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Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos entrega un reportaje del nacimiento del estado más pequeño del mundo que es: La Ciudad del Vaticano y eso fue posible gracias a los Pactos de Letrán, firmados por el Secretario de Estado cardenal Pietro Gasparri en nombre de la Santa Sede y el primer ministro italiano Benito Mussolini a nombre del rey Víctor Manuel III y se firmó el 11 de febrero de 1,929........ siga leyendo.......
El Vaticano fue un Estado soberano durante siglos, pero perdió su independencia durante el proceso de unificación de Italia. La recuperó en 1929, gracias a un controvertido pacto con el régimen fascista.
Los Pactos de Letrán o Pactos lateranenses fueron una serie de acuerdos firmados el 11 de febrero de 1929 por el cardenal Pietro Gasparri, en nombre del papa Pío XI, y por el primer ministro de Italia, Benito Mussolini, en nombre del rey Víctor Manuel III.[2] Significaron la independencia política de la Santa Sede del Reino de Italia como Estado soberano, así como el restablecimiento pleno de las relaciones entre los representantes de Italia y de la Iglesia católica, rotas desde 1870.
Hoy damos por sentado que el Vaticano es un Estado soberano, el más pequeño del mundo y con la particularidad de tener al papa como jefe de Estado. Pero esta peculiar entidad política no ha existido desde siempre: de hecho, su independencia no se formalizó hasta 11 de febrero de 1929, tras décadas de conflicto entre la Iglesia y el joven reino de Italia.
Durante la Edad Media y hasta finales del siglo XIX, los papas no solo habían sido líderes espirituales, sino también soberanos terrenales. Desde la época medieval, gobernaban directamente un extenso territorio conocido como los Estados Pontificios, que ocupaba gran parte del centro de la península itálica. Esta situación otorgaba al pontífice una notable influencia y poder político, además de una riqueza derivada del control directo o indirecto de importantes ciudades italianas. Cuando el Reino de Italia comenzó a tomar forma y la península Itálica fue unificándose bajo la dinastía Saboya, los Estados Pontificios se convirtieron en un objetivo simbólico tan importante como difícil. Por una parte, obtener el control de Roma era algo irrenunciable para la narrativa de la unificación, que hundía las raíces de la tradición italiana hasta la antigua Roma. Por otra parte, atacar esa ciudad suponía atacar directamente al papa, lo cual era muy distinto a entrar en guerra con otros reinos o imperios. En 1870, aprovechando que las tropas francesas que protegían Roma habían tenido que retirarse por la guerra franco-prusiana, el ejército italiano ocupó la ciudad. El papa Pío IX se negó a reconocer la legitimidad del nuevo Estado y se proclamó a sí mismo “prisionero”. A partir de entonces, él y sus sucesores se encerraron en el recinto del Vaticano y se negó a abandonar sus muros, en señal de protesta. Así comenzó un largo periodo de tensión conocido como la “cuestión romana”, en el que el Estado italiano y el papado convivieron sin reconocerse mutuamente. El Vaticano seguía existiendo como sede de la Iglesia, pero no como Estado soberano.
El renacimiento de un estado pontificio
La situación se prolongó durante casi 60 años, hasta que en 1929 se firmaron los Pactos de Letrán entre el papa Pío XI y Benito Mussolini, en representación del Reino de Italia. Estos acuerdos establecían tres cosas: en primer lugar, que el Estado italiano reconocía la soberanía plena del papa sobre una pequeña porción de terreno de la ciudad de Roma (el actual Estado de la Ciudad del Vaticano) con sus propios órganos de gobierno, bandera, moneda y hasta cuerpo diplomático. En segundo lugar, que la Santa Sede reconocía al Reino de Italia con Roma como capital. Y en tercer lugar, que se establecían acuerdos económicos y privilegios para la Iglesia católica en territorio italiano, consolidando una relación de mutua conveniencia.
Para Mussolini, los Pactos de Letrán le aportaban el apoyo simbólico de la Iglesia, lo que consolidaba su régimen; para el papa, suponían recuperar su autonomía espiritual y política después de décadas de encierro simbólico. No obstante, este acuerdo ha sido muy criticado a posteriori y permanece como un ejemplo cruel de realpolitik de la época: el Vaticano recuperó su independencia, pero al coste de legitimar el fascismo. Así, el 11 de febrero de 1929, el Vaticano se convirtió nuevamente en un Estado soberano pleno.
