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domingo, 5 de diciembre de 2021

Curiosidades de la Historia : Mozart, el genio más fulgurante del siglo XVIII

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., Wolfgang Amadeus Mozart, compositor, pianista, violinista y virtuoso de la música, nació en Salzburgo,Viena, Austria, un 27 de enero de 1,756 y murió un 5 de diciembre de 1,791....."Estando en Nápoles, tocó el piano en el Conservatorio de la Pietà con tal maestría que el público presente imaginó que se trataba de un encantamiento producido por un anillo que Mozart lucía en la mano, pero cuando se lo quitó las sospechas de brujería se desvanecieron y sólo quedó el asombro por el talento del chico. Cuando tenía 14 años, hallándose en Roma, escuchó en la capilla Sixtina un Miserere compuesto por Gregorio Allegri en 1638, cuya partitura se custodiaba celosamente en el Vaticano para que nadie la copiara. Tras escuchar la obra una sola vez (duraba unos 15 minutos), Mozart escribió la partitura entera sin haber tomado nota alguna, incluidas las improvisaciones y embellecimientos que los miembros del coro introducían...."   ... siga leyendo................

Celebrado de niño por su virtuosismo, Mozart decidió convertirse en un músico independiente en Viena, la capital del Imperio austríaco

ERICH LESSING / ALBUM

El joven prodigio

Mozart en 1770, a los 14 años, tocando en un clavicordio el movimiento molto allegro de su sonata K. 72. S. dalla rosa.


G. AZUMENDI / AGE FOTOSTOCK.

Virtuoso del violín

Violín de Mozart. Casa museo de Mozart, Salzburgo.


DEA / AGE FOTOSTOCK.

Las últimas horas

Mozart en su lecho de muerte, atendido por su esposa Constanze. Óleo por William James Grant. Siglo XIX.


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«El milagro que Dios quiso que naciera en Salzburgo». Así se refería Leopold Mozart a su hijo Wolfgang, maravillado él también por las inusitadas dotes musicales que mostró desde su más tierna edad. En realidad, no todo fue milagroso. De niño, Wolfgang disfrutó de un ambiente familiar propicio, ya que su padre fue un músico notable que se hizo conocido en toda Europa por un método para aprender a tocar el violín. Intérprete, compositor y teórico, supo ver las cualidades de su hijo pequeño y le procuró las mejores condiciones para desarrollarlas. A los tres años Wolfgang ya tocaba el clavicordio –con unas manos que apenas alcanzaban algo más de media octava– y a los cinco bosquejó su primer concierto.

La fama de aquel niño prodigioso se extendió por los cenáculos filarmónicos y los salones aristocráticos de Salzburgo, pero pronto la ciudad austríaca se quedó pequeña para las aspiraciones de los Mozart y el padre organizó viajes y largos periplos musicales por Europa, particularmente por Italia y Francia. En las sucesivas giras el pequeño Mozart exhibía sus raras dotes de virtuoso. Por ejemplo, era capaz de improvisar sobre cualquier tema que le propusieran; lo escuchaba y de inmediato, sin siquiera ensayar, lo tocaba con increíble soltura, añadiendo toda suerte de variaciones. A veces, le ponían a prueba tapando el teclado del clavicordio con un lienzo para que no pudiera ver ni sentir las teclas, lo que no le impedía seguir tocando brillantemente. Otras tocaba vuelto de espaldas al teclado, o bien se pasaba del clavicordio al violín, con el que también era un virtuoso.

EL NIÑO PRODIGIO

Estando en Nápoles, tocó el piano en el Conservatorio de la Pietà con tal maestría que el público presente imaginó que se trataba de un encantamiento producido por un anillo que Mozart lucía en la mano, pero cuando se lo quitó las sospechas de brujería se desvanecieron y sólo quedó el asombro por el talento del chico. Cuando tenía 14 años, hallándose en Roma, escuchó en la capilla Sixtina un Miserere compuesto por Gregorio Allegri en 1638, cuya partitura se custodiaba celosamente en el Vaticano para que nadie la copiara. Tras escuchar la obra una sola vez (duraba unos 15 minutos), Mozart escribió la partitura entera sin haber tomado nota alguna, incluidas las improvisaciones y embellecimientos que los miembros del coro introducían.

