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domingo, 23 de octubre de 2022

La Casa de la Loma tiene un Fantasma: Capítulo DCLXXXII.- Melania Valverde Torres y Jacinto Pérez Maza, tuvieron una conversación y acordaron hacer público su amor, al regreso del hacendado Miguel Valverde Torres; por lo que Jacinto recibirá un trato diferente que los demás peones....

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., continuando con la historia de La Casa de la Loma tiene un Fantasma, y como informamos en el capítulo anterior; el caporal Jacinto Pérez Maza y Melania Valverde Torres, disfrutaron de un opulento almuerzo, que incluyó la bebida de tragos, que los embriagó, sobre todo a Melania, que tuvo que ser conducida en hombres por la noble cocinera Juana, que la condujo a su dormitorio; pero, Jacinto Pérez Maza, tuvo que salir con los jinetes macheteros, ya que un pastor observó a un grupo de jinetes desconocidos, cruzando los terrenos del sector Loma Vieja; volviendo al almuerzo, se hizo una jarana donde el caporal le entonó melodías musicales amorosas a Melania, y ella las aceptó aún estando ebria, ella quería comprobar si de verdad sentía amor por el caporal, y vaya que si, y consideró que su corazón ya le pertenecía, que la fiel cocinera no estuvo de acuerdo...  ..sigamos la historia.....


Aquí en la imagen observamos una típica casa en la Comunidad Campesina de Socchabamba, Ayabaca, Piura, Perú; es una construcción de adobe con techo de tejas rojas y a dos aguas, sobre el techo distinguimos un fantasma que viene a ser el "El Rey de las Tinieblas" : Satanás, seguido de vampiros y una siniestra sombra negra que rodea al misterioso personaje satánico, para comprender la narrativa de la obra literaria: "LA CASA DE LA LOMA TIENE UN FANTASMA", esta imagen será nuestro símbolo de identificación y el logotipo en creación, impresión y distribución literaria. 
Con reconocimiento de derechos de autor, con Partida Registral Nº 00393-2010, Asiento 01, con fecha 27 de marzo de 2010 por INDECOPI.

Este es el símbolo de Marca Perú, que distingue para todos los productos elaborados por peruanos.

