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domingo, 10 de enero de 2021

NATIONAL GEOGRAPHIC : REVUELTA CONTRA LOS ROMANOS.- Boudica, la rebelión de la reina guerrera de Britania contra Roma

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG.- en la historia de las mujeres guerreras, se debe recordar a la reina Boudica, de Britania;  quien humillada por los invasores romanos, ya que fue violada ella y sus hijas por los legionarios, se sublevó bajo el mando de los icenos, obteniendo victorias consecutivas en cada enclave romano como  Camulodunum (Colchester),  Londinium (Londres), hasta que finalmente fue derrotada por  Suetonio Paulino, que igual que ella no respetó ningún ser viviente pasando por las armas a hombres, mujeres, niños y ancianos, la reina sobrevivió y regresó a los territorios icenos y se suicidó.  

En el año 60 d.C., la reina de los icenos encabezó una gran revuelta contra los invasores que habían asesinado a su marido, la habían sometido a un trato degradante y habían violado a sus hijas. El levantamiento fue sofocado pero acabó con la vida de unos 70.000 romanos y britanos aliados suyos.








Foto: Scala, Firenze. Color: Santi Perez

Un siglo después de que Julio César emprendiera la conquista de Britania, los territorios de las actuales Inglaterra y Gales distaban de estar totalmente pacificados. Las rebeliones indígenas y las campañas de sometimiento por parte de Roma eran constantes. En el año 60 d.C., durante el reinado de Nerón, un nuevo gobernador del país, Suetonio Paulino, se propuso acabar con el foco rebelde de la isla de Mona (Anglesey), frente a la costa oriental del país, donde se habían hecho fuertes los silures. Las tropas de Suetonio Paulino pasaron a cuchillo a todos los habitantes de Anglesey, sin distinción de sexo o edad, y talaron los bosques en los que se practicaban las ceremonias de los druidas.

Mientras esto sucedía, más al este, en el territorio de los actuales condados de Norfolk y Suffolk, moría Prasutago, rey de los icenos. Tras su papel en la sublevación icena del año 47, Prasutago había gobernado con el apoyo de los romanos, y en su testamento repartió sus dominios a partes iguales entre el emperador Nerón y sus hijas, para asegurarse de que Roma apoyaría también a sus sucesores. Sin embargo, el procurador imperial, Cato Deciano, reclamó la totalidad del reino para Roma. Las tropas de Deciano saquearon el país, despojaron a los nobles de sus bienes, les expulsaron de sus predios ancestrales y esclavizaron a sus familias. También violaron y humillaron a la viuda de Prasutago, Boudica (o Boadicea), y a sus hijas, creyendo que con su deshonra acabarían con su línea dinástica.

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ESTALLA LA REBELIÓN

Los romanos no contaban con el carácter de Boudica y la influencia que ejercía entre los suyos. No era sólo la esposa del rey: su cargo de sacerdotisa de la diosa Andraste le confería un gran ascendiente sobre los icenos. La reina lo empleó, como relata Dión Casio, para abominar de la dominación romana y convencer a los suyos de que era preferible la muerte a soportar por más tiempo la opresión.

Estalló así una violenta rebelión en la que los acontecimientos se sucedieron vertiginosamente. Primero, los icenos y sus aliados los trinovantes se dirigieron a la capital de éstos, Camulodunum (Colchester), que se había convertido en la principal colonia romana de la región. Con el apoyo de los britanos que residían en el lugar, los rebeldes la asaltaron, masacrando a los colonos y veteranos romanos. Tras el saqueo, todos los edificios fueron demolidos hasta los cimientos y entregados a las llamas.


Esta estatua colocada en el puente de Westminster de Londres representa a la reina Boudica con sus hijas.

Foto: Alamy / ACI

MARCHA SOBRE LONDRES

Eufóricos por su victoria, los britanos se dirigieron a continuación hacia Londinium (Londres), el principal enclave comercial romano. Para oponerse al avance, el legado Quinto Petilio Cerealis reunió diversos destacamentos de la Legión IX Hispana y planteó batalla, confiando en la superior capacidad de combate de los legionarios. Pero las fuerzas rebeldes se habían engrosado con nuevos contingentes atraídos por las primeras victorias, y los romanos fueron prácticamente aniquilados. Tan sólo se salvó Petilio junto con algunos soldados de caballería. El responsable de la sublevación, Cato Deciano, puso tierra de por medio y huyó a la Galia.

Los rebeldes exterminaron a todos los pobladores de Londres que no se unieron a la columna de Paulino Suetonio, una espiral de odio que continuó en Saint Albans.

