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sábado, 23 de agosto de 2025

Geografía e historia: El origen del mapa del mundo que todos usamos (y por qué piden cambiarlo)

 Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos entrega un reportaje sobre la existencia de los mapas, y específicamente el que fue elaborado  por Gerardus Mercator en 1,569, que a la fecha se pide su cambio especialmente como protesta de los países del hemisferio del sur, por que sus extensiones territoriales no concuerdan con la realidad, sobre todo los países africanos han solicitado el inmediato cambio del Mapa Mundi..... siga leyendo..........

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/origen-mapa-mundo-que-todos-usamos-y-por-que-piden-cambiarlo_24411?utm_source=indigitall&utm_medium=push&utm_campaign=trafico 

Lo utilizamos prácticamente todos los días y nunca lo hemos cuestionado, pero nuestro mapamundi de confianza no se ajusta a la realidad.

Proyección de Mercator en un mapa de 1902.

Cordon Press

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Constanza Vacas

Actualizado a  · Lectura:

Si el tiempo y el espacio condicionan nuestra vida, los relojes y los mapas se erigen como herramientas fundamentales para movernos por el mundo desde hace miles de años. Hoy, los llevamos en el bolsillo: los teléfonos móviles incorporan alarmas, temporizadores y sistemas de geolocalización cuyo origen y correspondencia con la realidad rara vez nos cuestionamos. Pero lo cierto es que la forma en que nos organizan y orientan son fruto de un consenso social que, por lo tanto, puede cambiar.

Así ocurrió en el siglo XVI, cuando el papa Gregorio XIII tomó medidas con respecto al desfase temporal del entonces vigente calendario juliano: desde 1582 se estableció uno nuevo, el gregoriano, que resolvió las inexactitudes y que se ha mantenido hasta nuestros días. Con los mapas, sin embargo, la historia ha sido distinta: la primera versión del que utilizamos hoy, conocido como Mercator, fue creada en 1569 y, desde entonces, no ha cambiado sustancialmente en su esencia matemática.

Diseñada por Gerardus Mercator, se trata de una proyección cilíndrica que transformó meridianos y paralelos en líneas rectas y que distorsionó la dimensión real de los países, mostrando a la actual Francia (551.695 km²), por ejemplo, de un tamaño similar al de Angola (1.247 millones km²) o al de Colombia (1.142 millones km²). Ahora, no obstante, peticiones procedentes de ese hemisferio sur empequeñecido, como las de Correct the Map o Africa No Filter, están presionando para redibujar el mapa "de confianza" que todos usamos.

La proyección de Mercator, una innovación en el siglo de las navegaciones

Para entender esta cuestión debemos viajar hasta los inicios de la Edad Moderna. La llegada de los españoles a América dio el pistoletazo de salida a un boom en el ámbito de la navegación, y para tener éxito en estas empresas no solo hizo falta sofisticar las embarcaciones —fue entonces cuando surgieron las famosas carabelas y naos— sino también valerse de mapas detallados que permitieran a los navegantes llegar a su destino deseado. 

En ese contexto apareció Gerardus Mercator, un hombre humilde de Flandes, en la actual Bélgica, que estudió y viajó hasta convertirse en un geógrafo de prestigio: incluso comenzó en 1542 a diseñar globos terráqueos para el emperador Carlos V. Sin embargo, el hito más destacado de su trayectoria llegaría en 1569, cuando publicó su épico mapa: la proyección de Mercator. 





El objetivo de esta cartografía no era terrestre, sino marítimo, y por esa razón algunas de las masas de tierra que representa no tienen un tamaño directamente proporcional al real: en el hemisferio norte aparecen más grandes y, en el sur, más pequeñas, haciendo que sus modificaciones a lo largo de los siglos —causadas por el establecimiento de fronteras y la formación de países tal y como los conocemos hoy— hayan mantenido esa proporción: útil en su momento, pero poco comprometida con la realidad.


Equal Map.

Correct the Map


El mundo mira con lupa su mapa "de confianza"

Que la proyección de Mercator es inexacta es una evidencia ampliamente reconocida. No así son las peticiones de los países afectados por la minimización de su dimensión: y es que, en la medida en que los mapas no son solo una herramienta práctica sino también un símbolo del imaginario colectivo, son numerosas las veces que voces procedentes del hemisferio sur se han alzado para pedir a los organismos internacionales una revisión seria y efectiva de esta cartografía. 