Estas hazañas de superdotado, sin embargo, tuvieron también su envés. Se ha acusado al padre de explotar a Wolfgang y su hermana mayor Nannerl, a los que hacía tocar horas y horas, para luego ufanarse: «Mis hijos están muy acostumbrados al trabajo». De hecho, durante las giras Wolfgang cayó enfermo varias veces; en una ocasión llegó incluso a perder la vista durante un tiempo. También se ha reprochado a Leopold Mozart que a los doce años impulsara a su hijo a componer óperas (y a dirigirlas en concierto) cuando aún no estaba preparado para ello. Pero hay que reconocer que Leopold tuvo siempre como norte la carrera de su genial vástago, y que éste fue siempre un niño feliz y alegre, capaz de interrumpir un concierto de clavicémbalo para jugar con un gato que aparecía por la ventana o ponerse a correr con un palo entre las piernas imaginándose que cabalgaba un brioso corcel.

A partir de 1773, cuando tenía 17 años, Mozart se asentó de forma permanente en Salzburgo, donde su carácter independiente pronto le haría mantener constantes roces con el nuevo arzobispo, Hieronymus von Colloredo, de quien dependían tanto su padre como él. Pese a ello, en ese período el genio trabajó febrilmente, produciendo obras maestras en todos los géneros, tanto en el campo de la música de cámara, como la sinfónica, vocal u operística. En 1778 hizo una nueva salida, que lo llevó primero a Mannheim –donde quedó impresionado por el estilo de la magnífica orquesta de la ciudad y sus dramáticos contrastes– y luego a París, en busca de un puesto estable y mejor remunerado. Esta estancia fue uno de los peores períodos de su vida: en los salones de la aristocracia le hacían esperar en gélidas antesalas, no le pagaban las composiciones y, lo peor de todo, su madre falleció en el pobre apartamento que tenían alquilado. La carta en que comunica el deceso a su padre es un emotivo documento.

De vuelta a Salzburgo, Mozart no soportó mucho más las desavenencias con Colloredo. Su deseo era convertirse en un músico independiente, sin trabas ni ataduras, por lo que finalmente, en contra del criterio de su padre, decidió romper con el arzobispo e instalarse en Viena. En la capital imperial trató de ganarse la vida como concertista y vendiendo sus obras por suscripción, aunque también se vio obligado a dar clases particulares de piano; como a veces los alumnos se saltaban alguna, decidió cobrar un tanto fijo por mes. El estreno, en 1782, de El rapto del serrallo, trepidante ópera en alemán, musicalmente revolucionaria, le dio un gran éxito y el favor del emperador José II. Fue entonces cuando contrajo matrimonio con Constanze Weber, a pesar de que pretendió antes a su hermana mayor, Aloysia.

AGOBIADO POR LAS DEUDAS

La vida en Viena se presentaba bajo buenos augurios. Mozart trabajaba sin cesar y estudiaba intensamente a los músicos del período barroco, como Bach. Trabó amistad con Franz Joseph Haydn, a quien dedicó una célebre serie de seis cuartetos. Es imposible destacar siquiera algunas entre las geniales creaciones que Mozart multiplica en esos años en todos los géneros –sonata, sinfonía, conciertos para piano y violín...–, que cosechaban a menudo un éxito clamoroso.

Por ejemplo, en 1783 Mozart comentaba la reacción del público tras un concierto para piano: «La sala estaba abarrotada, y aunque yo había abandonado el escenario los aplausos no cesaban, así que me vi obligado a repetir el rondó». Más apoteósico todavía fue el éxito del ciclo de tres óperas que compuso entre 1786 y 1790 en colaboración con el afamado libretista italiano Lorenzo da Ponte: Las bodas de Fígaro, Don Giovanni y Così fan tutte, que se representaron en todos los teatros de Europa; nada le complació más que oir tararear las arias de Fígaro en las calles de Praga.

Pese a ello, su situación financiera se hizo cada vez más apurada. Para mantener a su familia (tuvo seis hijos, de los que sólo dos sobrevivieron) y pagar las curas de su esposa en Baden y los lujos que se permitían en su apartamento –entre ellos el ponche y los dulces, a los que el goloso Mozart era aficionadísimo– no le bastaban sus ingresos. Desde 1783, el compositor pedía préstamos a algunos conocidos. A uno de ellos, el masón Puchberg, le comentaba: «¡Cuán esquiva me es la fortuna, sobre todo en Viena, donde no gano dinero ni encuentro trabajo, aunque me empeño en buscarlo!».