Suetonio Paulino regresó rápidamente de la isla de Anglesey para intentar defender Londinium, pero nada pudo hacer. Los britanos arrasaron la ciudad y se ensañaron con sus pobladores, a los que sometieron –según Tácito y Dión Casio– a las más crueles torturas. La espiral de odio continuó en la ciudad de Verulamium (Saint Albans), que también fue reducida a cenizas. Hasta ese momento habían perecido más de 70.000 romanos y aliados, esencialmente civiles, y, lo que es más grave, Roma corría el riesgo de ser expulsada de Britania.


Esta ilustración representa el aspecto de Londres, ya recuperada del asalto de Boudica, rodeada de murallas. La gran plaza porticada del centro se corresponde con el foro.

Foto: Bridgeman / ACI

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LA BATALLA DECISIVA

Suetonio Paulino se esforzó en reunir todas las tropas disponibles, pero con escaso éxito. Reducido a poco más de 11.000 hombres pertenecientes a la Legión XIV Gemina y a los veteranos de la Legión XX Valeria Victrix, el general romano fio su suerte a su superior experiencia táctica y a su astucia. Después de saquear los centros religiosos del centro de Britania, Suetonio supo atraer a los britanos, con efectivos muy superiores –algunas fuentes cifran su número en 230.000 guerreros–, pero mal organizados, hacia un terreno angosto cerca de Lichfield favorable a su plan.

La rebelión de Boudica se había cobrado la vida de 70.000 romanos y aliados y, lo que era más más grave, Roma corría el riesgo de ser expulsada de Britania.

Ya en el campo de batalla, la reina Boudica recorrió las líneas animando a sus hombres. Les recordó que combatían para vengar las ofensas recibidas y por la libertad, y que era el momento de vencer o morir. Las mujeres de las diversas tribus –añadía– habían decidido ya su destino; correspondía ahora a los hombres demostrar si deseaban combatir antes que vivir como esclavos. Suetonio Paulino, por su parte, animó también a los suyos invocando a la vez su afán de gloria y su codicia, prometiéndoles que podrían disponer a su gusto tanto del botín como de los territorios de sus enemigos.


Un guerrero celta combate desde un carro guiado por su auriga. Denario romano acuñado hacia 48 a.C. Museo Ashmolean, Oxford.

Foto: Bridgeman / ACI

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El choque fue terrible. Sobreponiéndose al terror que causaban los cánticos y el griterío de los britanos, las legiones avanzaron en formación cerrada arrojando una lluvia de pila (lanzas) sobre sus enemigos para después abalanzarse sobre ellos con las espadas. Tras un duro combate, en el que la caballería romana apoyó a la infantería en los puntos más comprometidos, los britanos empezaron a retroceder. Al topar con los carros en los que transportaban a sus familias, el combate derivó en carnicería. Enardecidos por los excesos anteriores de los britanos, los romanos no hicieron prisioneros. Hombres, mujeres y niños fueron exterminados, en una orgía de sangre de la que no se salvaron ni los caballos uncidos a los carromatos. Cuando, agotados por la masacre, los legionarios depusieron sus armas, los cadáveres de más de 80.000 britanos cubrían el campo de batalla, por sólo 400 romanos. Por su victoria, la Legión XIV obtuvo el sobrenombre de Martia Victrix.

La represión durante el año 61 fue feroz. Boudica se refugió con sus hijas en el territorio de los icenos, donde se suicidaron mediante veneno. Suetonio Paulino arrasó el territorio de los sublevados, con la intención de exterminar totalmente a los britanos. Pero las autoridades enviadas desde Roma impidieron esto último, y el general victorioso fue finalmente destituido. Su sucesor, Publio Petronio Turpiliano, se decantó por una política de acercamiento a las élites locales. La rebelión de Boudica había demostrado que sin su apoyo era imposible mantener el dominio romano en Britania.

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NATIONAL GEOGRAPHIC

Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

sábado, 17 de octubre de 2020

NATIONAL GEOGRAPHIC : LUCHADORAS NATAS mujeres guerreras de la historia

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos alcanza un reportaje sobre de algunas de las mujeres guerreras que existieron en la historia de la humanidad; quienes pelearon a lo largo de sus vidas por causas de honor, de apoyo a los esposos o conquista territorial comandando ejércitos de contingentes de soldados que algunos casos llegaron y pasaron los 60,000 efectivos, luchando con tanto arrojo y valentía como cualquier hombre.

