Mostrando entradas con la etiqueta Esparta. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Esparta. Mostrar todas las entradas

domingo, 22 de enero de 2023

EL FIN DEL IMPERIO LACEDEMONIO: Tebas, la gran rival de Esparta

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Antigua Grecia, estaba constituida por grandes ciudades como: Atenas, Esparta, Tebas y otras más, y se establecían pactos entras ellas que en determinados tiempos eran amigos o rivales, eran continuos los cambios de las alianzas según la dinámica de los movimientos de los líderes políticos, que algunos eran monárquicos - oligárquicos  y otros demócratas; justamente Tebas integrante de la Liga de Beocia, de que no era una cuidad de aprecio para Atenas, que era una aliada de Esparta su rival, y los ejércitos espartanos eran considerados como los mejores del mundo y sobre todo eran invencibles.
Pero en año 371 a.C., el ejército tebano que estaba de enemigo de Esparta, logró una aplastante victoria contra Esparta, en la famosa Batalla de Leuctra y convirtió a Tebas en hegemónica, bajo el mando del genial militar y político Epaminondas y su amigo Pelópidas.  .... siga leyendo......................

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/la-batalla-de-leuctra-tebas-contra-esparta_18902

En el año 371 a.C. el ejército tebano logró una aplastante victoria sobre la hasta entonces invencible Esparta. La batalla de Leuctra fraguó la hegemonía de Tebas sobre Grecia, bajo el mando de un genial militar y político: Epaminondas


El final de un héroe. Este óleo, de Isaak Walraven (1726), muestra al general tebano Epaminondas en su lecho de muerte tras haber sido herido en la batalla de Mantinea.

Foto: Wikimedia 


Campañas tebanas y espartanas (382-362 AC). Mapa
https://arrecaballo.es/edad-antigua/los-griegos/batalla-de-leuctra-371-ac/#



Epaminondas (en griego: Ἐπαμεινώνδας, Epameinondas; h. 418 a. C.-362 a. C.) fue un general y político griego del siglo IV a. C., quien convirtiera la polis de Tebas en la nueva potencia hegemónica de Grecia, sustituyendo a Esparta.

Epaminondas redibujó el mapa político de Grecia, fragmentó antiguas alianzas, creó nuevas y supervisó la construcción de ciudades enteras. También tuvo gran influencia militar, inventando e implementando diversas y muy importantes tácticas de batalla. Antes de su mandato, Tebas se encontraba en una situación de dominio espartano. Epaminondas logró mejorar la capacidad militar de Tebas para situarla en una posición preeminente dentro de la política de Grecia, creando lo que se conocería como la hegemonía tebana. En el proceso acabó con la supremacía militar espartana en la batalla de Leuctra y liberó a los ilotas de Mesenia, un grupo de griegos del Peloponeso que habían sido reducidos a la servidumbre bajo el dominio de Esparta durante unos 200 años.

El orador romano Cicerón le llamó el primer hombre de Grecia, si bien Epaminondas ha caído en una relativa oscuridad en los tiempos modernos. Los cambios que Epaminondas llevó al orden político griego no le sobrevivieron mucho tiempo, dado que el ciclo de hegemonías y alianzas todavía no se había estabilizado. Tan solo 27 años después de su muerte, Tebas fue destruida por Filipo II de Macedonia, batalla en la que también participó su hijo Alejandro Magno. Por todo ello, Epaminondas no es recordado tanto como un idealista y liberador (como se le vio en su tiempo), sino por una década de campañas (desde 371 hasta 362 a. C.) que dieron forma y fuerza a los grandes poderes de Grecia y que pavimentó el camino para la posterior conquista macedonia.                                          https://es.wikipedia.org/wiki/Epaminondas


Pelópidas
Fue miembro de una distinguida familia y dueño de una considerable fortuna que gastaba en sus amigos mientras que él se dedicaba a llevar la vida de un atleta. En 384 a. C. sirvió en un contingente tebano enviado para ayudar a los espartanos en Mantinea, y fue en esa batalla en la que fue herido peligrosamente y salvado por Epaminondas.

En la época en la que los espartanos tomaron la ciudad de Tebas (383 o 382 a. C.), huyó a la ciudad de Atenas y dirigió una conspiración para liberar su ciudad. En 379 a. C. su partido atacó por sorpresa, asesinó a sus oponentes políticos y levantó al pueblo contra la guarnición espartana que quedaba en la ciudad. La guarnición se rindió al ejército que Pelópidas había logrado reunir.

En este y en los siguientes años fue elegido beotarca, y alrededor del año 375 a. C. logró vencer a una fuerza espartana más grande en Tegira (cerca de Orcómeno). La victoria la obtuvo principalmente gracias al valor del Batallón Sagrado de Tebas, un cuerpo de élite de 300 soldados profesionales.

En la batalla de Leuctra (371 a. C.) contribuyó en gran medida al éxito de las nuevas tácticas de Epaminondas gracias a la velocidad que logró imprimir al Batallón Sagrado a la hora de lanzarse al enfrentamiento con los espartanos.

En 370 a. C. acompañó a su amigo Epaminondas en su marcha en la exitosa campaña en el Peloponeso. A su retorno, sin embargo, ambos fueron acusados de haber retenido su cargo más allá del plazo legalmente establecido, aunque la acusación no prosperó.
https://es.wikipedia.org/wiki/Pel%C3%B3pidas


José María Candau, catedrático de filología griega de la Universidad de Sevilla

Actualizado a 


La ciudad de Tebas estaba situada en el centro  de Beocia, en un punto que satisfacía las condiciones que antiguamente se consideraban idóneas para el emplazamiento de una ciudad: alejada del mar y protegida en tres de sus flancos por las elevaciones del terreno. Dominaba la fértil llanura del norte de Beocia, fuente de su abastecimiento, y controlaba las principales vías de la región. La acrópolis tebana llevaba el nombre de «Cadmea», en honor al mítico fundador de la ciudad, Cadmo, hermano de Europa y esposo de Harmonía. 

