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miércoles, 4 de julio de 2018

HISTORIA : INDEPENDENCIA DE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA .- NATIONAL GEOGRAPHIC .- La Guerra de la Independencia de los Estados Unidos paso a paso ......................George Washington, el héroe de la independencia de Estados Unidos

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., hoy celebramos 242 años de la Independencia de Los Estados Unidos de América, que fue proclamada un día como hoy 04 de julio de 1,776; no fue fácil para las 13 colonias librarse del yugo británico, que con políticas severas e impositivas, obligó a los colonos americanos a luchar por su independencia.
Como no existía un ejército regular, se tuvo que nombrar como su comandante a George Washington, quien contaba con experiencia militar y don de mando, y tuvo que enfrentar victoriosamente a los británicos que finalmente tuvieron que reconocer la independencia de los Estados Unidos en el Tratado de Versalles en enero de 1783.
Como era de esperarse, el victorioso militar y político George Washington, fue elegido como el primer presidente de los Estados Unidos, era una experiencia nueva única en el mundo; de ese entonces gobernados por reinos y tiranías europeas, que en América exista  una república democrática.
National Geographic.- dice: "...No fue tarea fácil, pero poco a poco fue consiguiéndolo. Washington reunía las condiciones personales para la tarea: un carácter reservado y prudente, seriedad, constancia e integridad a prueba de las críticas más adversas. Poseía también una clara conciencia de sus limitaciones y una voluntad enorme de aprender de sus propios errores. Pero sobre todo Washington tenía una confianza ciega en su misión; creía en la independencia de las colonias y en que el destino estaba de su parte. Creía también firmemente en lo que entonces era una novedad y que sería uno de sus más importantes legados: que el ejército debía estar subordinado a la autoridad civil. Además de todo ello, era un hombre con suerte, con mucha suerte. Si no puede decirse de él que fuera un militar brillante, los generales británicos con quienes se enfrentó no dieron la talla y fueron sustituidos a medida que fracasaban, mientras que él se mantuvo en su puesto hasta el final.
Pero, con aún persistía la independencia de las tres colonias ahora estados libres, y cada uno quería dispararse por su cuenta, hubo un Congreso Continental , que redactó la Primera Constitución Política de Gobierno, único en el mundo.
National Geographic.- agrega: "En 1787 se convocó una convención en Filadelfia para reformar los Artículos de Confederación. Washington asistió a ella y fue nombrado presidente. La convención, por influencia de Washington y de los federalistas –partidarios de sustituir la confederación por una federación de estados–, no se limitó a reformar los Artículos de Confederación, sino que elaboró un documento revolucionario: la primera Constitución de los tiempos modernos, republicana, federal, con separación de poderes, y que basaba su autoridad en el consentimiento de los ciudadanos. Son principios que en la actualidad parecen normales, pero para un mundo dominado por monarcas absolutos que ocupaban el poder por mandato divino, el experimento de los americanos parecía inaudito y muchos creían que no podría funcionar..."

National Geographic.- añade: " La Constitución ponía el poder ejecutivo en manos de un presidente, elegido indirectamente por los ciudadanos de los diferentes estados. Todos sabían quién sería el primero en ocupar el puesto. En efecto, Washington fue elegido por unanimidad por los 69 electores de los estados y el 30 de abril de 1789 tomaba posesión de su cargo en Nueva York, designada como capital provisional de la nación. En cambio era una incógnita cómo actuaría este primer presidente, porque no existía ningún modelo a seguir. Era el propio Washington el que debería establecer los precedentes que seguirían desde entonces todos sus sucesores..."

National Geographic.- finaliza así: "Tras ser reelegido en 1793, de nuevo por unanimidad, Washington dejó la presidencia en 1797 para retirarse definitivamente a Mount Vernon. Esperaba encontrar allí la paz y la tranquilidad que la presidencia, especialmente en su segundo mandato, le había negado. Pero su retiro duró poco tiempo: en diciembre de 1797, tras hacer una ronda a caballo por su hacienda en un frío día invernal, cogió un resfriado que enseguida se complicó con una infección en la laringe. Murió dos días después, a la edad de 67 años. Un contemporáneo hizo entonces de él un elogio fúnebre que ha pasado a la historia, al calificar a Washington como "el primero en la guerra, el primero en la paz, el primero en el corazón de sus conciudadanos".

http://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/guerra-independencia-los-estados-unidos-paso-paso_11686
http://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/george-washington-heroe-independencia-estados-unidos_11676
El entusiasmo de los voluntarios, el genio organizador de Washington y la ayuda francesa determinaron el éxito de la contienda. Te explicamos cronológicamente los momentos más importantes.
1. Bunker Hill (17-VI-1775)
Bloqueados en Boston por las milicias americanas, los británicos intentaron romper el sitio en Breed's Hill y Bunker Hill, perdiendo 230 hombres durante la ofensiva. La causa americana ganó entonces uno de sus primeros mártires, el médico Joseph Warren, abatido por los británicos en su último ataque (en la imagen).
Foto: Bridgeman

2. Trenton (25-XII-1776)
Expulsados de Nueva York por los ingleses, Washington y su ejército se trasladaron a Nueva Jersey. Unos meses después cruzaron el río Delaware (como muestra el óleo de Trumbull) para asaltar una guarnición británica en Trenton, formada por mercenarios alemanes que se rindieron tras una breve lucha.
Foto: Bridgeman

3. Princeton (3-I-1777)
Tras la batalla de Trenton, el británico Cornwallis condujo un fuerte ejército contra Washington. Alertados, los americanos se retiraron hacia Princeton. Tras una escaramuza en la que fue herido mortalmente el general americano Mercer (imagen superior), se libró una batalla que fue un nuevo triunfo de los independentistas.
Foto: Corbis

4. Saratoga (17-X-1777)
En junio de 1777, el general Burgoyne lanzó desde Canadá una gran ofensiva contra las colonias del norte. En el trayecto los ingleses fueron hostigados por milicianos americanos y tropas de Washington. Tras ser derrotado en Saratoga, Burgoyne se rindió al general americano Horatio Gates, como muestra el óleo de Trumbull.
Foto: Scala

5. Yorktown (19-X-1781)
En septiembre de 1781, al saber que el principal ejército británico, al mando de Cornwallis, se había concentrado en Yorktown, Washington estableció un sitio sobre el lugar junto al general francés Rochambeau (arriba, ambos en el campamento, en un óleo de Couder). La rendición de Cornwallis marcó el fin efectivo de la guerra.
Foto: Bridgeman

6. Paz y dimisión (22-XII-1783)
El 3 de septiembre de 1783 se firmó en París el tratado de paz definitivo entre Gran Bretaña y los Estados Unidos. Unas semanas después de la evacuación inglesa, Washington dimitía de su cargo de comandante ante el Congreso de la Confederación, reunido en Annapolis, momento que representa el óleo de Trumbull.
Foto: Bridgeman
4 de julio de 2017

La Guerra de la Independencia de los Estados Unidos paso a paso
Tras la reunión de 1775 a la que asistieron los representantes de la 13 colonias británicas de América del Norte parecía que las cosas estaban a punto de cambiar para el imperio británico. Indignados por los tratos y condiciones que les ofrecía la Corona Británica, los norteamericanos estaban dispuestos a luchar por una mejora de las condiciones económicas respecto a las relaciones con Gran Bretaña.

Liderados por George Washington y convencidos de la justicia a la que apelaban, la guerra estalló alrededor de un primer conflicto en Boston (en 1775), y no finalizaría hasta 1781, cuando las milicias americanas derrotaron al ejército británico en Yorktown. En 1789, Washington era nombrado primer presidente de los Estados Unidos.


