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Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos entrega un reportaje sobre: ¿Quién fue la verdadera Virgen María?, escrito en un nuevo libro por el arqueólogo y profesor jubilado James Tabor, del judaísmo antiguo y cristianismo primitivo, de la Universidad de Carolin del Norte, en Charlotte, quien en su libro The Lost Mary (La María perdida), recupera a la María histórica, que no sólo podría remodelar nuestra comprensión de Jesús, sino también reescribir los orígenes del cristianismo mismo................................. siga leyendo...........
Un nuevo libro sostiene que la madre de Jesús era una mujer poderosa por derecho propio.
Madonna con el Niño, c. 1485 (óleo sobre madera) de Giovanni Bellini, actualmente en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York.
Bridgeman
Durante dos mil años, María, la madre de Jesús, ha sido honrada en catedrales, himnos y pinturas como la Virgen Madre de Dios. Desde la Pietà de Miguel Ángel Pietà hasta los mosaicos dorados de Bizancio, se la representa con frecuencia como serena, joven y eternamente pura. Sin embargo, detrás del halo y los iconos se esconde una mujer muy diferente, cuya vida de carne y hueso ha quedado oscurecida por siglos de pátina teológica.
Según el erudito bíblico James Tabor, respetado arqueólogo y profesor jubilado de judaísmo antiguo y cristianismo primitivo en la Universidad de Carolina del Norte en Charlotte, recuperar a la María histórica no solo podría remodelar nuestra comprensión de Jesús, sino también reescribir los orígenes del cristianismo mismo.
El argumento de Tabor, expuesto en su reciente libro The Lost Mary, se desarrolla en cinco afirmaciones radicales: cree que María fue una de las fundadoras del cristianismo, que descendía de la realeza y del primer sumo sacerdote, que fue borrada deliberadamente de la memoria cristiana, que transmitió la esencia de las enseñanzas de Jesús y que se la entiende mejor como una mujer judía real que navegó por la violencia de la Judea ocupada por los romanos en el siglo I d. C.
En conjunto, estos argumentos son el intento de Tabor de rescatar a María de la abstracción piadosa y revolucionar nuestra imagen de ella como una de las mujeres más importantes de la historia.
Una fundadora del cristianismo
En la historia tradicional, el cristianismo comienza con Jesús y se expande a través de la predicación de Pedro y Pablo. María aparece en los márgenes: una presencia silenciosa en el pesebre, en las bodas de Caná y de pie al pie de la cruz. Pero Tabor insiste en que tales representaciones minimizan su verdadero papel.
María, argumenta, no era solo la madre de Jesús, sino la matriarca de una dinastía. Era madre de Santiago, que sucedió a Jesús como jefe del movimiento en Jerusalén, y pariente de Juan el Bautista a través de su pariente Isabel. Estos tres hombres —Juan, Jesús y Santiago— dieron forma a las primeras décadas del movimiento de Jesús, y María los unió a todos.
Era un «asunto de familia». En la crucifixión del Evangelio de Juan, Jesús confió a su madre a un discípulo anónimo conocido solo como «el discípulo al que Jesús amaba». Tabor sostiene que este discípulo amado era Santiago, el hermano de Jesús, y que desde el comienzo de su ministerio hasta el final, María y Santiago estuvieron estrechamente involucrados en el liderazgo.
Si es así, entonces, lejos de ser una figura secundaria, María habría sido el pilar del movimiento, proporcionando estabilidad, continuidad e inspiración tras la crucifixión de su hijo. Una de las razones por las que los historiadores no han valorado su papel, escribe Tabor, es que en el siglo XIX, cuando los académicos comenzaron a buscar al Jesús histórico, «las mujeres estaban en gran medida marginadas de la academia, la iglesia y la sociedad en general». La marginación de las mujeres en el siglo XIX, afirma, llevó a los estudiosos a proyectar sus propias estructuras sociales sobre la Galilea del siglo I y, como resultado, a ignorar el papel de María.
Las mujeres también estaban marginadas en la Galilea del siglo I, pero en la antigüedad había mujeres influyentes. Bernadette Brooten, profesora emérita de la Universidad de Brandeis, por ejemplo, ha recopilado pruebas epigráficas para Mujeres líderes en la sinagoga antigua que muestran la influencia y el poder que tenían las mujeres en el judaísmo antiguo. Esto no significa que María fuera influyente, y casi no hay fuentes antiguas que sugieran que lo fuera, pero en principio Tabor tiene razón.
Visto así, dice Tabor, María no solo estuvo presente en los inicios del cristianismo, sino que fue su primera fundadora, una matriarca cuya sabiduría y resistencia habrían hecho posible el surgimiento de una nueva tradición religiosa.
¿Un pedigrí «doblemente real»?
La autoridad de María no era solo maternal, sino también genealógica. Tabor sostiene que María tenía ascendencia tanto sacerdotal como real, lo que la convertía a ella y a sus hijos en «doblemente reales».
La prueba clave se encuentra en la genealogía de Lucas, que los estudiosos han asumido durante mucho tiempo que trazaba la ascendencia de José. Inusualmente, Tabor ve esta lista, que se extiende desde David hasta Jesús, como un relato del linaje de María. A diferencia de la genealogía de Mateo, que sigue la línea real de Salomón, la de Lucas incluye nombres asociados con la clase sacerdotal de Israel: Leví, Eliezer y Jannai. Tabor sugiere que María descendía tanto de David, el emblemático rey de Israel, como de Aarón, el primer sumo sacerdote (según el Levítico, todos los sacerdotes del Templo debían descender de Aarón).
Una dificultad de este argumento es que, aunque el relato de Lucas sobre el nacimiento de Jesús se centra en María, la genealogía en sí nunca la menciona y, en cambio, traza su linaje a través de José. Tabor ofrece un argumento convincente de por qué podríamos ver una alusión a María en Lucas 3:2, pero otros estudiosos que han considerado esta posibilidad, por ejemplo, Raymond Brown, autor de El nacimiento del Mesías, no están de acuerdo.
