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martes, 17 de noviembre de 2020

NATIONAL GEOGRAPHIC : ASALTO FALLIDO Operación Flipper, el intento de acabar con Rommel

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos entrega un reportaje de la Operación Flipper, del ejército británico que tuvo como misión secreta secuestrar o  asesinar al General Erwin Rommel, el llamado "Zorro del Desierto" del ejército alemán que fracasó rotundamente por la inexperiencia del jefe de la misión.


Erwin Rommel, el Zorro del Desierto, a diferencia de los más altos barones del nazismo nació en el seno de una familia burguesa de clase media el 15 de noviembre de 1891. El más famoso mariscal de campo del ejército alemán se convertiría en un admirador incondicional de Adolf Hitler, aunque comprendió demasiado tarde que su ídolo era un criminal sin escrúpulos.

Foto: CordonPress
 

El 17 de noviembre de 1941 se puso en marcha una de las operaciones militares más desastrosas que los británicos llevaron a cabo contra el ejército alemán. Al mando de un teniente coronel inexperto, el comando británico fue diezmado tras atacar el que creían que era el cuartel general alemán, engañados por un grupo de árabes que les mintieron acerca del destino de su objetivo: Erwin Rommel.

Josep Gavaldà

17 de noviembre de 2020


El general Erwin Rommel en 1942. 
Foto: Cordon Press

La historia ha demostrado que Geoffrey Keys, el hombre encargado por el ejército británico de llevar a buen puerto la misión de secuestrar o acabar con la vida del general Rommel, bautizado como el zorro del desierto, no fue la mejor elección. Hijo del almirante y héroe de guerra sir Roger John Brownlow Keyes, Geoffrey siempre estuvo obligado a demostrar de quién era hijo, y cuando se creó una nueva fuerza de élite destinada a operaciones especiales (en la cual ingresó gracias a la amistad de su padre con Winston Churchill) este joven militar, reservado, algo sordo y absolutamente miope, se vio involucrado en una operación que acabaría dejando en ridículo al ejército británico.

Inexperiencia al mando

Tras la humillante derrota contra los carros de combate del Afrika Korps durante la Operación Brevity, Winston Churchill destituyó "con honores" al mariscal de campo sir Archibald Wavell sustituyéndolo por el general Auchinleck. La segunda decisión que tomó el primer ministro fue trazar un plan para eliminar a Rommel, aunque no quería matarlo si no era estrictamente necesario. Lo que sí deseaba, al menos, era capturarlo con vida para poder exhibirlo como trofeo en un campo de prisioneros británico lo que, según él, desmoralizaría a los alemanes y elevaría la moral de las tropas británicas. Y es en ese momento donde hace su aparición en esta historia la figura de Geoffrey Keyes como el militar escogido para llevar a cabo con éxito aquella misión, que llevaría por nombre Operación Flipper.

 

 

Algo sordo y totalmente miope, Geoffrey Keyes fue el elegido para liderar la Operación Flipper. Con el tiempo, su elección como jefe de la misión demostró ser un error.

Foto: CC
 

Churchill quería capturar vivo a Rommel para exhibirlo como trofeo en un campo de prisioneros británico lo que, según él, desmoralizaría a los alemanes y elevaría la moral de las tropas británicas.

Aunque Keyes sería el encargado de dirigir el asalto, la operación estaba bajo el mando del teniente coronel Robert Laycock, el cual no ocultó sus dudas ante aquella incursión extremadamente arriesgada, ya que las posibilidades de evacuación del comando, una vez llevada a cabo la misión, eran extremadamente bajas. Con estos malos augurios, el 10 de noviembre de 1941, un comando compuesto por hombres del Long Range Desert Group, voluntarios y los Desert Rats (ratas del desierto), auténticos especialistas en acciones de sabotaje y de información en la retaguardia de las líneas enemigas, se unían al teniente coronel Geoffrey Keyes para proceder a una misión considerada suicida.

