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********** Blog Fundado el 03 de Enero del 2008 **********
Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., el mundo de la luz y la cultura como lo fue Grecia, tuvo en Macedonia, que era parte del estado griego, a uno de los conquistadores más grandes de la historia, nos referimos a Alejandro III de Macedonia; más conocido como Alejandro Magno, fue hijo del Rey Felipo II de Macedonia.
Alejandro Magno, tuvo una formación militar a cargo de Clito, y la cultura estuvo a cargo de Aristóteles, filósofo que despertó en Alejandro Magno su gran admiración por la cultura griega y las antiguas epopeyas de la Iliada de Homero, que se convirtió en su libro de cabecera.
Alejandro Magno, es el soberano europeo que conquistó el Imperio Persa: Alejandro lanzó a su ejército, de apenas 40.000 hombres, contra el poderoso Imperio persa. A pesar de la superioridad numérica del ejercito del rey Darío III, Alejandro lo derrotó en las batallas del Gránico e Issos (333 a.C.), Gaugamela (331 a.C.) y la batalla de la Puerta Persa (330 a.C.).
National Geographic .- narra : "... En este contexto de desconfianza, el hombre más cercano a Alejandro
–con el que incluso parece ser que mantuvo una relación afectiva–, Hefestión, enfermó durante unos juegos que se celebraron en la corte. Una semana más tarde murió y,
según relatan las crónicas, Alejandro se volvió loco de dolor, se hizo
afeitar la cabeza y canceló todos los festejos. Alejandro partió a
Babilonia con el cadáver de su amigo, celebró fastuosos juegos funerarios en su recuerdo e hizo construir un gran mausoleo en su honor...."
National Geographic.- agrega: "Un caluroso día de junio, Alejandro Magno moría en su palacio de Babilonia. Incluso
a día de hoy aún existe debate sobre las causas de su muerte. Hay quien
apunta a unas fiebres y hay quien dice que fue envenenado. Sea como
fuere, su muerte prematura a los 33 años impidió que el inmenso imperio que había creado sobreviviera a su desaparición. Luchas sucesorias, en las que sus esposas e hijos fueron asesinados, disgregaron su legado, que se repartió entre sus generales dando origen a los Estados Helenísticos...."
El 13 de junio de 323 a.C. (algunas fuentes apuntan el 10) murió a los 33 años Alejandro Magno, el conquistador más famoso de la historia. La vida del monarca macedonio fue una sucesión de batallas y logros como la conquista del Imperio persa, el más grande que el mundo hubiera conocido. Pero su legado no le sobrevivió
Una historia inspiradora
Grandes generales de la historia como Julio César o Napoleón se inspirarían en Alejandro Magno.
El pupilo de Aristóteles
Escogido por su padre como futuro
heredero, fue educado como tal desde su nacimiento y su formación
intelectual se encomendó a Aristóteles. El filósofo despertó en el joven
una gran admiración por la cultura griega y por las antiguas
epopeyas, particularmente por La Ilíada de Homero, que se convirtió en su libro de cabecera.
Foto: CC
Un malentendido histórico
Hefestión fue amigo de la infancia
de Alejandro e incluso formó parte del selecto grupo que asistió, junto
con el rey, a las clases del filósofo Aristóteles. Por ello, su relación
con Alejandro revistió una intimidad fuera de lo común (que bien pudo
ser de índole sexual), hasta el punto de que Alejandro le consideraba en
público su alter ego y, a veces, los súbditos persas
confundían al uno con el otro. Justamente lo que le sucedió a la familia
de Darío III, cuando Alejandro fue a conocerles tras haberlos
capturado.
Foto: Print collector / Getty images
La conquista de un imperio
En el año 331 a.C., mientras el
derrotado Darío III emprendía la huida –posteriormente fue asesinado por
Bessos, un noble persa–, Alejandro completó la conquista de
Persia. Entró triunfalmente en Babilonia, Persépolis y Susa, donde se
casó con la hija de Dario III, la princesa Barsine-Estatira. En la
imagen, la ciudad de Persépolis en la actualidad.
Foto: SIMON NORFOLK / NB PICTURES / CONTACTO
Poco tolerante con las críticas
La formación militar de Alejandro
corrió a cargo de Clito, un militar que fue asesinado por el propio
Alejandro. Todo ocurrió años después, cuando se celebraba un banquete en
Samarcanda en 328 a.C. Clito le echó en cara que se comparara con los
dioses y su creciente "orientalización". A lo que el rey, borracho,
respondió terminando con su vida.
Foto: AKG / Album
Un imperio sin igual
Este mapa muestra la máxima extensión
que alcanzó el imperio de Alejandro Magno. Sin embargo, un caluroso día
de junio, Alejandro Magno moría en su palacio de Babilonia. Su muerte
prematura a los 33 años impidió que el inmenso imperio que había creado
sobreviviera a su desaparición debido a las luchas sucesorias.
Finalmente, los territorios se repartieron entre sus generales dando
origen a los Estados Helenísticos.
Foto: CC
Josep Gavaldà
La muerte de Alejandro Magno, el mayor conquistador de la historia
"Busca, hijo mío, un reino igual a ti, porque en Macedonia no cabes". Con estas palabras se dirigió el rey Filipo II de Macedonia a su hijo Alejandro cuando éste apenas tenía 17 años. Hasta el día de su muerte, el 13 de junio (algunas fuentes dicen que el 10) de 323 a.C., el legado de Alejandro Magno, el soberano que venció a los persas y extendió su imperio hasta la India, inspiraría a grandes generales de la historia como Julio César o Napoleón Bonaparte.
Hijo de Filipo II de Macedonia y de la princesa Olimpia, miembro de la familia real de Epiro, Alejandro III de Macedonia, más conocido como Alejandro Magno, nació en agosto del año 356 a.C. Escogido por su padre como futuro heredero, fue educado como tal desde su nacimiento y
su formación intelectual se encomendó a Aristóteles. El filósofo
despertó en el joven una gran admiración por la cultura griega y por las
antiguas epopeyas, particularmente por La Ilíada de Homero, que se convirtió en su libro de cabecera. Su formación militar corrió a cargo de Clito, un
militar que fue asesinado por el propio Alejandro cuando, años después,
en un banquete en Samarcanda, aquel le echase en cara que se comparara
con los dioses y su creciente "orientalización".
Durante los primeros años de reinado, Alejandro aumentó la presión
sobre los Estados griegos sometidos a Macedonia que, aprovechando la
muerte de Filipo, se habían rebelado. Una vez logrado el control de la Hélade, y para seguir las políticas de expansión que ya había iniciado su padre, en el año 334 a.C, Alejandro lanzó a su ejército, de apenas 40.000 hombres, contra el poderoso Imperio persa. A pesar de la superioridad numérica del ejercito del rey Darío III, Alejandro lo derrotó en las batallas del Gránico e Issos (333 a.C.), Gaugamela (331 a.C.) y la batalla de la Puerta Persa (330 a.C.).
Tras conseguir el control de la Hélade, el joven Alejandro lanzó a su
ejército, de apenas 40.000 hombres, contra el poderoso Imperio persa
A finales de 334 a.C., Alejandro decidió pasar el invierno en Gordion, la
antigua capital de Frigia (Asia Menor). Allí se encontraba un famoso
carro real, sujeto a un nudo muy complicado de deshacer. Según el
oráculo de Gordion, "quien supiera deshacerlo conquistaría Asia". Algunas fuentes indican que Alejandro desató el nudo pacientemente, y otras afirman que lo cortó con su espada. Esa misma noche estalló una tormenta eléctrica que simbolizó, según Alejandro, que Zeus aprobaba sus planes de conquista.
A su paso por Egipto, Alejandro fue recibido como un héroe
tras sus victorias contra los persas. Durante su estancia en el país
del Nilo, inició la construcción de varios templos y mostró su
veneración a los dioses locales. En Menfis, ante el fervor del pueblo, que lo veía como un libertador, el monarca macedonio fue nombrado faraón de Egipto. Durante su estancia en
el oasis de Siwa, sede del célebre oráculo del dios Amón, Alejandro
consultó a la divinidad para que le confirmara su origen divino y ratificara que era hijo de Zeus, identificado en esa remota región con el dios egipcio Amón.