Melania Valverde Torres, quien era una hermosa mujer, hija del hacendado Miguel Valverde Torres, ella ya frisaba arriba de los 30 años de edad; que según ella ya era tiempo, que cambie su vida ser una solitaria soltera, y que no habían cortejantes, por que ella vivía en una hacienda muy distante de la ciudad y no tenía ningún roce social.
Sin embargo, llegó a la hacienda un hombre diferente a los pastores, que ingresó a trabajar como el caporal de la hacienda, que la misma Melania lo ubicó en el trayecto que ella regresaba a casa; todo fue fortuito, ellos se conocieron por pura casualidad; que rápidamente hubo empatía entre ellos; pero, se mantenían separados por el rango social, ella era la hija del hacendado y él el caporal de la hacienda.
Jacinto Pérez Maza, rápidamente cautivó por su trabajo a Melania, que ella empezó admirándolo por su valentía, enfrentándose a cuatreros y bandoleros, quienes quisieron apropiarse de los bienes de la hacienda, paulatinamente se iban acumulando en el corazón de Melania esos signos de afecto y cariño, por el brillante trabajo del caporal; pero, ella aún tenía duda, si era amor o solamente admiración por el valiente caporal; por lo que lo invitó almorzar, juntos bebieron y ella comprobó que amaba al caporal.
Volviendo a la historia, al siguiente día, Melania, estuvo conversando con la noble cocinera Juana, quien le informó de todo lo que sucedió el día anterior; después del almuerzo, incluso se atrevió a opinar, que Jacinto le debía explicaciones por haber declarado su amor por la patrona (Melania), y que no era posible, por que él era un peón de la hacienda.
Melania Valverde Torres, estuvo totalmente en desacuerdo, con lo que Juana se expresó muy mal de Jacinto, ella le replicó:
--- Juana, te estás expresando muy mal del caporal, no es un peón más de la hacienda, él ingresó a trabajar con un señor caporal, que está por encima de los demás pastores, quiero decirte que después de mi papá él es jefe de toda la hacienda.
Melania, ya satisfecha con la explicación que le dio a Juana y agregó:
--- Juana, por favor calienta agua que deseo bañarme y dime: ¿Qué debo decir al caporal, sobre lo que sucedió ayer?, por que yo fui quien lo invitó y él, sólo actuó siguiendo la jarana, después del almuerzo.
Juana, ahora convertida en consejera de su patrona, le respondió:
--- Señorita Melania, creo que usted debe aclarar con Jacinto, que usted está enamorada de él y ver si él siente lo mismo por usted; por que ayer ambos se declararon que se amaban, pero ambos estaban ebrios.
Melania, escuchaba  a la noble cocinera Juana, que sintió vergüenza y al mismo tiempo felicidad, por que el amor ya llegó al corazón y a manera de una respuesta, le dijo:
--- Si Juana, estoy enamorada, y también soy consciente que chocaré con mi padre; pero, mi corazón ya tiene dueño y lo amo; por que él (Jacinto) ha demostrado que quiere a esta hacienda, ha expuesto su vida por nosotros y salió victorioso.
Juana, bajó la cabeza, dando un tácito apoyo a su patrona y después de todo estaba en su legítimo derecho de enamorarse de quien quiera y su corazón ya eligió, pero era necesario aclarar lo que hacía el caporal y le respondió:
--- Señorita Melania, lo que usted, ha dicho sobre Jacinto, es su trabajo, por que para eso lo contrataron y él estuvo cumpliéndolo y que si le tocó exponer hasta su vida, era parte de sus actividades.
Melania, ya no comentó más, era ser necia darle la contra a Juana, ella tomó su limonada y se sirvió el plato del caldo de gallina; luego se levantó y salió al patio, allí encontró algunos pastores que necesitaban materiales, ella les entregó y a otros les asignó sus tareas, era la rutina diaria en la marcha de la hacienda.
Aproximadamente siendo las 11:00 horas de la mañana, llegó Jacinto Pérez Maza, completamente agotado, siempre acompañado de sus jinetes macheteros, él fue a su dormitorio, se cambió de ropa y salió al corredor; para eso, ya Juana lo esperaba con un mate lleno de caldo de gallina, quien lo recibió con tanto aprecio, por que el hambre le mataba su estómago, a los jinetes también les dieron comida.
Juana, siempre atenta, después de la comida les dio un jarro de limonada, ella si tuvo especial deferencia de darle servilleta, por que ya era tiempo de empezar atenderlo como futuro hacendado.
Jacinto, quien era rápido en sus reflejos, si notó la diferencia de la atención de Juana, pero al mismo tiempo se dijo: 
"Bueno, soy el caporal y me merezco una atención especial de Juana..."
Jacinto Pérez Maza, aún no sabía que dos mujeres lo amaban: Melania Valverde Torres y platónicamente y en silencio la noble cocinera Juana.
Jacinto, después de comer, fue al almacén, allí cargó un lazo (beta) al hombro y salió al campo acompañado de los jinetes macheteros, quienes halaban sus caballos para llevarlos al pasto.
