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viernes, 13 de septiembre de 2019

ALIMENTACIÓN : NATIONAL GEOGRAPHIC .- El chocolate, la bebida divina que conquistó Europa

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., el delicioso chocolate, una bebída originaria de la América, usada como bebida divina de las culturas Mayas y Aztecas, fue introducida a Europa en el Siglo XVII, por los españoles, que en principio tuvo cierta resistencia a su consumo, pero finalmente fue aceptada y se convirtió en la bebida favorita de la alta nobleza europea.
NATIONAL GEOGRAPHIC .- narra : "No sabemos cuál fue el primer contacto entre los españoles y el chocolate bebido que consumían mayas y aztecas, para quienes este producto era muy importante. Los mayas dejaron escritas las primeras referencias de la historia a su consumo en el denominado Códice de Madrid, conservado en el Museo de América. Por su parte, los aztecas pensaban que las semillas de las que obtenían el chocolate no eran sino la materialización de Quetzalcoatl, dios de la sabiduría."
NATIONAL GEOGRAPHIC .- agrega..."El consumo de chocolate en España conoció una amplia difusión a lo largo de todo el siglo XVII y se anunciaba en las confiterías como la «bebida que procede de las Indias». El hábito de beber chocolate estaba tan extendido que incluso las damas de la nobleza se lo hacían servir en mitad de los largos y aburridos sermones eclesiásticos. Los obispos, ofendidos, prohibieron esta forma de consumo.
Pronto, el resto de Europa, sobre todo Francia, adoptó esa dulce tradición. Una de las responsables fue Ana de Austria, hija de Felipe III, quien exportó la costumbre de merendar y desayunar chocolate tras su boda con Luis XIII. María Teresa de Austria, hija de Felipe IV y esposa de Luis XIV, afianzó esta práctica al tomar chocolate de manera habitual en su nuevo país....."


Planta de cacao, de las semillas se extrae el chocolate.
El chocolate (en náhuatl: xocolātl)1​ es el alimento que se obtiene mezclando azúcar con dos productos derivados de la manipulación de las semillas del cacao: la masa del cacao y la manteca de cacao.2​ A partir de esta combinación básica se elaboran los distintos tipos de chocolate que dependen de la proporción entre estos elementos y de su mezcla, o no, con otros productos tales como leche, colorante,,frutos secos.
El cacao ha sido cultivado por muchas culturas durante al menos tres milenios en Mesoamérica. La evidencia más temprana del uso del cacao pertenece a la cultura Mokaya de México, con vestigios de bebidas de chocolate que datan de 1900 a. C.3​ Sin embargo, los olmecas de La Venta en Tabasco fueron los primeros humanos en saborear, en forma de bebida, las habas de cacao molidas, las cuales mezclaban con agua y le añadían diversas especias, hierbas y guindillas y también fueron quienes comenzaron a cultivar el cacao en México.4​ De hecho, la mayoría de la gente mesoamericana hizo bebidas de chocolate, incluidos los mayas y aztecas.5
El botánico Carlos Linneo lo llamó Theobroma, que significa alimento de los dioses,6​ llegando hasta el punto de ser objeto de culto para mayas y aztecas.7​ 
WIKIPEDIA.

https://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/el-chocolate-la-bebida-divina-que-conquisto-europa_8139

Pese a los recelos iniciales, en el siglo XVII el chocolate se convirtió en la bebida de moda de la alta sociedad europea

Una chocolatada
Merienda con chocolate en una casa francesa en el siglo XVIII. Óleo por François Boucher. Museo del Louvre, París.
SCALA, FIRENZE

 
El árbol del cacao
Los aztecas recibieron de los mayas el secreto de la preparación del chocolate, su bebida divina. Para prepararlo se molían las habas del cacao hasta reducirlas a polvo y se añadían también semillas o maíz. El polvo resultante se mezclaba con agua fría y se removía hasta que subía la espuma. Árbol del cacao, en el Códice de Tudela. Museo de América, Madrid.
Oronoz / Album