La más reciente es la protagonizada por Correct the Map, que ahora ha recibido el respaldo de la Unión Africana (UA): "Durante más de 450 años, hemos basado nuestra comprensión de África y del mundo en un mapa que está equivocado. De hecho, podríamos meter a Estados Unidos, China, India, Japón, México y gran parte de Europa en África y aún tener tierra de sobra", reclama la iniciativa.

Aunque Mercator no minimizó el tamaño de África o de América a propósito, las organizaciones señalan al eurocentrismo como razón de la inacción con respecto a su corrección: "En un mundo donde el tamaño a menudo se equipara con el poder, tergiversar la verdadera escala de África refuerza conceptos erróneos dañinos sobre su importancia geopolítica y económica", concluyen los responsables. En su lugar, proponen el uso del Equal Map, una proyección que refleja con exactitud las dimensiones del mundo.

NATIONAL GEOGRAPHIC 
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
ayabaca@gmail.com

sábado, 9 de agosto de 2025

Historia: Misterio sin resolver .- ¿Fue realmente envenenado Alejandro Magno? La ciencia arroja nueva luz sobre esta antigua pregunta; con una posible respuesta con las aguas del Río Estigia,...

 Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la revista National Geogaphic, nos entrega un reportaje, sobre las conjeturas de que Alejandro Magno fue envenenado durante un banquete que duró toda una noche, una historiadora de Stanford Adrienne Mayor, ha encontrado un posible culpable que fueron las aguas del Río Estigia, una corriente de agua que ingresaba al inframundo según las leyendas y mitos....... siga leyendo............

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/fue-realmente-envenenado-alejandro-magno-ciencia-arroja-nueva-luz-sobre-antigua-pregunta_23986

El joven conquistador cayó repentinamente enfermo y murió durante un banquete que duró toda la noche. Ahora, un historiador de Stanford ha encontrado un posible culpable.

El enfermo Alejandro (Alessandro infermo), de Domenico Induno, siglo XIX, óleo sobre lienzo.

Sergio Anelli / Mondadori Portfolio, Getty Images 


Alejandro Magno y Aristóteles. El notable filósofo se ocupó de la formación intelectual y académica de Alejandro durante cinco años.https://es.wikipedia.org/wiki/Alejandro_Magno#/media/Archivo:Alexander_and_Aristotle.jpg



El imperio de Alejandro tras su muerte en el 323 a. C.

https://es.wikipedia.org/wiki/Alejandro_Magno#/media/Archivo:Alexander-Empire_323bc.jpg


Alejandro en el Templo de Jerusalén, 332 a.C., de Sebastiano Conca (1736), Museo del Prado. 


En junio del año 323 a. C., en el palacio del rey Nabucodonosor II en Babilonia, murió el hombre más poderoso del mundo. Solo trece días antes, Alejandro Magno, el conquistador más grande que había conocido el mundo, estaba bebiendo en uno de sus numerosos banquetes nocturnos cuando de repente gritó de dolor.

Lo llevaron a la cama con dolor abdominal y fiebre, yen los días siguientes su estado se deterioró. Sufría debilidad, sed, posibles convulsiones, dolor, parálisis parcial y perdía el conocimiento de forma intermitente. Hacia el final, entró en un estado similar a la muerte y fue incapaz de hablar o moverse.

Durante los seis días posteriores a su muerte, el cuerpo de Alejandro Magno no mostró signos de descomposición. Para los antiguos griegos, era una señal de que Alejandro era más dios que hombre. Para todos los demás, durante más de 2.000 años, la causa de su muerte y la conservación de su cuerpo han sido un misterio. A pesar de las numerosas teorías y especulaciones, la muerte del joven Alejandro, de 32 años, ha sido uno de los casos sin resolver más importantes de la historia.