Si Tabor tiene razón, esta herencia habría dado a los hijos de María el derecho a reclamar el liderazgo como herederos legítimos tanto del trono como del templo (aunque es de suponer que muchos otros podrían haber hecho reclamaciones similares, si se hubieran atrevido).
No hay pruebas de ello en el Nuevo Testamento, pero algunos escritores cristianos primitivos, como Hipólito de Roma y Orígenes, de finales del siglo II y principios del III, describieron a Jesús como «de mezcla tribal», combinando la línea real de Judá con el linaje sacerdotal de Leví. Así también, Santiago, el segundo hijo de María, fue recordado en los escritos del cristiano converso del siglo II Hegesipo como alguien que vestía ropas sacerdotales, lo que solo habría sido permitido si Santiago fuera considerado miembro de la clase sacerdotal.
El escritor del siglo IV Epifanio sugiere que Santiago vestía ropas sacerdotales en el propio Templo de Jerusalén. Estas fuentes son mucho más tardías y tienen motivaciones teológicas, pero demuestran el interés de los primeros cristianos por establecer un linaje sacerdotal para Jesús. Este linaje sacerdotal debe provenir de María, argumenta Tabor, «ya que José no tenía ningún derecho a reclamar ningún estatus sacerdotal».
Borrada de la historia cristiana
Si el papel de María era tan central, ¿por qué el Nuevo Testamento la relega tan a menudo a un segundo plano? Si María descendía de la realeza religiosa y secular, ¿por qué no hay más que una insinuación muy indirecta de ello en los Evangelios? Tabor señala lo que él considera un borrado deliberado.
En el Evangelio más antiguo, el de Marcos, Jesús es llamativamente llamado «el hijo de María», una forma inusual de identificar a un hombre judío. José está totalmente ausente de la narración, lo que deja a María como la figura central de la familia. Pero las visiones contrapuestas del legado de Jesús empujaron a María a un segundo plano. En las epístolas paulinas, María desaparece casi por completo. Pablo nunca la nombra; solo se refiere a Jesús como «nacido de una mujer». Los evangelios posteriores vuelven a incluir a José en la escena y lo elevan como padre legal, lo que aleja aún más la atención de María.
Este silencio, argumenta Tabor, no es casual. Al borrar a María, Pablo y los posteriores líderes cristianos pudieron desviar la atención de la familia judía de Jesús y dirigirla hacia su identidad cósmica como Cristo. El énfasis teológico pasó de una dinastía de carne y hueso arraigada en la política de Judea a un mensaje universal de salvación. María, Santiago y el resto de la familia de Jesús quedaron eclipsados por Pedro y Pablo, que se convirtieron en los «pilares» oficiales de la fe.
Otros estudiosos han planteado argumentos similares sobre la eliminación y marginación de las mujeres de la iglesia primitiva. En una serie de publicaciones, Elizabeth Schrader Polczer, profesora adjunta de Nuevo Testamento en Villanova, ha demostrado que los primeros manuscritos cristianos eliminaron las referencias a María Magdalena. Un artículo reciente publicado en el Journal of Biblical Literature por Yii-Jan Lin, profesora asociada de la Yale Divinity School, demuestra cómo Junia, nombrada apóstol por Pablo, fue degradada y se le cambió el género en la interpretación cristiana.
Tabor plantea un argumento igualmente sólido y aún más controvertido: María fue apartada en favor de Pablo y su tipo de discipulado. En este proceso que duró siglos, María fue reconvertida en la siempre virgen y sumisa Madre de Dios; santa, sí, pero históricamente silenciada.
El origen del mensaje de Jesús
Pero, ¿y si el mensaje radical de justicia y compasión de Jesús no solo procediera de la revelación divina, sino también de su madre?
María vivió en la pobreza, la opresión y la pérdida. Viuda desde joven, crió a una familia numerosa en una tierra agitada por la revuelta y la brutalidad romana. Sus experiencias, sugiere Tabor, le dieron un profundo sentido de la justicia. En el Evangelio de Lucas, pronuncia unas palabras que a menudo se denominan el Magnificat: «Ha derribado a los poderosos de sus tronos y ha exaltado a los humildes; ha colmado de bienes a los hambrientos y ha despedido a los ricos con las manos vacías» (Lucas 1:52-53).
Tabor sostiene que, independientemente de si estas palabras son históricamente suyas, reflejan la ética que el propio Jesús proclamaría más tarde: el Reino de Dios pertenece a los pobres, los últimos serán los primeros, los mansos heredarán la tierra. La voz de María resuena en la enseñanza más famosa de su hijo, las Bienaventuranzas que se encuentran en el Sermón de la Montaña. Su visión de un mundo reordenado moldeó no solo la predicación de Jesús, sino también el liderazgo de Santiago en Jerusalén.
Tras la crucifixión de Jesús, fue Santiago quien asumió el liderazgo del grupo de seguidores en Jerusalén. Esto lo sabemos por Pablo, que se refiere a Santiago y a su tensa relación con los líderes de la iglesia de Jerusalén. Tabor imagina a María viviendo y liderando la iglesia de Jerusalén junto a Santiago, como «el centro neurálgico de todo el movimiento de Jesús».
Incluso identifica una casa del siglo I, situada debajo de la iglesia de los Apóstoles de la época de las cruzadas en el monte Sión de Jerusalén, como su hogar durante este periodo. Es una imagen convincente que abarca las realidades sociales de la época: las viudas como María solían vivir con miembros de su familia, como Santiago. (Sin embargo, cabe señalar que la Biblia guarda un curioso silencio sobre la vida de María después de los acontecimientos de la Pascua).
Desde este punto de vista, María no fue simplemente el útero que dio a luz a Jesús, sino la fuente de su mensaje. Podría decirse que este aspecto del argumento de Tabor es el menos controvertido y el más instintivo de todos. La tradición católica asume que María habría compartido los detalles de la anunciación (cuando el ángel Gabriel le dijo que concebiría un hijo) con el joven Jesús. En un artículo para Catholic Answers, una base de datos en línea sobre la doctrina católica, Michael Pakaluk argumentó que María también influyó en la composición del Evangelio de Juan.
