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miércoles, 15 de enero de 2020

ORÍGENES DEL SEÑOR DE SIPÁN : CAPÍTULO VI.- Chonkik I, cree que los dioses lo están ayudando a cimentar su Señorío; sin lluvias y con la constante presencia de un búho que sobrevuela su caminata...

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., continuando con el relato de los: Orígenes del Señor de Sipán;  Chonkik I., ya de regreso a su vivienda con el fruto de la caza de tres venados y tres vasallos que pertenecieron a la familia Monkik que fue sojuzgada; al llegar a la parte plana que ellos emprendieron por un ruta desconocida, se encontraron con una quebrada torrentosa, llena de embravecida corriente de agua, que impedía el cruce de los caminantes, por lo que Chonkik, demostrando que era un líder encontró un callejón bastante estrecho de unos 20 metros de ancho que lo cruzó usando una soga.

Aquí en la imagen observamos una recreación de lo que fue:  El Señor Chonkik, detrás de él, está su hijo Siekik, y al fondo su esposa Mokumac; y naturalmente  un perro sin pelo, que se convirtió en compañero de los antiguos habitantes de la costa norte; ellos son los personajes que darán el nacimiento al relato en ficción de la Historia: Orígenes del Señor de Sipán; que se sustenta con la presencia de Chonkik I. Derechos de Autor : Resolución Nro. 1328- 2020/DDA-INDECOPI y del Certificado de Partida Registral N° 1134-2020/DDA-INDECOPI, de fecha 16 de diciembre de 2020
Imagen: Archivos del Blog: A Vuelo de un Quinde.

Era el único vado y se arriesgó, ya que siempre fue guiado por búho, que él le denominó: "El búho de la suerte" (Pucu nikosäk ærô) .
Chonkik I., estando al otro lado de la corriente tempestuosa, demostró que es un líder en quien confiar; él, estando allí, nuevamente observó al "Búho de la suerte" (Pucu nikosäk ærô), que con un suave ulular le anunciaba su presencia, cuyo vuelo es tan silencioso que nadie lo nota, se fue, Chonkik comenzaba a pensar que esa ave cambiará su vida futura; quien provistos de herramientas filudas  cortó cuatro varas largas de un bambú americano que se le conoce como guayaquil, que justo tenían un largo de más de 22 metros y los tendió usando los bordes del callejón y quedó tendido el primer puente artesanal que les permitió cruzar la corriente de agua embravecida.
Al otro lado del vado, los allí presentes, se arrodillaron para invocar a los dioses les permita disfrutar de un día sin lluvias, algo casi imposible por estar en plena época de las inclemencias de la Corriente del Niño, que en aquellos tiempos le denominaban: "Castigo de los dioses de las tormentas".
En seguida Chonkik I, ordenó levantarse a la gente y proseguir la marcha hacia la vivienda, pero misteriosamente apareció el búho con un suave ulular y volando rasante sobre el flamante puente, que le hizo recordar a Chonkik, que había ordenado a Monkik ir a su vivienda por la tarde, pero no podría cruzar la corriente de agua sino conoce el puente.
Entonces, Chonkik, llamó a uno de los nuevos vasallos los mismos que fueron de los Monkik y le dijo:
--- Regresa hasta la vivienda de Monkik y avisarle que cruzará la quebrada por este puente, que los esperamos en mi vivienda al atardecer, dile que solo necesito su presencia. no deseo objetos materiales.
El vasallo, obedeciendo las órdenes se separó del grupo y emprendió la retirada cuesta arriba. todos los demás continuaron la marcha.
Los caminantes anduvieron con dificultades por el lodazal del camino, con tierras inundadas, era calamitoso observar calaveras y otros huesos humanos como la columna vertebral esparcidos por doquier, que fueron desenterrados por la inundación de las tierras.
Chonkik I., al observar este cuadro deprimente de los huesos esparcidos de los antepasados; le conmovió tanto que llamó de nuevo a su hijo Siekik y como un comentario y en voz bajo la dijo:
--- Siekik, una vez más; una voz oculta asegura a mis pensamientos, la necesidad de la construcción de un Gran Altar para venerar e implorar a los dioses su benevolencia, y además, construir un panteón para sepultar a nuestra gente en las partes altas de los terrenos y evitar que las torrentosas corrientes de las aguas desentierren las tumbas.
El joven Siekik, escuchó con atención a su padre y lo admiraba por que pensaba en todo, para nadie en esa familia se había pensado constituir una familia numerosa (a excepción Chonkik), todo era iniciativa espontánea de su padre.
Los caminantes avanzaron, ya a los lejos identificaron la gran vivienda de Chonkik, pasaban cerca de lo que fue la vivienda de los Renkik, todo allí se había perdido, solo era un montón de restos desmonte de adobes mojados que colapsaron por la humedad, los sembríos desaparecieron inundados bajo las aguas.
Chonkik I, se acercó a Renkik I y le dijo:
--- Renkik, los dioses nos castigaron tan fuerte a unos más que otros, tu fuiste víctima junto a tu familia; pero tuviste la idea de acudir a mi vivienda que te permitió sobrevivir, pero esta desgracia te traerá mejoría, por que ya nunca más sufrirás en carne propia la ira de los dioses; por que nosotros seremos una familia numerosa, que nos permitirá enfrentar en mejores condiciones la furia de los elementos, no estoy osando el poder de los dioses, sino que ellos mismos nos dieron la fortaleza y energía para sobrevivir.
Renkik, recibió en lo más profundo de su corazón las palabras de consuelo de su ahora Señor, a quien le rendía pleitesía por acogerlo con toda su familia; en honor a su orgullo personal no quiso regresar al lugar que fue su vivienda para rescatar algo, por que ya no lo necesitaba.
Justo, cuando los caminantes estuvieron muy cerca de lo que fue la vivienda de los Renkik, se escuchó un suave ulular y el búho se posó en la parte más alta del desmonte de montón de adobes, el ave parecía que los seguía, detalle que fue advertido por Chonkik I, quien siguió pensando que su "Búho de la suerte" (Pucu nikosäk ærô) le anticipaba que todo iría muy bien en el camino.
Todo indica que las invocaciones a los dioses, surtieron efecto, por que las condiciones del tiempo mejoraron, salió un abrazador astro rey El Sol, que los caminantes tuvieron que descansar un buen rato y mojaron los cuerpos de los venados para evitar que se sofoquen con la intensidad del calor; el firmamento brillaba con un color azul intenso, no había ninguna nube, pero si lejanamente hacia el norte se notaba nubes cargadas de color negruzco; la marcha se facilitó por que partes del terreno se habían secado gracias al calor del astro luminoso -  El Sol.
Parece que el medio ambiente, manejado desde los aposentos celestiales de los dioses, obedecía y facilitaba el nacimiento de un nuevo Señorío bajo el mando de Chonkik I; pero su permanencia o fortaleza en el tiempo, será sometida a prueba por tener como vecinos a poderosos y belicosos Señoríos, nada era fácil vivir en aquellos tiempos; la lucha por la sobreviviencia era una constante de la diaria rutina.
Los caminantes avanzaron y se acercaban a la vivienda de Chonkik I, seguramente estamos llegando a las 14:00 horas del día, la llegada fue con un recibimiento con la delantera de la señora Mokumac, quien era la esposa de Chonkik y detrás de ella todas las otras mujeres y todas se inclinaron ante la presencia de Chonkik y su gente.
Luego del recibimiento, en la parte alta del costado de la vivienda también estaba inclinado Ronkik , el hijo mayor de Renkik reverenciando su sumisión, quien sirvió de mensajero anunciado el retorno exitoso de los cazadores y hasta donde estaba este joven se dirigió Chonkik y estando junto a él, le ordenó se levante y le preguntó:
--- Dime joven: ¿Cómo hiciste para cruzar la tormentosa corriente de agua?, que esa corriente en la mañana no habíamos tenido presente.
El jovencito un poco asustado por lo que sucedió, le contestó:
--- Señor, como tenía urgencia de llegar a este casa y entregar el recado que usted me encomendó, encontré que la corriente recién bajaba con una fuerza poderosa y justo avanzada un tronco grueso de un árbol arrancado desde sus raíces, que parte de sus ramas rozaron por mis pies, me agarré con toda mi energía  y me monté sobre el tronco y con tanta suerte que un remolino de la corriente lo impulsó al otro lado, lo que me facilitó cruzar la corriente sin mojar mi cuerpo. Si hubo un detalle, vi volar un búho y se perdió en el horizonte.