Incluso en la antigüedad se debatía la causa de la muerte de Alejandro. Algunos pensaban que se debía a una enfermedad o una infección, pero a lo largo de los siglos, muchos historiadores, desde Plinio hasta Voltaire, sospecharon que se trataba de un asesinato. La conspiración para asesinar a Alejandro, escribió Diodoro, «fue sofocada por el poder de los sucesores de Alejandro».

Los que sospechaban de envenenamiento incluso afirmaban conocer la toxina utilizada: el intelectual romano Pausanias (siglo II d. C.) escribió sobre el «poder letal» del río Estigia y añadió que había oído decir que el agua del Estigia «era el veneno que mató a Alejandro». Otros, entre ellos Plutarco, biógrafo de Alejandro, llegaron a afirmar que fue el antiguo maestro de Alejandro, el filósofo Aristóteles, quien le administró la dosis mortal. Al parecer, Aristóteles temía al hombre en que se había convertido Alejandro. (Pase lo que pase, Aristóteles es innegablemente inocente, ya que se encontraba en Atenas en el momento de la muerte de Alejandro).

Las aguas del río Estigia

Es aquí donde la historia parece fundirse con la mitología. Para los modernos, el río Estigia es más conocido por las leyendas sobre el inframundo. Según numerosos mitos antiguos, las almas (o sombras) de los difuntos deben cruzar el río Estigia en su camino hacia el Hades. Pero el Estigia no era solo una puerta al inframundo, sino también un lugar real. Basándose en relatos antiguos y en investigaciones modernas, se ha identificado con certeza que el Estigia es el Mavroneri (Agua Negra), un afluente del río Karathis que desemboca en el golfo de Corinto.

¿Por qué la gente pensaba que las aguas del Estigia eran venenosas y que este veneno se utilizó para asesinar a Alejandro Magno? En un nuevo artículo, publicado en Geoheritage, Adrienne Mayor, una reconocida investigadora en Clásicas e Historia de la Ciencia en Stanford, decidió investigar.

Muchas personas en la antigüedad reconocían las propiedades nocivas del río Estigia. Platón se refiere a los «poderes temibles» del Estigia, el geógrafo Estrabón lo describió como «agua mortal» y el historiador natural Plinio dijo que «beber [el agua] causa la muerte inmediata». Se creía incluso que las aguas del Estigia corroían los metales y los recipientes de cerámica. Todavía en 1860, cuando el famoso naturalista alemán Alexander von Humboldt comentó sobre el Estigia, señaló que el río tenía «mala reputación» entre los «habitantes actuales» de la región. Incluso en el siglo XX, los lugareños evitaban beber del río y se quejaban de que corrompía los recipientes de arcilla.

Las aguas venenosas eran bien conocidas en la antigüedad —una de ellas, mencionada en la Biblia, se utilizaba como parte de un juicio de verdad para mujeres potencialmente adúlteras—, pero este hecho por sí solo no explica la oscura y persistente reputación del Estigia.

Una historiadora de la ciencia investiga

Mayor, historiadora de la ciencia antigua, quería comprender cómo se había desarrollado la mitología de las aguas del Estigia. Según declaró a National Geographic, el proyecto le llevó años. Como especialista en desentrañar los conocimientos naturales auténticos que se esconden tras las leyendas antiguas, el proyecto le venía como anillo al dedo.

Hace quince años, en 2010, Antoinette Hayes, toxicóloga farmacéutica, le habló a Mayor de la posibilidad de que se formara una costra tóxica en la piedra caliza, y un informe reciente sobre la muerte masiva de una manada de alces tras comer líquenes tóxicos llamó la atención a Mayor.

Con la ayuda de geólogos, químicos, toxicólogos y otros científicos, Mayor comenzó a investigar la posibilidad de que en la antigüedad el Estigia albergara toxinas naturales. En el artículo resultante y en su próximo libro, Mythopedia: A Brief Compendium of Natural History Lore, Mayor sostiene que las piscinas revestidas de piedra caliza del Estigia son «ideales para albergar dos sustancias naturales extremadamente letales, ambas descubiertas recientemente por la ciencia: la calicheamicina y el liquen tóxico».

Calicheamicina de la piedra caliza

La calicheamicina es un depósito crujiente que se precipita de la piedra caliza, especialmente en lugares donde el agua gotea, se acumula y se evapora. Como señala Mayor en su artículo, «Estas son las condiciones descritas por los antiguos observadores de la piscina rodeada de rocas junto a la cascada del Styx/Mavroneri.