EL ÚLTIMO AÑO

Fue así como, en 1791, le llegó al músico la petición de escribir una Misa de réquiem, por la que se le pagaría generosamente. Un hombre embozado fue a su casa para transmitirle el encargo, negándose a revelar de dónde procedía. Mozart estaba ya gravemente enfermo, pero lo aceptó de inmediato. Hoy sabemos que la propuesta procedía del adinerado conde Walsegg, que acababa de enviudar y deseaba disponer, para los funerales de su esposa, de una Misa de difuntos. Walsegg quería también que el autor de la obra permaneciera oculto, de modo que él mismo transcribiría la pieza, de su puño y letra, y la haría pasar como propia.

Así, sin sospecharlo, este caprichoso aristócrata propició una de las piezas más grandiosas de la historia de la música, el Réquiem para cuatro voces solistas, coro, órgano y orquesta. Mozart no pudo terminarlo (fue su discípulo y amigo Franz Süssmayr quien lo completó). Unas «fiebres miliarias» acabaron con su vida el 5 de diciembre de 1791, cuando sólo tenía 35 años.

NATIONAL GEOGRAPHIC


Retrato de Wolfgang Amadeus Mozart pintado por encargo de Leopold Mozart en 1763. El autor es desconocido aunque posiblemente fuera Pietro Antonio Lorenzoni.


La familia Mozart durante su viaje: Leopold interpretando el violín; Wolfgang Amadeus al clavecín y Nannerl, cantando. Acuarela de Louis Carrogis Carmontelle hacia 1763.9


Wolfgang tocando el clavicordio y Thomas Linley (de la misma edad), el violín, durante su estancia en Florencia, en 1770.


Retrato de la familia Mozart hacia 1780, obra de Johann Nepomuk della Croce. De izquierda a derecha, Nannerl, Wolfgang y Leopold. El retrato de la pared es de Anna Maria, la madre de Mozart, que falleció en 1778.


Mozarts letzte Tage (Últimos días de Mozart) de Hermann von Kaulbach (1873)

Sinfonía n.º 40
Primer movimiento
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Molto allegro
Segundo movimiento
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Andante
Tercer movimiento
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Menuetto, Allegretto-Trio
Cuarto movimiento
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Allegro assai

Mozart aparece hoy como uno de los más grandes genios musicales de la historia. Fue excelente fortepianistaorganistaviolinista y director, destacaba por sus improvisaciones, que solía realizar en sus conciertos y recitales.
WIKIPEDIA.

Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

miércoles, 20 de enero de 2021

NATIONAL GEOGRAPHIC : ARQUEOLOGÍA MUSICAL.- Dos músicos a la búsqueda de los sonidos de la Prehistoria.... Yerko Lorca y Kuan Yin, ......

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., el origen de la música desde la prehistoria es todo un enigma;  se han unido dos investigadores Yerko Lorca y Kuan Yin, quienes han juntado investigación arqueológica y conocimiento musical para recrear instrumentos y melodías de hace miles de años.
El Museo de la Prehistoria de Taiwan, ha contratado a los músicos a recrear melodías musicales desde 3,000 años que se tocaron en la isla, nadie sabe que sonidos musicales hubieron en aquellas épocas, pero bien vale fantasear una recreación de miles de años atrás. 


Kora, un instrumento musical mezclado con 20 cuerdas con arpa y laúd; del África Occidental de origen milenario.
WIKIPEDIA.

Yerko Lorca y Kuan Yin, han juntado investigación arqueológica y conocimiento musical para recrear instrumentos y melodías de hace miles de años.








Foto: Wernar Wedding Photography

Los que trabajan con la historia – arqueólogos, investigadores, estudiosos, profesores, historiadores, periodistas – son perfectamente conscientes de la relevancia que puede tener el más mínimo conocimiento sobre nuestro pasado, por nimio que parezca. Cada detalle nos puede ayudar a entender cómo hablaban, qué comían, cómo vestían y qué deseaban nuestros antepasados. Las manifestaciones artísticas son uno de los grandes enigmas de la historia. Más allá de las figuritas prehistóricas o las pinturas rupestres, los vestigios culturales del pasado se antojan más bien escasos. Pero, ¿qué ocurre con la música? Se han conservado varias piezas musicales antiguas registradas sobre papiro, papel, piedra y arcilla. Conocemos la letra de las canciones; incluso en algunos casos formidables se han conservado hasta las partituras – si de partituras se puede hablar considerando que tienen 2.000 años de antigüedad–, pero continúa siendo muy complicado saber cómo sonaban exactamente.