Una mujer judía histórica
Por último, Tabor aboga por sacar a María de la «vitrina» de la tradición cristiana y recordarla como una figura histórica: una mujer judía del siglo I que crió a sus hijos bajo el yugo del dominio romano. Esto debería ser obvio, pero la pesada nube de siglos de interpretación y tradición cristianas ha oscurecido tanto su identidad religiosa original como las dificultades a las que se enfrentó.
Esto comienza con su nombre. Aunque nosotros la llamamos María, el Nuevo Testamento se refiere a ella con el nombre griego Mariam, un nombre hebreo que la conecta con Mariam, la hermana de Moisés y Aarón, y que podría traducirse mejor al inglés como Miriam. Esta María es una joven madre que probablemente dio a luz en condiciones precarias, iba a buscar agua todos los días y luchaba por alimentar a sus hijos. Probablemente era joven, de unos catorce años, cuando dio a luz a Jesús.
La paternidad de Jesús estaba envuelta en controversia. Aunque los Evangelios hacen de Dios el padre de Jesús, es poco probable que los contemporáneos de María fueran tan generosos. Hay leyendas posteriores, explica Tabor, que afirman que Jesús era hijo de un soldado romano, pero, en última instancia, «desde nuestro final de la historia tendríamos que decir «padre desconocido».
Es posible que José, como atestiguan los Evangelios, la protegiera de los rumores y los chismes crueles, pero su apoyo fue solo temporal. Es probable que, algún tiempo después de su matrimonio concertado con José, enviudara y criara a sus hijos e hijas con una ayuda limitada. José, señala Tabor, nunca aparece en nuestras fuentes después de que Jesús cumpliera doce años. En cambio, se muestra a María viajando sola con sus hijos.
Según los Evangelios, también era una mujer judía que visitaba Jerusalén y el Templo para las fiestas religiosas y estaba profundamente arraigada en la vida judía. Vivió el terror político, ya que la dinastía de Herodes y Roma ejecutaban a los aspirantes a mesías. En el año 4 a. C., justo cuando María entraba en la edad adulta, Galilea estalló en revuelta. Un rebelde llamado Judas el Galileo se apoderó de la armería real en Séforis y se proclamó rey, encendiendo las esperanzas mesiánicas entre las aldeas circundantes, incluida Nazaret, donde vivían María y José.
La respuesta de Roma fue rápida y despiadada. El legado sirio Varo marchó con dos legiones (aproximadamente 12.000 hombres) hacia Galilea, quemando Séforis hasta los cimientos y desatando un terror masivo. El historiador judío Josefo registra que los romanos crucificaron a unos dos mil rebeldes a lo largo de las principales carreteras, de modo que, hasta donde alcanzaba la vista, las cruces se alineaban en las carreteras, cada una con una víctima retorciéndose.
Para los aldeanos como María y su familia, que podían ver el humo de la ciudad desde la cercana Nazaret, el espectáculo era ineludible: el hedor de las ruinas carbonizadas, los gritos de los crucificados, la visión de los cuerpos de sus vecinos colgados a pocos metros de las carreteras por las que transitaban a diario. Fue, como observa Tabor, un trauma formativo, una lección temprana sobre los costes del imperio y el precio de la esperanza mesiánica. Pero no fue la experiencia más desgarradora. Al final de su vida, tres de sus hijos (Jesús, Santiago y Simón) habían sido asesinados por sus reivindicaciones o su liderazgo. Su vida se definió por la resistencia, el dolor y la resiliencia.
Tabor cree que devolver a María a la historia significa verla no como una figura etérea, sino como una mujer cuya fe y coraje se forjaron en el sufrimiento. Su judaísmo era importante: vivía y respiraba la Torá, los rituales del templo y las esperanzas de liberación de Israel. Pertenecía a una comunidad que esperaba justicia, e inculcó esa esperanza en sus hijos.
Durante siglos, la tradición cristiana ha celebrado a María como la Virgen Madre, mientras descuidaba a la mujer detrás del mito. La reconstrucción de Tabor no está exenta de controversia, y muchos debatirán elementos de su argumento, pero nos invita a ver a María de una nueva manera: como fundadora, matriarca, visionaria y superviviente.
Al recuperar su historia, descubrimos no solo las raíces ocultas del cristianismo, sino también un modelo de resiliencia que trasciende el tiempo. María, como muestra Tabor, nos recuerda que detrás de cada movimiento hay mujeres cuyas voces han sido silenciadas, cuya influencia ha quedado oculta a plena vista.
Dos mil años después, quizás el acto más radical sea llamarla por lo que fue: no solo «bendita entre las mujeres», sino una fundadora olvidada del cristianismo.
NATIONAL GEOGRAPHIC Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui ayabaca@gmail.com
Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la comunidad científica atea escéptica; cuestiona con insistencia la creencia de los cristianos que Jesucristo haya resucitado, después que murió crucificado en la cruz, para ellos simplemente no hubo tal resurrección sólo fue una conspiración de los derrotados apóstoles para levantar la fe en el Mesías; para ilustración de ateos, agnósticos y cristianos hemos recogidos todas las versiones, para esclarecer las posiciones, que sin pasión intentamos aportar razones u opiniones que están sustentadas al final donde los versículos del Nuevo testamento dan por cierto, real y verídico que Jesucristo resucitó.
Que dice la Santa Biblia: Marcos16:1-8: Cuando pasó el día de reposo María Magdalena, María la madre de Jacobo y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle. Y muy de mañana el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, ya salido el Sol. Pero decían entre si: ¿Quién nos removerá la piedra del Sepulcro? Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande. Y cuando entraron al sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron. Más él les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús Nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí, mirad el lugar donde le pusieron. Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí lo veréis, como os dijo. Y ellas se fueron huyendo del sepulcro, por que les había tomado temblor y espanto; ni decían nada a nadie, por que tenían miedo.
