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lunes, 25 de diciembre de 2017

MEDIO AMBIENTE : CIENCIA .- AURORAS .- NATIONAL GEOGRAPHIC .- El baile de las auroras visto desde el espacio y amplia información de imágenes del Hemisferio Boreal (Norte)...

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., las auroras boreales en el Hemisferio Norte y las auroras australes en el Hemisferio Sur, son bellos espectáculos de brillo o luminiscencia, que se presenta durante la noche en los círculos polares.
El origen de una aurora la Enciclopedia Wikipedia la define: "..Una aurora se produce cuando una eyección de partículas solares cargadas (radiación cósmica) choca con la magnetósfera de la Tierra. Esta "esfera" que nos rodea obedece al campo magnético generado por el núcleo de la Tierra, formada por líneas invisibles que parten de los dos polos, como un imán. Además existen fenómenos muy energéticos, como las fulguraciones o las eyecciones de masa coronal que incrementan la intensidad del viento solar. Cuando dicha masa solar choca con nuestra esfera protectora, estas radiaciones solares, también conocidas con el nombre de viento solar, se desplazan a lo largo de dicha esfera. En el hemisferio que se encuentra en la etapa nocturna de la Tierra en los polos, donde están las otras líneas de campo magnético, se va almacenando dicha energía hasta que no se puede almacenar más, y esta energía almacenada se dispara en forma de radiaciones electromagnéticas sobre la ionosfera terrestre, creadora, principalmente, de dichos efectos visuales..."
Este artículo ha sido preparado gracias a la amplia información de imágenes de la Revista National Geographic, que lo brindamos para su lectura....


http://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/baile-las-auroras-visto-desde-espacio_11715
http://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/actualidad/oceanos-magneticos-tierra-electrica_10756
http://www.nationalgeographic.com.es/temas/auroras-boreales/fotos/1
https://www.visitnorway.es/actividades-en-noruega/atractivos-naturales/auroras-boreales/

Las auroras ocurren cuando la radiación cósmica interacciona con la magnetosfera de la Tierra, formando un espectáculo maravilloso, como demuestra este vídeo



El baile de las auroras desde el espacio  Auroras

Como si se tratara de las olas de un mar cósmico que llegan a romper a una pequeña y oscura cala del sistema solar llamado Tierra, la radiación cósmica procedente del sol se estrella contra nuestro planeta dando lugar al baile de luz que conocemos como auroras polares.
7 de julio de 2017
 
Las auroras polares no son más que el producto de la interacción de la radiación cósmica con la magnetosfera de la Tierra. Esta esfera invisible que nos envuelve y protege, obedece al campo magnético generado por la rotación de las capas metálicas interiores terrestres -manto y núcleo- cargadas eléctricamente. Actúa desviando la radiación procedente del sol hacia los polos dando lugar a las auroras.
Sin embargo véase la aurora como a la parca disfrazada bella mujer. Esta radiación que nos maravilla y ofrece uno de los espectáculos atmosféricos más impresionantes de mundo, resultaría tan letal como hermosa de no ser por la función de escudo protector que ejerce la magnetosfera.
De no existir esta segunda en la Tierra, como ocurre en Venus y Marte, la cantidad constante y permanente de radiación a la que se ve sometido nuestro planeta atravesaría la atmósfera llegando hasta la superficie.

Una de las múltiples consecuencias de esto sería la perdida paulatina de agua de nuestro mundo azul. Tras poco más de unos miles de años, es probable que la Tierra, haciendo verdadero honor a su nombre, se hubiera convertido justo en eso, en tierra; un desierto más de roca y polvo en el vasto universo.
Por ello querido lector, si algún día tienes la posibilidad de maravillarte con la aurora, recuerda cuando venga la parca y tus ojos sean testigo de semejante espectáculo, que existe un ángel de la guarda que sin poder verlo vela por ti, en este caso la magnetosfera, una de las razones por la que estas vivo.
Noticias relacionadas:

Océanos magnéticos, Tierra eléctrica

La constelación de satélites Swarm de la Agencia Espacial Europea aporta nuevos datos que permiten avanzar en el estudio del magnetismo terrestre

Representación artística de la magnetosfera terrestre
Foto: ESA/ATG medialab

Héctor Rodríguez
5 de octubre de 2016
 
A primera vista, resulta algo improbable relacionar los océanos con magnetismo, sin embargo esta parte líquida de nuestro planeta es también responsable de una fracción del escudo magnético protector de nuestro planeta. En este sentido, los satélites Swarm de la ESA no solo han podido medir recientemente este campo extremadamente débil, sino que también han realizado nuevos descubrimientos sobre la naturaleza eléctrica del interior de la Tierra.
El campo magnético nos protege de la radiación cósmica y las partículas cargadas que bombardean la Tierra desde el Sol. Sin él, la atmósfera no existiría tal y como la conocemos, lo que haría que la vida en la Tierra fuera imposible, al menos tal y como la conocemos.
Para los científicos, conocer esta capa protectora que nos rodea se torna crucial para entender muchos de los procesos naturales que se producen a nivel global, desde los que tienen lugar en lo profundo del planeta, hasta aquellos que dependen de la actividad solar y que se engloban en el ámbito de la meteorología espacial. Además, esta información nos permitirá comprender mejor, tal y como indican las mediciones, por qué se está debilitando el campo magnético de la Tierra.
Aunque sabemos que el campo magnético se origina en diversas partes del planeta y que cada una de ellas genera magnetismo de distinta intensidad, existen aún aspectos de su naturaleza que no llegamos a comprender. De hecho aún no sabemos exactamente cómo se genera y por qué varía, y este es el motivo por el que la ESA lanzó en 2013 su trío de satélites Swarm.
Si bien la misión ya está arrojando nueva luz sobre la variación del campo magnético, su último resultado se centra en la fuente de magnetismo más huidiza: las mareas oceánicas.