En el año 331 a.C., mientras el derrotado Darío III emprendía la huida –posteriormente fue asesinado por Bessos, un noble persa–, Alejandro completó la conquista de Persia. Entró triunfalmente en Babilonia, Persépolis y Susa, donde se casó con la hija de Dario III, la princesa Barsine-Estatira.
Expedición de Alejandro Magno hacia la India
Dueño de Asia central y del actual Afganistán, Alejandro se lanzó a conquistar la India, y aunque se hizo con la parte occidental del subcontinente, tuvo que renunciar a continuar avanzando hacia el este a causa del amotinamiento de sus tropas, agotadas por tan larga sucesión de conquistas y batallas. Tras su campaña en Bactria en el año 327 a.C., se casó con Roxana, hija de Oxiartes, un noble bactriano que se había alzado contra él.
Alejandro tuvo que renunciar a continuar su conquista de la India por
el amotinamiento de sus tropas, agotadas por la larga sucesión de
conquistas y batallas
Tras su campaña por la India, Alejandro fue plenamente consciente del
grado de sofisticación que había alcanzado el Imperio persa. Fascinado
por ello, el conquistador llegó incluso a adoptar las costumbres
y las formas de vestir de los persas, algo que desagradó sobremanera a
sus oficiales macedonios, que incluso llegaron a rebelarse, algo que Alejandro atajó ejecutando a los cabecillas.
En este contexto de desconfianza, el hombre más cercano a Alejandro
–con el que incluso parece ser que mantuvo una relación afectiva–, Hefestión, enfermó durante unos juegos que se celebraron en la corte. Una semana más tarde murió y,
según relatan las crónicas, Alejandro se volvió loco de dolor, se hizo
afeitar la cabeza y canceló todos los festejos. Alejandro partió a
Babilonia con el cadáver de su amigo, celebró fastuosos juegos funerarios en su recuerdo e hizo construir un gran mausoleo en su honor.
Cuando murió su amado Hefestión, Alejandro se volvió loco de dolor e hizo celebrar fastuosos juegos funerarios en su honor
Un caluroso día de junio, Alejandro Magno moría en su palacio de Babilonia. Incluso
a día de hoy aún existe debate sobre las causas de su muerte. Hay quien
apunta a unas fiebres y hay quien dice que fue envenenado. Sea como
fuere, su muerte prematura a los 33 años impidió que el inmenso imperio que había creado sobreviviera a su desaparición. Luchas sucesorias, en las que sus esposas e hijos fueron asesinados, disgregaron su legado, que se repartió entre sus generales dando origen a los Estados Helenísticos.
Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., el último rey de Babilonia, llamado: Nabónido, quien: Aupado al trono de Babilonia por una
conspiración, Nabónido ofendió al clero de Marduk al promover a Sin como
dios principal de la ciudad. Al final, cayó víctima de una conjura y
de la invasión del persa Ciro.
National Geographic.- narra : " El destino de Nabónido, el último rey de Babilonia, empezó a
fraguarse lejos de la gran capital mesopotámica, en Harrán, una ciudad
al norte de Siria. De allí procedían probablemente sus padres, sin
conexión con la realeza y seguramente de condición modesta. Sobre la
madre tenemos información muy precisa gracias a una autobiografía que se
le atribuye y que, según las fuentes, escribió cuando tenía 104 años.
Sabemos así que se llamaba Adad-guppi, nombre que sugiere que era de
origen arameo. Cuando Harrán fue destruida por el rey babilonio
Nabopolasar y sus aliados medos en el año 609 a.C., ella y su marido
marcharon a Babilonia, tal vez como cautivos. Una vez en la
capital entraron a formar parte del personal de la corte, aunque su
rango no era elevado. Adad-guppi explica asimismo que presentó a su hijo
Nabónido en la corte babilonia y que éste sirvió al rey Nabucodonosor,
aunque no sabemos qué cargó ocupó... "
Aupado al trono de Babilonia por una
conspiración, Nabónido ofendió al clero de Marduk al promover a Sin como
dios principal de la ciudad. Al final, cayó víctima de una conjura y
de la invasión del persa Ciro.
Puerta de Ishtar
Era la principal puerta de entrada a Babilonia, erigida por Nabucodonosor II. Museo de Pérgamo, Berlín.
BPK / SCALA, FIRENZE
El dios de la luna
El dios Sin en una estela de piedra
caliza procedente de Tell Ashmar, en Siria. Período Neoasirio. Siglo
VIII a.C. Museo Arqueológico, Alepo.
DAGLI ORTI / ART ARCHIVE
La caída de Babilonia
Siguiendo el relato de la Biblia,
John Martin presentó la conquista de Babilonia por los persas de Ciro el
Grande en 539 a.C. como un episodio apocalíptico. Grabado sobre óleo de
1831. Tate Gallery, Londres.
EILEEN TWEEDY / ART ARCHIVE
Marduk, el dios de Babilonia
El dragón, símbolo del dios Marduk. Período Neoasirio. 800-600 a.C. Museo del Louvre, París.
BRIDGEMAN / INDEX
Agradecimiento a los dioses
En esta estela, Nabónido, vestido con
el traje tradicional de los reyes babilonios y portando un cetro
ceremonial, celebra el regreso de la abundancia tras una larga sequía.
Ante él, el creciente lunar, símbolo del dios Sin; el planeta Venus,
símbolo de la diosa Ishtar, y el disco solar, símbolo del dios Shamash.
Museo Británico, Londres.
BRITISH MUSEUM / SCALA, FIRENZE
Entrada al palacio real
Nabónido, tras acceder al trono,
quiso vincularse con los monarcas que le precedieron, como
Nabucodonosor, de cuyo palacio en Babilonia vemos la fachada restaurada.
C. SAPPA / DEA / AGE FOTOSTOCK
Adelina Millet Albà
Nabónido, el último rey de Babilonia
El destino de Nabónido, el último rey de Babilonia, empezó a
fraguarse lejos de la gran capital mesopotámica, en Harrán, una ciudad
al norte de Siria. De allí procedían probablemente sus padres, sin
conexión con la realeza y seguramente de condición modesta. Sobre la
madre tenemos información muy precisa gracias a una autobiografía que se
le atribuye y que, según las fuentes, escribió cuando tenía 104 años.
Sabemos así que se llamaba Adad-guppi, nombre que sugiere que era de
origen arameo. Cuando Harrán fue destruida por el rey babilonio
Nabopolasar y sus aliados medos en el año 609 a.C., ella y su marido
marcharon a Babilonia, tal vez como cautivos. Una vez en la
capital entraron a formar parte del personal de la corte, aunque su
rango no era elevado. Adad-guppi explica asimismo que presentó a su hijo
Nabónido en la corte babilonia y que éste sirvió al rey Nabucodonosor,
aunque no sabemos qué cargó ocupó.
Nabónido sin duda adquirió con el tiempo una
posición destacada en el palacio real. Y, de este modo, cuando ya era un
hombre de edad avanzada –como se deduce del hecho de que tenía un hijo
ya mayor, al que nombraría regente al conquistar el trono–, intervino
directamente en la crisis política que se abrió en Babilonia a partir de
la muerte de Nabucodonosor II, en el año 562 a.C.
Los seis años siguientes fueron para Babilonia un período convulso, en el que se sucedieron hasta tres reyes, dos de los cuales fueron asesinados.
El último acto de la crisis se inició con el ascenso al trono en 556
a.C. de Labashi-Marduk, hijo del rey Neriglisar. Seguramente el nuevo
monarca era aún un niño, por lo que nada pudo hacer frente a una
conspiración de palacio que apenas dos meses después lo derrocó y acabó
con su vida. Según el historiador Beroso, «la debilidad del rey se hizo
aparente de muchas maneras» y fueron sus «amigos» quienes lo asesinaron.
Rey a su pesar
Tras la muerte de Labashi-Marduk, Nabónido fue aclamado como nuevo
soberano, quizá sin que él mismo lo buscara. Al menos eso declara en la
crónica que encargó en su decimotercer año de reinado: «En mi mente no
estaba la idea de ser rey». Sin duda, Nabónido debió de formar parte de
la conjura, pero no parece que fuera el líder. Tal vez lo aupó al trono su propio hijo, Belshazzar
(conocido también como Baltasar). Así se explicaría que justo después
de la proclamación de su padre, Belshazzar ascendiera a un lugar
preeminente en la corte y se convirtiera en regente del reino durante el
largo período de tiempo en que Nabónido estuvo ausente de la capital.