Lucas: 24:1-12:El primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las especias aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas. Y hallaron removida la piedra del sepulcro; y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Aconteció que estando ellas perplejas por esto, he aquí se pararon junto a ellas dos hombres con vestiduras resplandecientes; y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea, diciendo: Es necesario que el hijo del hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día. Entonces ellas se acordaron de sus palabras, y volviendo del sepulcro, dieron nuevas de todas estas cosas a los once, y a todos los demás. Eran María Magdalena, y Juana, y María madre de Jacobo, y las demás con ellas, quienes dijeron estas cosas a los apóstoles. Más ellos les parecían locuras las palabras de ellas y no las creían. Pero levantándose Pedro, corrió al sepulcro; y cuando miró dentro, vio los lienzos solos, y se fue a casa maravillándose de lo que había sucedido.
Jesús se aparece a los discípulos:
Lucas: 24:36-43: Mientras ellos aún hablaban de estas cosas. Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros. Entonces espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu. Pero él les dijo:¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; por que un espíritu no tiene carne ni hueso, como veis que yo tengo. Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer? Entonces le dieron parte de un pez asado, y un pan de miel. Y él lo tomó, y comió delante de ellos.
Estimados lectores, os invito a leer a continuación casi todas las posiciones escépticas sobre la resurrección de Jesucristo y sacarán sus propias conclusiones........................
Todos nos preguntamos qué nos pasará después de morir. Cuando un ser querido muere, deseamos volver a verlo después de que llegue nuestro turno.
¿Tendremos una reunión gloriosa con aquellos que amamos o es la muerte el fin de toda conciencia?
Jesús enseñó que la vida no termina después de que nuestros cuerpos mueren. Él hizo esta sorprendente afirmación: “Yo soy la resurrección y la vida. Los que creen en mí, aunque mueran como todos, vivirán de nuevo”. Juan 11:25.
Según los testigos más cercanos a Él. Jesús demostró su poder sobre la muerte resucitando de entre los muertos después de haber sido crucificado y enterrado durante tres días. Lucas 24:1-12.
Es esta creencia es la que ha dado esperanza a los cristianos durante casi 2,000 años. Pero algunas personas no tienen esperanza de que exista vida después de la muerte
El filósofo ateo Bertrand Russell escribió: «Creo que cuando muera me pudriré, y nada de mi propio ego sobrevivirá«. [1] Russell obviamente no creía en las palabras de Jesús.
Los seguidores de Jesús escribieron que Él se les apareció vivo después de su crucifixión y entierro. Afirman no sólo haberlo visto, sino también haber comido con Él, tocarlo y pasar 40 días con Él.
Entonces, ¿podría haber sido simplemente un mito que creció con el tiempo, o se basa en evidencia sólida?
La respuesta a esta pregunta es fundamental para el cristianismo. Porque si Jesús resucitó de entre los muertos, validaría todo lo que dijo sobre sí mismo, sobre el significado de la vida y sobre nuestro destino después de la muerte.
Si Jesús resucitó de entre los muertos, Él sólo tendría las respuestas sobre de qué se trata la vida y lo que nos espera después de morir. Por otro lado, sí el relato de la resurrección de Jesús no es verdadero, entonces el cristianismo se basaría en una mentira. El teólogo R. C. Sproul lo expresa así:
El reclamo de la resurrección es vital para el cristianismo. Síi Cristo ha sido resucitado de entre los muertos por Dios, entonces Él tiene las credenciales y la certificación que ningún otro líder religioso posee. Buda está muerto, Mohamed está muerto. Moisés está muerto, Confucio está muerto. Pero, según el cristianismo, Cristo está vivo. [2]
Muchos escépticos han intentado refutar la resurrección. Josh McDowell fue uno de esos escépticos que pasó más de setecientas horas investigando la evidencia de la resurrección. McDowell declaró esto con respecto a la importancia de la resurrección: «Llegué a la conclusión de que la resurrección de Jesucristo es uno de los engaños más malvados, malintencionados y despiadados que jamás se haya impuesto en la mente de los hombres, O es el hecho más fantástico de la historia». [3]
Entonces, ¿es la resurrección de Jesús un hecho verídico o un mito vicioso? Para descubrirlo, necesitamos observar la evidencia de la historia y sacar nuestras propias conclusiones. Veamos qué descubrieron los escépticos que investigaron la resurrección.
Pero no todo el mundo esta dispuesto a examinar justamente la evidencia. Bertrand Russell admite que él tomo de Jesús lo que “no concernía” con hechos históricos.[4] El historiador Joseph Campbell, sin citar evidencia, tranquilamente dijo a su audiencia de televisión de PBS que la resurrección de Jesús no fue un hecho real. [5] Otros estudiosos como John Dominic Crossan del Seminario Jesús, están de acuerdo con él.[6] Ninguno de estos escépticos presentan evidencia a sus opiniones.
Verdaderos escépticos, en oposición con los cínicos, están interesados en la evidencia. En una revista editorial escéptica llamada “¿Qué es un escéptico?” la siguiente definición es dada: “Escepticismo es… la aplicación de la razón a alguna y todas las ideas-no se permiten vacas sagradas. En otras palabras… los escépticos no inician una investigación cerrados a la posibilidad de que un fenómeno podría ser real o de que una afirmación podría ser cierta. Cuando decimos que somos “escépticos”, queremos decir que debemos ver poderosa evidencia antes de creer.»[7]
A diferencia de Russell y Crossan, muchos escépticos verdaderos han investigado la evidencia de la resurrección de Jesús. En este artículo vamos a escuchar de alguno de ellos y ver como ellos analizaron la evidencia de lo que es quizás la más importante pregunta en la historia de la raza humana: ¿Realmente se levanto Jesús de entre los muertos?
