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viernes, 26 de agosto de 2022

Evolución: Los ancestros de los ​​humanos caminaban erguidos hace 7 millones de años. Evidencia poscraneal de bipedalismo de homínidos del Mioceno tardío en Chad

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., las investigaciones sobre cuando aparecieron los primeros seres bípedos como ancestros del ser humano, aún no se llega a un certero conocimiento; sin embargo, un grupo de científicos ha encontrado evidencias en Chad, África,  que el más antiguo homínido, llamado Sahelanthropus tchadensis, podría ser el miembro bípedo del linaje que dio lugar al género homo y pudo ser un paso decisivo a la evolución humana.... "..Con 7 millones de años, Sahelanthropus tchadensis es considerada la especie ancestral más antigua de la humanidad. Su descripción se remonta a 2001, cuando la Misión Paleoantropológica Franco-Chadiana (MPFT) descubrió los restos de varios individuos en el yacimiento de Toros-Menalla, en el desierto de Djurab, Chad. Entre los fósiles hallados en el yacimiento se incluía un cráneo muy bien conservado. Y este cráneo, en particular la orientación y posición anterior del agujero occipital, donde se inserta la columna vertebral, parecía indicar que este antiguo primate equilibraba su cabeza en posición vertical, lo que sugiere que podía caminar sobre sus dos piernas...."  ...siga leyendo..............

El análisis de las extremidades de un antiguo homínido llamado Sahelanthropus tchadensi sugiere que este podría haber sido el primer miembro bípedo del linaje que dio lugar al género homo.

Representación de los medios de locomoción empleados por Sahelanthropus

Foto: Sabine Riffaut, Guillaume Daver, Franck Guy / PALEVOPRIM / CNRS – University of Poitiers


La adquisición del bipedalismo se considera un paso decisivo en la evolución humana. Sin embargo, a día de hoy no existe consenso sobre cuándo y en qué contexto los primeros primates decidieron erguirse sobre sus dos patas traseras, en gran parte, por la falta de restos fósiles que permitan dilucidar evidencias inequívocas de ello.

Ahora, no obstante, un equipo de investigación en el que participaron científicos del CNRS, de la Universidad de Poitiers y algunas instituciones asociadas en Chad, examinó tres huesos de las extremidades del representante humano más antiguo identificado actualmente, Sahelanthropus tchadensis. Su estudio, publicado en la revista Nature en agosto de 2022 bajo el título Postcranial evidence of late Miocene hominin bipedalism in Chadrefuerza la idea de que el bipedismo se adquirió muy temprano en nuestra historia, en un momento todavía asociado con la capacidad de moverse sobre cuatro extremidades en los árboles.


¿Cuánto sabes sobre la evolución humana?

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TEST NG: ¿CUÁNTO SABES SOBRE LA EVOLUCIÓN HUMANA?


¿Fue Sahelanthropus tchadensi el primer homínido bípedo?

Con 7 millones de años, Sahelanthropus tchadensis es considerada la especie ancestral más antigua de la humanidad. Su descripción se remonta a 2001, cuando la Misión Paleoantropológica Franco-Chadiana (MPFT) descubrió los restos de varios individuos en el yacimiento de Toros-Menalla, en el desierto de Djurab, Chad. Entre los fósiles hallados en el yacimiento se incluía un cráneo muy bien conservado. Y este cráneo, en particular la orientación y posición anterior del agujero occipital, donde se inserta la columna vertebral, parecía indicar que este antiguo primate equilibraba su cabeza en posición vertical, lo que sugiere que podía caminar sobre sus dos piernas.

Además del cráneo de este espécimen, apodado Toumaï, y de varios fragmentos de mandíbula y dientes hallados en la propia localidad de Toros-Menalla, se obtuvieron también dos cúbitos y un fémur pertenecientes a Sahelanthropus. El fémur y los cúbitos se sometieron a una batería de medidas y análisis, tanto de su morfología externa como de sus estructuras internas, entre las que se incluyen microtomografías, medidas biométricas, morfométricas, geométricas o indicadores biomecánicos. Posteriormente estos datos se compararon con los análogos correspondientes para otras especies de simios, tanto actuales como extintos, entre los que se incluyen chimpancés, gorilas, orangutanes, simios del Mioceno y todo tipo de ancestros humanos como Orrorin, Ardipithecus, australopitecinos y Homo sapiens.


Modelo 3D de las extremidades fósiles analizadas de Sahelanthropus tchadensis

Foto: Franck Guy / PALEVOPRIM / CNRS – Universidad de Poitiers

Así, según los investigadores, la estructura del fémur indica que Sahelanthropus solía caminar en el suelo sobre sus dos cuartos traseros, pero probablemente también en los árboles. Según los resultados de los cúbitos, este bipedalismo coexistía en ambientes arbóreos con una forma de cuadrupedalismo, es decir, una forma de trepar a los árboles facilitada por agarres firmes de las manos claramente diferentes a la de los gorilas y chimpancés, los cuales se apoyan en la parte posterior de sus falanges.

Las conclusiones del estudio refuerzan el concepto de una locomoción bípeda muy temprana en la historia humana, aunque en esta etapa también se practicaban otros modos de locomoción. Pero pese a ello, algunos expertos afirman que los resultados no son concluyentes, y que se necesitan más datos para demostrar inequívocamente que Sahelanthropus caminaba realmente erguido. Es decir, las evidencias son compatibles con la bipedestación, y muy importantes porque datan de una época en la que nuestros primeros ancestros se parecían mucho a los simios africanos pero se habían separado del linaje que condujo a los chimpancés, sin embargo no constituyen una prueba irrefutable de que Sahelanthropus se desplazaba de forma bípeda.