En cualquier caso, en los inicios de su reinado Nabónido actuó como si
quisiera hacerse perdonar la manera en que había llegado al trono. Se
esforzó en comportarse como sus predecesores y quiso mostrarse como un
rey piadoso y respetuoso con las tradiciones religiosas babilonias. Un
ejemplo de este empeño fue la restauración del Ebabbar, el principal
templo de la ciudad de Sippar, 60 kilómetros al norte de Babilonia. En
tan sólo dos años se excavó el terreno hasta llegar a los cimientos más
antiguos del templo y se procedió a la reconstrucción, de manera que en
su tercer año de reinado Nabónido pudo dedicar el Ebabbar y presentar
una tiara a Shamash, el dios del sol, «según las antiguas costumbres».
Durante los trabajos de excavación de los cimientos del templo se
descubrió una estatua del rey Sargón de Acad (2333-2278 a.C.), una
antigüedad ya en esa época. Nabónido hizo colocar esta estatua en el
Ebabbar y ordenó que se le rindiera culto como si fuera la imagen de un
dios. Aprovechando seguramente este hallazgo, Nabónido hizo colocar
también en el Ebabbar una estatua suya, no para ser adorada sino como un
elemento votivo. Este hecho podría interpretarse, una vez más, como
ejemplo de la voluntad de Nabónido de relacionar su propia persona con
ilustres gobernantes del pasado.
En los momentos iniciales de su reinado, Nabónido también dedicó
especial atención al mantenimiento del culto a las principales
divinidades de Babilonia, sobre todo a Marduk, el dios patrono de la
ciudad. En Sippar restableció las ofrendas en el templo de Marduk y su
paredra (esposa) Sarpanitu, e hizo lo propio en Uruk. Una inscripción
nos informa de que el monarca restauró también el templo de Ishtar de
Acad, en la ciudad de Agadé.
El rey en un oasis de Arabia
En el cuarto año de su reinado, Nabónido tomó una sorprendente
decisión: abandonó la capital, Babilonia, dejando a su hijo Belshazzar a
cargo del reino, y se estableció en el oasis de Teima, en el desierto de Arabia.
Ordenó rodear esta ciudad de una muralla y se hizo construir un
palacio. El traslado tal vez estuvo relacionado con la amenaza creciente
que ejercía sobre Babilonia el emergente Imperio persa, dirigido desde
559 a.C. por un belicoso monarca, Ciro II. Temiendo que los persas
ocuparan Siria y cortaran las rutas comerciales de Babilonia hacia el
norte, Nabónido tal vez quería explorar un acceso alternativo al mar a
través del norte de Arabia, una zona económicamente muy próspera en esa
época.
Tras diez años en Teima, Nabónido regresó a Babilonia, quizá porque su
presencia en la capital era necesaria para hacer frente a la amenaza de
Ciro, o bien porque decidió asumir directamente el poder ante las
discrepancias que tal vez surgieron con su hijo Belshazzar. Cabe señalar
igualmente que en esos años se había producido en Babilonia una
hambruna.
En cualquier caso, fue a su regreso de Teima cuando el monarca decidió
llevar a la práctica un proyecto que sin duda acariciaba desde hacía
años y que tendría consecuencias dramáticas para el Imperio babilónico:
el de promover a lo más alto del panteón al dios lunar Sin, una
divinidad que había caído en el olvido en la ciudad, pero a la que el
monarca se sentía muy ligado seguramente por el ejemplo de su madre,
gran devota de Sin.
Nabónido tomó una sorprendente decisión: abandonó la capital, Babilonia, dejando a su hijo Belshazzar a cargo del reino
Nabónido ordenó convertir varios templos en santuarios dedicados a Sin.
La decisión se dio a conocer en todos los rincones del Imperio mediante
la erección de estelas en las que se explicaba el lugar de privilegio
que a partir de entonces ocuparía el dios lunar, y se argüía que la
medida del rey le había sido inspirada directamente por el dios mediante
una señal o signo; era, decía, la «obra de Sin» (epišti Sîn en acadio).
Nabónido dedicó una especial atención a los templos de Sin en Harrán y
en Ur, y en esta última ciudad consagró incluso a su hija,
En-nigaldi-Nanna, como gran sacerdotisa del dios, emulando a Sargón de
Acad, que había hecho lo propio con su hija Enheduanna. Los trabajos de
reconstrucción fueron conmemorados en la autobiografía de la madre de
Nabónido, en la que ésta vinculaba directamente el poder del monarca con
la protección del dios: «Sin, el rey de los dioses, me miró. Él llamó a
Nabónido, mi único hijo, mi vástago, a la realeza. Él personalmente le entregó la realeza de Sumer y Acad, desde la frontera de Egipto y el mar superior, hasta el mar inferior, toda la tierra».
La venganza de Marduk
La nueva política religiosa de Nabónido provocó el rechazo de la
clase sacerdotal de Babilonia. Ya su marcha al oasis de Teima fue vista
como una traición a la ciudad y a sus tradiciones. La ausencia del rey
supuso, por ejemplo, que se cancelasen las ceremonias del festival del
Año Nuevo, que el monarca debía presidir. Entre ellas estaba la
introducción de la estatua de Marduk en su templo, que indicaba el
inicio del año, por lo que su suspensión perturbaba el ciclo de cultos
en la ciudad. Al regreso de Nabónido a Babilonia la situación se agravó,
pues el rey ordenó que hasta el templo de Marduk fuera consagrado a
Sin. Los sacerdotes de aquel dios y de otras divinidades cuyos templos
habían sido usurpados para el nuevo culto lunar se convirtieron en
enemigos acérrimos del rey, al que acusaron de comportamiento impío; su
dios Marduk los vengaría, aseguraban.
Esa venganza llegó en el decimoséptimo año del reinado de Nabónido. El
rey persa Ciro entró en los dominios de Nabónido en 539 a.C., procedente
de los montes Zagros, y derrotó a los babilonios en una sangrienta
batalla en la confluencia de los ríos Diyala y Tigris, cerca de Opis.
Tras saquear esta ciudad y masacrar a sus habitantes, Ciro se dirigió a
Sippar. Entretanto, se desarrolló en Babilonia una conspiración contra
Nabónido, que fue hecho prisionero. La ciudad se rindió al general persa
Gobryas y poco después Ciro hizo su entrada triunfal en ella. No se
sabe a ciencia cierta cuál fue el destino de Nabónido: según una fuente,
se le envió al exilio en una remota provincia del Imperio persa,
mientras que el historiador griego Jenofonte asegura que el último rey
de Babilonia fue asesinado.
Para saber más
Breve historia de Babilonia. Juan Luis Montero Fenollós.Nowtilus, Madrid, 2012. El profeta. Sholem Asch. La Llave, Vitoria, 2001.
Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic en un reportaje, nos recuerda de como habría sido los Jardines Colgantes de Babilonia, una de las 7 maravillas del Mundo Antiguo, que construido por el rey Nabucodonosor II, cuyo reinado Babilonia logró su máximo esplendor.
Nabucodonosor II erigió un auténtico edén
en la orilla del río Éufrates llamado convertirse en una de las siete
maravillas del mundo más exótica y sugerente. Ahora, gracias a la
tecnología podemos imaginar cómo sería en el siglo XXI si se hubiera
mantenido en pie.
Nabucodonosor II
(?, h. 630 - Babilonia, 562 a.C.) Rey de Babilonia bajo
cuyo reinado el Imperio neobabilónico conoció su máximo esplendor,
antes de ser anexionado al Imperio persa. Es especialmente recordado
como gran restaurador y constructor de templos y edificaciones públicas,
como los jardines colgantes de Babilonia (una de las siete maravillas
del mundo antiguo) y un zigurat que ha sido identificado como la bíblica
«Torre de Babel».
