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Doha skyline in the morning .- Horizonte de Doha en la mañana
Wikipedia. Derechos de autor de la imagenGetty ImagesImage caption El estadio internacional Khalifa, en Doha, fue inaugurado el mes pasado después de ser sometido a una renovación de cara a la Copa Mundial de Fútbol 2022.
Aunque sus escasos 11.586 kilómetros cuadrados equivalen a poco más de la mitad del tamaño de El Salvador, el país más pequeño de América Latina, a Qatar no le faltan ambiciones.
Este emirato, una pequeña península ubicada en el golfo Pérsico, ha dado a través de su política exterior múltiples muestras de audacia e independencia, pero también de abiertas contradicciones difíciles de conciliar.
Tiene relaciones cordiales con Irán, pero es aliado de Estados Unidos; respaldó a los rebeldes libios que en 2011 se alzaron contra el gobierno de Muamar Gadafi en Libia; pero ese mismo año también formó parte de la coalición que apoyó la supresión de las protestas prodemocráticas en Bahréin.
Estas señales mixtas han terminado por valerle un grave conflicto diplomático con seis países árabes, que le acusan de crear inestabilidad en la región.
Arabia Saudita, Egipto, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Yemen y Libia acusan a Qatar de respaldar a grupos terroristas, incluyendo al autodenominado Estado Islámico (EI) y Al Qaeda, algo que el pequeño emirato niega rotundamente.
De pobre a millonario
Qatar era uno de los países más pobres del Golfo hasta que en 1939 fueron halladas grandes reservas de hidrocarburos en su territorio.
La época de las vacas gordas aún tardaría en llegar unos años, hasta el final de la II Guerra Mundial, cuando esa riqueza potencial comenzaría a ser explotada. Derechos de autor de la imagenGetty ImagesImage caption La aerolínea Qatar Airways es patrocinante del club de fútbol español F.C. Barcelona.
En la actualidad, Qatar es el cuarto mayor productor de gas natural del mundo y el segundo mayor exportador de este hidrocarburo después de Rusia. Además es el octavo exportador neto de petróleo en el planeta.
Esta circunstancia ha garantizado una situación de prosperidad para sus apenas 2,7 millones de habitantes y ha permitido financiar la modernización del país, con la construcción de infraestructuras pensadas para maravillar al mundo.
En la actualidad, Qatar supera a los dos gigantes latinoamericanos, Brasil y México, en la clasificación que realiza la página Skycraper Center sobre los países del mundo que tienen rascacielos, a partir de la cantidad y altura de los mismos.
Su línea aérea de bandera, Qatar Airways, ganó en 2015 el premio a la mejor del mundo, otorgado cada año por la organización Skytrax.
Derechos de autor de la imagenGetty ImagesImage caption En Qatar hay rascacielos más altos que en México y Brasil.
En 2005, el gobierno estableció el Qatar Investment Authority (QIA), fondo a través del cual ha invertido los ahorros procedentes por la venta de hidrocarburos en numerosos negocios en distintos países. Entre ellos se cuentan el banco británico Barclays, la compañía de automóviles alemana Volkswagen, la multinacional petrolera Total y la cadena de joyerías estadounidense Tiffany & Co, entre muchas otras.
Se estima que el portafolio de inversiones del QIA es ubica en unos US$335.000 millones.
¿Promotor de la democracia?
Qatar es una monarquía absolutista en la que no existe ningún poder capaz de hacer contrapeso al emir Tamim bin Hamad al Thani, descendiente de una familia que ha controlado el país desde el siglo XVIII.
Derechos de autor de la imagenGetty ImagesImage caption El emir Tamim bin Hamad al Thani detenta la autoridad suprema en Qatar.
El Índice sobre Democracia elaborado en 2016 por la unidad de investigación de la revista The Economist, ubica al país en la categoría correspondiente a regímenes autoritarios.
Las únicas elecciones existentes son municipales.
De acuerdo con la organización no gubernamental Freedom House, que cada año evalúa los niveles de libertad de decenas de países alrededor del mundo, Qatar es un país no libre.