Aparece un cráneo neandertal de hace 60.000 años en Barcelona

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APARECE UN CRÁNEO NEANDERTAL DE HACE 60.000 AÑOS EN BARCELONA

NATIONAL GEOGRAPHIC

Evidencia poscraneal de bipedalismo de homínidos del Mioceno tardío en Chad :

Resumen
La locomoción bípeda es una de las adaptaciones clave que definen al clado homínido. La evidencia de bipedalismo se conoce a partir de restos poscraneales de homínidos del Mioceno tardío desde hace 6 millones de años (Ma) en África oriental 1 , 2 , 3 , 4 . La bipedestación de Sahelanthropus tchadensis se infirió hasta ahora alrededor de 7 Ma en África central (Chad) en base a evidencia craneal 5 , 6 , 7 . Aquí presentamos evidencia postcraneal del comportamiento locomotor de S.  tchadensis, con nuevos conocimientos sobre el bipedalismo en la etapa temprana de la historia evolutiva de los homínidos. El material original fue descubierto en la localidad TM 266 del área fosilífera Toros-Ménalla y consta de un fémur izquierdo y dos cúbitos, derecho e izquierdo. La morfología del fémur es más parsimoniosa con la bipedestación habitual, y el cúbito conserva evidencia de un comportamiento arbóreo sustancial. En conjunto, estos hallazgos sugieren que los homínidos ya eran bípedos hace alrededor de 7 Ma, pero también sugieren que la trepa arbórea probablemente era una parte importante de su repertorio locomotor.
Siga leyendo..................      https://www.nature.com/articles/s41586-022-04901-z
nature 

Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

sábado, 11 de junio de 2022

Evolución: Las jirafas podrían tener un cuello largo debido a la selección sexual

Hola amigos. A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., lo que comúnmente se creía que el cuello largo de las jirafas era para alcanzar el follaje de los árboles más altos donde no lo podían hacer los otros herbívoros; sin embargo, un nuevo estudio científico realizado en la China, en base a unos fósiles encontrados de un pariente de las jirafas de hace 17, millones de años, asegura que el cuello largo lo empleaban los machos para pelear con la cabeza para disputar a las hembras en celo. Por lo que los cabezazos entre machos pudieron contribuir al alargamiento de los cuellos.....  ...siga leyendo......

Los cabezazos entre los machos pudieron contribuir al alargamiento de los cuellos, según un nuevo estudio basado en el análisis de los restos de un fósil de hace unos 17 millones de años.

El largo cuello de las jirafas

El motivo por el que las jirafas tienen un cuello tan largo sigue siendo un misterio. La teoría más aceptada es que estos animales evolucionaron para alcanzar las hojas de los árboles. Ahora un nuevo estudio apunta a una nueva causa: las luchas entre machos que compiten por las hembras.

Foto: Istock

03 de junio de 2022, 19:50 | Actualizado a 


La interminable discusión sobre el origen del largo cuello de las jirafas podría quedar resuelta definitivamente, según los resultados de un nuevo estudio publicado recientemente en la revista Science. Esta discusión es tan antigua como las primeras teorías de la evolución de las especies, y es que fue Charles Darwin uno de los primeros en teorizar sobre ello. Para el autor del El Origen de las Especies, se trata de una ventaja evolutiva que respondería a la teoría de la selección natural. A lo largo del tiempo adquirieron fuerza otras hipótesis, como la de Jean-Baptsite Lamarck, quien sostenía que esos largos cuellos eran el resultado de sus hábitos alimentarios: estos animales se estiraban para alcanzar el follaje de los árboles al que no llegaban los otros herbívoros. Ahora, el hallazgo del fósil de un pariente cercano a las jirafas modernas (G. camelopardalis), aporta una nueva teoría: la de la selección sexual. Al parecer, los cuellos se alargaron cuando los machos se daban, literalmente, cabezazos entre ellos mientras competían por las hembras.

Cuando el paleontólogo Jin Meng descubrió un extraño cráneo en la extensión de la cuenca de Junggar, en el norte de China, en 1996, tuvo inmediatamente una corazonada sobre qué uso podría tener aquella pieza. Aquel cráneo era robusto y de gran tamaño, con una placa ósea alrededor de la zona donde habría estado la frente del animal. Meng descubrió unas cuantas vértebras del cuello que también eran de un tamaño considerable, lo que implicaba que estaban construidas para soportar una tremenda cantidad de fuerza. Lo más probable es que aquella antigua especie fuera una campeona dando golpes con la cabeza.

Un fósil clave en la teoría del cuello de las jirafas

Aquella extraña criatura fue bautizada en su día con el nombre de 怪兽 (guài shou, extraño monstruo en chino). El espécimen tiene hoy un nombre oficial Discokeryx xiezhi. El primer nombre hace referencia a un cuerno en forma de disco. El segundo, a un animal mitológico chino llamado xiezhi 獬豸, un animal parecido a un león que delataba a los culpables de un delito golpeándoles con su largo cuerno situado en el centro de la cabeza. Meng y sus colegas descubrieron que aquel extraño ser de tintes mitológicos había vivido en el norte de la actual China hace unos 16,9 millones de años, pero no era un pariente de los actuales leones, sino de las jirafas, con quien comparte un largo y robusto cuello que evolucionó como consecuencia de la competencia sexual. Según los investigadores, los machos de esta especie se disputaban las parejas sexuales con una fuerza nunca antes vista en el reino animal.

Los científicos se basan en el análisis de los fósiles de un animal que habitó hace unos 17 millones de años en lo que hoy es el norte de China.

Meng y sus colegas utilizaron una serie de pistas para reconstruir la historia de aquella criatura antediluviana. Por ejemplo, analizaron el esmalte de un diente que recuperaron y realizaron tomografías computarizadas de dos cráneos que recuperaron para revelar su estructura interna. Los investigadores también compararon los restos del animal con los fósiles de más de 50 especies que encontraron en la misma zona, la mayoría de las cuales eran ungulados como D. xiezhi. En conjunto, las pruebas indican que D. xiezhi compartía algunas características morfológicas con las jirafas modernas y que probablemente era un herbívoro que se alimentaba de una mezcla de plantas y hierbas.


