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domingo, 14 de septiembre de 2025

Relieves conmovedores: Las Puertas del Paraíso, la monumental entrada que cautivó a Miguel Ángel.... Museo dell'Opera del Duomo.

 Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG, la Revista National Geographic, nos entrega un reportaje de nueve esculturas del maestro escultor italiano del Renacimiento Lorenzo Ghiberti, cuyos relieves se hicieron en las puertas del Baptisterio de Florencia conocidas como: la Puerta del Paraíso y que hoy se exhiben en el Museo dell'Opera del Duomo...... siga leyendo....................


Los relieves de las puertas del baptisterio de Florencia son una de las mayores obras maestras del Quattrocento italiano y fueron bautizadas con este nombre por Miguel Ángel.


La Puerta del Paraíso, de Lorenzo Giberti, originalmente estaba instalada en el baptisterio de la catedral de Florencia. En la actualidad se expone en el Museo dell'Opera del Duomo. 

Jon G Fuller/Vwpics/VW Pics via ZUMA Press Wire/ Shutterstock / GTRES

En el siglo XV, un puñado de artistas harían de Florencia el centro artístico del mundo, darían origen al Renacimiento y cambiarían para siempre el paradigma medieval del artesano que trabajaba en un relativo anonimato, para dar paso a la figura del respetado maestro a quienes todos conocían y admiraban.

Nombres como Filippo Bruneleschi, Sandro Botticelli, Miguel Ángel o Leonardo da Vinci son los referentes de este nuevo estilo. Entre ellos, emerge Lorenzo Ghiberti, escultor, cuyos relieves en las puertas del baptisterio de la catedral de Florencia se consideran una de las mayores obras maestras del Quattrocento italiano. Tan es así, que más de 50 años después de su muerte, el mismísimo Miguel Ángel se declararía admirador de Ghiberti y pondría el nombre por el que se conoce desde entonces a esas puertas: las Puertas del Paraíso. 


Alessandro Bremec/NurPhoto / Shutterstock / GTRES 

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Un edificio milenario

Las Puertas del Paraíso se instaló originalmente en el baptisterio de San Juan de la catedral de Florencia, un edificio octogonal cuyas paredes están forradas geométricamente en mármol. Levantado entre los siglos XI y XII, su forma singular representaba los ocho días transcurridos entre la entrada de Jesucristo en Jerusalén y su resurrección y estaba considerado un símbolo de la vida eterna. Las puertas son fruto de los sucesivos concursos para renovar las entradas al edificio que se realizaron entre los siglos XIV y XV. Ghiberti ganó dos de ellos, el primero para ejecutar el acceso norte, decorado con escenas del Nuevo Testamento. Convertido en una celebridad, en 1425 logró una segunda adjudicación para la puerta este, en la que trabajó durante 27 años. 

PA Wire/Press Association Images /Cordon Press 

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Un monumento muy delicado

Las Puertas del Paraíso está compuesta por un par de portones de madera de 5,20 metros de altura, 3,21 de ancho y 11 centímetros de grosor decorados con 10 paneles de bronce dorado esculpidos por Ghiberti entre 1425 y 1452. El conjunto pesa alrededor de ocho toneladas. Cada panel representa una escena del Antiguo Testamento, en sentido descendente, desde la Creación de Adán y Eva hasta Salomón y la reina de Saba. Era muy importante difundir la palabra de Dios entre la mayoría analfabeta. Tras unas grandes inundaciones en 1966, los portones originales fueron desmontados para ser restaurados, una operación que llevó otras casi tres décadas, como su realización, y se sustituyeron por unas réplicas. Las puertas originales se instalaron en el Museo dell'Opera del Duomo, donde pueden admirarse tal como se muestra en la imagen sobre estas líneas. 