Aquel día, había mucho trabajo que hacer, sobre todo distribuir tareas en varios potreros; él se separó de sus jinetes y caminó a paso ligero; pero, en el trayecto se preguntó:
"¿Dónde estuvo Melania? 
Se dio respuesta y se dijo:
" Seguramente está enojada de mi persona por que le declaré mi amor"
Tantos pensamientos atravesaban el cerebro de Jacinto; que hasta lamentaba haber ingerido tantos tragos después del almuerzo.
En otro lugar, Melania quien no se había ocultado, sino que no coincidieron con Jacinto cuando él llegó, ya que ella se había ido a otro potrero, y ella sentía lo mismo y se preguntó:
" Si ya nos declaramos nuestro amor, ¿Cómo lo empezaremos?"
Pues, este futuro romance entre Melania y Jacinto, originaría reacciones de los demás peones, tal vez muchos comentarios (chismes), sabiendo que el patrón Miguel Valverde Torres, estaba de largo viaje, y la hija aprovechándose de esa ausencia actuaba para entregar al caporal.
Pero, a Melania, más le preocupaba la reacción de su padre, por lo que tomó una decisión y era la más cuerda: guardar silencio; ya que los únicos en saberlo eran: Jacinto, Juana y ella.
Pasaron 8 días, donde Jacinto y Melania, se trataron como de rutina, no hubo ningún cambio, ni miradas indiscretas, y como la hacienda tenía mucho trabajo, no había tiempo ni para conversar.
No hubo ningún esfuerzo de Jacinto ni de Melania en estar juntos, era su comportamiento de respeto mutuo y rutina en el trabajo, hasta que por circunstancias especiales y no buscadas se encontraron completamente solos en un potrero lejano, que parecía que nadie más los estaría observando, o tal vez el destino lo decidió así y fue ella quien le dijo:
--- Jacinto, tu yo nos amamos, lo mantendremos en silencio hasta que regrese mi padre y se haga público para mantener el respeto de todos los peones; por ahora, nosotros no podemos compartir abrazos ni caricias, que si lo hacemos faltaríamos la disciplina de la hacienda.
Jacinto, bajó la cabeza en señal de sumisión, él era consciente, que ella era la hija del hacendado y se confirmó que también la amaba y le respondió:
--- Como usted lo ordene señorita Melania, si nuestro amor ya se inició, esperaré con prudencia y paciencia para darle mis caricias, usted no sabe el tanto amor que siento por usted, justo nació desde el primer instante que la conocí, pero también era consciente de la tremenda distancia que nos separaba.
Melania, que sentía deseos de abrazarlo y besarlo; pero, por el respeto a su padre, se reprimió y le dijo:
--- A partir de hoy día, tu desayunarás, almorzarás y cenarás en la sala; si por tu trabajo, no llegaras a la hora, ordenaré a Juana que tu comida sea guardada y calentada cuando llegues, por que yo también salgo y no coincidimos, si viajes a los diferentes sectores de la hacienda, siempre llevarás fiambre; la cama de tu dormitorio será cambiada con mantas y sábanas del baúl de la hacienda y las acémilas que montarás serán las asignadas a la hacienda.
Jacinto Pérez Maza, mirando fijamente a la dulce y hermosa Melania, se dio un pellizco en el brazo izquierdo con la mano derecha, para saber si todo lo que escuchaba era tan sólo un dulce sueño; que lo estaba disfrutando, y comprobó que todo era verdad, y como él tiene tareas que cumplir, le contestó:
--- Muchas gracias señorita Melania, por los nuevos beneficios hacia mi persona, y las atenciones suyas, le prometo que nunca la defraudaré, seré leal y fiel al amor que ambos sentimos, y con su permiso tengo tareas que cumplir, me voy con la promesa que en la cena estaremos juntos.
No hubo abrazos, el caporal le hizo la venia y se separaron y cada cual siguió el rumbo de sus caminos, si iban muy felices, que por primera vez ambos sabían que se amaban y que tenían que respetar las reglas para disfrutar su amor.
Mientras tanto, en el sector Loma Vieja, todo era normal, que justamente el caporal encargado Gaspar, seguía adelante en la marcha del sector; tal vez ellos si los vieron o no, pasar a los jinetes, quienes para ellos no era bandoleros, sino transeúntes que les tocó cruzar esos terrenos; pues, era tan sólo una percepción y presunción equivocada.
Pero, ¿Quién fue el pastor, qué informó sobre los supuestos jinetes desconocidos?; justamente Jacinto fue a ese sector donde trabajaba el pastor, quien al encontrarlo, le preguntó:
--- Hombre, tu lograste ver  a un grupo de jinetes que cruzaban los terrenos de Loma Vieja; pero, ellos nunca llegaron a la casa - hacienda, ni los propios pastores del sector nos han informado nada.
El pastor, que si los vio, que eran un grupo de 6 jinetes; que según él, no eran transeúntes, sino bandoleros, le contestó:
--- Señor caporal, esos jinetes si cruzaron los terrenos de Loma Vieja, parece que los pastores del sector no los notaron pasar,  y estos jinetes no los atacaron, por que ellos no eran su objetivo........
Continuaremos....................
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