En una escala de 1 a 7, donde 1 es más libre y 7 menos libre, el pequeño emirato obtiene una puntuación de 6 en términos de derechos políticos y de 5 en libertades civiles.
El país no tiene prensa libre. Sin embargo, es propietario de la cadena de televisión internacional Al Jazeera, que le ha dado voz a los disidentes de muchos de los gobiernos autoritarios de la región y fue señalada en su momento como uno de los motores que ayudó a impulsar la llamada Primavera Árabe.
Este es justamente uno de los puntos de fricción entre Qatar y algunos de los países árabes con los que está enfrentado.
Más allá de Al Jazeera, el país ha mantenido una política exterior propia basada en alianzas puntuales que varían de acuerdo con las diversas disputas.
Así, por ejemplo, Qatar es uno de los principales financistas del grupo palestino Hamás, pero mantiene unas relaciones relativamente cordiales con Israel.
Aunque tiene buenas relaciones con Irán, país con el que comparte su mayor depósito de gas natural, financia a los grupos militantes que se enfrentan al gobierno en Siria de Bashar al Asad, uno de los principales socios de Teherán.
Derechos de autor de la imagenGetty ImagesImage caption Doha fue la sede de una de las reuniones ministeriales de la ONU sobre cambio climático.
Se trata de jugadas complejas y arriesgadas, como fue su participación en 2011 en la coalición internacional, encabezada por Estados Unidos, que prestó apoyo a los rebeldes libios alzados en contra de Gadafi.
Detrás de estas decisiones, los expertos señalan que se encuentra la ambición de lograr un lugar propio en el escenario internacional.
Sería este el mismo motor que llevó a Doha a ser la sede del lanzamiento en 2001 de las negociaciones de la Organización Mundial de Comercio conocidas como la Ronda del Desarrollo, la cual apuntaba a una reforma sustantiva del comercio internacional.
También el impulso que llevó al país a ser en 2012 sede de una de las reuniones ministeriales de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático y para que el país sea la sede de la Copa Mundial de Fútbol en 2022.
Sin embargo, ahora esa ambición de Qatar por lograr un lugar propio en el escenario internacional deberá medirse con su capacidad para soportar las presiones de los países árabes que le quieren ver regresar al redil.
En esta disputa entre y David y Goliat, todo indica que para el poderoso, las cosas no salieron como esperaba.
El 5 de junio Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Bahréin y Egipto anunciaron un boicot contra Qatar, acusando al pequeño país del Golfo de crear inestabilidad en la región apoyando a grupos terroristas.
Poco después se sumaron a la medida Yemen, Libia y las Islas Maldivas.
El bloqueo por aire, mar y tierra a Qatar fue seguido de una lista de exigencias con 13 puntos, que incluyen la interrupción de vínculos con "organizaciones terroristas", el alejamiento de Irán y el cierre de la cadena de TV Al Jazeera.
La razón principal de la acción contra Qatar, según analistas, es su relación con el gran rival de Arabia Saudita en la región, Irán. Qatar explota conjuntamente con Irán el mayor yacimiento de gas natural del mundo.
Derechos de autor de la imagenReutersImage caption Qatar, con sus megainversiones en el extranjero y su cooperación con Irán, es visto como un "vecino molesto" por Arabia Saudita, según observadores.
Doha (capital de Qatar) es vista por la poderosa Arabia Saudita como el "vecino molesto", que lleva una línea propia en política exterior y forja un lugar de prominencia con megainversiones internacionales.
Pero tras cinco semanas de boicot Qatar sigue sin cumplir ninguna de las exigencias y está importando de Irán y Turquía los alimentos que ya no puede comprar de sus vecinos.
¿Ha tenido el plan de Arabia Saudita y sus socios un resultado exactamente contrario al esperado?
Derechos de autor de la imagenAFPImage caption Qatar importaba el 40% de sus alimentos por tierra a través de su frontera con Arabia Saudita. Ahora compra alimentos de Irán y Turquía.
"Arabia Saudita y sus socios se han equivocado desde el principio", señalaron los analistas Jeffrey Stacey y Bassima Alghussein en un artículo en la revista Foreign Affairs.
