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lunes, 10 de agosto de 2020

NATIONAL GEOGRAPHIC : Las complejas redes sociales de los gorilas de montaña

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la revista National Geographic, nos alcanza un reportaje sobre las complejas redes sociales entre los gorilas de montaña, realizados por la Fundación Dian Fossey; que según estos estudios realizados por largos años, los primates se ven afectados por el tamaño del grupo del que forman parte, también se logrado conocer que cuanto más grande es el grupo más débiles son los lazos que se establecen entre sus integrantes.
NATIONAL GEOGRAPHIC.- narra: "...........La investigación llevada a cabo por la Fundación Dian Fossey en colaboración con científicos con la Universidad de Exeter, estudió durante 12 años las relaciones establecidas entre 13 comunidades distintas de gorilas, identificando hasta siete categorías en los tipos de relación que pueden establecerse en estas y que pueden variar desde el estrecho vínculo desarrollado entre madre e hijo, hasta asociaciones de índole mucho más débil.
Efectivamente, al igual que los seres humanos, la mayoría de los primates hacen gala de un complejo comportamiento social. En este sentido, uno de los objetos de investigación más interesantes de la antropología se centra en la naturaleza del vínculo entre individuos de una misma especie, de cuyo estudio se desprende que el número de relaciones efectivas que un primate puede establecer con sus propios congéneres está directamente relacionado y limitado por el volumen de la corteza cerebral. Esto sugiere que para cada especie existe un límite de relaciones efectivas que viene determinada por el tamaño del neocórtex y que por ejemplo, según el antropólogo Robin Dumbar, para los seres humanos se sitúa en las 150....................."


https://www.nationalgeographic.com.es/naturaleza/gorilas-montana-sl_15779

Las relaciones sociales entre gorilas de montaña se ven afectadas por el tamaño del grupo del que forman parte. Según un nuevo estudio de la Fundación Dian Fossey, cuanto más grande es un grupo, mas débiles son los lazos que se establecen entre sus integrantes

Gorilla beringei beringei
Foto: Dian Fossey Gorilla Fund
Un nuevo estudio titulado "Comparing measures of social complexity: larger mountain gorilla groups do not have a greater diversity of relationships." publicado esta semana en PNAS, ahonda en los tipos y la calidad de las relaciones establecidas en las sociedades de gorilas de montaña -Gorilla beringei beringei- del Parque Nacional de los Volcanes, en Ruanda.
La investigación llevada a cabo por la Fundación Dian Fossey en colaboración con científicos con la Universidad de Exeter, estudió durante 12 años las relaciones establecidas entre 13 comunidades distintas de gorilas, identificando hasta siete categorías en los tipos de relación que pueden establecerse en estas y que pueden variar desde el estrecho vínculo desarrollado entre madre e hijo, hasta asociaciones de índole mucho más débil.
Efectivamente, al igual que los seres humanos, la mayoría de los primates hacen gala de un complejo comportamiento social. En este sentido, uno de los objetos de investigación más interesantes de la antropología se centra en la naturaleza del vínculo entre individuos de una misma especie, de cuyo estudio se desprende que el número de relaciones efectivas que un primate puede establecer con sus propios congéneres está directamente relacionado y limitado por el volumen de la corteza cerebral. Esto sugiere que para cada especie existe un límite de relaciones efectivas que viene determinada por el tamaño del neocórtex y que por ejemplo, según el antropólogo Robin Dumbar, para los seres humanos se sitúa en las 150.
Los gorilas de montaña generalmente viven en grupos de 12 a 20 individuos, y es precisamente para grupos de este tamaño en los que el estudio encontró una mayor riqueza y variedad de relaciones sociales. Sin embargo, para comunidades cuyo número de individuos quedaba por encima o por debajo de este rango, los científicos comprobaron una degradación de las relaciones sociales. "A menudo se asume que los animales que viven en grupos más grandes tendrán vidas sociales más diversas y complejas", explica el doctor Robin Morrison, de la Fundación Fossey y el Centro de Investigación para el Comportamiento Animal de la Universidad de Exeter. "No obstante, nuestro estudio sugiere que la diversidad social es menor en grupos muy grandes donde los gorilas deben mantener una mayor cantidad de relaciones, y que la mayoría de estas relaciones decaen hasta situarse en la categoría más débil", añade.
"Todavía existen fuertes relaciones sociales en los grandes grupos - que pueden alcanzar hasta los 65 individuos- pero parecen constituir una proporción menor de las relaciones totales" continúa el doctor. "No podemos decir con certeza por qué es así, pero puede ser que los gorilas solo tengan suficiente tiempo y energía mental para mantener un cierto número de vínculos sólidos, por lo que se centran en sus relaciones clave y simplemente mantienen lazos débiles con los demás gorilas del grupo".
"Vivir en una comunidad social requiere de un gran esfuerzo mental" prosigue Morrison, quien también aclara que: "de hecho, una de las grandes ideas en la evolución de las sociedades humanas es que nuestra especie desarrollo grandes cerebros y un lenguaje complejo para lidiar con la creciente complejidad social".

