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martes, 22 de marzo de 2022

MEDIO AMBIENTE: La migración de las ballenas ayudará a crear el nuevo acuerdo de protección de los océanos

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG.,  en las Naciones Unidas se están llevando a cabo negociaciones, de como proteger a la especies marinas como las ballenas, fuera de las Zonas Económicas Exclusivas(ZEE), ¿Qué importancia tiene conocer la migración de las ballenas? ¿Cómo puede influir en la decisión de proteger los mares?..."El 64% del océano que abarca la alta mar está más allá de cualquier ZEE y de la autoridad de una sola nación. Las ballenas migran entre hábitats situados a miles de kilómetros de distancia, por lo que no es de extrañar que muchas especies pasen allí gran parte de su vida. Las 367 jorobadas rastreadas pasaron la mitad de su tiempo en estas zonas del océano más allá de las jurisdicciones nacionales..." ... siga leyendo.............

En la actualidad se están llevando a cabo negociaciones internacionales para averiguar cómo proteger las especies oceánicas fuera de las Zonas Económicas Exclusivas (ZEE). ¿Qué importancia tiene conocer la migración de las ballenas? ¿Cómo puede influir en la decisión de proteger los mares?


Una ballena jorobada con su cría.

Foto: Istock


Una ballena jorobada a la que marcamos mientras se alimentaba frente a la Península Antártica Occidental hizo un viaje de casi 19.000 km en 265 días, desplazándose en dirección al norte desde la Antártida hasta su zona de cría frente a Colombia y de vuelta. Las ballenas migran miles de kilómetros cada año, reuniéndose para aparearse y dar a luz en los trópicos y subtrópicos durante el invierno y luego dirigiéndose a aguas más frías en latitudes más altas para darse un festín de presas abundantes durante el verano.

Abundan las teorías, pero los científicos aún no se ponen de acuerdo sobre por qué las ballenas emprenden estas épicas migraciones, ni siquiera sobre cómo se las arreglan para navegar por las vastas cuencas oceánicas.

En un nuevo informe de WWF un equipo de científicos ha recopilado las rutas migratorias de más de 1.000 ballenas de todo el mundo, registradas con marcas de satélite. Por primera vez, se ha puesto de manifiesto la escala global y la extensión de las rutas que recorren las ballenas durante sus migraciones. El informe sirve para que los científicos comprendan que las rutas entre los hábitats críticos de alimentación y cría son tan importantes para las ballenas como los propios puntos finales.

Estas rutas también revelan lo peligroso que se está volviendo el océano para estos gigantes. El cambio climático está alterando los lugares y momentos en los que las ballenas pueden encontrar alimento de manera fiable, mientras que las pesquerías están desechando redes y cuerdas que pueden atrapar y ahogar a las ballenas. Mientras tanto, cada año se transportan por mar unos 11.000 millones de toneladas de mercancías. Las rutas que utilizan estos barcos se cruzan con los caminos de las ballenas migratorias y otros animales marinos que pueden ser golpeados y asesinados.

Nuevas pistas sobre el papel de las ballenas en el ecosistema oceánico global

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EL PAPEL CLAVE DE LAS BALLENAS EN EL ECOSISTEMA OCEÁNICO

6 especies de ballenas en peligro

Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, seis de las 13 especies de ballenas más grandes están en peligro de extinción o son vulnerables, incluso después de décadas de protección tras el fin de la mayoría de la caza comercial de ballenas en 1986.

Las áreas marinas protegidas creadas por los distintos países son una forma de proteger a las ballenas de algunas de estas amenazas. Se trata de zonas en las que ciertas actividades, como la pesca, están restringidas o prohibidas. Actualmente, las áreas marinas protegidas cubren menos del 8% del océano.

Pero las ballenas se mueven por las aguas de múltiples países durante su migración y pasan gran parte de este tiempo en alta mar, donde solo el 1,2% del océano está bajo alguna forma de protección. Está claro que la protección de las ballenas requiere un esfuerzo global.