Aquí en la imagen observamos a Chonkik I., conversando con el niño Ronkik, hijo mayor de los hombres de Renkik; lo felicitó por haber cruzado las tempetuosas aguas y cumplir con el recado que le encomendó. Por esa arriesgada acción será jefe de los futuros ejércitos del Señorío.
Imagen: Archivos del Blog: A Vuelo de un Quinde.
 
Chonkik I., al escuchar la narración del joven, le pareció una actitud temeraria, por que la corriente podría haberlo llevado cuesta abajo y envolverlo en un remolino que se hubiese ahogado; ese acto de valentía, que lo consideró Chonkik como un futuro y valioso soldado a su servicio.
Le dio un abrazo felicitándolo y le contestó:
--- Gracias Ronkik, serás un gran jefe de mi futuro ejército de guerreros conquistadores que estarán a mi servicio; eres un joven muy valiente, te aprecio y me siento orgulloso de tu presencia en mi casa.
La gratitud de Chonkik hacia el joven, terminó con unas palmadas sobre el hombro y se retiro a descansar.
Todas las siguientes actividades fueron asumidas por Renkik, quien ordenó soltar de las patas a los venados y amarrarlos por el pescuezo, así mismo dispuso cavar un hoyo en la punta de un gran corredor protegido de dos metros de largo, por cincuenta centímetros de profundidad, que será el gran horno en las ceremonias nocturnas....................
Continuaremos..................
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

domingo, 3 de noviembre de 2019

CAMBIO CLIMÁTICO : OCÉANOS .- NATIONAL GEOGRAPAHIC .- 200.000 españoles amenazados por el aumento del nivel del mar

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., el Cambio Climático, será el peor enemigo de las generaciones humanas futuras y no tan lejos, nada menos que hasta el 2050, ya se sufrirá los estragos de las inundaciones de las ciudades de las costa y litorales de los océanos y mares, se calcula que unos 300 millones de habitantes serán afectados por las inundaciones.
España, en particular no se librará de la inundaciones se calcula que para 2050, serán unos 200,000 españoles afectados por las inundaciones y especialmente en el Delta del Ebro, que sufrirá los estragos de las inundaciones, según lo afirma un estudio: ... "realizado por investigadores de la organización Climate Central y publicado recientemente en la revista especializada Nature Communications. Los científicos estiman que la población afectada podría ascender a 340.000 personas a finales de siglo, cuando, según sus cálculos, el nivel del mar podría ascender entre 0,5 y 2 metros..."



Poblaciones totales en tierras vulnerables. a La población actual en tierra debajo de la proyectada significa un nivel de agua más alto en 2100 suponiendo emisiones de carbono intermedias (RCP 4.5) y capas de hielo antárticas relativamente estables (modelo de nivel del mar K14). Estimaciones basadas en CoastalDEM. b Factor por el cual CoastalDEM aumenta las estimaciones de personas en tierras vulnerables sobre SRTM en cada país bajo K14 / RCP 4.5. Los países totalmente al norte de 60 grados N están excluidos porque CoastalDEM no está definido en esas latitudes. Los datos de origen se proporcionan como un archivo de datos de origen. Límites nacionales basados en datos de mapas de vectores de dominio público de Natural Earth (naturalearthdata.com)
https://www.nature.com/articles/s41467-019-12808-z/figures/2

https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/200000-espanoles-amenazados-por-aumento-nivel-mar_14884

Un informe reciente cifra en más de 300 millones la población mundial afectada por inundaciones costeras en 2050. El delta del Ebro, el parque Nacional de Doñana y la albufera de Valencia se cuentan entre las regiones más perjudicadas de España, donde los afectados superarían las 200.000 personas. 