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Un mal inicio

El comando británico partió de Alejandría a bordo de los submarinos Torbay y Talisman en dirección a la costa de la Cirenaica, en Libia, 300 kilómetros por detrás de las líneas enemigas. El desembarco ya supuso el primer contratiempo para la misión. De los 50 hombres que componían el comando, unos murieron ahogados a causa del fuerte oleaje al iniciarse el desembarco, otros volvieron a embarcar en el submarino agotados por el esfuerzo y otros más se perdieron en la oscuridad de la noche. En total, 30 hombres lograron reunirse en la orilla para iniciar una misión que ya empezaba a complicarse debido al poco tiempo del que disponían, puesto que Flipper tenía que coincidir con el inicio de la Operación Crusader, fijada para la noche del 17 al 18 de noviembre y cuyo objetivo era evitar a las fuerzas blindadas alemanas en la frontera egipcio-libia y aliviar de esta manera el asedio alemán a la ciudad de Tobruk.

El teniente coronel Robert Laycock inspeccionando los comandos de marines pocas horas antes del Desembarco de Normandía, en 1944, dos años después de la desastrosa Operación Flipper. Cuando fue puesto al mando de la operación expresó serias dudas sobre las posibilidades de su éxito.                        Foto: CC.

De los 50 hombres que componían el comando, unos murieron ahogados a causa del fuerte oleaje al iniciarse el desembarco, otros volvieron a embarcar en el submarino agotados por el esfuerzo y otros se perdieron en la oscuridad de la noche.

Así pues, revisado de nuevo el plan, los miembros del comando se dividieron en dos grupos: uno se encargaría de cortar las comunicaciones alemanas y el otro, al mando del propio Keyes, el capitán Campbell y el sargento Terry, se ocuparía de secuestrar (o, en caso necesario, asesinar) al general Rommel. El grupo fue sorprendido por una partida de árabes armados con fusiles italianos, que les ofrecieron información a cambio de recibir un pago con moneda italiana. Uno de los árabes los condujo hasta el pretendido cuartel general de Rommel, que se hallaba en la antigua prefectura de Beda Littoria (actual Bayda), en la región libia de la Cirenaica, un lugar lleno de oficiales de alto rango. O eso les hicieron creer.

El desastre

La noche del 17 al 18 de noviembre, y bajo una intensa lluvia, el comando se encontraba ya en sus posiciones para iniciar el asalto definitivo al cuartel general alemán. El grupo de Keyes se dirigió a la puerta principal y la golpeó con los nudillos. El capitán Campbell, que hablaba un perfecto alemán, solicitó entrar. Uno de los centinelas abrió rápidamente, creyendo que se trataba de algún compañero, y en aquel momento Campbell le deslumbró con su linterna y el sargento Terry le asestó una puñalada, pero con tan mala suerte que la hoja sólo le rasgó la chaqueta. El centinela empezó a resistirse y a gritar sin parar, así que Campbell tuvo que dispararle. ¡Los británicos acababan de perder el elemento sorpresa!

 

 
Apodado el Zorro del desierto, el general Erwin Rommel habla con otros mandos militares italianos durante el sitio de Tobruk, en 1942. El intento de atentado se llevó a cabo cuando el se encontraba a salvo en Alemania.                                                                                                                                    Foto: CordonPress

La noche del 17 al 18 de noviembre, y bajo una intensa lluvia, el comando se encontraba en sus posiciones para iniciar el asalto definitivo al cuartel general alemán.

En medio del alboroto, y con fuego cruzado de ametralladora, Keyes y Campbell empezaron a registrar habitación por habitación en busca de su objetivo hasta que, según cuenta la versión oficial, Keyes recibió un balazo al abrir la puerta de una estancia. Aun así, disparó valientemente contra los alemanes que se encontraban dentro, cayendo mortalmente herido; otras fuentes dicen que fue herido por fuego amigo. Mientras Keyes era atendido, Campbell recibió un balazo en una pierna y dio órdenes a Terry de que reagrupara a todos hombres y que arrojasen todas las granadas que tuvieran por las ventanas. Tras abandonar el edificio para reunirse con el resto del comando, Campbell tuvo que ser llevado por sus compañeros a lo largo de casi treinta kilómetros hasta la playa y por un terreno escarpado.