Ballenas más allá de las fronteras

Las fronteras geopolíticas son invisibles para las ballenas, pero tienen consecuencias enormes para ellas. Según la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, los países tienen derecho a pescar y realizar otras actividades en las Zonas Económicas Exclusivas (ZEE) de 200 millas náuticas que se extienden desde sus costas. Los países que designan áreas marinas protegidas dentro de sus ZEE pueden ayudar a conservar los hábitats oceánicos locales.

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Pero como las leyes varían sustancialmente de un país a otro, es difícil coordinar los esfuerzos para proteger a las ballenas, aunque los acuerdos internacionales como la Convención sobre la Conservación de las Especies Migratorias de Animales Silvestres tratan de hacerlo.


Una ballena saltando al atardecer.

Foto: Istock

De poco sirve proteger a las ballenas en un país, con medidas como las áreas marinas protegidas o las normas que restringen la navegación y la pesca, cuando pueden enfrentarse a una regulación más laxa en la ZEE de otro país durante una sola migración. El informe de WWF muestra que 367 ballenas jorobadas rastreadas por satélite en el hemisferio sur atravesaron en conjunto las ZEE de 28 países durante sus migraciones.

El 64% del océano que abarca la alta mar está más allá de cualquier ZEE y de la autoridad de una sola nación. Las ballenas migran entre hábitats situados a miles de kilómetros de distancia, por lo que no es de extrañar que muchas especies pasen allí gran parte de su vida. Las 367 jorobadas rastreadas pasaron la mitad de su tiempo en estas zonas del océano más allá de las jurisdicciones nacionales.

Un estudio de 2018 rastreó 14 grandes especies, desde tortugas laúd hasta tiburones blancos, en todo el océano Pacífico y reveló que el 29% de todas las posiciones registradas por las marcas satelitales estaban en alta mar. En un estudio de 2020, estimamos que solo el 27% de las áreas importantes para los mamíferos marinos y las aves marinas en el Océano Austral estaban dentro de las ZEE.

¿Cuánto sabes sobre ballenas?

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Áreas marinas protegidas en alta mar

Se están llevando a cabo negociaciones internacionales para averiguar cómo proteger las especies oceánicas, incluidas las ballenas, fuera de las ZEE. En los más de 222 millones de km² que conforman la alta mar, casi no hay áreas marinas protegidas.

Los Estados miembros de las Naciones Unidas acordaron en 2017 negociar un tratado internacional para la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad marina de alta mar. La cuarta y última sesión de estas negociaciones se celebra en Nueva York del 7 al 18 de marzo. El tratado incluirá formas de designar áreas marinas protegidas en alta mar, y estas áreas podrían restringir las actividades que amenazan a las ballenas y otras especies marinas en zonas críticas para su supervivencia.

Sin embargo, el tratado no diseñará ni implementará estas áreas marinas protegidas. Eso dependerá de organizaciones como el Grupo de Trabajo de Áreas Protegidas para Mamíferos Marinos, que, con la ayuda de científicos, ha localizado al menos 159 áreas importantes para los mamíferos marinos que podrían llegar a estar protegidas. Las pistas de migración del informe del WWF serán esenciales a la hora de identificarlas.

Las áreas marinas protegidas son solo una medida entre varias de las que serán necesarias para hacer que la alta mar sea más segura para los mamíferos marinos. Los conservacionistas tienen que hacer frente a las crecientes amenazas del cambio climático, la pesca, la navegación y la contaminación.

Sin embargo, hay destellos de esperanza. La Organización Marítima Internacional y la Comisión Ballenera Internacional están colaborando para evitar que los barcos golpeen a las ballenas. Mientras tanto, las modificaciones en los equipos de pesca y otras herramientas han reducido en un 99% el número de delfines capturados en las pesquerías de atún de aleta amarilla del Pacífico tropical oriental. Para que cualquier esfuerzo de conservación sea exitoso es fundamental una base sólida de pruebas científicas y cooperación a escala local, regional e internacional.

