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domingo, 14 de septiembre de 2025

Curiosidades de la historia: episodio 250.- La guerra de Filipinas, el fin del Imperio español

 Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos entrega un Podcasts, sobre la guerra de los Estados Unidos de América contra el Imperio Español en las Filipinas, que destruyó completamente a la flota española y tomó Manila con el apoyo de los insurrectos filipinos que puso fin al dominio español el 10 de diciembre 1,898, con el tratado de Paz de París; Los Estados Unidos se anexaron las Islas Filipinas, dándoles la libertad e independencia el 04 de julio de 1,946.... siga leyendo......................



Los más de tres siglos de dominio de España en las Filipinas llegaron a su fin en 1898, cuando EE. UU. destruyó la flota española y tomó Manila con el apoyo de los insurrectos filipinos.



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TRANSCRIPCIÓN DEL PODCAST

A finales de agosto de 1896 se reunieron en Balintawak, a las afueras de Manila, los líderes del movimiento revolucionario filipino Katipunan para decidir qué camino debían emprender en su lucha contra el régimen colonial español. Algunos pensaban que aún era pronto para comenzar la revolución porque les faltaban armas y apoyos, pero otros consideraban que era el momento de iniciar la lucha armada.

Andrés Bonifacio, el líder del Katipunan, después de un encendido discurso a favor de la rebelión, salió a consultar a los seguidores que esperaban en la calle y, ante los gritos de «¡Revolución!, ¡Revolución!», les animó, en un gesto simbólico, a romper las cédulas personales que identificaban a la población y fijaban las tasas que debía pagar a la Administración española. El Grito de Balintawak marcó el inicio de la revolución filipina contra España.

Las causas del conflicto

A lo largo del siglo XIX, diferentes factores acrecentaron el descontento de la población filipina con el dominio que España mantenía sobre el archipiélago desde el siglo XVI. Los filipinos sufrían una evidente desigualdad de derechos y oportunidades respecto a los peninsulares, carecían de representación parlamentaria y se les negaba una mayor participación en la vida política. 

En el Ejército, los oficiales nacidos en las islas se veían relegados por sospecharse de su lealtad. La economía filipina tampoco resultó favorecida por la metrópoli, que nunca se convirtió en un mercado preferencial de las exportaciones filipinas.

Los habitantes de las islas estaban sometidos a fuertes impuestos definidos por categorías étnicas hasta los últimos años del siglo. Además, existía un extendido malestar por la influencia que ejercían las órdenes religiosas españolas en muchos sectores de la vida de las islas, mientras que el clero filipino era postergado por los regulares españoles. 

Todo ello provocó distintos movimientos y estallidos de violencia sin que las autoridades españolas dieran respuestas satisfactorias. De ahí que, a finales de siglo, los filipinos pasaran de la lucha por el autogobierno a la revolución independentista. 

El primer líder e ideólogo del movimiento nacionalista filipino, apoyado por el grupo de los «Ilustrados», fue José Rizal, que en 1892 fundó la Liga Filipina. En un principio, Rizal planteó reivindicaciones moderadas, sin cuestionar la unión con España. Pero al comprender que los españoles nunca atenderían sus demandas impulsó la lucha por el autogobierno, aunque señalando que debía llevarse a cabo de manera pacífica, evitando cualquier acción violenta. Aún así, sus ideas parecieron tan subversivas que el Gobierno colonial lo exilió a Dapitán, en el sur del archipiélago.

Los movimientos políticos de Filipinas pasaron de pedir mayor igualdad y autonomía a reivindicar la independencia de España

Fue esto lo que permitió que el Katipunan, promovido por Andrés Bonifacio, se hiciera con el liderazgo de las reivindicaciones filipinas. Este movimiento era más radical en sus planteamientos, aspiraba ya a la independencia completa y no renegaba del uso de la violencia. Tenía el apoyo de sectores procedentes de los antiguos barangays –los pueblos nativos–, la pequeña burguesía y la población urbana y rural menos favorecida.

El movimiento se fue extendiendo gracias a una gran labor de propaganda y al periódico Kalaayan, en el que se llamaba ya a los filipinos a la lucha armada contra los españoles. Paulatinamente se fue organizando, además, una lucha de guerrillas con gran éxito popular. Las reclamaciones de estos movimientos políticos pasaron, de este modo, de pedir mayor igualdad y autonomía, pero aún bajo la unión con España, a reivindicar la independencia y la ruptura total de los lazos con los españoles.