Cuando el agua salada de los océanos atraviesa el campo magnético, se genera una corriente eléctrica que, a su vez, induce una respuesta magnética en la región profunda bajo la corteza terrestre: el manto. Esta respuesta constituye una parte ínfima del campo magnético, por lo que su medición desde el espacio siempre había sido un reto.
El año pasado, científicos de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (ETHZ) teorizaron que si fuera posible medir este campo eléctrico desde el espacio —algo que no se había hecho hasta el momento— los datos aportarían una buena información sobre el interior de la Tierra. Hoy esto ha sido posible gracias a las mediciones realizadas por la misión Swarm.
Ahora gracias a ellos y en adicción a los datos tomados por su precursor, Champ (CHAllenging Minisatellite Payload) -misión que terminó en 2010 después de medir los campos gravitacional y magnético de la Tierra durante más de 10 años-, los científicos no solo han sido capaces de encontrar el campo magnético generado por las mareas oceánicas, si no que también han podido usar estos nuevos datos para dar cuenta de la naturaleza eléctrica del manto superior de la Tierra.
Alexander Grayver, de la ETHZ, lo explica así: “los satélites Swarm y Champ nos han permitido distinguir entre la sólida ‘litosfera’ oceánica y la ‘astenosfera’"
La litosfera es la parte exterior, más rígida, de la Tierra, formada por la corteza y el manto superior, mientras que la astenosfera, situada debajo, es más caliente y más plástica.
“Efectivamente, el ‘sondeo geoeléctrico desde el espacio’ constituye una primicia para la exploración espacial. Estos nuevos resultados son importantes para comprender la tectónica de placas, teoría que sostiene que la litosfera terrestre se compone de placas rígidas que se deslizan sobre la astenosfera caliente y más fluida, que funciona a modo de lubricante permitiendo su movimiento” añade el científico.
Por su parte, Roger Haagmans, científico de la misión Swarm de la ESA, apunta: “resulta sorprendente que al equipo le hayan bastado dos años de mediciones de los satélites para determinar el efecto magnético de las mareas oceánicas y para observar los cambios que se producen en la conductividad de la litosfera y el manto superior. Su trabajo nos muestra que a unos 350 kilómetros bajo la superficie terrestre, la intensidad en que la materia conduce la electricidad está vinculado a su composición”.
“Además, su análisis muestra una dependencia clara de las condiciones tectónicas del lecho oceánico. Estos nuevos resultados también indican que, en el futuro, podríamos obtener una vista 3D completa de la conductividad bajo el océano”, añade.
Según Rune Floberghagen, responsable de la misión Swarm de la ESA, el futuro se presenta excitante : “hay muy pocas formas de estudiar la estructura profunda de nuestro planeta, pero Swarm está contribuyendo enormemente a entender su interior, lo que nos ayudará a comprender mejor el funcionamiento de la Tierra en su conjunto”.
Noticias relacionadas:

http://www.nationalgeographic.com.es/temas/auroras-boreales/fotos/1

Auroras boreales
Magnetósfera de la Tierra desviando las partículas solares cargadas (líneas amarillas) hacia lo polos, donde forman las auroras.
Wikipedia
https://es.wikipedia.org/wiki/Aurora_polar




Eye of Stokksnes
Fotografía ganadora del Premio Caroline Mitchum
"La relación entre el hombre y la naturaleza puede ser muy estrecha e íntima. Si la escuchas, ella estará agradecida. Entonces puedes sentir esta fuerte relación. Pero primero debes estar preparado para cumplir con los diferentes requisitos de la naturaleza. Debes poder sobrevivir en condiciones climáticas y de campo difíciles.Tienes que mantener la esperanza y esperar firmemente. Tienes que dedicar tu tiempo y comodidad, como lo haces con un ser querido o una persona importante. Esta vez el resultado excedió mis expectativas. Para hacer esta toma, estuve circulando alrededor de Stokksnes durante días nublados y helados, esperando el clima perfecto. Probablemente fue la noche más hermosa de mi vida, como si la naturaleza empezara a guiñarme un ojo. Espero que a tí también te esté hablando"
Foto: Wojciech Kruczynki / The EPSON International Pano Awards 2017

Aurora Shot from Plane
Mención de honor en la categoría: Auroras
Una vívida aurora verdosa se arremolina sobre el cielo azul profundo y el resplandor anaranjado del anochecer en esta imagen tomada desde la ventana de un avión que viaja desde Amsterdam a Pekín. El fotógrafo había estado esperando el estallido de la aurora durante todo el vuelo desde uno de los mejores asientos para observar el cielo y por el cuál pagó. Además de la potente aurora, el fotógrafo también fue bendecido con una noche clara y sin nubes en el que sucedió la magia durante el crepúsculo.
Novosbirsk, Russia, 24 de agosto de 2016.
Canon EOS 6D camera, 20 mm f/1.8 lens, ISO 2000, 3-second exposure