"Han empujado a Qatar directamente hacia las manos de Irán y Turquía al aislarlo con bloqueo económico, requiriendo envíos inmediatos de alimentos desde esos países".
Para los analistas de Foreign Affairs, este cambio no sólo ha resultado en beneficios comerciales para Irán sino que ha hecho más sólida la relación diplomática entre Doha y Teherán.
"Es claro que el boicot no ha salido como se esperaba", señaló por su parte a BBC Mundo Rory Miller, profesor de gobierno en el campus de La Universidad de Georgetown en Qatar y autor del libro "De Reinos del Desierto a Potencias Globales: el ascenso del Golfo Árabe".
Derechos de autor de la imagenAFPImage caption El rey Salman de Arabia Saudita defiende la hegemonía de su país en la región.
"No ha habido una victoria clara que afirme el eje Arabia Saudita-EAU como actores dominantes del Golfo" y "la crisis también ha empujado a Qatar más cerca de Turquía e Irán".
Para Miller, la disputa diplomática "ha resultado en una relación más formal con Turquía y por otra parte ha hecho menos probable que Qatar siga la línea regional del Consejo de Cooperación del Golfo en contra de Irán en temas prioritarios para Arabia Saudita y EAU".
"Exageración"
Para Peter Salisbury, experto en la península arábiga del Real Instituto de Asuntos Internacionales de Londres, sólo puede decirse que el "tiro le salió por la culata" a Arabia Saudita en la medida en que el boicot no logró resultados en el tiempo esperado.
Pero decir que el boicot "empuja a Qatar en los brazos de Irán" es una "exageración", según Salisbury.
"Qatar no confía en Irán e Irán no confía en Qatar y aunque cooperan económicamente hay una historia de desconfianza entre ambos".
Para Salisbury, "por el momento Irán vende alimentos a Qatar en primer lugar porque es un buen negocio, y en segundo lugar porque tiene sentido político para Teherán hacer cualquier cosa que moleste a Arabia Saudita".
"Sin embargo, la idea de que esté emergiendo un nuevo orden con Qatar, Irán y Turquía es una verdadera exageración".
"Grupos terroristas"
Una de las exigencias a Qatar es que cese todo vínculo con grupos como los Hermanos Musulmanes, Hamas, otras agrupaciones islamistas y milicias apoyadas por Irán.
Pero "para defender su soberanía e independencia, Qatar no puede mostrar abiertamente que toma medidas enérgicas contra estos grupos", señaló a BBC Mundo Rory Miller.
Derechos de autor de la imagenEPAImage caption El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se reunió con el presidente de Egipto, Abdel Fattah al Sissi, y con el rey Salman de Arabia Saudita en mayo.
"Y por otra parte, los líderes de Qatar no pondrán en peligro su interés nacional por defender estos grupos".
Miller cree que el acuerdo de lucha contra el terrorismo firmado esta semana entre Estados Unidos y Qatar puede ser clave.
"Es probable que a cambio de esta señal de apoyo a Qatar los líderes en Doha reduzcan su apoyo a grupos como Hamas y los Hermanos Musulmanes. Pero esto será principalmente detrás de bambalinas".
"Sin plan B"
Arabia Saudita, Bahréin, Egipto y Emiratos Árabes Unidos afirmaron esta semana que ante la falta de respuesta de Doha anunciarán nuevas medidas "en el momento apropiado".
Derechos de autor de la imagenAFPImage caption La tienda Harrods en Londres es una de las propiedades adquiridas por Qatar en el extranjero.
¿Pero cuál será el siguiente paso?
Para Rory Miller, no hay señales de que Arabia Saudita y sus socios tengan un plan B.
"Parece que la alianza anti-Qatar no está tomando acción, en parte por la presión internacional para que la situación no escale, y en parte por temores de que se abra la puerta a que Irán y Turquía tengan mayor presencia en el Golfo, o incluso haya un enfrentamiento con estos países".
Parálisis
"Sin un plan B (...) es probable que ambas partes sigan en un estado de parálisis diplomática mutua", señalaron Stacey y Alghussein en Foreign Affairs.