La sociedad de los gorilas

Los gorilas de montaña cohabitan en grupos sociales estables que se desplazan y alimentan colectivamente durante el día y descansan juntos durante la noche. Según el censo del Parque Nacional de los Volcanes, el número de gorilas de montaña en el mismo ha aumentado notablemente en los últimos años, lo que puede explicar por qué se han formado grupos inusualmente grandes para la especie.
El estudio se sirvió de los datos de proximidad, es decir, de cuánto tiempo pasaban unos individuos junto a otros, para medir las relaciones sociales entre los gorilas. En muchos primates, la interacción social se puede medir por la cantidad de tiempo que sus integrantes pasan acicalándose, sin embargo los gorilas le dedican menos tiempo a esta actividad que otras especies. "Cuando hablamos de gorilas se trata más bien de con que individuos eligen sentarse y pasar el tiempo y de cuales se alejan lo que determina la calidad y proximidad de las relaciones", aclara Morrison.
En este sentido Lauren Brent, profesora asociada de la Universidad de Exeter, nos da cuenta de la gran variabilidad en el tipo de relaciones que se pueden establecer entre los gorilas de montaña: "no solo observamos que en los grupos que excedían cierto tamaño las relaciones eran menos diversas y más débiles, también pudimos comprobar que, dentro del mismo grupo, existía una gran variabilidad entre las relaciones de sus integrantes, y así algunos gorilas mostraban unas habilidades sociales mucho más desarrolladas que otros". "Esto se suma a las evidencias de que en cualquier sociedad animal, ya se trate de humanos, gorilas u otro tipo de primate, no todos experimentan el mundo social de la misma manera".

Sexo y edad

Los investigadores también encontraron que la diversidad de las relaciones sociales que experimentan los gorilas como individuos también varía según la edad y el sexo. Así, tanto machos como hembras experimentan una amplia gama de relaciones cuando son jóvenes, que sin embargo cambia a medida que envejecen.
Mientras que las hembras mantienen una diversidad de relaciones relativamente constante durante la adolescencia y la edad adulta, estas disminuyen rápidamente en los machos a medida que entran en la adolescencia, alcanzando los niveles más bajos alrededor de los 14 años. A esta edad es cuando los machos muestran muchas características de madurez sexual, aunque todavía les falten algunos años para alcanzar la completa madurez. Además, este es también el período en que los machos deciden si abandonan o no el grupo en el que nacieron, por lo que a veces pueden distanciarse socialmente del resto del grupo antes de su partida definitiva. Si eligen quedarse, como lo hacen aproximadamente la mitad de machos semi-adultos, entonces gradualmente construyen un conjunto diverso de relaciones a medida que asumen roles sociales clave entre los que se encuentran la protección del grupo, la procreación y el cuidado de la descendencia.

Sobre gorilas y virus

"Todo lo que hemos aprendido sobre los gorilas de montaña durante estos años podría tener un gran impacto en el diseño de nuevas políticas de conservación y futuros programas de protección y seguimiento la especie" declara por su parte la también coautora del estudio, además de presidenta y CEO de la Fundación Dian Fossey, la doctora Tara Stoinski, quien añade que " los resultados de la investigación también podrían resultar muy útiles para la limitar la propagación de enfermedades en sus poblaciones". "Esto es realmente importante en este momento para los gorilas de montaña porque la enfermedad es una de las principales amenazas para su conservación. Los gorilas son susceptibles a muchas de las enfermedades que afectan a los humanos, entre las que se incluyen el Ébola o la COVID, de la que ya sabemos que puede afectar a los grandes primates".
"Por ello, la vigilancia y protección a largo plazo de los gorilas de montaña es crucial, no solo para su conservación, sino también por lo que podemos aprender de esta especie inteligente y altamente social acerca de como han evolucionado las relaciones y el comportamiento en sociedades tan complejas como las nuestras", sentencia Stoinsky.
NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
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domingo, 9 de agosto de 2020

NATIONAL GEOGRAPHIC : Los últimos gorilas de Ruanda

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos alcanza un reportaje sobre los últimos gorilas de Ruanda, gracias a un reportaje del periodista español Alfons Rodríquez, quien estuvo por los montes Virunga, tras los rastros de las diezmadas poblaciones del gorila de montaña.