Así se llegó a la sublevación de Balintawak. El gobernador general Ramón Blanco ofreció un período de gracia de 48 horas, en el que los insurrectos podrían rendirse sin sufrir represalias. Sin embargo, el movimiento se extendió rápidamente a Manila y a sus alrededores y se expandió luego por el archipiélago, ganando cada vez más adeptos.

Ante la extensión de la revolución, el 30 de agosto Blanco declaró el estado de emergencia en ocho provincias, decretó el embargo de bienes de los rebeldes y de sus posibles apoyos, y pidió refuerzos a la Península. Con las fuerzas que tenía en Manila, más otras llegadas de otras partes del archipiélago filipino, Blanco consiguió defender la capital, pero no logró detener la insurrección. 

La estrategia de Polavieja

Tras meses de enfrentamientos, el Gobierno peninsular decidió sustituir a Blanco por el general Camilo García de Polavieja, el cual inició una acción mucho más contundente para acabar con la revolución. Apoyado por un gran contingente de soldados y oficiales llegados de la Península, Polavieja intensificó la lucha contra los revolucionarios.

Con la ayuda de la División Lachambre obtuvo varias victorias importantes en la provincia de Cavite, pero, pese a las muchas bajas sufridas por ambas partes, no logró doblegar la revolución. En abril, volvieron a manos españolas varias provincias de la isla de Luzón: Manila, Zambales, Bataán, Tárlac, Nueva Écija y parte de Cavite. 

Sin embargo, Polavieja no consiguió la pacificación completa, ya que los insurrectos trasladaron la contienda a otras provincias que hasta entonces habían permanecido en paz. El gobernador solicitó entonces 20.000 hombres de refuerzo para acabar con la rebelión. Al no poder el Gobierno proporcionarle esas fuerzas, el general, escudándose en razones de salud reales –se le había agravado una antigua dolencia hepática-, presentó su dimisión en marzo de 1897, aunque se mantuvo al frente de las tropas hasta la llegada de su sucesor. 

Entretanto, en las filas independentistas surgió un problema de liderazgo. Andrés Bonifacio, que no era un militar ni un gran estratega, comenzó a perder posiciones, y frente a él emergió la figura de Emilio Aguinaldo, miembro de una familia mestiza chino-filipina, ilustrada y de buena posición, que durante más de ocho años desempeñó cargos municipales en la ciudad de Cavite.

Convertido en oficial de las tropas revolucionarias, sus triunfos en las batallas en torno a Cavite, el corazón de la insurrección, le granjearon una gran popularidad entre los revolucionarios. En marzo de 1897, en medio de profundas disensiones en el movimiento insurreccionista, se creó un Gobierno revolucionario en el cual Aguinaldo fue elegido presidente, mientras que Bonifacio era nombrado secretario de Interior.

Las disensiones continuaron y Bonifacio acabó siendo sometido a un juicio en el que fue considerado culpable de traición y condenado a muerte. Aguinaldo revocó la pena, pero, en una maniobra todavía hoy poco clara, un pistolero asesinó al fundador del Katipunan el 10 de mayo de 1897. Aguinaldo quedó así como líder indiscutible del movimiento independentista filipino.

Pacificación provisional

El general elegido para sustituir a Polavieja, Fernando Primo de Rivera, llegó a las islas en mayo de 1897. Primo de Rivera, que ya había estado en el archipiélago, emprendió una nueva política, combinando las acciones bélicas y las diplomáticas.

Con las fuerzas y tácticas organizadas por Polavieja, culminó la pacificación de la provincia de Cavite, obligando a Aguinaldo y a sus hombres a refugiarse primero en Batangas y luego en las montañas de Biak Na Bató, al norte de Manila. Allí, el líder filipino reagrupó a sus fuerzas y exhortó a los filipinos a continuar con la lucha.

La insurrección no acababa de sofocarse y las guerrillas se extendían, aunque sus fuerzas y apoyos estaban cada vez más mermados. Primo de Rivera apostó entonces por negociar un acuerdo en el que los insurrectos aceptaran deponer las armas. Las negociaciones fueron largas, pero en diciembre de 1897 se llegó al Pacto de Biak Na Bató.