Derechos de autor de la imagenAFPImage caption Estados Unidos firmó en julio un acuerdo de cooperación antiterrorista con Qatar
Miller no cree que ninguna de las partes abandone su posición abiertamente.
"Lo más probable es que el eje Arabia Saudita-EUA mantenga oficialmente el boicot, que Qatar continúe buscando socios económicos para suplir su relación con estados del Golfo, que los ataques públicos se calmen y que se llegue a una especie de estatus quo disfuncional en el Consejo de Cooperación del Golfo".
"Mientras haya demanda de gas..."
¿Qué tan viable es que Washington intervenga para mediar en la crisis, dados sus intereses en Qatar? Allí se encuentra la principal base militar estadounidense en Medio Oriente, Al Udeid, con cerca de 11.000 efectivos.
Para Salisbury no hay una posición común en el gobierno de Estados Unidos. Por un lado el presidente Trump mantiene una postura belicosa, por otro sectores políticos en Washington prefieren resolver la crisis.
Derechos de autor de la imagenGetty ImagesImage caption "El punto clave es que Qatar obtiene sus fondos de exportar gas a otras partes del mundo y no depende de sus vecinos", señaló Peter Salisbury.
Uno de los problemas, según Salisbury, es la diferencia de perspectiva de quienes miran la crisis desde afuera, esperando una resolución rápida, y los protagonistas.
"Arabia Saudita, EAU, Bahréin y Egipto están dispuestos a seguir con estas acciones durante mucho tiempo, en la espera de que en algún momento Qatar sentirá el efecto", señaló a BBC Mundo el analista británico.
"Pero el punto clave aquí es que Qatar obtiene sus fondos de exportar gas a otras partes del mundo y no depende de sus vecinos".
"Qatar está dando a entender que puede seguir en su posición durante un período muy largo", afirmó Salisbury.
"Mientras haya demanda para gas y el precio del gas sea lo suficientemente alto, Qatar podrá satisfacer sus necesidades. Así que podríamos acabar en un impasse muy extraño y muy prolongado".
¿Qué autoridad moral tiene Arabia Saudita a la hora de acusar a Qatar de apoyar el terrorismo y el fundamentalismo islámico? .
Derechos de autor de la imagenAFPImage caption A Qatar se la acusa de apoyar a grupos como al Nusra, un afiliado de al Qaeda que combate en Siria
Las acusaciones en contra de Qatar que sirvieron para justificar la reciente ruptura de relaciones entre la pequeña nación del Golfo Pérsico y varios de sus vecinos no son precisamente nuevas.
Pero lo que puede haber sorprendido a muchos es que fuera Arabia Saudita la que liderara la arremetida en contra del gobierno de Doha, acusándolo de financiar grupos islamistas y apoyar el terrorismo.
Después de todo, acusaciones muy similares siempre han pesado sobre el gobierno de Riad, en contra del cual el actual presidente de Estados Unidos también arremetió durante la pasada campaña electoral.
"¿Quién destruyó el World Trade Center? No fueron los iraquíes, fueron los sauditas. Miren a Arabia Saudita, abran los documentos", dijo en febrero de 2016 Donald Trump.
En su discurso el entonces candidato llegó a sugerir que funcionarios de ese país habían sido cómplices de los ataques del 11 de septiembre de 2001.
Derechos de autor de la imagenEPAImage caption Como candidato, Trump acusó a Arabia Saudita de apoyar el terrorismo islamista.
Menos de un año y medio después de esas explosivas declaraciones, Trump hizo de Riad el destino de su primer viaje oficial como presidente de EE.UU. y firmó millonarios acuerdos para la venta de armas.
¿Significa eso que estaba errado Trump y que Arabia Saudita no hace lo mismo de lo que acusa a Qatar y ya no apoya ni financia, directa o indirectamente, a grupos islamistas acusados de vínculos con el terrorismo?
Para la Dra. Courney Freer, del Centro para Medio Oriente de la London School of Economics, la principal diferencia tiene que ver con qué grupos se incluyan en esa categoría.