Delta del Ebro
El delta del Ebro es uno de las regiones más castigadas por las inundaciones provocadas por el ascenso del nivel del mar. Según un estudio de la Universidad Politécnica de Barcelona, si el nivel del mar asciende  50 centímetros, el 50 % del delta quedará bajo las aguas del Mediterráneo. 
Foto: Climate Central

Manga del Mar Menor
La situación de la manga del Mar Menor es bastante precaria. Esta albufera situada junto al cabo de Palos, en la costa de Cartagena, se encuentra gravemente amenazada debido al desarrollo urbanístico. El aumento del nivel del mar en el escenario más pesimista podría acabar con gran parte del cordón litoral. 
Foto: Climate Central

Parque Nacional de Doñana
El Parque Nacional de Doñana atesora un mosaico de ecosistemas de extraordinaria biodiversidad. Uno de sus elementos más destacados es la marisma, lugar de paso, cría e invernada para miles de aves europeas y africanas. El aumento del nivel del mar podría causar inundaciones serias en ese paraje único. 
Foto: Climate Central

Albufera de Valencia
La albufera de Valencia es una de las regiones más afectadas del Levante peninsular. Las inundaciones provocadas por el aumento del nivel del mar podrían diezmar esta laguna somera de 23,94 km², así como los arrozales que la rodean.
En 2016 la Confederación Hidrográfica del Júcar informó que el espacio protegido había alcanzado el nivel máximo de inundación invernal, un fenómeno conocido como "Perelloná".
Foto: Climate Central
Sergi Alcalde

200.000 españoles amenazados por el aumento del nivel del mar

En España, más de 200.000 personas estarán a mitad de siglo expuestas a los estragos provocados por el crecimiento del nivel de mar, según un nuevo estudio realizado por investigadores de la organización Climate Central y publicado recientemente en la revista especializada Nature Communications. Los científicos estiman que la población afectada podría ascender a 340.000 personas a finales de siglo, cuando, según sus cálculos, el nivel del mar podría ascender entre 0,5 y 2 metros.
Incluso en el mejor de los escenarios posibles, las poblaciones que habitan en zonas costeras sufrirán en primera línea los efectos del cambio climático. A partir de 2050, según el estudio, se inundarán zonas costeras en las que hoy habitan unos 300 millones de personas, casi tres veces más de lo que se había estimado hasta la fecha con otros modelos de predicción habituales.
Según se indica en el estudio, el nivel del mar ha crecido una media de entre 11 y 16 centímetros a lo largo del siglo XX, pero el aumento podría ser significativamente mayor en este siglo. "Aun en el caso de que se aborden medidas inmediatas para mitigar las emisiones de CO2, podría aumentar 50 centímetros más a lo largo de es este siglo, mientras que bajo escenarios más pesimistas, podríamos estar hablando de un aumento de 2 metros", reza el resumen ejecutivo del informe.

Diario de un fotógrafo: un mundo inundado
Más información

El mundo inundado

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Fotografías

Distintos escenarios en función del umbral de emisiones

La simulación llevada a cabo por Climate Central baraja varios supuestos en función de cuánto se atajen emisiones de gases de efecto invernadero y a qué velocidad desaparezca el hielo. El ecólogo Benjamin Strauss, responsable Climate Central y coautor del informe, compara la desaparición de las capas de hielo de Groenlandia y la Antártida con la descongelación de un frigorífico. Las capas de hielo –aclara– no responden instantáneamente a los efectos del calentamiento, del mismo modo que un frigorífico no se descongela de forma automática cuando se desenchufa. Strauss asegura que todo ese hielo todavía no han sucumbido a los efectos del calentamiento, que podrán notarse en las próximas décadas, y alerta que la situación podría ser mucho peor si no se toman medidas para paliar las emisiones.
En el supuesto más pesimista las inundaciones afectarían a 340 millones de personas en el mundo en el año 2100
El modelo elaborado por esta organización maneja varios escenarios en función de la evolución del cambio climático. Los distintos supuestos estimados para 2050 no presentan cambios significativos en lo referente a la población afectada, pero la situación cambian radicalmente en 2100. En el supuesto más optimista a finales de siglo –en el que reduce considerablemente los gases de efecto invernadero– las inundaciones afectarían a 340 millones de personas en el mundo, mientras que en la peor de las conjeturas perjudicaría a 480 millones. En España, la horquilla varía entre las 260.000 y 690.000 personas.

Datos más precisos

El modelo representado por Climate Central incorpora sistemas avanzados de cálculo de la topografía y la elevación del terreno. Por ejemplo, el modelo digital de elevación (DEM), permite indicar con precisión las diferentes alturas y desniveles, discriminando elementos que no pueden procesarse a simple vista por imágenes de satélite, como las copas de los árboles o los tejados de las construcciones. Los investigadores han utilizado un modelo mejorado al que han incorporado hasta 23 variables, entre los que se incluyen datos de población y vegetación.

Asia, la región más afectada

Los países asiáticos son de largo los que salen peor parados. El informe apunta que hasta 237 de los 300 millones de personas afectadas por las zonas en riesgo de inundación para 2050 viven en cinco países asiáticos: Bangladesh, la India, Vietnam, Indonesia y Thailandia. China, con 93 millones de personas residentes en áreas en peligro, es, con diferencia, el país con más riesgo de inundaciones.
NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

domingo, 7 de abril de 2019

CAMBIO CLIMÁTICO : CALENTAMIENTO GLOBAL .- NATIONAL GEOGRAPHIC .- El tiempo está loco: meteorología extrema

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos entrega un amplio reportaje de lo significó las temperaturas extremas y ellos lo titulan "El tiempo está loco..." y no les falta razón por que con el recuento que hicieron de los eveentos climatológicos que  sucedió tan solo en 2011, es suficiente para darnos cuenta que el calentamiento global y cambio climático están originando estragos a la humanidad entera.
National Geographic.- nos narra así: "Y no solo los aguaceros ocupan los titulares. Durante el último decenio también hemos visto sequías severas en lugares como Texas, Australia, Rusia y el este de África, donde decenas de miles de personas han llenado los campos de refugiados. Europa ha sufrido mortíferas olas de calor y Estados Unidos ha registrado una cantidad sin precedentes de tornados. Las pérdidas ocasionadas por estos fenómenos situaron el coste mundial de los desastres meteorológicos de 2011 en un importe estimado de 121.000 millones de euros, alrededor de un 25% más que en 2010...."
National Geographic.-  muy alarmado agrega: "¿Qué está pasando? ¿Son esos fenómenos extremos señales de un peligroso cambio del clima mundial causado por la actividad humana, o solo estamos atravesando un ciclo natural de mala suerte? Probablemente, las dos cosas. Los principales motores de los desastres recientes han sido los ciclos climáticos naturales, en particular El Niño y La Niña. En las últimas décadas hemos aprendido mucho acerca del modo en que las extrañas oscilaciones del Pacífico ecuatorial afectan al clima en todo el mundo. Durante los episodios de El Niño, una gigantesca masa de agua cálida que normalmente permanece en el Pacífico central se desplaza hacia el este y llega a las costas de América del Sur; durante el fenómeno de La Niña, esa masa se encoge y se retira hacia el Pacífico occidental. El calor y el vapor que emanan del agua cálida generan potentes frentes tormentosos de gran desarrollo vertical, cuya influencia se extiende más allá de los trópicos, hasta las corrientes en chorro que viajan sobre las latitudes medias...."

https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/grandes-reportajes/el-tiempo-esta-loco-2_6414 
Diluvios casi bíblicos, olas de calor interminables, enjambres de tornados… El tiempo ha cambiado últimamente. ¿Qué está pasando?