Los beocios pertenecían al linaje eolio, una de las cuatro agrupaciones étnicas y dialectales en que se dividían los griegos de época clásica. Su territorio comprendía dos amplias zonas costeras, dotadas de buenos puertos, con salida a los golfos de Eubea (al noreste) y Corinto (al suroeste). Pese a ello, y pese al hecho de que ningún punto de Grecia central dista de la orilla del mar más de 60 kilómetros, Beocia era una tierra fundamentalmente campesina. Las comunidades beocias se caracterizaban por una nítida contraposición entre la nobleza dominante, cuyos miembros eran los únicos ciudadanos con plenos derechos, y la gran masa de la población, carente de derechos políticos.


Edipo, rey mítico de Tebas, ante la esfinge. Crátera del siglo V a.C. Colección Estatal de Antigüedades, Múnich.

Foto: Wikimedia Commons

Posiblemente, la combinación de ambas circunstancias –vocación agrícola y rígida estratificación social– influyó en la reputación de grosería y rusticidad que la tradición literaria griega atribuía a los habitantes de la zona. Aún hoy, el diccionario de la Real Academia Española define con los términos «ignorante, estúpido, tonto» el sentido figurado del adjetivo «beocio». A dicha reputación debió contribuir, asimismo, la propaganda hostil desplegada por Atenas, enemiga ancestral de Beocia. 

Históricamente, el ascenso político de Tebas estuvo unido a la constitución, bajo su liderazgo, de la Liga Beocia, una federación integrada por las ciudades de la zona y dotada de instituciones y órganos de gobierno comunes, que se construyó en un lento proceso que culminó a finales del siglo VI a.C. A la cabeza de la Liga, Tebas mantuvo una dura pugna con Atenas por la posesión de la estratégica ciudad de Platea y luego, durante las guerras médicas, acabó por aliarse con los persas, lo que le valió ser acusada de traición a la causa helénica y mermó seriamente su prestigio y su liderazgo sobre Beocia. 

TEBAS CONTRA ESPARTA 

La guerra del Peloponeso (431-404 a.C.) brindó a Tebas la oportunidad de recuperar su importancia política. Aliados de Esparta, los tebanos contribuyeron decisivamente a la derrota final de Atenas. Las fuentes clásicas aseguran, incluso, que al final de la contienda los tebanos exigieron la destrucción total de su antigua rival, aunque Esparta no accedió, temerosa de una cada vez más poderosa Tebas. 

Pero en el período de hegemonía espartana, iniciado en el año 404 a.C., la política tebana estuvo marcada por continuos cambios de alianzas en el exterior y por las constantes luchas entre facciones en la ciudad. Cabe decir, sin embargo, que Atenas apoyó frecuentemente la causa tebana, ya que Esparta representaba ahora el enemigo principal. La llamada paz de Antálcidas (386 a.C.) marcó un punto de inflexión importante en tal enemistad. Con la excusa de preservar la independencia de las ciudades griegas, la hegemónica Esparta impuso unas condiciones que, en la práctica, sino formalmente, suponían el desmantelamiento de la Liga Beocia y el dominio absoluto de los espartanos en la zona.


Atenas y los tebanos. Los atenienses no perdonaban a los tebanos su ayuda a Esparta durante la guerra del Peloponeso. Arriba, la acrópolis de Atenas.

Foto: iStock

La pugna exterior se había trasladado, mientras tanto, al interior de la política tebana. Dos facciones se turnaban en el poder: la de tendencia democrática, apoyada por Atenas, y la de orientación oligárquica. En el año 382 a.C., un ejército espartano, apoyado por la facción oligárquica, entró en Tebas, se apoderó de su acrópolis, la Roca Cadmea, y ejecutó o encarceló a los dirigentes democráticos que no pudieron huir. La ciudad, gobernada por los oligarcas, debió soportar que se estableciera en ella una guarnición espartana. 

Unos trescientos miembros de la facción democrática buscaron refugio en Atenas y fueron ellos quienes, con apoyo ateniense, llevaron a cabo una gesta que se hizo famosa en la historia griega: la liberación de Tebas y la expulsión de la guarnición espartana. El episodio ocurrió en el año 379 a.C., y entre los liberadores estuvo Pelópidas, amigo y aliado de Epaminondas. 

Desde ese momento, Tebas, enfrentándose continuamente a Esparta, fue afirmándose y reforzando cada vez más su liderazgo en la Liga Beocia. El momento decisivo llegó en julio de 371 a.C. con la batalla de Leuctra. La derrota que allí sufrió el ejército espartano marcó el inicio de la hegemonía tebana y la entrada en escena de su figura principal, Epaminondas. 

EPAMINONDAS, LÍDER DE TEBAS 

Hasta la batalla de Leuctra, pocos datos de la vida de Epaminondas se conocen con seguridad. Nació en fecha que desconocemos dentro de una familia noble. Las fuentes insisten en que recibió una esmerada educación tanto en música y danza como en atletismo y lucha –actividad tradicionalmente cultivada en Tebas– y en filosofía, campo éste en el que las enseñanzas de su maestro, el pitagórico Lisis de Tarento, le marcaron profundamente.

La tradición antigua, altamente encomiástica respecto a Epaminondas, presenta su formación como una especie de prólogo o explicación al catálogo de sus numerosas virtudes: patriotismo, generosidad, ascetismo, integridad, lealtad hacia sus amigos (especialmente Pelópidas), capacidad oratoria, dominio de las artes guerreras... Cabe suponer que más tarde participó activamente en las reformas políticas y militares que debieron de producirse entre los años 379 y 371 a.C., y que acompañaron y facilitaron el fortalecimiento de Tebas y la reconstrucción de la Liga Beocia bajo el liderazgo tebano. Sólo esta participación explica su triunfal aparición en los años posteriores. 