Profecía Propia
Con antelación a su muerte, Jesús le dijo a sus discípulos que él sería traicionado, arrestado, y crucificado y que él volvería a la vida tres días después. ¡Ese es un plan extraño! ¿Qué había detrás de él? Jesús no era un artista dispuesto a actuar por imposición humana; él prometió que su muerte y resurrección le demostraría a la gente (si sus mentes y corazones estaban abiertos) que él ciertamente era el Mesías.
El estudioso en Biblia Wilbur Smith comentó acerca de Jesús:
Cuando él dice que Él mismo se levantaría otra vez de la muerte, el tercer día después de que él fue crucificado, Él dice algo que solo un tonto se atrevería a decir, si esperaba más devoción de cualquiera de sus discípulos—a menos que Él estuviera seguro que iba a resucitar. Ningún fundador de cualquier religión del mundo conocida por los hombres jamás se atrevió a decir una cosa como esta. [8]
En otras palabras, ya que Jesús le había dicho claramente a sus discípulos que se levantaría de nuevo de entre los muertos, el fracaso de mantener esa promesa lo expondría como un fraude. Pero nos estamos adelantando. ¿Cómo murió Jesús antes que él (si lo hizo) se levantara de nuevo?
Usted sabe como fueron las últimas horas de vida en la tierra de Jesús si usted vio la película del guerrero/corazón valiente, Mel Gibson. Si usted se perdió partes de La Pasión de Cristo porque estaba protegiendo sus ojos (hubiera sido más fácil simplemente grabar la película con un filtro rojo en la cámara), solo voltee a las últimas paginas de cualquier evangelio en su Nuevo Testamento para averiguar lo que se perdió.
Como predijo Jesús, él fue traicionado por uno de sus propios discípulos, Judas Iscariote, y fue arrestado. En un juicio simulado por medio del gobernador romano, Poncio Pilatos, fue declarado culpable de traición y condenado a morir en una cruz de madera. Antes de ser clavado a la cruz, Jesús fue brutalmente golpeado con un gato romano de nueve colas, un látigo con trozos de hueso y metal que rasgarían la carne. Recibió puñetazo repetidamente, pateado, y escupido.
Después, utilizando mazos, los verdugos romanos golpearon el pesado hierro forjado clavado en las muñecas y pies de Jesús. Finalmente dejaron caer la cruz en un agujero en la tierra entre otras dos cruces que cargaban a ladrones condenados.
Jesús colgó allí por aproximadamente seis horas. Luego, a las 3:00 de la tarde—esa es la hora exacta en que el cordero de la Pascua había sido sacrificado como ofrenda por los pecados (un pequeño simbolismo allí, ¿te parece?)—Jesús grito, “consumado es” (en Arameo), y murió. De repente, el cielo se puso oscuro y un terremoto sacudió la tierra.[9]
Pilatos quería confirmación de que Jesús estaba muerto antes de permitir que su cuerpo fuera sepultado. Entonces un guardia romano hundió una lanza a su costado. La mezcla de sangre y agua que fluyo fue una clara indicación de que Jesús estaba muerto. El cuerpo de Jesús fue entonces bajado de la cruz y sepultado en la tumba de José de Arimatea. La guardia romana siguiente sello la tumba, y la cuidó las veinticuatro horas reloj.
Mientras tanto, los discípulos de Jesús estaban en shock. El Dr. J.P. Moreland escribe de su estado mental. “Ellos ya no tenían confianza de que Jesús había sido enviado por Dios. Ellos también habían sido enseñados que Dios no dejaría a su Mesías sufrir la muerte. Entonces se dispersaron. El movimiento de Jesús estaba prácticamente detenido en sus sendas.»[10]
Toda esperanza estaba vencida. Roma y los líderes judíos habían prevalecido—o eso parecía.
Pero no era el fin. El movimiento de Jesús no desapareció (obviamente), y de hecho el cristianismo existe hoy como la más grande religión del mundo. Por lo tanto, tenemos que saber que paso después de que el cuerpo de Jesús fue bajado de la cruz y puesto en la tumba.
En un artículo del New York Times, Peter Steinfels cita los sorprendentes eventos que ocurrieron tres días después de la muerte de Jesús:”Poco después de que Jesús fue ejecutado, sus seguidores fueron de repente impulsados de ser un desconcertante y encogido grupo a ser gente cuyo mensaje sobre la vida de Jesús y la venida del reino, es predicado al riesgo de sus vidas, eventualmente cambió un Imperio. Algo pasó. … ¿pero qué exactamente?»[11] Esa es la pregunta que tenemos que contestar con una investigación sobre los hechos.
Sólo hay cinco explicaciones posibles de la presunta resurrección de Jesús, como se retrata en el Nuevo Testamento:
Jesús realmente no murió en la cruz.
La “resurrección” fue una conspiración.
Los discípulos estaban alucinando.
Los relatos son legendarios.
Realmente pasó.
Vamos a caminar a través de estas opciones y ver cual se adapta mejor a los hechos.
“Marley estaba muerta como una piedra, de eso no había duda.” Así comienza el villancico navideño de Charles Dickens, el autor no quería que nadie estuviera equivocado en cuanto al carácter sobrenatural de lo esta por tomar lugar. De la misma manera, antes de asumir el papel de CSI y juntar las piezas de evidencia de una resurrección, debemos primero establecer que hubo, de hecho, un cadáver. Después de todo, ocasionalmente los periódicos informan sobre un “cadáver” en una morgue que luego empezó a moverse y fue restaurado. ¿Podría haber pasado algo como eso con Jesús?
Algunos han propuesto que Jesús vivió a pesar de la crucifixión y fue revivido por el frío, aire húmedo en la tumba-“Un momento, ¿Por cuánto tiempo estuve fuera?” Pero esa teoría no parece cuadrar con la evidencia médica. Un artículo en la revista American Medical Association explica por qué esta llamada “teoría del desvanecimiento” es insostenible: “Claramente, el peso de evidencia histórica y médica indicaba que Jesús estaba muerto. … La lanza, hundida entre Su costilla derecha, probablemente perforo no solo su pulmón derecho, pero también el pericardio y corazón y de ese modo aseguraron su muerte.»[12] Pero el escepticismo acerca de este veredicto puede ser justificado, como este caso ha estado archivado por 2000 años. Al menos, necesitamos una segunda opinión.
