Mostrando entradas con la etiqueta Adolf Hitler. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Adolf Hitler. Mostrar todas las entradas

martes, 19 de agosto de 2025

La leyenda de la puñalada por la espalda: ¿Por qué Hitler quiso exterminar a los judíos? El bulo que motivó el ascenso de los nazis

 Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos alcanza un reportaje, buscando los motivos y razones que tuvo el líder nazi Adolf Hitler para odiar a los judíos, hay tantas especulaciones que hasta no se descarta que una chica de ascendencia judía Stefanie Rabatsch, lo rechazó, otros dicen que cuando estudiaba tuvo profesores judíos y lo desaprobaban en sus tareas y todas razones se sumó la pesudo ciencia racial y el darwinismo, quienes sostenían que las razas inferiores (judíos), eslavos y gitanos deben desaparecer para que supuestamente la raza humana mejore.
Pero, la teoría de la llamada "Puñalada por la espalda", que según él, los judíos y socialistas, entregaron a Alemania a la rendición en la Primera Guerra Mundial, ya que nunca perdió la guerra en el campo de batalla, esa obsesión le generó un odio visceral contra los judíos......................... siga leyendo................. 


Adolf Hitler.
Esta imagen ha sido coloreada. La coloración es especulativa y puede diferir significativamente de los colores reales. 

https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Adolf_Hitler_colorized.jpg 
Wikipedia. 


Adolf Hitler .
Ver la imagen en su resolución original (2079 × 2739 píxeles; tamaño de archivo: 1,04 MB; tipo MIME: image/jpeg) 
La foto secreta de Hitler que lo muestra como jamás te lo hubieras imaginado. 

https://encyclopedia.ushmm.org/es/a-z/photo?letter=a 
Enciclopedia del Holocausto

https://www.bbc.com/mundo/articles/c74n0dz0939o 

"Hitler estaba destrozado, su rostro era una máscara de miedo y confusión": cómo fueron los últimos días del líder nazi hace 80 años.  

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/por-que-hitler-odiaba-tanto-a-judios-bulo-que-motivo-ascenso-nazis_24109  

¿De dónde surgió el antisemitismo visceral de Hitler? Más allá de la ideología racista, hay una mezcla de traumas personales detrás de uno de los odios más viscerales de la historia.

Arbeiter Zeitung


Cuando uno piensa en Adolf Hitler, inevitablemente surge la pregunta de por qué odiaba tanto a los judíos. Aunque el antisemitismo estaba a la orden del día en Europa desde hacía siglos, en el caso de Hitler fue tan intenso como para convertir ese odio en un proyecto político que desencadenaría el Holocausto y arrastraría a Europa a una segunda guerra total. La respuesta no es simple, pero lo cierto es que el antisemitismo de Hitler no surgió de la nada: fue el producto de una combinación de factores sociales y personales que se fueron consolidando desde su juventud.

En la Viena de principios del siglo XX, donde Hitler vivió entre 1908 y 1913, el antisemitismo estaba muy presente, especialmente entre los nacionalistas alemanes y católicos. Karl Lueger, alcalde de la ciudad y figura admirada por el joven Hitler (en palabras suyas, fue "el alcalde alemán más grande de todos los tiempos"), utilizaba un discurso abiertamente antijudío para movilizar apoyos. Aunque en esa época Hitler aún no mostraba un odio sistemático hacia los judíos, sí empezó a absorber muchas de estas ideas.


En parte, el antisemitismo de Hitler tenía ciertos motivos personales. Algunas fuentes apuntan que habría tenido malas experiencias con profesores judíos durante su adolescencia, lo que podría haber contribuido a generar resentimiento. Incluso se ha especulado con que una chica de ascendencia judía, Stefanie Rabatsch, lo rechazó, lo que alimentó un sentimiento romántico frustrado, aunque esta versión está más cerca del rumor que de la evidencia sólida.

A esto se sumó su obsesión por la pseudociencia racial y el darwinismo social, que presentaba la idea de que los “individuos inferiores” debían desaparecer para que así supuestamente la especie humana mejorase. Eso no solo incluía a las llamadas “razas inferiores” como judíos, eslavos o gitanos, sino también a individuos considerados “desviados”, como los homosexuales, así como aquellos que presentasen algún tipo de discapacidad.