domingo, 7 de septiembre de 2014

SEÑOR CAUTIVO DE AYABACA: El Milagro de las Tullidas, que además de sordomudas, lograron caminar y rezar y empezaron a trabajar....

Hola amigos : A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., esta es una recreación en ficción  de un Milagro que sucedió años atrás; los nombres y los lugares que aparecen  son  pura coincidencia;  en el Pueblo de Cunante, cercano al distrito de Jurupe, vivían en una casa ubicada en la Calle Loma Alta s/n, una familia compuesta por 6 miembros: Don Mateo Paúcar, su esposa Doña Imelda Huamán y sus 4 hijas: Juana, Isabel, Teodocia y Celinda: Don Mateo como jefe del hogar disponía de un potrero de aproximadamente 10 hectáreas , que cultivaba parte de ello y el resto le servía como pasto para mantener 4 vacas, todas paridas y le daban leche, parte de ese líquido lo vendía a sus vecinos.

Aquí observamos la imagen del SEÑOR CAUTIVO DE AYABACA, que se celebra su festividad religiosa todos los 13 de octubre. Un símbolo cristiano del Abandono de los apóstoles a Jesús en el huerto de Getsemaní, quien estando apresado y maniatado por los jerarcas judíos; se quedó sólo, San Mateo 26 -56 ...más todo sucede para que se cumplan los Escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos dejándole, huyeron.., pero la Torah no acepta estas imágenes, Levítico 26:1 ...Bendiciones de la obediencia, no harás para vosotros ídolos ni levantarás estatuas, ni pondrás en vuestra tierra piedra pintada para inclinarte ante ellos, por que soy YHWH vuestro Dios...
Foto: Archivos del Blog: A vuelo de un quinde.

Aquí en la imagen observamos a Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui, autor del Blog: A vuelo de un Quinde; ferviente devoto del Señor Cautivo de Ayabaca. Foto : Archivos del Blog: A vuelo de un quinde.