Enterrado con honores

Al final la misión fue un auténtico desastre. De los 32 miembros de la fuerza especial que empezaron la misión, tan sólo dos lograron llegar con vida a las líneas británicas tras una durísima marcha a través del desierto que se prolongó durante más de un mes. El resto perdió la vida o fueron capturados. El edificio que se había convertido en el objetivo del comando resultó ser la sede del cuartel general logístico que el ejército alemán tenía emplazado en Beda Littoria. Para colmo de desastres, su objetivo, el general Erwin Rommel, no estaba en la ciudad, sino celebrando su cumpleaños en Roma. Geoffrey Keyes fue enterrado con todos los honores tras haber dado su vida para capturar a un adversario al que nunca hubiera podido secuestrar y mucho menos asesinar.

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Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

domingo, 15 de noviembre de 2020

NATIONAL GEOGRAPHIC : Nació el 15 de noviembre de 1891.- Erwin Rommel, el Zorro del Desierto

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos entrega un reportaje, sobre la vida del Mariscal de Campo Erwin Rommel, más conocido como el Zorro del Desierto.

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/erwin-rommel-zorro-desierto_14906

Nacido el 15 de noviembre de 1891, Erwin Rommel fue un héroe para los alemanes y el oficial más respetado y temido por el ejército británico, que llegó a apodarlo "el zorro del desierto". Pero al final Adolf Hitler le obligó a suicidarse acusado de participar en un golpe de Estado.

Josep Gavaldà

15 de noviembre de 2019 · 04:46 Actualizado a


General  Erwin Rommel, el "zorro del desierto".                                                                                 Foto: CordonPress.

Erwin Rommel, el Zorro del Desierto, a diferencia de los más altos barones del nazismo nació en el seno de una familia burguesa de clase media el 15 de noviembre de 1891. El más famoso mariscal de campo del ejército alemán se convertiría en un admirador incondicional de Adolf Hitler, aunque comprendió demasiado tarde que su ídolo era un criminal sin escrúpulos.

Líder, asceta y astuto estratega

Atraído por la emergente industria de la aviación y por los avances tecnológicos, el joven Erwin pensó estudiar ingeniería, pero ante la oposición de su padre se alistó en el ejercito, una opción muy atractiva para un joven ambicioso en aquella época. Enrolado en una unidad local, Rommel pronto destacó por su liderazgo y en poco tiempo pasó de cabo a ser ascendido a sargento. Rommel ingresó en la Escuela Militar de Danzig, donde destacó más en las pruebas físicas que en las teóricas. Durante su estancia en la academia conoció a la que sería su única esposa, Lucie Maria Mollin. La vida de Rommel en esa época era prácticamente la de un asceta: no fumaba, no bebía y nunca estuvo inmerso en la vida nocturna de la que tanto disfrutaban los demás oficiales. Era un joven de carácter serio y, al parecer, más dado a escuchar que a discutir.

La vida de Rommel no encajaba con la del resto de los oficiales. No disfrutaba de la vida nocturna, ni fumaba ni bebía.

Al estallar la Primera Guerra Mundial, Rommel fue enviado con su regimiento a la zona del Argonne, una región que se extiende entre el Marne, las Ardenas y el Mosa. Rápidamente destacó por su valor y fue ascendido a teniente, ganándose el respeto de sus hombres por estar siempre en la primera linea de combate. En 1915, Rommel fue condecorado con la Cruz de Hierro de primera clase y posteriormente fue enviado al frente rumano. Más tarde recibió la más alta distinción, sólo reservada a los generales, por su astucia en el campo de batalla: Pour le Mérite.

 
La primera vez que Rommel y Hitler coincidieron fue durante el desfile de Pascua de 1935.    Foto: CordonPress

Primer encontronazo con el Führer

Rommel encajó muy mal el resultado de la rendición alemana que culminó con el Tratado de Versalles. A partir de entonces, y con una Alemania en plena efervescencia revolucionaria, su vida se transformó: pasó de la agitación en el campo de batalla a la tranquilidad y el sosiego de la vida doméstica junto a su esposa Lucie, con la que tuvo su único hijo, Manfred. En 1932, siendo instructor en la Academia Militar de Dresde, Rommel fue ascendido a Comandante. Poco después, el nazismo llegaba al poder en Alemania.

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La primera vez que Rommel y Hitler coincidieron fue durante el desfile de Pascua de 1935, y no fue precisamente un encuentro cordial. Rommel se enteró que por seguridad un pelotón de las SS formaría entre el Führer y su batallón. Esta decisión molestó mucho al comandante que se negó a desfilar. Rommel afirmó: "Esto es un insulto. Si el Jefe del Estado no se siente seguro frente a sus propios soldados, no los haré formar". Su temeraria decisión hubiera podido acabar en un duro castigo si Heinrich Himmler y Joseph Goebbels no hubieran intercedido. Finalmente, las SS no formaron, y Hitler acabó felicitando a Rommel y su batallón por su actitud.