Lo más interesante es que el Vaticano no surgió como una nación tradicional con un pueblo que buscara su independencia, sino como resultado de una negociación política entre dos poderes que se beneficiaban del reconocimiento mutuo. Es cierto que su población es mínima y que carece de ejército propio, pero cuenta con embajadas, tratados internacionales y una soberanía reconocida globalmente.
Aun así, es un Estado con unas características pecularies. Es una teocracia donde el jefe del Estado es elegido por un colegio de cardenales, donde no hay partidos políticos ni elecciones, y con un sistema particular de ciudadanía: no tiene ciudadanos en el sentido habitual (es decir, personas que nacen con esa nacionalidad y la conservan toda su vida), sino que la ciudadanía vaticana es funcional, temporal y revocable, y se concede exclusivamente a quienes desempeñan cargos específicos dentro del Estado o de la Iglesia, como el papa y algunos altos cargos eclesiásticos que desempeñan funciones clave.
Los demás, como cardenales y miembros de la Guardia Suiza, mantienen su nacionalidad original y obtienen una ciudadanía vaticana temporal que expira al terminar su servicio.
Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos entrega un informe, sobre ¿por qué se estableció el celibato en el clero católico?, la respuesta se presume y se afirma que un sacerdote casado heredará su fortuna a su esposa e hijos, y por lo tanto la iglesia pierde patrimonio; por lo que en los Concilios del Siglo XII, se implantó el celibato obligatorio para quienes tomaban los votos y los hábitos...... siga leyendo................
Periodista especializado en historia, paleontología y mascotas
Aquí en la imagen, se recrea a la izquierda a un sacerdote del Siglo X, acompañado de su esposa, que era usual en aquellos tiempos y a la derecha un sacerdote moderno célibe; son cambios de la Iglesia Católica que ha provocado mucha deserción del clero con templos vacíos y sin sacerdotes.
Imagen.- Archivos del Blog: A Vuelo de un Quinde. Creada a nuestra sugerencia por:
Hoy en día, asociamos al clero católico a una serie de normas, entre las cuales la del celibato. Pero lo cierto es que en los primeros siglos del cristianismo no existía tal obligación. Muchos obispos, sacerdotes e incluso algunos papas estaban casados. Lo que se exigía era, más bien, la fidelidad y la moderación: se valoraba la castidad como virtud, pero no se consideraba incompatible el ministerio religioso con la vida matrimonial.
Fue solo a partir de la Edad Media cuando la Iglesia latina impuso de forma definitiva la prohibición de casarse a quienes tomaban los votos. El celibato obligatorio fue una decisión tomada en los concilios del siglo XII y su implantación respondió tanto a motivos espirituales como a intereses materiales y políticos. ¿Por qué se produjo este cambio?
Una distracción de la vida espiritual
El debate acerca del celibato se remonta al menos al siglo IV, aunque de forma limitada a ciertos concilios locales. El argumento era que el sacerdote, al estar dedicado a Dios, debía vivir en castidad. Esta práctica era recomendada, pero no obligatoria: por ejemplo, en la Iglesia bizantina, los sacerdotes podían casarse antes de su ordenación, pero para acceder a altos cargos como el obispado debían ser célibes.
La gran transformación llegó en los siglos XI y XII, en el marco de la llamada Reforma Gregoriana. El papa Gregorio VII y sus sucesores vieron el celibato como un medio para evitar la dispersión del patrimonio de la Iglesia: si un sacerdote tenía esposa e hijos, podía transmitir sus bienes a su descendencia, incluyendo el patrimonio religioso: eso podía convertir parroquias y monasterios en una posesión familiar, a la par de castillos y tierras. El celibato resolvía ese problema: sin herederos legítimos, las propiedades quedaban en manos de la institución.
Además, en una época en la que la vida gravitaba en torno a la religión, el celibato se interpretaba como signo de mayor santidad y entrega total a Dios. El clérigo célibe podía dedicarse plenamente a la oración y al servicio, sin las “distracciones” de la vida doméstica y marital; además, no hay que olvidar que el sexo sin fines de procreación se percibía como lujuria y, al menos de cara a la galería, los eclesiásticos debían dar ejemplo.
la Realidad y la apariencia
Los Concilios de Letrán de 1123 y 1139 marcaron el punto de no retorno: allí se declaró inválido el matrimonio de los clérigos y se estableció el celibato como disciplina obligatoria en la Iglesia latina. A partir de entonces, los candidatos al sacerdocio debían comprometerse al celibato desde su ordenación. Si, por circunstancias excepcionales, un hombre ya casado debía tomar los hábitos, tenía que separarse de su esposa y, aun así, la mayoría de las veces no llegaría a un alto cargo.