Una ballena puede consumir más de tres millones de microplásticos cada día

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UNA BALLENA PUEDE CONSUMIR MÁS DE TRES MILLONES DE MICROPLÁSTICOS CADA DÍA

*Ryan Reisinger es profesor de Biología Marina y Ecología en la Universidad de Southampton. Ari Friedlaender es profesor de Ciencias del Mar en la Universidad de California en Santa Cruz. Daniel M. Palacios es profesor Asociado de Hábitats de Ballenas en la Universidad Estatal de Oregón. Este artículo se publicó originalmente en The Conversation y se publica aquí bajo una licencia de Creative Commons.


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Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

jueves, 18 de noviembre de 2021

BIODIVERSIDAD : Nuevas pistas sobre el papel de las ballenas en el ecosistema oceánico global

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., Las ballenas barbadas gigantes como las ballenas azules -Balaenoptera musculus-, el rorcual común -Balaenoptera physalus- o la ballena jorobada -Megaptera novaeangliae- consumen en promedio tres veces más comida al año de lo que los científicos habían estimado previamente. Se trata de una de las principales conclusiones de un estudio que bajo el título Baleen whale prey consumption based on high-resolution foraging measurements, se publica esta semana en la revista Nature. Y es que al subestimar cuánto comen estas ballenas, los científicos también podrían haber subestimado previamente la importancia de estos gigantes submarinos para la salud y la productividad de los océanos......  ....siga leyendo.......

Un estudio publicado en Nature concluye que las ballenas consumen 3 veces más presas de lo estimado. La restauración de sus poblaciones podría mejorar la productividad de los océanos, ya que actúan como plantas gigantes y móviles de reciclaje de nutrientes.


Dos ballenas jorobadas se alimentan en el Santuario Marino Nacional Stellwagen Bank

Foto: Elliott Hazen

Las ballenas barbadas gigantes como las ballenas azules -Balaenoptera musculus-, el rorcual común -Balaenoptera physalus- o la ballena jorobada -Megaptera novaeangliaeconsumen en promedio tres veces más comida al año de lo que los científicos habían estimado previamente. Se trata de una de las principales conclusiones de un estudio que bajo el título Baleen whale prey consumption based on high-resolution foraging measurements, se publica esta semana en la revista Nature. Y es que al subestimar cuánto comen estas ballenas, los científicos también podrían haber subestimado previamente la importancia de estos gigantes submarinos para la salud y la productividad de los océanos.

Dado que las ballenas comen más de lo que se pensaba, también defecan más. No se trata de una cuestión menor, ya que el excremento de ballena es una fuente crucial de nutrientes en el océano abierto. Al alimentarse y esparcir sus excrementos, las ballenas ayudan a mantener los nutrientes clave suspendidos cerca de la superficie, donde pueden impulsar la floración del fitoplancton que absorbe carbono y que forma la base de las redes alimentarias del océano. Sin las ballenas, esos nutrientes se hunden más fácilmente en el fondo marino, lo que puede limitar la productividad en ciertas partes del océano y, a su vez, limitar la capacidad de los ecosistemas oceánicos para absorber el dióxido de carbono que calienta el planeta.

Los hallazgos llegan en un momento crucial en el que el planeta enfrenta a las crisis interconectadas del cambio climático global y la pérdida de biodiversidad. A medida que el planeta se calienta, los océanos absorben más calor y se vuelven más ácidos, lo que amenaza la supervivencia de las fuentes de alimento que necesitan las ballenas.

Los océanos, el almacén mundial de CO2

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LOS OCÉANOS SON CLAVE CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO

Además, muchas especies de ballenas barbadas tampoco se han recuperado de la caza industrial de ballenas durante el siglo XX, permaneciendo su poblaciones en una pequeña fracción del tamaño anterior a la caza de ballenas. “Nuestros resultados dicen qué, si restauramos las poblaciones de ballenas a los niveles previos a la caza de ballenas a principios del siglo XX, restauraremos una gran cantidad de funciones perdidas en los ecosistemas oceánicos”, explica coautor del estudio, Nicholas Pyenson, comisario del departamento de fósiles marinos de Museo Nacional de Historia Natural Smithsonian. "Pueden pasar algunas décadas hasta ver los beneficios, pero es la lectura más clara hasta ahora sobre el papel masivo de las grandes ballenas en nuestro planeta", añade.

