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domingo, 7 de septiembre de 2014

SEÑOR CAUTIVO DE AYABACA: El Milagro de las Tullidas, que además de sordomudas, lograron caminar y rezar y empezaron a trabajar....

Hola amigos : A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., esta es una recreación en ficción  de un Milagro que sucedió años atrás; los nombres y los lugares que aparecen  son  pura coincidencia;  en el Pueblo de Cunante, cercano al distrito de Jurupe, vivían en una casa ubicada en la Calle Loma Alta s/n, una familia compuesta por 6 miembros: Don Mateo Paúcar, su esposa Doña Imelda Huamán y sus 4 hijas: Juana, Isabel, Teodocia y Celinda: Don Mateo como jefe del hogar disponía de un potrero de aproximadamente 10 hectáreas , que cultivaba parte de ello y el resto le servía como pasto para mantener 4 vacas, todas paridas y le daban leche, parte de ese líquido lo vendía a sus vecinos.

Aquí observamos la imagen del SEÑOR CAUTIVO DE AYABACA, que se celebra su festividad religiosa todos los 13 de octubre. Un símbolo cristiano del Abandono de los apóstoles a Jesús en el huerto de Getsemaní, quien estando apresado y maniatado por los jerarcas judíos; se quedó sólo, San Mateo 26 -56 ...más todo sucede para que se cumplan los Escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos dejándole, huyeron.., pero la Torah no acepta estas imágenes, Levítico 26:1 ...Bendiciones de la obediencia, no harás para vosotros ídolos ni levantarás estatuas, ni pondrás en vuestra tierra piedra pintada para inclinarte ante ellos, por que soy YHWH vuestro Dios...
Foto: Archivos del Blog: A vuelo de un quinde.

Aquí en la imagen observamos a Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui, autor del Blog: A vuelo de un Quinde; ferviente devoto del Señor Cautivo de Ayabaca. Foto : Archivos del Blog: A vuelo de un quinde.