Sin embargo, la medida no estuvo exenta de resistencias. Hubo muchos clérigos que siguieron conviviendo con sus esposas o que mantuvieron concubinas. Las crónicas medievales están llenas de denuncias sobre la dificultad de aplicar la norma en la práctica y la diferencia abismal entre las apariencias y la realidad.
Había muchos altos cargos, incluidos papas, con hijos no reconocidos a los que oficialmente llamaban “sobrinos”: un caso muy conocido es el del papa Alejandro VI (Rodrigo Borgia) con sus hijos César y Lucrecia, pero esto no era tan raro, simplemente otros se molestaban en llevarlo más discretamente que los Borgia. De hecho, la palabra “nepotismo” proviene del latín nepotes (sobrinos) por la costumbre de beneficiar políticamente a estos hijos extraoficiales.
Es importante subrayar que esta obligación no se extendió a toda la cristiandad. En las Iglesias orientales —tanto las ortodoxas como las católicas orientales en comunión con Roma— se mantuvo la posibilidad de que los sacerdotes se casaran antes de su ordenación, aunque no después. Y más adelante, Iglesias reformadas como la luterana y la anglicana abolieron el celibato obligatorio. Hoy en día, en el seno del catolicismo, este se ha convertido en uno de los grandes temas de debate: ¿El amor a Dios y a una pareja son compatibles, o quienes eligen uno deben renunciar al otro?
Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la agencia de noticias BBC Mundo Noticias, nos entrega un reportaje, sobre el color de la piel de Jesús, y según su información Jesucristo no fue blanco, algo que no está en discusión, pero que si interesa como noticia.
BBC Mundo Noticias.- narra : "...El problema es que Jesús no era blanco. Es normal que la creencia habitual sea la contraria si uno se fija en las iglesias del mundo occidental o visita una galería de arte. Pero, al no haber una descripción física de Cristo en la Biblia, tampoco hay lugar para la duda: el Jesús histórico, el hombre que fue ejecutado por el Imperio Romano en el siglo I, era un judío de piel oscura procedente de Oriente Medio...."
BBC Mundo Noticias.- también nos relata como ven los musulmanes a Jesús y María : "Tan importante es la madre de Jesús para el islam que una sura, como se conocen los capítulos del Corán, lleva su nombre: Maryam (María en árabe). Es la única mujer mencionada por su nombre en el libro sagrado de los musulmanes. De los 114 capítulos que lo componen, la sura 19 es la única que lleva el nombre de una mujer. "De hecho, hay más referencias a María en el Corán que las que hay en los evangelios canónicos. En total, existen al menos 70 versos coránicos que mencionan a María", indica Zeki Saritoprak, profesor de Teología y Estudios Islámicos de la Universidad John Carroll, en Estados Unidos, en el texto "María en el islam" del sitio web Oxford Bibliographies."
BBC Mundo Noticias, narra como piensan los cinco científicos: En 1616, la Iglesia le prohibió enseñar o defender estas teorías Este episodio se considera uno de los grandes choques entre ciencia y religión. Sin embargo, Ernan McMullin, profesor de historia y filosofía de la ciencia en la Universidad de Notre Dame, consideró que el asunto fue mal entendido y esto no fue un choque entre ciencia y religión. ¿La razón? Todos los involucrados en el caso eran cristianos.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionEl Jesús histórico tenía la piel oscura, pero se le suele adjudicar otra raza: la blanca.
Me crié en un hogar cristiano. En la pared de mi habitación colgaba un retrato de Jesús, y allí sigue todavía.
Es cursi y bastante chabacano, como solo algo de los setenta puede serlo, pero cuando era pequeña me encantaba.
En la foto, Jesús se muestra tierno y amable; veo amor en su mirada. Tiene el pelo claro, los ojos azules y la piel muy blanca.
El problema es que Jesús no era blanco. Es normal que la creencia habitual sea la contraria si uno se fija en las iglesias del mundo occidental o visita una galería de arte.