El agua que fluye a través de la piedra caliza está cargada de carbonato cálcico, que deposita costras endurecidas de caliche en las superficies rocosas, el musgo y los líquenes». También puede formar costras en el metal o la arcilla (lo que podría explicar los mitos sobre la corrosión de los recipientes).

Se sabe que varios organismos colonizan la superficie del caliche. Algunos, como las algas, son relativamente inofensivos. Otros, como las cianobacterias, son «neurotóxicos, hepatotóxicos, citotóxicos y endotóxicos en niveles muy peligrosos para los seres humanos y los animales». En la década de 1980, un toxicólogo recogió una muestra de caliche en Texas que condujo al descubrimiento de la calicheamicina, una sustancia tóxica que se ha utilizado para desarrollar una potente quimioterapia dirigida a los anticuerpos, pero que en su forma original tiene una «letalidad celular superior a la de la ricina».

No podemos afirmar con certeza si estaba presente en la antigüedad en la piscina rodeada de piedra caliza del Estigia. Depende en gran medida de la presencia, en la antigüedad, de los nutrientes y las condiciones del suelo adecuados para su crecimiento. Dependiendo de la dosis, la mortalidad por una sustancia como esta «probablemente tardaría días o semanas debido a los mecanismos tóxicos de destrucción del ADN». Este proceso habría conducido finalmente a un fallo multiorgánico. Al disolverse en alcohol, habría sido el veneno perfecto para introducirlo en la copa de Alejandro durante un banquete.

Ácido oxálico del liquen

Mayor también plantea una segunda toxina presente en el suelo que podría haberse recogido de los salientes rocosos y las pozas de piedra caliza del Estigia. Muchos hongos, mohos y líquenes producen micotoxinas tóxicas. Si bien los efectos nocivos de ciertas especies de hongos se conocen desde hace siglos, hasta hace relativamente poco tiempo se pensaba que los líquenes eran benignos.

Un estudio reciente señalado por Mayor descubrió que «una de cada ocho especies de líquenes contiene... venenos [microcistinas] que causan daños en el hígado». Dado que los antiguos no distinguían los líquenes de los árboles y las rocas que los albergaban, no podían identificarlos como fuente de envenenamiento. Si las cabras morían en el río Estigia, como afirma el antiguo geógrafo Pausanias, «el agua», escribe Mayor, «podría identificarse lógicamente como la culpable, en lugar de las rocas de las orillas».

Los hongos que forman líquenes más comunes en la piedra caliza de esta región, escribe Mayor, son «especies negras meristemáticas similares al aureobasidium y al Penicillium, que pueden ser muy tóxicas cuando son ingeridas por animales y seres humanos». El hecho de que los hongos liquenizantes produzcan una pátina negra en las rocas recuerda el uso del adjetivo «negro» en la descripción del Estigia.

Estos hongos también excretan ácido oxálico tóxico, que es muy corrosivo. Esto también podría explicar los rumores de que las aguas del Estigia destruían el metal. Hoy en día, el ácido oxálico se utiliza para disolver el óxido.

Las raíces de una leyenda

«Los resultados de la ingestión de [cualquiera de estas] sustancias», dice Mayor, «se habrían observado y recordado a lo largo de generaciones». Incluso si solo murieron unos pocos animales y personas, el recuerdo de los acontecimientos se habría sumado a la tradición ancestral que rodeaba a un río ya saturado de mitos sobre el inframundo.

Tras la muerte de Alejandro Magno, dice Mayor, «creo que era razonable que los compañeros de Alejandro creyeran que había sido envenenado, ya que muchos de su círculo tenían motivos y oportunidades. Además, sus síntomas detallados coinciden con los que se asocian desde hace tiempo con el agua del Estigia». Mayor subrayó que su estudio no resuelve el debate sobre la muerte de Alejandro Magno. Para ello, señaló, necesitamos una máquina del tiempo y una autopsia toxicológica.