Foto: Ye Ziyi / Insight Astronomy Photographer of the Year 2017

In Autumn Dance
Segundo premio en la categoría: Auroras
Un destello verde brilla intensamente iluminando con bellos arcos de luz el cielo nocturno sobre la tundra siberiana. Ocho fotografías verticales tomadas forman esta fotografía: la luz polar era muy dinámica y el fotógrafo tuvo que moverse lo más rápido posible para capturar propiamente la escena. “La silueta del brillo de la aurora me recordó la matemática proporción áurea”.
Noviy Urengoy, Rusia, 28 de septiembre de 2016
Canon 5D Mark III camera, 24 mm f/2.0 lens, ISO 2000, 4-second exposu
re
Foto: Kamil Nureev/ Insight Astronomy Photographer of the Year 2017

Ghost World
Ganador absoluto en la categoría: Auroras
El fotógrafo se puso en pie y observó como las olas del mar que se arremolinaban lentamente en la larga playa hacían que la arena se humedeciese dando lugar a las condiciones perfectas para captar los reflejos del cielo. De repente, las nubes emergieron de las montañas cercanas y flotaron a través del mar permitiéndole capturar esta escena de otro mundo: la de una aurora de gran alcance que barre el cielo a través de la noche.
Stokksnes, Islandia, 5 de octubre de 2016.
Canon EOS 5D Mark III camera, 24 mm f/2.0 lens, ISO 1600, 6-second exposure
Foto: Mikkel Beiter/ Insight Astronomy Photographer of the Year 2017

Auroras boreales en las Lofoten
Las maravillosas auroras boreales, esos haces de luz verdiazulados y ondulantes que cruzan el cielo a partir de septiembre, cuando la larga noche polar envuelve el norte del país y toda la península escandinava.
Foto: Shutterstock

Aurora boreal en Alberta, Canadá
Foto: Paul Zizka

Espectaculo en el cielo
Contemplar el firmamento iluminado por la aurora polar es presenciar uno de los prodigios más fascinantes que ofrece el cosmos
Foto: Paul Hardy / Getty images

A la caza de las auroras
El Finnish Meteorological Institute ofrece el servicio online Auroras Now!, que monitoriza las condiciones del cielo durante todo el invierno.
Foto: Topi Ylä-Mononen / Age fotostock

Blachford Lake Lodge, Canadá
Abierto en 1981 por Mike Freeland, residente en la cercana ciudad de Yellowknife, la capital de los territorios del norte del país, este hotel ofrece las mejores vistas y rutas para disfrutar de las auroras boreales canadienses. Esto se debe, principalmente, a que se encuentra situado sobre un paisaje completamente virgen, por lo que está libre de la contaminación lumínica. El Blachford Lake, llamado así por el inmenso lago de sus inmediaciones, está catalogado como un hotel sostenible y responsable con el medio ambiente. Utiliza recursos naturales del entorno y de los paneles solares del recinto.
Foto: Blachford Lake Lodge

Levin Iglut, Finlandia
Estos iglús de cristal permiten disfrutar del espectáculo natural de las auroras boreales tumbados cómodamente desde la cama. Se encuentran esparcidos en un paraje prácticamente virgen a solo 10 kilómetros de Levi, donde la estación de esquí más grande de Finlandia. Su edificio central, donde se halla la recepción, los salones y el restaurante, goza también de grandes ventanales para que la experiencia de contemplar el cambio de color del cielo esté presente incluso en la cena. Los iglús, que los hay de diferentes tamaños, cuentan con cuarto de baño con duchas, una pequeña cocina y calefacción.
Foto: Hotel Levin Iglut

Treehotel, Suecia
Ubicadas en medio del bosque, en lo alto de los árboles, las modernas cabañas de Treehotel se mimetizan con la naturaleza. Gracias a su original arquitectura, en la que se han utilizado materiales locales y ecológicos, sus grandes ventanales permiten obtener las mejores vistas al valle del río Lule, además de a las luces del norte, que cubren el cielo de diferentes colores. El hotel, que cuenta con calefacción, restaurante y salas comunes, se encuentra situado en la pequeña villa de Harads, al norte de Suecia.
Foto: Treehotel

Hotel iglú Sorrisniva, Noruega
Hecho de nieve y hielo, estos iglús presumen de ser el primer hotel de Noruega y el segundo del mundo de estas características. Están situados junto a la ciudad de Alta, donde se concentran la mayor parte de las excursiones de aventura de Finnmark. El complejo cuenta con 26 habitaciones, suites, un bar, una capilla y esculturas, todo ello de hielo. Por ello, cuenta con ropa de cama y de abrigo térmicos para no sufrir las altas temperaturas. Esta área rodeada de bosques y montañas es una de las más populares de Noruega para contemplar las auroras boreales, por lo que el hotel dispone de excursiones y de tiendas de campaña donde resguardarse y disfrutar del momento.
Foto: Hotel iglú Sorrisniva

Aurora Borealis Lodge, Alaska
Ubicado en lo alto de las montañas de las Fairbanks, cerca de Cleary Summit, este hotel rural cuenta con las mejores vistas de auroras boreales de Alaska desde el año 2003. Está regentado por la familia Mok y Akiko Kumagai, guías experimentados que trabajaron durante años en el turismo de aventura de la zona y que, junto con un tercer socio, levantaron el edificio. El Aurora Borealis Lodge dispone de varios apartamentos con grandes cristaleras para disfrutar del cielo y de las populares luces del norte cómodamente desde el interior.
Foto: 1stalaskatours.com