Alfredo Dagli Orti / Shutterstock / GTRES

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Múltiples historias

El primer panel, el de Adán y Eva, combina desordenadamente cuatro episodios de la historia de la pareja. La creación de Adán, se encuentra en el primer plano a la izquierda, la de Eva, en el centro. La tentación por la serpiente se muestra al fondo a la izquierda, mientras que en el lado derecho se representa la expulsión de la pareja del Edén. Ghiberti modela la perspectiva jugando con el relieve del panel y sutiles cambios en la escala de los personajes para separar visualmente las cuatro escenas. El artista aplica la técnica conocida como stiacciato (término que puede traducirse por "aplastado"), que combina bajorrelieves acentuados y "carnosos" con otros de una variación mínima respecto al fondo, como el episodio de la tentación, apenas abocetado.


Gianni Dagli Orti/Shutterstock / GTRES 

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Perspectiva lineal

Lorenzo Ghiberti demostró su talento como narrador y artista incorporando múltiples narraciones dentro de cada panel y experimentando con las últimas innovaciones técnicas, como la representación de la perspectiva. En el Panel de Jacob y Esaú, Ghiberti empleó un nuevo sistema de perspectiva lineal para construir la narrativa. La historia se desarrolla alrededor de un punto de fuga enmarcado por el arco central de una logia renacentista. Al fondo a la izquierda, aparece Rebeca, la madre, rezando por los gemelos que se apiñan en su vientre. Enmarcado dentro del arco central, Esaú vende sus derechos de primogénito a Jacob por un plato de lentejas. La historia culmina delante, en el primer plano en altorrelieve, cuando Esaú, arrebatado de su primogenitura por su gemelo, se enfrenta a su padre Isaac. 


Gianni Dagli Orti/Shutterstock / GTRES 

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Diferentes historias, diferente relieve

En el panel de David, Ghiberti ilustró la victoria del joven David sobre el gigante filisteo Goliat. David aparece en primer plano decapitando a su enemigo tras derribarlo con una piedra. Sobre este episodio, el rey Saúl, claramente identificado y elevado por encima del resto de figuras, lidera a las tropas israelitas que luchan contra los filisteos y que acabarán por derrotarlos. Una hendidura en las montañas, al fondo, revela a David y sus seguidores cargando la cabeza de Goliat en triunfo hacia Jerusalén. Una mirada atenta del panel desvela que Ghiberti usó la perspectiva y el relieve para contar las tres partes de la historia y diferenciar claramente cada una de las escenas.


Alfredo Dagli Orti / Shutterstock / GTRES 

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Atención al detalle

A diferencia de las imágenes medievales, que desconocían este efecto óptico, Ghiberti utiliza la llamada perspectiva con profusión, jugando con el tamaño y el relieve de las figuras para dar una sensación de tridimensionalidad a su obra. Este efecto se acentúa en el panel dedicado a la historia de José, que narra como es llevado por sus hermanos al pozo, vendido a los mercaderes que lo entregan al Faraón. Finalmente, José interpreta el sueño del soberano, que le rinde honores, y vuelve a casa. Este panel fue destacado por el biógrafo de los artistas del Renacimiento, Giorgio Vasari, como "el más difícil de realizar, pero también el más hermoso". La escena casi parece una pintura, con una multitud de figuras distribuidas a lo largo de la escena.


United Archives/WHA / Picture Alliance / GTRES 

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Estudioso de la Biblia

Pero los conocimientos de Ghiberti no solo se limitan a las cuestiones técnicas y de estilo. El artista también demostró ser un profundo conocedor de la Biblia, no solo por la cantidad de detalles recreados en cada una de las historias, sino también por el simbolismo que encierran muchas de sus figuras. Es el caso de la historia de Abraham, el patriarca que a cambio de haberle concedido el don de poder tener un hijo pese a su avanzada edad y la de su esposa (representado en la escena inferior izquierda), Dios le reclamó el sacrificio de su primogénito para demostrar su fe, aunque un ángel detiene a Abraham (arriba a la derecha). Ghiberti conecta en Antiguo y el nuevo Testamento convirtiendo este sacrificio en el presagio del que hará Cristo por la humanidad. Así mismo, los tres ángeles que anuncian a Abraham el embarazo de su esposa son una revelación de la Trinidad, y la comida preparada por Sara tras ellos profetiza la Eucaristía.