El problema es, en última instancia, irresoluble. Los científicos podrían analizar hoy las aguas del Estigia/Mavroneri en busca de calicheamicina y liquen, pero sus hallazgos, ya fueran positivos o negativos, no nos dirían si estos venenos estaban presentes en el río en la antigüedad.

Lo que sí explica el estudio de Mayor es por qué la gente pensaba que Alejandro había bebido las aguas del Estigia. Una vez que los miembros de su círculo decidieron que Alejandro había sido envenenado, identificaron el veneno con el río Estigia porque, al igual que Alejandro, el río Estigia era objeto de leyendas. Una vez establecida la asociación, la gente comenzó a narrar su muerte con esta idea en mente.

NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

sábado, 6 de mayo de 2023

UNA CIUDAD LLENA DE PLACERES Y PELIGROS: Así era la Roma imperial: un paseo por la ciudad eterna

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., Roma la ciudad eterna, fue y siguió siendo la ciudad más bella de Europa, vamos imaginarnos en el año 300 d.C., con 700,000 habitantes; quienes visitaban la ciudad no dejaban escapar la ocasión para tomar un baño en las termas de Caracalla, ver una carrera de cuadrigas en el Circo Máximo o ir de compras en los bien surtidos mercados de Trajano, o asistir al Coliseo Romano a divertirse en las peleas los gladiadores...."Los viajeros accedían a Roma a través de diecisiete puertas abiertas en la muralla que Aureliano había mandado construir en el año 271 d.C. para proteger la capital de las incursiones bárbaras. Una de las más frecuentadas era la Porta Ostiensis. Quienes viajaban por mar desembarcaban en Ostia (Roma tenía un puerto fluvial, pero allí solo se transportaban mercancías), donde tomaban un carro de pasajeros tirado por mulas, la cisia, que los acercaba a la capital por la vía Ostiense en menos de dos horas. En el trayecto en carro se alcanzaban a ver las salinas del Tíber y los cientos de esclavos y bueyes que servían para arrastrar río arriba las pequeñas naves cargadas con los productos necesarios para abastecer las necesidades de una ciudad densamente poblada...."  ... siga leyendo...................

En torno al año 300 d.C., quienes visitaban Roma no dejaban escapar la ocasión para tomar un baño en las termas de Caracalla, ver una carrera de cuadrigas en el circo Máximo o ir de compras por los bien surtidos mercados de Trajano.


Vista del Foro de Roma desde el Palatino. Al fondo, la basílica de Majencio.

iStock

Actualizado a 

Hacia el año 300 d.C., aunque ya mostraba signos de decadencia, Roma seguía siendo la ciudad más poblada del Mediterráneo, con unos 700.000 habitantes, y concentraba en el interior de sus murallas los principales núcleos administrativos y comerciales del Imperio.

Ciudadanos de todo el mundo acudían a la metrópoli para resolver asuntos judiciales, para establecer contactos comerciales o, simplemente, para admirar sus sofisticadas infraestructuras y los magníficos monumentos de un pasado glorioso.


LA LLEGADA A LA URBE

Los viajeros accedían a Roma a través de diecisiete puertas abiertas en la muralla que Aureliano había mandado construir en el año 271 d.C. para proteger la capital de las incursiones bárbaras. Una de las más frecuentadas era la Porta Ostiensis. Quienes viajaban por mar desembarcaban en Ostia (Roma tenía un puerto fluvial, pero allí solo se transportaban mercancías), donde tomaban un carro de pasajeros tirado por mulas, la cisia, que los acercaba a la capital por la vía Ostiense en menos de dos horas. En el trayecto en carro se alcanzaban a ver las salinas del Tíber y los cientos de esclavos y bueyes que servían para arrastrar río arriba las pequeñas naves cargadas con los productos necesarios para abastecer las necesidades de una ciudad densamente poblada. 

Quienes viajaban por mar desembarcaban en Ostia, donde tomaban un carro de pasajeros tirado por mulas que los acercaba a la capital por la vía Ostiense.


Pirámide de Cayo Cestio, en Roma.