ION Adventure Hotel, Islandia
Este lujoso hotel cuenta con numerosos premios y reconocimientos tanto por su situación, en un paraje montañoso prácticamente virgen, como por la calidad de sus instalaciones. Está a menos de una hora de la capital, Reikiavik, y cuenta con fácil acceso al Círculo de oro, que recorre algunas de las maravillas de la isla.  Catalogado como sostenible, el complejo utiliza los recursos naturales para el uso de la energía, también se han usado materiales responsables con el medio ambiente y presume de una rica cocina orgánica con lo mejor de la gastronomía islandesa. Las habitaciones cuentan con grandes ventanales para disfrutar de las luces del norte y entre sus instalaciones también hay saunas y piscinas de agua caliente.
Foto: ION Adventure Hotel

Hotel Kakslauttanen, Finlandia
La Laponia finlandesa es una de las mejores zonas del país para disfrutar de espectáculo de las auroras boreales. Una de las razones por las que Jussi, el propietario de este hotel, decidió en 1973 montar allí su tienda de campaña cuando en el lugar todavía no había ningún otro alojamiento. La belleza de la zona, una de las más vírgenes del país, lo cautivó de manera que, al siguiente año, allí construyó una cabaña y una cafetería para atender a quienes viajaban hacia Nordkapp. Con el paso de los años el hotel ha ido creciendo hasta convertirse en uno de los más conocidos del círculo polar ártico por su ubicación e instalaciones. Kakslauttanen cuenta con varios iglús de cristal, desde donde contemplar el cielo y las auroras desde la cama, así como con cabañas con sauna y chimeneas. A pocos kilómetros, además, es donde se encuentra el popular reino de Papá Noel.
Foto: Hotel Kakslauttanen

Hotel Rangá, Islandia
A una hora de Reikiavik, al sur de Islandia, se halla este hotel conocido por el cuidado de sus instalaciones, así como por la calidad de su cocina. Compuesto por una gran cabaña de madera, Rangá dispone de 51 habitaciones, restaurante, bar, salones, salas de reuniones, servicio de masajes y jacuzzi. Estos últimos están ubicados en sus interiores, por lo que durante los fríos meses de invierno los huéspedes pueden disfrutar de un baño caliente bajo la luz de las auroras boreales.
Foto: Hotel Rangá

Olokolo Nest, Finlandia
Estos huevos semi transparentes son una de las opciones más originales para pasar la noche al aire libre y disfrutar de las maravillas del cielo finlandés. Aunque en él sólo es posible dormir, ya que su interior cuenta con una cama doble de ropa térmica, con el precio de la noche están incluidos los aseos y el acceso a las instalaciones del Castillo de nieve, el edifico principal construido cada temporada con el hielo en la ciudad lapona de Kemi. La ventaja de los huevos portátiles es que, en el caso de ser un grupo, también es posible de cruzar el mar helado y dormir en el Artic Adventure Island, donde se concentra una gran oferta de actividades de nieve.
Foto: Visit Kemi

Krystall Hotel, Noruega
Un enorme copo de nieve situado en medio de un fiordo junto a Tromso, una de las ciudades noruegas más visitadas del círculo polar ártico. Este será el hotel de cristal que, como si se tratase de un iceberg, se espera que tenga las mejores vistas del mundo, por el paraje natural que lo rodea, carecer de contaminación lumínica y presenciar el espectáculo de las auroras boreales. Aunque todavía no está abierto el público, la empresa encargada de su construcción, Dutch Docklands, ha publicado en su misma web que el hotel será sostenible, no perjudicará al medio ambiente y que sus instalaciones contarán con 86 habitaciones, spa y espacios recreativos.
Foto: Duch Docklands

Auroras en Júpiter
El telescopio espacial Hubble, en órbita alrededor de la Tierra, captó unas impresionantes auroras en los polos de Júpiter, el cuerpo celeste más grande del Sistema Solar. Las auroras de Júpiter fueron descubiertas por la sonda Voyager 1 en 1979, pero por fin se han podido observar en todo su esplendor gracias al Hubble, que puede captar la radiación ultravioleta, informó la Agencia Espacial Europea (ESA). Las auroras de Júpiter son mucho más grandes que todo nuestro planeta, también son mucho más energéticas y, a diferencia de las que se ven en la Tierra, nunca se acaban. Las auroras observadas en 2016 se superponen en esta imagen de Júpiter tomada por el telescopio espacial Hubble durante la primavera de 2014. Más información aquí.
Foto: NASA, ESA

Auroras en Júpiter
Esta imagen combina una imagen del planeta Júpiter tomada con el Telescopio Espacial Hubble y las observaciones de sus auroras en el ultravioleta,
Foto: ESA / NASA

Auroras desde el espacio
Si las auroras son espectaculares, imagina verlas desde el espacio. Este colorido espectáculo se forma por el choque de los vientos solares, las eyecciones de masa coronal del Sol, con nuestra atmósfera.
Foto: NASA
The Photographer
Stokksnes, Islandia.
Ganador en la categoría "Amateur" / Naturaleza y paisaje
Rodeado por un clima hostil y azotado por la arena y las constantes tormentas de nieve, el austríaco Nicholas Roemmelt capturó esta imagen de su colega encaramado sobre un montículo de arena esperando el momento perfecto para captar las espectrales luces de la aurora boreal sobre la montaña Vestrahorn.
Foto: Nicholas-Roemmelt / Epson International Pano Awards 2016

Twilight Aurora
Fotografía ganadora en la categoría "Auroras":
Durante la noche del eclipse solar del 20 marzo de 2015, los habitantes de pueblo de Spitsbergen, en Noruega, fueron testigos de un segundo espectáculo de luces naturales en forma de aurora boreal. En el momento en que fue tomada la imagen el sol brillaba desde los 9 grados por debajo del horizonte, por lo que el fotógrafo aún dispuso de algo de luz para tomar la fotografía de esta leve aurora, que se suspende en el cielo rodeada de un halo fantasmagórico.
© György Soponyai / Insight Astronomy Photographer of the Year

La aurora misteriosa
“La ISS acaba de atravesar la espesa niebla verde de la aurora... inquietante pero muy bonito”.
Foto: Tim Peake / ESA

Aurora boreal y lluvia de estrellas
Preciosa imagen de una aurora boreal y el paso de un meteoro durante una lluvia de estrellas
Foto: N. Melville CC BY-NC-SA 2.0

Alaska
El norte de Alaska es uno de los sitios más privilegiados en el mundo donde la actividad de los destellos danzantes de energía solar se pueden apreciar. Se organizan excursiones desde Fairbanks y Anchorage para observarlas.