Pero, al no haber una descripción física de Cristo en la Biblia, tampoco hay lugar para la duda: el Jesús histórico, el hombre que fue ejecutado por el Imperio Romano en el siglo I, era un judío de piel oscura procedente de Oriente Medio.
Esta afirmación no es para nada controvertida desde el punto de vista académico.
Sin embargo, es un detalle que parecen olvidar los millones de cristianos que celebrarán la Semana Santa estos días.
En Viernes Santo, los devotos peregrinan hasta las iglesias para adorar a Jesús y recordar su muerte clavado en la cruz.
En la mayoría de los templos, Jesucristo será representado como un hombre blanco, con rasgos similares a los de un individuo anglo-australiano (o europeo).
Derechos de autor de la imagenMONDADORI PORTFOLIO/GETTY IMAGESImage captionLas imágenes de Jesús en los templos le retratan como un hombre con la piel clara.
Piensa por un momento en el apuesto actor Jim Caviezel, quien interpretó a Jesús en la película de Mel Gibson "La Pasión de Cristo". Exacto, es irlandés-americano.
Recuerda también algunas de las obras pictóricas de mayor renombre que tienen la crucifixión de Jesús como tema central. Rubens, Grünewald, Giotto… en todos los autores se puede apreciar la tendencia europea a representar a Jesucristo como un hombre blanco.
Pero, ¿qué importancia tiene todo esto? Pues mucha, ya que, como sociedad, somos plenamente conscientes del poder de la representación y de la importancia de la diversidad de los modelos de conducta.
Referentes
Lupita Nyong'o saltó a la fama tras ganar el Óscar a la mejor actriz de reparto en 2013. Desde entonces, la intérprete keniana ha confesado en varias entrevistas que cuando era joven tenía un sentimiento de inferioridad debido a que todos los referentes de belleza que veía alrededor eran mujeres de piel clara.
No fue hasta que la modelo sudanesa Alek Wek se hizo un hueco en el mundo de la moda cuando Nyong'o se dio cuenta de que siendo negra podía ser igual de hermosa.
Si somos capaces de reconocer la importancia de la diversidad étnica y física en los modelos de conducta que aparecen en los medios, ¿qué nos impide hacer lo mismo con la fe? ¿Por qué seguimos permitiendo que la imagen del Jesús blanco sea la que predomina?
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage caption¿Tienes una imagen de Jesús con rasgos europeos?
Numerosas iglesias y culturas representan a Cristo como un hombre de piel oscura o, directamente, negro.
Los cristianos ortodoxos suelen tener una iconografía que difiere sustancialmente de la que exhibe el arte europeo; de hecho, si visitas una iglesia en África, lo más probable es que te encuentres con un Jesús africano.
Sin embargo, imágenes como esa no se ven habitualmente en las iglesias protestantes y católicas de Australia, mi país (ni en las europeas).
Esta diferencia supone una importante pérdida, ya que permite a la comunidad cristiana predominante separar su devoción por Jesús de la atención compasiva que conceden a aquellos que consideran diferentes.
Desconexión cognitiva
Me atrevería a decir, incluso, que la representación tradicional de Cristo produce una desconexión cognitiva en la que un individuo puede sentir un gran afecto hacia Jesús y al mismo tiempo demostrar muy poca empatía por una persona de Oriente Medio.
Asimismo, la afirmación teológica de que los humanos fueron creados a imagen y semejanza de Dios tiene consecuencias: si Dios siempre es representado como un hombre blanco, por defecto los humanos serán blancos, idea bajo la que subyace un racismo latente.
Históricamente, el blanqueamiento de Jesús ha contribuido a que los cristianos hayan perpetrado algunos de los más terribles actos antisemitas documentados. En la actualidad, se continúa manifestando en países como Australia en la frecuencia con que se trata de etiquetar a los australianos no anglosajones como"los otros".
Derechos de autor de la imagenKRYSSIA CAMPOS/GETTY IMAGESImage captionLas procesiones de Semana Santa tampoco muestran a un Jesús negro.
Dios negro
Esta Semana Santa no podré evitar preguntarme cómo serían nuestra iglesia y nuestra sociedad si se aceptara que Jesús tenía la piel oscura; qué pasaría si nos enfrentáramos a la realidad, que no es otra que el cuerpo clavado en la cruz, abatido, torturado y ejecutado públicamente por un régimen opresor, era negro.