Livioandronico 2013 (CC BY-SA 4.0)

Conforme el viajero se acercaba a la ciudad podía ver las numerosas tumbas situadas a ambos lados de la vía y tal vez tropezaba con algún cortejo fúnebre, precedido por flautistas y plañideras, que guiaba al difunto y a sus familiares y amigos hasta el sepulcro. Sin duda, no dejaría de fijarse en una tumba en forma de pirámide erigida por un liberto adinerado del siglo I a.C., justo al lado de la puerta. Allí mismo dejaría el carro en la estación de cambio (mutatio) cercana a la puerta de la muralla, en la que se podía dar de beber y de comer a los animales antes de emprender el camino de regreso con nuevos pasajeros, y acto seguido se adentraba en la bulliciosa metrópoli.

EL PUERTO FLUVIAL

Antes de empezar a callejear, si lo requería, el viajero podía aliviarse en los retretes públicos, letrinas situadas junto a la puerta de la muralla y comer algo en alguna de las numerosas posadas (llamadas cauponae o tabernae) que ofrecían raciones de jamón, queso, aceitunas y vino. Desde la puerta tenía la opción de tomar un camino por la izquierda que lo llevaba al puerto fluvial de Roma, el llamado Emporium, donde se alzaban los inmensos graneros de la Marmorata. El ambiente allí era de ajetreo incesante.

El viajero podía comer algo en alguna de las numerosas posadas que ofrecían raciones de jamón, queso, aceitunas y vino.


Interior del panteón de Roma, con su gran cúpula, obra del arquitecto Apolodoro de Damasco.

iStock

Elio Arístides, un retórico griego del siglo II d.C., afirmaba en su Elogio de Roma que en el puerto del Tíber "confluye de cada tierra y de cada mar lo que generan las estaciones y producen las diversas regiones, ríos, lagos y las artes de los griegos y de los bárbaros. Si uno quiere observar todas estas cosas, tiene que ir a verlas viajando por todo el mundo conocido o venir a esta ciudad, pues cuanto nace y se produce en cada pueblo es imposible que no se encuentre siempre aquí y en abundancia".

En efecto, al puerto fluvial de Roma llegaban cargamentos de la India y de Arabia, tejidos babilonios, adornos de las regiones bárbaras, mármoles griegos y africanos, aceite hispano y, principalmente, toneladas de trigo de Sicilia y de Egipto, que se depositaban en los almacenes del puerto, los horrea. La mayor parte de ese trigo se distribuía después gratuitamente por las panaderías industriales diseminadas por la ciudad para asegurar el pan a los más pobres.

para saber más

Cuadro pintado en el año 1889 por Edwin Lord Weekss en el que puede verse un mercado en la India.

MUZIRIS, PUERTO COMERCIAL Y COLONIA ROMANA EN LA INDIA

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DEL MONTE TESTACCIO AL AVENTINO

Cerca del puerto había numerosos hornos de pan (Forum Pistorium) así como dos grandes mercados: uno de frutas y verduras (Forum Holitorium) y otro de carne (Forum Boarium). Las ánforas en las que llegaban envasados el aceite y el vino, una vez vaciadas se rompían y se tiraban a un depósito al sur del puerto fluvial, que terminó convirtiéndose en una colina artificial de treinta metros de altura y de un kilómetro de circunferencia, conocida hoy como el monte Testaccio. Si el viajero deseaba evitar el jaleo del puerto, podía, desde la puerta Ostiense, emprender la subida al monte siguiendo el camino denominado ventino vicus portae Radusculanae.

Las ánforas vacías se tiraban a un depósito al sur del puerto fluvial que terminó convirtiéndose en una colina artificial de treinta metros de altura.


Imagen aérea del Coliseo romano construido entre los años 72 y 80 d.C.

Foto: iStock


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Por su parte, el Aventino era una de las zonas más venerables de Roma. Allí se había alzado la acrópolis desde la que la plebe romana se había enfrentado a los patricios y que había albergado numerosos templos. Hacia 300 d.C. estos se hallaban ya deteriorados, como el templo de Diana –copia del Artemision de Éfeso– y los santuarios de Ceres, Libero y Libera. Cercanos a estos, en los últimos tiempos habían surgido templos dedicados a dioses orientales, como Júpiter Doliqueno, Mitra e Isis.