Un lugar para encontrar eso es en los reportes de historiadores no cristianos de alrededor del tiempo que Jesús vivió. Tres de estos historiadores mencionaron la muerte de Jesús.
Lucio (c.120-después 180 d.C. se refirió a Jesús como un sofista crucificado (filosofo).[13]
Josefo (c.37-c.100 d.C.) escribió, “En este tiempo apareció Jesús, un hombre sabio, porque el era un emprendedor de obras asombrosas. Cuando Pilatos lo condenó a la cruz, los principales hombres entre nosotros, lo habían acusado, aquellos que lo amaron no cesaron de hacerlo.»[14]
Tácito (c.56-c.120 d.C.) escribió, “Christus, de quien el nombre tuvo su origen, sufrió la extrema sanción… en las manos de nuestro procurador, Poncio Pilatos.»[15]
Esto es un poco como ir entre los archivos y buscando aquel de un día de primavera en el primer siglo. The Jerusalem Post publicó en primera página una historia diciendo que Jesús fue crucificado y muerto. No esta mal el trabajo de detective, y bastamente concluyente.
De hecho, no hay relatos históricos de cristianos, romanos, o judíos que discuten ya sea la muerte de Jesús o su entierro. Incluso Crossan, un escéptico de la resurrección, esta de acuerdo que Jesús realmente vivió y murió. “Que él fue crucificado es tan seguro como cualquier hecho histórico puede llegar a ser.»[16] A la luz de tal evidencia, parece que estamos en buena tierra para descartar la primera de nuestras cinco opciones. Jesús estaba claramente muerto, “de eso no hubo duda.”
Ningún historiador serio realmente duda que Jesús estuviera muerto cuando fue bajado de la cruz. Sin embargo, muchos se han preguntado cómo el cuerpo de Jesús desapareció de la tumba. El periodista inglés, Dr. Frank Morison inicialmente pensó que la resurrección era o un mito o un engaño, y él empezó a investigar para escribir un libro refutándolo.[17] El libro se hizo famoso pero por razones diferentes que su propósito original, como veremos.
Morison empezó por intentar resolver el caso de una tumba vacía. La tumba pertenecía a un miembro del Concilio Sanedrín, José de Arimatea. En Israel en aquel tiempo, para estar en el concilio había que ser una estrella de rock. Todos sabían quien estaba en el concilio. José debe haber sido una persona real. De lo contrario, los líderes judíos habrían expuesto la historia como un fraude en su intento de refutar la resurrección. También, la tumba de José habría sido en un muy conocido lugar y fácilmente identificable, entonces cualquier pensamiento de que Jesús se haya “perdido en el cementerio” necesitaría ser descartado.
Morison se preguntaba por qué los enemigos de Jesús habían permitido que el “mito de la tumba vacía” persistiera si no era cierto. El descubrimiento del cuerpo de Jesús habría instantáneamente matado toda la conspiración.
Y lo que es conocido históricamente de los enemigos de Jesús es que ellos acusaron a los discípulos de Jesús de robarse el cuerpo, una acusación claramente basada en una creencia compartida de que la tumba estaba vacía.
El Dr. Paul L. Maier, profesor de historia antigua en Western Michigan University, de la misma manera declaró, “Si toda la evidencia es pesada cuidadosamente y justamente, es ciertamente justificable… concluir que la tumba en la que Jesús estaba enterrado estaba realmente vacía en la mañana de la primera Pascua. Y ninguna evidencia ha sido descubierta aún… que refutaría esta declaración.»[18]
Los líderes judíos estaban aturdidos, y acusaron a los discípulos de robare el cuerpo de Jesús. Pero los romanos habían asignado a una unidad de guardias entrenados (de 4 a 12 soldados) a vigilar la tumba las 24 horas. Morison preguntó, “¿Cómo podrían estos profesionales haber dejado que el cuerpo de Jesús sea objeto de vandalismo?” Habría sido imposible para cualquiera haber escapado de los guardias romanos y haber movido una piedra de dos toneladas. Sin embargo la piedra fue movida y el cuerpo de Jesús había desaparecido.
Si el cuerpo de Jesús estaba en un lugar donde se podría encontrar, sus enemigos hubieran rápidamente expuesto la resurrección como un fraude. Tom Anderson, antiguo presidente de la Asociación de Abogados de Juicio de California, resume la fuerza de sus argumentos:
Con un evento tan bien publicado, ¿no cree usted que es razonable que un historiador, un testigo ocular, un antagonista habría registrado para todos los tiempos que él había visto el cuerpo de Jesús?… El silencio de la historia es ensordecedor cuando viene al testimonio en contra de la resurrección. [19]
Así que, sin cuerpo de evidencia, y con una conocida tumba claramente vacía, Morison aceptó la evidencia como sólida de que el cuerpo de Jesús había desaparecido de alguna manera de la tumba.
Como Morison continuó su investigación, él empezó a examinar los motivos de los seguidores de Jesús. Tal vez la supuesta resurrección fue en realidad un cuerpo robado. Pero si es así, ¿cómo se explica todos los informes de las apariciones del Jesús resucitado? El historiador Paul Johnson, en Historia de los Judíos, escribió, “Lo que importaba no eran las circunstancias de su muerte pero el hecho de que él estaba ampliamente y obstinadamente siendo creído, por un creciente circulo de personas, de haberse levantado de nuevo.»[20]
La tumba estaba ciertamente vacía. Pero no era la mera ausencia del cuerpo que habría impulsado a los seguidores de Jesús (especialmente si ellos habían sido los que lo habían robado). Algo extraordinario debía haber pasado, para que los seguidores de Jesús cesaran el duelo, cesaran de esconderse, y empezaran sin miedo a proclamar que ellos habían visto a Jesús vivo.