United Archives/WHA / Picture Alliance / GTRES 

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Fuente de inspiración para Miguel Ángel

Desde un buen principio, estas puertas causaron la admiración de todo aquel que las veía en Florencia, también de los artistas que paseaban por sus calles y llevaban a cabo los encargos de la poderosa familia Médici o de las instituciones cívicas y religiosas de la ciudad. Uno de ellos fue Miguel Ángel Buonarroti, que se declaró admirador de la obra de Ghiberti y de las que dijo que merecían ser las puertas que diesen entrada al Paraíso. De ahí viene el nombre con el que son conocidas desde entonces. Las puertas tuvieron una gran influencia sobre Miguel Ángel. Ghiberti imaginó al anciano Dios todopoderoso como una presencia anciana y venerable que viajaba por el cielo envuelto en una nube con su corte de ángeles, aparece así en el panel de Adán y Eva y en otros (como este sobre la historia de Moisés), una representación que medio siglo más tarde el artista florentino reproduciría en la imagen más famosa del techo de la capilla sixtina.

Jon G Fuller/Vwpics/VW Pics via ZUMA Press Wire / Shutterstock / GTRES 

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Unión con el pasado

La obra de Ghiberti también encarna la voluntad del renacimiento de enlazar la antigüedad clásica con el nuevo estilo artístico emergente en Florencia. No solo reflejó las monumentales arquitecturas que estaban surgiendo en Italia por aquel entonces, palacios y edificios que recordaban a las majestuosas basílicas de los tiempos de gloria del Imperio Romano, también los fastos y ceremonias que debían sucederse en la ciudad de los Médici. El panel del encuentro entre Salomón y la reina de Saba muestra la evolución de la vestimenta, desde las sencillas túnicas de Abraham e Isaac hasta las prendas elaboradamente detalladas de esta pareja real, inspiradas sin duda en las ostentosas prendas de la aristocracia italiana de la época de Ghiberti. Este panel podría tener otro significado alegórico, la unión entre las iglesias occidental y oriental, que no se acabaría de producir pero que en ese momento se veía tan cerca que llegó a ser anunciada en los escalones de la catedral de Florencia el 9 de julio de 1439.

NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
ayabaca@gmail.com

sábado, 7 de agosto de 2021

BANQUERO, MECENAS Y HOMBRE DE ESTADO : Cosimo de Medici, el fundador de una dinastía que duró 300 años....

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la península de Italia, deslumbró en la época del Renacimiento, sobre todo Florencia, cuna de pintores, mercaderes, reyes y papas, sin embargo todo esto no hubiese posible, sino  gracias a la labor de los benefactores quienes eran hombres adinerados, que ofrecían su apoyo económico a obras de bien social, o favorecía a los grandes artesanos como los pintores, destacó en esta labor  el hábil político y banquero Cosimo de Medici, que fue el creador de una dinastía familiar que duró 300 años. "Los historiadores posteriores afrontaron el legado de Cosimo de Medici desde perspectivas opuestas: la mayoría lo alabaría como el fundador de la época dorada de Florencia, mientras que otros lo criticarían por suponer el inicio de la deriva autocrática de las instituciones republicanas. Muestra de ello es que, a su muerte, la Señoría florentina quiso tributarle un funeral de Estado –declinado por su hijo Piero por voluntad expresa de Cosimo, que en su testamento dejaba escrito que quería ser enterrado como un simple ciudadano– y le concedió el título póstumo de “Padre de la patria”. El viejo estadista salió de escena igual que había permanecido en ella: con aparente modestia, pero como señor de Florencia....." .......sigamos leyendo.......

Hábil banquero y político prudente, Cosimo de Medici sentó las bases de una dinastía que duraría tres siglos. En una Florencia dividida por las rivalidades entre las grandes familias, utilizó su riqueza para tejer una vasta red de influencias que lo convirtieron en el primer señor de facto de la ciudad.








Jacopo da Pontormo/CC

A finales del siglo XIV, la pujante burguesía italiana se preparaba para consumar el sorpasso a la vieja clase aristocrática. Aunque poseer un noble linaje proporcionaba todavía estatus y una notable influencia, era la economía la que dictaba el destino de las ciudades: la importancia creciente de los gremios, el florido comercio y especialmente el poder de la banca, de cuyos préstamos dependía toda la acción política, desde la realización de obras públicas a la capacidad de enrolar ejércitos en las constantes guerras contra las ciudades vecinas.