La singularidad de esta familia, era que la esposa Doña Imelda y sus 4 hijas eran tullidas ( no tenían movimientos de las piernas) paraban sentadas sin poder trabajar en las faenas agrícolas; con excepción de la mamá las cuatro hijas eran además sordomudas; pero si podían tejer jergas, ponchos, mantas en el telar artesanal de cintura, muy usual en la Comunidad de Socchabamba.
Todos los días Don Mateo, tenía que ayudar a sus cinco "pacientes" hacer sus necesidades fisiológicas, levantándolas  en peso a cada una de ellas y las ponía sobre una cazuela de madera con un hueco al centro(algo parecido a un inodoro ) que permitía la evacuación de los orines y los excrementos; era un trabajo agotador, que el dueño de casa lo hacía puntualmente todos los días.
En la pared del Centro de la sala tenía una gran imagen del Señor Cautivo de Ayabaca.
Don Mateo, antes de levantarse de la cama que generalmente lo hacía a las 5:00 a.m. de la mañana, imploraba al Señor Cautivo de Ayabaca le colme con sus bendiciones, brindándole salud, fuerzas y que sus vacas; nunca dejen de darle la leche por que ese elemento líquido constituía el único salario para atender a su familia.
El potrero de propiedad de Don Mateo, era codiciado por sus vecinos, por que era plano como "la palma de sus manos" como solía decirlo él; cuando comentaba la cosecha que constituía de maíz blanco, frejoles y sambumba, cierto día Don Teodoro García, vecino colindante con el potrero de Don Mateo, le propuso comprarle el potrero; por su puesto le ofreció un precio por debajo del común en aquellos tiempos y siempre habían pleitos por los portillos (abertura hecha al cerco que permite el ingreso de animales que no son de propiedad del dueño del potrero) a estos animales invasores se les llama: "mañosos" y las vacas de Don Teodoro eran las peores dotadas de astas largas y grandes levantaban y destruían cercos y penetraban a potreros ajenos en búsqueda de pastos.
Don Mateo, guardando el respeto rechazó la oferta de compra de Don Teodoro y éste en represalias soltó las vacas un jueves por la noche y como sus potreros no tenían pastos, las vacas emprendieron contra el cerco levantando las ramas secas y destruyéndolas e ingresaron al potrero de Don Mateo toda la noche devoraron el pasto que tanto lo necesitaba Don Mateo para mantener a sus vacas.
Al día siguiente muy temprano Don Mateo fue a su potrero como de costumbre a ordeñar sus vacas y al llegar encontró a las vacas mañosas en número de 10 que habían "limpiado el pasto"; como reacción cogió a una de ellas y las otras las sasó al camino real y con la vaca de prueba se fue a la casa de Don Teodoro para reclamar el daño, el dueño de la vaca mañosa,  al entrevistarlo se enojó y amenazó a Don Mateo con invadir su terreno, si es que no había decidido venderle el mismo, ante semejante prepotencia; Don Mateo dio media vuelta con cajas destempladas y mucha preocupación que había perdido el pasto que lo necesitaba para mantener a sus cuatro vacas lecheras, pero de ninguna manera  iba a vender su terreno a precio irrisorio.
Don Mateo, ordeñó sus vacas, sacando un balde de aproximadamente 15 litros, tal vez era la última cosecha lechera, para el día siguiente no se sabía que cantidad de leche saldría; al llegar a su casa ya había pasado mucho tiempo, los clientes de la leche lo esperaban y sus "pacientes" necesitaban urgente atención, despachó la leche y de frente fue hasta la imagen del Señor Cautivo de Ayabaca; le imploró e invocó su ayuda para salir adelante, en seguida fue a atender una a una esposa e hijas, terminado este arduo trabajo, encendió la leña de la cocina para preparar los alimentos.
En aquel instante, alguien tocó la puerta de la casa, Don Mateo al abrirla era Don Teodoro, que venía con dos talegas de  dinero, quien al verlo le dijo:
--- Mateo, no sea testarudo, vende tu terreno y te libras de tanto trabajo, he traído dos talegas de libras esterlinas que te repagarán el valor de tu terreno.
Don Mateo, muy incrédulo al escuchar de tan tentadora oferta, no lo pensó dos veces y cedió a la seducción del dinero, de inmediato lo hizo pasar y le contestó:
--- Don Teodoro, usted gana como siempre, no puedo negarme, le venderé el terreno.
En seguida se procedió a contar el monto del dinero, que suplía con creces el valor del terreno y como toda transacción necesita legalizarse ante Notario o Juez; el comprador y el vendedor acordaron ir a la Ciudad de Socchabamba que si contaba con Notaría Pública; entonces Don Mateo suplicó a Don Teodoro que saliera  de la sala y lo esperaba afuera, para poder atender a sus "pacientes", terminado el trabajo les sirvió el desayuno y salió para ir al pueblo; olvidó las dos talegas con el dinero sobre la mesa.
Pasados unos 20 minutos después que se fueron, alguien tocó de nuevo la puerta de la casa, solo estaban las cinco tullidas. Doña Imelda, preguntó quien era y el desconocido que tocaba la puerta contestó que venía de parte de Don Mateo para llevar las talegas de  dinero a la Ciudad; la señora como no podía caminar aceptó la respuesta y le ordenó abrir la puerta; entonces ingresó un hombre fornido con mirada profunda y funesta  que al ver las talegas las levantó y las guardó en una alforja y salió sin decir  palabra alguna.
Las cinco tullidas se miraron entre ellas y su mamá entró en pánico sin poder haber impedido que se lleven el único tesoro que garantizaba la existencia de las mismas; la imagen del Señor Cautivo de Ayabaca se oscureció como fiel testigo del asalto y robo de la fortuna.
Mientras tanto en la Ciudad de Socchabamba, Don Mateo entregaba a Don Teodoro su fortuna firmando los documentos de venta y transferencia, todos los gastos los cubrió Don Teodoro, lo que le llamó la atención a Don Mateo conociendo al vecino que era  muy avaro hasta consigo mismo.