Una voracidad exacerbada

Sorprendentemente, algunas preguntas básicas sobre la biología de las ballenas siguen sin respuesta cuando se trata de los animales más grandes del mundo. El ecólogo marino y becario postdoctoral de la Universidad de Stanford, Matthew Savoca, uno de los colaboradores de Pyenson y autor principal del estudio, se encontró con una de las respuestas a estos misterios restantes: cuánto comían las ballenas barbadas que se alimentan por filtración masiva cada día.

Si restauramos las poblaciones de ballenas a niveles previos a la caza deprincipios del siglo XX, restauraremos una gran cantidad de funciones perdidas en los ecosistemas oceánicos

Savoca cuenta que las mejores estimaciones que encontró en investigaciones anteriores fueron conjeturas sostenidas por pocas mediciones reales de cada especie en cuestión. Para resolver el enigma de cuánta comida puede consumir una ballena de entre 10 y 30 metros, Savoca, Pyenson y su equipo se valieron de los datos de 321 ejemplares etiquetados de 7 especies diferentes que viven en los océanos Atlántico, Pacífico y Austral recolectados entre los años 2010 y 2019.


Una ballena jorobada se alimenta de la costa de California

Foto: John Durban

El investigador explica que uno de los localizadores empleados es como un teléfono inteligente en miniatura completo con una cámara, micrófono, GPS y un acelerómetro que rastrea el movimiento. Las etiquetas rastrean los movimientos de las ballenas en un espacio tridimensional, lo que permite al equipo buscar patrones reveladores para averiguar con qué frecuencia los animales se alimentan. El conjunto de datos también incluyó fotografías de drones de 105 ballenas de las siete especies que se utilizaron para medir sus respectivas longitudes. La longitud de cada animal podría usarse para crear estimaciones precisas de su masa corporal y el volumen de agua que filtró con cada bocado. Finalmente, los miembros del equipo involucrados en este esfuerzo de recolección de datos de casi una década utilizaron botes pequeños equipados con ecosondas para correr hacia los sitios donde se alimentaban las ballenas. Las ecosondas utilizan ondas sonoras para detectar y medir el tamaño y la densidad de los enjambres de krill y otras especies de presas. Este paso fue una base empírica crucial para las estimaciones del equipo de cuánta comida podrían estar consumiendo las ballenas.

El valle de las ballenas

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EL VALLE DE LAS BALLENAS

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Fotografías

Así al cruzar los datos de estas tres líneas de investigación (la frecuencia con la que se alimentan las ballenas, la cantidad de presas que podrían consumir mientras se alimentan y la cantidad de presas disponibles), los investigadores pudieron generar las estimaciones más precisas hasta la fecha de cuánto comen estos gigantescos mamíferos al día, y, por extensión, al año.

Por ejemplo, el estudio encontró que una ballena azul adulta del Pacífico norte oriental probablemente consume 16 toneladas métricas de krill diarias durante su temporada de alimentación, mientras que una ballena franca del Atlántico norte come alrededor de cinco toneladas métricas de zooplancton pequeño al día y una ballena de Groenlandia aproximadamente seis

Para cuantificar lo que significan estas nuevas estimaciones en el contexto de un ecosistema más grande, un estudio de 2008 estimó que todas las ballenas en lo que se conoce como el Ecosistema de la Corriente de California (que se extiende desde Columbia Británica hasta México) necesitaban alrededor de dos millones de toneladas métricas de pescado, krill, zooplancton y calamar anual.


