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domingo, 26 de marzo de 2017

ESA : Finaliza la fase de diseño de la misión de la ESA a Júpiter

http://www.esa.int/esl/ESA_in_your_country/Spain/Finaliza_la_fase_de_diseno_de_la_mision_de_la_ESA_a_Jupiter
Viaje de Juice hasta Júpiter

Finaliza la fase de diseño de la misión de la ESA a Júpiter

21 marzo 2017
Para que Juice, el Explorador de las Lunas de Hielo de Júpiter, pueda pasar de la fase de diseño a la de construcción, es necesario resolver numerosas cuestiones de gran calado, desde los exigentes requisitos eléctricos, magnéticos y de alimentación, pasando por la elevada radiación, hasta las estrictas normas de protección planetaria.
Tras su lanzamiento, programado para 2022, y su llegada al sistema joviano en 2029, Juice (JUpiter ICy moons Explorer) pasará tres años y medio examinando la turbulenta atmósfera de Júpiter, su enorme magnetosfera, su conjunto de tenues anillos oscuros y sus satélites. 
La misión estudiará las grandes lunas Ganímedes, Europa y Calisto, pues se cree que podrían ocultar océanos de agua líquida bajo su corteza helada, e incluso albergar entornos habitables. 
La misión culminará con un recorrido exclusivo de ocho meses alrededor de Ganímedes: será la primera vez que una nave orbite un satélite natural distinto a nuestra Luna.  A vuelo
 
Jupiter's largest moons
 
Juice estará equipado con diez avanzados instrumentos, incluyendo cámaras, un radar capaz de penetrar en el hielo, un altímetro, experimentos radiocientíficos y sensores para monitorizar los campos magnéticos y las partículas cargadas del sistema joviano. 
Para garantizar que pueda abordar estos objetivos en el adverso entorno de Júpiter, el diseño del explorador debe cumplir requisitos muy estrictos. 
A principios de este mes se alcanzó un hito importante, ya que quedó fijado el diseño preliminar de Juice y sus interfaces con los instrumentos científicos y las estaciones terrestres, lo que ahora permitirá construir un prototipo para someterlo a ensayos rigurosos. 
La revisión también confirmó que la nave, de 5,3 toneladas, será compatible con su lanzador Ariane 5. 
Al operar en el Sistema Solar exterior, lejos del Sol, Juice precisará de un enorme conjunto de paneles solares: se prevén dos alas de cinco paneles cada una, con una superficie total de casi 100 m2, capaz de suministrar 820 W al final de la misión, ya en Júpiter. 
Tras el lanzamiento, Juice efectuará cinco sobrevuelos con asistencia gravitatoria en total —uno en Marte, otro en Venus, y tres en la Tierra— para ponerse en camino hacia Júpiter. Sus paneles solares tendrán que soportar temperaturas elevadísimas: por ejemplo, al acercarse al Sol durante el sobrevuelo venusiano, las alas se inclinarán para evitar que unas temperaturas excesivas dañen las células solares. 
El motor principal del satélite se utilizará para entrar en órbita alrededor del planeta gigante y, más tarde, al orbitar alrededor de Ganímedes, la mayor luna de Júpiter. Por eso, el diseño del motor también se ha sometido a revisiones críticas en esta fase. 
Una serie de medidas especiales permitirán que Juice resista a la radiación extremadamente violenta que sufrirá durante los años que orbite Júpiter. Para ello habrá que seleccionar cuidadosamente los componentes y los materiales, así como el blindaje antirradiación.
Una cuestión especialmente importante es la ‘limpieza’ electromagnética de Juice. Dado que uno de los objetivos clave es monitorizar los campos magnéticos y las partículas cargadas en Júpiter, es fundamental evitar que cualquier campo electromagnético generado por la propia nave interfiera en las mediciones científicas, muy sensibles. 
Para ello, habrá que tener mucho cuidado al diseñar la arquitectura eléctrica de los paneles solares, la unidad de distribución de potencia y las ruedas de reacción (dispositivos que estabilizan la actitud de la nave).  
Durante la revisión también se ha comprobado que Juice cumple las directrices más estrictas de protección planetaria, ya que es fundamental minimizar el riesgo de que alguna de las lunas potencialmente habitables, especialmente Europa, pueda verse contaminada por virus, bacterias o esporas terrestres, transportadas por el satélite. Por este motivo, Juice tardará cientos de años en aterrizar en Europa. 
“El diseño de la nave se ha revisado en profundidad y con resultados positivos, confirmándose que responde a los numerosos requisitos críticos de la misión, —afirma Giuseppe Sarri, gestor del proyecto Juice—. Por el momento nos estamos ciñendo al calendario y estamos encantados de poder comenzar la fase de desarrollo de esta ambiciosa misión de clase L”. 
Los socios industriales de la ESA, liderados por Airbus, ahora cuentan con el beneplácito para comenzar a construir prototipos que se someterán a duras pruebas para simular las condiciones esperadas durante el lanzamiento, así como gran diversidad de condiciones ambientales. 
Una vez el diseño quede probado más allá de toda duda, se construirá el modelo de vuelo, el satélite que realmente será lanzado al espacio. 
 