Canadá
Yellowknife, en el noroeste de Canadá, es conocida como la capital mundial de la aurora boreal, además de la frecuencia con la que aparecen las «luces» en este punto del planeta, se puede obtener gran cantidad de información sobre las mismas en el centro Astronomy North.

Tromsø, Noruega
Tromsø es un buen punto de partida para explorar la Laponia noruega y el Cabo Norte, uno de los mejores lugares del mundo para ver auroras boreales. También las islas Svalvard, que entre mediados de noviembre y finales de enero carecen de luz del día y viven inmersas en la noche polar. 

Parque de Vatnajokull, Islandia
El Parque de Vatnajokull es el parque más extenso de Europa. Su principal característica es que cuenta con ríos y glaciares que hacen variar el paisaje. 

Islandia
Es uno de los lugares donde las auroras aparecen más cerca de una ciudad, así que si eliges Reikiavik para verlas, igual puedes hacerlo con toda comodidad desde tu propio hotel. No obstante, lo más recomendable es hacerlo a las afueras, lejos de la contaminación lumínica. 

Suecia
Un telesilla conduce hasta la Aurora Sky Station, la estación de observación de auroras boreales de la Laponia sueca situada en el corazón del Parque Nacional de Abisko, un lugar que reúne las condiciones óptimas para ver las auroras boreales, pues es el lugar más seco y menos nublado de Suecia.

Iglús en Levi, Finlandia
Este país es especialista en hacer fácil lo casi imposible. Para ver las auroras boreales existen en la Laponia finlandesa originales instalaciones como iglús de cristal en Saariselkä (Inari) o en Levi (Kittilä); y en el pueblo de Nellim, en el lago Inari, además del campamento Aurora. proponen suites instaladas en medio de la nieve con el techo acristalado para observar cómodamente las «luces».

Isla de Flakstad
En un cielo aterciopelado y cuajado de estrellas, la aurora boreal traza gruesas pinceladas de color sobre la isla de Flakstad, en las Lofoten.
http://haarbergphoto.com
Foto: Orsolya Haarberg

Fairbanks
Es uno de los mejores destinos del planeta para ver auroras boreales por la claridad de sus cielos. Estos halos luminosos cruzan el cielo de Alaska entre septiembre y abril.
DANITA DELIMONT STCOK / AWL

Auroras Boreales
Este fenómeno atmosférico que llena de color las noches más septentrionales se da entre febrero y marzo y entre septiembre y octubre. Merece la pena visitar el centro de interpretación de auroras boreales en Sodankylä para conocer mejor sus causas y sus características. En el centro de Sodankylä se han habilitado unas kotas (tienda tradicional de los samis) con un agujero en el techo para esperar la llegada de este maravilloso efecto. Se dice que el afortunado que contempla una aurora boreal, vive feliz para siempre.
Visit Finland / Nikka Niemi
NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
ayabaca@gmail.com
ayabaca@hotmail.com
ayabaca@yahoo.com
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miércoles, 6 de diciembre de 2017

MEDIO AMBIENTE: AURORAS BOREALES.- NATIONAL GEOGRAPHIC .- El baile de las auroras visto desde el espacio

http://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/baile-las-auroras-visto-desde-espacio_11715
http://www.nationalgeographic.com.es/naturaleza/grandes-reportajes/auroras-boreales-se-alza-el-telon-2_8860/4
Las auroras ocurren cuando la radiación cósmica interacciona con la magnetosfera de la Tierra, formando un espectáculo maravilloso, como demuestra este vídeo

http://www.smartycontent.com/

http://www.ismarty.tv/

El baile de las auroras desde el espacio
Como si se tratara de las olas de un mar cósmico que llegan a romper a una pequeña y oscura cala del sistema solar llamado Tierra, la radiación cósmica procedente del sol se estrella contra nuestro planeta dando lugar al baile de luz que conocemos como auroras polares.
Las auroras polares no son más que el producto de la interacción de la radiación cósmica con la magnetosfera de la Tierra. Esta esfera invisible que nos envuelve y protege, obedece al campo magnético generado por la rotación de las capas metálicas interiores terrestres -manto y núcleo- cargadas eléctricamente. Actúa desviando la radiación procedente del sol hacia los polos dando lugar a las auroras.
Sin embargo véase la aurora como a la parca disfrazada bella mujer. Esta radiación que nos maravilla y ofrece uno de los espectáculos atmosféricos más impresionantes de mundo, resultaría tan letal como hermosa de no ser por la función de escudo protector que ejerce la magnetosfera.
De no existir esta segunda en la Tierra, como ocurre en Venus y Marte, la cantidad constante y permanente de radiación a la que se ve sometido nuestro planeta atravesaría la atmósfera llegando hasta la superficie.