Cada testigo ocular cuenta informes de que Jesús de repente apareció en forma física a sus seguidores, a las mujeres primero. Morison se pregunta por qué los conspiradores habrían hecho a las mujeres centrales en su conspiración. En el primer siglo, las mujeres casi no tenían derechos, personalidad, o estatus. Si la conspiración habría de tener éxito, Morison razonó, los conspiradores habrían retratado a hombres, no mujeres, como los primeros en ver a Jesús vivo. Y todavía escuchamos que las mujeres lo tocaron, le hablaron, y fueron las primeras en encontrar la tumba vacía.
Más tarde, de acuerdo con los relatos de los testigos oculares, todos los discípulos vieron a Jesús en más de diez ocasiones diferentes. Ellos escribieron que él les mostró sus manos y pies y les dijo que lo tocaran. Y él se reporta que él comió con ellos y más tarde apareció con vida a más de 500 seguidores en una ocasión.
El erudito legal John Warwick Montgomery declaró, “En el 56 d.C el apóstol Pablo escribió que más de 500 personas habían visto al Jesús resucitado y que la mayoría de ellos seguían con vida (1 Corintios 15:6.) Se pasa de los límites de credibilidad que los primeros cristianos podrían haber fabricado tal cuento y entonces predicado entre aquellos quienes podían fácilmente haberlo refutado simplemente al producir el cuerpo de Jesús.»[21]
Los estudiosos de la Biblia Geisler y Turek están de acuerdo. “Si la Resurrección no ha ocurrido, ¿por qué habría dado el apóstol Pablo tal lista de supuestos testigos? El habría inmediatamente perdido toda credibilidad de sus lectores de Corintios por mentir tan descaradamente.»[22]
Pedro le dijo a una multitud en Cesara porque él y los otros discípulos estaban tan convencidos de que Jesús estaba vivo.
Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en la tierra de los judíos y en Jerusalén. Lo mataron, colgándolo de un madero, pero Dios lo resucitó al tercer día… comimos y bebimos con él después de su resurrección. (Hechos 10:39-41)
El británico estudioso en Biblia Michael Green observó, “Las apariciones de Jesús son tan bien autenticadas como nada en la antigüedad. … No puede haber duda racional de que ellas ocurrieron.»[23]
Como si los informes de los testigos no fueran suficientes para desafiar al escéptico de Morison, él estaba también desconcertado por el comportamiento de los discípulos. Un hecho de la historia que ha dejado perplejo a historiadores, psicólogos, y escépticos por igual es que estos 11 cobardes estaban de repente dispuestos a sufrir humillación, tortura, y muerte. Todos menos uno de los discípulos de Jesús fueron asesinados como mártires. ¿Ellos habrían hecho tanto por una mentira, sabiendo que ellos habían tomado el cuerpo?
Los terroristas del 11 de septiembre demostraron que algunos morirían por una falsa causa en la que ellos creían. Sin embargo para ser un mártir dispuesto a morir por una mentira conocida es locura. Como Paul Little escribió, “Los hombres morirán por lo que ellos creen que es verdad, aunque en realidad sea falso. Sin embargo, ellos no morirían por lo que creen que es una mentira.»[24] Los discípulos de Jesús se portaron de una manera consistente con una genuina creencia de que su líder estaba vivo.
Nadie ha explicado adecuadamente por qué los discípulos habrían estado dispuestos a morir por una mentira conocida. Pero incluso si todos ellos conspiraron para mentir sobre la resurrección de Jesús, ¿cómo pudieron ellos haber mantenido la conspiración viva por décadas sin que al menos uno de ellos se vendiera por dinero o posición? Moreland escribió, “Aquellos que mienten por una ganancia personal no se quedan juntos mucho tiempo, especialmente cuando las dificultades disminuyen los beneficios.»[25]
El antiguo “hombre-hacha” de la administración Nixon, Chuck Colson, implicado con el escándalo Watergate, remarco la dificultad de que varias personas mantengan una mentira un periodo extenso de tiempo.
Yo sé que la resurrección es un hecho, y Watergate lo demostró para mi. ¿Cómo? Porque 12 hombres testificaron haber visto a Jesús levantarse de la muerte, y después ellos proclamaron la verdad por 40 años, ni una sola vez negándolo. Cada uno fue golpeado, torturado, apedreado y puesto en prisión. Ellos no habrían resistido eso si no fuera verdad. Watergate implicaba 12 de los más poderosos hombres en el mundo—y ellos no pudieron mantener una mentira por tres semanas. ¿Usted me esta diciendo que 12 apóstoles pudieron mantener una mentira por 40 años? Absolutamente imposible.[26]
Algo pasó que cambió todo para estos hombres y mujeres. Morison reconoció, “Cualquiera que venga a este problema ha de enfrentarse tarde o temprano al hecho de que no puede ser explicado de lejos. … Este hecho es que… una convicción profunda vino a un grupo pequeño de personas—un cambio que atestigua al hecho de que Jesús se había levantado de la tumba.»[27]
La gente todavía piensa que ven a un gordo, Elvis de pelo gris lanzándose en Dunkin Donuts. Y después hay aquellos que creen que ellos pasaron la noche con extraterrestres en la nave nodriza siendo sometidos a indescriptibles pruebas. A veces ciertas personas pueden “ver” cosas que ellos quieren, cosas que no están realmente allí. Y eso es el por que algunos han afirmado que los discípulos estaban tan angustiados sobre la crucifixión que sus deseos de ver a Jesús vivo causo una alucinación en masa. ¿Convincente?