Las casas populares que cubrían el monte antiguamente habían sido sustituidas paulatinamente por refinadas residencias aristocráticas, que gozaban de una ubicación excelente, cercana al centro neurálgico de la ciudad y con vistas incomparables sobre Roma. No era de extrañar que en un lugar tan privilegiado hubieran tenido su residencia personajes como Augusto, Trajano y Adriano antes de ser nombrados emperadores.

para saber más

Vista del Foro romano.

EL FORO DE ROMA

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UNA TARDE EN EL CIRCO

En la ruta hacia el circo Máximo, el camino pasaba por los aledaños de dos termas privadas de lujo, las Suranae y las Decianae, y de las termas públicas construidas por el emperador Caracalla, que podían acoger a 1.600 bañistas por turno y en torno a 8.000 personas al día. Las termas de Caracalla no eran tan grandes como las establecidas por el emperador Diocleciano al norte de la ciudad, entre los barrios del Quirinal, el Viminal y el Esquilino, pero ofrecían igualmente magníficas piscinas de agua caliente y fría y pórticos y jardines en los que se podían contemplar bellas esculturas y asistir a conciertos y recitales poéticos.


Detalle de las termas construidas por el emperador Caracalla en Roma.

iStock

Continuando el paseo hacia el norte se llegaba al circo Máximo, el mayor edificio de espectáculos con el que contó Roma. Fundado en el siglo VI a.C., fue objeto de continuas restauraciones y ampliaciones hasta dar acogida a nada menos que 385.000 espectadores. En él se desarrollaban principalmente carreras de caballos al menos una vez a la semana. Asistir a uno de los ludi circenses resultaba una experiencia inolvidable. Según recordaba el obispo cristiano Juan Crisóstomo: " El edificio se llena hasta las últimas gradas. Las caras son tan numerosas que el corredor superior y el techo mismo quedan escondidos por la masa de espectadores y no se ven ni ladrillos ni piedras, sino que todo es rostros y cuerpos humanos (venationes)".

El circo Máximo era el mayor edificio de espectáculos con el que contó Roma. Podía acoger  a nada menos que 385.000 espectadores.


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Eran frecuentes, además, las representaciones teatrales en el teatro de Marcelo y, solo diez días al año, los cuestores de la ciudad pagaban juegos gladiatorios y cacerías, que tenían lugar en el anfiteatro Flavio, el Coliseo. Hay que tener presente que en el siglo IV había 177 días festivos en el calendario romano, aunque el pueblo solo abandonaba sus ocupaciones para ir a los espectáculos durante algunas horas.

para saber más

Coliseo de Roma

GLADIADORES, COMBATES A MUERTE EN EL ANFITEATRO

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EL AJETREO DEL FORO

Desde el Coliseo, el viajero se vería sin duda arrastrado hacia la zona de los foros, tanto el de época republicana como los adyacentes construidos por Julio César, Augusto, Vesapasiano, Nerva y Trajano. Esta era sin duda la zona más concurrida y bulliciosa de la ciudad. En el Foro romano, en particular, se podía encontrar todo tipo de personas dedicadas a los oficios más diversos, no siempre respetables. El comediógrafo Plauto había descrito así el ambiente del Foro: "Los maridos ricos y los derrochones se pueden buscar en los alrededores de la basílica; allí también están las mujeres de mala vida y los negociantes sin escrúpulos […]. En la parte más baja del Foro pasean las personas honestas y los ricos, y en el centro, los fanfarrones. Bajo los viejos talleres, están los usureros. En el vicus Tuscus se encuentran los hombres que comercian con su cuerpo; en el Velabro, el panadero, el carnicero, el arúspice [adivino], los embrollones…".



Vista nocturna del Foro romano. En primer término, el templo de Saturno.

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Por encima de las voces de todos ellos se podía oír al pregonero anunciando los espectáculos patrocinados por los ricos o a algún orador que pronunciaba sobre la nueva tribuna el elogio fúnebre de un difunto, acompañado por el clamor de tubas y cuernos; e incluso podían aparecer los senadores reunidos sobre las escalinatas de alguno de los templos de la plaza. Como apuntaba Plauto, por la noche, después de que las tiendas, los talleres y las oficinas de la administración pública hubieran cerrado, el Foro se convertía en lugar de encuentro para la prostitución, tanto masculina como femenina, aunque existían también prostíbulos (lupanares) repartidos por toda la ciudad.