Alcanzar las hojas más altas

La teoría más aceptada hasta la fecha es que el cuello de las jirafas evolucionó para que estos animales fueran capaces de alcanzar las hojas que se encuentran en las ramas más altas de los árboles. 

Foto: Istock


D. xiezhi no era grande, de hecho es probable que tuviera el tamaño al de una oveja grande. Pero los investigadores descubrieron que la cabeza y el cuello de la especie eran quizás algunos de los más fuertes que haya tenido nunca un mamífero, y quizás también cualquier animal que haya sido documentada. Para hacernos una idea, es casi comparable a Pachycephalosaurus, un dinosaurio especialmente famoso por los golpes que confería con la cabeza.

Los machos de las jirafas modernas también entablan feroces batallas por las hembras a base de cabezazos.

Pero, ¿qué tienen que ver estas antiguas criaturas con las jirafas actuales? Para empezar, habría que dejar claro que D. xiezhi es un jirafoide, pero no un jiráfido. Puede parecer lo mismo pero en realidad significa que no pertenece a la misma familia que las especies actuales, aunque sí que está emparentada con ellas a través de la superfamilia Giraffoidea. Por otra parte, los machos de las jirafas modernas también entablan feroces batallas por las hembras. Ello ha llevado a los investigadores a pensar que la evolución de los característicos cuellos alargados de las actuales jirafas no solo les sirva para alcanzar las ramas más altas, sino que también sean el resultado adaptativo a esas luchas tan feroces. Al parecer, aunque las morfologías del cuello y el cráneo son diferentes, en ambos casos podrían estar relacionados con los combates de cortejo de los machos.




Continúa la intriga sobre el origen de los cuellos largos

La nueva hipótesis, por tanto, no anula la teoría que sostiene que el cuello de las jirafas evolucionó para permitirles alcanzar las ramas más altas de los árboles, sino que la complementa. Los investigadores sostienen que tanto los combates entre machos como la búsqueda de alimento contribuyeron igualmente al desarrollo de esos cuellos tan largos, aunque debieron hacerlo de una manera distinta en cada caso. La selección natural se encargaría de moldear las características físicas en función de las necesidades de cada especie. Pero parece que ambas especies evolucionaron, aunque de forma distinta, a base de golpes.

Lluvia dorada entre jirafas antes del apareamiento

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LLUVIA DORADA ENTRE JIRAFAS ANTES DEL APAREAMIENTO


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Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

sábado, 23 de abril de 2022

Homínidos: El clima ha condicionado la distribución de los homínidos durante los últimos 2 millones de años .

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., el clima ha condicionado la distribución de los homínidos durante los últimos 2 millones de años, según revela un estudio publicado en NATURE, la historia de nuestra especie está unida a la del clima global, el cual influenciado en la distribución y especiación en La Tierra de hasta 5 especies de Homo durante los últimos 2 millones de años...."Entre sus conclusiones, los autores destacan que durante el Pleistoceno temprano los homínidos se asentaron principalmente en entornos con una débil variabilidad climática a escala orbital. Este comportamiento cambió sustancialmente después de la transición del Pleistoceno medio, cuando los homos más primitivos se convirtieron en nómadas globales que se adaptaron a una amplia gama de gradientes climáticos..."  ...siga leyendo.................

Según revela un artículo publicado en Nature, la historia de nuestra especie está unida a la del clima global, el cual ha influenciado en la distribución y especiación en la Tierra de hasta 5 especies de Homo durante los últimos 2 millones de años

Hábitats calculados para 3 especies humanas

Foto: Axel Timmermann


Durante los últimos 5 millones de años la Tierra ha sufrido diferentes y abruptos cambios climáticos. Por ejemplo, del clima cálido y húmedo experimentado durante Plioceno, entre hace 5,3 y 2,6 millones de años, pasó al clima más frío y seco del Pleistoceno, entre hace 2,6 y 0,01 millones de años. Durante este tiempo, las sabanas tropicales y los pastizales abiertos se expandieron en el centro y este de África, lo que, según la hipótesis de la sabana y sus variantes, contribuyó a la evolución temprana de nuestros ancestros humanos.

Y es que dentro de este amplio marco de tiempo, los llamados ciclos de Milankovitch, es decir, los periódicos cambios que experimenta la órbita de la Tierra alrededor del Sol, han condicionado el clima de nuestro planeta en gran medida, algo que ha llevado a los científicos a establecer una relación entre estas variaciones climáticas a nivel planetario y las migraciones humanas durante miles de años.

La hipótesis de la sabana sostiene que la aparición de pastizales y sabanas en la Tierra condicionó el bipedismo, el empleo de las manos para manejar herramientas y el desarrollo de la inteligencia humana

En este sentido, durante mucho tiempo se ha creído que los cambios climáticos acaecidos durante los últimos 2 millones de años han jugado un papel fundamental en la evolución de nuestro género, los Homo. Sin embargo, dado el número limitado de conjuntos de datos paleoclimáticos representativos de regiones de interés antropológico, cuantificar este vínculo entre el clima y los patrones de dispersión de nuestros ancestros siempre había resultado un gran reto.

Thank you for watching

Ahora, no obstante, un equipo multidisciplinar compuesto por paleontólogos y climatólogos dirigidos por el físico y oceanógrafo de la Universidad surcoreana de Busán, Axel Timmermann, acaba de combinar los datos tanto de los últimos modelos climáticos como de los últimos análisis fósiles y arqueológicos para estudiar los movimientos de cinco especies de homínidos durante los últimos dos millones de años. Los resultados de la investigación se recogen esta semana en la revista Nature, en un artículo titulado Climate effects on archaic human habitats and species successions.

Chimpancés de la sabana, un modelo para entender la evolución humana

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CHIMPANCÉS DE LA SABANA, UN MODELO PARA ENTENDER LA EVOLUCIÓN HUMANA

En su trabajo Timmerman y su equipo muestran que los cambios forzados astronómicamente en la temperatura, las precipitaciones y la producción primaria neta terrestre, una medida de la cantidad neta de carbono capturada por las plantas cada año, tuvieron un gran impacto en la distribución, la dispersión y la potencial, diversificación de los homínidos.