Glasgow, Montana, Estados Unidos
Un diluvio se precipita desde el corazón de una tormenta cerca de la localidad de Glasgow, Montana, en julio de 2010. «Sentí que si hubiese podido situarme justo debajo, al mirar hacia arriba habría visto el paraíso», recuerda el fotógrafo Sean Heavey.
Foto: Sean R. Heavy, Barcroft Media / Landov

Phoenix, Arizona, Estados Unidos
La mayor tormenta de polvo que se recuerda se abate sobre Phoenix, capital del estado de Arizona, el 5 de julio de 2011, y reduce a cero la visibilidad. La actividad tormentosa sobre el desierto levantó una pared de polvo y arena de 1,5 kilómetros de altura.
Foto: Daniel Bryant

Bastrop, Texas, Estados Unidos
Un poste en llamas marca la senda de un incendio forestal, cerca de Bastrop, Texas, el 5 de septiembre de 2011, durante una ola de calor y una sequía sin precedentes. El fuego, que arrasó 1.685 viviendas, pudo haberse iniciado al caer unos pinos muertos sobre cables del tendido eléctrico.
Foto: Larry W. Smith, European Pressphoto Agency/Landov

Lago Ginebra, Suiza
La rociadura helada procedente del lago Ginebra sepulta árboles, coches y una vía pública durante una ola de frío intenso en febrero de 2012. Un inusual desplazamiento hacia el sur de la corriente en chorro polar, que llegó hasta África, llevó aire ártico y fuertes nevadas a Europa y causó cientos de muertes.
Foto: Martial Trezzini, European Pressphoto Agency/Landov

Nashville, Tennessee, Estados Unidos
Jamey Howell y Andrea Silvia acababan de enterarse de que la misa había sido cancelada cuando la riada sumergió su todoterreno cerca de Nashville, Tennessee, el 2 de mayo de 2010. Pasaron más de una hora agarrados a la baca del vehículo y después, ante la mirada impotente de sus padres, se soltaron. Tras ser arrastrados aproximadamente un kilómetro por la corriente, los jóvenes llegaron vivos a la orilla.
Foto: Rick Murray

Vicksburg, Mississippi, Estados Unidos
Protegida por un dique, una vivienda de las afueras de Vicksburg, Mississippi, resiste un desbordamiento del río Yazoo, en mayo de 2011. La fusión de la nieve y las lluvias intensas (ocho veces más de lo normal en algunas zonas de la cuenca del Mississippi) provocaron inundaciones que causaron unos daños valorados entre 3.000 y 4.000 millones de dólares.
Foto: Scott Olson, Getty Images

 
Tuscaloosa, Alabama, Estados Unidos
ESTADOS UNIDOS
El 27 de abril de 2011, se formaron sobre Estados Unidos 199 tornados, un número récord para un solo día. Sin embargo, los científicos señalan que no hay pruebas concluyentes de un aumento a largo plazo de la frecuencia de los tornados. El vórtice que trazó una clara trayectoria a través de Tuscaloosa (Alabama), a 305 kilómetros por hora, perdonó por tan solo un kilómetro el estadio de fútbol americano de la Universidad de Alabama (arriba, a la izquierda) y pasó después entre un gran centro comercial (el edificio en forma de X del centro) y el hospital general, donde ya empezaban a llegar las víctimas. El tornado se cobró 44 vidas y prosiguió su marcha hacia el noreste, hacia el área de Birmingham, donde mató a otras 20 personas.
Foto: Digitalglobe

Bradshaw, Nebraska, Estados Unidos
«¡Vaya si avanzaba!» A 209 kilómetros por hora, para ser exactos, pero el fotógrafo Mike Hollingshead, curtido cazatormentas, no pensó en dar media vuelta y huir. Hollingshead captó este tornado el 20 de junio de 2011 en las afueras de Bradshaw, Nebraska, cerca de la Interestatal 80 y de las vías del tren, donde hizo descarrilar varios vagones de carga.
Foto: Mike Hollingshead

Chengdu, Sichuan, China
En Chengdu, capital de la provincia de Sichuan, una catarata de agua de lluvia se precipita sobre un hombre que sube a toda prisa las escaleras de un garaje subterráneo.El 3 de julio de 2011 un chaparrón inusualmente intenso inundó las calles y dejó sin electricidad a esta ciudad del centro de China.
Foto: China Daily/Reuters

Spur, Texas, Estados Unidos
La piscina pública de Spur, una pequeña ciudad del oeste de Texas, se cerró en un principio porque tenía fugas de agua. La escasez de agua provocada por la sequía no ha permitido reparar la piscina ni llenarla. Ya lleva cuatro años vacía.
Foto: Robb Kendrick

Texas, Estados Unidos
Unas plantas rodadoras quedan atrapadas en los surcos de un campo de algodón en barbecho cerca de Brownfield, al sudoeste de Lubbock, Texas. Los fuertes vientos y una ola de calor sin precedentes produjeron una erosión muy perjudicial, explica Buzz Cooper, quien conduce una desmotadora de algodón en las cercanías. «Era como un horno con ventilador», dice.
www.robbkendrick.com
Foto: Robb Kendrick

Bastrop, Texas Estados Unidos
El incendio forestal ocurrido cerca de Bastrop, Texas, el 5 de Septiembre de 2011 alcanzó una temperatura tan elevada que derritió las ruedas de aluminio de este remolque para barcos. Alimentado por fuertes vientos, el fuego se extendió con rapidez. «La gente tuvo solo cinco o diez minutos para marcharse –dice Jack Page, inspector de bomberos de Smithville–. Hubo un par de ocasiones en que pensamos que no lo conseguiríamos.»
www.robbkendrick.com
Foto: Robb Kendrick

Texas, Estados Unidos
Desde que empezó la sequía, hace casi dos años, Mark Meyers ha acogido más de 800 asnos en el Peaceful Valley Donkey Rescue, un refugio que dirige junto a su mujer, Amy, cerca de San Angelo, Texas. «Con el precio del heno hasta cuatro veces más alto de lo normal, la gente no podía alimentar a sus asnos, de modo que los abandonaban», explica Meyers, quien acorrala a los animales perdidos con ayuda de Bonney y dos perros más.
Foto: Robb Kendrick