Una de las múltiples consecuencias de esto sería la perdida paulatina de agua de nuestro mundo azul. Tras poco más de unos miles de años, es probable que la Tierra, haciendo verdadero honor a su nombre, se hubiera convertido justo en eso, en tierra; un desierto más de roca y polvo en el vasto universo.
Por ello querido lector, si algún día tienes la posibilidad de maravillarte con la aurora, recuerda cuando venga la parca y tus ojos sean testigo de semejante espectáculo, que existe un ángel de la guarda que sin poder verlo vela por ti, en este caso la magnetosfera, una de las razones por la que estas vivo.

El maravilloso espectáculo de las auroras boreales

Los últimos años han sido excepcionales para la observación de auroras boreales. Viajamos a los gélidos parajes del Ártico para contemplar esta maravilla del firmamento y hablamos con los científicos que estudian los peligrosos efectos de la intensa actividad solar causante de este fenómeno.

Spitsbergen, Noruega
En Spitsbergen, Noruega, una aurora polar brilla sobre uno de los radares de la estación científica EISCAT.
Foto: Olivier Grunewald

Tromsø, Noruega
23.32 horas
24 de enero de 2012
Para ver auroras, las mejores noches son las comprendidas entre octubre y febrero en el hemisferio Norte y las de junio, julio y agosto en el cono Sur. Olivier Grunewald las vio por primera vez en 1997 y desde entonces las ha fotografiado en numerosos lugares del círculo polar Ártico, como esta en forma de medio círculo.
Foto: Olivier Grunewald

Geysir, valle de Haukadalur, Islandia
00.45 horas
23 de octubre de 2012
Cuando Grunewald observa las auroras polares, siente como si viajara hasta el mismísimo origen del universo y presenciara en directo el trabajo de las fuerzas de la creación. En Islandia, tierra de géiseres y volcanes activos, la sensación primigenia es todavía más intensa.
Foto: Olivier Grunewald

Spitsbergen, Noruega
00.53 horas (izquierda) - 01.54 horas (derecha)
2 de febrero de 2012
Las mejores horas para captar las auroras son entre las 21.00 y la 1.00 de la madrugada, cuando la noche es más cerrada. El asesoramiento de científicos como Jean Lilensten ha permitido a Grunewald conocer los días y las condiciones más favorables para ir a la caza de auroras.
Foto: Olivier Grunewald

Tromsø, Noruega
22.57 horas (arriba) - 22.59 horas (centro) - 23.02 horas (abajo) - 00.06 horas (derecha)
25 de enero de 2012
A cada minuto, el cielo boreal de esta ciudad escandinava cambia debido a los oscilantes resplandores de la aurora polar, que nunca permanece inmóvil. Hay instantes maravillosos en los que las luces, que se mueven en todas direcciones, ocupan por completo la bóveda celeste.
Foto: Olivier Grunewald

Río Chilkat, Juneau, Alaska
00.18 horas
24 de febrero de 2014
El término aurora boreal se atribuye al filósofo francés Pierre Gassendi, quien se cree lo citó por primera vez en 1621, aunque hay indicios de que Galileo ya lo había acuñado dos años antes. En Alaska, las luces del norte brillan con toda su intensidad en una gélida madrugada polar.
Foto: Olivier Grunewald

A pequeña escala
Al astrofísico Jean Lilensten le gusta divulgar los fenómenos meteorológicos espaciales. Su Planeterrella le ayuda mucho en esa labor. Por ahora existen 71 réplicas de este visualizador de auroras polares en distintos organismos de todo el mundo. Su invento permite también simular interacciones entre planetas y estrellas, como las de Ganímedes con Júpiter, y mostrar chorros y anillos estelares. Lilensten cede los planos para su construcción de forma gratuita a las instituciones interesadas y colabora en la puesta en marcha de este artilugio que fascina a todos los públicos.
Foto: Olivier Grunewald

A pequeña escala
El astrofísico Jean Lilensten con su Planeterrella, un visualizador de auroras del cual existen, por ahora, 71 réplicas en distintos organismos de todo el mundo. Su invento permite también simular interacciones entre planetas y estrellas y mostrar chorros y anillos estelares. Lilensten cede los planos para su construcción de forma gratuita a las instituciones interesadas y colabora en la puesta en marcha.
Foto: Olivier Grunewald

Efectos de la meteorología espacial
El campo magnético de la Tierra desvía gran parte de las partículas con carga eléctrica procedentes del viento solar, pero no nos protege al 100%. El impacto de una eyección de masa coronal (EMC) solar en la magnetosfera puede variar el campo magnético y alterar los sistemas de navegación y las telecomunicaciones. Predecir la intensidad de las tormentas solares es esencial para evitar el caos y el desastre económico que pueden ocasionar. La mayor tormenta solar registrada data de 1859; conocida como el evento Carrington, generó auroras visibles en latitudes que iban desde el polo Norte hasta el Caribe y destrozó las líneas telegráficas de Europa y América del Norte: fundió el cableado y produjo numerosos incendios. En 1921 otra gran tormenta solar la mitad de intensa que la anterior ocasionó daños puntuales. En 1989 hubo otra cuya intensidad fue diez veces inferior a la de 1921 y que causó un apagón en Quebec que dejó a seis millones de personas sin electricidad durante nueve horas. Pero hoy, con la inmensa interconexión de las redes eléctricas y los servicios, los efectos serían mucho más devastadores. El embate de 1859 causaría destrozos por valor de dos billones de dólares, algo así como 20 veces la destrucción del huracán Katrina. Apagones, transformadores calcinados, interrupciones en la transmisión de radio, fallos en los satélites y en los GPS, cortes en Internet y en los sistemas financieros, la red de transporte afectada… Incluso podríamos quedarnos sin agua en el lavabo. Por suerte, la EMC de julio de 2012 no nos alcanzó.
Ilustración: Henning Dalhoff / SPL/ AGE Fotostock