Hábitats de las 5 especies distintas de homínidos estudiadas

Foto: Timmermann A. et al.

Entre sus conclusiones, los autores destacan que durante el Pleistoceno temprano los homínidos se asentaron principalmente en entornos con una débil variabilidad climática a escala orbital. Este comportamiento cambió sustancialmente después de la transición del Pleistoceno medio, cuando los homos más primitivos se convirtieron en nómadas globales que se adaptaron a una amplia gama de gradientes climáticos.

El análisis de la superposición del hábitat de los homínidos simulados entre hace aproximadamente 300.000 y 400.000 años sugiere además que fueron estas transiciones climáticas en el sur de África y Eurasia, las que contribuyeron a evolución de las poblaciones de Homo heidelbergensis hacia el Homo sapiens y los Neandertales, respectivamente.

Cerebros grandes, manos diestras

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CEREBROS GRANDES, MANOS DIESTRAS

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Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

miércoles, 23 de marzo de 2022

Dinosaurios: Los espinosáuridos podrían haber sido acuáticos .. El Spinosaurus se alimentaba como un pájaro pescador, no como un reptil acuático... Spinosaurus, dinosaurio carnívoro más grande y temido del planeta... Mister Big, en busca del Spinosaurus

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG.,la arqueología y la paleontología no se ponen de acuerdo sobre el origen de algunos dinosaurios no aviares, hay la creencia que fueron únicamente depredadores terrestres, sin embargo, nuevos yacimientos encontrados sugieren que los espinosáuridos pudieron ser eminentemente acuáticos..."Los hallazgos implican que las adaptaciones a los ambientes acuáticos aparecieron en los espinosáuridos durante el Cretácico Inferior, entre hace 145 y 100,5 millones de años, tras su divergencia de otros grandes dinosaurios carnívoros durante el Jurásico Inferior..."  .... siga leyendo...............................

Nuevos hallazgos desafían la hipótesis de que la mayoría de los dinosaurios no aviares estaban restringidos a ambientes terrestres y sugieren que los espinosáuridos pudieron ser eminentemente acuáticos

Un Spinosaurio caza bajo el agua un Onchopristis un género extinto de pez sierra gigante

Foto: Davide Bonadonna


Aunque puede ser difícil inferir adaptaciones anatómicas en especies ya extintas, en la actualidad domina la idea de que solo unas pocas especies de dinosaurios no aviares fueron parcial o predominantemente acuáticas. En la línea de esta afirmación, aunque relacionados estrechamente con el agua, del mismo modo se ha considerado que los espinosáuridos en su mayoría eran depredadores terrestres.

No obstante, durante la última década han surgido diversos fósiles de spinosaurios caracterizados por pies en forma de remo y colas en forma de aleta, lo que ha hecho preguntarse a los expertos en la materia si los espinosáuridos representaban a un grupo predominantemente terrestre o acuático. Y es en este sentido que ahora un nuevo estudio titulado Subaqueous foraging among carnivorous dinosaurs y publicado en la revista Nature aporta nuevas pruebas que podrían inclinar la balanza hacia la hipótesis de que los espinosáuridos desarrollaron la mayor parte de sus vidas en el agua.

Huesos adaptados a la vida acuática

La densidad ósea a menudo se utiliza como indicador de la adaptación al agua por parte de muchas especies. Un ejemplo muy claro puede hallarse en los hipopótamos, cuyos densos huesos nos revelan pistas de esta adaptación, muy al contrario que lo haría su forma, que no podría sino despistarnos. Los huesos compactos son una característica que a menudo precede a la evolución de adaptaciones corporales más claramente visibles para la vida en el agua, por ejemplo el desarrollo de aletas.


Baryonyx walkeri

Baryonyx es históricamente importante por representar la primera evidencia directa de piscivoría en este clado: se encontraron restos de Lepidostes en el contenido intestinal del holotipo de Baryonyx walkeri que actualmente se exhibe en el Museo de Historia Natural de Londres

Foto: Davide Bonadonna

Para investigar las adaptaciones acuáticas en los dinosaurios, el investigador del Museo Field de Historia Natural de Chicago, Matteo Fabbri, y sus colegas, analizaron y compararon las densidades de 380 huesos de una amplia gama de amniotas extintos y no extintos entre los que se encontraban mamíferos, lagartos, cocodrilos y aves, algunos reptiles marinos y voladores y dinosaurios no aviares. .

Los autores encontraron que los espinosáuridos, una familia de dinosaurios depredadores, tenían huesos densos, lo que sugiere que estaban adaptados a la vida en el agua. De hecho, su mayor densidad ósea podría haber facilitado el control de la flotabilidad cuando estos se sumergían en el agua, lo cual se relacionaría con la búsqueda de alimento bajo el agua en especies del género Spinosaurus Baryonyx.

Los hallazgos implican que las adaptaciones a los ambientes acuáticos aparecieron en los espinosáuridos durante el Cretácico Inferior, entre hace 145 y 100,5 millones de años, tras su divergencia de otros grandes dinosaurios carnívoros durante el Jurásico Inferior.

El Spinosaurus se alimentaba como un pájaro pescador, no como un reptil acuático

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EL SPINOSAURUS SE ALIMENTABA COMO UN PÁJARO PESCADOR


El Spinosaurus se alimentaba como un pájaro pescador, no como un reptil acuático

Ilustración de Spinosaurus

Foto: iStock / LindaMarieB

26 de enero de 2021, 15:01 | Actualizado a 


El comportamiento del Spinosaurus, un dinosaurio que vivió a mediados del periodo Cretácico (hace entre 112 y 93 millones de años, aproximadamente), ha traído de cabeza a los científicos desde su descubrimiento en Egipto en la década de 1910. Su fisonomía parecida a la de los reptiles acuáticos y su enorme tamaño han hecho que durante décadas se le considerase un temible depredador anfibio que perseguía activamente a sus presas. Sin embargo, un estudio reciente y detallado de esa misma anatomía parece sugerir un patrón de alimentación muy distinto y más parecido al de las aves pescadoras como las garzas o las cigüeñas.