Embalse E. V. Spence, Texas
Las líneas blancas de la ladera de la derecha señalan el nivel normal de las aguas del embalse E. V. Spence cerca de Robert Lee, Texas. Durante la prolongada sequía el embalse ha quedado a menos del 1% de su capacidad, y las poblaciones que dependen de él han tenido que buscar otros suministros de agua: excavar pozos, construir tuberías o simplemente traerla el agua en cubas.
www.robbkendrick.com
Foto: Robb Kendrick

Bangkok, Tailandia
Un autobús urbano se abre paso por una calle inundada de Bangkok el 7 de noviembre de 2011. Miles de fábricas cerraron, se perdieron millones de toneladas de arroz y hubo más de nueve millones de damnificados. El país sufrió las peores inundaciones en más de 50 años.
Foto: Paula Bronstein, Getty Images

Embalse Jablanicko, Bosnia-Herzegovina
Un cementerio inundado por las aguas del embalse Jablanicko reaparece en febrero de este año al secarse el lago. La grave sequía, que comenzó en agosto del año pasado, redujo la producción hidroeléctrica de las presas situadas sobre el río que alimenta este embalse, el Neretva. Bosnia, que normalmente exporta energía a la región, tuvo que importar electricidad en enero de este año.
Foto: Dado Ruvic, Reuters

Golovanovo, Rusia
Unos hombres tratan de frenar el avance de las llamas cerca de Golovanovo, en la región de Ryazan, el 5 de agosto de 2010. Aquel verano Rusia sufrió los peores incendios forestales de su historia moderna. Hubo 50 muertos y el presidente Medvédev destituyó a altos cargos militares por su negligencia en la gestión de la catástrofe.
Foto: Natalia Kolesnikova, AFP / Getty Images

Texas Hill Country, Texas, Estados Unidos
En sus buenos tiempos el río San Saba a la altura de Brady, en la región de Texas Hill Country, era una corriente de 15 metros de ancho rebosante de percas. Pero el año pasado se secó completamente. Los colores de estos árboles ribereños no son los propios del otoño, sino los de unos ejemplares que se están muriendo.
Foto: Robb Kendrick

Río de Janeiro, Brasil
El 5 de enero de este año, un tramo de la autopista BR-356 quedó destruido por la rotura de un dique durante el desbordamiento del río Muriaé en el municipio de Campos dos Goytacazes, en el estado de Río de Janeiro. Más de 300 familias de la región tuvieron que ser desalojadas de sus casas.
Foto: © Marcos de Paula / Agencia Estado / Zuma24.com
Redacción

El tiempo está loco: meteorología extrema

La predicción para el fin de semana en Nashville, Tennessee, era de 50 a 100 milímetros de lluvia. Pero la tarde del sábado 1 de mayo, algunas partes de la ciudad habían recibido ya más de 150 milímetros y seguía lloviendo a mares. En el centro de coordinación de emergencias, el alcalde Karl Dean estaba recibiendo los primeros informes sobre las inundaciones cuando en una pantalla de televisión apareció algo que captó su atención. Era una imagen en directo de coches y camiones en la Interestatal 24, inundada por un afluente del río Cumberland, al sudoeste de la ciudad. Junto a ellos, por el carril lento, pasaba flotando un aula prefabricada de 12 metros de largo de una de las escuelas locales. «Hay un edificio chocando contra los vehículos», decía en ese momento el presentador.