La escalada hacia el Holocausto

Pero aparte de sus traumas personales, hubo un motivo muy específico que llevó su antisemitismo a un nuevo nivel. Durante la Primera Guerra Mundial, Hitler se alistó como voluntario para luchar en el ejército alemán, renunciando a combatir por Austria (donde había nacido) porque su ejército estaba integrado en parte por eslavos y judíos, de los cuales no se fiaba. Y, cuando llegó la noticia del armisticio que pondría final a la guerra, montó en cólera, convencido de que sus sospechas se habían visto confirmadas.

Con la rendición de Alemania, Hitler abrazó con fanatismo una teoría que le marcaría para siempre: la llamada “leyenda de la puñalada por la espalda”. Según esta narrativa, Alemania no había sido derrotada en el campo de batalla, sino vendida por traidores internos judíos y socialistas, que habían saboteado el esfuerzo de guerra desde dentro. Esta idea circulaba entre sectores ultranacionalistas y caló profundamente en Hitler: desde entonces, para él los judíos fueron los responsables directos de la humillación de Alemania.



Ese odio fue escalando con el tiempo. Cuando los nazis llegaron al poder en 1933, su objetivo inmediato fue aislar a los judíos de la sociedad alemana: las leyes de Núremberg de 1935 les quitaron la ciudadanía y prohibieron los matrimonios mixtos. Más adelante se les expulsó del sistema educativo, la administración pública, y se fomentó el boicot a sus negocios. El objetivo, en un principio, no era el exterminio, sino marginalizarlos para que emigrasen.

Más adelante, a medida que el Tercer Reich se preparaba para la guerra, se les internó en guetos. En este fase Hitler, creyendo en la “leyenda de la puñalada por la espalda”, pensaba prevenirse para evitar que, supuestamente, volvieran a boicotear sus planes. De aquí se pasó a la idea de la expulsión total de los territorios del Reich: se consideraron varios destinos posibles; entre ellos, irónicamente, el actual territorio de Israel y Palestina, que estaba bajo mandato británico tras la disolución del Imperio Otomano; o Madagascar, entonces colonia francesa.


Pero este plan se descartó tanto por el coste logístico de trasladar a millones de personas como por el estallido de la Segunda Guerra Mundial, que hizo imposible el transporte masivo por mar. Fue entonces cuando se propuso su exterminio total en los campos de concentración, una decisión que se tomó con una frialdad abrumadora. Buena muestra de ello es que en las discusiones entre los jerarcas del Tercer Reich el debate no giraba alrededor de cuestiones éticas, sino económicas y prácticas: de hecho, si al final se propuso usar cámaras de gas fue, por terrible que parezca, porque los altos mandos militares no querían “desperdiciar” balas.

De todo ello se deduce una lección: Hitler no era un caso excepcional para su época; había otros tan antisemitas como él, puede que incluso más. Lo que le diferenció de ellos fue que él tuvo el poder y la obsesión por llevar a cabo algo con lo que otros de su entorno meramente habían fantaseado.

NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui 

domingo, 23 de febrero de 2025

La invasión de Polonia: El comienzo de la Segunda Guerra Mundial

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos ofrece una descripción de como se inició la Segunda Guerra Mundial...

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/comienzo-segunda-guerra-mundial-invasion-polonia_14585

El 1 de septiembre de 1939, Adolf Hitler anunció la invasión de Polonia después que soldados regulares de este país hubieran, presuntamente, atacado territorio alemán. En realidad, todo fue un montaje nazi para justificar la invasión del país vecino.


Hitler se dirige al reichtag el 1 de septiembre de 1936, justo antes de la invasión de Polonia.