George Washington, el héroe de la independencia de Estados Unidos

Dirigió con tesón la lucha por la emancipación de las colonias británicas de América del Norte, y al término de la guerra fue elegido presidente de un nuevo país: los Estados Unidos de América

George Washington, en un retrato de Charles Peale.
Washington aparece con la faja azul de comandante en jefe, junto a un cañón tomado a los británicos en la batalla de Trenton, de finales de 1776. Academia de Bellas Artes, Filadelfia. 
Foto: Bridgeman

La Declaración de Independencia
En mayo de 1776, mientras Washington defendía Nueva York del asedio inglés, los representantes de las colonias en el Segundo Congreso Continental tomaron una decisión irreversible: separarse de la Gran Bretaña. Para justificarse ante sus compatriotas y ante el mundo entero decidieron publicar una proclamación solemne, cuya elaboración quedó a cargo de un comité de cinco representantes. La Declaración de Independencia, redactada en lo esencial por Thomas Jefferson y aprobada el 4 de julio de 1776, sintetizó para la posteridad los principios de la Revolución americana. Entre los hombres que se encuentran de pie en el centro de la imagen se distingue a John Adams (izquierda), Jefferson (el más alto), Benjamin Franklin (izquierda) y, sentado de espaldas con las piernas cruzadas, el presidente del Congreso, Hancock, recibiendo el borrador de la Declaración elaborado por el Comité de los Cinco.
Foto: De Agostini

La Declaración de Independencia
Fue firmada por los representantes de las trece colonias de Norteamérica. Su párrafo inicial fue leído con avidez por revolucionarios de todo el mundo: "Sostenemos que las siguientes verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales: que Dios les ha dotado de algunos derechos inalienables, entre ellos la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad: que los gobiernos se han erigido para asegurar esos derechos: y que cuando algún gobierno los destruye, el pueblo tiene el derecho de alterar o abolir el gobierno e instituir uno nuevo".
Foto: Akg

La capital de la nueva nación
Al término de la guerra, las antiguas colonias americanas formaban una simple confederación, sin más instituciones comunes que el Congreso Continental. La aprobación de la Constitución federal de 1787 cambió la situación e hizo comprender la necesidad de establecer una verdadera capital nacional. Durante su primera presidencia Washington se estableció en Nueva York, y en 1790 Filadelfia fue designada capital para un periodo de diez años. La decisión sobre la capital definitiva se produjo en 1791, y fue el resultado de una negociación entre los representantes de los estados del norte y del sur: los virginianos lograron que se emplazara en su área. El punto exacto en el que surgiría la nueva capital fue elegido por Washington, y desde ese momento se sobreentendió que la nueva ciudad llevaría su nombre, aunque él siempre se refirió a ella como Federal City.
Washington, D.C. se construyó a orillas del río Potomac, en el límite entre Virginia y Maryland, ocupando un territorio autónomo denominado Distrito de Columbia. El diseño urbanístico quedó a cargo de un arquitecto francés llamado Pierre Charles L'Enfant; su plan de 1791 muestra un esquema de amplias avenidas radiales, con el capitolio como punto neurálgico. A la derecha se representa la ciudad a mediados del siglo XIX. 
Foto: Bridgeman

Medalla conmemorativa de la guerra de Independencia americana
El lema "Rebelarse contra los tiranos es obedecer a Dios" fue propuesto por Franklin en 1776.
Foto: Bridgeman
http://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/george-washington-heroe-independencia-estados-unidos_11676/5

Cosiendo un símbolo
Betsy Ross cose la primera bandera de EE.UU ante George Washington, óleo por  J. L. Ferris, siglo XIX.
Foto: Bridgeman

George Washington
Busto en mármol por Jean-Antoine Houdon, National Gallery, Washington, D.C.
Foto: Album

La esclavitud, el dilema de Washington
Cuando solo tenía 11 años, George Washington heredó 10 esclavos: al morir tenía 123, aunque en sus tierras trabajaban más de 300, algunos propiedad de su mujer y otros alquilados a otros terratenientes. Nacido en un ambiente en que la esclavitud era aceptada, el héroe de la independencia americana no parece haber tenido escrúpulos morales al respecto hasta bien entrado en años. En algún momento al término de la guerra se convenció de que la esclavitud y contraria al "espíritu del 76", pero rehuyó hablar del tema en público, quizá porque temía que destruyera la federación tan difícilmente lograda.
Al hablar en privado de liberar a sus propios esclavos descubrió que sus amigos y familiares no estaban del todo convencidos, por lo que decidió actuar a través de su testamento. En él ordenó que a la muerte de su mujer se liberara a todos sus esclavos, estipulando, además, que los jóvenes debían ser adiestrados en un oficio, y debía cuidarse de los viejos y los incapaces de trabajar. Al contrario que Jefferson o Madison, Washington no era un pensador y rara vez habló o escribió contra la esclavitud: pero fue el único de los virginianos que liberó a sus esclavos
Foto: Art Achive

Mount Vernon
Fue la propiedad familiar de George Washington. Bajo su dirección, la hacienda pasó de 2.000 a 8.000 acres (casi 3.300 ha), empleando un total de 300 esclavos negros.
Foto: Michael Freeman / Corbis

Efigie de Washington
Jarrón realizado con motivo del primer centenario de la Revolución.
Foto: Bridgeman

El Capitolio
Ha sido sede el Congreso de los Estados Unidos desde 1800, cuando la capital federal fue trasladada de Filadelfia a la ciudad fundada por el mismo Washington en 1790. Su estilo neoclásico y su nombre reflejan la influencia del modelo de la antigua República de Roma en la revolución americana.
Foto: Joseph Sohm / Corbis

La Casa del Estado
En Massachusetts, Boston. En 1776, y tras un largo sitio, los ingleses abandonaron Boston. Washington lograba, así, su primera victoria.
Foto: Age Fotostock
Joaquín Oltra
3 de julio de 2017

George Washington, el héroe de la independencia de Estados Unidos
En mayo de 1775 se reunieron en Filadelfia los representantes de las 13 colonias británicas de América del Norte. Su propósito era el de unificar la resistencia frente a la Corona británica, que se había propuesto acabar con el estado de rebelión que reinaba entre sus súbditos americanos. En realidad, en esos momentos, la guerra ya había empezado. Pocos días antes, el 17 de abril, una columna británica fue enviada a Concord para capturar y destruir un depósito de armamento que la milicia de la colonia de Massachusetts había escondido allí, pero los milicianos le tendieron una emboscada a su paso por Lexington. El choque, que duró pocos minutos, acabó con ocho muertos y diez heridos. A continuación, la milicia de Massachusetts puso sitio a Boston en un intento de obligar a los ingleses a abandonar la ciudad.


Aunque el Congreso reunido en Filadelfia –el Segundo Congreso Continental, continuador de otro celebrado el año anterior– no era el gobierno de las colonias unidas, actuó como tal; y una de las primeras tareas de un gobierno a punto de entrar en guerra es organizar un ejército. Esto es lo que hicieron los representantes de las colonias: asumieron el mando de la milicia que sitiaba Boston convirtiéndola en lo que pomposamente se llamó el Ejército Continental, y nombraron como comandante en jefe a George Washington.

La vocación de un comandante

Para que la rebelión tuviera éxito era imprescindible que fuera apoyada por Virginia, en ese momento la colonia más rica e influyente de Norteamérica
La pregunta es inevitable: ¿Por qué, entre todos los presentes en Filadelfia, o incluso entre los muchos ciudadanos de todas las colonias, se eligió a George Washington para esta tarea? Algunos contemporáneos dijeron que la elección de Washington se debió a que era el único de los presentes que vestía uniforme, otros que fue por su altura –con casi 1,90 metros, era un palmo más alto que los demás– y por su aspecto imponente. Pero lo cierto es que Washington era el único que contaba con una acreditada experiencia militar. Además, era virginiano y –como diría años más tarde John Adams, otro protagonista de la independencia estadounidense– para que la rebelión tuviera éxito era imprescindible que fuera apoyada por Virginia, en ese momento la colonia más rica e influyente de Norteamérica, y Washington era uno de los pocos virginianos que querían separarse de Gran Bretaña. Más allá de esto, aunque nadie lo dice ni queda claro en los retratos que de él tenemos, debía de haber algo en Washington que lo hacía diferente y superior a los demás, un carisma propio. Fue así como, desde el momento en que asumió el mando, se convirtió en "Su excelencia", el único de los revolucionarios que recibió ese tratamiento.


George Washington nació el 22 de febrero de 1732. Era un virginiano de cuarta generación, y aunque su familia era acomodada no pertenecía a la clase dominante en la colonia. Cuando murió su padre, George quedó a cargo de su hermanastro Lawrence, casado con una mujer perteneciente a uno de los linajes más importantes de Virginia. En 1748 Washington consiguió su primer trabajo como ayudante de agrimensor en una expedición al interior de Virginia. Cuatro años después moría Lawrence, dejándole como único heredero; entre las propiedades que recibió se encontraba Mount Vernon, que se convertiría en su residencia habitual. La muerte de su hermanastro también dejó vacante un puesto de oficial de la milicia de Virginia, que George Washington pidió y que le concedieron.