No sólo los hombres han luchado a lo largo de la historia. Aquí os presentamos una selección de algunas mujeres que, en distintas culturas y épocas, lideraron ejércitos y lucharon con tanto arrojo y valentía como cualquier hombre.

Carme Mayans

01 de marzo de 2020 · 13:46 Actualizado a

Quibik/ Creative Commons

Artemisia de Caria

Hija de Lígdamis, rey de Halicarnaso y de una aristócrata cretense, Artemisia apoyó al rey persa Jerjes en su intento de conquista de Grecia durante la segunda guerra médica (480-479 a.C.). Artemisia contribuyó a la flota persa con cinco naves, de las que estuvo al mando como general, y participó en la batalla de Salamina. Su valor como estratega le ganó la admiración del Gran Rey persa, que al menos la consultó en dos ocasiones antes de la crucial batalla. Artemisia tuvo partidarios y detractores, y aunque no sabemos cómo ni cuando murió lo que sí es cierto es que su dinastía perduró varias generaciones. Su hijo Lígdamis gobernó como rey de Halicarnaso entre los años 460-450 a.C.

Charles Antoine Coypel/ Creative Commons

Rodoguna de Partia

Rodoguna fue hija del rey parto Mitríades I (171-138 a.C.) y hermana de Fraates II. Se casó con el rey Seléucida Demetrio II Nicátor, que estaba prisionero en Partia, con quien tuvo varios hijos. Parece que en una ocasión, Rodoguna quedó a cargo de una parte del Imperio cuando estalló una rebelión. Según cuenta Polieno, la reina se encontraba en ese momento a punto de tomar un baño y, en vista de la situación, juró no volver a bañarse hasta lograr la victoria. Llamó a los generales y ella misma se puso al frente de las tropas, combatiendo en primera línea y contribuyendo a conseguir una gran victoria. Tras el combate, la primera orden que dio fue que le preparasen un baño.

Febrecht/ Cordon Press

Boudica

La reina de los icenos levantó un ejército de más de 60.000 hombres contra las legiones romanas que ocupaban Britania y que la habían sometido a ella y a sus hijas a una terrible humillación tras la muerte de su esposo, el rey Prasutago. Boudica en persona se puso al frente de sus tropas y las de los trinovantes, que se unieron a ella. Atacaron Camulodunum (la actual Colechester), pasaron a cuchillo a todos sus habitantes y demolieron la ciudad hasta los cimientos. Lo mismo pasó con Londinium (Londres) y Veralamium (St. Albans). Al final, Suetonio Paulino logró vencer a los britanos en Watling, causando una terrible mortandad. Boudica sobrevivió a la batalla, pero, no pudiendo esperar clemencia de Roma, según Tácito, se suicidó ingiriendo veneno.

Chris Gyford/Creative Commons

Fu Hao

Fu Hao era la esposa favorita del emperador Wu Ding (1250-1192 a.C.), de la mítica dinastía Shang. Actuó como suma sacerdotisa en ritos de adivinación y llegó a comandar un ejército de más de 13.000 hombres, que fue el mayor de China en su época. Combatió contra los bárbaros del otro lado de la frontera y derrotó a los jiang, los principales enemigos de su esposo. También luchó contra los tu y los yi, a los que venció. La historia militar china destaca su victoria ante la tribu de los ba, que destaca como un ejemplo de estrategia. A su muerte, Fu Han fue enterrada en una magnífica tumba, descubierta en 1976, que contenía un completo ajuar funerario, en el que había huesos oraculares, 130 armas y 20 puntas de flechas.

Vmenkov / Creative Commons

Tumba de Zhao de Pingyang

Era hija de Li Yuan, el emperador que fundó la dinastía Tang en el siglo VII. Mientras era gobernador, Li Yuan inició una revuelta contra el emperador Yang, de la dinastía Sui. Su hija Pingyang, de apenas veinte años, vendió las propiedades de la familia y reunió un ejército para apoyar la rebelión de su padre. Miles de hombres se unieron a ellos, y la joven llegó a comandar un ejército de hasta 70.000 soldados, logrando numerosas victorias gracias a su valentía y a sus conocimientos de estrategia militar. Ella y su ejército hicieron huir al ejército imperial. Su padre, al convertirse en emperador con el nombre de Gaozu, reconoció los méritos de su hija y celebró un gran desfile militar en su honor, además de otorgarle el título honorífico de zhao y de princesa.