Quizá nuestra actitud cambiaría si comprendiéramos que el injusto encierro, abuso y ejecución a los que fue sometido el Jesús histórico tienen más que ver con las experiencias de los indígenas o de los refugiados que con aquellos que ostentan el poder en la iglesia y que se apropian de la imagen de Cristo.
Puede que suene radical, pero no paro de darle vueltas a qué podría cambiar si fuéramos conscientes de que la persona a la que los cristianos llaman Dios no era blanca, sino que el salvador del mundo fue un judío de Oriente Medio.
*Robyn J. Whitaker es profesora del New Testament, Pilgrim Theological College de la Universidad de Divinity en Australia.
Derechos de autor de la imagenCHRIS HONDROS/GETTY IMAGES
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Cuando millones de personas en todo el mundo, especialmente en Occidente, celebran el nacimiento de Jesús, en BBC Mundo nos preguntamos cómo ven a la virgen María y a su hijo los musulmanes, que conforman la segunda religión con más seguidores del planeta (después del cristianismo).
Tan importante es la madre de Jesús para el islam que una sura, como se conocen los capítulos del Corán, lleva su nombre: Maryam (María en árabe).
Es la única mujer mencionada por su nombre en el libro sagrado de los musulmanes.
De los 114 capítulos que lo componen, la sura 19 es la única que lleva el nombre de una mujer.
"De hecho, hay más referencias a María en el Corán que las que hay en los evangelios canónicos. En total, existen al menos 70 versos coránicos que mencionan a María", indica Zeki Saritoprak, profesor de Teología y Estudios Islámicos de la Universidad John Carroll, en Estados Unidos, en el texto "María en el islam" del sitio web Oxford Bibliographies.
Recuerdo que cuando entrevisté, en 2008, a Ahmad Mahir Sabik, uno de los voceros de la organización Muslim Welfare House (Casa de asistencia para el musulmán) de Londres, me llamó la atención la admiración con la que hablaba de María.
"Cuando mencionamos el nombre de María añadimos la frase: 'La paz esté con ella'. María es una mujer sumamente respetada por los musulmanes y quien no la honre no puede considerarse musulmán".
Más que un nombre
Según los musulmanes, seis siglos después del nacimiento de Jesús, Dios le reveló el Corán al profeta Mahoma por medio del ángel Gabriel, el mismo que, según el cristianismo y el islam, le anunció a María que estaba embarazada.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionTanto María como Jesús son mencionados varias veces en el Corán.
Literatura especializada en el Islam señala que en el Corán, María es nombrada más veces que cualquier miembro de la familia del profeta Mahoma.
De acuerdo con Mahir Sabik, la trascendencia de María en el Islam radica principalmente en el hecho de que fue la madre de Jesús (Isa en árabe, el idioma que hablaba Mahoma).
Para los musulmanes, Jesús fue -como Abraham, Moisés, Mahoma- un mensajero de Dios.
El islam, al igual que el cristianismo, cree que la concepción de Jesús fue un milagro.
En la sura de la Familia de Imrán se encuentra el relato en el que se le anuncia "la buena nueva" a María, la revelación de que será la madre de quien el texto denomina como el "Ungido".
La respuesta de María aparece en el verso 47:
"¡Señor mío! ¿Cómo voy a tener un hijo si ningún hombre me ha tocado?"
Más adelante, en la sura de Los profetas, se enfatiza la castidad de María: "Y aquella que conservo su virginidad (Maryam), insuflamos en ella parte de Nuestro espíritu e hicimos de ella y de su hijo un signo para todos los mundos".
Fortaleza en la soledad
Pese a que ambas religiones comparten su admiración por María, existen diferencias cruciales en la historia de la madre de Jesús.
Derechos de autor de la imagenISTOCKImage captionA diferencia del catolicismo, en la tradición musulmana no se hace referencia a José. María es soltera. Esta es una pintura de la Natividad de Giovanni Antonio Pellegrini (1725-1727) en el presbiterio de la Iglesia de Salesianerkirche, en Viena.
A diferencia del cristianismo, en el islam no se hace referencia a José, quien según la Biblia era el esposo de María. De hecho, para los musulmanes la madre de Jesús no estaba casada cuando quedó embarazada.
Como explica Mahir Sabik, María decidió alejarse de su familia y de su comunidad para dar a luz completamente sola bajo la sombra de una palmera.