World History Archive / Cordon Press


Como casi todas las guerras, la Segunda Guerra Mundial empezó con una mentira. Según palabras del propio Adolf Hitler el 1 de septiembre de 1939 frente al Reichstag alemán: "Esta noche, soldados regulares polacos han disparado por primera vez contra nuestro territorio". Al finalizar la Primera Guerra Mundial y tras la firma del Tratado de Versalles, el siglo XX será testigo del ascenso en Europa de regímenes totalitarios como el fascismo en Italia o el nazismo en Alemania.

Los vencedores de la contienda, Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos, eran los grandes beneficiados de las condiciones impuestas en la Conferencia de Paris de 1919. Sin embargo, Alemania, creía firmemente en la teoría del "espacio vital"(Lebensraum) creada por el geógrafo alemán Friedrich Ratzel, y que consistía en la anexión de territorios con el propósito final de alcanzar el desarrollo de un país, en este caso, de territorios de habla alemana situados en otros países. Hitler combinó parte de esta idea con sus peculiares concepciones racistas, que contaban, a su vez, con un trasfondo social y cultural. La conquista de este espacio vital encaminó los esfuerzos del führer para dar su particular sentido a la guerra que se desataría en septiembre de 1939.

Contra el Tratado de Versalles

Así pues, tras su toma del poder en 1933, Adolf Hitler retiró a Alemania de la Sociedad de Naciones y de la Conferencia de Desarme. En enero de 1935, la Sociedad de Naciones celebró un plebiscito en el Sarre, un territorio que había pertenecido a Alemania y que ahora era administrado por este organismo internacional, sobre su posible reincorporación al país germano. En medio de una intensa agitación, el 13 de enero de 1935, con un voto favorable del 90,73%, el Sarre fue reincorporado a Alemania el 17 del mismo mes.

 

Dos meses después, en marzo de 1935, Hitler rechazó las cláusulas del Tratado de Versalles, que pretendían mantener a Alemania desarmada, y a pesar de los acuerdos alcanzados en Locarno en 1926 por los que Alemania, Francia, Bélgica, Gran Bretaña e Italia pretendían garantizar el mantenimiento de la paz en Europa Occidental, reconstituyó abiertamente el ejército alemán y el 7 de marzo de 1936 ocupó Renania, supuestamente una zona desmilitarizada.

En Francia se habló de actuar, pero el Gobierno francés se encontraba dividido al respecto y no estaba dispuesto a hacerlo sin contar con el apoyo de Inglaterra; y los ingleses no querían correr el riesgo de una guerra por impedir que tropas alemanas ocupasen lo que consideraban suelo alemán.

En 1937, Hitler exigió para Alemania la anexión de la ciudad libre de Danzig (Gdansk en polaco), que el Tratado de Versalles había puesto bajo protección de la Sociedad de Naciones, y también el acceso ferroviario extraterritorial por el "corredor polaco", la frontera de Polonia con Prusia Oriental. En 1938, fuerzas alemanas entraron en Austria –ante el entusiasta recibimiento de la población–, consumándose la unión política de Alemania y Austria, el llamado Anschluss. En septiembre de 1938 le llegó el turno a Checoslovaquia con la crisis de la región de los Sudetes, que fue anexionada también por Alemania.

La petición de los Sudetes por parte de Alemania y la solicitud de auxilio por parte del Gobierno checo a Francia e Inglaterra provocaron la celebración en septiembre de 1938 de la Conferencia de Múnich para decidir no sólo la suerte de Checoslovaquia, sino también la de toda Europa. Se reunieron Chamberlain, Daladier, Mussolini y Hitler, y se aceptó la ocupación alemana de Checoslovaquia tan sólo en las zonas de habla germana. Ingenuamente creyeron que Hitler cumpliría su compromiso y no invadiría otros países. Pensaban que la Conferencia había asegurado la "paz para nuestro siglo", pero ésta apenas duró un año.