En él se establecía que España pagaría 800.000 pesos a los rebeldes a cambio de que acabaran con la insurrección, entregaran las armas y reconocieran la soberanía de España. Se acordó también el exilio a Hong-Kong de Aguinaldo y otros 27 líderes revolucionarios. El pacto acabó con la revolución de manera formal, aunque sus cláusulas no fueron totalmente cumplidas por ninguna de las dos partes. 

A principios de 1898, pensando que las Filipinas estaban prácticamente pacificadas, el Gobierno español propuso importantes medidas autonomistas, que puso en marcha el nuevo gobernador Basilio Augustí al llegar a las islas en abril de 1898. Sin embargo, la lucha de los filipinos no cesó de forma completa. Tan solo estaban esperando el momento más oportuno para reanudar abiertamente la batalla contra el régimen colonial. Esa ocasión se presentó al declararse la guerra entre Españay Estados Unidos.

El 20 de abril de 1898, con el pretexto del hundimiento del Maine en la bahía de La Habana, el presidente William McKinley declaró la guerra a España. El principal objetivo estadounidense era acabar con la administración española en Cuba, poner así fin a la revolución iniciada en 1895 por los independentistas cubanos, que estaba perjudicando los intereses americanos, y hacerse con el control de una isla fundamental para sus planteamientos estratégicos y defensivos.  

La guerra hispano-norteamericana 

El conflicto de Cuba no tenía nada que ver con Filipinas, pero la marina de EE. UU. tenía antiguos planes estratégicos que sostenían que la escuadra española en Filipinas podía ser una amenaza en caso de guerra contra España. De este modo, el escuadrón asiático de la marina estadounidense, al mando del comodoro George Dewey, se dirigió al archipiélago filipino y el 1 de mayo de 1898 atacó a la flota española, mandada por el contralmirante Patricio Montojo, en su base de Cavite, en la bahía de Manila. El resultado fue el incendio y hundimiento de todos los buques españoles y más de 400 bajas.  

Los estadounidenses, por su parte, decidieron aprovechar la oportunidad e incrementar su intervención en Filipinas. McKinley y los círculos expansionistas tras él eran plenamente conscientes de que las grandes potencias ocupaban cada vez más territorios en Asia y parecían a punto de iniciar el reparto definitivo de China, ámbito del que EE. UU. corría el riesgo de quedar excluido.

Si, en cambio, se aprovechaba la guerra iniciada contra España por Cuba para atacar al mismo tiempo a Filipinas, los norteamericanos tendrían posibilidad de hacerse con un establecimiento frente a las costas de China desde el que proteger sus intereses en Asia. Manila, pues, debía convertirse en la gran base naval de EE. UU. en Asia oriental.

Para ello era necesario conquistar la ciudad, todavía en manos españolas. El 4 de mayo, solo tres días después de la batalla naval de Cavite, partió de San Francisco una expedición de 5.000 hombres –que habían sido previamente concentrados en aquella ciudad– con el fin de colaborar por tierra en la toma de la ciudad de Manila.

Durante el verano de 1898 continuó el envío de nuevas tropas estadounidenses, de modo que a finales de julio ya se habían hecho tres grandes expediciones y 16.000 norteamericanos luchaban en Filipinas, capitaneados por el general Wesley Merrit.  

Apoyo de los rebeldes a EE. UU.

En esa tesitura, los estadounidenses contaron con el apoyo de los revolucionarios filipinos, que se apresuraron a retomar su lucha contra los españoles para lograr su ansiada independencia. Aguinaldo y sus hombres entraron en contacto con los cónsules estadounidenses en Hong Kong y Singapur a fin de establecer una estrategia conjunta contra los españoles, y se entrevistaron con Dewey y los oficiales de su escuadra. En ese encuentro se prometieron apoyo mutuo con unas fórmulas ambiguas no aprobadas por Washington.

El 19 de mayo, a bordo del buque norteamericano McCulloh, Aguinaldo regresó a Filipinas, donde el día 24 decretó un levantamiento general. Sus fuerzas se aprestaron a colaborar en el sitio que los norteamericanos habían establecido sobre Manila.

En junio, Aguinaldo declaró unilateralmente la independencia de Filipinas –no reconocida ni por los estadounidenses ni por los españoles– y nombró un Gobierno revolucionario. A finales de ese mes la rebelión se había extendido por toda la isla de Luzón, incluyendo puntos hasta entonces no sublevados, como Zambales, Pangasinan, Ilocos o Camarines. Estalló también en otras islas, como Cebú.