El estudio, realizado por la Universidad Queen Mary de Londres (QMUL) y la Universidad de Maryland (UMD) y publicado en la revista Paleontologia Electronicaha analizado en detalle la anatomía de este dinosaurio y ha llegado a la conclusión de que no habría sido adecuada para un cazador-perseguidor acuático. Entre otros factores, los investigadores destacan que su gran tamaño -alrededor de 15 metros- y la escasez de músculos en la cola son contradictorios con el comportamiento de un depredador acuático como la nutria o el león marino, que debe ser rápido y versátil para capturar a sus presas.

El doctor David W.E. Hone de la QMUL, autor principal del estudio, compara su comportamiento con el de los reptiles acuáticos actuales: “Los cocodrilos son excelentes en el agua comparados con los animales terrestres, pero no están especializados para la vida acuática y no son capaces de perseguir activamente a los peces. Si el Spinosaurus tenía aún menos músculos en la cola y era menos eficiente, es difícil pensar que estos dinosaurios podían perseguir peces de un modo que los cocodrilos no pueden”. El doctor Hone señala que “las evidencias ciertamente indican que el Spinosaurus se alimentaba en parte o incluso mayoritariamente en el agua, probablemente más que cualquier otro gran dinosaurio. Pero esto no es lo mismo que decir que era un nadador rápido capaz de perseguir a presas acuáticas”.

El estudio apunta a que el Spinosaurus no cazaba como un depredador acuático ni como un cocodrilo, sino de forma similar a las aves pescadoras.

PESCADORES RIBEREÑOS

En contraposición al modelo de “predador perseguidor”, los autores contraponen el de un “predador vadeador”, que según el estudio, “es enteramente consistente con los datos disponibles”. Esta hipótesis considera al Spinosaurus como un animal semi-acuático que vivía en hábitats ribereños y se alimentaba de forma parecida a las aves pescadoras como las garzas o las cigüeñas, “cazando peces y otras presas acuáticas en la orilla o en aguas más profundas, pero también capturando presas terrestres y ocasionalmente rapiñando”.

Los investigadores no consideran probable un comportamiento parecido al de los reptiles acuáticos del orden de los crocodilios -cocodrilos, caimanes y gaviales- ya que, al contrario que estos, el Spinosaurus carecía de fosas nasales y órbitas oculares elevadas, que permiten a estos animales ver y respirar mientras se ocultan bajo el agua. Esto también habría limitado su capacidad de acercarse sigilosamente y capturar presas mayores, como hacen estos. En cambio, apuntan que su anatomía le habría permitido desplazarse por el agua entre diversos lugares de caza.

Tom Holtz de la UMD, coautor del estudio, afirma que “el Spinosaurus era un animal extraño incluso para los estándares de un dinosaurio y no se parece a ningún ser vivo actual, así que tratar de entender su ecología siempre será difícil. Intentamos usar las evidencias de las que disponemos para aproximarnos lo más posible a su modo de vida”.

Mister Big, en busca del Spinosaurus

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MISTER BIG, EN BUSCA DEL SPINOSAURUS


Spinosaurus, dinosaurio carnívoro más grande y temido del planeta :


Spinosaurus, el dinosaurio carnívoro más grande de la Tierra


10 de noviembre de 2014, 05:00 | Actualizado a 


Mientras Spinosaurus se prepara para una sesión fotográfica, el paleontólogo Nizar Ibrahim explica las peculiares características de un dinosaurio que pasaba la mayor parte del tiempo en el agua.

¿Cómo era exactamente el Spinosaurus? Los orificios nasales están situados en una posición elevada en el cráneo, hacia los ojos, lo que le permitiría respirar con gran parte de la cabeza sumergida. Por su parte el tronco toneliforme recuerda al de delfines y ballenas, y la densidad de las costillas y los huesos largos es similar a la de otro mamífero acuático conocido, la vaca marina. Las patas traseras, demasiado grandes para caminar, serían perfectas para nadar, sobre todo si las garras planas de los anchos pies traseros contaban con una membrana que los convertía en palmeados, como creen los investigadores. La mandíbula larga y estrecha y los dientes lisos y cónicos similares a los del cocodrilo serían una trampa mortal para los peces, y los hoyos del morro es probable que tuvieran algún tipo de sensor de presión para detectar presas en aguas turbias.

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Mister Big, en busca del Spinosaurus  : 

Apártate, T. rex, y deja paso al carnívoro más grande y temible que jamás pisó la Tierra: Spinosaurus


Maqueta en tamaño real del Spinosaurus

Foto: Mike Hettwer, con la colaboración de Mark Thiessen; dinosaurio facilitado por GeoMode


Caía la tarde del 3 de marzo de 2013, y un joven paleontólogo llamado Nizar Ibrahim estaba sentado en un café de Erfoud contemplando cómo se desvanecía la luz del día… y con ella sus esperanzas. Ibrahim había llegado a esta localidad marroquí tres días antes con dos colegas para localizar al hombre capaz de resolver el misterio que le obsesionaba desde niño.

El hombre al que buscaba era un fouilleur: un cazador de fósiles local que vende su mercan­cía a tiendas y tratantes. Entre los hallazgos más valiosos se cuentan los huesos de dinosaurio extraídos de los estratos del Kem Kem, un escarpe de 250 kilómetros que contiene sedimentos del cretácico medio, de hace entre 100 y 94 millones de años. Tras varios días de búsqueda en las excavaciones próximas al pueblo de El Begaa, los tres científicos decidieron echarse a la calle con la esperanza de dar con el fouilleur. Al final, agotados y deprimidos, habían recalado en aquel café para tomarse un té a la menta y maldecir su suerte. «Parecía que todos mis sueños se malograban de un plumazo», recuerda Ibrahim.