Nabucodonosor II
Nabucodonosor era hijo de Nabopolasar, un general caldeo que, tras la muerte de Asurbanipal,
rey de Asiria, se había proclamado soberano de Elam, Mesopotamia, Siria
y Palestina, fundando un Imperio neobabilonio que vino a ocupar el
espacio del declinante Imperio asirio de Asurbanipal.
Nabucodonosor aseguró el dominio de estos territorios
derrotando a los egipcios en la batalla de Karkemish (605 a.C.), todavía
en vida de su padre. Muerto Nabopolasar en aquel mismo año,
Nabucodonosor le sucedió y se consagró a la tarea de consolidar el
imperio que había heredado, combatiendo incesantemente contra sus
enemigos, especialmente en la zona sirio-palestina.
A pesar de que Nabucodonosor había ocupado Jerusalén y
deportado a muchos judíos a Babilonia, el rey Joaquín de Judá se rebeló
en connivencia con los egipcios en el 597 a.C.; tras recuperar
Jerusalén, Nabucodonosor los castigó con una segunda deportación a
Babilonia. Puso entonces en el trono de Judá a Sedecías, que también le
traicionó, rebelándose de nuevo en alianza con Tiro y Egipto (586 a.C.).
Tras un año y medio de asedio, Nabucodonosor
tomó Jerusalén por tercera vez, mandó destruir la ciudad y el templo
(clave de la identidad del pueblo judío) y envió un tercer contingente
de judíos deportados a Babilonia; este «cautiverio babilónico» de los
judíos se prolongaría hasta que el Imperio neobabilonio fue conquistado
por Ciro el Grande, quien ordenaría restaurar el templo y permitiría el
regreso de los deportados a su país de origen.
La Torre de Babel en un cuadro de Brueghel
Tras una dura lucha, Nabucodonosor completó su victoria
con la anexión de Tiro (573 a.C.) y una nueva derrota de los egipcios
(567 a.C.). Desde entonces, Nabucodonosor se consagró al
engrandecimiento de Babilonia, dándole el esplendor que merecía su
carácter de capital de un vasto imperio: la rodeó de una doble muralla
con puertas monumentales, la adornó con los célebres jardines colgantes
(una de las siete maravillas del mundo antiguo), reparó puentes y
canales y construyó o más probablemente amplió un santuario con un
zigurat de 90 metros de altura (identificado con la Torre de Babel del
relato bíblico) y un templo al que se accedía por una gran vía
procesional.
La muerte de Nabucodonosor en el año 562 a.C.
desencadenó un periodo de luchas internas que llevó al trono a Nabonides
(556-539 a.C.), último rey de Babilonia. Ya al final del reinado de
Nabucodonosor II habían empezado a aparecer síntomas de decadencia, que
se manifestaron en la lucha por el poder entre los sacerdotes del dios
Marduk y los de Samash. Ciro el Grande,
fundador del Imperio persa, aprovechó la debilidad causada por esta
pugna para imponer su dominio sobre Babilonia (539 a.C.), que pasó a
formar parte del Imperio persa.
Nabucodonosor II erigió un auténtico edén
en la orilla del río Éufrates llamado convertirse en una de las siete
maravillas del mundo más exótica y sugerente. Ahora, gracias a la
tecnología podemos imaginar cómo sería en el siglo XXI si se hubiera
mantenido en pie.
Recreación de los jardines colgantes de Babilonia si existieran en el siglo XX
El escritor griego Filón de Bizancio
explicaba, por ejemplo, que "las raíces de los árboles forman un tejado
sobre el suelo” lo que ha servido para recrear el ambiente de Babilonia.
Foto: NeoMam Studios
Situación actual de los jardines colgantes de Babilonia
Los jardines de Babilonia fueron abandonados antes del siglo IV a C..
Foto: NeoMam Studios
Guiomar Huguet
Así serían los jardines colgantes de Babilonia en la actualidad
Una princesa que añoraba los paisajes de su tierra y un rey dispuesto a atender a todas sus demandas es el supuesto origen de los jardines colgantes de Babilonia, una maravilla tan sugerente como enigmática.
Las tierras bañadas por el río Éufrates aportaban, con generosidad abundante, fertilidad a los alrededores de los jardines construidos por Nabucodonosor II para su esposa, la nostálgica princesa Amytis de Meda,
en el siglo VI a.C. Puesto que no hay evidencias de su aspecto real, se
cree que los jardines estaban dispuestos sobre una construcción
organizada en distintos niveles de terrazas, donde una frondosa vegetación brotaba y sobresalía por los balcones, creando el efecto de estar suspendidos en el aire. De hecho, es posible que el término ‘colgante’ sea fruto de una mala traducción de los textos antiguos.
Filón de Bizancio dijo: “El llamado Jardín Colgante, con sus plantas
por encima de la tierra, crece en el aire. Las raíces de los árboles
forman un tejado sobre el suelo”.
En el siglo IV a C., cuando Alejandro Magno llegó a Babilonia, encontró los jardines ya abandonados. Sin embargo, años antes, según las palabras del escritor Filón de Bizancio, el vergel de Mesopotamia
ubicado junto al palacio real lucía así: “El llamado Jardín Colgante,
con sus plantas por encima de la tierra, crece en el aire. Las raíces de
los árboles forman un tejado sobre el suelo.”
El majestuoso Altar de Pérgamo permanece cerrado hasta 2019 debido a la
rehabilitación gradual del Museo de Pérgamo de Berlín, uno de los más
visitados de Alemania. En cambio, la Puerta de Ishtar,
una de las ocho puertas monumentales de la muralla interior de
Babilonia, se puede visitar con normalidad. Decorada con animales de
colores brillantes sobre un fondo azul vidriado, fue levantada a
comienzos del siglo VI a.C. por Nabucodonosor II al norte de la
espléndida ciudad de Babilonia, cuyas ruinas están situadas a unos 100
kilómetros al sur de Bagdad. Estaba consagrada a Ishtar, la diosa
babilónica del amor y la guerra, y daba acceso al templo de Marduk, el
señor de los dioses, a través de una avenida procesional decorada con
relieves de leones y dragones, símbolos de Ishtar y Marduk. A comienzos
del siglo XX, un equipo arqueológico alemán, dirigido por Robert
Koldewey, excavó la Puerta de Ishtar y trasladó sus miles de fragmentos a
Berlín, donde fue reconstruida meticulosamente. En realidad se trata de
una puerta doble, pero la parte posterior, mucho más grande, aún
permanece almacenada en el museo ante la falta de espacio para ser
expuesta. Como ocurre con Grecia y el Partenón, Irak sigue reclamando
esta maravilla de la antigua Babilonia.
Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos regala un reportaje del mejor amigo que tuvo Alejandro Magno, nos referimos a Hefestión, quien tuvo una amistad íntima, que según algunas especulaciones hubo hasta de índole sexual.
National Geographic .- dice : "Hefestión era, según nos cuenta el historiador romano Quinto Curcio, "el más querido de todos los compañeros de Alejandro". La prueba principal de su estrecha relación es la desmesurada reacción del rey a la noticia de la muerte de su amigo, sobrevenida al parecer tras los excesos con la bebida y la total desatención de los consejos médicos cuando se hallaba aquejado de una enfermedad.
National Geographic.- agrega : "Alejandro se hallaba presenciando una carrera en el estadio de Ecbatana (actual Hamadan, Irán) cuando recibió la noticia de la enfermedad de Hefestión. Aunque acudió a visitarle de inmediato ya no llegó a tiempo de encontrarlo con vida. Todos los testimonios destacan de manera unánime la inmensidad de su dolor. No existe, en cambio, la misma unanimidad sobre las demostraciones de duelo a que dio lugar...."
National Geographic.- añade : "Tal excesiva demostración de afecto ha sido considerada por muchos como la prueba definitiva del carácter íntimo de la relación entre ambos personajes. Una idea que vendría aseverada por el oportuno paralelismo establecido con las figuras clásicas de Aquiles y Patroclo, cuya asimilación habrían buscado conscientemente Alejandro y Hefestión al coronar las tumbas de los dos héroes en Troya después del desembarco en tierras de Asia.