Un año después, en 1753, empezaba su vida militar activa, precisamente en el valle del Ohio. La carta fundacional de Virginia concedía a la colonia todas las tierras del interior hasta el Mississippi, incluyendo el valle del río Ohio, situado detrás de los montes Apalaches; para explotar las fértiles tierras de este valle, un grupo de prominentes ciudadanos de la colonia de Virginia fundaron la Ohio Company. Sin embargo, los franceses consideraban el Ohio como territorio propio porque lo habían descubierto y, sobre todo, por que era la vía natural de comunicación entre las dos colonias francesas de Norteamérica: el Canadá y la Luisiana.
Para proteger esta línea decidieron levantar una serie de fuertes a lo largo del río Ohio. La reacción de los virginianos no se hizo esperar: enviaron una expedición para notificar a los ocupantes franceses que estaban en territorio de la Corona británica y conminarles a que lo abandonaran. Al mando de esta expedición iba el teniente coronel George Washington, de la milicia de la colonia de Virginia.


Los franceses no aceptaron la advertencia de Washington y ello representó el inicio de la guerra Franco-India, o, como se la conoce en Europa, la guerra de los Siete Años (1756-1763). En ella los franceses lucharon contra los ingleses cada uno con sus aliados indios respectivos, en lo que fue la única guerra europea comenzada por las colonias –y que constituye el trasfondo de la novela El último mohicano, de Fenimore Cooper–. El primer paso en el conflicto lo dio el gobierno inglés al enviar a Virginia una expedición al mando del general Braddock, un militar con 35 años de experiencia bélica en Europa, pero ninguna en el continente americano. Braddock fue lo bastante sensato para aceptar al joven Washington como ayudante. Siguió la misma ruta que éste había utilizado, pero el paso de las montañas, con la pesada artillería y demás equipo de un destacamento de este tipo, resultó muy difícil y lento, por lo que Braddock y Washington se adelantaron con parte de las tropas.

La masacre de Monongahela

Los ingleses estaban acostumbrados a la guerra convencional europea, en campo abierto, pero en su avance fueron sorprendidos por un destacamento francés y sus aliados indios, que los atacaron desde el bosque, sin dejarse ver. Braddock fue herido, lo que hizo cundir el pánico entre los ingleses, que iniciaron una retirada desordenada. El choque es conocido como "masacre de Monongahela", por el nombre del río junto al que tuvo lugar; los ingleses perdieron mas de 900 hombres –de un total de 1.300–, mientras que los franceses sólo contabilizaron 23 muertos y 16 heridos. La muerte de Braddock, tres días después, y de la mayoría de oficiales ingleses hizo que el mando de la expedición recayera en Washington, quien organizó la retirada con gran habilidad y valor: dos veces mataron el caballo que montaba y cuatro veces las balas rasgaron su uniforme sin causarle ni un arañazo. La expedición de Braddock fue un fracaso, pero Washington salió de ella con una gran reputación y con la convicción de ser poco menos que inmortal que mantendría a lo largo de toda la guerra de Independencia.
Cuando en 1755 Virginia reorganizó su milicia y creó lo que se llamaría el Regimiento de Virginia, Washington, con sólo 23 años, fue nombrado su comandante. Se dedicó en cuerpo y alma a convertir aquella milicia de voluntarios en una fuerza militar efectiva, al mismo nivel que el ejército profesional. Logró progresos notables, pero nunca pudo comprobar la eficacia de su trabajo porque el resto de la guerra Franco-India se desarrolló lejos de Virginia, en el norte y Canadá.
En 1758 Washington abandonó la milicia, en parte por razones personales y también porque llegó a la conclusión de que su deseo de convertirse en un oficial del ejército regular británico era imposible, pues en él no había lugar para coloniales provincianos. Un año después se casaba con Martha Dandridge Curtis, una viuda con dos hijos, probablemente la mujer más rica de la colonia. El matrimonio fue aceptablemente feliz, aunque hay datos para creer que Washington estaba enamorado de otra mujer, esposa de un amigo. Washington no tuvo hijos propios, pero trató a los hijos de Martha y a sus nietos como si fueran suyos.

Un terrateniente comprometido

La mayoría de los hacendados virginianos sentía que estos agentes se enriquecían a costa de ellos, por lo que, inevitablemente, se desarrolló un gran resentimiento
Durante los siguientes años Washington vivió como un acomodado terrateniente, dedicado a la política colonial y al incremento de su propia fortuna, lo que en Virginia equivalía a adquirir más tierras. La economía de la colonia era casi exclusivamente agrícola, pero la producción tenía que venderse en Londres, por mediación de agentes comerciales londinenses, porque las leyes inglesas obligaban a los colonos a hacer todas sus transacciones comerciales a través de esa ciudad. La mayoría de los hacendados virginianos sentía que estos agentes se enriquecían a costa de ellos, por lo que, inevitablemente, se desarrolló un gran resentimiento contra este sistema de explotación y contra Inglaterra en general. De este tema se hablaba con frecuencia en la House of Burgesses, o parlamento colonial de Virginia, del que Washington fue miembro durante quince años. Sus intervenciones en la cámara cimentaron su fama como político cuando ya era bien conocido como militar.
La guerra de los Siete Años, iniciada a causa de la misión de Washington en el valle del Ohio, abonó el terreno para la crisis entre la Corona británica y sus colonias americanas. En efecto, aunque Inglaterra ganó el conflicto, la victoria había resultado tan costosa que las arcas imperiales quedaron vacías. El gobierno británico hubo de crear nuevos impuestos para resolver la situación, y decidió hacer contribuir a las colonias americanas, que apenas pagaban impuesto alguno. A partir de 1765, Londres promulgó una serie de leyes impositivas que los americanos consideraron abusivas y contra las que protestaron de forma cada vez más enérgica. A principios de la década de 1770 la tensión se hizo cada vez mayor, sobre todo en Massachusetts donde se produjeron la "matanza de Boston" (1770) y el "motín del Té" (1773).
Para aunar las protestas de todas las colonias se organizó en septiembre de 1774 el Primer Congreso Continental, que, sin ser un éxito, tomó decisiones importantes. Creó la Asociación Continental, un acuerdo de no importar, exportar o consumir productos ingleses, para presionar a las firmas comerciales inglesas a fin de que éstas, a su vez, presionaran al Parlamento de Londres. También elaboró un memorial de agravios dirigido al rey de Gran Bretaña –creían que el culpable era el Parlamento británico, no el rey–, en el que se exponían las quejas de los colonos. Los representantes de las colonias decidieron que se volverían a reunir en la primavera siguiente si el rey no respondía a sus peticiones. Éste no contestó y, así, en 1775 se reunió el Segundo Congreso Continental, que organizó un ejército, y el 4 de julio de 1776 se firmó la declaración de Independencia.
Washington fue uno de los representantes de Virginia en los dos Congresos. Cuando se le ofreció el cargo de comandante en jefe del Ejército Continental afirmó que no creía estar preparado para desempeñarlo. Finalmente aceptó la designación, pero con una condición sorprendente que serviría para aumentar aún más su fama: no quería recibir compensación económica alguna. Washington, por otra parte, ignoraba que el Ejercito Continental, del que acababa de ser nombrado jefe, no existía: de momento era la milicia de Massachusetts convertida en un imaginario ejército. Su estrategia en lo sucesivo consistirá en desgastar al enemigo, superior en número y armamento, sin presentar batalla a menos de estar seguro de ganarla.
Aceptó la designación, pero con una condición sorprendente que serviría para aumentar aún más su fama: no quería recibir compensación económica alguna
El nuevo comandante se dirigió a Massachusetts y por el camino se enteró de que el ejército cuyo mando iba a tomar acababa de librar su primera batalla contra los ingleses, en Bunker Hill. El choque fue la consecuencia lógica del encuentro de Lexington: envalentonados por su éxito, los americanos decidieron expulsar a los británicos de Boston y sitiaron la ciudad intentando fortificar las colinas que la rodeaban. Los británicos decidieron desalojarlos y lanzaron una ofensiva, consiguiendo su objetivo pero a un coste inaceptable: de una fuerza de 2.600 hombres perdieron casi la mitad contra unas pocas bajas por parte de los colonos. No es extraño que uno de los generales británicos escribiera en su diario que algunas "victorias" más como ésta acabarían con el dominio inglés en América. Los colonos, aunque expulsados de las colinas, no abandonaron el sitio de la ciudad, dejando claro que no iban a cejar en la lucha.