Sus sueños estaban estrechamente ligados a los de otro paleontólogo que se había aventurado en el desierto un siglo atrás. Entre 1910 y 1914 el aristócrata bávaro Ernst Freiherr Stromer von Reichenbach y su equipo realizaron una serie de largas expediciones por el Sahara egipcio, exactamente en el extremo oriental del antiguo sistema fluvial que el Kem Kem limita por el oeste. A pesar de las enfermedades, las penurias del desierto y los convulsos prolegómenos de la Primera Guerra Mundial, Stromer localizó unos 45 taxones distintos de dinosaurios, cocodrilos, tortugas y peces. Entre sus hallazgos había dos esqueletos parciales de un dinosaurio totalmente nuevo: un depredador gigantesco con unas mandíbulas de un metro de largo cuajadas de dientes cónicos entrelazados que se trababan entre sí como si de una cremallera se tratase.


Ernst Stromer exploró el Sahara oriental en vísperas de la Gran Guerra. Sus hallazgos, entre ellos Spinosaurus, arrojaron luz sobre el cretácico africano, un momento crucial en la historia de la Tierra marcado por la escisión del supercontinente Gondwana.


El holotipo de Spinosaurus de Stromer, hallado en Egipto en 1912, resultó carbonizado durante un bombardeo aliado que se produjo sobre Múnich en la Segunda Guerra Mundial. Los paleontólogos han utilizado estas escasas fotografías para reconstruir digitalmente los huesos perdidos. 

Foto cortesía de Nizar Ibrahim.


Pero el rasgo más extraordinario de aquel coloso era la cresta dorsal, una estructura en forma de vela de 1,70 metros de alto que coronaba su lo­­mo, soportada por puntales, o espinas. Stromer llamó al animal Spinosaurus aegyptiacus.

"Spinosaurus tiene la parte delantera desproporcionada –dice el paleontólogo Paul Sereno–. Es como un cruce de caimán y perezoso"

Los hallazgos de Stromer, expuestos en el centro de Múnich en un lugar destacado de la Colección Estatal de Paleontología y Geología de Baviera, le granjearon fama y renombre. Durante la Se­gunda Guerra Mundial trató por todos los medios de sacar su colección de Múnich para protegerla de los bombardeos, pero se topó con la negativa del director del museo, un ferviente nazi que le tenía ojeriza por haber criticado el régimen na­cionalsocialista. En abril de 1944 un ataque aéreo aliado destruyó el museo y, con él, prácticamente la totalidad de los fósiles de Stromer. De Spinosaurus no quedaron más que las notas de campo, algunos dibujos y varias fotografías en sepia. Y el nombre de Stromer fue desapareciendo poco a poco de la bibliografía científica.


Combinándolos con descubrimientos más recientes fabricaron un esqueleto de 15 metros de largo, el mayor dinosaurio depredador que se conoce. Foto por cortesía de Nizar Ibrahim.


Ibrahim, criado en Berlín, se encontró por primera vez con el insólito coloso de Stromer en un libro infantil sobre dinosaurios. Desde ese día, no dejó de pensar en ellos. Recorrió Alemania visitando colecciones paleontológicas y reunió una impresionante colección de maquetas y moldes de fósiles.

Una ambiciosa investigación

Se reencontró con Stromer cuando estudiaba paleontología en la Universidad de Bristol. «La enorme vastedad y exhaustividad de su obra me impulsaron a ser ambicioso en mi propia investigación», dice. En la tesis doctoral de 836 páginas que leyó en el University College de Dublín, describía todo el registro fósil del Kem Kem.


El Explorador Emergente de National Geographic Nizar Ibrahim siguió el rastro de un esqueleto de Spinosaurus hasta el punto exacto del sudeste de Marruecos del que años antes lo había extraído un buscador de fósiles aficionado.


El trabajo de campo necesario para su investigación doctoral lo llevó hasta Erfoud en más de una ocasión. En 2008, cuando tenía 26 años, un beduino le mostró una caja de cartón que contenía cuatro bloques de una característica piedra violácea veteada de sedimento amarillo. De la roca asomaba lo que parecía un hueso de la mano de un dinosaurio y un hueso plano en forma de cuchilla cuya sección transversal tenía un inusual color blanco lechoso. Como ocurre con todos los fósiles arrancados sin miramientos de su geología circundante, el valor científico de aquellos huesos era dudoso, pero Ibrahim hizo una oferta por ellos, pensando que quizá tuviesen alguna utilidad en la incipiente colección de paleontología de la Universidad de Casablanca.


MNizar Ibrahim examina el cráneo de un cocodrilo del Cretácico, puesto a la venta por dos cazadores de fósiles que excavaron en el Kem Kem. Sus mercancías incluyen los restos de criaturas acuáticas de hace 100 millones de años, cuando este desierto estaba atravesado por grandes ríos.


Ibrahim comprendería el valor incalculable de aquellos fósiles durante una visita que realizó el año siguiente al Museo de Historia Natural de Milán, en Italia. Los investigadores Cristiano Dal Sasso y Simone Maganuco le mostraron el esqueleto fragmentario de un gran dinosaurio que acababa de proporcionarles un tratante de fósiles. El ejemplar estaba en el sótano, dispuesto sobre unas mesas: fémures, costillas, numerosas vértebras y varias espinas dorsales, tan largas como inconfundibles. Ibrahim no daba crédito: a todas luces era un Spinosaurus, mucho más completo que los especímenes perdidos de Ernst Stromer. Según le dijeron Dal Sasso y Maganuco, el tratante creía que se había desenterrado en un lugar llamado Aferdou N’Chaft, en las inmediaciones de El Begaa. Los huesos seguían incrustados en la roca original, una arenisca violácea con vetas amarillas. Al tomar un fragmento de espina, Ibrahim distinguió en la sección transversal una blancura que le resultó familiar.