Pero esta tradición de corte romántico no parece contemporánea de los acontecimientos. Probablemente empezó a adquirir mayor relevancia tras la temprana y seguida muerte de ambos, acaecida en muy corto espacio de tiempo: octubre de 324 y junio de 323 a.C. Una vez convertida en leyenda, la estrecha relación de los dos amigos habría sido transferida a las primeras etapas, presentándolos como amigos inseparables desde la infancia, compañeros de juegos y estudios junto a Aristóteles, compartiendo desde el principio todos los triunfos y sinsabores...."
La íntima amistad de Hefestión con el conquistador macedonio ha alimentado su leyenda durante siglos
Posible representación de Hefestión en un mosaico de Pella, en Macedonia
La prueba principal de la estrecha relación entre Hefestión y Alejandro Magno es la desmesurada reacción del rey a la noticia de la muerte de su amigo, sobrevenida al parecer tras los excesos con la bebida y la total desatención de los consejos médicos cuando se hallaba aquejado de una enfermedad
Foto: Dagli Orti
La muerte del compañero
Casi tres siglos después de los hechos, el historiador Plutarco relataría de este modo la muerte del que fue el más entrañable amigo de Alejandro: "ocurrió en aquellos días que a Hefestión le dio calentura, y como a fuerza de joven y militar no quisiese sujetarse a la debida dieta, y además su médico Glauco se hubiese ido al teatro, se sentó a comer a la mesa, y habiéndose comido un pollo asado y bebiéndose un gran vaso de vino puesto a enfriar, se sintió mucho peor, y al cabo de poco tiempo murió". Cuenta luego Plutarco que la pesadumbre de Alejandro (arriba) por la muerte de su camarada no conoció límites.
Foto: Dagli Orti
La pira de Hefestión, por Franz Jaffe (1900)
Lo cierto es que Alejandro tardó tiempo en recuperarse del golpe sufrido. Durante tres días permaneció apartado del resto de las tropas sin probar alimento y en un completo descuido de su apariencia personal, proclamó luto oficial por todos los dominios de su imperio y ordenó la construcción de una inmensa pira funeraria en Babilonia
Foto: AKG
Hefestión, escultura atribuída a Policleto, siglo V a.C.
La leyenda de Alejandro y Hefestión creció a la sombra de la de Aquiles y Patroclo, cuya asimilación habrían buscado conscientemente Alejandro y Hefestión al coronar las tumbas de los dos héroes en Troya después del desembarco en tierras de Asia.
Foto: Dagli Orti
Una escena inmortal
Tras la victoria de Alejandro sobre el rey persa Darío III en Issos, en 333 a.C., tuvo lugar uno de los más célebres malentendidos de la historia. Alejandro acudió en compañía de Hefestión a visitar a la familia del soberano persa, que había caído en su poder. Como los dos iban vestidos de la misma manera y Hefestión superaba en estatura y porte a Alejandro, la madre de Darío se confundió y se inclinó ante Hefestión. El embarazoso equívoco no tuvo mayores consecuencias: Alejandro, haciendo gala de una conmiseración y generosidad ilimitadas, zanjó la cuestión recordando a la confundida reina que aquél era también otro Alejandro. La escena, considerada un magnífico ejemplo de magnanimidad real, quedó inmortalizada en el óleo (conservado en el palacio de Versalles) que Charles Le Brun pintó para Luis XIV de Francia y que, en singular contienda artística con una extraordinaria pintura del Veronés del siglo XVI e igual tema (arriba), debía demostrar la superioridad artística de la corte del rey Sol.
Foto: Bridgeman
Hefestión en un mármol del siglo IV a.C.
La habilidad más destacada de Hefestión fue su capacidad de intriga para enajenar el favor de Alejandro de sus enemigos. Su conflictiva relación con todos los personajes del entorno del monarca como Calístenes, Eumenes o Crátero es especialmente reveladora de su carácter.
Foto: Dagli Orti
Hefestión señala a Alejandro ante él la familia de Darío, prisionera en Gaugamela. Óleo del siglo XVIII.
Hefestión fue amigo de la infancia de Alejandro e incluso formó parte del selecto grupo que asistió, junto con el rey, a las clases del filósofo Aristóteles. Por ello, su relación con Alejandro revistió una intimidad fuera de lo común (que bien pudo ser de índole sexual), hasta el punto de que Alejandro le consideraba en público su alter ego y, a veces, los súbditos persas confundían al uno con el otro. Hefestión adquirió una gran prominencia cuando fue nombrado comandante de caballería tras la ejecución de Filotas. Años después, Alejandro lo nombró gran visir en Asia, encargado de cuestiones más puramente técnicas (abastecimiento, comunicaciones). La muerte le sobrevino a Hefestión de forma súbita en Ecbatana en 324 a.C. y Alejandro le ofreció un magnífico funeral.
Foto: Print collector / Getty images
Javier Gómez Espelosín
28 de agosto de 2018
Hefestión, el mejor amigo de Alejandro Magno
Hefestión era, según nos cuenta el historiador romano Quinto Curcio, "el más querido de todos los compañeros de Alejandro". La prueba principal de su estrecha relación es la desmesurada reacción del rey a la noticia de la muerte de su amigo, sobrevenida al parecer tras los excesos con la bebida y la total desatención de los consejos médicos cuando se hallaba aquejado de una enfermedad.
Alejandro se hallaba presenciando una carrera en el estadio de Ecbatana (actual Hamadan, Irán) cuando recibió la noticia de la enfermedad de Hefestión. Aunque acudió a visitarle de inmediato ya no llegó a tiempo de encontrarlo con vida. Todos los testimonios destacan de manera unánime la inmensidad de su dolor. No existe, en cambio, la misma unanimidad sobre las demostraciones de duelo a que dio lugar.
Según algunos, había permanecido toda la noche llorando echado sobre el cuerpo de su amigo hasta que consiguieron apartarle del mismo con grandes esfuerzos; otros decían que había mandado colgar al médico que lo atendía por haberse equivocado en la administración de las medicinas adecuadas; otros más, que condujo en persona el carro que transportaba el cadáver durante parte del trayecto. Había incluso quienes afirmaban que hizo demoler el templo del dios de la salud, Asclepio, como venganza por no haber querido salvar a su amigo. Otros, en fin, decían que ordenó hacer en su honor solemnes sacrificios como si se tratara de un héroe, y que envió una legación a consultar al dios Amón si debían rendírsele honores como si se tratara de una divinidad.
Seguramente se cometieron extravagancias y desafueros que dieron lugar a notorias exageraciones y a rumores malintencionados, tanto en un sentido como en el otro, ya que tales acciones permitían al mismo tiempo elogiar de forma desmedida el afecto del monarca por su amigo o censurar una conducta impropia de la dignidad real.
Fuera como fuese, lo cierto es que Alejandro tardó tiempo en recuperarse del golpe sufrido. Durante tres días permaneció apartado del resto de las tropas sin probar alimento y en un completo descuido de su apariencia personal, proclamó luto oficial por todos los dominios de su imperio y ordenó la construcción de una inmensa pira funeraria en Babilonia. La memoria de su amigo permanecería viva al quedar asociada al cargo que desempeñaba hasta entonces, el de quiliarco o visir del nuevo imperio, para el que Alejandro no nombró ningún sustituto inmediato. El cargo de hiparco o comandante supremo de la caballería, que también había desempeñado aquél, iría acompañado de su nombre y su estandarte sería el que Hefestión había diseñado.
Más allá de la amistad
Tal excesiva demostración de afecto ha sido considerada por muchos como la prueba definitiva del carácter íntimo de la relación entre ambos personajes. Una idea que vendría aseverada por el oportuno paralelismo establecido con las figuras clásicas de Aquiles y Patroclo, cuya asimilación habrían buscado conscientemente Alejandro y Hefestión al coronar las tumbas de los dos héroes en Troya después del desembarco en tierras de Asia.
Pero esta tradición de corte romántico no parece contemporánea de los acontecimientos. Probablemente empezó a adquirir mayor relevancia tras la temprana y seguida muerte de ambos, acaecida en muy corto espacio de tiempo: octubre de 324 y junio de 323 a.C. Una vez convertida en leyenda, la estrecha relación de los dos amigos habría sido transferida a las primeras etapas, presentándolos como amigos inseparables desde la infancia, compañeros de juegos y estudios junto a Aristóteles, compartiendo desde el principio todos los triunfos y sinsabores.