Una ballena minke marcada por el equipo de investigación frente a las costas de la Antártida en 2019

Foto: Ari Friedlaender / NOAA / NMFS

Así, los nuevos resultados sugieren que las poblaciones de ballenas azules, los rorcuales o las ballenas jorobadas que viven en el ecosistema actual de California requieren cada una más de dos millones de toneladas de alimentos al año.

Un apetito que lo cambia todo

Para demostrar cómo un mayor consumo de presas por parte de las ballenas aumenta su capacidad para reciclar nutrientes clave que de otro modo podrían hundirse en el fondo del mar, los investigadores también calcularon la cantidad de hierro que toda esta alimentación adicional de las ballenas recircularía en forma de heces.

El verdadero pulmón del planeta está en los océanos

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LOS OCÉANOS, EL PULMÓN DEL PLANETA

En muchas partes del océano, el hierro disuelto es un nutriente limitante, lo que significa que puede haber muchos otros nutrientes clave como nitrógeno o fósforo en el agua, pero la falta de hierro previene posibles floraciones de fitoplancton. Debido a que las ballenas comen tanto, terminan ingiriendo y excretando cantidades sustanciales de hierro. Investigaciones anteriores encontraron que el excremento de ballena tiene alrededor de 10 millones de veces la cantidad de hierro que se encuentra en el agua de mar de la Antártida, y debido a que las ballenas respiran aire, tienden a defecar cerca de la superficie, justo donde el fitoplancton necesita nutrientes para ayudar a impulsar la fotosíntesis.

Usando mediciones anteriores de las concentraciones promedio de hierro en las heces de ballena, los investigadores calcularon que las ballenas en el océano Austral reciclan aproximadamente 1.200 toneladas métricas de hierro cada año. Estos sorprendentes hallazgos llevaron a los investigadores a tratar de averiguar qué podrían decirnos sus resultados sobre el ecosistema marino antes de que la caza industrial de ballenas matara de dos a tres millones de ballenas en el transcurso del siglo XX.

Las ballenas en el océano Austral reciclan aproximadamente 1.200 toneladas métricas de hierro cada año.

Con base en los registros de caza de la industria ballenera en las aguas que rodean la Antártida, en el Océano Austral, los investigadores estimaron cuántas ballenas solían vivir en la región y combinaron los datos con sus nuevos resultados para estimar cuánto comían aquellos animales. Según el análisis, los rorcuales minke y comunes, así como las ballenas azules den el Océano Austral consumían alrededor de 430 millones de toneladas métricas de krill anualmente a principios del siglo XX. Ese total es el doble de la cantidad de krill en todo el Océano Austral en la actualidad y es más del doble de la captura mundial total de todas las pesquerías de captura silvestre combinadas.

El excremento de ballena y la paradoja del Krill

En términos del papel de las ballenas como recicladoras de nutrientes, los investigadores calculan que las poblaciones de ballenas, antes de las pérdidas por la caza de ballenas del siglo XX, producían un flujo prodigioso de excrementos que contenían 12.000 toneladas métricas de hierro, 10 veces la cantidad que las ballenas reciclan actualmente en el Océano Austral.

Los secretos de los cetáceos

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LOS SECRETOS DE LOS CETÁCEOS

Estos cálculos sugieren que cuando había muchas más ballenas comiendo krill, debió haber mucho más krill para comer. Savoca cuenta que "la disminución del número de krill tras la pérdida de tantos de sus mayores depredadores es conocida por los investigadores como la paradoja del krill". También que "la disminución de las poblaciones de krill es más pronunciada en áreas donde la caza de ballenas fue especialmente intensa, como el mar de Escocia entre el océano Austral y el océano Atlántico al sureste de América del Sur".

Estas ballenas estaban sembrando productividad en el océano Austral abierto. Una vez desaparecidas, el reciclaje de este fertilizante también desapareció

“Esta disminución no tiene sentido hasta que se considera que las ballenas están actuando como plantas de procesamiento de krill móviles”, continúa el investigador. “Estos son animales del tamaño de un Boeing 737, que comen y defecan lejos de la tierra en un sistema que está limitado por el hierro en muchos lugares, es decir, estas ballenas estaban sembrando productividad en el océano Austral abierto. Una vez desaparecidas las ballenas, el reciclaje de este fertilizante también desapareció", añade.