La "Operación Himmler"

Todo empezó el 31 de agosto de 1939 en el marco de la "Operación Himmler", cuando media docena de miembros de las SS, fingiendo ser alborotadores, irrumpieron por la fuerza en la emisora de radio de Gleiwitz, una región de la alta Silesia, disparando al aire. Los asaltantes redujeron a los tres empleados y a un policía que estaban allí en esos momentos y lanzaron violentas proclamas en contra del führer y del Tercer Reich –eran los mismos hombres que habían iniciado un año antes campañas de sabotaje cuando colocaron una bomba en la estación ferroviaria de Tarnow, Polonia–. El comando conectó un micrófono para permitir que un intérprete lanzase consignas patrióticas y antialemanas en polaco. Uno de ellos decía: "¡Atención! Esto es Gleiwitz. La emisora está en manos polacas".

Para hacer que la escena fuera aún más creíble llevaron hasta allí a un nacionalista polaco al que las SS había detenido un día antes, llamado Franz Honiok, un agricultor de 43 años el cual fue seleccionado tras haber participado en alguna revuelta. Lo arrastraron hasta allí absolutamente drogado y, nada más llegar, le pegaron un tiro en la puerta dejando su cadáver a la vista de todos. Para que no hubiese confusión posible, lo habían vestido con un uniforme del ejército polaco que previamente habían robado. Las SS sólo estuvieron 15 minutos en la emisora y debido a un fallo técnico se emitió nada más una parte del discurso. A pesar de que la parte del discurso que se radió no anunciaba la falsa invasión de Alemania, fue suficiente para que Hitler encontrara su deseado casus belli. Después subieron el cadáver de Franz Honiok a la sala de retransmisión para tomar las fotos que saldrían publicadas en los periódicos.

La invasión de Polonia ya había sido anunciada días antes por Adolf Hitler en un discurso dirigido a la cúpula del ejército alemán en el que dejaba bien claros sus propósitos: "Aniquilación de Polonia en primer término. No tengáis piedad. Actuad con brutalidad".

Finalmente, la mañana del 1 de septiembre de 1939, y con la justificación de los hechos acaecidos el día anterior, soldados alemanes preparados de antemano avanzaron hacia Polonia a través de distintos puntos fronterizos. Hitler deseaba iniciar la guerra contra Polonia desde hacía mucho tiempo, lo que no previó es que, en cuestión de pocos días, Gran Bretaña y Francia se pondrían del lado polaco: la Segunda Guerra Mundial había empezado.


National Geographic
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

sábado, 30 de octubre de 2021

Segunda Guerra Mundial : EL FINAL DEL NAZISMO.- La batalla de Berlín durante la Segunda Guerra Mundial

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Batalla de Berlín, empezó desde 23 de abril al 02 de mayo de 1,945, por el ejército soviético más conocido como El Ejército Rojo, que con un contingente de 1,500,000 de soldados se enfrentaron contra 100,000 soldados alemanes y 40,000 juventudes hitlerianas y soldados del pueblo. Al terminar la batallas murieron más de 100,000 soldados alemanes y 175,000 civiles heridos, del bando del Ejército Rojo murieron 75,000 soldados y 300,000 heridos.
Ante el desenlace no favorable y con la eminente caída de Berlín. La tarde del 30 de abril de 1945, un disparo de revólver procedente del dormitorio del Führer rompió el silencio del búnker. Tras haber ingerido una cápsula de cianuro, Hitler se acababa de pegar un tiro. Junto a él, su esposa, Eva Braun, yacía sin vida en el sofá. Los oficiales trasladaron los dos cuerpos hasta el jardín de la Cancillería, una operación complicada debido a los continuos bombardeos soviéticos. Tras arrojar los cadáveres a una fosa previamente excavada les prendieron fuego. Acto seguido, y mientras los restos del líder alemán se consumían entre las llamas, en el exterior Goebbels, Bormann, Burgdorf y Krebs realizaron el último saludo nacionalsocialista en su honor. De esta manera, Adolf Hitler, el fundador del Tercer Reich, desaparecía para siempre..... siga leyendo................

Desde la seguridad de su búnker en el centro de la ciudad, Hitler no podía ver cómo Berlín era brutalmente sometida por el Ejército Rojo. En las calles por las que antes desfilaron orgullosas las tropas del Tercer Reich, ahora se luchaba con desesperación para detener sin éxito el avance de los rusos.








Soldados Soviéticos, levantan una bandera desde un balcón en Berlín, con la puerta de Brandenburgo al fondo.