Leuctra no constituyó sólo el principio de la hegemonía tebana. Fue también un acontecimiento militar de primer orden, en tanto que supuso el estreno de una notable innovación estratégica. El estratega que la diseñó fue Epaminondas, nombrado beotarca en el año 371 a.C. (los beotarcas eran los magistrados, con atribuciones políticas y militares, que dirigían los asuntos de la Liga Beocia durante el año en que eran elegidos para el cargo). En Leuctra, el ejército beocio adoptó la disposición táctica llamada «orden oblicuo», que rompía con la frontalidad de la alineación griega tradicional. Epaminondas, por una parte, colocó al sector más fuerte de su ejército, las tropas tebanas, en el ala izquierda, reforzado, además, por el famoso Batallón Sagrado, situado inmediatamente detrás y dirigido por Pelópidas. Y, por otra parte, ordenó que el centro y el ala derecha demorasen el avance, de suerte que su línea de ataque adoptó, desde el principio, un perfil escalonado.


Epaminondas salva la vida a Pelópidas durante el asedio de Mantinea. Ilustración de William Rainey perteneciente a las Vidas de Plutarco para Niños y Niñas, Londres 1910,

Foto: Wikimedia Commons


Gracias a ello obtuvo una victoria resonante sobre el ejército espartano, considerado la máquina militar más potente de su época; una victoria inesperada, ya que los efectivos enemigos eran superiores en número a las fuerzas de la Liga Beocia. Fue una victoria de enormes consecuencias, puesto que Esparta perdió de manera inmediata su posición dominante en Grecia central y en un breve plazo, su papel de potencia hegemónica en toda Grecia. 

A partir de este momento, la política tebana quedó en manos de Epaminondas, que, acompañado frecuentemente por Pelópidas, desempeñó el cargo de beotarca la mayoría de los años entre 371 y 362 a.C. La primera tarea a la que se enfrentó fue la consolidación de la Liga, con la anexión de aquellas ciudades beocias que habían ofrecido resistencia; las fuentes nos dicen que, en el cumplimiento de tal objetivo, Epaminondas actuó con eficacia, pero también aplicando un humanitarismo que cosechó grandes beneficios políticos. 

Al mismo tiempo se procedió a colmar el vacío de poder reinante en Grecia central tras el abandono de Esparta: la Liga tendió para ello una red de alianzas con los territorios de la zona, desde Fócide hasta Etolia. También entabló la paz con su vecino del norte, la poderosa Liga Tesalia; logro al que contribuyó decisivamente la muerte de Jasón de Feras, líder de dicha Liga. Pero fue en el Peloponeso donde más evidentes se hicieron la pérdida de poder espartano y el ascenso de la Tebas de Epaminondas. 

Tras Leuctra, las facciones democráticas de determinadas ciudades peloponesias, con Tegea y Mantinea a la cabeza, se alzaron contra los gobiernos oligárquicos sostenidos por Esparta. Pronto, algunas ciudades en las que triunfó el alzamiento se unieron para formar una nueva liga, la Liga Arcadia. El Peloponeso quedó dividido en dos bandos, uno de tendencia oligárquica, apoyado por Esparta, y otro de orientación democrática. Fue esta facción la que solicitó ayuda a los beocios. Tal petición conformó el marco en el que se desarrollaron las tres campañas del Peloponeso lideradas por Epaminondas entre 369 y 366 a.C. 

MANTINEA: EL FINAL DE UNA POTENCIA 

Fueron campañas victoriosas, en las que Esparta, si no pudo ser conquistada, sí fue humillada. El logro más tangible de los beocios fue la liberación de Mesenia –territorio sometido a Esparta y base económica del poder espartano– y la fundación allí de una nueva capital, Mesene. Al mismo fin contribuyó una segunda fundación, la de Megalópolis, en el sur de Arcadia, que se convertiría en un bastión esencial en la lucha contra una Esparta que nunca volvió a ser la potencia hegemónica de Grecia. Las victorias de Epaminondas revelaron su genio militar y confirmaron las virtudes del ejército beocio. 

Pero los acontecimientos de esos años también mostraron las debilidades de la política tebana. Hubo, en primer lugar, importantes apoyos externos para Esparta, entre ellos el de Atenas, que, inquieta ante la perspectiva de una Tebas excesivamente fuerte, pactó con la declinante potencia espartana ya en 369 a.C. Por otra parte, los dirigentes tebanos se mostraron incapaces de aprovechar sus éxitos militares para la creación de organismos e instituciones que garantizasen la solidez de sus alianzas. La Liga Beocia, acaudillada por Tebas, era vista como la liberadora de los estados griegos.

La paz con Corinto. En 365 a.C., Corinto, aliada de Esparta en la Liga del Peloponeso, firmó la paz con Tebas, cambiando de bando. Arriba, templo de Apolo en Corinto. Siglo VI a.C.

Foto: iStock


Su organización federal de base democrática constituía un atractivo modelo para las comunidades que buscaban su apoyo. Y esa atracción era tanto mayor cuanto que los gobernantes beocios, con Epaminondas a la cabeza, desplegaron considerables dosis de moderación en el trato con sus nuevos socios. Pero los líderes tebanos ni siquiera intentaron la creación de instrumentos de deliberación colectiva que encauzasen la política común o resolviesen los conflictos entre los aliados. Algo que los poderes hegemónicos anteriores, Esparta y Atenas, sí supieron hacer. 

Tal debilidad se puso de manifiesto a raíz de la disputa en torno a la posesión del territorio de Trifilia, que acabó por dividir la Liga Arcadia en dos bloques. Ni Epaminondas ni los representantes beocios lograron reconciliar a ninguna de las partes, por lo que en el año 362 a.C. las fuerzas de Beocia y sus aliados –entre ellos, determinadas ciudades arcadias– se enfrentaron, bajo el mando de Epaminondas, al bloque formado por otras ciudades arcadias y contingentes procedentes de Atenas, Esparta y diversas comunidades griegas.

 


La muerte de Epaminondas en un óleo de Franciszek Smuglewicz pintado en 1797. Museo Nacional, Varsovia.