Un gorila comiendo
https://www.nationalgeographic.com.es/naturaleza/gorilas-a-dieta_4591
Las enfermedades coronarias no afectan sólo a los humanos. Son también la primera causa de muerte entre los gorilas machos de los zoológicos, y los científicos quieren saber por qué. ¿La obesidad? Tal vez. Elena Hoellein Less, del zoo Metroparks de Cleveland, piensa que la dieta podría ser la causa, y se propone demostrarlo en un estudio realizado en diversos zoos. Less alimenta a sus gorilas Bebac y Mokolo con un menú que imita el que comerían en estado salvaje, prácticamente vegetariano. La nueva dieta, rica en verduras, se inspira en una alimentación humana especialmente indicada para cardiopatías. A juzgar por los 30 kilos que ha perdido cada gorila, no es para tomárselo a la ligera. –Catherine Zuckerman


NATINAL GEOGRAPHIC .- narra: ".....Los rangers del Parque Nacional de los Volcanes, en las montañas Virunga de Ruanda, ya me habían advertido. Tal vez fuese la niebla, el escozor de las ortigas que salpicaban la espesa vegetación o las varias horas que llevaba subiendo y bajando por las laderas enfangadas del volcán Visoke, de 3.711 metros de altitud. Estos factores, junto con la excitación, provocaron el embotamiento de mi mente y el consiguiente olvido del consejo. O quizá fue que aquel resultó ser uno de los encuentros más intensos que haya experimentado en la vida, sin más explicación. Me quedé absorto, sin capacidad de reacción. Me habían prevenido de que si un macho alfa de gorila de montaña (Gorilla beringei beringei) –un espalda plateada– me miraba, no debía sostener el contacto visual bajo ningún concepto. Eso suponía una provocación para el líder del grupo, un desafío que podía acabar con una poderosa carga ofensiva sobre la amenaza, es decir, yo....."

https://www.nationalgeographic.com.es/naturaleza/grandes-reportajes/los-ultimos-gorilas-de-ruanda-2_9071

Durante una estancia en Ruanda, el fotoperiodista español Alfons Rodríquez viaja a los montes Virunga tras el rastro de las diezmadas poblaciones de gorila de montaña. 

Los últimos gorilas de Ruanda

Una hembra adulta de gorila de montaña (Gorilla beringei beringei) del grupo Amahoro descansa entre la vegetación de las laderas del volcán Visoke, en el Parque Nacional de los Volcanes, en Ruanda.
alfonsrodriguez.com
Foto: Alfons Rodríguez
Los últimos gorilas de Ruanda
Ubumwe es el macho alfa del grupo Amahoro. En un solo día, un espalda plateada puede llegar a ingerir hasta 30 kilos de comida. Los grupos llegan a desplazarse decenas de kilómetros en una jornada, en busca de alimento o de un lugar donde pasar la noche.
Foto: Alfons Rodríguez
Los últimos gorilas de Ruanda
Las siluetas cónicas de los volcanes Muhabura, de 4.127 metros de altitud, y Gahinga, de 3.474, recortan el cielo de los montes Virunga, hábitat de los gorilas de montaña.
alfonsrodriguez.com
Foto: Alfons Rodríguez 
Los últimos gorilas de Ruanda
El ejército vigila el Parque Nacional de los Volcanes. Los furtivos y los grupos rebeldes del conflicto congoleño siguen siendo una amenaza para los gorilas.
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Foto: Alfons Rodríguez
Los últimos gorilas de Ruanda
Unos niños recolectan madera para cocinar y calentar los hogares cerca de la ciudad de Musanze, junto al parque nacional protegido. En un territorio que ha sido compartido desde tiempos ancestrales por gorilas y seres humanos, el equilibrio entre las necesidades básicas de unos y otros no es nada fácil de mantener.
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Foto: Alfons Rodríguez
 Los últimos gorilas de Ruanda
Una de las hembras adultas del grupo Amahoro sostiene en brazos a su cría, que ha nacido hace apenas 48 horas. Los gorilas tienen a lo largo de su vida un promedio de cinco crías, el 30 % de las cuales no superará los 3,5 años de vida.
alfonsrodriguez.com
Foto: Alfons Rodríguez

Los últimos gorilas de Ruanda
El ejército vigila el Parque Nacional de los Volcanes, frecuentado por turistas e investigadores a la búsqueda del casi extinto gorila de montaña. Los furtivos y los grupos rebeldes del conflicto congolés siguen siendo una amenaza.
alfonsrodriguez.com
Foto: Alfons Rodríguez
 Los últimos gorilas de Ruanda
La región aledaña al Parque Nacional de los Volcanes está altamente poblada y cultivada, lo que supone una amenaza grave para el hábitat de los gorilas.
alfonsrodriguez.com
Foto: Alfons Rodríguez
 Los últimos gorilas de Ruanda
Los rangers tienen un papel primordial en la conservación y proteción del hábitat de los gorilas. Patrullan la jungla continuamente en busca de trampas y de cazadores furtivos, además de acompañar a los visitantes en sus expediciones.
alfonsrodriguez.com
Foto: Alfons Rodríguez
Los últimos gorilas de Ruanda
Una familia de Gorilas avanza en fila india a través de la espesa vegetación del cráter del volcán Visoke.  Los grupos llegan a desplazarse decenas de kilómetros en un solo día, en busca de alimento o de un lugar donde pasar la noche.
alfonsrodriguez.com
Foto: Alfons Rodríguez
 