Según el alto mando militar nazi, Berlín iba a ser la tumba del Ejército Rojo. Pero no fue así. Mientras Hitler se refugiaba en su búnker y perdía por completo la noción de la realidad, el Tercer Reich que debía de durar mil años carecía de los medios necesarios para hacer frente a lo que se le venía encima. El papel que jugaron las tropas soviéticas en la derrota de la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial fue para los rusos uno de los momentos más memorables de su historia. La operación, que duró poco más de dos semanas, se llevó a cabo cuando ya la capital de Alemania se hallaba reducida a escombros a causa de los bombardeos aliados.

RESISTIR AL PRECIO QUE SEA

Para quienes habían estado en el frente de batalla (y que ahora se encontraban inválidos o heridos), las detonaciones que se escuchaban en la periferia de la ciudad aquel 19 de abril de 1945 sonaban de manera distinta. Y tenían razón. Aquel sonido se debía a los obuses de la artillería de campaña y no a las bombas a las que los tenía acostumbrados la aviación aliada. Eso solo podía significar una cosa: Berlín ya estaba al alcance de los cañones soviéticos, lo que provocó que la población, entre asombrada y aterrorizada, se preguntara cómo habían llegado a ese punto.

A pesar de la superioridad de los atacantes y de que el desánimo se había apoderado de las tropas alemanas, las órdenes de Hitler eran claras: había que resistir hasta el final. El Führer, refugiado en su búnker junto con otros jerarcas nazis, como Martin Borman, Albert Speer o Joseph Goebbels, no quería ni oír hablar de rendición. En su locura estaba dispuesto a sacrificar inútilmente a toda la población de Berlín. En aquellas dramáticas circunstancias, rendirse y alzar la bandera blanca era castigado con la muerte y quien desertaba o se escondía para evitar el combate era colgado.

Rendirse y alzar la bandera blanca era castigado con la muerte y quien desertaba o se escondía para evitar el combate era colgado.

Los rusos ofrecieron una breve pausa tras el empuje de las divisiones panzer sobre el río Óder. Pero la inesperada tregua no fue aprovechada para preparar concienzudamente la defensa de la ciudad. A pesar de no disponer de fuerzas suficientes para la defensa (tan sólo se contaba con algunas unidades antiaéreas de las SS y de la milicia popular volkssturm), se decidió no emprender ninguna obra de fortificación. Además se prohibió que los trenes de refugiados se detuvieran en Berlín para no dañar la moral de la población y evitar así una más que probable situación de pánico.

Para defender la ciudad se contaba tan sólo con algunas unidades antiaéreas de las SS y de la milicia popular (volkssturm).

INEFICACES Y TRAIDORES

Aunque envejecido y con paso vacilante, el Führer seguía imponiendo su voluntad sobre quienes le rodeaban. Promulgó duras directrices, como las Medidas de destrucción en el territorio del Reich, conocida también como la Orden Nerón, por la que se establecía una política de tierra quemada ante el enemigo.

Sumido en largas divagaciones, Hitler alternaba episodios de buen humor con explosivos estallidos de cólera contra todo y contra todos, en especial contra sus generales, a los que tachaba de ineficaces y de traidores. Desde su traslado al búnker de la Cancillería había perdido la noción del tiempo y no resultaba extraño que las reuniones con sus ayudantes fueran convocadas a horas intempestivas. Sería en una de ellas cuando, angustiado por no haber aplicado las oportunas medidas para defender Berlín, destituyó al general Guderian como Jefe del Estado Mayor y lo sustituyó por el general Hans Krebs.

Angustiado por no haber aplicado las oportunas medidas para defender Berlín, Hitler destituyó al general Guderian y lo sustituyó por el general Hans Krebs.