Dean llevaba unas cuantas horas en el centro de operaciones, pero cuando vio el aula flotando por la carretera, reaccionó. «Comprendí claramente la extrema gravedad de la situación», recuerda. Al poco tiempo, el teléfono de emergencias empezó a recibir llamadas procedentes de todos los puntos de la ciudad. La policía, los bomberos y los equipos de rescate salían a bordo de embarcaciones. Un grupo tuvo que ir en lancha a la I-24 para rescatar al conductor de un camión con tráiler en un tramo de la carretera donde el agua le llegaba hasta el pecho, al tiempo que otros equipos salvaban a las familias atrapadas en los tejados y a los trabajadores de las naves industriales inundadas. Aun así, ese fin de semana murieron 11 personas en la ciudad.
Fue un tipo de tormenta nunca visto en Nash­ville. «Llovió con más violencia que nunca –dice Brad Paisley, cantante de country y dueño de una granja en las afueras de la ciudad–. Fue como cuando estás en un centro comercial, empieza a llover a cántaros y piensas: “Esperaré cinco mi­­nutos y cuando amaine correré hasta el coche”. Pero no amainó hasta el día siguiente.»
En los estudios del NewsChannel 5, el canal local de la cadena CBS, el meteorólogo Charlie Neese sabía de dónde venía el diluvio. La corriente en chorro se había quedado estancada sobre la ciudad, y una sucesión de tormentas levantaba aire caliente y húmedo del golfo de México, se desplazaba unos mil kilómetros hacia el nordeste y descargaba el agua sobre Nashville. Mientras Neese y sus colegas emitían el programa desde un plató en el primer piso, la redacción situada en la planta baja se inundaba con el reflujo de los desagües. «El agua manaba a borbotones de los retretes», recuerda Neese.
El nivel del río Cumberland, que atraviesa el corazón de Nashville, empezó a aumentar el sábado por la mañana. En la empresa de alquiler de embarcaciones Ingram Barge Company, David Edgin, que había sido capitán de remolcadores, tenía más de siete barcos y 70 barcazas navegando por el río. Al ver que la lluvia no paraba, llamó al Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos y preguntó por el pronóstico de la crecida. «Esto no entra en nuestros modelos –le respondió el oficial de guardia–. Nunca habíamos visto nada parecido.» Sabiamente, Edgin ordenó amarrar las embarcaciones en lugares seguros de la ribera.
"Esto no entra en nuestros modelos. Nunca habíamos visto nada parecido"
La noche del sábado el Cumberland había crecido por lo menos cuatro metros, hasta alcanzar una altura de 10 metros, y el Cuerpo de Ingenieros pronosticaba que llegaría a los 13. Pero el domingo no dejó de llover, y el lunes el río alcanzó un máximo de 16 metros, casi cuatro por encima del nivel de inundación. La riada afectó las calles del centro y causó pérdidas por valor de 2.000 millones de dólares.
Cuando salió el sol el lunes por la mañana, en algunas partes de Nashville habían caído más de 340 milímetros de lluvia, el doble que el anterior récord de 167,5 milímetros registrado en 1979 durante el huracán Frederic. Pete Fisher, gerente del Grand Ole Opry, el gran auditorio de música country, necesitó una canoa para llegar al famoso teatro, que está situado a orillas del río en el nordeste de la ciudad. Él y el ingeniero de audio Tommy Hensley tuvieron que remar para entrar por una puerta lateral. «Entramos en el teatro flotando –cuenta Fisher–. Estaba oscuro como boca de lobo y tuvimos que iluminar el escenario con una linterna. Cualquiera que hubiese estado sentado en la primera fila habría tenido dos metros de agua por encima de la cabeza.»
En ​algunas partes de Nashville habían caído más de 340 mm de lluvia, el doble que el anterior récord de 167,5 mm registrado en 1979 durante el huracán Frederic
En los almacenes que hay a lo largo del río la inundación había sumergido material por valor de varios millones de dólares, entre el cual se encontraban los componentes de una pantalla de 11 por 19 metros que se iba a montar para el concierto de la gira de Brad Paisley, que estaba previsto se celebrase en menos de tres semanas. «Cada uno de los amplificadores, cada una de las guitarras a las que estaba acostumbrado quedaron destruidas –dice Paisley–. Sentí una impotencia como nunca antes había sentido.» La experiencia cambió al cantante. «Aquí en Nashville normalmente el tiempo es benigno. Pero desde aquella inundación, no he vuelto a confiar en la normalidad.»
El tiempo ha cambiado. Fenómenos extremos como la inundación de Nashville (descrita por las autoridades como algo que ocurre una vez cada mil años) se han vuelto más frecuentes. Un mes antes de esta riada, unas lluvias torrenciales descargaron 280 milímetros de precipitaciones sobre Río de Janeiro en 24 horas y causaron co­­rrimientos de tierra que sepultaron a centenares de personas. Tres meses después la lluvia volvió a batir récords en Pakistán, con inundaciones que afectaron a más de 20 millones de personas. A finales de 2011 las inundaciones de Thailandia anegaron cientos de fábricas en los alrededores de Bangkok, lo que provocó una escasez mundial de discos duros de ordenador.
Fenómenos extremos como la inundación de Nashville se han vuelto más frecuentes
Y no solo los aguaceros ocupan los titulares. Durante el último decenio también hemos visto sequías severas en lugares como Texas, Australia, Rusia y el este de África, donde decenas de miles de personas han llenado los campos de refugiados. Europa ha sufrido mortíferas olas de calor y Estados Unidos ha registrado una cantidad sin precedentes de tornados. Las pérdidas ocasionadas por estos fenómenos situaron el coste mundial de los desastres meteorológicos de 2011 en un importe estimado de 121.000 millones de euros, alrededor de un 25% más que en 2010.
¿Qué está pasando? ¿Son esos fenómenos extremos señales de un peligroso cambio del clima mundial causado por la actividad humana, o solo estamos atravesando un ciclo natural de mala suerte?
Probablemente, las dos cosas. Los principales motores de los desastres recientes han sido los ciclos climáticos naturales, en particular El Niño y La Niña. En las últimas décadas hemos aprendido mucho acerca del modo en que las extrañas oscilaciones del Pacífico ecuatorial afectan al clima en todo el mundo. Durante los episodios de El Niño, una gigantesca masa de agua cálida que normalmente permanece en el Pacífico central se desplaza hacia el este y llega a las costas de América del Sur; durante el fenómeno de La Niña, esa masa se encoge y se retira hacia el Pacífico occidental. El calor y el vapor que emanan del agua cálida generan potentes frentes tormentosos de gran desarrollo vertical, cuya influencia se extiende más allá de los trópicos, hasta las corrientes en chorro que viajan sobre las latitudes medias. Las oscilaciones de esa masa de agua cálida a lo largo del ecuador (de este a oeste y de nuevo al este) hacen que las sinuosas trayectorias de las corrientes en chorro se desplacen al norte y al sur, lo que modifica el recorrido de las tormentas a través de los continentes. Los episodios de El Niño suelen llevar lluvias torrenciales a la zona meridional de Estados Unidos y a Perú, y sequías e incendios a Australia. Con La Niña, las lluvias anegan Australia pero escasean en el Su­­doeste de Estados Unidos, en Texas y en lugares aún más alejados, como el este de África.
Esas consecuencias no son automáticas ni invariables; la atmósfera y el océano son fluidos caóticos, y otras oscilaciones influyen en la me­­teorología en cada lugar y momento concretos. Sin embargo, el Pacífico tropical ejerce una in­­fluencia particularmente poderosa, porque desprende una cantidad enorme de calor y vapor de agua a la atmósfera. Los episodios extremos de El Niño o La Niña preparan el terreno para fenómenos extremos en otras partes del mundo.