Sin embargo, el asedio de Manila mostró que norteamericanos y filipinos tenían distintos intereses para el futuro de Filipinas. Al conocerse en Washington las conversaciones entabladas por Dewey, el Gobierno de EE. UU. ordenó frenar esa colaboración para mantener abiertas todas sus opciones en el archipiélago y no comprometerse a nada. Los estadounidenses dejaron de respaldar los avances de los filipinos y les impidieron participar en la toma de la ciudad para evitar que pudieran hacer ningún tipo de reclamaciones. Manila debía quedar solo en manos de Estados Unidos. 

La defensa de Manila

En medio de esa complicada situación, el general Augustí defendió la capital todo el tiempo que pudo con el apoyo de los cerca de 6.000 efectivos de que disponía, reforzados por numerosos voluntarios españoles. Los españoles resistieron los asaltos enemigos y la falta de agua y alimentos durante más de cien días, en espera de un auxilio que no llegó. 

Las demás fuerzas españolas estaban diseminadas por el archipiélago en pequeñas guarniciones y, ante la feroz resistencia de las partidas nativas que les cerraban el paso, fueron incapaces de agruparse en columnas de cierta entidad para dirigirse a Manila. En respuesta a las peticiones de auxilio, el Gobierno español envió una escuadra al mando de Manuel de la Cámara, pero cuando estaba en el canal de Suez regresó a la Península para defender sus costas. 

Los españoles aguantaron el asedio hasta después de la firma del Protocolo de Washington, el 12 de agosto de 1898, que estableció la paz entre EE. UU y España. Al día siguiente, en el límite de las fuerzas y tras una dura resistencia, Manila capituló. La caída de la capital arrastró tras de sí todo el archipiélago. La ciudad fue entregada a los oficiales estadounidenses, y se estableció que EE. UU. ocuparía y retendría Manila hasta la conclusión de un tratado que determinaría los términos definitivos sobre el control y gobierno de Filipinas. 

Una vez perdida Manila, elgeneral Diego de los Ríos y Nicolau, anteriormente al mando de las islas Visayas y Mindanao, fue nombrado gobernador general interino con el encargo de resolver los últimos retazos de la guerra y ocuparse de la ingrata tarea de desmantelar la Administración española y repatriar a los funcionarios, tropas, misioneros y personal civil que quisiera regresar a la Península.

Tuvo también que negociar la protección de los intereses españoles que permanecerían presentes en las islas –fundamentalmente económicos y religiosos–, así como la devolución de prisioneros. Una vez acabado ese doloroso proceso, el general abandonó las islas el 3 de junio de 1899, en compañía de una gran contingente de tropas y rezagados.

Durante esos mismos meses, después de muchas vacilaciones y negociaciones, el Gobierno de McKinley decidió anexionarse la totalidad de las islas Filipinas. En consecuencia, el 10 de diciembre de 1898 se ratificó el tratado de paz de París, mediante el cual España cedía a Estados Unidos tanto Filipinas como la isla de Guam a cambio de una indemnización de veinte millones de dólares.

De este modo, los filipinos, derrotados en la guerra a la que se lanzaron contra la anexión norteamericana, experimentaron durante cuatro décadas el peso de una nueva administración colonial, esta vez la de Estados Unidos. Tendrían que esperar hasta el año 1946 para conseguir la independencia completa. 

Este artículo pertenece al número 257 de la revista Historia National Geographic.

NATIONAL GEOGRAPHIC 
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
ayabaca@gmail.com

viernes, 12 de abril de 2019

PALEONTOLOGÍA : BBC Mundo Noticias : Homo luzonensis: descubren una nueva especie humana en la isla de Luzón en Filipinas.................. Encontrada una nueva especie humana: Homo luzonensis

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, y la agencia de noticias BBC Mundo Noticias, nos informan que científicos, que ha encontrado resto humanos en la Cueva de Callao, Isla Luzón, Filipinas, que ya la ciencia lo denominado el Homo Luzonensis - "Honbre de Luzón".
National Geographic .- narra : Los 13 huesos y dientes encontrados en la cueva de Callao, en Filipinas, forman parte de un nuevo miembro de la familia humana: Homo luzonensis, que habitó lo que hoy corresponde a la isla de Luzón, en Filipinas, hace al menos 67.000 años. Es la conclusión que se desprende de un estudio científico publicado ayer por la revista Nature..."

https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/encontrada-nueva-especie-humana-homo-luzonensis_14155 
Los científicos deducen que los restos encontrados en la cueva de Callao, en Filipinas, pertenecen a una nueva especie, bautizada como "hombre de Luzón".

https://www.bbc.com/mundo/noticias-47888422

Dientes hallados en FilipinasDerechos de autor de la imagenAFP
Image captionLos investigadores hallaron restos dentales y huesos del pie y de la mano de al menos de tres individuos.