La pericia de Rommel llegó hasta las líneas británicas que lo bautizaron como el Zorro del Desierto.
Foto: CordonPress

Su lector más devoto: Adolf Hitler

Rommel era un maniático del adiestramiento. Obligaba a su batallón a subir y bajar un monte hasta cuatro veces argumentando que "sudar ahorra sangre". Tras su ascenso a teniente coronel, Rommel tuvo un encontronazo con Baldur Von Shirach, líder de las Juventudes Hitlerianas, quien lo había llamado para la formación de este grupo de jóvenes. Pero muy pronto Rommel chocó con él y sus colaboradores a causa de los métodos dictatoriales que empleaban las SA. Según Rommel, parecían más "pequeños napoleones" que soldados. Su experiencia en combate le valió para publicar un libro en 1937 que sigue siendo de obligada lectura y estudio en infinitas academias militares de todo el mundo.

La obra sorprendió gratamente a Hitler, que se convirtió en su lector más devoto. De esta manera, Rommel fue nombrado comandante en jefe de su batallón de escolta durante sus visitas a Austria, a los Sudetes, Praga y Polonia. El resultado fue que Rommel pasó a tratar diariamente con Hitler, y la influencia que éste ejercía sobre el comandante era hipnótica, tanto que llegó a "enamorarse" de las virtudes del Führer tras la invasión de Polonia. Eran tiempos de gloria. Aún faltaba mucho para que Rommel se diera cuenta de la obstinación irracional de Hitler, de lo caprichoso de su carácter, de sus ataques de histeria y del desprecio que sentía hacia sus propios soldados, a los que enviaba a misiones suicidas, pero, por encima de todo, lo que menos llegaría a soportar en el futuro sería "su infinita imbecilidad".

Tras la publicación de su libro, Rommel fue nombrado comandante en jefe del batallón de escolta del Führer. En esa época, el comandante aún no era consciente del carácter histérico e irracional de Hitler

La leyenda de Rommel y la locura de Hitler

Durante la época en la que todo marchaba bien entre ambos hombres, Rommel accedió a dirigir la séptima división Panzer (conocida como la Deutsches Afrikakorps) que sería conocida como la "división fantasma" por la sorpresa, velocidad y capacidad de destrucción con que doblegaba a sus enemigos. Las victorias en el campo de batalla se iban sucediendo una tras otra y la leyenda de Rommel se iba engrandeciendo, alcanzando incluso a las líneas británicas que lo bautizaron como el Zorro del Desierto. Sus éxitos le depararon la más alta condecoración del ejército alemán: la Cruz de Hierro con hojas de roble, espadas y diamantes tras la toma de Bengasi, y su ascenso a mariscal de campo, el más joven de la historia de Alemania. Pero un error en la estrategia por parte del Führer acabó provocando la debacle alemana en la batalla de El Alamein. Si Rommel lograba controlar el canal de Suez, las comunicaciones de Londres con sus colonias en Oriente Medio se verían interrumpidas y eso lo aprovecharían las fuerzas del Eje para apropiarse de las riquezas petrolíferas de la región. Pero el avance alemán tuvo que frenarse en seco debido a un fallo inconcebible en la logística: el carburante para los tanques se había terminado. Previendo el desastre que se avecinaba, Rommel ordenó la retirada de sus hombres ante una inminente masacre. Al conocer la noticia, Hitler enloqueció y lanzó su eterna y delirante orden: "¡Nada de retiradas!".

Un fallo en la estrategia militar de Hitler provocó que la división Panzer se quedara sin combustible

Esa orden significó el principio del fin para el Reich de los Mil Años. El 6 de junio de 1944, los errores estratégicos de Hitler quedaron de manifiesto en el fatídico Día D, el día en que los Aliados desembarcaron en las playas de Normandía. Nada pudieron hacer ni Rommel ni sus blindados ante esta catástrofe; el sueño de ganar la guerra se había convertido en una pesadilla en la que sólo había muerte y destrucción.