Pero los ciclos naturales no son suficientes para explicar la reciente racha de desastres sin precedentes. Algo más está pasando. La Tierra se está calentando y hay mucha más humedad en la atmósfera. Decenios de observaciones desde estaciones meteorológicas, satélites, barcos, boyas, sondas oceánicas y globos sonda indican que la persistente acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera retiene el calor y calienta la tierra, los océanos y el aire. Aunque algunas regiones, en particular el Ártico, se están calentando más deprisa que otras, el promedio de la temperatura superficial del planeta ha aumentado medio grado en los últimos 40 años. En 2010 llegó a 14,51 °C, superando el récord registrado en 2005.
Al calentarse, los mares desprenden más vapor de agua. «Y ya sabemos que el agua de un cazo se evapora antes si encendemos el fuego», dice Jay Gulledge, investigador del Centro para el Clima y las Soluciones Energéticas (C2ES), una organización sin ánimo de lucro de Arlington, Virginia. Las mediciones efectuadas desde los satélites indican que el vapor de agua en la columna de aire ha aumentado un 4% en los últimos 25 años. Y cuanto más vapor de agua, mayor probabilidad de lluvias torrenciales.
Para finales de este siglo la temperatura media mundial podría aumentar entre 1,5 y 4,5 °C, una cifra que dependerá en parte de la cantidad de carbono que emitamos a la atmósfera hasta entonces. Los científicos prevén un cambio notable del tiempo atmosférico. Los patrones básicos de circulación se desplazarán hacia los polos, tal como están haciendo algunas plantas y animales para huir del calor (o para aprovecharlo). El cin­turón de lluvias tropicales (la zona de convergencia intertropical) ya se está ensanchando. Las zonas áridas subtropicales se están desplazando en dirección a los polos, hacia regiones como el Sudoeste de Estados Unidos, el sur de Australia o la Europa meridional, cada vez más expuestas a sequías intensas y prolongadas. Más allá de las zonas subtropicales, en las latitudes medias, las rutas de las tormentas también se están desplazando hacia los polos, una tendencia a largo plazo que se superpone a las fluctuaciones anuales producidas por El Niño o La Niña.
Uno de los grandes enigmas del tiempo que tendremos en el futuro es el océano Ártico, que desde la década de 1980 ha perdido el 40% de su hielo marino estival. Las temperaturas otoñales sobre lo que ahora es mar abierto han su­­bido entre 2 y 5 °C, porque el agua absorbe la luz solar que antes el hielo (de color más claro que el agua) reflejaba al espacio. Datos recientes indican que el calentamiento está alterando la co­­rriente en chorro polar, añadiendo a su recorrido en torno al planeta lentos meandros en dirección norte-sur, que tal vez sean la causa de que el invierno pasado fuese tan caluroso en América del Norte y tan frío en Europa. La corriente en chorro, que se desvió más al norte de lo normal, sobre Canadá, llevaba aire caliente; en cambio, la que se desvió hacia el sur, a Europa, dejó allí nieve y vientos gélidos. El invierno anterior fue el este de América del Norte el que recibió las mayores nevadas. Como los meandros se mueven de año en año, los extremos meteorológicos también pueden desplazarse de región.
Más difícil aún es predecir el efecto del calentamiento global sobre una tormenta concreta. En teoría, una mayor concentración de vapor de agua en la atmósfera debería aportar calor a las grandes tormentas, favoreciendo el desarrollo vertical que les permite crecer en tamaño y potencia. Según algunos modelos, el calentamiento global podría aumentar entre un 2 y un 11% la fuerza media de los huracanes y tifones para fines de siglo. Pero aún no hay un acuerdo entre los científicos sobre si se ha producido ya algún incremento, y los mismos modelos que pronostican huracanes más violentos también predicen que podrían ser menos frecuentes en el futuro.
El panorama de los tornados es más confuso. Una atmósfera más cálida y húmeda debería producir tormentas más severas, pero también podría reducir la cizalladura del viento necesaria para la generación de tornados. En Estados Unidos se están registrando más fenómenos de este tipo, pero también hay más gente que va en su busca con mejores instrumentos, y no se ha po­­dido documentar un aumento de tornados fuertes en los últimos 50 años. La primavera de 2011 fue una de las peores temporadas de tornados de la historia de Estados Unidos, pero los científicos aún no disponen de los datos ni de los conocimientos teóricos necesarios para afirmar que la causa sea el calentamiento planetario.
Sin embargo, en el caso de otros fenómenos extremos, la relación es bastante evidente. A mayor temperatura de la atmósfera, mayor es la probabilidad de que se produzcan olas de calor sin precedentes. En 2010 hubo 19 países que superaron sus récords nacionales de calor.
Con el aumento de la humedad atmosférica, se han intensificado las precipitaciones. La cantidad de agua descargada por los chaparrones más intensos (el 1% de los episodios lluviosos) ha aumentado casi en un 20% durante el último siglo en Estados Unidos. «Ahora una tormenta descarga más lluvia que hace 30 o 40 años», dice Gerald Meehl, científico del Centro Nacional de Investigación Atmosférica de Estados Unidos, con sede en Boulder, Colorado. A su juicio, el calentamiento global ha alterado la probabilidad de que se produzcan fenómenos extremos.
«Supongamos que un jugador de béisbol se dopa con anabolizantes –pone como ejemplo–. Si ese jugador consigue el triunfo para su equipo, no sabremos si ha sido gracias al dopaje o si lo habría logrado de todos modos. Pero los anabolizantes lo han hecho más probable.» Con el tiempo pasa lo mismo, dice Meehl. Los gases de efecto invernadero son los anabolizantes del sistema climático. «Añadiendo tan solo una pizca de dióxido de carbono al clima, todo se vuelve un poco más caluroso y las probabilidades de que se produzcan fenómenos extremos aumentan –afirma–. Los sucesos que antes eran raros se vuelven más corrientes.»
Nadie ha sufrido tanto el «dopaje» climático en los últimos tiempos como los habitantes de Texas. Los 1.049 residentes de Robert Lee, una ciudad de agricultores, empleados de la industria petrolera, pensionistas y pequeños comerciantes del oeste de Texas, pasaron gran parte de 2011 presenciando el agotamiento de sus reservas de agua. El embalse E. V. Spence, como muchos otros de la región, se quedó a menos del 1 % de su capacidad.
"Muchos pozos se están secando"
«Si no conseguimos pronto un aporte adicional, dejará de manar agua de los grifos –dijo el alcalde John Jacobs el invierno pasado–. No saldrá ni una gota. La situación es grave.» En enero se inició el tendido de una tubería de 19 kilómetros hasta Bronte, una localidad que dispone de pozos y de un embalse. Las obras terminaron en marzo, y a principios de mayo la tubería seguía en pruebas. «Creo que la tendremos lista a tiempo –dijo Jacobs–. Pero será en el último minuto. Si padeces del corazón, no vengas a vivir al oeste de Texas.»
Entre octubre de 2010 y septiembre de 2011 llovió menos en Texas que en cualquier otro período de 12 meses desde el comienzo de los registros en 1895. Todo el estado sufrió la sequía, pero el oeste ya estaba en una situación límite. Los agricultores, ganaderos y municipios de toda la región sufrieron las consecuencias. En muchos sitios el nivel freático descendió por debajo de las tuberías de bombeo, por lo que se quemaron los motores. «Muchos pozos se están secando –dijo Clark Abel, perforador de pozos residente en San Angelo–. Nuestro teléfono no deja de sonar. Es abrumador.»