En el momento de su nacimiento, el 27 de setiembre de 1389, Cosimo de Medici –llamado a posteriori “el Viejo” para distinguirlo de sus sucesores que llevarían el mismo nombre– no parecía reunir los requisitos para triunfar en este escenario: apenas un par de generaciones atrás, su familia se dedicaba al comercio de la lana. Pero su padre Giovanni invirtió su modesto patrimonio en la creación de un banco en Florencia en 1397, que 30 años después contaba con una gran fortuna y filiales en Roma y Venecia. A la muerte de su padre en 1429, Cosimo y su hermano menor Lorenzo heredaron un patrimonio de casi 200.000 florines de oro y una red de influencias envidiable que llegaba hasta el Vaticano.

Los Medici se dedicaban al comercio de la lana, hasta que el padre de Cosimo fundó el banco que se convertiría en la fuente del poder de la familia.

UN GESTOR PRUDENTE

A punto de cumplir los 40 años, Cosimo se encontraba en una posición mucho más influyente que la que había tenido su padre. No solo disponía de riqueza, sino que había adquirido un estatus social relevante a través del matrimonio con Contessina de Bardi, perteneciente a una de las familias aristocráticas más ilustres de la ciudad, un enlace que le permitió tratar de igual a igual con las familias de alto rango dentro y fuera de Florencia.

Cosimo fue probablemente el gestor más hábil de su familia: en los 25 años en los que estuvo al frente de la banca Medici, duplicó el patrimonio que había recibido de su padre y abrió nuevas filiales en Nápoles, Ginebra, Brujas, París, Londres, Pisa, Aviñón, Milán y Lyon. A pesar del papel político que llegó a adquirir, en esencia fue siempre un hombre de negocios. Esa fortuna le permitió ganarse el favor del que gozó tanto entre la gente humilde como entre los poderosos. A los primeros les daba trabajo mediante el patrocinio de obras públicas y privadas, obteniendo un gran apoyo entre los gremios y facilitando el ascenso social de sus líderes; mientras que a los segundos concedía los préstamos necesarios para comprar favores, pagar ejércitos mercenarios o procurar dotes generosas para sus hijas.

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Fue también el primer gran mecenas de los Medici, dedicando grandes sumas de dinero a obras públicas como el convento de San Marcos, la basílica de San Lorenzo, la Biblioteca Medicea Laurenziana –a la cual nutrió con una generosa aportación de obras clásicas– y el proyecto más ambicioso que había visto la ciudad hasta entonces: la construcción de la cúpula de la catedral de Santa Maria del Fiore, que por sus enormes dimensiones representaba un reto arquitectónico muy difícil de afrontar hasta que el genio de Filippo Brunelleschi lo resolvió. Fundó también la Academia Neoplatónica, que marcó el inicio del Renacimiento intelectual florentino.

Sin embargo –y a pesar de su formación humanista–, para Cosimo el mecenazgo fue principalmente un instrumento práctico de promoción política y como tal una inversión prudentemente calculada. En los encargos privados se cuidó de no llevar a cabo proyectos demasiado ostentosos para evitar suscitar envidias y habladurías, y en los públicos procuró siempre que su mecenazgo fuera asociado con la prosperidad de la ciudad y no se interpretara como una demostración pública de riqueza.


PALACIO MEDICI RICCARDI FLORENCIA

El Palacio Medici Riccardi fue la residencia principal de la familia en tiempos de Cosimo y sus descendientes. Originalmente había encargado el proyecto a Brunelleschi, pero lo descartó por la excesiva suntuosidad, prefiriendo el diseño más austero de Michelozzo para que sus enemigos no pudieran acusarle de actuar como un aristócrata.

iStock/Inna Zabotnova

EQUILIBRIO DE PODERES

Los tiempos habían cambiado y ya no era el apellido sino la riqueza lo que más contaba, algo que no gustaba a muchos nobles que hasta entonces habían copado los cargos públicos y que veían con malos ojos el acceso a las instituciones políticas de los burgueses o, aún peor, los jefes gremiales. La facción aristocrática estaba liderada por las poderosas familias de los Albizzi y los Strozzi, que veían en los Medici un peligroso contrapeso a su poder: aunque Cosimo, en línea con su carácter prudente, procuró no acaparar muchos cargos públicos, a través de los favores económicos tejió una gran red de apoyos clientelares que le aseguraban, en la práctica, el apoyo a sus proyectos.