La lucha por la independencia

La llegada de Washington a Boston no mejoró la situación. Aunque dispuestos a luchar, aquellos voluntarios formaban un grupo heterogéneo de hombres de diferentes procedencias e intereses, sin disciplina, sin suficiente armamento y sin víveres. La primera tarea del nuevo comandante en jefe fue convertir a todos estos hombres en un ejército disciplinado, bien armado y bien aprovisionado. Para ello necesitaba echar mano no sólo de sus conocimientos militares, sino sobre todo de sus habilidades diplomáticas. El gobierno de Massachusetts seguía dando órdenes como si las fuerzas que asediaban Boston fueran su propia milicia colonial, mientras que el Congreso se olvidaba de que un ejército necesita armamento y vituallas. Washington tuvo que atender a todo. También eligió a sus colaboradores, hombres sin experiencia militar que debían actuar como generales de artillería o dirigir un batallón de ingenieros.
No fue tarea fácil, pero poco a poco fue consiguiéndolo. Washington reunía las condiciones personales para la tarea: un carácter reservado y prudente, seriedad, constancia e integridad a prueba de las críticas más adversas. Poseía también una clara conciencia de sus limitaciones y una voluntad enorme de aprender de sus propios errores. Pero sobre todo Washington tenía una confianza ciega en su misión; creía en la independencia de las colonias y en que el destino estaba de su parte. Creía también firmemente en lo que entonces era una novedad y que sería uno de sus más importantes legados: que el ejército debía estar subordinado a la autoridad civil. Además de todo ello, era un hombre con suerte, con mucha suerte. Si no puede decirse de él que fuera un militar brillante, los generales británicos con quienes se enfrentó no dieron la talla y fueron sustituidos a medida que fracasaban, mientras que él se mantuvo en su puesto hasta el final.
El sitio de Boston duró nueve meses. En este tiempo, la milicia de Massachusetts prácticamente se convirtió en un ejército. Henry Knox, un modesto librero aficionado a leer libros de artillería, tuvo la idea de traer a Boston los cañones del fuerte Ticonderoga, que los americanos acababan de conquistar. La tarea parecía imposible, pero Knox y sus ayudantes consiguieron arrastrar a través de las montañas aquellos cañones, que pesaban 60 toneladas, en lo más crudo del invierno. Llegados a Boston, los cañones resultarían decisivos. Fueron emplazados en una sola noche sobre los Dorchester Heights, desde donde dominaban la ciudad haciéndola indefendible. El general Howe, comandante en jefe del ejército británico, se dio cuenta de su situación y envió un mensaje a Washington: si dejaba salir a sus tropas prometía no destruir la ciudad. El 17 de marzo de 1776 los ingleses abandonaban Boston, dando así a Washington y a los patriotas americanos su primera victoria.
Francia firmó un tratado de alianza con los rebeldes, con lo que, de hecho, reconocía su independencia
Cuando los ingleses dejaron Massachusetts, Washington supuso que intentarían ocupar Nueva York, por lo que se trasladó con su ejército a esta ciudad. Sin embargo, los británicos se presentaron ante Nueva York con fuerzas tan superiores que Washington creyó más prudente no presentar batalla y abandonar la plaza. En los meses siguientes se alternaron las victorias americanas –como en Trenton y Princeton– y las derrotas, como en Brandwine y Germantown. La batalla de Saratoga, en octubre de 1777 –en la que no participó Washington–, resultaría definitiva, tanto por la victoria americana como por una trascendental consecuencia diplomática, pues tras ella Francia firmó un tratado de alianza con los rebeldes, con lo que, de hecho, reconocía su independencia. Poco después también España, aliada de Francia, se uniría a la lucha al lado de las colonias. Los americanos ya no estaban solos y además contaban con lo que hasta ahora no habían tenido: una marina, la francesa, que oponer a la poderosa flota británica.
A partir de este momento, las fuerzas quedaron equilibradas y los americanos pudieron aprovechar su mayor ventaja: la de conocer el terreno. En 1781, el grueso del ejército británico, movilizado por Cornwallis para someter a los estados del sur, se concentró en Yorktown. Una flota francesa lo bloqueó por mar, mientras Washington avanzaba para completar el cerco. Tras un mes de asedio, el 19 de octubre de 1781 Cornwallis se veía obligado a capitular. Pocos meses después, el gobierno británico reconocía que había perdido la partida. La guerra había terminado y en enero de 1783 se firmaba el tratado de Versalles, por el que Inglaterra reconocía la independencia de las colonias.

La segunda revolución

La guerra de Independencia convirtió a Washington en el hombre más popular en las antiguas colonias. Un poeta americano lo presentaba como "el mejor y mayor hombre que el mundo ha conocido nunca" y añadía que, "si el mundo viviera en una era de idolatría, sería adorado como un dios". En el resto del mundo su fama no era menor. Thomas Jefferson, el autor de la Declaración de Independencia, contaba que durante su estancia en Europa en todas partes le preguntaban por él. El rey de España, Carlos III, se apresuró a enviarle dos asnos españoles de la mejor raza en cuanto se enteró de que estaba interesado en adquirir uno.
La fama de Washington se explica también por su actitud al término de la guerra. En vez de perpetuarse en el poder, entregó su bastón de mando y se retiró a su hacienda de Mount Vernon, convencido de que pasaría allí el resto de su vida gozando de su bien merecida celebridad. Sin embargo, su misión no había terminado. Unos años después sus compatriotas volvieron a recurrir a él, esta vez para salvar al país de la inestabilidad política.
Durante la guerra, los representantes de las colonias en el Segundo Congreso Continental aprobaron los Artículos de Confederación, por los que el Congreso se convertía en el gobierno del nuevo país independiente. Sin embargo, este gobierno demostró ser insuficiente para asegurar la estabilidad política de la nueva nación. Como los americanos habían luchado por su independencia frente a un gobierno superior lejano que consideraban tiránico, no estaban dispuestos a aceptar otro gobierno superior que también podría oprimirles y que, además, estaba cerca. Frente a esta actitud, algunos visionarios –Washington entre ellos– comprendieron que sin un gobierno central fuerte, las trece colonias irían cada una por su lado y nunca llegarían a constituir un Estado fuerte. Que este temor estaba justificado lo demuestra lo que ocurrió en América Latina pocos años después, cuando las antiguas colonias españolas, al declarar su independencia, no lograron unirse entre sí.
Como los americanos habían luchado por su independencia frente a un gobierno superior lejano que consideraban tiránico, no estaban dispuestos a aceptar otro gobierno superior
En 1787 se convocó una convención en Filadelfia para reformar los Artículos de Confederación. Washington asistió a ella y fue nombrado presidente. La convención, por influencia de Washington y de los federalistas –partidarios de sustituir la confederación por una federación de estados–, no se limitó a reformar los Artículos de Confederación, sino que elaboró un documento revolucionario: la primera Constitución de los tiempos modernos, republicana, federal, con separación de poderes, y que basaba su autoridad en el consentimiento de los ciudadanos. Son principios que en la actualidad parecen normales, pero para un mundo dominado por monarcas absolutos que ocupaban el poder por mandato divino, el experimento de los americanos parecía inaudito y muchos creían que no podría funcionar.
La Constitución ponía el poder ejecutivo en manos de un presidente, elegido indirectamente por los ciudadanos de los diferentes estados. Todos sabían quién sería el primero en ocupar el puesto. En efecto, Washington fue elegido por unanimidad por los 69 electores de los estados y el 30 de abril de 1789 tomaba posesión de su cargo en Nueva York, designada como capital provisional de la nación. En cambio era una incógnita cómo actuaría este primer presidente, porque no existía ningún modelo a seguir. Era el propio Washington el que debería establecer los precedentes que seguirían desde entonces todos sus sucesores.


El fracaso más rotundo de Washington como presidente fue su intento de resolver uno de los dos grandes problemas –junto a la esclavitud– que la revolución americana había dejado pendientes: la política hacia las tribus indias. Washington había tratado con ellas desde la guerra Franco-India, y las consideraba como naciones independientes y soberanas con las que el gobierno de los Estados Unidos podía firmar tratados de igual a igual. Aunque esta política de conciliación fue mantenida por sus inmediatos sucesores, a la larga la presión demográfica de los colonos europeos la hizo imposible.

El legado de Washington

En cambio, su visión de las relaciones de los Estados Unidos con Europa perduró en la cultura política norteamericana hasta mediados del siglo XX. Su planteamiento quedó recogido claramente en su "mensaje de despedida", publicado en la prensa americana justo antes de abandonar al cargo presidencial. Para Washington, Europa se enzarzaba en guerras que no interesaban a los americanos y lo mejor que éstos podían hacer era mantenerse al margen. El aislacionismo americano empezó con Washington y no acabó hasta la segunda guerra mundial, bajo la presidencia de Franklin D. Roosevelt.
Como el nombre tenía una connotación negativa prefirieron llamarse "republicanos" y más tarde, "demócratas": son el Partido Demócrata de nuestros días
Como todos los revolucionarios, Washington odiaba las divisiones políticas y era enemigo de lo que hoy llamamos partidos políticos. Los principios revolucionarios, el "espíritu del 76", deberían ser únicos y aceptados por todos. Pero, al inclinarse claramente por un poder federal fuerte, se enfrentó a los partidarios de la primacía de los estados. Éstos, dirigidos por Thomas Jefferson, empezaron a organizarse dando origen a una facción política que pronto fue conocida como antifederalista, por oposición a los otros, que eran federalistas. Como el nombre tenía una connotación negativa prefirieron llamarse "republicanos" y más tarde, "demócratas": son el Partido Demócrata de nuestros días, el partido político más antiguo de los que hoy existen. No puede decirse que Washington fuera el fundador de los partidos políticos –el mérito, si lo hay, es de Jefferson– pero fue el causante de que se crearan.
La herencia washingtoniana en el actual sistema de gobierno americano es enorme. Todo lo que hizo sentó precedente: la misma elección de la sede del gobierno federal de los Estados Unidos, la ciudad que lleva su nombre, fue decisión suya, aunque no llegó a verla acabada. Malas lenguas dicen que eligió aquel emplazamiento porque estaba cerca de su amado Mount Vernon.