El set de chocolate
Chocolatera de cobre, bollo y taza de chocolate en una naturaleza muerta de Luis Menéndez. Siglo XVIII. Museo del Prado, Madrid.
Oronoz / Album
14 de octubre de 2016, 11:14

El chocolate, la bebida divina que conquistó Europa

El 3 de abril de 1502, Cristóbal Colón salía, una vez más, del puerto de Sevilla. Su idea era encontrar un paso marítimo que, desde Centroamérica, lo llevase, al fin, a Asia. Era su cuarto viaje al Nuevo Mundo, y la ruta tuvo sus dificultades. Un día, en mitad de una tormenta, el navegante y sus hombres se vieron obligados a desembarcar. Al parecer, interceptaron entonces una embarcación maya que llevaba como carga unas almendras a las que Colón no concedió importancia. Sin saberlo, el Almirante había tenido el primer contacto con las semillas del árbol del cacao.
El descubrimiento de América el 12 de octubre de 1492, el primer viaje de Colón a las Indias
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¡Tierra a la vista!

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Más de doscientos años después, Madrid consumía más de cinco toneladas de chocolate al año. Según las crónicas del momento, no había calle en la capital en la que no se vendiese. Esto puede ilustrar que un mal principio no siempre es determinante, ya que el chocolate se obtiene de las almendras que Colón había desechado.

No sabemos cuál fue el primer contacto entre los españoles y el chocolate bebido que consumían mayas y aztecas, para quienes este producto era muy importante. Los mayas dejaron escritas las primeras referencias de la historia a su consumo en el denominado Códice de Madrid, conservado en el Museo de América. Por su parte, los aztecas pensaban que las semillas de las que obtenían el chocolate no eran sino la materialización de Quetzalcoatl, dios de la sabiduría.

De Tenochtitlán a Madrid

Tan importante era el cacao para los aztecas que utilizaban las almendras como moneda. Pedro Mártir de Anglería, cronista de Indias, decía al respecto: «Usan moneda, no de metal, sino de nuececillas de ciertos árboles, parecidas a la almendra». Para entender mejor los intercambios realizados en el mundo azteca, los españoles elaboraron unas tablas de equivalencia. Gracias a ellas, sabemos que una liebre pagada en cacao costaba lo mismo que los servicios de una prostituta.
"Una liebre pagada en cacao costaba lo mismo que los servicios de una prostituta"
Al principio, los españoles mostraron rechazo por el chocolate, ya que, según el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo, los labios quedaban como manchados de sangre tras beberlo. Aparte de ello, su sabor amargo y picante no los acababa de convencer. Girolamo Benzoni, en su Historia del mondo nuovo, llegó a manifestar que «el chocolate parecía más bien una bebida para cerdos que para ser consumido por la humanidad». Pese a todo, en el siglo XVI llegó a España y fue presentado a Carlos V por Hernán Cortés. A partir de ese momento, su aceptación iría en aumento, llegando a alcanzar cotas muy altas.

El triunfo del chocolate

Según diversos autores, fueron los monjes los encargados de difundir el consumo del chocolate en los monasterios. Con el tiempo, serían los cistercienses quienes lograran mayor fama como chocolateros. Pero no todos los religiosos se mostraron favorables a su consumo. En este sentido, los jesuitas creían que el chocolate era contrario a los preceptos de mortificación y pobreza. Dado que la nutritiva bebida se tomaba también en los períodos de ayuno, pronto se abrió un debate entre los defensores y los detractores de esa costumbre. Fue en el siglo XVII cuando se dio respuesta a la cuestión. Vendría de la mano del cardenal François Marie Brancaccio, que acabaría manifestando: «Liquidum non frangit jejunum», es decir, «el líquido no infringe el ayuno». La Iglesia aceptaba el consumo del chocolate bebido.
«Liquidum non frangit jejunum»
Precisamente en el siglo XVII, servir un chocolate caliente como bebida llegó a formar parte imprescindible del «agasajo», ritual seguido en las meriendas que los nobles ofrecían a sus visitas. Solía acompañarse de bizcochos y otros dulces para mojar. Si la merienda se celebraba en invierno, lo normal era que se tomase al calor de los braseros, sobre los estrados de las salas de estar, entre almohadones y tapices. Si el chocolate protagonizaba una merienda veraniega, solía servirse junto a un «búcaro de nieve», un vaso de helado.