Inculpándolo de tratar de establecer un gobierno tiránico, sus rivales lograron que fuera encarcelado, pero se libró de la condena a muerte gracias a la intervención de poderosos aliados a quienes había favorecido a través de su banco, incluyendo el papa Eugenio IV. Cosimo fue exiliado a Venecia, donde vivió durante unos meses con toda comodidad: su salida de escena sirvió de poco a sus enemigos, pues la red de influencias medicea siguió trabajando a su favor y consiguió revocar el exilio en menos de un año, tras lo cual regresó triunfante a su ciudad.

En línea con su carácter prudente, Cosimo de Medici procuró no acaparar muchos cargos públicos, pero a través de los favores económicos tejió una gran red de apoyos clientelares que le aseguraban el apoyo a sus proyectos.

Este retorno representó para los nobles la constatación de que su época se acercaba al final: la creación de nuevos órganos de gobierno, de mayoría favorable a la política popular de Cosimo, fue el inicio de un cambio en las instituciones florentinas, con un peso cada vez mayor de las corporaciones. Esto a su vez determinó el rumbo de la política exterior, dictando las alianzas en función de los intereses económicos y buscando un equilibrio entre las diversas potencias que competían en la península italiana. También en este aspecto Cosimo, con su carácter calculador, supo manejar la diplomacia internacional: a través de alianzas personales pudo lograr un equilibrio entre las rivales Milán y Venecia, de modo que ninguna prevaleciera sobre la otra y llegase a amenazar la seguridad de Florencia.

EL PRIMER SEÑOR DE FLORENCIA

A principios de la década de 1450, Cosimo era uno de los hombres más influyentes de la península: había hecho de Florencia el vértice de la política italiana, fuera de su ciudad era tratado casi a la par de un jefe de Estado y el banco familiar iba viento en popa. Sin embargo, su salud empezó a verse afectada por la gota, una enfermedad que arrastrarían sus descendientes, por lo que fue retirándose progresivamente a un segundo plano. Su hermano Lorenzo había muerto en 1440 y los hijos de este –cuyos descendientes, un siglo después, se convertirían en Grandes Duques de Toscana– tomaron las riendas del negocio, mientras que los hijos de Cosimo recogieron su legado político.

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A pesar del poder que había consolidado para su familia, el futuro de la dinastía no parecía muy seguro: en 1463 murió su hijo predilecto, Giovanni, en quien había puesto sus esperanzas de sucesión vista la frágil salud de su primogénito Piero. Sus expectativas se posaron entonces sobre su joven nieto Lorenzo, de apenas 15 años, pero en quien el viejo Cosimo apreció un precoz talento diplomático que nada tenía que envidiar al suyo, si bien el Magnífico no administró la fortuna familiar tan prudentemente como lo había hecho él. El 1 de agosto de 1464, con casi 75 años pero consumido por la gota, Cosimo el Viejo murió en su villa de Careggi, a las afueras de Florencia, el refugio personal al que acudía en busca de tranquilidad.

Los historiadores posteriores afrontaron el legado de Cosimo de Medici desde perspectivas opuestas: la mayoría lo alabaría como el fundador de la época dorada de Florencia, mientras que otros lo criticarían por suponer el inicio de la deriva autocrática de las instituciones republicanas. Muestra de ello es que, a su muerte, la Señoría florentina quiso tributarle un funeral de Estado –declinado por su hijo Piero por voluntad expresa de Cosimo, que en su testamento dejaba escrito que quería ser enterrado como un simple ciudadano– y le concedió el título póstumo de “Padre de la patria”. El viejo estadista salió de escena igual que había permanecido en ella: con aparente modestia, pero como señor de Florencia.


NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

martes, 2 de marzo de 2021

LA FLORENCIA DE LOS MÉDICIS: Sandro Botticelli, el espíritu del renacimiento

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., Florencia, cuya del Renacimiento y ciudad de los Médicis, nació un gran pintor llamado: Sandro Botticelli, cuyo nombre original fue Alessandro Filipepi; quien creó las figuras más emblemáticas como : La Primavera o el Nacimiento de Venus.........................


La primavera (1481-1482). Temple sobre tabla, 203 × 314 cm, Uffizi, Florencia: icono de la renovación primaveral del Renacimiento florentino.
WIKIPEDIA.


La fortaleza (1470). Temple sobre tabla, 167 x 87 cm, Galería Uffizi, Florencia.
WIKIPEDIA.

Las pruebas de Moisés (1481-1482). Pintura mural, 348,5 x 558 cm. Capilla Sixtina, Ciudad del Vaticano.
WIKIPEDIA.

La Virgen y el Niño con la corona de espinas y tres clavos. 1477. Temple y óleo sobre tabla. Retablo de madera tallada y punzonada con aplicación de hoja de oro. Museo Soumaya, México
WIKIPEDIA.

La Calumnia de Apeles (1495). Pintura al temple sobre tabla, 62 cm × 91 cm, Galería Uffizi, Florencia.
WIKIPEDIA.


En la Florencia del siglo XV, Alessandro Filipepi, universalmente conocido como Sandro Botticelli, creó alguna de las obras más emblemáticas del arte renacentista, como La Primavera o El nacimiento de Venus.

Foto: CC

Último hijo de un curtidor de pieles, Alessandro Filipepi nació en Florencia el 1 de marzo de 1445. Su sobrenombre, Botticelli, lo debe muy probablemente a la profesión de uno de sus hermanos mayores, que era batihoja o batidor de oro y se dedicaba a elaborar pan de oro, las láminas doradas que se usaban como elemento decorativo. En Florencia, esta profesión se llamaba battiloro o battigello, de donde pudo derivar el término Botticello o Botticelli.

Parece ser que de pequeño, Botticelli tenía una salud delicada. En 1458, el padre afirmó, en una especie de declaración de la renta de la época, que su hijo de trece años era "enclenque", añadiendo asimismo que el joven sta alleggere. Mucho se ha discurrido sobre el significado de esta expresión: según una teoría, se trata de una manera de decir que se dedicaba a estudiar (sta a leggere, "se dedica a leer"); otros creen que se trata simplemente de un error de escritura, porque el padre quería decir que Sandro sta alegare, esto es, se dedicaba a "engastar" piedras preciosas tal vez como aprendiz de un orfebre.

Botticelli realizó sus primeras obras en el taller de Filippo Lippi, como una Virgen con el Niño que hoy se conserva en Ajaccio (Córcega).

De cualquier manera, Sandro debía de ser un joven con talento porque pronto repararon en él los nuevos vecinos de los Filipepi desde comienzos de la década de1460, los acaudalados Vespucci (familia a la que pertenecía Amérigo, el conocido navegante que daría su propio nombre a un continente). Probablemente fue esa rica familia quien lo recomendó al gran pintor Filippo Lippi. El maestro, cercano a la familia de los Médicis, acababa de abrir un taller en la cercana localidad de Prato, y allí Botticelli realizó sus primeras obras documentadas como, por ejemplo, una Virgen con el Niño, que hoy se conserva en Ajaccio (Córcega). Cuando más tarde el maestro se trasladó a Spoleto, Alessandro no lo siguió y comenzó a frecuentar el taller de Andrea del Verrocchio, diez años mayor que él, alrededor del cual gravitaban los mayores artistas de la nueva generación de vanguardia, como Domenico Ghirlandaio y Leonardo da Vinci.


El Nacimiento de Venus es la obra más famosa del artista italiano.

Foto: CC.