El psicólogo Gary Collins, antiguo presidente de la Asociación Americana de Consejeros Cristianos, fue interrogado sobre la posibilidad de que alucinaciones estuvieran detrás del cambio radical de comportamiento de los discípulos. Collins comento: “Las alucinaciones son acontecimientos individuales. Por su propia naturaleza, solo una persona puede ver una alucinación dada en un tiempo. Ellas ciertamente no son algo que puede ser visto por un grupo de personas.»[28]
La alucinación no es siquiera una remota posibilidad, de acuerdo con el psicólogo Thomas J. Thorburn. “Es absolutamente inconcebible que… quinientas personas, con un promedio sensato de mente… puedan experimentar todo tipo de impresiones sensuales—visuales, auditivas, de tacto—y que todas estas… experiencias puedan caer completamente sobre… alucinación.»[29]
Es más, en la psicología de alucinaciones, la persona necesitaría estar en un estado de ánimo donde ellos deseen ver tanto a esa persona que su mente lo consiga. Dos líderes importantes de la iglesia primitiva, Santiago y Pablo, ambos se encontraron a un Jesús resucitado sin que alguno lo esperara o tuviera esperanza de experimentar ese placer. El apóstol Pablo, de hecho condujo las primeras persecuciones de cristianos, y su conversión permanece inexplicable excepto por su propio testimonio de que Jesús se le apareció, resucitado.
De Mentira a Leyenda.
Unos escépticos no convencidos atribuyen la historia de la resurrección a una leyenda que comenzó con una o más personas mintiendo o pensando que ellos vieron a Jesús resucitado. Con el tiempo, la leyenda habría crecido y habría sido adornada al ser pasada alrededor. En esta teoría, la resurrección de Jesús es comparable con la mesa redonda del Rey Arturo, la pequeña incapacidad de George Washington de decir una mentira, y la promesa de que la Seguridad Social será solvente cuando la necesitamos.
Pero hay tres problemas principales con esta teoría.
Las leyendas raramente se desarrollan mientras testigos oculares están vivos para refutarla. Un historiador de las antiguas Roma y Grecia, A.N. Sherwin-White, argumenta que la noticia de la resurrección se esparció muy pronto y muy rápido para que pueda haber sido una leyenda.[30]
Las leyendas se desarrollan por tradición oral y no vienen con documentos históricos contemporáneos que pueden ser verificados. Sin embargo los evangelios fueron escritos a tres décadas de la resurrección.[31]
La teoría de la leyenda no explica adecuadamente ni el hecho de la tumba vacía o de la históricamente comprobada convicción de los apóstoles de que Jesús estaba vivo.[32]
Morison estaba desconcertado por el hecho de que “un diminuto movimiento insignificante era capaz de prevalecer sobre la apretada astucia del establecimiento judío, así como el poder de Roma.” ¿Por qué gano, en la cara de todas esas probabilidades en contra?
Él escribió, “En veinte años, la afirmación de estos campesinos galileos había trastornado la iglesia judía. … En menos de cincuenta años había empezado a amenazar la paz del Imperio Romano. Cuando hemos dicho todo lo que puede ser dicho… seguimos enfrentándonos con el mayor misterio de todos. ¿Por qué gana?»[33]
Con toda razón, el cristianismo debería haber muerto en la cruz cuando los discípulos huyeron por sus vidas. Pero los apóstoles continuaron y establecieron un creciente movimiento cristiano.
J.N.D. Anderson escribió, “Piense en lo psicológicamente absurdo de imaginarse a una pequeña banda de cobardes derrotados en una habitación superior un día y unos pocos días después transformados en una compañía que ninguna persecución podría callar—y luego intentando atribuirle este cambio dramático a nada más convincente que una fabricación miserable. …Eso simplemente no tendría sentido.»[34]
Muchos eruditos creen (en palabras de un antiguo comentarista) que “la sangre de los mártires fue la semilla de la iglesia.” El historiador Will Durant observó, “El César y Cristo se habían encontrado en la arena y Cristo había ganado.»[35]
Una Sorprendente Conclusión
Con mito, alucinación, y un defecto de autopsia descartados, con evidencia irrefutable para una tumba vacía, con un cuerpo considerable de testigos oculares de su reaparición, y con la inexplicable transformación e impacto sobre el mundo de aquellos que clamaron haberlo visto. Morison se convenció de que su juicio preconcebido de la resurrección de Jesucristo había estado errado. Él empezó a escribir un libro diferente—titulado ¿Quién movió la Piedra?—para detallar sus nuevas conclusiones. Morison simplemente siguió el rastro de evidencia, pista por pista, hasta que la verdad del caso le parecía clara. Su sorpresa fue que la evidencia lo llevó a creer en la resurrección.
En su primer capitulo, “El Libro que se Negó a Ser Escrito,” este antiguo escéptico explica como la evidencia lo convenció de que la resurrección de Jesús fue un acontecimiento histórico real. “Fue como si un hombre se dispuso a cruzar un bosque por un familiar y bien retirado camino y salió de repente por donde él no esperaba salir.»[36]
Morison no esta sólo. Otros incontables escépticos han examinado la evidencia de la resurrección de Jesús, y lo han aceptado como el más sorprendente hecho en toda la historia de la humanidad. Pero la resurrección de Jesucristo plantea la pregunta: ¿Qué tiene que ver el hecho de que Jesús derrotó a la muerte con mi vida? La respuesta a esa pregunta es acerca de lo que se trata el cristianismo del Nuevo Testamento.
¿Dijo Jesús lo que Sucede Después de que Morimos?
Si Jesús realmente resucitó, entonces solo él debe saber qué hay al otro lado. ¿Qué dijo Jesús sobre el sentido de la vida y sobre nuestro futuro?
“¿Porqué Jesús?” mira la pregunta de que si Jesús es relevante hoy o no. ¿Puede Jesús contestar las grandes preguntas de la vida: “¿Quién Soy?” “¿Por qué estoy aquí?” Y, “¿Adónde voy?” Catedrales muertas y crucifijos han llevado a algunos a creer que no puede, y que Jesús nos dejó un mundo fuera de control. Pero Jesús hizo afirmaciones acerca de la vida y nuestro propósito aquí en la tierra que deben ser examinadas antes de que le descartemos como desinteresado e impotente. Este artículo examina el misterio de porqué Jesús vino a la tierra.
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