Foto: Wikimedia Commons


Fue la decisiva batalla de Mantinea, en la que el genio militar de Epaminondas volvió a brillar con fuerza. La acción combinada de la caballería y la infantería tebanas logró romper la línea de los espartanos, y toda la falange enemiga emprendió la huida. Pero en el transcurso de la batalla, Epaminondas resultó mortalmente herido, y lo que habría podido ser un aplastante triunfo de Tebas frente a sus enemigos se convirtió en el principio del fin de su hegemonía sobre Grecia. 

El historiador Jenofonte concluía así su relato de la batalla de Mantinea: «Y aunque cada uno afirmó que había vencido, ninguno de los dos se vio con más territorio, ciudades o poder que antes de que ocurriera la batalla; pero confusión y desorden, sí se dieron en Grecia con mayor intensidad después de la batalla que antes».

Pese a la pérdida de influencia de Tebas, en las décadas siguientes la ciudad siguió siendo una potencia importante hasta la batalla de Queronea (338 a.C.), cuando el ejército tebano fue masacrado por las tropas macedonias al mando del rey Filipo II. Dos años más tarde, Alejandro Magno, su hijo, arrasó la ciudad. Ello no supuso su desaparición, pues Tebas continuó existiendo e incluso llegó a ser, ya en época bizantina, la ciudad con más peso de Grecia central. Pero su papel como gran potencia en la Grecia clásica había concluido, ciertamente, en Mantinea. 

El primer hombre de Grecia 

Los autores grecorromanos no atribuyen a Tebas ni una constitución notable, ni una cultura capaz de forjar grandes modelos de actuación humana y líderes políticos. Por eso explican el período de hegemonía tebana como el fruto de la excepcional capacidad y las virtudes singulares de sus dos grandes líderes, Epaminondas, ante todo, y también Pelópidas. Los historiadores modernos destacan, por su parte, que Tebas ni siquiera intentó convertir su prestigio y sus alianzas con otros estados en algo permanente, en una estructura reglamentada y sólida. Pues los tebanos se limitaron a dejar su política y sus relaciones externas a un puñado de líderes capaces, y una hegemonía basada en fundamentos tan frágiles, personales y desorganizados no podía durar. 

Lo más singular de la hegemonía tebana fue la habilidad de Epaminondas (así como la de Pelópidas) para extraer de victorias puramente militares una autoridad política y un liderazgo sobre Grecia que duró más de diez años. Es curioso que antiguos y modernos coincidan en concebir a Epaminondas –el «primer hombre de Grecia», princeps Graeciae, al decir de Cicerón– como la causa fundamental del período en que Tebas rigió los destinos del mundo griego. 

para saber más

Comparable with the Dot-Band Class - ABV 483 extra - woman between hoplites - hoplites - Rhodos AM 12330 - 03

LA EXPEDICIÓN DE SICILIA: LA PEOR DERROTA DE ATENAS EN LA GUERRA DEL PELOPONESO

Leer artículo


NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

martes, 2 de marzo de 2021

AÑO 430 A.C.: La peste, la epidemia que asoló Atenas en plena guerra

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la antigua Grecia, cuna de la civilización occidental, con su capital Atenas siempre estuvo en guerras, y precisamente cuando estaba peleando contra Esparta, en 430 a.C., fue víctima de una epidemia, llamada: La Peste, que diezmó la cuarta parte de su población; era una epidemia desconocida por los médicos que caían contagiados sin saber como tratarla..............

La peor epidemia que sufrió la Antigua Grecia fue sin duda el brote de peste que asoló la ciudad de Atenas durante el siglo V a.C. La medicina de la época no pudo poner freno a esta terrible plaga que terminó con las vidas de una cuarta parte de los habitantes de la ciudad.

Funeral de Pericles (429 a.C)

Foto: CC.

En el 430 a.C. Atenas se encontraba enzarzada en una lucha sin cuartel con Esparta por el control de toda Grecia, las llamadas Guerras del Peloponeso. La imponente flota ateniense dominaba el mar, donde el político Pericles había conquistado un extenso imperio repartido por todas las islas del Egeo. En tierra, sin embargo, predominaba el control de los espartanos, que habían llegado hasta la misma Atenas con un numeroso ejército.

Los atenienses se refugiaron confiadamente tras las murallas mientras el enemigo devastaba los campos del Ática. Gracias a que el suministro de grano y las comunicaciones atenienses estaban asegurados por las naves de guerra, la ciudad se podía permitir el lujo de permanecer bajo asedio durante años y atacar mientras tanto las costas enemigas con impunidad.

Con lo que no contaban era conque una de las naves de transporte, procedente de Egipto, traería consigo una mortal enfermedad que arrasaría la ciudad y debilitaría a su ejército y flota durante el resto de la guerra.

LA EPIDEMIA SE DESATA

De repente, los médicos atenienses empezaron a documentar los primeros casos de una nueva enfermedad. Estos fueron diagnosticados, como ha sucedido numerosas veces en la historia, entre los marineros y descargadores del muelle, que en un principio culparon de ello a un supuesto envenenamiento espartano de las reservas de agua. Pronto, la enfermedad llamó a las puertas de Atenas, donde se cebó con la masa formada por los ciudadanos y los refugiados llegados a causa del conflicto bélico.

Los casos empezaron a multiplicarse de forma alarmante: viejos y jóvenes caían por igual víctimas de los síntomas imparables de la plaga ante la impotencia de sanadores y sacerdotes, que nada podían hacer para salvar a los infectados ni para prevenir nuevos contagios. Los mismos templos se llenaron pronto de enfermos que suplicaban a los dioses que los libraran del terrible mal, y se convirtieron así en auténticos focos de contagio que eran rehuidos por los que todavía se encontraban sanos.

El historiador Tucídides fue víctima de la plaga, y precisamente gracias a él ha llegado hasta la actualidad un desgarrador relato de lo sucedido. Según su testimonio, la enfermedad acabó en pocos días con todos los médicos de la ciudad, pues “ignorantes como eran de la manera apropiada de tratarla, […] caían ellos mismos a montones”.