Tras ser reelegido en 1793, de nuevo por unanimidad, Washington dejó la presidencia en 1797 para retirarse definitivamente a Mount Vernon. Esperaba encontrar allí la paz y la tranquilidad que la presidencia, especialmente en su segundo mandato, le había negado. Pero su retiro duró poco tiempo: en diciembre de 1797, tras hacer una ronda a caballo por su hacienda en un frío día invernal, cogió un resfriado que enseguida se complicó con una infección en la laringe. Murió dos días después, a la edad de 67 años. Un contemporáneo hizo entonces de él un elogio fúnebre que ha pasado a la historia, al calificar a Washington como "el primero en la guerra, el primero en la paz, el primero en el corazón de sus conciudadanos".

NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
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sábado, 7 de octubre de 2017

POLÍTICA ESPAÑOLA : CATALUNYA .- ESPAÑA .- BBC Mundo Noticias .- Lo que pierden España y Cataluña si se separaran

http://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-41513571
http://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-41507140
http://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-41525330



Mapa de España cortando a Cataluña, cada no con sus banderas
Image captionLas cifras juegan un rol importante en el proceso independentista. (Ilustración: Getty/AlexLMX)

La economía juega un papel clave en el proceso independentista catalán.
Los números son uno de los principales argumentos que esgrime el sector soberanista a la hora de defender la secesión. En especial, los que evidencian que su región aporta a las arcas españolas más de lo que recibe a cambio.
Los contrarios a la independencia también recurren —y hoy más que nunca— a cifras para tratar de contener el anhelo soberanista.
El resultado son dos bandos que se acusan mutuamente de manipular datos y pintar escenarios irreales.
Según a quien se haga caso, Cataluña será un país próspero o fallido y España quedará dañada por la secesión.
Pero, como explica el presidente del Instituto de Estudios Económicos (IEE), José Luis Feito, cuando dos partes que forman una sola entidad se separan, es inevitable que ambas pierdan algo.

LO QUE PIERDE CATALUÑA





Bandera catalana en una torre
Image captionCataluña podría perder el euro, un PIB fuerte y muchas empresas. (Foto: JqnOC)

1. La pertenencia a la Unión Europea

La gran mayoría de estudios sobre qué repercusiones tendría la independencia en la economía catalana toman como base una Cataluña que permanece en la Unión Europea (UE).
O, por lo menos, en el Espacio Económico Europeo, que da acceso al mercado único sin necesidad de pertenecer a ese bloque supranacional.
Sin embargo, la UE ha advertido en muchas ocasiones que eso no sucederá: si Cataluña se convierte en un nuevo Estado, deberá solicitar su ingreso a la institución y cumplir las condiciones rigurosas que esta exige. Un proceso que demora años.
El gobierno catalán cree que este es un discurso que, en la práctica, la UE no llegará a aplicar. Aunque no hacerlo establecería un precedente que otras regiones con reclamos parecidos al catalán —como la Baviera alemana o la Lombardía italiana— podrían intentar aprovechar.
Abandonar la UE sería una de las pérdidas más grandes para Cataluña, ya que dejaría de tener acceso a un mercado en el que las personas y los bienes pueden moverse libremente sin necesidad de visados o tasas aduaneras.




Mapa de la Unión Europea
Image captionLa permanencia en la UE sería clave para una Cataluña independiente. (Ilustración: Peter Hermus)

Las empresas y universidades tampoco podrían participar en programas europeos de investigación, que suponen una importante fuente de financiación para muchos científicos.
Por ejemplo, Cataluña tiene asignados 1.521 millones de euros (US$1.784 millones) en ayudas de los Fondos Estructurales y de Inversión para el periodo 2014-2020, según datos de la UE.

2. La Eurozona

La Generalitat —el ejecutivo catalán— dice que Cataluña no dejará de utilizar el euro incluso si queda fuera de la Eurozona.
Como hace Ecuador con el dólar estadounidense, el gobierno catalán lo declararía moneda de curso legal para dar "seguridad jurídica a las transacciones empresariales de sus compañías".
Así lo estipulan los informes elaborados por el Consejo Asesor para la Transición Nacional (CATN), el organismo que la Generalitat creó para estudiar y diseñar el camino a la fundación de un nuevo Estado.
Feito, en cambio, considera esto "imposible".
El presidente del IEE, cuya sede está en Madrid, auguró que una Cataluña independiente nacería con una fuga de empresas y capitales que no le permitiría hacer frente a pagos como los sueldos de sus funcionarios "ni los primeros 100 días".




Bandera española con euros
Image captionLa Generalitat dice que Cataluña no dejará de usar el euro. (Foto: Getty/JacobH)

"Nadie le prestaría en euros al Estado catalán, así que tendría que imprimir su propia moneda y esta sería brutalmente inflacionista", aseguró a BBC Mundo.
"Al no ser miembro de la Eurozona, su deuda no se podría utilizar como colateral para pedir financiación al Banco Europeo", afirmó.
El economista cree que el mercado "no le va a dar opción" a la Generalitat y que esta "pondrá un corralito para que no se vayan los euros y hasta los catalanes independentistas intentarán sacar su dinero de los bancos".
Utilizar una moneda extranjera significa no poder influir sobre los tipos de cambio ni los de interés. También puede encarecer las exportaciones, reduciendo así la competitividad.

3. El Banco Central Europeo

Al quedar fuera de la Eurozona, Cataluña perdería la red de seguridad que supone el Banco Central Europeo (BCE), que durante la crisis rescató a varias entidades españolas.
Poco tiempo después de que Puigdemont anunciara que declararía la independencia de forma unilateral, dos de los bancos catalanes más grandes, el Banco Sabadell y CaixaBank, decidieron trasladar su sede a otras regiones de España.
Si bien esta acción no tiene efectos a nivel de impuestos ni implica el traslado de empleados, frenó un poco la caída en Bolsa que venían sufriendo a raíz del referéndum.




Banco Central Europeo
Image captionCataluña perdería la red de seguridad que supone el Banco Central Europeo. (Foto: AFP/DANIEL ROLAND)

También sirvió para garantizar a los clientes que quedarían bajo el paraguas del BCE y dentro de la futura unión bancaria que la Eurozona está poniendo en marcha.
El CATN confía que la UE actuará para evitar un "escenario de tipo catastrofista" como el que describió Feito porque estos "perjuicios afectarían a ciudadanos y empresas que son ya plenamente miembros de la UE".
"En cualquier caso", según este ente, se tratará de daños que "sólo se producirían, muy probablemente, a corto plazo".

4. La economía

Según el gobierno catalán, su región aporta a las arcas españolas más de lo que recibe a cambio. En concreto, 16.000 millones de euros (unos US$18.766 millones), lo que supone un 8% de su PIB.
"Esto no quiere decir que Cataluña vaya a ganar de forma inmediata 16.000 millones de euros", puntualizó el profesor del máster en Fiscalidad de la UPF Barcelona School of Management, Albert Sagués.
Existen gastos que de momento asume España, como el del ejército, la seguridad social y las jubilaciones. Según los cálculos de Sagués, una vez descontados, a la Generalitat le quedaría un superávit de 8.000 millones de euros.
El gobierno central admite que Cataluña tiene un saldo fiscal negativo, pero lo sitúa en el 5,02% del PIB en vez del 8%, según los datos del Ministerio de Hacienda. Es decir, unos 9.900 millones de euros (unos US$11.500).