AL SERVICIO DE LOS MÉDICIS

En 1470, Botticelli ya se había establecido por su cuenta, abriendo un taller directamente en la casa de sus padres, donde vivía junto al resto de la familia. A diferencia de muchos otros artistas, a Botticelli no le gustaba demasiado viajar. A lo largo de su vida tan sólo salió de Florencia para trabajar en la capilla Sixtina por encargo del papa Sixto IV y para unos pocos desplazamientos más. Mientras, su carrera progresaba rápidamente y en poco tiempo se convirtió en una personalidad de relieve en el ámbito de la cultura humanista promovida en la Florencia de los Médicis.

En efecto, en esos años los intelectuales florentinos descubrían el neoplatonismo, una corriente que, partiendo de la filosofía de Platón, sostenía la supremacía del espíritu sobre la materia, en un movimiento ascendente que conducía al alma hacia Dios a través del intelecto y del amor. En 1459, Cosme el Viejo había fundado, en la villa de los Médicis en Careggi, la Academia Neoplatónica florentina. Allí se reunían intelectuales como Pico della Mirandola, Agnolo Poliziano y el filósofo Marsilio Ficino, traductor de las obras de Platón y teórico del neoplatonismo. La adhesión de Botticelli a la cultura neoplatónica de su época queda representada de manera evidente en sus cuatro grandes obras de tema mitológico realizadas en la década de1480:La Primavera, Palas y el centauro, Venus y Marte y El nacimiento de Venus. Lo que hizo posible estas y otras creaciones de Botticelli fue su relación privilegiada con los Médicis.

La Primavera, Palas y el centauro, Venus y Marte y El nacimiento de Venus muestran la adhesión de Botticelli a la cultura neoplatónica de su época.

Se sabe que en 1475 hizo ya una obra para Giuliano, el hermano de Lorenzo de Médicis, y parece que mantuvo con ellos un trato de gran familiaridad. Lorenzo el Magnífico se burlaba de él en un poema llamándolo "goloso y glotón", aludiendo a los momentos de placer que sin duda habían compartido.

UN SOLTERÓN IMPENITENTE

No se tienen noticias sobre las relaciones amorosas de Botticelli. Ya fuera por su dedicación al arte o porque sus inclinaciones fueran otras –consta que en 1502 fue objeto de una denuncia anónima por sodomía–, mostró siempre una abierta aversión al matrimonio, y él mismo contaba que una noche, habiendo soñado que se había casado, se despertó sobresaltado y, por miedo a sufrir la misma pesadilla, se pasó la madrugada vagando por Florencia.

Sin embargo, no fue una persona solitaria: Vasari cuenta que le gustaban las compañías y estaba siempre dispuesto a bromear, como muestra la siguiente anécdota. Junto a su taller se había trasladado un tejedor que utilizaba una maquinaria tan ruidosa que hacía temblar las paredes. Ante las protestas del artista, el hombre le respondió que en su casa hacía lo que quería. Como resultaba que el muro de su casa era más alto que el de la casa del tejedor, Botticelli colocó en equilibrio una piedra que, a cada vibración del muro, amenazaba con caer en la casa del vecino. Entonces el tejedor le pidió que la quitara, pero el artista replicó que en su casa él hacía lo que quería.

Botticelli mostró siempre aversión al matrimonio. Una noche, tras soñar que se había casado, se despertó sobresaltado y pasó la madrugada vagando por Florencia.

Con la muerte de Lorenzo el Magnífico en 1492 puede considerarse cerrada la época del primer Renacimiento. Dos años más tarde, Florencia era invadida por los franceses, los Médicis eran expulsados de la ciudad y el predicador Girolamo Savonarola encabezaba una contrarrevolución cultural en nombre de un cristianismo fundamentalista. Botticelli vivió de lleno este cambio de clima. Presa de una crisis interior, se convirtió en seguidor del fraile y compuso obras que revelaban sus nuevas inquietudes religiosas y en las que los historiadores del arte han visto una crítica del régimen de los Médicis. Aunque no es seguro, como pretendía Vasari, que en sus últimos años Botticelli cayera en la pobreza, sí parece que la enfermedad lo obligó a dejar de pintar antes de su fallecimiento en 1510.

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