Para más información:
Markus Bauer








ESA Science and Robotic Exploration Communication Officer









Tel: +31 71 565 6799









Mob: +31 61 594 3 954









Email: markus.bauer@esa.int
Giuseppe Sarri
ESA Juice project manager
Email: Giuseppe.Sarri@esa.int
Olivier Witasse
ESA Juice project scientist
Email: Olivier.Witasse@esa.int

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 ESA
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
ayabaca@gmail.com
ayabaca@hotmail.com
ayabaca@yahoo.com

domingo, 29 de enero de 2017

ESA : JUICE y Solar Orbiter, el hielo y el fuego del Sistema Solar

 http://www.esa.int/esl/ESA_in_your_country/Spain/JUICE_y_Solar_Orbiter_el_hielo_y_el_fuego_del_Sistema_Solar                              


Solar Orbiter & JUICE

JUICE y Solar Orbiter, el hielo y el fuego del Sistema Solar

26 enero 2017
En los próximos años, la ESA va a lanzar sendas misiones para estudiar los entornos más extremos del Sistema Solar. La primera en despegar será Solar Orbiter, en octubre de 2018, y su objetivo será observar la actividad del Sol y su influencia en el entorno interplanetario. Después, en 2022, despegará JUICE (Jupiter Icy Moons Explorer), que se dedicará a estudiar el sistema de Júpiter y, especialmente, sus tres lunas heladas, Europa, Ganímedes y Calisto. Las operaciones científicas de ambas misiones se llevarán a cabo en  ESAC, el Centro de Astronomía Espacial de la ESA, situado en Villanueva de la Cañada, Madrid.

Los misterios del Sol


Solar Orbiter
 
Solar Orbiter es, en palabras de Luis Sánchez, jefe de desarrollo de Operaciones de Ciencia del orbitador, “una misión clave para entender la relación entre el Sol y la Tierra”. Entre sus principales objetivos figura establecer una relación entre los fenómenos solares y las perturbaciones que éstos crean en el espacio entre la estrella y la Tierra y observar los polos del Sol para poder entender el funcionamiento de los ciclos de actividad solar. “Si entendemos mejor los fenómenos solares y el medio interplanetario, entenderemos mejor la climatología espacial”, explica Sánchez, y se podrán hacer predicciones más precisas. 
El ciclo de actividad solar todavía es uno de los grandes desconocidos del estudio de la estrella. Luis Sánchez apunta que “tenemos conocimientos fenomenológicos, porque los hemos medido desde 1840, pero los mecanismos físicos no se conocen con detalle”. Ni siquiera está muy claro que el ciclo tenga realmente una duración de once años. Javier Rodríguez-Pacheco, investigador principal del instrumento EPD, explica, por ejemplo, que uno de los puntos que se está estudiando es “la influencia en el clima terrestre del ciclo de actividad solar”. Cuando el ciclo tiene una baja actividad (medida según la aparición de manchas solares en su superficie), puede haber consecuencias en la Tierra, con periodos climáticos más fríos, pero Rodríguez-Pacheco apunta que “hace falta tener modelos más precisos para hacer mejores predicciones”. 
Tanto Rodríguez-Pacheco como Sánchez señalan que, actualmente, las predicciones más exactas que se pueden hacer es que un ciclo de actividad va a ser igual a otro, y Solar Orbiter intentará ofrecer más información para mejorar esos modelos. Con su observación de los polos de la estrella, por ejemplo, los científicos podrán tener modelos de la capa de convección solar que no se restrinjan sólo al ecuador. Porque, como explica Luis Sánchez, lo que sí se sabe es que “los movimientos de material en el interior del Sol dirigen el ciclo de actividad”. 
Para ello, Solar Orbiter estará tres años y medio observando la estrella y su entorno, a partir de 2021, y se aproximará en el perihelio a 42 millones de kilómetros del Sol, más cerca que la órbita de Mercurio. Esta cercanía al estrella, y su intenso entorno de radiación, trece veces superior a lo habitual, ha supuesto grandes desafíos tecnológicos para el diseño del satélite. Por ejemplo, el escudo térmico ha requerido el desarrollo de nueva tecnología, sobre todo porque Solar Orbiter va a estar apuntando constantemente al Sol. Dicho escudo está fabricado con varias capas, separadas por colchones de aire, y su capa más externa está realizada con un nuevo material basado en cenizas. Además, en el escudo tiene que haber aberturas para los seis telescopios que van a observar el Sol, y éstos, a su vez, tienen que estar preparados para operar en el fuerte entorno de radiación. 
Además de estos seis instrumentos, Solar Orbiter lleva otros cuatro que se dedicarán a observar el entorno interplanetario y las perturbaciones que la actividad solar crea en él. 
La antena de 35 metros de Cebreros, tendrá un papel muy importante en esta misión, será una de las que reciba los datos de Solar Orbiter, junto con el resto de antenas de espacio profundo de la ESA.