«Caí en la cuenta de que los huesos que había comprado en Erfoud tenían que ser de Spinosau­rus; aquel hueso plano tan raro era el fragmento de una espina», recuerda Ibrahim. Entonces se le ocurrió que aquellos fósiles y el magnífico ejemplar de Milán tal vez perteneciesen al mismo individuo. Si así fuera, y si lograse identificar el punto exacto donde se habían desenterrado, podrían convertirse en una piedra de Rosetta para comprender Spinosaurus y su mundo.

Pero para dar con el lugar, primero tenía que dar con el beduino.

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«No sabía cómo se llamaba, y lo único que recordaba era que llevaba bigote y vestía de blanco –relata Ibrahim–, dos datos que en Marruecos no te llevan demasiado lejos.»
Y así fue cómo en marzo de 2013 regresó a Erfoud, empeñado en encontrar algo más difícil que una aguja en un pajar: un beduino en el desierto. Junto con Samir Zouhri, de la Universidad Hassan II de Casablanca, y David Martill, de la Universidad de Portsmouth, Inglaterra, Ibrahim visitó diversas excavaciones, empezando por la de Aferdou N’Chaft. Nadie parecía reconocer las fotos de los fósiles de Spinosaurus que él mostraba ni conocer al beduino con su vaga descripción. Tras buscarlo por las calles de Erfoud durante un día, los paleontólogos se dieron por vencidos y recalaron en aquel café.

Estaban allí sentados, la mirada perdida en los transeúntes, cuando por delante de ellos pasó un hombre con bigote y vestido de blanco. Ibrahim y Zouhri se miraron, se levantaron de un brinco y salieron tras él. Era el hombre que buscaban. Les confirmó que había dedicado dos meses de arduo trabajo a extraer los huesos de una pared rocosa; primero había recuperado los que había vendido a Ibrahim, y luego, al adentrarse en la roca, había localizado otros, por los que un tratante de fósiles de Italia le había pagado 10.500 euros. Pero cuando le pidieron que les indicase el lugar exacto, el hombre se negó. Ibrahim, que habla árabe, le explicó la im­­por­tancia de saber dónde se habían hallado los huesos y por qué ese conocimiento permitiría que algún día el dinosaurio regresase a Marruecos para formar parte de una nueva colección mu­seística en Casablanca. El beduino, tras escuchar en silencio, asintió.

«Se lo enseñaré», aceptó.

Tras cruzar en su baqueteado Land Rover el palmeral del norte de Erfoud, el hombre los condujo a pie por un wadi seco y un peñasco escarpado. Los estratos de los riscos circundantes delataban que grandes y sinuosos ríos habían discurrido por allí cien millones de años antes.

Por fin llegaron a una colina, que otrora había sido la margen de un río, en la que se había abierto una enorme concavidad.

«Ahí», dijo el beduino.

Ibrahim entró y reparó en las paredes de arenisca violácea veteada de amarillo.


En 2013 Cristiano Dal Sasso y Marco Auditore, los colegas italianos de Ibrahim, buscaron más fragmentos del esqueleto.


El enigma de toda una vida

Para Ernst Stromer, Spinosaurus fue el enigma de toda una vida. Durante décadas intentó imaginar cómo sería aquella extraña criatura a partir de los fragmentos de dos esqueletos localizados por su equipo. En un principio aventuró que las largas espinas dorsales podrían ser el armazón de una joroba similar a la del bisonte; luego conjeturó que formaban parte de una «vela» dorsal, como la de algunos lagartos y camaleones actuales. Se percató de que la mandíbula estrecha de Spinosaurus no tenía equivalente entre los dinosaurios depredadores, como tampoco la dentadura: la mayoría de los terópodos carní­voros presentaba dientes serrados, con forma de cuchilla, pero estos eran lisos y cónicos, parecidos a los de un cocodrilo. Stromer concluyó, con evidente perplejidad y tal vez cierta frustración, que se trataba de un animal «superespecializado», sin concretar en qué consistía esa especialización.

Spinosaurus formaba parte de un misterio más amplio –hay quien lo llama el enigma de Stromer– que el bávaro había observado en los fósiles norteafricanos. En casi todos los ecosistemas, ancestrales y actuales, los herbívoros superan ampliamente en número a los carnívoros. Pero en el norte de África, desde las excavaciones egipcias de Stromer en el este hasta los estratos del Kem Kem marroquí al oeste, el registro fósil sugiere lo contrario. De hecho, esta región estuvo habitada por tres carnívoros colosales, cada uno de los cuales habría sido el superdepredador en cualquier otro entorno: Ba­­hariasaurus (12 metros de longitud), Carcharodontosaurus (una suerte de T. rex africano, también de 12 metros) y Spinosaurus, quizás el mayor y sin duda el más singular. Stromer especuló que quizá conviviesen con grandes herbívoros –¿de qué se alimentarían los carnívoros si no?–, de los que hasta entonces no habían aparecido muchos huesos. Otros científicos han sugerido que la paradoja es un mero error de muestreo, causado por procesos geológicos que mezclan fósiles de diferentes épocas o por buscadores de fósiles que optan por los grandes carnívoros, sabedores de que tienen mejor salida en el mercado.

El ejemplar más grande de T. rex mide 12,30 metros de la cabeza a la cola

Con un nuevo Spinosaurus sobre la mesa y la localización exacta del hallazgo, Nizar Ibrahim estaba en condiciones de dar una respuesta más satisfactoria al enigma de Stromer. A simple vista, sin embargo, los nuevos huesos no hacían sino sumar incógnitas. Para empezar, la superficie de las espinas dorsales era lisa, lo que lleva a descartar que soportasen una gran masa de tejido blando (como el de una posible joroba). Las espinas tenían un número reducido de vasos sanguíneos, lo que hacía improbable el supuesto uso termorregulador propuesto por otros investigadores. A su vez, las costillas presentaban una elevada densidad ósea y una curva pronunciada que creaba un inusitado torso toneliforme. El cuello era largo; el cráneo, enorme. Pero las mandíbulas eran sorprendentemente estrechas y alargadas, con un hocico terminado en un arco peculiar y moteado de minúsculos hoyuelos. Las extremidades anteriores y la cintura escapular eran voluminosas, mientras que las extremidades posteriores contrastaban por cortas y finas.