FábricaDerechos de autor de la imagenAFP
Image captionCataluña aporta el 19% del PIB de España. (Foto: P. BARRENA)

En un documento publicado hace tres años por el Ministerio de Asuntos Exteriores, se aludía a "diferentes estudios realizados fundamentalmente por bancos de inversión", entre ellos uno del banco JP Morgan, que concluían que si Cataluña le tomaba el relevo a España con estos gastos, tendría que dedicarles el 5,8% de su PIB.
Es decir, que tendría un déficit del 0,78%.
Esto, bajo la presunción de que Cataluña mantuviera después de la independencia un PIB de alrededor de 200.000 millones de euros (unos US$234.000 millones), como el actual.
Pero, según Feito, una declaración unilateral de independencia generaría una "caída masiva de la actividad" que produciría un "desplome" de la economíaque, a su vez, acarrearía una destrucción de puestos de trabajo.
Según el ministro de Economía español, Luis de Guindos, el PIB catalán se contraería en entre el 25% y el 30% en caso de secesión. El banco Credit Suisse sitúa esta reducción en, al menos, el 20%, según el documento de Asuntos Exteriores.
Sagués, en cambio, cree que "puede haber una repercusión negativa a corto plazo", pero que "en el peor de los casos" la economía del nuevo Estado no llegará a disminuir en más del 4%.




Artur Mas y el Rey en un carro catalánDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionCataluña acoge gran parte de la industria española y es importante en sectores como el del automóvil. (Foto: Getty/R. MARQUARDT)

"En la Segunda Guerra Mundial, los países perdieron un 25% de su PIB. Estamos hablando de una situación de guerra en la que mueren millones de personas", dijo a BBC Mundo el catedrático.
"Si a alguien se le ocurre decir que el PIB de Cataluña va a caer un 30%, lo que está diciendo es que lo que le va a pasar a Cataluña es peor que una guerra mundial. No creo que sea el caso", añadió.

5. Boicot y fuga de empresas

Los informes, incluso los de la Generalitat, dan por sentado que la producción del nuevo país sufrirá un boicot por parte de España.
La razón es que ya hay un antecedente.
En 2004, el líder de un partido independentista hizo declaraciones contra la candidatura de Madrid a los Juegos Olímpicos de 2012. Esto desató en el resto de España un boicot contra la industria del cava, un vino espumoso típico de Cataluña.
Precisamente una marca de este sector, Freixenet, anunció el viernes que estudiaba trasladar su sede social fuera del territorio catalán.
Al menos siete grandes compañías ya lo han hecho, entre ellas, una de las energéticas más grandes del país: Gas Natural Fenosa, que aseguró que se trata de una medida "temporal".
"Si realmente vamos a una declaración unilateral de independencia, habrá una salida importante de empresas, lo que causará una daño gravísimo a Cataluña", aseguró en la radio nacional el presidente de Freixenet, José Luis Bonet.




Botellas de Freixenet
Image captionEmpresas como Freixenet evalúan trasladar su sede social fuera de Cataluña. (Foto: Neilson Barnard)

"Una independencia no es ninguna broma", añadió el también presidente de la Cámara de Comercio de España. "Realmente es un despropósito".
"El 80% de sus compañías son multinacionales y muy pocas se quedarían. Si están ahí ahora es porque Cataluña está dentro de Europa. Si no, tendrían que pagar aranceles", aseguró Feito.
Una de cada tres firmas exportadoras en España tiene su sede en esta región, que aporta el 25% de las exportaciones del país, según los datos del Ministerio de Economía.
Según esta misma entidad, España compra el 40% de los productos que salen de Cataluña y otro 40% va a parar al resto de la UE. Además, el 14,3% de los turistas que visitan la región proceden del resto de España.
Aún así, el CATN cree que un boicot sólo provocaría una caída del PIB que "muy difícilmente superaría el 2%".
Este ente alega que los productos catalanes se fabrican con "productos intermedios importados del resto de España", por lo que un boicot también afectaría a este país. En todo caso, considera que su superávit le permitiría "sobradamente" compensar este retroceso.

LO QUE PIERDE ESPAÑA





Cibeles con banderas españolas
Image captionEspaña perdería a su región más rica, el PIB per cápita y varias infraestructuras. (Foto: Syldavia)

1. Su región más próspera

Tras una grave crisis que se extendió durante casi una década, España aún no se ha recuperado por completo.
Cerca de cuatro millones de personas no tienen empleo y más de la mitad lo busca desde hace al menos un año, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).
Si se descuenta a los catalanes, el número de desocupados españoles aún sería alto: 3.416.900 personas.
Una situación que se agravaría si el país pierde su región más rica.
Cataluña registró el año pasado un PIB récord: 223.629 millones de euros (unos US$261.500 millones). Una cifra por encima de la economía de Ecuador y que duplica la de Panamá.
La independencia le costaría a España entonces decir adiós al 19% de su PIB y el 18,4% de sus empresas.
El resultado sería un Estado "más pobre", admitió el presidente del IEE. El PIB per cápita caería unos US$1.000 hasta los 23.250 euros (unos US$27.219), según los cálculos de Sagués.




Gente en la puerta de una oficina de empleo
Image captionEn España, aún hay casi cuatro millones de desempleados. (Foto: Getty/S. BERDA)

Cataluña aporta unos 70.300 millones de euros (unos US$82.300) a las arcas españolas, más que el resto de regiones, según los datos del Ministerio de Hacienda más recientes (2014).
De estos, el gobierno central se queda con unos US$11.500 que utiliza para ayudar a áreas más pobres como Extremadura o las ciudades de Ceuta y Melilla. "En otras palabras, España hace negocio", opinó Sagués.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) se mostró preocupado el viernes por la situación. Si bien consideró que "las perspectivas actuales para España son positivas", afirmó que si se prolongan las "tensiones políticas en Cataluña podrían lastrar la confianza de la inversión y el consumo".

2. Innovación y emprendimiento

Cataluña es una región que ha invertido mucho en I+D y ha desarrollado industrias pioneras en España.
De las 108.963 publicaciones científicas producidas por universidades españolas entre 2006 y 2015, un 25,68% salieron de Cataluña. Le sigue Madrid, con casi seis puntos porcentuales menos (19,91%), según los datos de la Alianza 4 Universidades.
La ciudad de Barcelona ocupa además el quinto lugar en Europa en materia de startups, una posición por delante de la capital española.
El año pasado, las empresas de este tcapital catalana captaron 282 millones de euros (unos US$330 millones), lo que representó el 56% del total de las inversiones realizadas en España.




Congreso de móvilesDerechos de autor de la imagenAFP
Image captionBarcelona acoge cada año grandes congresos como el Mobile World Congress, el más grande del sector de telefonía celular. (Foto: AFP/J. LAGO)

La región también lidera las peticiones de patentes en el país; en 2016, el 35,1% de las 547 que se solicitaron en España se registraron ahí, según el último informe de la Oficina Europea de Patentes. Muy por delante del 20,6% de Madrid, que ocupó el segundo puesto.

3. Infraestructuras

Con la salida de Cataluña, España perdería el puerto más importante del Mediterráneo: el puerto de Barcelona.
Con 22 kilómetros de muelles y amarres, en 2016 tuvo un tráfico de toneladas superior a los 48 millones.
El puerto resulta clave también para el turismo: casi cuatro millones de pasajeros pasaron por ahí el año pasado. Además, cruceros como el Harmony of the Seas, el más grande del mundo, lo tienen de base.
Otro puerto relevante ubicado en Cataluña es el de Tarragona, donde también se encuentra la mayor red de la industria química del país.
En Cataluña, operan varios aeropuertos, entre ellos, El Prat, que rivaliza en número de pasajeros con el de Adolfo Suárez-Barajas, en Madrid. El año pasado vivió el mejor de su historia, con 44,1 millones de viajeros.
La región también acoge a dos de las seis centrales nucleares que hay en España y que producen el 40% de su energía nuclear.




Playa al lado de una central nuclearDerechos de autor de la imagenAFP
Image captionCataluña produce el 40% de la energía nuclear de España. (Foto: AFP/J. LAGO)

A esto se suma una amplia red ferroviaria que conecta las ciudades mediterráneas españolas con las francesas e italianas.

4. Deuda externa y activos

Uno de los temas más espinosos es el de la deuda externa que tendría el nuevo Estado catalán.
Los informes del CATN dicen que Cataluña debería asumir la deuda que se encuentra a nombre de la Generalitat, los gobiernos provinciales y los municipales.
Esta asciende a unos US$90.000 millones, que equivale al 35,4% de su PIB. De estos, US$61.000 millones corresponden a compromisos con el gobierno de España.
Pero la deuda a nombre del Estado español se utiliza para gastos e inversiones en beneficio de todas las regiones, incluida Cataluña, por lo que muchos insisten en que esta debería hacerse responsable de su parte correspondiente.
El exdirector de la Bolsa de Barcelona, José Luis Oller, cifró en 180.000 millones de euros el peso de la economía catalana en la deuda del conjunto de España durante un debate celebrado hace dos años en el Colegio de Economistas en Barcelona, según publicó entonces el diario El País.
Además indicó que había que sumar el valor de los activos que el Estado tenía en Cataluña, que estimó en 50.000 millones de euros (unos US$58.000 millones).