El hielo de Júpiter


Juice
 
En el Sistema Solar, el otro objeto de mayores dimensiones, y con un campo magnético sólo por debajo del solar, es Júpiter, que es el objetivo de la misión JUICE. Su propósito es averiguar “si la vida tal y como la conocemos podría desarrollarse no sólo en las zonas más frías (del espacio), sino en las lunas heladas alrededor de planetas gigantes”, explica Claire Vallat, científica de operaciones de la misión. Para ello, la sonda va a estudiar las tres lunas heladas de Júpiter, Europa, Ganímedes y Calisto, de las que se han detectado indicios de que poseen océanos subterráneos, y que las fuerzas de marea generadas por la gravedad de Júpiter provocan en ellas actividad geológica de diferentes tipos. 
El descubrimiento de exoplanetas con una distribución de masa similar a la del sistema joviano, y de hábitats marinos en la Tierra en los que hay formas de vida que no necesitan fotosíntesis, son dos de las grandes motivaciones para la puesta en marcha de JUICE, que es la primera misión del Sistema Solar exterior que lidera la ESA. Vallat señala que la sonda “observará Júpiter, por un lado, y las tres lunas heladas por otro”, y tendrá por ello dos perfiles a lo largo de su fase de operaciones científicas, una vez que entre en órbita de Júpiter en 2029. Primero, en 2030, realizará dos sobrevuelos cercanos de Europa, a unos 400 kilómetros de su superficie y después, hasta mediados de 2031, observará las altas latitudes de Júpiter. A partir de 2032, JUICE pasará a orbitar Ganímedes hasta 2033, fecha prevista del final de la misión. 
El diseño de las trayectorias de la misión, que aún está en progreso, está muy determinado por el entorno de radiación presente en el sistema joviano. Javier Rodríguez-Pacheco explica que  “en el Sistema Solar, hay lugares en el que el entorno de radiación es mucho mayor que si nos metieramos dentro de un reactor nuclear, y Júpiter es uno de ellos”. Por su parte, Nicolas Altobelli, jefe de Desarrollo de Operaciones para JUICE, apunta que “no se sabe exactamente cuánta radiación se van a encontrar. Cuanto más cerca de Júpiter, más radiación. Por eso, los sobrevuelos de Europa se hacen seguidos, y por eso no se puede quedar en órbita de la luna, porque está demasiado cerca de Júpiter”. 
Solar Orbiter y JUICE son dos misiones de la ESA que van a estudiar los entornos más calientes y más fríos del Sistema Solar a lo largo de las próximas dos décadas. La primera ofrecerá una comprensión más completa de los procesos que impulsan el ciclo de actividad del Sol, y cómo influye en el espacio interplanetario y en la Tierra, mientras la segunda ayudará a ampliar nuestros conocimientos sobre la posibilidad de que se den las condiciones necesarias para la vida en entornos, a priori, menos favorables.
ESA a vuelo
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
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