Dado que el chocolate se consumía muy espeso, las manchas que producía al derramarse eran muy molestas. Pero un día de 1640, a Don Pedro Álvarez de Toledo y Leiva, virrey del Perú y primer marqués de Mancera, se le ocurrió una solución. Inventó un recipiente que consistía en una pequeña bandeja con abrazadera central, en la que quedaba sujeta la jícara, pequeña vasija sin asa en cuyo interior se vertía el chocolate. En honor a su inventor, la bandeja sería bautizada como mancerina. Según el nivel social de quien servía la merienda, las mancerinas podían ser de plata, de porcelana o de barro.

La moda llega a Versalles

El consumo de chocolate en España conoció una amplia difusión a lo largo de todo el siglo XVII y se anunciaba en las confiterías como la «bebida que procede de las Indias». El hábito de beber chocolate estaba tan extendido que incluso las damas de la nobleza se lo hacían servir en mitad de los largos y aburridos sermones eclesiásticos. Los obispos, ofendidos, prohibieron esta forma de consumo.
Pronto, el resto de Europa, sobre todo Francia, adoptó esa dulce tradición. Una de las responsables fue Ana de Austria, hija de Felipe III, quien exportó la costumbre de merendar y desayunar chocolate tras su boda con Luis XIII. María Teresa de Austria, hija de Felipe IV y esposa de Luis XIV, afianzó esta práctica al tomar chocolate de manera habitual en su nuevo país.
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Cuando los Borbones llegaron a España se mostraron muy aficionados al chocolate. Sobre todo, Felipe V y su hijo Carlos III, quienes solían desayunar con esta bebida. Fue precisamente Carlos III, en su afán por crear una industria que sentase las bases del desarrollo económico del país, quien permitió el intercambio exclusivo y en régimen de monopolio entre Madrid y la Real Capitanía General de Venezuela. A través del sistema centralizado que caracterizó su reinado, el monarca creó una institución encargada de gestionar el comercio, la llamada Real Compañía Guipuzcoana de Caracas. El producto llegaba a las mesas españolas a través de las tiendas de ultramarinos.
Fue también en el siglo XVIII cuando el chocolate irrumpió en la repostería. Juan de la Mata lo utilizó como ingrediente para hacer dulces secos en algunas recetas de su libro Arte de repostería. El mismo De la Mata fue precursor de la mousse de chocolate al inventar lo que llamó espuma de chocolate, algo muy parecido a la mousse.

Maestros chocolateros

La preparación del producto que luego iba ser consumido era responsabilidad del molendero. Éste recorría el país con una piedra curva sobre la espalda. Seguía la denominada técnica del metate, que consistía en moler, de rodillas, y sobre la mencionada piedra, las semillas del cacao. Poco a poco, y con mucho esfuerzo, extraía una masa líquida y uniforme, conocida como pasta de cacao.
El jurista valenciano Marcos Antonio Orellana habla de ello en este poema: «¡Oh, divino chocolate / que arrodillado te muelen / manos plegadas te baten / y ojos al cielo te beben!».
Todo cambió a partir del siglo XIX, cuando las técnicas de la Revolución Industrial favorecieron aún más su consumo y abarataron su coste. Pronto, el té y el café fueron desplazando al chocolate, que empezó a asociarse con juerguistas y trasnochadores. Lejos quedaban los días en que se consideraba de carácter divino, como dejó escrito Valle-Inclán: «Cacao en lengua del Anahuac / es pan de dioses, o Cacahuac».