Los contagiados quedaron así totalmente desatendidos, sus familiares y amigos evitaban el contacto por temor a infectarse, y las pocas almas caritativas que acudían en su ayuda acaban por caer víctimas de la enfermedad, con lo que contribuían a su mayor y más rápida expansión por la ciudad.


Estatua del filósofo griego Thukydides tallada por Theophilus Hansen (1813-1891) frente al Parlamento de Austria.  

Foto: iStock.

Ignorantes como eran de la manera apropiada de tratarla, […] caían ellos mismos a montones”, explicó Tucídides.

UNA ENFERMEDAD ATROZ

Las primeras señales del contagio eran una ardiente fiebre acompañada de la irritación de cuello y lengua que, según cuenta Tucídides, producían “un aliento fétido y antinatural”. Les seguían vómitos y arcadas que, en consecuencia, dejaban al paciente sin fuerza y postrado en la cama. La peor fase de la enfermedad se iniciaba con la aparición de úlceras por todo el cuerpo, junto con una subida todavía más acentuada de la temperatura corporal que impulsaba al enfermo a desprenderse de toda la ropa. El dolor provocado por las úlceras y el malestar generado por la fiebre les impedía dormir, por lo que tampoco podían encontrar alivio a su sufrimiento en el sueño.

Uno de los efectos más característicos de la pestilencia era la insoportable sed que llevaba a muchos a beber de manera desenfrenada, algunos incluso “se arrojaban a las cisternas de agua en sus agonías provocadas por una sed insaciable”. Sin embargo, esta sensación de continua deshidratación nunca era saciada.

El episodio final, a partir del séptimo día de iniciarse la enfermedad, consistía en la ulceración del estómago, que derivaba en diarreas, la imposibilidad de digerir los alimentos y una debilidad que para muchos era letal. La gangrena aparecía en las manos y pies de algunos de los contagiados, por lo que muchos perdieron algún dedo de sus extremidades antes de sucumbir a la plaga. Los pocos que conseguían superar esta fase final conseguían recuperarse, pero llevaban para siempre las marcas de la enfermedad en forma de cicatrices causadas por las úlceras.

Tradicionalmente se ha identificado esta dolencia con un brote de Peste Bubónica, pero en base al estudio de los síntomas y la progresión de la enfermedad, ciertos investigadores actuales la han concluido que también podría deberse a una epidemia de viruela o incluso de tifus.

para saber más



CAOS EN ATENAS

La arbitrariedad de una plaga que golpeaba a jóvenes y viejos, fuertes y débiles, y ricos y pobres hizo cundir el pánico entre la población, que no podía hallar refugio ni escapar de una ciudad que se encontraba bajo asedio. Los pobres se convertían en ricos por la muerte de sus parientes, y los padres debían enterrar a sus hijos antes de tiempo para seguirles poco después en la muerte.

El inusitado número de cadáveres colapsó totalmente los servicios funerarios. Con la ciudad cercada por los espartanos la leña escaseaba y los ciudadanos se vieron obligados a luchar entre ellos por el combustible para la pira de sus difuntos, hubo quien directamente echó a sus muertos a la hoguera del vecino o simplemente los abandonó en la calle.

Sin esperanza y con la constante amenaza de la muerte sobre sus cabezas, los atenienses se entregaron al desenfreno y al despilfarro para aprovechar la poca vida que les quedara. Tucídides nos cuenta que “los hombres hacían ahora lo que querían, aventurándose sin miedo a hacer durante el día y a la vista de todo el mundo lo que antes habían hecho en una esquina”. El respeto a los dioses y a las leyes desapareció, pues los ciudadanos creían que el dios de la medicina, Apolo, los había maldecido, y que aunque cometieran un crimen no llegarían con vida al día del juicio final.

La muerte a causa de la enfermedad del principal instigador del enfrentamiento con Esparta, Pericles, llevó a muchos a preguntarse si los dioses no les habrían enviado esta plaga como castigo por haber iniciado una guerra injusta. Muchos empezaron a plantear la posibilidad de que lo mejor sería rendirse a los espartanos. Pese al gran número de muertos, este sentimiento pacifista no prosperó, con lo que el conflicto se alargó otros 26 años más.

Los pobres se convertían en ricos por la muerte de sus parientes, y los padres debían enterrar a sus hijos antes de tiempo para seguirles poco después en la muerte.

TRAS LA PESTE

El impacto de la enfermedad fue muy superior al que habría tenido en época de paz, pues la ciudad se encontraba atestada de campesinos que se había trasladado a la polis en busca de refugio y que se convirtieron en sus víctimas principales. Los templos y campamentos en los que se asentaban estos exiliados pronto se llenaron de muertos, abandonados por el estado para pudrirse.

Se calcula que entre 70.000 y 100.000 personas murieron durante las dos oleadas de la epidemia que se produjeron en el 430 y el 427 a.C. El poder militar de Atenas se vio considerablemente mermado, hasta el punto de que el ejército no pudo llevar a cabo operaciones de envergadura durante quince años. Si bien los atenienses consiguieron algunas victorias contra Esparta, la pérdida de tantos marineros y soldados les impidió aguantar y se rindieron en el 404 a.C. tras la derrota de Egospótamos.

para saber más

Grandes pandemias de la historia

Grandes pandemias de la historia

Leer artículo



TEMAS RELACIONADOS

Grecia Antigua

 

Epidemias

 

Guerras


NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

viernes, 2 de agosto de 2019

GRECIA : ESPARTA .- NATIONAL GEOGRAPHIC .- La batalla de las Termópilas: los héroes de Esparta