La relación entre ambos parece haber sido el principal detonante de toda la brillante y espectacular carrera de Hefestión
Pero más allá de leyendas y rumores, la relación entre ambos parece haber sido el principal detonante de toda la brillante y espectacular carrera de Hefestión, que culminó con el nombramiento sucesivo de hiparco y quiliarco, ya que en el terreno de las armas no parece que demostrara grandes méritos. De hecho, sus principales actividades aparecen relacionadas con la organización y la logística más que con las acciones militares, en las que siempre aparece asociado a otras figuras destacadas en este campo como Clito el Negro, Crátero o Pérdicas. Alejandro supo reconocer enseguida su particular talento para tareas de índole diplomática o administrativa, confiándole misiones delicadas como mantener las relaciones con los persas o transferir el poder en los reinos conquistados en la India. También llevó a cabo importantes labores logísticas como la fundación de ciudades, el establecimiento de puentes y el mantenimiento de las líneas de comunicación o la provisión de suministros.
Intrigas por el poder
Sin embargo, parece que la habilidad más destacada de Hefestión fue su capacidad de intriga para enajenar el favor de Alejandro de sus enemigos. Su conflictiva relación con todos los personajes del entorno del monarca como Calístenes, Eumenes o Crátero es especialmente reveladora de su carácter. El inicio de su fulgurante promoción parece estrechamente relacionado con la caída en desgracia de Filotas, el hijo de Parmenión, con motivo de una conjura contra Alejandro no delatada a tiempo que le costó la vida. Hefestión desempeñó un papel decisivo en la condena a muerte de Filotas, a quien Alejandro estaba decidido a perdonar a pesar de lo sucedido.
En la frenética carrera desatada entre los generales y amigos de Alejandro para conseguir los cargos principales Hefestión era sin duda el mejor situado. Su lealtad parecía incuestionable y compartía con Alejandro muchas cosas pero muy en especial su famosa política de orientalización, consistente en la adopción de costumbres persas, tan criticada por la mayoría de los macedonios. Sobrevivió así reforzado a las sucesivas crisis que significaron la muerte de Calístenes o de Clito el Negro por oponerse manifiestamente a tales tendencias. Compartió con Alejandro experiencias inolvidables como la terrible travesía del desierto de Gedrosia.
Siempre al lado de Alejandro, culminó su meteórica carrera en las célebres bodas de Susa, donde se casó con una de las hijas de Darío, hermana de Estatira, la segunda esposa de Alejandro, en el deseo de emparentar mutuamente a través de su descendencia. Este honor iba más allá de la simple relación de parentesco ya que significaba compartir, al menos de forma simbólica, la posición hegemónica en el nuevo imperio. Su posición como visir reflejaba en el plano político e institucional esta posición preeminente.
Sin embargo, la repentina muerte de Hefestión echó por tierra todos los planes trazados en este sentido. Sólo el dolor dejado por su pérdida y los rumores alimentados por la leyenda quedaron en la memoria colectiva como testimonios imborrables de una amistad tan singular y duradera.
Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., es fascinante escuchar los cuentos del libro "Las Mil y un Noches ", donde emires, sultanes y faraones, se rodeaban de harenes de mujeres bellas, que constituían ser las doncellas del monarca, y siempre ha sido una costumbre de una autoridad antigua estar rodeado de mujeres hermosas, justamente la Revista National Geographic, ha elaborado un reportaje de los harenes desde Asiria al Imperio Otomano, donde según las imágenes pintadas en base lo que existió; se aprecia a mujeres hermosas casi semidesnudas que esperaban ser llamadas por el monarca para su servicio sexual.
National Geographic: dice .- "Durante el Imperio Asirio se tiene constancia del gran protagonismo que tuvieron algunas de las esposas de los reyes. Conocemos ala mítica Semíramis, esposa del rey Nino de Nínive, quien se convirtió en reina, sucedió a su esposo y gobernó durante 42 años. Naqi'a, la pura, también tiene un lugar especial en los libros de historia. La esposa de Senaquerib, tras ostentar un papel prominente como consejera política, fue nombrada reina por su hijo.
Sin embargo, ni siempre fue así ni todas las mujeres que pertenecían o estaban en contacto con la corte tenían la oportunidad de jugar estos roles políticos de primera línea.
A lo largo del periodo asirio, la reina y las mujeres relacionadas directamente con el rey conformaban su harén, donde convivían entre ellas y con sus hijos. Y no solamente en el Imperio Asirio, desde la Antigüedad otros grandes imperios y monarquías, como los persas, los egipcios o los mongoles, siguieron estas mismas prácticas..."
Hubo célebres reinas como : Semíramis gobernó durante 42 años, construyó Babilonia, la adornó con jardines colgantes, desvió el curso del Éufrates y levantó 70 kilómetros de murallas.
Otra gran figura femenina que destaca entre las reinas asirias es la esposa de Senaquerib, llamada Naqi’a. De origen arameo (Naqi’a significa «la pura»), también es conocida con la forma asiria de su nombre: Zakutu. Aunque no tuvo el rango de esposa principal de Senaquerib, consiguió, sin embargo, que el hijo que ella le dio, Asarhadón, fuera designado como heredero al trono. Este nombramiento provocó una crisis política en la cúspide del Estado asirio: en un primer momento, Asarhadón se mantuvo alejado en la parte occidental del Imperio, probablemente en la región de Harrán. Cuando Senaquerib fue asesinado en enero del año 681 a.C., en una conspiración orquestada por otro de sus hijos, el príncipe Arad-Mullissu, estalló una guerra civil entre los dos hermanos de la que salió victorioso Asarhadón. Una vez en el trono de Asiria, Asarhadón garantizó a su madre un lugar privilegiado en la gestión de los asuntos políticos. Cuando la esposa del rey, Esharra-Hamat, murió en el año 673 a.C., Asarhadón concedió a su madre, Zakutu, el título de «reina» (issi-ekalli/segalli), con todas sus atribuciones oficiales..."
El rey asirio Assurbanipal y su esposa beben bajo un emparrado. Relieve asirio. Siglo VII a.C. Museo Británico. En Oriente, muchas casas reales usaban los harenes para garantizar la perpetuación de su dinastía.
Los asirios
La esposa principal del rey de Asiria tenía gran relevancia dentro de la corte. Sin embargo, tan sólo salía del palacio para participar en ceremonias religiosas, asistir a actividades políticas o realizar giras de inspección relacionadas con la gestión de su patrimonio. Pero la mayor parte de su vida transcurría en sus apartamentos privados en palacio, una zona que recibía el nombre de bitanu. Allí convivía con las esposas secundarias del soberano y con sus hijos. El acceso al bitanu se hallaba muy restringido y vigilado, y la vida en él se regía por un estricto reglamento.
Los persas aqueménidas
El Gran Rey de Persia tenía varias esposas y concubinas que constituían su harén. Darío I, por ejemplo, tenía seis esposas. Aristona era la preferida, y cuenta Heródoto que el rey hizo colocar una estatua de oro suya en palacio. La reina podía tener propiedades y bienes, y si era la madre del sucesor recibía el título de Reina de Reinas, lo que le otorgaba gran poder e influencia; era el caso de Atosa, madre de Jerjes. El harén aqueménida llegó a albergar unas 400 mujeres, que estaban custodiadas por eunucos y cuando viajaban junto al rey no podían ser vistas por nadie. Partos y sasánidas continuarían la tradición del harén en Persia.
La India mogol
Tras la conquista musulmana de la India por parte de los mogoles, a partir del siglo XII se instauró la costumbre de recluir a las mujeres en una zona de la vivienda destinada exclusivamente a ellas, llamada zenana, donde se consideraba que estaban a salvo de miradas indiscretas. Los emperadores mogoles hicieron lo mismo en los palacios reales, donde las zenanas se convirtieron en verdaderos universos femeninos. Se cree que en el palacio de Fatehpur Sikri llegaron a convivir más de cinco mil mujeres. En la imagen una mujer fuma en narguilé mientras es atendida por otras en un harén. Miniatura india. 1750.