"El mayor problema de los sauditas con Qatar tiene que ver sobre todo con la Hermandad Musulmana", le dice a BBC Mundo Freer, en referencia a la organización a la que los sauditas ven como su principal rival religioso en el mundo sunita y que fue declarada organización terrorista por Riad en 2014.
Derechos de autor de la imagenAFPImage caption El apoyo de Qatar a Hamas y la Hermandad Musulmana es una de las cosas que más irrita a los saudíes.
Y según Abdullah K. al-Saud, investigador visitante del Centro Internacional para el estudio de la Radicalización y la Violencia Política del King's College de Londres, mientras que el apoyo saudita en Siria va a grupos debidamente investigados, Qatar no ha dudado grupos radicales armados, como Ahrar al Sam y al Nusra.
Aunque más molesto para Riad parece ser el apoyo qatarí a milicias chiitas apoyadas por Irán -su gran rival regional- , así como su apoyo al grupo palestino Hamás, que también es considerado una organización terrorista por Estados Unidos.
Una alineación de intereses en contra de Hamas, pero sobre todo de Irán -que parece haber sido identificado por Washington como la principal amenaza regional- parece explicar por qué Donald Trump en un primer momento celebró el aislamiento de uno de sus principales aliados regionales.
"Durante mi reciente viaje a Medio Oriente dije que no se podía continuar financiando la ideología radical. Los líderes señalaron a Qatar - ¡Vean!", escribió el presidente estadounidense en Twitter.
Derechos de autor de la imagenGetty ImagesImage caption La base aérea de Al Udeid, en Qatar, es la más importante de EE.UU. en Medio Oriente.
Sin embargo, más allá de las milicias chiitas, Hamas y la Hermandad Musulmana, el problema del fundamentalismo islámico también tiene que ver con grupos como al Qaeda y sus afiliados, así como el autodenominado Estado Islámico.
Y esos son grupos de los que no se puede hablar sin mencionar a Arabia Saudita, que promueve activamente una estricta interpretación del Islam -el wahabismo- acusada de haber servido de inspiración para EI y similares.
"Ciertamente algo hay de los sauditas tratando de desviar la atención y escapar a un mayor escrutinio (de su propia relación con grupos islamistas)", le dice Freer a BBC Mundo sobre las acusaciones contra Qatar.
"Pero también hay que reconocer los esfuerzos de Arabia Saudita, por ejemplo abriendo centros contra el extremismo o endureciendo sus leyes para hacer más difícil su financiamiento", dice la experta.
Derechos de autor de la imagenAFPImage caption A Arabia Saudita se la acusa de promover una interpretación del islam que alienta el fundamentalismo.
Eso es algo con lo que coincide Edgard Jallad, editor del canal en lengua árabe de la BBC.
"Los sauditas claramente recalibraron su apoyo a grupos islamistas", valora Jallad.
"Uno ya no escucha hablar del apoyo saudita (a grupos islamistas) tanto como antes", le dice a BBC Mundo.
Financiamiento indirecto
Cualquier financiamiento directo a esos grupos siempre ha sido negado públicamente por Riad y al-Saud asegura que el jamás ha visto ninguna evidencia que demuestre lo contrario.
Y el investigador visitante del Centro Internacional para el estudio de la Radicalización y la Violencia Política también destaca que Arabia Saudita ha sido blanco de numerosos ataques de al Qaeda y EI, así como un importante aliado en la lucha contra ambos grupos.
Derechos de autor de la imagenEPAImage caption El gobierno saudita ha hecho esfuerzos para evitar que sus ciudadanos financien grupos extremistas. En febrero del año pasado, sin embargo, un alto funcionario del ministerio del Interior saudita reconoció en una entrevista con la BBC que "su sistema financiero había sido mal utilizado"."Había gente que estaba convencida de que estaba apoyando a los pobres, a los necesitados, mientras que unos malintencionados utilizaban ese dinero para apoyar a al Qaeda en Afganistán", admitió el mayor general Mansour Al-Turki en el programa Hard Talk.Y para David Richards, un experto en el Golfo Pérsico de la universidad King's College de Londres, ese financiamiento indirecto sigue siendo el principal problema en la relación entre los países de la región y los grupos fundamentalistas."Yo puedo entender que se critique a Qatar porque no hacer lo suficiente en ese respecto, pero no son los únicos en la región. Kuwait es uno de los peores países en ese tema. Y Arabia Saudita también es bastante porosa", le dice a BBC Mundo. "Aunque en ningún caso es porque esa sea la intención de los gobiernos de la región. Sinceramente, yo no veo ninguna intención nefasta de dar algún tipo de apoyo oficial al terrorismo islamista", asegura Richards.