El Corán relata el nacimiento de Jesús en los versos que van del 22 al 25 de la sura María:
"Así pues lo concibió y se retiró a un lugar apartado. Y le sobrevino el parto junto al tronco de la palmera. Dijo: '¡Ojalá hubiera muerto antes de esto, desapareciendo en el olvido!'
Y la llamó desde abajo: 'No te entristezcas, tu Señor ha puesto un arroyo a tus pies'.
'Sacude hacia ti el tronco de la palmera y caerán dátiles maduros y frescos'".
La valentía de una mujer
De acuerdo con Saritoprak, otra indicación de la importancia de María en el islam es que en algunos versos del Corán se hace referencia a Jesús como "el hijo de María".
Derechos de autor de la imagenISTOCKImage captionMaría es sinónimo de pureza para los musulmanes. Es una mujer que le sirvió a Dios.
Pese a que en la historia del islam existen muchas mujeres a quienes las musulmanas admiran (como las esposas e hijas de Mahoma), María representa un modelo a seguir para muchas de ellas, según me dijo, también en 2008, Asmaa Rezki, una joven musulmana.
"María fue escogida por Dios, entre todas las mujeres del mundo, para ser la madre de uno de sus profetas. Ella es un símbolo de pureza y un ejemplo de sometimiento a Dios", dijo Rezki.
La madre de Jesús también es un ejemplo de paciencia y de valentía para los musulmanes, pues de regreso a su comunidad, María fue cuestionada, como se lee en los versos de la sura María.
"Y llegó a su gente llevándolo en sus brazos y dijeron: '¡Maryam! Has traído algo muy grave.
¡Hermana de Aarón! Tu padre no ha sido un hombre de mal ni tu madre una fornicadora'.
De acuerdo con el Corán, Jesús habló siendo un recién nacido: "Yo soy el siervo de Allah. Él me ha dado el libro y me ha hecho profeta".
Nosotros creemos que el único que puede beneficiarnos, en esta vida y en la próxima, es Alá (Dios)"
Ahmad Mahir Sabik
"Jesús juega un papel prominente en la tradición islámica y es con frecuencia considerado el profeta más importante después de Mahoma", señala Robert Shedinger, profesor de religión del Luther College de Estados Unidos, en el texto sobre Jesús del sitio web Oxford Bibliographies.
De hecho, al conversar con algunos musulmanes noto que cuando se refieren al profeta Mahoma, añaden (tras pronunciar su nombre) la frase: "La paz esté con él". Cuando hablan de Jesús hacen exactamente lo mismo.
Como en América Latina, en donde Jesús y María son dos nombres muy populares, en el mundo musulmán también es muy común llamar a los niños Isa (Jesús en árabe) y a la niñas, Maryam.
Sin venerar
Una de las principales discrepancias entre el islam y el catolicismo se hace absolutamente clara en la interpretación que hace cada religión de María y de su hijo.
Derechos de autor de la imagenISTOCKImage captionLos musulmanes no le rezan a María, muchos católicos lo hacen y le piden que interceda ante Dios por ellos. Imagen interior de Santa María sobre Minerva, una de las basílicas menores de Roma.
Mientras que para los católicos, la Virgen María es la madre de Dios, quien se hizo hombre en Jesús, para los musulmanes, Jesús no es Dios y, por ende, María no es la madre de Dios.
En el islam, ni María ni Jesús son vistos como intercesores ante Dios. Fueron seres humanos a quienes -de acuerdo con esta religión- no se les reza ni se les pide nada.
"Nosotros creemos que el único que puede beneficiarnos, en esta vida y en la próxima, es Alá (Dios). Entonces ¿por qué deberíamos venerar a alguien más si Alá es quien lo puede todo? (...) María no puede ayudarnos", señaló Mahir Sabik.
Jesús, quien es mencionado en el Corán 25 veces, es descrito como "un milagro de Dios (...) como el profeta de la paz por excelencia, quien predijo que llegaría Mahoma y, por lo tanto, podría decirse que es el presagio del Islam", dice el historiador palestino Tarif Khalidi en el artículo "Jesús a través de ojos musulmanes" que escribió para la BBC.
En el Corán también se reconoce la habilidad de Jesús para hacer milagros.
Imágenes
Las representaciones de las diferentes advocaciones de María son una constante tanto en los templos católicos como en las casas, los vehículos y las prendas de muchos de sus feligreses, por mencionar algunos ejemplos.