Para saber más

La verdadera historia del chocolate. Michael y Sophie D. Coe. FCE, México, 1999.
NATIONAL GEOGRAPHIC
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sábado, 14 de octubre de 2017

SALUD : LECHE HUMANA .- El enigma de la leche materna: ¿por qué contiene una enorme cantidad de un azúcar que los bebés no pueden digerir?

http://www.bbc.com/mundo/noticias-41573163
http://www.ehu.eus/biomoleculas/hc/sugar33b.htm
http://www.botica.com.py/prospecto-digital/2016/11/16/bifidobacterium-infantis/
http://www.bbc.com/mundo/noticias-39075841


La cadena de oligosacáridos no tiene que ser necesariamente lineal, y de hecho, con mucha frecuencia se encuentran en la Naturaleza oligosacáridos y polisacáridos ramificados. Los oligosacáridos tienen gran importancia en las funciones de reconocimiento en superficie, ya que son parte integrante de los glicolípidos y glicoproteínas que se encuentran en la membrana plasmática.



Madre amamantando a bebé.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionTodo lo que necesita se lo da la madre.

Al nacer, el ser humano promedio pesa un poco menos de 3,5 kilos y tiene unos 45 centímetros de largo. A partir de ese momento, durante las primeras semanas de vida crecemos más rápido que nunca: casi un centímetro por semana.
Y el único alimento para mantener ese impresionante ritmo de crecimiento es la leche materna, un líquido asombroso que contiene todo lo necesario para el desarrollo de un bebé humano.
Pero además es un fluido caro, pues la madre tiene que descomponer su cuerpo para producirlo. Así como suena: tiene que, por ejemplo, derretir la grasa que tenga almacenada -empezando por la de las caderas y trasero-.
Es por eso que el hecho de que uno de los principales ingredientes de la leche materna sea uno que no puede ser digerido por los humanos es tan extraño.


Bebé creciendoDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionNo es tu impresión: es verdad que crecen muy rápido.

"¡Mucho más!"

"La leche materna, básicamente, es todo lo que el bebé necesita nutricionalmente... y mucho más", señala Bruce German, del Departamento de Ciencia y Tecnología Alimentaria de la Universidad de California en Davis, Estados Unidos.
"Está llena de agua, llena de proteínas, llena de grasa, llena de azúcar... Pero lo más sorprendente para nosotros era que tiene una enorme cantidad de oligosacáridos complejos, que son totalmente indigestibles para los bebés".
Pero ¿cómo supieron que el bebé no las puede digerir?
"Medimos los que entraban y medimos los que salían".
Fue hace más de medio siglo que los científicos descubrieron estas moléculas complejas de azúcar llamadas oligosacáridos, que son completamente inabsorbibles por el intestino humano y no tienen ningún beneficio nutritivo para el bebé.

El enigma



galactosa iluminadaDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionLa leche materna sí tiene azúcar pero simple o monosacárida: la lactosa o azúcar de leche (glucosa + galactosa, en la imagen). La presencia de oligosacáridos -moléculas constituidas por la unión de 2 a 9 monosacáridos- era intrigante.

Bruce German y su equipo se propusieron resolver ese rompecabezas de larga data y descubrir por qué la madre produce grandes cantidades de estas moléculas.
"La idea que nos inspiró fue que si esas moléculas no alimentaban al bebé, debían alimentar otra cosa: bacterias", explica German.
Así que aislaron unos oligosacáridos y se los entregaron a David Mills, un microbiólogo mundialmente famoso.
"Él trató con bacteria tras bacteria hasta que por fin encontró una que crecía en ellos".
Era bifidobacterium infantis la única bacteria que puede alimentarse de los oligosacáridos de la leche humana.
Dedujeron que la razón por la que esas moléculas indigeribles estuvieran en la leche era para que la bacteria pudiera crecer y florecer.

¿Por qué?



Bebé con anteojosDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionPonte en su lugar.