¿Cambio de estrategia?
Un antiguo embajador estadounidense en Afganistán e Irak, Zalmay Khalilzad, sin embargo, sostiene que los mismos sauditas le dijeron que eso era algo que sí hacían en el pasado, pero que ya no es el caso.Derechos de autor de la imagenPAImage caption Osama Bin Laden, el fundador de al Qaeda, era saudita. Según Khalizad, durante un viaje que incluyó reuniones con el rey Salman y el príncipe Nayef, un alto funcionario saudita admitió que el reino había empezado a financiar al extremismo islámico en la década de 1960, para contrarrestar la influencia del presidente egipcio Nasser."Los líderes sauditas también me explicaron que su apoyo al extremismo fue una forma de resistir a la Unión Soviética, a menudo en cooperación con EE.UU., en lugares como Afganistán en la década de 1980", cuenta en un artículo publicado a finales del año pasado en el portal Político."Y luego fue desplegado contra los movimientos chiitas apoyados por Irán en la competencia geopolítica entre los dos países", agrega el exdiplomático.Según Khalizad, al final Riad se dio cuenta de que el extremismo se estaba volviendo en su contra, pero no lo reconoció después de 11 de septiembre por miedo a que EE.UU. los tratara como enemigos.Derechos de autor de la imagenReutersImage caption Parece haber llegado la hora de que Qatar, que está llamada a organizar el Mundial de fútbol de 2020, reconsidere sus amistades.
Para Courtney Freer ese mismo temor es lo que efectivamente ha llevado a Arabia Saudita a redoblar sus esfuerzos por cortar sus lazos, y los de sus ciudadanos, con los grupos extremistas.
"No pueden permitirse perder el apoyo de EE.UU.", le dice Freer a BBC Mundo.
La experta de LSE, sin embargo, hace notar que eso no significa que Arabia Saudita vaya a dejar de financiar escuelas u otras misiones que promueven el wahabismo.
Y tanto ella como Richards coinciden además en que los vínculos de Qatar con cualquier grupo que pueda ser considerado extremista no responden tanto a consideraciones ideológicas como a cálculos políticos.
Lo que significa que para el gobierno qatarí -que asegura que las acusaciones en su contra son completamente infundadas- parece haber llegado la hora de reevaluarlas.
Los países del cuerno de África
(Somalia, Kenia, Djibouti y Etiopía) están en situación de emergencia
humanitaria por la peor sequía en décadas.
Al menos 9 de millones de personas sufren las
consecuencias de la falta de lluvias. Muchos han tenido que abandonar
sus hogares en una búsqueda desesperada de alimentos y agua potable.
La hambruna se ha agravado porque a la sequía se
suma que el precio de los alimentos básicos es el más alto en los
últimos tres años. El 35% de los niños de menos de 5 años presenta
desnutrición severa.
Miles de personas llegan cada día hasta el campo
de refugiados de Dadaab, en la frontera entre Somalia y Kenia, que se
ha convertido en el mayor del mundo.
Vea cómo se vive allí esta situación de emergencia en este video de BBC Mundo.
Amani, una refugiada del estado del Nilo Azul, cocina lentejas para la
cena de sus cuatro hijos en el campamento de Jamam, Sudán del Sur.
Foto: Alun McDonald/Oxfam
Un año después: la vida de los refugiados de Sudán del Sur
Tras más de un año de conflicto en el estado del Nilo Azul (Sudán),
109.000 refugiados han atravesado la frontera hasta los cuatro campos
situados en el condado de Maban, en Sudán del Sur, que se encuentran bajo la constante amenaza de las inundaciones provocadas por las intensas lluvias, de la escasez de agua y de posibles brotes de enfermedades.