Torstein Barnhardt / CC

Nakano Takeko

Nacida en Edo (Tokio) en 1847, Nakano Takeko era hija del oficial Nakano Genai. La joven aprendió arte, literatura y artes marciales con el maestro Akaoka Daizuke. Nakano se convirtió en una gran guerrera samurái, en una onna bugeisha. Cuando estalló la guerra civil entre el shogunato Tokugawa, al que ella servía, y las tropas imperiales, se puso al frente de un grupo de mujeres samuráis a las que ella había entrando personalmente. Tomó parte en la batalla de Aizu, donde luchó con gran arrojo. Pero un impacto de bala en el pecho la dejó herida de muerte. Nakano entonces decidió llevar a cabo un seppuku o suicidio ritual asistida por su hermana, que le cortó la cabeza para enterrarla a los pies de un árbol en el templo Hokaiji, donde aún hoy es venerada.

Vincent Steenberg/ Creative Commons

Juana de Arco

Conocida como la "doncella de Orleans", esta joven francesa se sintió escogida por Dios para liderar a los ejércitos franceses contra Inglaterra durante la guerra de los Cien Años. En 1429, el rey de Francia Carlos VII aceptó que liderara un ejército de cinco mil hombres durante el asedio de Orleans, que se saldó con una gran victoria sobre los ingleses. Tras varios triunfos más, Juana fue hecha prisionera en Compiegne el 24 de mayo de 1430 por el duque de Borgoña. Llevada a Ruán, fue acusada de brujería por un tribunal eclesiástico y condenada a morir en la hoguera el 30 de mayo de 1431, con tan sólo 19 años.

SantiagoLlanta / Creative Commons

María Pita

En 1581, una mujer coruñesa, María Pita, se enfrentó a las tropas británicas que querían conquistar la ciudad. María mató a un alférez inglés con una lanza, un arcabuz o un cuchillo, según las versiones, y le arrebató su bandera. Tras presenciar la muerte de su marido en el asedio, llena de rabia, y al grito de "quien tenga honra que me siga", lideró el contraataque hasta que los ingleses, al mando del corsario sir Francis Drake, se retiraron de la ciudad y pusieron rumbo a Lisboa. Felipe II reconoció el valor de María, le concedió una pensión y le dio el título de "soldado aventajado".

Piletes/Creative Commons

Anne Bonny

Nacida en Irlanda en 1698, Anne Bonny, nacida Cormac, fue fruto del adulterio de su padre con una criada. La familia marchó a Charleston, en Carolina del Sur, para huir de las habladurías. Anne era una joven a la que le gustaban las armas y los caballos. Se enamoró de James Bonny, un expirata con el que se casó y la pareja fue a vivir a las Bahamas. Allí Anne conoció a Jack Rackham, un famoso pirata, con quien se fugó a bordo del buque Revenge. Junto a Rackham, Anne participó en numerosos abordajes piratas y se distinguió en la lucha como cualquier otro miembro masculino de la tripulación. Al final, fueron hechos prisioneros. Jack Rackham fue ahorcado, pero Anne eludió varias veces la condena a muerte, y se cree que vivió hasta los 84 años en Carolina del Sur.

Torana/ Creative Commons.

Hannah Snell

Nació en 1723 en Worcester (Inglaterra) y en 1744 se casó con James Summs. Su marido la abandonó cuando estaba embarazada y, tras dar a luz a una niña que murió poco después, Hannah se vistió de hombre, adoptó el nombre de James Gray y fue en busca de su esposo. Tras enterarse de que había sido ejecutado acusado de asesinato, Hannah siguió haciéndose pasar por hombre y se enroló en la Marina británica como cocinero. En la India, participó junto con sus compañeros en los combates contra los franceses, siendo herida en numerosas ocasiones, aunque no de gravedad. Tras cuatro años fue ascendida a teniente. Al llegar a Londres, reveló su secreto a sus compañeros, quienes alabaron su valentía. Recibió una pensión anual como reconocimiento a sus logros militares.

Creative Commons

Agustina de Aragón

El 15 de junio de 1808, durante el primer sitio de Zaragoza, en el transcurso de la invasión napoleónica, Agustina, una joven nacida en Reus, pero que había acompañado a su marido, cabo de artillería, a Zaragoza, llevó a cabo la acción que la hizo célebre. Tras haber caído los defensores de la puerta del Portillo, las tropas francesas se prepararon para tomarla al asalto. Entonces Agustina tomó la mecha de manos de un artillero herido y logró disparar un cañón sobre los franceses, que se batieron en retirada. La leyenda cuenta que, enterado el general Palafox de tal hazaña, concedió a la joven el distintivo de subteniente. Al parecer, Palafox, en efecto, admitió a Agustina en el cuerpo de artilleros, pero como artillero raso.

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