La singularidad de esta familia, era que la esposa Doña Imelda y sus 4 hijas eran tullidas ( no tenían movimientos de las piernas) paraban sentadas sin poder trabajar en las faenas agrícolas; con excepción de la mamá las cuatro hijas eran además sordomudas; pero si podían tejer jergas, ponchos, mantas en el telar artesanal de cintura, muy usual en la Comunidad de Socchabamba.
Todos los días Don Mateo, tenía que ayudar a sus cinco "pacientes" hacer sus necesidades fisiológicas, levantándolas  en peso a cada una de ellas y las ponía sobre una cazuela de madera con un hueco al centro(algo parecido a un inodoro ) que permitía la evacuación de los orines y los excrementos; era un trabajo agotador, que el dueño de casa lo hacía puntualmente todos los días.
En la pared del Centro de la sala tenía una gran imagen del Señor Cautivo de Ayabaca.
Don Mateo, antes de levantarse de la cama que generalmente lo hacía a las 5:00 a.m. de la mañana, imploraba al Señor Cautivo de Ayabaca le colme con sus bendiciones, brindándole salud, fuerzas y que sus vacas; nunca dejen de darle la leche por que ese elemento líquido constituía el único salario para atender a su familia.
El potrero de propiedad de Don Mateo, era codiciado por sus vecinos, por que era plano como "la palma de sus manos" como solía decirlo él; cuando comentaba la cosecha que constituía de maíz blanco, frejoles y sambumba, cierto día Don Teodoro García, vecino colindante con el potrero de Don Mateo, le propuso comprarle el potrero; por su puesto le ofreció un precio por debajo del común en aquellos tiempos y siempre habían pleitos por los portillos (abertura hecha al cerco que permite el ingreso de animales que no son de propiedad del dueño del potrero) a estos animales invasores se les llama: "mañosos" y las vacas de Don Teodoro eran las peores dotadas de astas largas y grandes levantaban y destruían cercos y penetraban a potreros ajenos en búsqueda de pastos.
Don Mateo, guardando el respeto rechazó la oferta de compra de Don Teodoro y éste en represalias soltó las vacas un jueves por la noche y como sus potreros no tenían pastos, las vacas emprendieron contra el cerco levantando las ramas secas y destruyéndolas e ingresaron al potrero de Don Mateo toda la noche devoraron el pasto que tanto lo necesitaba Don Mateo para mantener a sus vacas.
Al día siguiente muy temprano Don Mateo fue a su potrero como de costumbre a ordeñar sus vacas y al llegar encontró a las vacas mañosas en número de 10 que habían "limpiado el pasto"; como reacción cogió a una de ellas y las otras las sasó al camino real y con la vaca de prueba se fue a la casa de Don Teodoro para reclamar el daño, el dueño de la vaca mañosa,  al entrevistarlo se enojó y amenazó a Don Mateo con invadir su terreno, si es que no había decidido venderle el mismo, ante semejante prepotencia; Don Mateo dio media vuelta con cajas destempladas y mucha preocupación que había perdido el pasto que lo necesitaba para mantener a sus cuatro vacas lecheras, pero de ninguna manera  iba a vender su terreno a precio irrisorio.
Don Mateo, ordeñó sus vacas, sacando un balde de aproximadamente 15 litros, tal vez era la última cosecha lechera, para el día siguiente no se sabía que cantidad de leche saldría; al llegar a su casa ya había pasado mucho tiempo, los clientes de la leche lo esperaban y sus "pacientes" necesitaban urgente atención, despachó la leche y de frente fue hasta la imagen del Señor Cautivo de Ayabaca; le imploró e invocó su ayuda para salir adelante, en seguida fue a atender una a una esposa e hijas, terminado este arduo trabajo, encendió la leña de la cocina para preparar los alimentos.
En aquel instante, alguien tocó la puerta de la casa, Don Mateo al abrirla era Don Teodoro, que venía con dos talegas de  dinero, quien al verlo le dijo:
--- Mateo, no sea testarudo, vende tu terreno y te libras de tanto trabajo, he traído dos talegas de libras esterlinas que te repagarán el valor de tu terreno.
Don Mateo, muy incrédulo al escuchar de tan tentadora oferta, no lo pensó dos veces y cedió a la seducción del dinero, de inmediato lo hizo pasar y le contestó:
--- Don Teodoro, usted gana como siempre, no puedo negarme, le venderé el terreno.
En seguida se procedió a contar el monto del dinero, que suplía con creces el valor del terreno y como toda transacción necesita legalizarse ante Notario o Juez; el comprador y el vendedor acordaron ir a la Ciudad de Socchabamba que si contaba con Notaría Pública; entonces Don Mateo suplicó a Don Teodoro que saliera  de la sala y lo esperaba afuera, para poder atender a sus "pacientes", terminado el trabajo les sirvió el desayuno y salió para ir al pueblo; olvidó las dos talegas con el dinero sobre la mesa.
Pasados unos 20 minutos después que se fueron, alguien tocó de nuevo la puerta de la casa, solo estaban las cinco tullidas. Doña Imelda, preguntó quien era y el desconocido que tocaba la puerta contestó que venía de parte de Don Mateo para llevar las talegas de  dinero a la Ciudad; la señora como no podía caminar aceptó la respuesta y le ordenó abrir la puerta; entonces ingresó un hombre fornido con mirada profunda y funesta  que al ver las talegas las levantó y las guardó en una alforja y salió sin decir  palabra alguna.
Las cinco tullidas se miraron entre ellas y su mamá entró en pánico sin poder haber impedido que se lleven el único tesoro que garantizaba la existencia de las mismas; la imagen del Señor Cautivo de Ayabaca se oscureció como fiel testigo del asalto y robo de la fortuna.
Mientras tanto en la Ciudad de Socchabamba, Don Mateo entregaba a Don Teodoro su fortuna firmando los documentos de venta y transferencia, todos los gastos los cubrió Don Teodoro, lo que le llamó la atención a Don Mateo conociendo al vecino que era  muy avaro hasta consigo mismo.