Dos músicos, el catalán Yerko Lorca y la taiwanesa Kuan Yin, son de los poquísimos artistas en el mundo que intentan responder a estas preguntas. Desde 2015 este dúo internacional cruza hallazgos arqueológicos y música para revivir melodías de Europa, África y Asia. “Todo empezó en diciembre de 2008 – cuenta Lorca – cuando decidí viajar a Mali para aprender a tocar la kora, un instrumento de cuerdas africano perteneciente a la familia de las arpas de arco. Allí me di cuenta de que este instrumento no es de músicos, sino de narradores de historias”.

Aprender a tocar la kora sin conocer la cultura de África Occidental le restaba al instrumento su esencia de vehículo de historias.

Lorca llegó a la conclusión que aprender a tocar la kora sin meterse de lleno en la cultura de África Occidental carecía de sentido, pues le estaba restando al instrumento su esencia de vehículo de historias. De la mano de Djeliba Baba, un narrador de historias profesional, el músico empezó a estudiar la cultura, la historia, los poemas de la parte oeste del continente africano.

“Al cabo de unos años me di cuenta de que quería emplear todas las herramientas adquiridas en este proceso para investigar sobre la música en el Mediterráneo”, explica Lorca, quien se dirigió hacia Grecia para empezar sus nuevas investigaciones. Allí entró en contacto con una empresa familiar de lutieres que, desde muchas generaciones, recreaba instrumentos antiguos. Lorca les encargó que construyeran para él una lira clásica griega tipo chelis de doce cuerdas pero, aún así, recuperar los sonidos de la Grecia clásica seguía siendo todo un reto.


Yerko Lorca con su Lira de la Estela de Luna. Es el único ejemplar en el mundo de la lira de la Estela de Luna de quince cuerdas.

Foto: Mònica Prats

LA MÚSICA EN LA IBERIA ANTIGUA

El deseo de tocar melodías acordes al tiempo del instrumento que acababa de tener entre manos llevó a Lorca a seguir investigando sobre la música en el Mediterráneo. Así entró en contacto con el musicólogo Ángel Román Ramírez, autor del libro La música en la Iberia Antigua: de Tarteso a Hispania. Fue él quien le hizo escuchar por primera vez la adaptación musical del texto de los bronces de Botorrita, una serie de cuatro planchas de bronce del siglo I a.C. encontradas en la actual Botorrita, cerca de Zaragoza.

El texto, escrito en celtíbero y aún por descifrar, fue transliterado por J. Ramón Rivera; la música es obra de Ángel Román. Así, las palabras grabadas en el bronce hace 2.000 años volvieron a recobrar vida en forma de canción: ULDIA UIR AS KUM MEL, cuyas palabras, extraídas del Bronce III, según las interpretaciones, serían una oración para un sacrificio.


Kuan Yin tocando el tambor de marco.

Foto: Mu

LA LIRA DE LA ESTELA DE LUNA

Ángel Román Ramírez interpretaba esta melodía tocando una lira inspirada en la Estela de Luna, conocida también como Lira tartésica.

La Estela de Luna es una estela funeraria de la edad del bronce de 1,30 m de altura, datada entre 1250 y 750 a.C., procedente de Tiña o Tiñica del Royo en Luna, Aragón. En la cara anterior de la estela antropomorfa manos expertas grabaron hace siglos el dibujo de una lira de 15 cuerdas parecida a la lira homérica (phorminx), uno de los instrumentos musicales de cuerda de la Grecia clásica.

Román Ramírez disponía de una lira parecida, pero con nueve cuerdas. Yerko Lorca, en cambio, decidió recrear la lira tal y como está representada en la estela, con las quince cuerdas: “Fue un trabajo conjunto: Ángel, los lutiers y otros investigadores colaboraron y, siguiendo mis indicaciones, conseguimos recrear un modelo diferente a todos los anteriores, más grande y único al mundo”, explica Lorca, quien tuvo que desarrollar una técnica propia para tocar un instrumento cuya memoria se había perdido en el transcurso de los siglos.