PuertoDerechos de autor de la imagenAFP
Image captionEl puerto de Barcelona es el más importante del Mediterráneo. (Foto: AFP/J. LAGO)

La deuda total de una Cataluña independiente, según sus cálculos en esa época, era de unos 290.000 millones de euros (unos US$340.242 millones) o el 145% de su PIB.
El CATN niega que Cataluña deba aceptar las deudas contraídas para inversiones y obras realizadas fuera de esta región.
Sin embargo, aconseja negociar aquella deuda que no se pueda atribuir a un territorio concreto, siempre que el Estado español transfiera al nuevo país parte de los activos que fueron comprados con ese dinero.
Por ejemplo, si el España se endeudó para crear una empresa pública que funcione a nivel nacional, Cataluña asumirá parte de la deuda siempre que reciba las acciones correspondientes de esta compañía.
Como las posibilidades de negociación parecen ser pocas en este momento, en caso de secesión, lo más probable es que España tenga que pagar sola el total de las deudas mientras dirime el conflicto con el nuevo país en los tribunales internacionales, según explicó Feito.
Cataluña también cree que España debe repartirle "equitativamente" los bienes públicos que se encuentren fuera del país como las sedes embajadas, las plataformas petrolíferas, las bases militares, las cuentas corrientes en bancos extranjeros y los satélites espaciales, según el CATN.

5. Patrimonio cultural y turismo

España es una potencia turística y el año pasado batió récords con 75,3 millones de visitantes extranjeros, casi un 10% más que en 2015.
Pero casi una cuarta parte (el 22,5%), tiene como destino Cataluña, que en 2016 recibió a 17 millones de viajeros foráneos. Unos cuatro millones menos que la región que ocupó la segunda posición: las islas Baleares.




La Sagrada Familia
Image captionCataluña tiene una gran riqueza cultural, como las obras de Gaudí, entre las que está la Sagrada Familia. (Foto: querbeet)

Sus 580 kilómetros de costa ofrecen playas paradisíacas a las que se puede acceder con facilidad en tren o autobús. En invierno, sus montañas en los Pirineos están entre las favoritas de los esquiadores.
Pero la región también tiene una importante oferta cultural gracias a su riqueza en Patrimonios de la Humanidad como las obras del arquitecto Antonio Gaudí que se reparten por toda Barcelona. Entre ellas, se encuentran el Parque Güell, la Sagrada Familia y la Casa Milà.
No solo estas quedarían fuera de España, sino que la Generalitat también podría exigir la devolución de los archivos, bienes culturales y patrimonio nacional que hagan referencia a Cataluña o cuyo autor haya sido catalán, según el CATN.
Esto significaría que obras de autores como Salvador Dalí o Joan Miró que en la actualidad se conservan museos madrileños como el Reina Sofía deberían entregarse al nuevo Estado.

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¿Sobreviviría Cataluña como un Estado independiente de España?




El templo de la Sagrada Familia en Barcelona.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionCataluña es el principal destino escogido por los turistas que visitan España.

¿Lo harán o no? El presidente del gobierno autonómico de Cataluña, Carles Puigdemont, le dijo el martes a la BBC que esa región declarará su independencia de España en cuestión de días, tras realizar el domingo pasado un controvertido referéndum que había sido declarado ilegal por el Tribunal Constitucional de España.
En la consulta participaron unos 2,3 millones de personas (cerca del 40% de la población con derecho al voto), según cifras de las autoridades catalanas, quienes aseguraron que 90% de los votantes respaldaron la propuesta de independizarse de España.
La votación se vio marcada por las cargas policiales, arrojando un saldo de más de 800 heridosaunque según sus críticos no ofreció las garantías democráticas mínimas.
Pese a ello, las autoridades catalanas parecen decididas a declarar unilateralmente su separación de España. Un paso que, de concretarse, probablemente termine siendo bloqueado por el gobierno del presidente Mariano Rajoy.
El presidente catalán hizo este miércoles una declaración institucional en la que criticó el discurso de la víspera del rey Felipe VI -quien acusó de deslealtad a las autoridades de Barcelona- y en la que volvió a pedir una mediación internacional para resolver el conflicto.
El Gobierno español respondió por medio de un comunicado en el que afirmó que no aceptaría" el chantaje" de Puigdemont y reiteró que las instituciones catalanas deben volver a la senda de la legalidad como paso previo a cualquier negociación.
Pero, suponiendo que logre separarse, ¿sería Cataluña capaz de mantenerse como un estado independiente?

Los emblemas de un Estado

Vista desde fuera, da la impresión de que Cataluña ya dispone de muchos de los elementos emblemáticos de un Estado. Tiene una bandera, un Parlamento y hasta un líder, Carles Puigdemont.
Además cuenta con su propia policía, los Mossos d'Esquadra.
También tiene su propio órgano regulador de las telecomunicaciones e, incluso, con oficinas de representación en el extranjero, una suerte de mini embajadas que promueven alrededor del mundo el comercio y la inversión en Cataluña.


También gestiona importantes servicios públicos como las escuelas y la atención sanitaria.
En caso de independizarse, sin embargo, requeriría hacer mucho más incluyendola gestión de las fronteras, las aduanas,un Banco Central, una agencia de recaudación de impuestos, el establecimiento de relaciones internacionales apropiadas, una oficina de control aéreo y, por supuesto, todo lo relacionado con el área de Defensa.
Todas estas áreas en la actualidad son gestionadas por Madrid.
Pero, asumiendo que Cataluña creara todas estas nuevas instituciones, ¿sería capaz de pagar por ellas?

Fuerza económica

"Madrid nos roba" es un lema popular entre los independentistas catalanes. La creencia popular es que, comparativamente, lo que paga Cataluña es más que lo que recibe del Estado español.



Un agente de los Mossos d'Esquadra.Derechos de autor de la imagenAFP
Image captionCataluña cuenta con su propia fuerza policial: los Mossos d'Esquadra.

Ciertamente, Cataluña es más rica que otras regiones españolas. Alberga apenas 16% de la población española, pero representa 19% del Producto Interior Bruto y 25% de las exportaciones de España.
También tiene un gran peso en el sector turístico: 18 millones de los 75 millones de turistas que visitaron España en 2016 escogieron a Cataluña como su destino principal, lo que la convierte en la región más visitada del país.
La provincia catalana de Tarragona alberga uno de los mayores centros de la industria química de Europa, mientras que el puerto de Barcelona es uno de los 20 principales de la Unión Europea en función del volumen de bienes que gestiona.
Desde el punto de vista educativo, una tercera parte de la población activa catalana tiene algún tipo de formación superior.
También es cierto que los catalanes pagan más impuestos de los que son gastados en su región.
Según aseguran los partidarios de la independencia catalana, los impuestos pagados por los habitantes de Cataluña superahasta en 16.000 millonesde euros (unos US$18.700 millones) el monto que recibe la región del gobierno de Madrid.
Estas estimaciones son rechazadas por el gobierno central, cuyas cifras de 2014 -las últimas disponibles- apuntan que los catalanes pagaron 10.000 millones de euros (unos US$11.700 millones) más de los que recibieron.
Además, Madrid apela a la redistribución de la riqueza entre las regiones españolas.



Manifestación en Gerona en contra de la represión policial.Derechos de autor de la imagenEPA
Image captionEste martes se realizaron protestas en varias ciudades catalanas en contra de la actuación que tuvieron las autoridades policiales durante el referéndum del domingo.

Pero, en el supuesto de que las estimaciones de los independentistas sean ciertas, ¿podría Cataluña recuperar esa diferencia siendo independiente?
Algunos analistas creen que, incluso si Cataluña lograra un estímulo fiscal gracias a la independencia, ese dinero podría convertirse en sal y agua por los gastos derivados de tener que crear nuevas instituciones públicas y tener que administrarlas sin las ventajas de tener una economía de escala como la española.
Además, hay que tener en cuenta que el mercado principal de los productos y servicios catalanes es, con diferencia, el resto de España.
Ello sin duda dejaría de ser así con una hipotética independencia. Según el gobierno de Madrid, con la separación la economía catalana se contraería al menos un 25%, con el empobrecimiento que ello conllevaría.

Un cálculo más difícil

Quizá la mayor preocupación para Cataluña es la deuda pública.