Operación fallida

Llegado a ese punto, Rommel ya estaba harto de Hitler. Consideraba que era un inútil y un loco que había desatado "una guerra estúpida y brutal". Además, en ese momento llegó a su conocimiento la existencia de los campos de concentración y sus monstruosos métodos. Rommel no había cometido nunca un crimen de guerra, ni siquiera contra los partisanos, nombre genérico de los movimientos de resistencia contra el nazismo. El mariscal de campo no se negó a ser el hombre que provocara la caída de Hitler, pero su integridad le impidió aceptar que lo mataran. Quería que fuera encarcelado y juzgado.

El 17 de julio, mientras viajaba solo hacia su cuartel general de la localidad gala de Roche-Guyon, su vehículo fue ametrallado por dos cazas Spitfire británicos. El Zorro del Desierto salió despedido del coche. La caída lo dejó inconsciente y gravemente herido: sufrió una fractura cuádruple en el cráneo, heridas en la cara y un golpe en el ojo izquierdo que le provocó una severa hinchazón.

 

Rommel accedió a dirigir la séptima división Panzer (conocida como la Deutsches Afrikakorps) que sería conocida como la "división fantasma".                                                                                        Foto: CordonPress

El 20 de julio, la conocida como "operación Valkiria", uno de los intentos para acabar con la vida de Hitler, había fracasado. De inmediato, la represión del régimen llevó a los supuestos instigadores ante el pelotón de fusilamiento.

Para sorpresa de muchos, y a pesar de sus gravedad, Rommel empezó a mejorar levemente. Según palabras del doctor Esch, uno de los médicos más populares del régimen nazi, que trabajó sin descanso para mantenerlo al mariscal con vida dijo: "Rommel superó las operaciones con el ojo izquierdo totalmente cerrado, completamente sordo del oído izquierdo y con terribles jaquecas transitorias. Era la sexta herida que recibía en acto de servicio".

Rommel, harto de Hitler, fue conocedor del horror de los campos de concentración y decidió implicarse en la caída del Führer

Traición, suicidio y entierro de una leyenda

Para entonces, Rommel ya había perdido el favor del Führer después de que durante los interrogatorios posteriores al atentado uno de los implicados hubiera mencionado varias veces su nombre y Hans Speidel, también colaborador activo en el complot, declarara en su contra.

A pesar de que Rommel negó categóricamente su implicación, el 14 de octubre de 1944 los generales Meisel y Burgdorf se presentaron en su casa con una oferta: o se suicidaba, y era enterrado con todos los honores de un heroico mariscal de campo, o sería detenido, juzgado y condenado a muerte, su familia deshonrada y sus bienes confiscados. Tras una hora de entrevista, los dos oficiales se dirigieron al coche que los estaba esperando y Rommel le dijo a su mujer: "Vengo a decirte adiós. Dentro de un cuarto de hora estaré muerto. Sospechan que tomé parte en el complot para asesinar a Hitler. Al parecer, mi nombre estaba en una lista hecha por Goerdeler en la que me consideraban futuro presidente del Reich. […]. Ellos dicen que Von Stülpnagel, Speidel y Von Hofacker me han denunciado. Es el método que emplean siempre. Les he contestado que no creía lo que decían, que tenía que ser mentira. El Führer me da a elegir entre el veneno o ser juzgado por un tribunal popular".

Rommel fue obligado a escoger entre suicidarse o ver como su honor y su familia se veían deshonrados. Eligió el suicidio.

Rommel salió de su casa y se subió al coche donde le esperaban Meisel y Burgdorf. A doscientos metros de la vivienda de Rommel, el general Burgdorf ordenó que el coche se detuviera y que sus ocupantes salieran del vehículo menos él y el mariscal de campo. Minutos después, el oficial bajó del automovil y llamó a sus colegas que, al acercarse, vieron a Rommel encorvado y tendido en el asiento trasero, con la gorra y el bastón de mariscal en el suelo del vehículo, en los últimos momentos de agonía tras haber ingerido una pastilla de cianuro.

De cara a la opinión pública, se dijo que Rommel había muerto de un derrame cerebral. Durante su funeral, el Führer, Adolf Hitler, fue incapaz de mirar a la viuda y al hijo de uno de los militares más admirados de Alemania.

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