Después de años de práctica, Lorca empezó a aplicar a este instrumento de origen mediterráneo, que probablemente también tuvo influencias fenicias, conceptos de la kora africana: “fue entonces que se obró la magia y que finalmente el sonido parecía acorde con el instrumento que tenía entre manos”, afirma el músico.


Yerko Lorca con su kora, un instrumento africano de cuerdas parecido a un laúd y a un arpa.

Foto: Nekomou

EL EPITAFIO DE SEIKILOS

La pieza que tal vez sea la mejor síntesis del trabajo de Lorca de estos años, que desde 2015 es acompañado por su pareja de vida y trabajo Kuan Yin, es sin duda el Epitafio de Seikilos, considerado como la canción completa más antigua conservada hasta nuestros días. Datado alrededor del siglo I d.C. y grabado en una estela de mármol que un tal Seikilos había hecho construir para su esposa Euterpe en Trales, a unos 30 kilómetros de Éfeso, el epitafio es un himno a la vida: Mientras vivas, brilla, / nunca sientas pena. / La vida dura muy poco / y el tiempo demanda su tributo.



Lo más importante de esta melodía es que su mensaje es igual de actual ahora que hace 2.000 años”, explica Kuan Yin, quien junto con Lorca hace revivir esta melodía al son del tar, un tambor de marco cuyo diámetro es superior a su profundidad. Como Lorca, ella también ha empezado a tocar instrumentos por su connotación histórica. El tambor de marco aparece en diferentes culturas de todo el mundo, que no tenían contacto entre ellas. Es uno de los instrumentos de percusión más antiguos y aparece inciso, pintado, diferentes tamaños. Y casi siempre, aparece tocado por una mujer. “Puede verse en cantidad de rituales y ceremonias. Se le atribuía a la mujer estar conectada entre el mundo espiritual y el de los vivos por el hecho de poder concebir vida”, explica Kuan Yin.

Al ser una melodía hallada en una estela funeraria, normalmente se atribuye al Epitafio de Seíkilos una connotación triste. “Nosotros lo cantamos con las mismas notas pero con alegría y simplicidad e invitamos al público a cantarla en griego antiguo”, explica Lorca. Su versión es un arreglo de la melodía original, es decir que Lorca y Kuan Yin tocan una versión con un añadido, una nota en la parte final que les permite hacer el tema más personal y, en su opinión, que una música de hace 2.000 años, creada por otra cultura, conecte de lleno con la humanidad de nuestro tiempo.


Monolitos en el yacimiento de Peinan.

Foto: National Museum of Prehistory

TRIBUS ABORÍGENES DE TAIWAN

En su último proyecto, sin embargo, han salido del Mediterráneo. Esta pareja de artistas ha viajado en la distancia y en el tiempo hasta Taiwan, donde unos recientes descubrimientos han llevado a identificar yacimientos aborígenes de hace 3.000 años. En la parte sudoriental de la isla se han encontrado unos monolitos que probablemente servían de pilares para las viviendas de las tribus que habitaron la isla. “Según parece, en los agujeros de la parte superior de los monolitos, entraban las vigas que sujetaban el techo”, cuenta Kuan Yin. En el Sitio de Peinan se conservan los restos del asentamiento antiguo más abundante del este de Asia, y sin embargo los habitantes de Taiwán desconocen esta realidad.

Por ello el National Museum of Prehistory de Taiwán, responsable de las excavaciones, decidió dar un paso hacia la ficción: contrataron un novelista para que creara una historia de fantasía basada en la cultura Peinan para dar a conocer el pasado de la isla de una forma más popular. Yerko Lorca y Kuan Yin, financiados por el mismo museo, se han encargado de crear una melodía que, basándose en los descubrimientos del yacimiento, consiguiera llevar al oyente a la Taiwan de hace 3.000 años.

Los dos músicos se han encargado de crear una melodía que, en base a los descubrimientos del yacimiento, transportase mentalmente al oyente a la Taiwán de hace 3.000 años

Nunca sabremos a ciencia cierta cómo sonaban esas melodías, pues muchos factores se han perdido en el camino. Sin embargo el mero hecho de poder recordar y soñar con esas canciones milenarias ideadas, pensadas y tocadas por nuestros antepasados quizá ya es el mejor regalo con el que puede fantasear cualquier amante de la historia.


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