Imperio Otomano
El harén era una institución de vital importancia y estaba regido por el jefe de los eunucos. Las mujeres vivían allí bajo unas rígidas normas y una estricta jerarquía. En primer lugar estaba la sultana valida, madre del sultán; tras ella, la primera esposa del soberano o la madre de su primogénito, y después venían sus esposas secundarias y favoritas. En último lugar estaban las concubinas. En total, el harén podía estar formado por más de mil personas, entre esclavas, eunucos y los hijos de todas las mujeres.
Odalisca
Portando una bandeja en un harén otomano. Óleo por Jules Joseph Lefebvre. Siglo XIX. Museo Pera, Estambul.
Redacción
27 de junio de 2018
Naqi'a junto a su hijo Asarhaddón en un relieve conmemorativo de la reconstrucción de la Babilonia (a la izquierda, con un espejo en la mano).
Naqi'a ("pura"), llamada Zakutu (su equivalente en acadio) fue una reina asiria del período neoasirio (fl. 713-668 a.C.), esposa de Senaquerib, madre de Asarhaddón y abuela de Asurbanipal. Desempeñó un papel fundamental en sendas crisis sucesorias, al asegurar el ascenso del poder tanto de su hijo como de su nieto, a pesar de que ambos tenían hermanos mayores que les disputaran el trono.
Durante el Imperio Asirio se tiene constancia del gran protagonismo que tuvieron algunas de las esposas de los reyes. Conocemos ala mítica Semíramis, esposa del rey Nino de Nínive, quien se convirtió en reina, sucedió a su esposo y gobernó durante 42 años. Naqi'a, la pura, también tiene un lugar especial en los libros de historia. La esposa de Senaquerib, tras ostentar un papel prominente como consejera política, fue nombrada reina por su hijo
Sin embargo, ni siempre fue así ni todas las mujeres que pertenecían o estaban en contacto con la corte tenían la oportunidad de jugar estos roles políticos de primera línea.
A lo largo del periodo asirio, la reina y las mujeres relacionadas directamente con el rey conformaban su harén, donde convivían entre ellas y con sus hijos. Y no solamente en el Imperio Asirio, desde la Antigüedad otros grandes imperios y monarquías, como los persas, los egipcios o los mongoles, siguieron estas mismas prácticas.
Desde la administración de las propiedades agrícolas hasta el control del ejército, las reinas asirias disponían de una autonomía muy superior al resto de mujeres en Mesopotamia
La corona de la reina
Descubierta en Nínive, esta elaborada corona de oro lleva la inscripción «la hija del gobernador del palacio, reina del palacio». Se refiere a Mullisu-Mukannisat-Ninua, esposa del rey Assurnasirpal II. Siglo IX a.C. Museo de Irak, Bagdad.
M. DEVILLE / GETTY IMAGES
Una reina indómita
El óleo de Christian Kölher sobre estas líneas muestra la enérgica reacción de Semíramis al estallar una revuelta en Babilonia. Siglo XIX. Galería Nacional, Berlín.
AKG / ALBUM
El banquete bajo la parra
Este famoso relieve asirio muestra el episodio en el que Assurbanipal y su esposa celebran la victoria contra Elam, sentados casi en igualdad de condiciones mientras beben una copa de vino. Siglo VII a.C. Museo Británico, Londres.
ORONOZ / ALBUM
Asarhadón y la reina madre
En este fragmento de relieve en bronce, recubierto inicialmente por una hoja de oro y procedente del templo de Marduk en Babilonia, la reina Naqi’a lleva una corona dentada y sostiene un espejo. Aparece representada al lado de su hijo Asarhadón, cubierto por la tiara real y portador del cetro, en la postura de laban appi, un gesto de plegaria y de humildad hacia los dioses que consistía en tocarse la nariz con un palito o una flor.
BRIDGEMAN / INDEX
Un palacio idealizado
Esta reconstrucción idílica del palacio de Nimrud, a orillas del Tigris, es obra del arquitecto James Ferguson y de Austen Henry Layard, que excavó el yacimiento. Siglo XIX.
PHOTOAISA
Un genio alado protector
En una postura mágica, este espíritu protector representado en un relieve del palacio de Nimrud sujeta un cono de cedro en una mano y sostiene un cubo en la otra. Siglo IX a.C. Louvre, París.
A medida que se empezaron a descifrar los documentos en escritura cuneiforme, desde 1857, los reyes de Mesopotamia entraron en la historia con sus nombres, los grandes acontecimientos de sus reinados y el marco en el cual habían ejercido su poder. No sólo los reyes; con ellos, por decirlo así, también salieron a la luz de la historia los nombres de sus esposas y de los miembros femeninos de sus familias. Sin embargo, esta reaparición no es en absoluto homogénea ni completa: seguimos ignorando, por ejemplo, cómo se llamaba la esposa del rey Hammurabi de Babilonia, en el siglo XVIII a.C., o el nombre de la mujer de Nabucodonosor II, en el siglo VI a.C., aunque, en este caso, la tradición grecorromana la menciona con el nombre de Amitris, hija del rey de los medos, Ciaxares. Y es que algunas fuentes de la Antigüedad clásica reflejaban un escaso conocimiento del Próximo Oriente antiguo, de modo que se combinaban elementos reales con la visión estereotipada que el mundo griego tenía de las monarquías orientales. Uno de los mejores ejemplos de este tipo de tópicos es un personaje real femenino semilegendario: la reina Semíramis.
La mítica Semíramis
Según recoge el historiador griego Diodoro Sículo, Semíramis se casó con Onnes, un consejero del rey Nino de Nínive, y con sus sabios consejos ayudó a consolidar la carrera de su marido. Cuando una vez fue con él a una campaña militar en Bactriana, al norte del actual Afganistán, impresionó de tal modo al rey por su valentía y su habilidad, que el monarca decidió casarse con ella y obligó a Onnes a suicidarse. Convertida en reina, Semíramis sucedió a Nino y gobernó durante 42 años, construyó la ciudad de Babilonia, la adornó con jardines colgantes, desvió el curso del Éufrates y rodeó la ciudad de 70 kilómetros de murallas. Dirigió campañas militares victoriosas desde Armenia hasta Egipto y desde el Indo hasta Etiopía, y acabó renunciando al poder cuando supo que su propio hijo conspiraba con los eunucos del palacio para adueñarse del trono.
Semíramis gobernó durante 42 años, construyó Babilonia, la adornó con jardines colgantes, desvió el curso del Éufrates y levantó 70 kilómetros de murallas
Esta biografía legendaria fue compuesta a partir de un gran número de elementos históricos reales, pero uniéndolos de tal modo que se correspondieran con la imagen que los griegos tenían de un monarca oriental. Ahora bien, el desciframiento de las fuentes cuneiformes permitió confirmar la autenticidad del nombre de Semíramis cuando se descubrió en unas inscripciones reales del siglo IX a.C. el nombre de Shammu-Ramat, hija de un rey de Babilonia y esposa del soberano asirio Shamsi-Adad V. Tras la muerte de su marido, Shammu-Ramat habría gobernado Asiria como regente entre los años 811 y 808 a.C., esperando a que su hijo Adad-Nirari III alcanzara la edad de ejercer el poder y contando con el apoyo de la alta nobleza, en concreto del gobernador de las provincias fronterizas del oeste del reino, llamado Nergal-Eresh. La posición privilegiada que mantuvo Shammu-Ramat al frente del país se hace patente por el hecho de que fue la única entre todas las esposas reales asirias conocidas (a excepción de Libbali-Sharrat, la mujer de Assurbanipal) que ordenó erigir, hacia 797 a.C., en la ciudad de Assur, una estela de piedra con su nombre, conservada actualmente en el museo de Berlín. Parece que Shammu-Ramat vivió hasta 788 a.C. y ejerció una gran influencia sobre su hijo Adad-Nirari III. También se la menciona en otra estela oficial, según la cual habría participado con su hijo en una campaña militar en Siria.
La situación excepcional de Shammu-Ramat no es única en el «período imperial» (745-610 a.C.), el mejor documentado de la historia asiria. Esta etapa histórica nos ha transmitido los nombres de varias esposas reales, algunas de las cuales tuvieron también una posición política destacada. Constatamos así una diferencia evidente entre la situación de las mujeres vinculadas al trono en el Imperio asirio y la de las esposas reales en la parte sur de Mesopotamia. Por ejemplo, los reyes de Babilonia mencionaban de vez en cuando a sus hijas, ya fueran grandes sacerdotisas o estuvieran destinadas a casarse con el faraón de Egipto o con un rey vecino, pero en Elam (actual Irán) era algo excepcional que se mencionase el nombre de las esposas de los soberanos.