Según las últimas cifras disponibles, el gobierno catalán tiene deudas por unos US$90.000, lo que equivale a 35,4% del PIB de Cataluña. De ese monto, US$61.000 millones corresponden a compromisos con el gobierno de España.
En 2012, el gobierno de España estableció un fondo especial para facilitar dinero a las regiones, que no tenían posibilidad de acudir a financiarse a los mercados internacionales tras la crisis financiera.
Cataluña ha sido, con diferencia, el principal beneficiario de este fondo a través del cual ha obtenido unos US$78.000 millones.
Cataluña no solo perdería acceso a estos recursos sino que además queda la duda sobre cuánto de esta deuda estaría dispuesta a pagar tras la independencia.
Esa pregunta también, probablemente, tendría un impacto sobre otras negociaciones. Una de ellas tiene que ver con cuál sería la contribución que Madrid esperaría de Cataluña para ayudar a pagar la actual deuda externa de España.

¿Fuera de la Unión Europea?

¿Pero, por qué importarían las negociaciones sobre la independencia?


Una enorme bandera de la Unión Europea desplegada en el edificio La Pedrera en Barcelona.Derechos de autor de la imagenAFP
Image captionMuchos catalanes están orgullosos de ser parte de la Unión Europea, pero si se independizan esa membresía no está asegurada.

Más allá de las dificultades para desconectar la economía catalana de la española, la fortaleza de una Cataluña independiente dependería también de si logra seguir siendo parte de la Unión Europea o, al menos, participar en el mercado único.
Dos tercios de las exportaciones catalanas tienen como destino la UE. Sin embargo, al separarse de España necesitaría solicitar su ingreso en el bloque comunitario, algo que no ocurriría de forma automática ni inmediata.
Pero su membresía en la UE tiene que ser aprobada por todos los socios, incluyendo España, algo que probablemente no sucedería.
Algunos partidarios de la independencia catalana creen que Cataluña podría lograr un acuerdo con la UE similar al que tiene Noruega, que sin ser miembro tiene acceso al mercado común a través de un acuerdo especial.
Quizás los catalanes estén dispuestos a pagar por conseguir ese mismo acceso y no tendrían ningún problema para aceptar el libre movimiento de ciudadanos de la UE a través de sus fronteras.
Pero, si España quiere, puede hacerle la vida muy difícil a una Cataluña independiente.

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Carles Puigdemont, el hombre que ha llevado el reclamo independentista de Cataluña más lejos que nadie y podría romper a España



El presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont.Derechos de autor de la imagenAFP/GETTY IMAGES
Image captionEl presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, dijo que su región ganó el derecho de independizarse de España.

El deseo de independencia que llevó al referéndum del 1 de octubre no empezó bajo su gobierno. Pero tal es su entusiasmo por la secesión, que el presidente del gobierno regional de Cataluña, Carles Puigdemont, está dispuesto a arriesgar la autonomía existente para lograrlo.
En un desafío sin precedentes a la actual Constitución española, Puigdemont siguió adelante con la esperanza de obtener reconocimiento internacional, aunque el referéndum del domingo pasado fue declarado ilegal por el Tribunal Constitucional español.
A los ojos de los aliados de España en Bruselas y Washington, es una travesía destinada al fracaso, pero este hijo de un pastelero de un pueblo de la provincia de Girona permanece impertérrito.

Enseñanza en español

Carles Puigdemont nació en Amer en 1962. Creció bajo la dictadura del general Francisco Franco y recibió una educación en español en una escuela católica. Pero, como tantos otros en su generación, hablaba catalán en casa.
Joan Matamala, su compañero de escuela aunque unos años mayor que él, recuerda al chico con el que todo el mundo quería llevarse bien, incluso los alumnos de los cursos superiores.


Joan Matamala, en una calle en Girona en octubre de 2017
Image captionEl librero Joan Matamala fue a la escuela con Carles Puigdemont

Matamala es propietario de Les Voltes, una librería de Girona que lleva 50 años promoviendo la lengua y cultura catalanas.
Aunque no era un líder natural en esa época, el joven Puigdemont era alguien que no se olvidaba, dice.
Desde joven, Puigdemont tenía una gran pasión por su lengua materna, y estudió filología catalana en la Universidad local.
Miquel Riera trabajó con él en la cabecera pro-independencia ahora conocida como El Punt Avui.
"Desde el principio él estaba muy interesado en la nueva tecnología y en internet", dice Riera. Esto pudo haber alimentado el conocimiento de Puigdemont de las redes sociales, que fueron cruciales para la campaña del referéndum.
"Es un hombre que hace amigos fácilmente", dice Riera, cuyo hijo de 25 años -cuenta- fue herido por un policía en un centro de votación el domingo.


Miquel Riera trabajó con Carles Puigdemont en el periódico pro-independencia ahora conocido como El Punt Avui.
Image captionMiquel Riera trabajó con Carles Puigdemont en el periódico pro-independencia ahora conocido como El Punt Avui.

Puigdemont fue alcalde de Girona entre 2011 y 2016, cuando fue elegido presidente de la Generalitat, el gobierno regional.
No se puede negar su atractivo entre sus seguidores, que piden tomarse selfies con él en los actos y manifestaciones.
Su popularidad trasciende las cuestiones de clase. Sus orígenes son comparativamente modestos, fuera de la élite catalana que dominó la alianza de centro-derecha regional, Convergencia y Unión (ahora Partido Demócrata Europeo Catalán) durante años.
"Puigdemont fue absolutamente clave para traer a Cataluña a dónde estamos ahora", dice Montse Daban, miembro del secretariado de Asamblea Nacional Catalana, un movimiento pro-independentista.
"Él ha sido una absoluta y positiva sorpresa para los ciudadanos catalanes, quienes estuvieron apoyando el proceso de independencia y vieron con consternación que enfrentaba numerosas cargas".


Portadas de periódicos catalanes y españoles.
Image captionLas protestas de los catalanes fueron la primera plana de los periódicos regionales, pero no de los españoles.

Pero sus acciones provocaron un conflicto con la ley española. Y, a ojos del gobierno de España, el líder catalán creó una crisis, quemando todos los puentes, para hacer una declaración unilateral de independencia.
"La democracia no sólo es votar, hay referendos en dictaduras también", dijo una fuente del gobierno de Madrid a la BBC. "Solo cuando votas con garantías de acuerdo a la ley es una democracia".
Las imágenes de violencia en los centros de votación fueron "150% parte del plan de Puigdemont", agregó la fuente.
"Es desafortunado porque es una trampa. No hay duda de que parece malo para el gobierno español".


Miles de manifestantes en Barcelona protestaron el 3 de octubre.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionMiles de manifestantes en Barcelona protestaron contra la violencia policial durante el referéndum del 1 de octubre.

Puigdemont habla el lenguaje de la independencia como no lo hacía su más cauto predecesor, Artur Mas, durante el referéndum de 2014, el cual también fue prohibido por Madrid.
"Creo que nos hemos ganado el derecho a ser oídos, pero lo que veo difícil de entender es esta indiferencia, o falta absoluta de interés, en entender qué está pasando aquí. Ellos nunca quisieron escucharnos", dijo Puigdemont a la BBC tras la violencia registrada la jornada del domingo.
"¿Cómo podemos explicarle al mundo que Europa es un paraíso de democracia si pegamos a mujeres mayores y a gente que no hizo nada malo? Es inaceptable. No habíamos visto tal uso desproporcionado y brutal de la fuerza desde la muerte del dictador Franco", agregó.


El presidente de la Generalitat pidió mediación, algo que el gobierno español considera inaceptable.
Una fuente de Madrid rechazó la idea, diciéndole a la BBC que sería una "mediación entre el gobierno español y parte del Estado español... mediación entre la ley y alguien que no tiene marco de referencia".
"¿Mediación sobre qué?", preguntó la fuente.

Rebelión

Según la misma fuente, Puigdemont está ignorando a su propio partido en su fervor por declarar la independencia, reuniéndose con grupos de base independentistas en lugar de dirigir los asuntos del gobierno regional.





En las calles, las expectativas se dispararon mientras los conceptos de independencia y democracia se diluyen en uno mismo.
Algunos simpatizantes de la independencia parecen haber perdido todo el miedo a la policía española y su indignación crece tras la actuación policial del domingo.
"Él puede ser el hombre más peligroso de España, ya que parece estar dirigiéndose a una declaración unilateral de independencia", dice Manuel Arias Maldonado, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Málaga.
"Una cuestión diferente es si él controla todo lo que ocurre en Cataluña ahora mismo", agrega.
"Si es una revolución -y parece una- su poder está disminuyendo ya que no puede dictar acontecimientos".

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Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
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