Por la noche, el Foro se convertía en lugar de encuentro para la prostitución, tanto masculina como femenina.


Panorámica de los Mercados de Trajano, en Roma.

iStock

Si el forastero que visitaba Roma quería ir de compras, lo primero que tenía que hacer era cambiar moneda en el puesto de un banquero, que solía encontrarse en el centro de los mercados permanentes (macella). Después podía adquirir productos de mayor calidad en las tiendas cercanas al Foro o en las instaladas dentro de los mercados de Trajano, el mayor centro comercial de Roma, o bien buscarlos a bajo precio en los puestos ambulantes de los mercadillos que se organizaban en los barrios cada nueve días (nundinae).

para saber más

Relieve de un sarcófago romano que representa a una pareja viajando en un carruaje.

IMPOSIBLE PEGAR OJO: LA AGITADA VIDA NOCTURNA EN LA ANTIGUA ROMA

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BARRIOS BULLICIOSOS

Separado del foro de Augusto por un alto muro de piedra, que servía también de cortafuegos, se encontraba el barrio de la Subura, famoso como centro de prostitución. La calle que atravesaba el barrio, el clivus suburanus, era una áspera vía siempre interrumpida por el lento paseo de las recuas de mulas, según describe Marcial, con el empedrado sucio y mojado por el agua de la fuente de Orfeo. Más allá de aquella fuente comenzaba un barrio de fastuosas mansiones dotadas de grandes peristilos internos, como la que habitó Plinio el Joven. Con la Subura colindaba por el noreste el Sambucus, un barrio popular de callejones tortuosos e irregulares y de casas rústicas, dotadas de pequeños postigos, corrales y huertos, donde los vecinos se despertaban cada mañana con el canto de los gallos.

La calle que atravesaba el barrio de la Subura, el clivus suburanus, era una áspera vía siempre interrumpida por el lento paseo de las recuas de mulas.


La Vía Apia fue una de las calzadas más importantes de la antigua Roma.

Foto: iStock

Paseando por aquellos barrios, el viajero podía tener la falsa sensación de estar en un pueblo. Pero si dirigía sus pasos hacia la vía Flaminia, que partía desde el Foro hacia el norte de Roma, encontraría un panorama de grandes bloques de apartamentos (insulae), de entre tres y ocho plantas. Las vertiginosas torres de viviendas que "parecían alcanzar las nubes", según describen los poetas romanos, eran grandes moles de ladrillo organizadas en torno a un patio de luz interno, con accesos y escaleras colocados en diversos lados y dotados de amplios balcones.

En cada esquina del edificio había una fuente y a lo largo de la calle se levantaba un amplio porticado, sobre el que se abrían diferentes negocios en los que vivían hacinados los esclavos que los gestionaban. Los mejores apartamentos estaban en los pisos bajos, mientras que los más pequeños y peor ventilados ocupaban los pisos más altos.

para saber más

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EL ALQUILER EN LA ANTIGUA ROMA: CARO Y SIN COMODIDADES

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UN LUGAR PARA PASAR LA NOCHE

Pasada la jornada en medio del bullicio de la gente, el ruido de los carros, las continuas y repetitivas cantinelas de los vendedores o los malos olores de las lavanderías y los mercados, llegaba el momento de buscar alojamiento para la noche. Lo más habitual era alojarse en casa de un ciudadano con el que la familia tenía un pacto de hospitalidad, el cual se demostraba mediante una tessera hospitalis, un objeto, normalmente en bronce, compuesto por dos partes que encajaban entre sí.

Para pasar la noche lo más habitual era alojarse en casa de un ciudadano con el que la familia tenía un pacto de hospitalidad.

Según las normas de hospitalidad, el anfitrión debía recibir a su huésped, hacer un sacrificio en su nombre, prepararle un baño, servirle una buena cena, darle conversación, ofrecerle una cama cómoda y colmarlo de regalos a su partida. Pero si no era así, había que conformarse con un camastro en el piso superior de una caupona, un bar normalmente mugriento y oscuro, en donde se daban cita borrachos, jugadores y prostitutas.


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Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

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