Sin duda, este contraste se debe en gran parte a las diferencias en el volumen de información disponible sobre cada período. Para los tres siglos de historia del Imperio Nuevo asirio existe un material excepcional: miles de tablillas de arcilla con inscripciones que quedaron sepultadas bajo los escombros de los palacios asirios, cuando éstos fueron brutalmente destruidos entre 614 y 610 a.C., en el momento de la caída del Imperio. Sin embargo, no es menos cierto que las reinas asirias disponían de una autonomía muy superior a la media de las esposas mesopotámicas, como muestran esas tablillasy los espectaculares resultados de la arqueología de finales del siglo XX.
Naqi’a, la pura
Cuando la esposa del rey, Esharra-Hamat, murió en el año 673 a.C., Asarhadón concedió a su madre, Zakutu, el título de «reina»
Otra gran figura femenina que destaca entre las reinas asirias es la esposa de Senaquerib, llamada Naqi’a. De origen arameo (Naqi’a significa «la pura»), también es conocida con la forma asiria de su nombre: Zakutu. Aunque no tuvo el rango de esposa principal de Senaquerib, consiguió, sin embargo, que el hijo que ella le dio, Asarhadón, fuera designado como heredero al trono. Este nombramiento provocó una crisis política en la cúspide del Estado asirio: en un primer momento, Asarhadón se mantuvo alejado en la parte occidental del Imperio, probablemente en la región de Harrán. Cuando Senaquerib fue asesinado en enero del año 681 a.C., en una conspiración orquestada por otro de sus hijos, el príncipe Arad-Mullissu, estalló una guerra civil entre los dos hermanos de la que salió victorioso Asarhadón. Una vez en el trono de Asiria, Asarhadón garantizó a su madre un lugar privilegiado en la gestión de los asuntos políticos. Cuando la esposa del rey, Esharra-Hamat, murió en el año 673 a.C., Asarhadón concedió a su madre, Zakutu, el título de «reina» (issi-ekalli/segalli), con todas sus atribuciones oficiales.
Mediante su intervención, la futura sucesión real se organizó con mucha antelación para evitar la repetición de una crisis como la de 681 a.C. Parece que Zakutu intervino en la decisión del rey, que eligió como sucesor a su hijo menor, Assurbanipal, reservando el virreinato de Babilonia a su otro hijo, Shamash-Shum-Ukin, a pesar de que éste era el mayor. En esta ocasión, se hizo que la población del Imperio prestara un juramento solemne de fidelidad al nuevo príncipe heredero, y Zakutu participó activamente en la organización de estas juras; se han encontrado varios ejemplares de estos textos guardados en algunos templos. Zakutu hizo renovar ese juramento hasta la muerte de Asarhadón. Algunos años después de que su nieto Assurbanipal subiera al trono, su nombre desaparece de la documentación, posiblemente debido a su muerte.
La Casa de la Reina
La relevancia de la figura de la reina Naqi’a no debe ocultar el hecho general de que el papel de la reina, como esposa oficial del soberano (y la única que llevaba ese título), no dejó de reforzarse durante los dos últimos siglos de existencia del Imperio Nuevo asirio. La fase crucial en que la reina se convirtió en uno de los personajes más importantes de la corte se sitúa en el reinado de Senaquerib, cuando se inició un traspaso de poderes de los dignatarios procedentes de la alta nobleza, que formaban el entorno del rey, a los miembros más cercanos de su familia, su mujer y sus hijos. Paralelamente, la «Casa de la Reina» se convirtió en un elemento fundamental de la estructura económica que constituía el palacio real y, una vez más, los textos y las fuentes arqueológicas testimonian la riqueza adquirida por las soberanas de Asiria.
Al menos desde finales del siglo VIII a.C., las reinas participaban en el reparto del conjunto de «regalos» que los reyes y los príncipes vasallos llevaban a la corte asiria como tributo, y su «parte» aparece en segundo lugar, entre la del rey y la del príncipe heredero. Paralelamente, recibían del rey la posesión de vastos dominios territoriales, repartidos en una gran cantidad de provincias del Imperio, destinados a garantizar la subsistencia de los habitantes de su «casa», que contaba con varios centenares de personas. Esta Casa de la Reina funcionaba como una institución paralela a la Casa del Rey y a la Casa del Príncipe Heredero, y disponía de un personal propio, mayoritariamente femenino.
La administración de las posesiones agrícolas pertenecientes a la reina se encontraba bajo las órdenes de una «gobernadora» (shakintu), el equivalente femenino de los «gobernadores» (shaknu) de la administración imperial, y las rentas obtenidas gracias a la explotación de todas esas propiedades hacían de la reina uno de los personajes más ricos del Imperio. Un archivo de textos cuneiformes hallado en las ruinas del palacio de Nínive y conocido con el nombre de «censo de Harrán» enumera, hacienda por hacienda, a los miembros que formaban las familias de agricultores de una o varias propiedades de la reina en el oeste. Al final del proceso, en el siglo VII a.C., la reina incluso había incorporado a su Casa a ciertos cuerpos del ejército permanente asirio, por lo que puede decirse que participaba en la organización y control del aparato militar del Estado. La gestión de este amplio conjunto se basaba en una contabilidad escrita y en la clara identificación de todos los elementos de mobiliario y vajilla que pertenecían a la Casa de la Reina. De este modo se ha podido reconocer la imagen del escorpión como símbolo distintivo de la reina de Asiria, lo cual permitía a los que no sabían leer identificar sin equívocos las propiedades de la soberana.
Poderosas en la vida y en la muerte
Es posible que en una zona sin excavar de Senaquerib en Nínive estuvieran enterradas las esposas reales siguientes, entre ellas la poderosa Naqi’a
La reina de Asiria salía del palacio únicamente para participar en ceremonias religiosas y en la vida de la corte, para asistir a actividades políticas o realizar giras de inspección relacionadas con la gestión de sus bienes. Sin embargo, el marco habitual de su existencia era el bitanu, término que puede traducirse como «los apartamentos privados». Allí convivía con las mujeres vinculadas al soberano y con los niños de corta edad. El acceso a este lugar estaba estrechamente vigilado y los contactos con el exterior se hallaban sometidos a un cuidadoso control, si nos guiamos por los extractos de unos reglamentos conocidos como «edictos de harén» que datan del período Medio Asirio, pero que probablemente seguían vigentes en el primer milenio. Se trataba sobre todo de controlar la transmisión de información entre el bitanu y el mundo exterior, y de evitar posibles complots.
Así pues, no es sorprendente que durante las excavaciones llevadas a cabo en 1989 en uno de los más famosos palacios asirios, el de Kalhu (Nimrud), se encontraran las tumbas intactas de varias reinas asirias: las esposas de Tiglat-Pileser III y de sus hijos Salmanasar V y Sargón II. Estaban situadas en sótanos habilitados bajo el suelo de las habitaciones ocupadas por las reinas en el gran palacio real, y revelaron no sólo los nombres de las esposas de los reyes de finales del siglo VIII a.C., sino también el esplendor y la riqueza de las joyas que las habían acompañado en su viaje al Más Allá. La corte abandonó Nimrud a partir del reinado de Sargón II para trasladarse a una nueva capital, Nínive. Es posible que en una zona todavía sin excavar del palacio de Senaquerib en Nínive estuvieran enterradas las esposas reales de los reinados siguientes, entre ellas tal vez la poderosa Naqi’a, esperando a ser descubiertas algún día. El estudio de la historia asiria aún puede reservarnos muchas sorpresas.
Para saber más
Las civilizaciones antiguas de Mesopotamia. K. Polinger Foster y B. R. Foster. Crítica, Barcelona, 2011. El antiguo Oriente. Mario Liverani. Barcelona, 2008. El cercano Oriente, los grandes imperios. M. Camino García y J. Santacana. Anaya, Madrid, 2002.
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