El 20 de abril de 1945, fecha del 56 cumpleaños de Adolf Hitler, los aviones B-17 estadounidense y los Lancaster británicos le felicitaron bombardeando el centro urbano de Berlín y pulverizando numerosos edificios. Se forzó la evacuación de dos mil berlineses y la ciudad quedó definitivamente sin electricidad.

para saber más

El bombardeo de Dresde en la Segunda Guerra Mundial

El bombardeo de Dresde en la Segunda Guerra Mundial

Leer artículo





En la reunión del 22 de abril, alguien alabó ante Hitler la excelente labor del 12º Ejército comandado por el general Walther Wenck, que luchaba contra los norteamericanos en Magdeburgo. Al oír la noticia, los temblores que aquejaban al Führer desaparecieron. En uno de sus habituales cambios de humor pareció haber encontrado la solución: el general Wenck giraría sobre sí mismo y socorrería Berlín. Los soviéticos se desangrarían ante la capital y el curso de la guerra cambiaría. Pero Wenck no pudo conseguir su objetivo, ya que la empresa superaba la capacidad de sus fuerzas y nunca logró establecer un pasillo de seguridad entre la capital y el resto del Reich. Berlín estaba cercada y agonizaba.

EL FIN DE HITLER Y LA CAÍDA DE BERLÍN

Con el general Helmuth Weidling al mando como comandante de la defensa de Berlín, se intentó establecer una defensa operativa, pero Weidling tan sólo podía contar con tropas en descomposición, como las del general español Miguel Ezquerra. Junto a miembros del volkssturm, las Hitlerjugend y la policía, construyeron inútiles barricadas con tranvías, animados por las pintadas que hablaban de resistencia y victoria. Weidling organizó su mermada resistencia mientras los proyectiles soviéticos caían sobre el mismo centro de la capital.

Junto a miembros del Volkssturm, las Hitlerjugend y la policía, construyeron inútiles barricadas con tranvías, animados por pintadas que hablaban de resistencia y victoria.

Contra todo pronóstico, la ciudad resistió más allá de sus fuerzas, con la determinación del que sabe que no tiene otra opción. Pero en su defensa poco pudieron hacer el heroísmo suicida de los jóvenes nacionalsocialistas o la brutalidad de los comandos werwolff. Uno a uno, los barrios de Berlín fueron ocupados por los soviéticos, mientras la población civil se refugiaba en los túneles del metro invadidos por el humo. Como última medida se decidió volar los diques que separaban el canal de Landwehr de las líneas del suburbano para impedir que los rusos pudieran avanzar por su interior. Pero la suerte de Berlín estaba echada.

para saber más

Los "hombres lobo" nazis

Los "hombres lobo" nazis

Leer artículo





La tarde del 30 de abril de 1945, un disparo de revólver procedente del dormitorio del Führer rompió el silencio del búnker. Tras haber ingerido una cápsula de cianuro, Hitler se acababa de pegar un tiro. Junto a él, su esposa, Eva Braun, yacía sin vida en el sofá. Los oficiales trasladaron los dos cuerpos hasta el jardín de la Cancillería, una operación complicada debido a los continuos bombardeos soviéticos. Tras arrojar los cadáveres a una fosa previamente excavada les prendieron fuego. Acto seguido, y mientras los restos del líder alemán se consumían entre las llamas, en el exterior Goebbels, Bormann, Burgdorf y Krebs realizaron el último saludo nacionalsocialista en su honor. De esta manera, Adolf Hitler, el fundador del Tercer Reich, desaparecía para siempre.


MIEMBROS DEL EJÉRCITO SOVIÉTICO CONTEMPLAN UNA ESTATUA CAÍDA DE UN ÁGUILA IMPERIAL CON UNA ESVÁSTICA TRAS SU VICTORIA EN BERLÍN


Para propósitos de documentación, los Archivos Federales de Alemania han mantenido las descripciones originales de las imágenes, que pueden ser erróneas, sesgadas, estar obsoletas o tener una orientación política. Berlin 1945 Blick über den Pariser Platz auf das Brandenburger Tor Anfang Juni 1945
WIKIPEDIA.

Mapa del asalto soviético sobre el Reichstag.
WIKIPEDIA.

Tropas soviéticas en combate en las calles de Berlín.


Berlín, abril de 1945. Las tropas soviéticas recogen armas de los soldados alemanes rendidos.
WIKIPEDIA.