Los rangers del Parque Nacional de los Volcanes, en las montañas Virunga de Ruanda, ya me habían advertido. Tal vez fuese la niebla, el escozor de las ortigas que salpicaban la espesa vegetación o las varias horas que llevaba subiendo y bajando por las laderas enfangadas del volcán Visoke, de 3.711 metros de altitud. Estos factores, junto con la excitación, provocaron el embotamiento de mi mente y el consiguiente olvido del consejo. O quizá fue que aquel resultó ser uno de los encuentros más intensos que haya experimentado en la vida, sin más explicación. Me quedé absorto, sin capacidad de reacción. Me habían prevenido de que si un macho alfa de gorila de montaña (Gorilla beringei beringei) –un espalda plateada– me miraba, no debía sostener el contacto visual bajo ningún concepto. Eso suponía una provocación para el líder del grupo, un desafío que podía acabar con una poderosa carga ofensiva sobre la amenaza, es decir, yo.

Pero lo hice, nuestras miradas se cruzaron y no logré bajar, en actitud sumisa, la mía. En apenas unos instantes vi mi origen y el de toda la especie humana en aquella faz negra y achatada. Contemplé con absoluta claridad el camino recorrido. Nuestra naturaleza más genuina se reflejaba en aquellos expresivos ojos de color ámbar. El enorme gorila se levantó y pasó lentamente a menos de un metro de mí, pero se limitó a mirarme de reojo con indiferencia. No hice ni una sola foto. Estaba paralizado, y además hubiera supuesto una falta de respeto hacia aquel ser inmenso y poderoso, aunque frágil y vulnerable. Aquel era un reino erigido entre volcanes, y Ubumwe –así se llamaba el gorila– era su rey.


Una experiencia vital

Días antes en Musanze, en el norte del país, Jordi Galbany, primatólogo español vinculado a la Universidad George Washington y que actualmente trabaja en la Fundación Dian Fossey (en estas mismas selvas fue donde Fossey desarrolló su trabajo de campo y también donde fue asesinada) me había hablado acerca de la experiencia vital que suponía un encuentro con aquellas criaturas tan cercanas a los humanos. Los estudios que se realizan hoy en la fundación, en los que Galbany trabaja desde 2013, arrojan multitud de datos, no solo sobre esta especie y las medidas que deberían tomarse para garantizar su preservación sino también sobre nuestra propia evolución. La investigación de Galbany consiste, en líneas generales, en la medición de los gorilas para establecer la curva y la tasa de crecimiento en los ejemplares más jóvenes.

Mi trabajo en la zona de los Grandes Lagos para cubrir los conflictos, las crisis humanitarias y otros acontecimientos terribles que han asolado la región, como el genocidio entre hutus y tutsis, había despertado mi interés por saber cómo afectaba todo aquello a los últimos gorilas de montaña. La estancia en Ruanda suponía una buena ocasión para conocer la labor de quienes conviven a diario con el problema de los furtivos: los rangers. La caza ilegal se alimenta de la necesidad de aquellos que lo han perdido todo a causa de tanto conflicto y precariedad. Es una consecuencia directa.
El censo de gorilas está en un punto de no retorno. Su hábitat es cada día más reducido

Hoy solo unos 880 gorilas de montaña sobreviven en este reducto repartido entre tres países: Ruanda, República Democrática del Congo y Uganda. Otro de los graves problemas que están llevando a la extinción a esta especie es la alta densidad de población de la región y la consiguiente sobreexplotación agrícola. El censo de gorilas está en un punto de no retorno. Su hábitat es cada día más reducido y su desaparición, casi segura. Solo queda luchar a contracorriente y utilizar métodos desesperados, como, por ejemplo, las visitas de los turistas. Los visitantes, en grupos reducidos y controlados, aportan dólares que podrían preservar el ecosistema de la expansión agrícola y la caza furtiva. Pero también traen enfermedades que afectan a los primates. Ya existen lugares (en Ruanda aún no) donde se obliga a los visitantes a llevar mascarillas cuando entran en su entorno.

Dian Fossey vislumbró el porvenir incierto de los gorilas hace más de tres décadas. «Cuando te das cuenta del valor de la vida –dejó escrito en la última página de su diario–, te preocupas menos por discutir sobre el pasado y te centras más en la conservación para el futuro.» Sus últimas palabras están más llenas de vida que nunca.
 NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
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