De regreso a casa, ambos personajes partieron por caminos diferentes, aunque vivían en la misma dirección, que también le llamó la atención a Don Mateo, pero lo pasó por alto y apuró su viaje a su morada y recién recordó que por descuido dejó las talegas del dinero expuestas, pero jamás imaginó que alguien ya se las robó.
Don Mateo, cuando se acercaba a su casa, escuchó el sollozo de su familia, al llegar vio que la puerta estaba  abierta, al entrar observó que su esposa Doña Imelda se había desplomado al suelo y sus cuatro hijas lloraban desconsoladamente y como eran sordomudas se había establecido un lenguaje con señas y movimientos y justamente la hija mayor Juana: "narró" a su padre que robaron las talegas y esa impresión de no poder hacer nada para impedirlo, su madre se desmayó cayendo al suelo y nunca más hizo el intento de moverse, había muerto de infarto cardiaco.
Isabel la segunda hija hizo una "descripción" del ladrón que se llevó las talegas; Teodocia "aportó" la información que el ladrón no estaba montado llegó y se fue  a pie;  y Celinda la última de las hijas "señaló" que el ladrón era un peón de Don Teodoro.
Don Mateo, entristecido por la pérdida de su fortuna, entendió perfectamente el plan urdido por el ricachón  Teodoro, que hábilmente  lo engatusó, ofreciéndole un precio mayor por el terreno, si después que no haya nadie en casa mandaría a un peón para que le regrese el dinero "pagado"; pero nunca contó que las "hijas tullidas" como las llamaban, tenían sus sentido bien afinados a pesar de su discapacidad tanto de los miembros inferiores como de los oídos y la lengua.
Don Mateo una vez más invocó a la imagen del Señor Cautivo de Ayabaca; pidiéndole ayuda y protección por que se había quedado en la completa miseria y después de enterrar a su esposa, su primera reacción fue ir a la casa de Don Teodoro y reclamar que uno de sus peones le robó las dos talegas del dinero  que él pagó por el terreno; en efecto al llegar a esa casa, allí encontró al ricachón García, justamente recibiendo de su peón las dos talegas que antes le pagó a Don Mateo.
Semejante evidencia, no se podía ocultar y el peón pensando que estaba comprometido, sacó una chaveta oculta en su bolsillo y se abalanzó contra el cuerpo de Don Mateo hiriéndole el pecho, el abdomen y varios otros violentos chavetazos que el herido se desplomó al suelo muriendo desangrado.
Don Teodoro, reprendió a su peón por que nunca fue planeado matar a Don Mateo, pero el agresivo asesino amenazó también con atacarlo a él; no sabemos si todo se planeó así; pero las cuatro tullidas se encontraban huérfanas y desamparadas; aún así, tienen la imagen del Señor Cautivo de Ayabaca como su protector; también se desconoce que hizo Don Teodoro con el cadáver de Don Mateo, pero con su dureza y avaricia reconoció que se "pasó la mano" y ordenó al medio día, que era hora de almorzar llevar comida a las "Tullidas" y envió a Hortencia, quien era una sirvienta que conocía esa casa a cumplir el encargo.
Mientras tanto, las hermanas tullidas, se pusieron de acuerdo y se  comunicaron mentalmente y las cuatro fijaron su mirada al cuadro que contenía  la imagen del Señor Cautivo de Ayabaca;  y todas oraron e invocaron pidiéndole la ayuda de Dios, por que no había llegado su padre(ya estaba muerto) en ese trance de oración mental, llegó Hortencia con la comida, la puerta estaba abierta al ingresar vio a un monje vestido de morado con un cordón amarillo a la cintura y calzaba sandalias, quien estaba atendiendo a las inválidas.
Hortencia, sorprendida, saludó así:
--- Buenas tardes Reverendo Padre he traído la comida para las "tullidas".
El que fingía de monje, le contestó:
--- Gracias hija mía;  haz ayudado a mujeres que se han cansado de estar sentadas.
Hortencia, no entendió la respuesta, pero igual dejó la comida y salió muy impresionada lo que habían visto sus ojos.
Al llegar a la casa de su patrón, le dijo:
--- Don Teodoro, en casa de las "tullidas" hay un cura que le brilla todo su cuerpo, pero es muy humilde y me agradeció la comida que llevé...
Don Teodoro quien era agnóstico y odiaba a los monjes, pensó lo contrario y balbuceó:
--- "Esas tullidas pícaras ya consiguieron marido, pues ya no les enviaré comida".
Pero, Hortencia que no salía se su asombro, quedó impactada de haber visto a un monje y regresó al otro día con comida que la preparó por su cuenta; y esta vez casi se desmaya por que encontró a las "tullidas" conversando con el monje, ella sabía que eran sordomudas, saludó y el monje le dijo:
--- Gracias hija por tu generosidad con tu ayuda ellas se han salvado...
Hortencia  más asombrada vio a un hombre iluminado todo su cuerpo y era muy locuaz y éste, agregó:
--- Como te dije ayer, ellas: "las tullidas " como tu las conoces estaban cansadas de estar sentadas; ahora estás viendo que se levantarán...
En seguida el monje les ordenó:
--- Señoritas levántense y saluden con un abrazo a la señorita que les traído comida.
Las "tullidas" se levantaron y abrazaron a la vecina y miraron que el cuadro del Señor Cautivo de Ayabaca, estaba vacío, como reacción inmediata las cuatro se arrojaron a los pies del monje en son de agradecimiento por el "Milagro" que estaban viviendo y el monje muy serio les ordenó:
--- Levántese su fe en Dios las ha salvado, ahora limpien la casa, desempolven el telar y pónganse a trabajar para que consigan el pan de cada día.. y vayan más tarde a recuperar sus vacas...
Las cuatro hermanas que fueron tullidas; ahora muy  felices se abrazaban entre ellas y en esos momentos no se dieron cuenta, que luego misteriosamente el monje se desvaneció desapareciendo y miraron el cuadro de la imagen, allí estaba de nuevo: EL SEÑOR CAUTIVO DE AYABACA.
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
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