De regreso a casa, ambos personajes partieron por caminos diferentes, aunque vivían en la misma dirección, que también le llamó la atención a Don Mateo, pero lo pasó por alto y apuró su viaje a su morada y recién recordó que por descuido dejó las talegas del dinero expuestas, pero jamás imaginó que alguien ya se las robó.
Don Mateo, cuando se acercaba a su casa, escuchó el sollozo de su familia, al llegar vio que la puerta estaba  abierta, al entrar observó que su esposa Doña Imelda se había desplomado al suelo y sus cuatro hijas lloraban desconsoladamente y como eran sordomudas se había establecido un lenguaje con señas y movimientos y justamente la hija mayor Juana: "narró" a su padre que robaron las talegas y esa impresión de no poder hacer nada para impedirlo, su madre se desmayó cayendo al suelo y nunca más hizo el intento de moverse, había muerto de infarto cardiaco.
Isabel la segunda hija hizo una "descripción" del ladrón que se llevó las talegas; Teodocia "aportó" la información que el ladrón no estaba montado llegó y se fue  a pie;  y Celinda la última de las hijas "señaló" que el ladrón era un peón de Don Teodoro.
Don Mateo, entristecido por la pérdida de su fortuna, entendió perfectamente el plan urdido por el ricachón  Teodoro, que hábilmente  lo engatusó, ofreciéndole un precio mayor por el terreno, si después que no haya nadie en casa mandaría a un peón para que le regrese el dinero "pagado"; pero nunca contó que las "hijas tullidas" como las llamaban, tenían sus sentido bien afinados a pesar de su discapacidad tanto de los miembros inferiores como de los oídos y la lengua.
Don Mateo una vez más invocó a la imagen del Señor Cautivo de Ayabaca; pidiéndole ayuda y protección por que se había quedado en la completa miseria y después de enterrar a su esposa, su primera reacción fue ir a la casa de Don Teodoro y reclamar que uno de sus peones le robó las dos talegas del dinero  que él pagó por el terreno; en efecto al llegar a esa casa, allí encontró al ricachón García, justamente recibiendo de su peón las dos talegas que antes le pagó a Don Mateo.
Semejante evidencia, no se podía ocultar y el peón pensando que estaba comprometido, sacó una chaveta oculta en su bolsillo y se abalanzó contra el cuerpo de Don Mateo hiriéndole el pecho, el abdomen y varios otros violentos chavetazos que el herido se desplomó al suelo muriendo desangrado.
Don Teodoro, reprendió a su peón por que nunca fue planeado matar a Don Mateo, pero el agresivo asesino amenazó también con atacarlo a él; no sabemos si todo se planeó así; pero las cuatro tullidas se encontraban huérfanas y desamparadas; aún así, tienen la imagen del Señor Cautivo de Ayabaca como su protector; también se desconoce que hizo Don Teodoro con el cadáver de Don Mateo, pero con su dureza y avaricia reconoció que se "pasó la mano" y ordenó al medio día, que era hora de almorzar llevar comida a las "Tullidas" y envió a Hortencia, quien era una sirvienta que conocía esa casa a cumplir el encargo.
Mientras tanto, las hermanas tullidas, se pusieron de acuerdo y se  comunicaron mentalmente y las cuatro fijaron su mirada al cuadro que contenía  la imagen del Señor Cautivo de Ayabaca;  y todas oraron e invocaron pidiéndole la ayuda de Dios, por que no había llegado su padre(ya estaba muerto) en ese trance de oración mental, llegó Hortencia con la comida, la puerta estaba abierta al ingresar vio a un monje vestido de morado con un cordón amarillo a la cintura y calzaba sandalias, quien estaba atendiendo a las inválidas.
Hortencia, sorprendida, saludó así:
--- Buenas tardes Reverendo Padre he traído la comida para las "tullidas".
El que fingía de monje, le contestó:
--- Gracias hija mía;  haz ayudado a mujeres que se han cansado de estar sentadas.
Hortencia, no entendió la respuesta, pero igual dejó la comida y salió muy impresionada lo que habían visto sus ojos.
Al llegar a la casa de su patrón, le dijo:
--- Don Teodoro, en casa de las "tullidas" hay un cura que le brilla todo su cuerpo, pero es muy humilde y me agradeció la comida que llevé...
Don Teodoro quien era agnóstico y odiaba a los monjes, pensó lo contrario y balbuceó:
--- "Esas tullidas pícaras ya consiguieron marido, pues ya no les enviaré comida".
Pero, Hortencia que no salía se su asombro, quedó impactada de haber visto a un monje y regresó al otro día con comida que la preparó por su cuenta; y esta vez casi se desmaya por que encontró a las "tullidas" conversando con el monje, ella sabía que eran sordomudas, saludó y el monje le dijo:
--- Gracias hija por tu generosidad con tu ayuda ellas se han salvado...
Hortencia  más asombrada vio a un hombre iluminado todo su cuerpo y era muy locuaz y éste, agregó:
--- Como te dije ayer, ellas: "las tullidas " como tu las conoces estaban cansadas de estar sentadas; ahora estás viendo que se levantarán...
En seguida el monje les ordenó:
--- Señoritas levántense y saluden con un abrazo a la señorita que les traído comida.
Las "tullidas" se levantaron y abrazaron a la vecina y miraron que el cuadro del Señor Cautivo de Ayabaca, estaba vacío, como reacción inmediata las cuatro se arrojaron a los pies del monje en son de agradecimiento por el "Milagro" que estaban viviendo y el monje muy serio les ordenó:
--- Levántese su fe en Dios las ha salvado, ahora limpien la casa, desempolven el telar y pónganse a trabajar para que consigan el pan de cada día.. y vayan más tarde a recuperar sus vacas...
Las cuatro hermanas que fueron tullidas; ahora muy  felices se abrazaban entre ellas y en esos momentos no se dieron cuenta, que luego misteriosamente el monje se desvaneció desapareciendo y miraron el cuadro de la imagen, allí estaba de nuevo: EL SEÑOR CAUTIVO DE AYABACA.
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
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