Tenemos una nueva incorporación a nuestra gran familia: una extinguida especie humana que vivió hace miles de años en Filipinas.
Se conoce como Homo luzonensis, en reconocimiento al lugar donde fue descubierta: la isla más grande del país, Luzón.
Su descubrimiento es fruto del trabajo de un equipo multidisciplinar de científicos y los detalles aparecieron publicados este miércoles en la revista Nature.
Sus características físicas resultan de una mezcla de rasgos de ancestros humanos muy antiguos y de humanos más recientes.
Eso puede significar que grupos de humanos primitivos abandonaron África y llegaron hasta el sudeste asiático, algo que antes no se consideraba posible.
El hallazgo sugiere además que la evolución de los humanos en esa región debió ser un asunto altamente complicado, con tres o más especies humanas coincidiendo en la misma época en la que llegaron nuestros ancestros directos, los Homo sapiens.


Infografía
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Cueva Callao

Los nuevos especímenes fueron descubiertos en la cueva Callao, en el norte de Luzón, y su existencia se remonta a entre unos 67.000 y 50.000 años atrás.
Consisten en 13 restos: dientes y huesos de la mano y del pie, así como parte de un fémur, que pertenecen al menos a tres individuos. Fueron recuperados en excavaciones que se realizan en la cueva desde 2007.

Hueso del pieDerechos de autor de la imagenREUTERS
Image captionLos investigadores hallaron 13 elementos de la nueva especie.

El Homo luzonensis tiene algunas similitudes físicas con humanos recientes, pero en otros rasgos se asemeja a los australopithecines, criaturas similares a los primates que caminaban sobre dos patas y que vivieron en África entre dos a cuatro millones de años atrás.
Si especies del tipo Australopithecus fueron capaces de llegar al sudeste asiático, esto cambia nuestras ideas previas sobre quiénes, de nuestros familiares, dejaron África primero.
Desde hace tiempo se pensaba que elHomo erectus era el primer miembro de nuestra línea directa que abandonó el hogar africano, hace alrededor de 1,9 millones de años.
Y dado que Luzón solo era accesible por mar, el hallazgo abre interrogantes sobre cómo llegaron a la isla especies pre-humanas.
Además del Homo luzonensis, las islas del sudeste asiático también albergaron otra especie humana llamada los Denisovans, que parecen haberse mezclado con humanos de la era moderna temprana (Homo sapiens) cuando llegaron a la región.


Cueva CallaoDerechos de autor de la imagenREUTERS
Image captionLa cueva Callao, en el norte de Luzón, está abierta a los turistas.

La isla indonesia de Flores albergó una especie llamada Homo floresiensis, cuyos miembros reciben el apodo de "los Hobbit" por su pequeña estatura. Se cree que sobrevivieron allí desde al menos hace 100.000 años hasta hace 50.000 años, y potencialmente se solaparon con la llegada de humanos modernos.
Lo que resulta interesante es que científicos también afirman que el Homo floresiensis muestra rasgos físicos que son reminiscentes de los hallados en los australopithecines.
El profesor Chris Stringer, del museo de Historia Natural de Londres, Reino Unido. comentó: "Tras la publicación de los extraordinarios hallazgos de los pequeños Homo floresiensis en 2004, dije que el ensayo sobre la evolución humana realizado en Flores podía repetirse en muchas de las otras islas en la región.
"Esa especulación parece haber sido confirmada en la isla de Luzón... a casi 3.000 kilómetros de distancia".


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Encontrada una nueva especie humana: Homo luzonensis

Los científicos deducen que los restos encontrados en la cueva de Callao, en Filipinas, pertenecen a una nueva especie, bautizada como "hombre de Luzón".