Las auroras en la antigüedad
Un grabado anónimo del siglo XVI ilustra una aurora boreal vista en 1570 en la ciudad de Kuttenberg, en Bohemia. Aunque hoy las auroras solo suelen verse cerca de los polos, al parecer fueron comunes en la Europa de finales del siglo XVI debido a una intensa actividad solar. La creencia popular las consideraba señales de un desastre inminente o una advertencia divina.
Biblioteca Crawford / Real Observatorio, Edimburgo / SPL / AGE Fotostock

Una mancha solar once veces mayor que la Tierra
En el Sol es época de tormentas. En octubre, el Observatorio de Dinámica Solar (SDO) de la NASA captó varias imágenes de inmensas manchas solares que alcanzaron su punto álgido entre los días 19 y 27. A la izquierda se aprecia la gran fulguración que surge de la corona solar, gestada en un gigantesco grupo de manchas solares de 140.000 kilómetros de diámetro, unas 11 veces mayor que el de la Tierra. Tan grandes eran, que podían verse a simple vista con filtros especiales. A la derecha, imagen coloreada de cómo se ve una aurora boreal desde el espacio: una especie de anillo de luz alrededor del polo Norte en el cual las áreas más activas aparecen de color rojo y las de menor intensidad, amarillo y azul.
Foto: NASA / SDO (izquierda); NASA / SPL / AGE Fotostock (derecha) 
6 de marzo de 2015
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Estamos en pleno Ciclo Solar 24. O lo que es lo mismo: este es el vigésimo cuarto ciclo (cada uno de ellos dura unos 11 años) desde que en 1755 empezó el recuento sistemático de las manchas solares, indicadoras de la actividad del Sol. Según la NASA, a mediados de 2014 se dio el punto álgido del ciclo actual, pero parece que 2015 también vendrá cargadito. Perfecto para ver auroras polares, porque están intrínsecamente ligadas a la actividad solar y al viento solar que esta intensifica.
La existencia de los ciclos solares fue descubierta por el astrónomo alemán Samuel Heinrich Schwabe, quien entre 1826 y 1843 observó a diario (todos los días claros) la evolución de las manchas solares, visibles a través de un telescopio. Al principio no le interesaban especialmente. Lo que él quería era verificar la existencia de un hipotético nuevo planeta en la órbita de Mercurio, un pequeño planeta (iba a llamarse Vulca­no) que, al estar tan cerca del Sol, era muy difícil de ser observado. Así pues, optó por intentar «cazarlo» cuando pasara frente al astro rey, en forma de mancha oscura. Y, aunque nunca halló tal planeta, sí observó cómo esas manchas solares evolucionaban en el tiempo, cómo surgían y desaparecían con periodicidad. No era la primera vez que alguien hacía referencia a ellas. Galileo ya lo había hecho, y también los astrónomos chinos mucho antes del nacimiento de Cristo.
Pero Schwabe hizo un recuento metódico de las manchas y se fijó en su cadencia, y en 1843 publicó un artículo en el que sugería la existencia de un ciclo solar de unos 10 años de duración que luego se alargó a 11. Eso llevó a otro astróno­mo, el suizo Rudolf Wolf, a recabar toda la información existente para establecer un patrón de esos ciclos, y logró reconstruir el primero del que se tiene constancia, el de 1755, gracias al cual sa­­bemos que hoy vivimos el ciclo solar número 24.
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¿Y eso qué tiene que ver con las auroras polares? Pues mucho, porque esas manchas –regiones más frías y oscuras, de intensa actividad magnética, que suelen ir acompañadas de gigantescas erupciones en la corona, o atmósfera solar– nos indican la actividad solar, y en épocas de mayor actividad se intensifica el viento solar que, al interactuar con la magnetosfera de la Tierra, origina las esplendorosas auroras polares en ambos extremos del globo terráqueo. Como las que ha retratado Olivier Grunewald en No­­ruega, Islandia, Finlandia, Canadá y Alaska, algunas de las cuales ilustran estas páginas.

Conocer cómo se generan esas luces fantasmagóricas es algo que ha intrigado a los científi­cos desde hace mucho tiempo. Algunos incluso han tratado de simularlas mediante complejos experimentos, como hizo Kristian Birkeland en el siglo XIX. El físico noruego conocía el modelo a escala reducida del planeta Tierra que William Gilbert, el que fuera médico personal de la reina Isabel I de Inglaterra, muy interesado en el magnetismo terrestre, construyó en el siglo XVII a partir de una piedra imantada. Gilbert lo llamó terrella, «pequeña Tierra» en latín, y Birkeland construyó también su propia terrella inspirándose en la del inglés. Colocó la esfera imantada dentro de un tanque de vacío y la bombardeó con rayos catódicos, corrientes de electrones que se pueden observar de forma experimental en el interior de esos espacios estancos a muy baja presión. Así pudo reproducir unas pseudoauroras diminutas, fruto de la interacción entre el gas residual del tanque, el campo magnético de la esfera y los rayos catódicos. Y comprobó que los electrones, bajo la influencia del campo magnético, se dirigían hacia los polos de la terrella, donde orbitaban emitiendo luz.