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., todos hemos escuchado o leído en la historia universal la famosa batalla de las Termópilas, un paso angosto donde el Rey Leónidas y 300 espartanos se enfrentaron al poderoso ejército invasor persa a órdenes del Rey Jerjes I.
Dice la historia que un puñado de combatientes helenos al mando del rey espartano Leónidas detuvieron por tres días el avance del poderoso ejército persa contribuyendo a la salvación de Grecia.
NATIONAL GEOGRAPHIC .- narra : "Reunidas todas las naciones de Asia en su ejército, Jerjes I comandó sus tropas hasta Grecia. Mientras, oscuros presagios –un eclipse, una tempestad o el imposible parto de una mula– anunciaban desgracias y muchos pensaron que el Gran Rey había insultado a los dioses al lanzar la invasión. Ajeno a ello, el monarca condujo sus tropas hasta el norte de Grecia donde un angosto sendero discurría entre las montañas y el mar. El desfiladero que separaba a Jerjes de Grecia recibía el nombre de Termópilas, «Puertas Calientes», a causa de las aguas termales que brotaban en sus inmediaciones. Era el lugar donde, según el mito, había muerto el legendario Heracles y se lo consideraba la entrada a Grecia. Corría el mes de agosto del año 480 a.C..."


En este mapa se pueden observar los avances griegos y persas hacia las Termópilas y Artemisio. Las líneas sobre el mar marcan las líneas de abastecimiento persa, combatidas por la flota Ateniense.

Batalla de las Termópilas

La batalla de las Termópilas tuvo lugar durante la Segunda Guerra Médica; donde una alianza de las polis griegas lideradas por Esparta (por tierra), y Atenas (por mar), se unieron para detener la invasión del Imperio persa de Jerjes I. El lapso de la batalla se extendió siete días, siendo tres los días de los combates. Se desarrolló en el estrecho paso de las Termópilas (cuyo nombre se traduce por 'Puertas Calientes' - de θερμός,-ή,-όν 'caliente' y Πύλη,ης 'puerta'; derivada de los manantiales cálidos que existían allí), en agosto o septiembre de 480 a. C.
Enormemente superados en número, los griegos detuvieron el avance persa, situándose estratégicamente en la parte más angosta del desfiladero (se estima 10 a 30 metros), por donde no pasaría la totalidad del poderío persa. En esas mismas fechas tenía lugar la batalla de Artemisio, donde por mar los atenienses combatían a la flota de provisiones persas.
La invasión persa fue una respuesta tardía a la derrota sufrida en el 490 a.C. en la Primera Guerra Médica, que había finalizado con la victoria de Atenas en la batalla de Maratón.
Jerjes reunió un ejército y una armada inmensas para conquistar la totalidad de Grecia, que conforme a las estimaciones modernas estaría compuesto por unos 250 000 hombres (más de 2 millones, según Heródoto). Ante la inminente invasión, el general ateniense Temístocles propuso que los aliados griegos bloquearan el avance del ejército persa en el paso de las Termópilas, a la vez que detenían a la armada persa en el estrecho de Artemisio.
Un ejército aliado formado por unos 7000 hombres, aproximadamente, marchó al norte para bloquear el paso en el verano de 480 a. C. El ejército persa llegó al paso de las Termópilas a finales de agosto o a comienzos de septiembre.
Durante una semana (tres días completos de combate), la pequeña fuerza comandada por el rey Leónidas I de Esparta bloqueó el único camino que el inmenso ejército persa podía utilizar para acceder a Grecia, en un ancho que no superaba los veinte metros (otras fuentes refieren cien metros). Las bajas persas fueron considerables, no así el ejército espartano. Al sexto día, un residente local llamado Efialtes traicionó a los griegos mostrando a los invasores un pequeño camino que podían usar para acceder a la retaguardia de las líneas griegas. Sabiendo que sus líneas iban a ser sobrepasadas, Leónidas despidió a la mayoría del ejército griego, permaneciendo allí para proteger su retirada junto con 300 espartanos, 700 tespios, 400 tebanos y posiblemente algunos cientos de soldados más, la mayoría de los cuales cayeron en los combates. Tras el enfrentamiento, la armada aliada recibió en Artemisio las noticias de la derrota en las Termópilas. Dado que su estrategia requería mantener tanto las Termópilas como Artemisio, y ante la pérdida del paso, la armada aliada decidió retirarse a Salamina. Los persas atravesaron Beocia y capturaron la ciudad de Atenas, que previamente había sido evacuada. Con el fin de alcanzar una victoria decisiva sobre la flota persa, la flota aliada atacó y derrotó a los invasores en la batalla de Salamina a finales de año.
Temiendo quedar atrapado en Europa, Jerjes se retiró con la mayor parte de su ejército a Asia, dejando al general Mardonio al mando de las tropas restantes para completar la conquista de Grecia. Al año siguiente, sin embargo, los aliados consiguieron la victoria decisiva en la batalla de Platea, que puso fin a la invasión persa.
Tanto los escritores antiguos como los modernos han utilizado la batalla de las Termópilas como un ejemplo del poder que puede ejercer sobre un ejército el patriotismo y la defensa de su propio terreno por parte de un pequeño grupo de combatientes. Así, el comportamiento de los defensores ha servido como ejemplo de las ventajas del entrenamiento, el equipamiento y el uso del terreno como multiplicadores de la fuerza de un ejército, y se ha convertido en un símbolo de la valentía frente a la adversidad insuperable.
WIKIPEDIA.

https://www.nationalgeographic.com.es/historia/batalla-termopilas-heroes-esparta_14501

Un puñado de combatientes helenos al mando del rey espartano Leónidas detuvieron durante tres días el avance del poderoso ejército persa contribuyendo a la salvación de Grecia

La batalla de las Termópilas
Este óleo de Jacques Louis David recrea los instantes anteriores al definitivo combate en el que los pocos centenares de hombres al mando de Leónidas perecerían defendiendo su posición en las Termópilas. En el centro, el diarca espartano rodeado de hombres que se abrazan ante la perspectiva de una muerte segura. Museo del Louvre, París.
FOTO: Erich Lessing / Album