Ponte en los zapatos -o bueno, las boticas- de un recién nacido.
Estuviste en un ambiente estéril y protegido, y de repente saliste a este sucio mundo.
Empezaste a adquirir bacterias de tu entorno que desde entonces y por el resto de tu vida te cubrirían por dentro y por fuera.
El intestino delgado es particularmente susceptible a las bacterias infecciosas patogénicas.
Así que en virtud de que esta bacteria florece en esos oligosacáridos, el intestino delgado se llena de Bifidobacterium infantis, cubre el intestino del bebé e impide que cualquier patógeno crezca.
Las madres literalmente reclutan otra forma de vida para que cuide a sus bebés.


Madre y bebé dibujoDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionBien dicen que las madres hacen todo por sus hijos, y no todo es color de rosa: si es necesario reclutar bacterias, pues que así sea.

Fue así como este equipo de investigadores desveló el enigma de la presencia de oligosacáridos en la leche materna.

Un secreto útil

En la unidad neonatal de Sacramento, en California, EE.UU., los doctores están probando un nuevo tratamiento para ayudar a los bebés prematuros.
Uno de los más grandes desafíos que enfrentan los bebés que nacen demasiado pronto es lograr que las bacterias adecuadas colonicen sus intestinos.
De no ser así, corren el riesgo de desarrollar una grave infección intestinal llamada enterocolitis necrotizante o necrosante.
Si sus tejidos intestinales se infectan, pueden desarrollar huecos en las paredes de los intestinos, lo cual puede llegar a ser fatal.
Es por eso que los doctores empezaron a alimentarlos con una mezcla de la leche de sus madres y Bifidobacterium infantis.
Encontraron que el número de bacterias que podían medir en las muestras de excremento de los bebés se elevó.
Ahora ya hay evidencia acumulada de que la bacteria puede prevenir la enterocolitis necrotizante.


Bebé prematuroDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionLa evidencia muestra que su vida está mejor protegida si ingiere Bifidobacterium infantis.

Nuestro, único y esencial

El avance científico de Bruce German y su equipo está liderando el camino en nuestra comprensión sobre cómo las bacterias beneficiosas nos pueden ayudar a crecer.
Hay una comunidad diversa de microbios que viven con cada uno de nosotros. Hasta tiene nombre: microbioma.
A medida que crecemos, crece con nosotros: la comida que comemos, los lugares que visitamos, la gente con la interactuamos, cada nueva experiencia modifica nuestro microbioma.
Es tan individual como nuestras huellas digitales.
Tenemos miles de especies de bacterias viviendo en nuestra piel.
En cada centímetro cuadrado podemos tenermás de un millón de bacterias individuales.
Y en algunos lugares, aún más.
Un estudio identificó más de mil especies de bacterias que hasta entonces desconocidas para la ciencia sencillamente tomando muestras de los ombligos de la gente.


Intestinos lupa y bacteriasDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionEmpezamos a crear nuestro microbioma desde que nacemos.

Esos billones de bacterias con las que convivimos no son parásitos.
Hay estudios que muestran que un desequilibrio en tu bacteria intestinal puede tener un enorme efecto en el funcionamiento de nuestros cuerpos.
La obesidad, la presión arterial alta y enfermedades cardíacas han sido vinculadas con microbiomas deficientes.
Es posible que hasta afecten nuestro estado de ánimo, causando depresión.
Así que un microbioma sano es esencial, desde la cuna.