Derechos de autor de la imagenISTOCKImage captionLa corriente sunita del islam prohíbe la representación visual de los profetas y de figuras claves de esa religión como María.
La Iglesia Católica sostiene que la oración que sus fieles dirigen a María no es adoración a la imagen de la madre de Jesús. Enfatiza, además, que las súplicas hechas a María buscan su intermediación ante Dios, que según el Misterio de la Santa Trinidad, se hizo hombre en Jesús.
El islam, por su parte, es reacio a que los profetas sean representados a través de imágenes de cualquier tipo. En las mezquitas, por ejemplo, no existen imágenes de personas. En sus paredes hay versos del Corán en caligrafía árabe.
La corriente sunita del islam considera que también es ofensivo representar a María. Sin embargo, muchos chiitas, otra rama de esa religión, se muestran más flexibles ante las imágenes de figuras del islam.
De hecho, una película iraní llamada Maryam al-Muqaddash (La honorable santa María) recrea los versos del Corán que relatan la historia de María, quien es interpretada por una joven actriz.
Otra discrepancia clave
Además de considerar a Jesús un ser humano, no Dios ni el Hijo de Dios, hay otra diferencia clave entre el catolicismo y el islam con respecto a él: la forma en que murió.
Y es que, para la tradición islámica, Jesús no fue crucificado.
Derechos de autor de la imagenISTOCKImage captionEn la forma cómo murió Jesús, el islam y el catolicismo no coinciden.
"El Corán niega las creencias cristianas sobre la crucifixión y la resurrección de Jesús, afirmando en cambio que, aunque parecía que había sido crucificado, Dios de hecho elevó a Jesús ante su presencia", indica el sitio web de la Universidad de Oxford dedicado a los estudios islámicos.
Los versos 157 y 158 del Corán dicen:
"Y por haber dicho: 'Nosotros matamos al Ungido, Jesús, hijo de Maryam, mensajero de Alá'. Pero, aunque así lo creyeron, no lo mataron ni lo crucificaron. Y los que discrepan sobre él, tienen dudas y no tienen ningún conocimiento de lo que pasó, solo siguen conjeturas. Pues con toda certeza que no lo mataron.
Sino que Alá lo elevó a Sí. Alá es Poderoso y Sabio".
Pese a las diferencias y a que los musulmanes no celebran su nacimiento, Jesús es un profeta amado por el islam, es un maestro, un líder espiritual.
Durante mucho tiempo, el liderazgo del catolicismo ha reconocido el profundo respeto del islam por María y Jesús.
Y, para muchos, ese es uno de los mejores puentes para establecer un diálogo entre ambos mundos.
La idea sobre dios y la religión de 5 grandes científicos de la historia
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¿Están la ciencia y la religión en conflicto por naturaleza?
Algunos de los grandes nombres de la ciencia han negado la existencia de dios, pero a lo largo de la historia otros tantos trataron de encontrar una manera de reconciliar la ciencia y con su fe.
Para algunos de estos hombres y mujeres de ciencia, investigar el origen del universo era acercarse a la propia obra de dios.
Aquí repasamos las posturas religiosas de algunos de los grandes científicos de la historia:
1. Galileo y su conflicto con la Iglesia
En 1614, el astrónomo italiano Galileo Galilei fue acusado de herejía por apoyar la teoría de Copérnico de que el Sol estaba en el centro del Sistema Solar. Esto fue revolucionario en un momento en que se creía que era la Tierra la que estaba en esta posición central.
En 1616, la Iglesia le prohibió enseñar o defender estas teorías.
Este episodio se considera uno de los grandes choques entre ciencia y religión. Sin embargo, Ernan McMullin, profesor de historia y filosofía de la ciencia en la Universidad de Notre Dame, consideró que el asunto fue mal entendido y esto no fue un choque entre ciencia y religión. ¿La razón? Todos los involucrados en el caso eran cristianos.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionGalileo Galilei fue acusado de herejía por la Iglesia.
Galileo escribió muchos miles de palabras sobre teología e interpretación bíblica mientras buscaba dar sentido a las observaciones telescópicas que estaba haciendo.
De hecho, fue el propio astrónomo quien dijo: "No me siento obligado a creer que el mismo Dios que nos ha dotado con el sentido, razón e intelecto nos haya destinado a renunciar a su uso".
