobre el hecho de que hay mucho que desconocemos sobre la Antártida, un lugar imponente para los científicos y su instrumental a partes iguales.

«Nos encontramos en una situación en la que tenemosuna capa de hielo que podría añadir aproximadamente 5,5 metros al nivel del mar, y desconocemos la topografía del lecho marino subyacente», explica Helen Fricker, glacióloga en la Institución de Oceanografía Scripps, quien ha estudiado las corrientes de agua de deshielo de la barrera Amery. «Llegar hasta allí y cartografiarla supone una ardua tarea».

«Estamos intentando entender este enorme continente, pero solo tenemos unas cuantas herramientas... lo estamos haciendo lo mejor que podemos», añadió. «Es como intentar preparar una comida para cincuenta personas con solo un cuchillo para untar».
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Información de :
National Geographic
 
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

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