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Mujer tentada de comer chocolateDerechos de autor de la imagenTHINKSTOCK
Image captionA pocas personas parece no gustarles el chocolate, la gran mayoría lo encuentra irresistible.
Son pocas las personas a las que no les gusta el chocolate y, menos aún, las que pueden comer solo un cuadradito sin tener que hacer uso de una considerable cantidad de fuerza de voluntad para no acabárselo todo.
La razón que la ciencia ha dado hasta el momento sobre el poder que tiene sobre nosotros este dulce hecho a base de granos de cacao que crecen y se consumen en las Américas desde hace miles de años, es que el chocolate contiene varias sustancias psicoactivas como la anandamida, que estimulan nuestro cerebro en la misma forma que lo hace el cannabis.
También contiene tiramina y feniletilamina, sustancias con efectos similares a la anfetamina.
Sin embargo, estas sustancias -al igual que la teobromina y la cafeína, dos conocidos estimulantes- están presentes en cantidades tan nimias que no alcanzan para explicar por qué nos parece irresistible.
Niño comiendo chocolateDerechos de autor de la imagenTHINKSTOCK
Image captionCuando se derrite en nuestra boca, el cambio de textura estimula nuestros receptores en la boca que nos dan placer.
Otro factor que expertos en la ciencia de la alimentación han destacado es su cremosidadque hace que al derretirse en nuestra a boca se activen receptores en la lengua que detectan el cambio de textura y estimulen el sentimiento de placer.
Pero, nuevamente, esto nos ayuda a entender por qué nos gusta, pero no por qué nos atrae al punto de considerarlo adictivo.
Entonces, ¿cuál es el secreto del chocolate?

Proporción exacta

Lo que realmente transformó al cacao -que los mayas y aztecas consumían mezclado con agua como una bebida amarga- fue la incorporación de grasa y azúcar.
Barras de chocolateDerechos de autor de la imagenTHINKSTOCK
Image captionSi miras los paquetes, verás que las barras de chocolate contienen 11% de gasa y 22% de azúcar.
Añadir la cantidad justa de cada uno de estos dos ingredientes es crucial para obtener el chocolate que disfrutamos en la actualidad, dice Michael Mosley, médico y periodista de la BBC, quien investigó los efectos del chocolate como parte de una nueva serie sobe la ciencia de los alimentos.
Si miras la información provista en los paquetes de chocolate, verás que normalmente contienen cerca de un 11% de grasa y un 22% de azúcar.
En la naturaleza, rara vez se encuentran estos niveles tan elevados de azúcar y grasa. O al menos no se los encuentra juntos, explica Mosley.
Puedes encontrar azúcares naturales en frutas y tubérculos, y las grasas abundan en los frutos secos o en pescados como el salmón. Sin embargo, uno de los pocos sitios en los que los dos están juntos es en la leche.

Sabor de la infancia

La leche materna es particularmente rica en azúcares naturales, principalmente lactosa.
Madre dándole el pecho a su bebéDerechos de autor de la imagenTHINKSTOCK
Image captionEsta combinación de grasa y azúcar en una proporción específica se encuentra presente en la leche materna.
La leche de fórmula que se le da a los bebés contiene una proporción similar de grasas y azúcares.
Esta proporción, 1 gramo de grasa por cada 2 de azúcar, es la misma que encuentras en el chocolate con leche. Y en las galletas, las rosquillas, el helado...
De hecho esta proporción en particular está presente en muchas de las comidas que encontramos difícil de resistir.
Los productores de alimentos lo saben y explotan esta fórmula para engancharnos con sus productos.
En otras palabras, dice Mosley, estamos preparados para que nos gusten estos alimentos porque son similares a nuestra primera comida y, con el paso del tiempo, nuestra predilección por esta mezcla de carbohidratos y grasas no cambia.
Mujer mirando una rosquillaDerechos de autor de la imagenTHINKSTOCK
Image captionMuchos alimentos tentadores tienen la misma proporción de grasa y azúcar que el chocolate.
La influencia de nuestra primera comida sienta un patrón para el tipo de alimentos que nos gustarán en el futuro, aunque no sean tan saludables como la leche materna.
Por otra parte, añade Mosley, esta combinación activa un área del cerebro llamada amígdala, fundamental en la nuestra respuesta emocional a la comida.
También afecta otra región del cerebro, el núcleo accumbens, encargado del deseo.
Por último, dice el experto, la fórmula también activa la región del cerebro vinculada a la memoria -el hipocampo- que te hace recordar todo sobre la experiencia y los lóbulos frontales que controlan el comportamiento y la planificación, de modo que puedas hacer lo necesario para revivir la experiencia.

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