El hoplita
El ejército griego estaba formado por ciudadanos-soldado (hoplitas) que defendían su libertad y se basaba en una formación de falange en la que era muy importante la solidaridad de sus miembros para protegerse unos a otros. Esta cerámica del siglo VI a.C. muestra a un hoplita bien armado, como los que lucharon en las Termópilas contra los persas.
FOTO: H. Lewandowski / RMN-Grand Palais

Atenas, el objetivo persa
Tras vencer a los griegos en las Termópilas, los persas continuaron hasta Atenas, que había sido evacuada por Temístocles, y la arrasaron totalmente. En la imagen, la Acrópolis. 
FOTO: M. Pignatelli / Fototeca 9x12

Los Inmortales, una tropa de élite
Los Inmortales eran la élite del ejército persa. Diez mil hombres que se iban sustituyendo a medida que caían, de ahí su nombre porque su número nunca menguaba. Este relieve de Persépolis muestra a algunos de ellos en formación. Siglo V a.C.
FOTO: Erich Lessing / Album

Hoplón
Era el escudo redondo típico del hoplita y del que deriva el nombre de la figura del ciudadano-soldado griego. Podía llevar un animal representativo de su ciudad.
FOTO: Gary Ombler / DK Images

Casco espartano
El armamento del hoplita espartano, el soldado más temido de Grecia, incluía un casco de bronce como éste.
FOTO: Luisa Ricciarini / Prisma Archivo

La armadura hoplita
Con base de cuero, estaba hecha de cáñamo y varias capas de lino para amortiguar los golpes.
FOTO: Gary Ombler / DK Images

De la derrota a la victoria
La batalla de las Termópilas terminó en una derrota anunciada, pero la resistencia espartana permitió al resto de los ejércitos de las ciudades griegas reorganizarse y obtener una victoria definitiva en la batalla naval de Salamina. Busto de Temístocles, el comandante que lideró la flota griega.
FOTO: Oronoz / Album

Un hoplita de Salamina
Esta escultura de un hoplita egineta formó parte del frontón del templo a Atenea que la ciudad de Egina erigió para conmemorar la victoria en Salamina.
FOTO: BPK / Scala, Firenze
Borja Antela

La batalla de las Termópilas: los héroes de Esparta

Malditos sean los que guardan las Termópilas». Esto debió de pensar Jerjes, el Gran Rey, señor del Imperio persa, al contemplar la tenaz resistencia de un puñado de griegos que, pese a su reducido número, conseguían frenar completamente a un ejército como nunca antes se había reunido. Unos pocos soldados bajo el mando del aguerrido rey Leónidas hacían frente a innumerables enemigos, sometiendo la voluntad del todopoderoso Jerjes y componiendo un ejemplo imborrable de valor y sacrificio. Jerjes había decidido conquistar y someter Grecia para vengar la vergonzosa derrota sufrida por su padre, Darío I, ante los atenienses en la batalla de Maratón librada diez años antes, en 490 a.C. Con este fin reunió un ejército inmenso, cuyos efectivos debían de oscilar entre 90.000 y 300.000 hombres. También remitió embajadores a las principales ciudades griegas, con un único mensaje: «Tierra y agua». La entrega de agua y tierra al Gran Rey suponía someterse a su poder, y algunos griegos lo hicieron. Pero no todos quisieron olvidar su libertad, y hubo quienes decidieron resistir hasta la victoria o el desastre. 

Reunidas todas las naciones de Asia en su ejército, Jerjes comandó sus tropas hasta Grecia. Mientras, oscuros presagios –un eclipse, una tempestad o el imposible parto de una mula– anunciaban desgracias y muchos pensaron que el Gran Rey había insultado a los dioses al lanzar la invasión. Ajeno a ello, el monarca condujo sus tropas hasta el norte de Grecia donde un angosto sendero discurría entre las montañas y el mar. El desfiladero que separaba a Jerjes de Grecia recibía el nombre de Termópilas, «Puertas Calientes», a causa de las aguas termales que brotaban en sus inmediaciones. Era el lugar donde, según el mito, había muerto el legendario Heracles y se lo consideraba la entrada a Grecia. Corría el mes de agosto del año 480 a.C.

Se organiza la resistencia

Una vez los griegos se vieron amenazados directamente por el vasto ejército llegado de Asia, nadie dudó de que el mando militar tenía que estar en manos de los espartanos. Los hombres de Esparta dedicaban su vida al entrenamiento constante de sus cuerpos para el combate. La agogé, la educación espartana, era un decálogo de supervivencia y esfuerzo con el que se adiestraba a los ciudadanos en el ejercicio de las armas. Por eso los espartanos eran llamados homoioi, "iguales", pues todos recibían la misma educación y tenían los mismos derechos.


Los griegos pusieron el mando militar en manos de los espartanos, que dedicaban su vida al entrenamiento militar
Hombres silenciosos y ajenos a la ostentación, los espartanos habían sido a lo largo de los últimos tiempos la gran autoridad en Grecia. Pero Esparta mantenía férreamente sus tradiciones y en aquellos momentos estaba celebrando las fiestas sagradas en honor del dios Apolo, las Carneias, durante las cuales estaba prohibido movilizar al ejército. En consecuencia, Leónidas, uno de los dos diarcas o reyes de Esparta, decidió tomar las riendas de la situación y someterse al juicio de la historia. Al no poder movilizar el ejército espartano para la guerra, convocó a los miembros de la guardia real y escogió entre ellos a quienes tenían hijos varones, con lo que aseguraba la supervivencia de sus familias si perecían en combate. Así reunió a trescientos espartanos, con los que se encaminó hacia el norte para frenar el avance del amenazador ejército enemigo.
De esta forma, cuando Jerjes llegó a las Termópilas, los griegos ya habían organizado allí la resistencia. Desde el Peloponeso habían venido periecos e ilotas, habitantes de las inmediaciones del territorio de Esparta, escogidos por Leónidas con sumo cuidado tanto por su valía como por su rectitud moral. Se les sumaron fuerzas provenientes de Tespia y Focea, así como algunos locrios; e incluso los beocios (los habitantes de la región de Tebas), de quienes ningún griego se fiaba entonces porque eran sospechosos de pactar con el enemigo, enviaron algunos escuadrones. De este modo, es probable que las fuerzas griegas ascendieran a unos 7.000 combatientes.
Cuando Jerjes llegó a las Termópilas, los griegos habían organizado la resistencia con unos 7.000 hombres
Aunque los espartanos estaban profundamente adiestrados en el combate en formación cerrada –la falange, constituida por los hoplitas, infantes pesadamente armados–, mientras que el resto de los griegos probablemente eran artesanos y campesinos poseedores de una panoplia (el armamento hoplítico) y reclutados en virtud de ello, aunque no forzosamente eran conocedores de los entresijos del combate. Había muchos hombres, sí. Pero muy pocos soldados.