La sequía también marchitó los prados, lo que obligó a algunos ganaderos a enviar sus reses al norte por carretera en busca de mejores pastos. En una especie de trashumancia moderna, vaqueros del rancho Four Sixes, cerca de Guthrie, y de su filial en Dixon Creek, en el Texas Panhandle (el extremo noroccidental del estado), transportaron en camiones con remolque de dos pisos más de 4.000 cabezas de ganado de la raza híbrida Angus hasta unas tierras arrendadas en un territorio que abarcaba desde Nebraska hasta el norte de Montana. «Nadie había visto nada parecido», dijo el gerente del rancho, Joe Leathers.
La causa principal de esa situación no era ningún misterio
«Es la sequía de un año de duración más grave que hemos tenido», dijo el climatólogo John Nielsen-Gammon, empleado por el Gobierno estatal. (En los años cincuenta hubo una sequía igual de severa, que sin embargo tardó seis años en alcanzar la misma gravedad.) Para colmo, los texanos soportaron el año pasado el verano más caluroso que se recuerda. En Dallas hubo 71 días en que los termómetros superaron los 37,7 °C.
La causa principal de esa situación no era ningún misterio, declaró Nielsen-Gammon. La Niña empujó hacia el norte las rutas de las tormentas, lo que redujo las precipitaciones en el Sur de Estados Unidos, desde Arizona hasta las dos Carolinas.
Pero el calentamiento planetario agravó la situación e intensificó la ola de calor. «En condi­ciones normales, buena parte de la energía del Sol evapora el agua del suelo o de las plantas –explicó el climatólogo–. Pero cuando no hay agua que evaporar, toda la energía calienta el suelo y, en consecuencia, el aire. Con tan poca lluvia como habíamos tenido, probablemente habríamos batido récords de calor en Texas en 2011 aun sin cambio climático. Pero el cambio climático añadió alrededor de un grado de temperatura.»
Ese grado adicional fue como un bidón extra de gasolina en los bosques del estado. Al aumentar la evaporación, los resecó aún más. En 2011 Texas padeció la peor temporada de incendios de su historia: el fuego carbonizó 16.000 kilómetros cuadrados.
Uno de los incendios que causó más pérdidas comenzó el pasado mes de septiembre cerca del Parque Estatal Bastrop, al sudeste de Austin, donde los pinos estaban secos como la yesca. Alimentadas por un fuerte viento, las llamas se dirigieron hacia el sur y atravesaron los barrios residenciales de la ciudad, formando lo que los bomberos llaman largas «calles de fuego». El fuego devoró 1.685 viviendas pero dejó intactas otras cercanas, ante los ojos incrédulos de los damnificados.
Cuando Paige y Ray Shelton volvieron para inspeccionar su finca, adyacente al parque estatal, encontraron la casa en pie, pero el aserradero que Ray dirigía estaba reducido a cenizas y el taller de alfarería de Paige había sido arrasado. Mientras ella buscaba entre los restos, Ray fue al gallinero para ahorrarle a su mujer el mal trago de retirar los animales calcinados. Los árboles alrededor del gallinero estaban carbonizados.
«¿Y sabe qué pasó? –me dijo Ray–. Cuando doblé la esquina, el gallo asomó la cabeza y cacareó. No me lo podía creer. Casi me caigo de espaldas.» El fuego había llegado a dos centímetros del gallinero, pero por alguna razón las paredes, de madera de sabina de Virginia, no se habían quemado y las aves habían evitado el calor intenso y el humo. Fue un pequeño milagro en medio de una gran pérdida.
El tiempo meteorológico es responsable solo en parte del aumento de pérdidas y de la frecuencia creciente de desastres naturales. También son peores las consecuencias porque hay más personas expuestas. En estados como Texas, Arizona y California, la construcción de urbanizaciones en antiguos bosques ha determinado que haya más viviendas amenazadas por los incendios forestales, del mismo modo que el desarrollo inmobiliario en las costas de Florida, Carolina del Norte y Maryland expone las costosas casas de la playa y los hoteles a la furia de los huracanes y otras tormentas. Al mismo tiempo, el rápido crecimiento de megaciudades en los países en desarrollo de Asia y África ha hecho que las olas de calor y las inundaciones afecten a más millones de personas.
"Francamente, lo estamos haciendo muy mal en lo tocante a los desastres naturales"
«Las cosas no van bien –dice el climatólogo de la Universidad de Princeton Michael Oppenheimer, que ha participado en la redacción de un informe sobre fenómenos meteorológicos extremos para el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático–. Francamente, lo estamos haciendo muy mal en lo tocante a los desastres naturales.»
La importancia económica de esta situación no ha pasado inadvertida a las compañías de seguros. Las pérdidas por desastres naturales que estaban aseguradas totalizaron el año pasado en Estados Unidos 36.000 millones de dólares. «No sabemos si esto será lo normal a partir de ahora, pero el sector está registrando una tasa extraordinaria de siniestros», informa Frank Nutter, de la Asociación de Reaseguros de América.
En Florida, donde huracanes, incendios forestales y sequía plantean riesgos enormes a las aseguradoras, varias compañías nacionales han dejado de ofrecer pólizas o las han restringido de alguna manera. Temen otra catástrofe como el huracán Andrew de 1992, que costó unos 25.000 millones de dólares al sector. Para llenar el hueco han surgido pequeñas compañías, y en 2002 el Gobierno estatal creó la Citizens Property Insurance Corporation, que se ha convertido en la principal proveedora de seguros para viviendas en Florida. Según Nutter, aún no se sabe si el nuevo sistema tiene suficientes recursos para hacer frente a una tormenta catastrófica. «Aún no ha pasado la prueba. Florida no ha sufrido un huracán importante desde 2005.»
Mientras tanto, algunos Gobiernos han dado pasos pequeños pero importantes hacia una mejor preparación ante los fenómenos meteorológicos extremos. La excepcional ola de calor que se vivió en 2003 en Europa se cobró al menos 35.000 vidas, y un análisis posterior reveló que el cambio climático había duplicado la probabilidad de que se repitiera el desastre. A partir de entonces las ciudades francesas prepararon centros con aire acondicionado y establecieron un registro de los ancianos que necesitarían ser conducidos a esos refugios. Cuando en 2006 una nueva ola de calor se abatió sobre Francia, la mortandad se redujo en dos tercios. Del mismo modo, después de que una tormenta tropical matara a medio millón de personas en Bangladesh en 1970, el Gobierno desarrolló un sistema de alerta temprana y construyó sencillos refugios de hormigón para las familias evacuadas. Actualmente, cuando un ciclón se abate sobre el país, el número de víctimas no pasa de varios miles.
Según Jay Gulledge, los desastres meteorológicos son como un ataque al corazón. «Cuando el médico te indica cómo prevenir un infarto, no te dice que hagas ejercicio pero que puedes seguir fumando.» El mejor enfoque ante los fenómenos meteorológicos extremos es prestar atención a todos los factores de riesgo, y desarrollar cultivos que resistan la sequía, edificios que soporten inundaciones y vientos huracanados, normativas que impidan construir en sitios peligrosos y, por supuesto, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.
«Sabemos que el calentamiento de la superficie terrestre está llevando más humedad a la atmósfera. Lo hemos medido. Los satélites lo ven», afirma Gulledge. Por eso, las probabilidades de que se produzcan fenómenos extremos no dejan de aumentar.
Debemos aceptar la realidad, insiste Oppenheimer, y hacer todo aquello que sabemos puede salvar vidas y evitar pérdidas. «No podemos estar ahí sin más y sufrir las consecuencias.»

NATIONAL GEOGRAPHIC

Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
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