Spinosaurus, el único dinosaurio conocido adaptado a la vida acuática, nadaba en los ríos del norte de África hace 100 millones de años. El gigantesco depredador vivía en una región apenas habitada por grandes herbívoros terrestres y se alimentaba sobre todo de peces enormes. Ilustración: Davide Bonadonna.


«Spinosaurus tiene la parte delantera desproporcionada –dice el paleontólogo Paul Sereno, tutor postdoctoral de Ibrahim en la Universidad de Chicago–. Es como un cruce de caimán y perezoso.»
En la pared del despacho de Ibrahim había una imagen a tamaño natural del cráneo de Spinosaurus. A menudo la miraba, imaginando cómo sería el enorme cuerpo al que estaría unido. «Intentaba visualizar los huesos, los músculos, el tejido conjuntivo, todo. A veces alcanzaba a vislumbrarlo un instante, pero enseguida se esfumaba, como un espejismo. Mi cerebro no era capaz de computar tal grado de complejidad.»
Pero un ordenador quizá sí. En colaboración con Simone Maganuco, desde el museo milanés, y Tyler Keillor, preparador de fósiles y paleoartista de la Universidad de Chicago, Ibrahim emprendió la reconstrucción digital del dinosaurio.

Realizaron tomografías computarizadas de cada uno de los huesos de su espécimen en el Centro Médico de la Universidad de Chicago y el Hospital Maggiore de Milán; luego integraron otras partes anatómicas escaneando fotografías de ejemplares de los museos de Milán, París y otros lugares, así como imágenes digitalizadas de las fotos y los bosquejos de Stromer. Keillor, experto en el programa de modelización digital ZBrush, esculpió en la «arcilla digital» del software los huesos que faltaban, utilizando como guía los escaneados de las mismas áreas anatómi­cas de otros espinosáuridos, como Suchomimus y Baryonyx. Tras modelar y espaciar meticulosamente las 83 vértebras de la reproducción, concluyeron que un Spinosaurus adulto medía unos 15 metros de largo. Se había dicho que Spinosau­rus era el mayor carnívoro que jamás hollara la faz de la Tierra, y aquel trabajo lo ratificó. (El ejemplar más grande de T. rex mide 12,30 metros de la cabeza a la cola).

El siguiente paso fue revestir el esqueleto con piel digital para crear un modelo dinámico, lo que les permitió situar el centro de gravedad del animal y calcular su masa corporal para comprender mejor cómo se movía. El análisis culminó con una conclusión notable: a diferencia del resto de los dinosaurios depredadores, que caminaban sobre las patas traseras, Spinosaurus quizá fuese un cuadrúpedo funcional, que también usaba las extremidades anteriores, con sus potentes garras, para caminar.


Los operarios pulen los bordes de un esqueleto de Spinosaurus, producido a tamaño natural con una gran precisión anatómica a partir de datos digitales. Los científicos generaron un modelo informático ensamblando tomografías computarizadas de fósiles, imágenes de huesos perdidos y extrapolaciones de especies emparentadas, y a continuación lo materializaron en poliestireno, resina y acero.


¿Cómo era el Spinosaurus?

Las peculiaridades de la criatura no empezaron a cobrar verdadero sentido hasta que Ibrahim y sus colegas contemplaron a Spinosaurus desde una perspectiva totalmente distinta: como un dinosaurio que pasaba la mayor parte del tiempo en el agua. Los orificios nasales ocupan una posición elevada en el cráneo, hacia los ojos, para permitirle respirar con buena parte de la cabeza sumergida. El tronco toneliforme recuerda al de delfines y ballenas, y la densidad de las costillas y los huesos largos es similar a la de otro mamífero acuático, la vaca marina. Las patas traseras, desproporcionadas para caminar, serían perfectas para nadar, sobre todo si las garras planas de los anchos pies traseros contaban con una membrana que los convertía en palmeados, como sospechan los investigadores. La mandíbula larga y estrecha y los dientes lisos y cónicos similares a los del cocodrilo serían una trampa mortal para los peces, y los hoyos del morro –también presentes en cocodrilos y aligátores– probablemente albergaban sensores de presión que les permitían detectar presas en las aguas turbias. Ibrahim imagina a Spinosaurus cazando como una garza, inclinándose hacia delante y atrapando peces con su largo hocico.

Las patas traseras, desproporcionadas para caminar, serían perfectas para nadar

Esta nueva concepción de Spinosaurus como dinosaurio acuático sugiere una posible solución al enigma de Stromer. El río en que murió el animal era uno de los muchos cursos caudalosos de un vasto sistema fluvial que ocupaba gran parte del norte de África en el cretácico. Si por aquel entonces los carnívoros eran grandes, también lo era la fauna acuática, cuyos restos abundan en los depósitos del Kem Kem: peces pulmonados de 2,50 metros de largo, celacantos de 4 metros, peces sierra de 7,50 metros, tortugas de dimensiones parejas… animales que constituirían buenos festines hasta para el depredador más corpulento, eliminando la necesidad de una gran abundancia de grandes herbívoros para equilibrar la cadena trófica.

Ibrahim lo comprendió cuando tuvo ante sus ojos la fase final del proyecto del dinosaurio digital: un esqueleto de Spinosaurus a tamaño natural en espuma de poliestireno de alta densidad, construido en parte por una impresora 3D a partir del modelo informático. El esqueleto está montado en una postura natatoria, la que Ibrahim cree que adoptaba el 80 % del tiempo. «Ojalá Ernst Stromer pudiese ver este modelo, que muestra hasta qué punto Spinosaurus era un nadador especializado. Le habría gustado».


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Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

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