Hoy, en pleno siglo XXI, reproducir la belleza cósmica de las auroras sigue estimulando la imaginación de los científicos, pero la tecnología a su alcance es ahora mucho mas avanzada.
Por ejemplo, Jan Egedal, investigador del Instituto Tecnoló­gico de Massachusetts (MIT), demostró en 2012 que la región activa en el ex­­tremo de la magnetosfera de la Tierra (el más alejado del Sol) es 1.000 veces más grande de lo que se creía, y que en ella se libera una cantidad de electrones superenergéticos –responsables del bello resplandor– mucho mayor que la que se suponía hasta ese momento. Y pudo hacerlo gracias a una simulación realizada con uno de los superordenadores más potentes del mundo, un equipo informático llamado Kraken que está compuesto por 112.000 pro­cesadores.
En su investigación, Egedal utilizó 25.000 de esos procesadores para seguir durante 11 días los movimientos de 180.000 millones de partículas de viento solar durante el proceso de reconexión de las líneas del campo magnético terrestre, que es cuando liberan mayor energía.
En Europa, el astrofísico francés Jean Lilensten, director del Laboratorio de Planetología de Grenoble, es uno de los mayores especialistas en la actividad solar y su influencia sobre los planetas del sistema solar. Lilensten, admirador de Birkeland, creó en 2008 un artefacto bautizado como Planeterrella, un simulador de auroras polares que además replica distintas interacciones entre planetas y estrellas. De su invento se han hecho varias réplicas que circulan por el mundo; una de ellas estuvo recientemente en la Universidad de Alcalá de Henares, en Madrid.

Lilensten es una especie de hombre del tiempo espacial, un experto en la meteorología que acontece más allá de la atmósfera terrestre, tema de enorme interés no solo para la ciencia sino también para prevenir los daños que las tormentas magnéticas pueden causar en los satélites y, en general, en toda la red de telecomunicaciones terrestres, que no es poco. En Longyearbyen, la mayor población del archipiélago noruego de las Svalbard, Lilensten y otros colegas de Grenoble y de las universidades de Oslo y de Svalbard estudian la polarización de la luz de las auroras con un pequeño telescopio de alto rendimiento.
Uno de los parámetros de la luz utilizados en la actualidad es su polarización, que mide cómo el campo eléctrico de una onda varía a lo largo de su trayectoria de propagación
«En astronomía, las observaciones se basan casi exclusivamente en el análisis de la luz emitida o dispersada por el cuerpo estudiado –dice Lilensten–. Uno de los parámetros de la luz utilizados en la actualidad es su polarización, que mide cómo el campo eléctrico de una onda varía a lo largo de su trayectoria de propagación. Esas variaciones proporcionan información sobre la composición y la energía que contienen las partículas solares que penetran en nuestra atmósfera, lo que nos da una idea de la intensidad de una tormenta solar en ciernes.»

A lo largo de la historia ha habido varias tormentas solares descomunales, causadas por manchas solares mucho mas grandes que nuestro planeta, que han producido grandes destrozos en la Tierra. En julio de 2012 hubo una de grandes dimensiones de la que nos libramos por poco. Al parecer, de haber interaccionado con nuestra magnetosfera, las consecuencias podrían haber sido graves. No hay duda de que es importante observar qué sucede en la atmósfera del astro rey, como hacen desde el Observatorio del Teide, del Instituto de Astrofísica de Canarias. Allí se encuentra la mayor batería de telescopios solares del mundo, entre ellos el GREGOR, un instrumento alemán especializado en entender el proceso de formación de esas manchas solares y su evolución. «Es el telescopio solar más grande que existe, capaz de generar mapas detallados de los campos magnéticos del Sol», explica el astrónomo Miquel Serra-Ricart, administrador del Observatorio del Teide.
Al mando también de las expediciones Shelios, que cada año se centran en observar un fenómeno astronómico relevante, Serra-Ricart ha presenciado auroras boreales en los ciclos 23 y 24, y se prevé que este próximo verano repita la experiencia en Groenlandia. Todo indica que, dada la alta actividad prevista para 2015, el espectáculo será inusualmente intenso. «Habrá una alta probabilidad de cazar una buena tormenta de auroras», asegura.
La probabilidad de que una gran tormenta solar nos embista en los próximos 10 años es del 12 %
Mientras la belleza de las auroras polares cautiva al común de los terrícolas, súbditos absolutos del Sol, los expertos trabajan para obtener la mayor cantidad posible de datos de esas tormentas potencialmente peligrosas. Y es que de­­beríamos estar preparados, por si acaso, pero no lo estamos. Así se evidenció tras el simulacro de tormenta solar extrema que la NASA y la Comisión Europea llevaron a cabo en 2010 para valorar nuestra capacidad de respuesta en caso de un embate geomagnético. Las conclusiones fueron contundentes: si hoy viviésemos otro «evento Carrington» como el de 1859, el colapso tecnoló­gico sería colosal. Tras el simulacro se elaboraron listas de recomendaciones para los Gobiernos, tanto a escala nacional –para, por ejemplo, desconectar las centrales de energía y las telecomunicaciones antes del impacto de la tormenta solar– como doméstica: ¿cómo deberían afrontar las familias un superapagón tecnológico?

La probabilidad de que una gran tormenta solar nos embista en los próximos 10 años es del 12 % , según el físico y asesor de la NASA Peter Riley. Un porcentaje bajo pero que no deberíamos ignorar. Porque hoy, a diferencia de lo que sucedía hace menos de un siglo, la interconexión entre gran parte de los territorios nos hace mu­­cho más dependientes los unos de los otros. De­pen­dientes y, sin duda, mucho más frágiles.
 
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Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
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