Los campos de refugiados están ya poblados muy por encima de su capacidad y, sin embargo, se estima que otras 60.000 personas puedan llegar en los próximos meses, cuando comience la estación seca.
Ante las negociaciones entre Sudán y Sudán del Sur que finalizarán en
los próximos días, Oxfam señala que el mundo debe incrementar los
esfuerzos por encontrar una solución pacífica al conflicto del Nilo
Azul, así como al conflicto en el estado de Kordofán del Sur, y demanda
fondos inmediatos para evitar que se produzca un terrible desastre en
Maban.
Oxfam proporciona ayuda humanitaria y también de desarrollo a largo
plazo en todo Sudán del Sur, incluyendo programas de agua y el
saneamiento, de promoción de la higiene y la salud pública, así como
programas de cooperación al desarrollo centrados en los medios de vida
sostenibles, la seguridad alimentaria y la de educación.
Septiembre de 2012
Autor: Andy Hall/Oxfam
Personal de Oxfam se prepara para distribuir 7.000 bidones de agua y
pastillas de jabón a las personas refugiadas que llegan después de
caminar varios días por el desierto. Actualmente, Dadaab es el campo de
refugiados más grande del mundo, ya que alberga a más de 370.000
personas. El agua potable escasea y hay riesgo de que aparezcan
enfermedades.En el Cuerno de África.
Autor: Alun McDonald/Oxfam
Fadomo Hirsi y su nieto llevan a su casa la asignación diaria de agua
que les corresponde: dos bidones de agua de 20 litros cada uno. En casa
son siete personas y tiene que repartirla: "Estos bidones sólo nos
duran un día", explica Fadomo. "La usamos para cocinar, lavar y dar de
beber a los animales. En el último mes murieron 15 de mis cabras y ahora
sólo me quedan cinco. Tengo que mantenerlas".En el Cuerno de África.
La disponibilidad de agua en los países del norte
de África y Oriente Medio se reducirá a la mitad en 2050 debido al
aumento de población, según un informe difundido en Doha con motivo de
la Cumbre de la ONU de Cambio Climático. En la foto de archivo, kenianos
a la espera de rellenar de agua en garrafas, en Kangami
(Kenia). EFE/Stephen Morrison
Doha, 30 nov (EFEverde).- La disponibilidad de agua en los
países del norte de África y Oriente Medio se reducirá a la mitad en
2050 debido al aumento de población, según un informe difundido en Doha
con motivo de la Cumbre de la ONU de Cambio Climático.
En la presentación del estudio, que contó con el apoyo del Fondo Nacional de Investigación de Catar, el doctor Hazim Qiblaui, del Departamento de Ingeniería Química de la Universidad de Catar, consideró que la escasez de agua hará aumentar la dependencia de las plantas de desalinización en la región.
Qiblawey
explicó que estas plantas producen emisiones de gases de efecto
invernadero, al tiempo que impactan en los ecosistemas marinos.
En
ese sentido, pidió a los distintos países que consuman el agua con
responsabilidad, dado que en Oriente Medio y el norte de África ese
consumo asciende a unos 15 millones de metros cúbicos diarios.
También
se presentaron otras investigaciones financiadas por Catar, como una
referida a la eficiencia energética de los sistemas de refrigeración.
Este
es un asunto importante para los países del Golfo, ya que el 40 % de la
energía en los países del Golfo se destina al sector de la construcción
de edificios, responsable del 15 % de las emisiones de dióxido de
carbono.
La XVIII Conferencia de las Partes de la Convención de la
ONU sobre Cambio Climático (COP18) arrancó hace tres días en Doha para
discutir la extensión del Protocolo de Kioto, que expira este año, y si
es necesario otro pacto global de reducción de emisiones que lo
sustituya. EFE
Semana Mundial del Ahorro en Perú
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Semana Mundial del Ahorro en Perú “No ahorres lo que te queda después de
gastar, gasta lo que te queda después de ahorrar”, éstas son palabras
sabias del g...
EL CUERPO DE CRISTO
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Ef 2: 19 Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos
de los santos, y miembros de la familia de Dios.
Fo...