Restos de Homo luzonensis
Foto: Universidad de Filipinas
Redacción
Los 13 huesos y dientes encontrados en la cueva de Callao, en Filipinas, forman parte de un nuevo miembro de la familia humana: Homo luzonensis, que habitó lo que hoy corresponde a la isla de Luzón, en Filipinas, hace al menos 67.000 años. Es la conclusión que se desprende de un estudio científico publicado ayer por la revista Nature.
Los restos, desenterrados en las excavaciones que tienen lugar en la cueva desde hace más de diez años, se componen de dientes y huesos de la mano y del pie, además de un aparte del fémur, correspondientes a tres individuos distintos (dos adultos y un niño).
Los científicos descubrieron que los dientes son muy pequeños, parecidos a los de un humano actual o a los de Homo floresiensis (hombre de Flores), un hominino que vivió hace unos 50.000 años en la isla indonesia de Flores, caracterizado por su pequeña estatura de apenas un metro de alto y su cerebro de pequeñas dimensiones.
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Sin embargo, los paleoantropólogos advirtieron que los huesos de manos y pies eran mucho más primitivos, similares a los australopitecos que vivían en África hace entre dos y cuatro millones de años.
La hipótesis de que un australopitecino pudiera ser capaz de llegar hasta el Sudeste Asiático podría cambiar nuestra noción sobre la evolución humana, ya que hasta hoy la comunidad científica pensaba que Homo erectus era el primer miembro de nuestro linaje que abandonó el continente hace aproximadamente 1,9 millones de años.

Sin ADN de Homo Luzonensis

A pesar de que ha sido imposible extraer ADN de los restos, el descubrimiento de herramientas en el valle de Caganan, en Filipinas delata la presencia de homininos hace al menos 700.000 años, lo que ha llevado a los investigadores a teorizar acerca sobre el posible linaje de H. luzonensis.
Los científicos trabajan con tres hipótesis: que descendiese directamente de Homo erectus, habiendo evolucionado de forma aislada, (lo que explicaría sus pequeñas dimensiones); que procedan de una oleada que abandonó África con anterioridad, o que, junto con el hombre de Flores, desciende de un antepasado común de la isla de Sulawesi.
Con independencia del debate generado, lo que es seguro es que este nuevo miembro de la familia humana añade un plus de diversidad al linaje de nuestra especie: H. Sapiens, y genera nuevas dudas sobre su procedencia, por ejemplo: ¿Se relacionó el hombre de Luzón con otras especies fuera de África, entre ellas la nuestra? La ciencia sigue investigando la evolución humana.
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https://periodistas-es.com/en-espanol-homo-luzonensis-en-cursiva-y-con-mayuscula-inicial-127051
En español: Homo luzonensis, en cursiva y con mayúscula inicial


homo luzonensis

Periodistas en Español.
La Fundéu indica que los nombres científicos de las especies humanas, como Homo sapiens y Homo luzonensis, se escriben con mayúscula inicial en la primera palabra y en cursiva.
Tal como establecen las normas internacionales de nomenclatura zoológica, el nombre científico del género Homo se escribe con mayúscula y en cursiva. Cuando se menciona una especie concreta, se le añade un segundo elemento en minúscula: Homo sapiens, Homo erectus, Homo habilis. En algunos casos, puede haber un tercer elemento para la subespecie, también en minúscula (Homo erectus bilzingslebenensis).
Los nombres comunes —es decir, los no científicos— que aluden a las especies, a sus grupos o a sus individuos van en minúscula (salvo los nombres propios que contengan) y sin comillas ni cursiva: el cromañón o el hombre de Cromañón, el neandertal o el hombre de Neandertal.
El Homo floresiensis también es conocido como hombre de Flores y, más informalmente, como hobbit; este último se escribe en minúscula, pues no es un nombre propio, pero en este caso sí va en cursiva por tener una grafía que no se acomoda a las pautas del español.

Otros usos

En campos como la sociología y la filosofía, entre otros, se emplean algunos giros latinos para referirse al hombre entendido en función de alguna de las características que se consideran propias de su naturaleza: homo oeconomicus (‘hombre económico’), homo faber (‘hombre que fabrica’) e, incluso, homo sapiens como concepto general de ‘hombre que razona’, no como especie.
Como locuciones latinas comunes, se escriben íntegramente en minúscula, en cursiva o, si no se dispone de este tipo de letra, entre comillas.


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