2. La fe en la ciencia y en Dios de Mitchell
Maria Mitchell fue la primera astrónoma de Estados Unidos y la primera mujer elegida para la Academia Estadounidense de Artes y Ciencias, en 1848. Ejerció como profesora de astronomía y fue una activista de los derechos de la mujer.
La astrónoma tenía una fe plena tanto en dios como en la ciencia. "Las investigaciones científicas avanzan y revelarán nuevas formas en las que Dios trabaja y nos trae revelaciones más profundas de lo desconocido", escribió.
Creía que las revelaciones de la biblia y la comprensión de la naturaleza a través de la ciencia no están en conflicto. "Si parecen estarlo" -dijo-, "es porque no se comprende ni lo uno o lo otro".
3. "Producto de la debilidad humana" para Einstein
El pensamiento del físico Albert Einstein sobre la religión estuvo muy influenciado por la obra del filósofo Baruch Spinoza.
El dios de Spinoza era un dios amorfo e impersonal responsable del orden del universo y la impresionante belleza de la naturaleza. Esta línea de pensamiento resonó profundamente en el científico.
Derechos de autor de la imagenAFPImage captionPara Einstein, la palabra de dios no era más que "el producto de la debilidad humana".
Con su célebre "Carta de Dios", que Einstein envió al filósofo judío alemán Eric Gutkind, el físico fusiona sus pensamientos sobre la religión, su identidad judía y su propia búsqueda del sentido de la vida.
En la carta, Einstein refuta los argumentos que Gutkind expone en el libro "Escoger la vida: la llamada bíblica a la rebelión", en el que presentó a la Biblia como un llamado a la lucha, y al judaísmo e Israel como entes incorruptibles.
"La palabra Dios no es para mí más que la expresión y el producto de la debilidad humana", escribió el físico.
Einstein califica la religión judía de "encarnación supersticiosa" como lo son todas las religiones y la Biblia "una colección de leyendas venerables pero bastante primitivas".
"Ninguna interpretación, sin importar cuán sutil sea, cambiará mi punto de vista sobre esto".
"Y el pueblo judío al que pertenezco gustosamente y en cuya forma de pensar me siento profundamente anclado, no tiene para mí ningún tipo de dignidad diferente a la del resto pueblos. Según mi experiencia, en realidad no son mejores que otros grupos humanos", dijo el científico.
La carta se vendió el año pasado por US$2,9 millones en una subasta que se celebró en Christie's, Nueva York.
4. El agnosticismo de Marie Curie
Marie Curie fue la primera persona en ganar el premio Nobel en dos disciplinas diferentes.
En 1903 recibió el Premio Nobel de Física junto a su marido y Henri Becquerel. Ocho años más tarde ganó un segundo premio Nobel, esta vez en química.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionMarie Curie creció como católica.
La menor de cinco hermanos, Curie -Maria Salomea Skłodowska- nació en Polonia en 1867. Su padre era ateo y su madre católica, y ella fue criada en el catolicismo. Sin embargo, abandonó la religión años más tarde, tras la muerte de su madre, lo que la llevó al agnosticismo.
La reconocida científica dijo en una ocasión: "Nada en la vida debe ser temido, solo debe ser entendido. Ahora es el momento de entender más, para que podamos temer menos".
5. El dios "innecesario" de Hawking
Durante toda su vida, el científico británico Stephen Hawking -quien padecía esclerosis lateral amiotrófica (ELA) y murió en 2018 a los 76 años- trató de explicar el origen del universo.
Como escribió en su libro "El gran diseño" en 2010, sus trabajos sobre la teoría del Big Bang y la teoría del todo lo llevaron a una conclusión clara y contundente: "No es necesario invocar a Dios para encender la mecha y darle inicio al Universo".
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage caption"No es necesario invocar a Dios para encender la mecha y darle inicio al Universo", escribió Hawking.
Pero tras afirmar que el Big Bang fue el comienzo de todo, la siguiente pregunta a la que se enfrentó es: ¿y entonces qué hubo antes?
"Cuando la gente me pregunta si Dios creó el universo, les digo que la pregunta en sí misma no tiene sentido", narró Hawking en un video para el canal de televisión por cable especializado en ciencia Discovery Channel.
"El tiempo no existía antes del Big Bang, así que no había tiempo en el que Dios pudiera crear el universo".
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