La sorpresa del Gran Rey

La orografía del terreno era del todo propicia a los defensores, pues el estrecho sendero tenía una amplitud aproximada de unos 15 metros. Jerjes no creía que los griegos quisieran hacerle frente y esperó tres días confiando en que huirían en cualquier momento. Al cuarto día liberó su cólera y lanzó contra ellos sus tropas de medos y cisios. Se dieron órdenes para que los griegos fuesen capturados vivos. Los persas atacaron con decisión, fiados en su superioridad numérica. Sin embargo, pese a que sus caídos eran reemplazados inmediatamente por hombres de refresco, los guerreros comandados por Leónidas no parecían menguar en la misma proporción y cerraban con su falange el fondo del desfiladero. El combate se prolongó durante toda la jornada y al final de la misma los griegos seguían en pie. Había concluido el primer día de la batalla.
Al oponerse a los persas, los griegos vieron reforzada su creencia habitual de que los bárbaros eran todos unos esclavos, puesto que no eran realmente libres. En su opinión, los persas eran deudores de la voluntad de su amo, el Gran Rey, a quien estaban sometidos, y éste los enviaba al combate con completo desprecio de sus vidas; pero los griegos luchaban por convicción, defendiendo su forma de vida, que definían como resultado de la libertad. La pugna que oponía a unos y otros adquiría, así, a ojos de los griegos, un cariz universal al enfrentar a muchos esclavos contra muy pocos hombres libres. Las bajas entre los persas resultaban elocuentes a este respecto: los hombres libres eran superiores a los bárbaros.

El ejército de los hombres libres

El sistema de combate de los griegos se basaba en la falange, una formación compacta de hoplitas equipados con un casco, armadura, una lanza y un escudo redondo llamado hoplón (que daba nombre al hoplita). Cada soldado protegía a su compañero con su escudo mientras avanzaban hacia el enemigo. La falange de Leónidas era una unidad de combate firme, en una roca inamovible en la que venían a estrellarse las continuas oleadas de hombres enviados por Jerjes.
La falange griega era una unidad de combate firme basada en la solidaridad de los hoplitas que la integraban
Por el otro lado, los persas contaban con la desventaja de un equipo defensivo mucho más ligero y vulnerable y con el hecho de no poder desplegar su temible caballería debido a la orografía del terreno. Así que al segundo día, Jerjes decidió emplear a su tropa de élite, los Inmortales, diez mil hombres pertrechados con un equipo mucho más completo que el resto de la infantería persa. Pero la lucha volvió a provocar incontables bajas entre los persas y su grandioso ejército siguió estancado, incapaz de superar al pequeño grupo de enemigos apostado en el paso.

Traición y derrota

Entonces intervino en la contienda un agente inesperado. Al atardecer de la segunda jornada de lucha, un griego, Efialtes, habló a Jerjes de una senda secreta que permitía rodear la posición de los griegos y salvar el paso defendido por Leónidas. Los persas marcharon toda la noche y hacia el alba llegaron al lugar, que tomaron tras una refriega con el grupo de focenses apostado en el lugar para su defensa.
Los augurios y algunos vigias focenses corroboraron a Leonidas a primera hora del tercer día que la muerte estaba muy cerca. El diarca espartano licenció a la mayoría de los hombres a su mando y se quedó tan sólo con los 300 espartanos y varios voluntarios que decidieron compartir el destino del rey.
Mientras los aliados se retiraban para avisar del avence persa y ayudar en la defensa de sus ciudades, Leónidas y sus hombres quedaron en las Termópilas aguardaron el fin con serenidad. Esa misma mañana, Jerjes mandó cargar a sus hombres para desalojar el paso. Como respuesta, los griegos abandonaron la posición defensiva y salieron a campo abierto buscando el encuentro definitivo con la muerte. La batalla se volvió muy cruenta y perecieron más griegos allí que en los combates de los días anteriores. Con ellos cayó también una gran cantidad de persas. Los griegos luchaban con la furia de quien no alberga esperanza alguna. Con sus armas abolladas, rotas las lanzas, siguieron combatiendo espada en mano. La fiera determinación de los griegos era tal que Jerjes decidió acabar con los supervivientes mediante una lluvia de flechas para evitar que las bajas en su ejército siguiesen en aumento. Leónidas y sus hombres lucharon hasta el último aliento.
El cadáver del rey espartano sería cruelmente mutilado por los persas, quienes cortaron su cabeza para colgarla de un palo. Al fin y al cabo, Leónidas era, a sus ojos, responsable de la muerte de miles de sus compañeros. Pero él y sus hombres pasaron a ser, por su sacrificio, héroes imperecederos, símbolos del valor y de la entrega, y alcanzaron la eternidad de la gloria. La gloria de aquellos que guardan las Termópilas.

Para saber más

La batalla de las Termópilas. Dos crónicas de la Antigüedad. Herodoto y Diodoro Sículo. RBA, 2009.
Termópilas, la batalla que cambió el mundo. Paul Cartledge. Ariel, Barcelona, 2008.
Inscríbete en el Foro del blog y participa : A Vuelo De Un Quinde - El Foro!

Mi lista de blogs