El Reichstag después de ser bombardeado y capturado por los soviéticos.
WIKIPEDIA.

Tanque soviético IS-2 del 2.º Ejército de Tanques de la Guardia frente a la Puerta de Brandenburgo en Berlín.
WIKIPEDIA.


Calle berlinesa destruida tras la batalla, cerca de la avenida Unter den Linden, julio de 1945.
WIKIPEDIA.


Asalto soviético al Reichstag, finales de abril de 1945ARCHIVOARCHIVO
La Razón.


La batalla de Berlín duró desde el 16 de abril de 1945 hasta la mañana del 2 de mayo y fue una de las batallas más sangrientas de la historia. Durante los combates, Hitler y Goebbels se suicidaron, y otros personajes nazis relevantes murieron intentando escapar del cerco o fueron hechos prisioneros por los soviéticos. En la imagen, un cañon SU 76 dispara a un nido de ametralladoras alemanas

ARCHIVO ABC


Rendición de soldados alemanes.
ROOSTERGNN


Alzando una bandera sobre el Reichstag, foto icónica de Yevgueni Jaldéi que muestra a los soviéticos celebrando sobre las ruinas de Berlín.
Wikipedia.

Bandera de la victoria levantada en el techo del Reichstag el 1 de mayo de 1945
WIKIPEDIA.

PILLAJE Y VIOLACIONES

El 2 de mayo, al término de la batalla, muchos seguidores del régimen, entre los que se contaban numerosos SS, prefirieron suicidarse antes que caer en poder de los soviéticos. Tras la victoria vino el pillaje. Los soldados rusos, procedentes la mayoría de las estepas y las montañas del Cáucaso, nunca habían visto nada parecido a la elegancia de Berlín. Robaban todo lo que podían: gramófonos, joyas, mecheros, ropa... Pero lo más buscado eran los relojes de pulsera, que les fascinaban. También les atraían los retretes con cisterna, las bicicletas, las bombillas... Todo lo que no robaban, lo destruían. Tras el pillaje empezaron las violaciones masivas, un tema del que se habló poco durante la Guerra Fría. Los medios rusos tradicionalmente calificaron estos hechos como "inventos" de Occidente, aunque muchas de las pruebas proceden del diario de un soldado soviético llamado Vladimir Gelfand, un joven teniente judío proveniente de la región central de Ucrania.

para saber más

Eva Braun, la mujer a la sombra de Hitler

Eva Braun, la mujer a la sombra de Hitler

Leer artículo





Se desconoce cuántas mujeres fueron violadas tras la caída de Berlín. Algunos historiadores hablan de unas cien mil. En cualquier caso, muchas de ellas se suicidaron o murieron a causa de la brutalidad con la que fueron tratadas. Las víctimas de las agresiones no sólo fueron jóvenes y adultas, también se ensañaron con niñas y ancianas. Las madres ocultaban a sus hijas para protegerlas y los hombres que intentaban evitar el ultraje generalmente lo pagaban con sus vidas. Las mujeres que se resistían recibían un tiro o un culatazo.

Se desconoce cuántas mujeres fueron violadas tras la caída de Berlín. Algunos historiadores hablan de hasta cien mil.

A las afueras de Berlín, a orillas del río Spree, se extiende el célebre parque Treptower, situado en la antigua Berlín Oriental, donde se alza la estatua de unos doce metros de alto de un soldado soviético con una espada en la mano y una niña alemana en la otra, pisoteando una esvástica rota. El monumento se realizó entre 1946 y 1949 como homenaje a los más de setenta mil soldados del Ejército Rojo que murieron en la batalla de Berlín. Su inscripción dice lo siguiente: "El pueblo soviético salvó a la civilización europea del fascismo". No obstante, muchos berlineses consideran hoy en día que, a causa del horror que se vivió en Berlín durante los días que siguieron a su caída, este memorial debería llamarse la "tumba del violador desconocido".

para saber más

Otto Rahn, el buscador del Santo Grial para los nazis

Otto Rahn, el buscador del Santo Grial para los nazis

Leer artículo


NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

Mi lista de blogs