Plantas vivas de reciclaje

El documento postula que la restauración de las poblaciones de ballenas también podría restaurar la productividad marina perdida y, como resultado, aumentar la cantidad de dióxido de carbono absorbido por el fitoplancton que es devorado por el krill. El equipo estima que los servicios de ciclo de nutrientes proporcionados por las poblaciones anteriores a la caza de ballenas a principios del siglo XX podrían impulsar un aumento de aproximadamente el 11% en la productividad marina en el océano Austral y una reducción de al menos 215 millones de toneladas métricas de carbono, absorbido y almacenados en ecosistemas y organismos oceánicos en proceso de reconstrucción.

"La contribución de las ballenas a la productividad global y la extracción de carbono probablemente estuvo a la par con los ecosistemas forestales de continentes enteros"

También es posible que estos beneficios de reducción de carbono se acumulen año tras año. “Nuestros resultados sugieren que la contribución de las ballenas a la productividad global y la extracción de carbono probablemente estuvo a la par con los ecosistemas forestales de continentes enteros, en términos de escala”, agrega Pyenson. "Ese sistema todavía está ahí, y ayudar a las ballenas a recuperarse podría restaurar el funcionamiento del ecosistema perdido y proporcionar una solución climática natural".


Una ballena minke marcada por el equipo de investigación frente a las costas de la Antártida en 2019

Foto: Duke University Marine Robotics and Remote Sensing /NOAA

En la actualidad, el mismo Pyenson, Savoca y otros investigadores están considerando cuál podría ser el impacto de las ballenas si el equipo hubiera sido menos conservador con sus estimaciones, así como una posible línea de investigación que compare las pérdidas relativamente recientes de grandes mamíferos en el mar con las perdidas en tierra, como en el caso del bisonte americano. Aunque tiene su sede en Stanford, Savoca continuará su trabajo este otoño en el Instituto Smithsonian estudiando las muestras de sus extensas colecciones de ballenas barbadas, sin embargo, la conclusión del presente estudio ya se muestra rotunda, y los autores concluyen que si se fomentara la recuperación de las poblaciones de ballenas en todo el mundo, se podría restaurar la función ecosistémica oceánica que se perdió durante el siglo XX y mejorar la productividad global de todos los océanos.

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Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

domingo, 7 de julio de 2019

MEDIO AMIBIENTE : Japón vuelve a cazar ballenas tras 30 años de prohibición

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., Japón vuelve a la caza de la ballena, después de 30 años de su prohibición, quien al retirarse de la Comisión Ballenera Internacional, regresa a una actividad depredatoria de los océanos; ni siquiera ha tomado en cuenta a su población que ha bajado el consumo a 5,000 toneladas una cifra muy por debajo de las hasta 200,000 toneladas hace 30 años atrás, el gobierno se compromete a cazar un lote de 227 ejemplares por temporada, naturalmente los conservacionistas han protestado..... siga leyendo......

El país retoma la caza comercial de cetáceos después de que el año pasado anunciara su retirada de la Comisión Ballenera Internacional, aunque se compromete a cazar este año solo 227 ejemplares.

05 de julio de 2019, 12:32 | Actualizado a 

Caza de ballenas en Japón

Unos pescadores izan un rorcual aliblanco a bordo de un pesquero en el puerto de Kushiro, en Hokkaido, el pasado 1 de julio. La embarcación fue una de las primeras en pescar ballenas después de que Japón decidiera recuperar la caza comercial después de más de 30 años. 

Foto: AP


Despiece de una ballena

Unos operarios manipulan el cuerpo de una ballena recién cazada en Kushiro, una ciudad costera situada en la isla de Hokkaido, en el norte de Japón, antes de enviarla al mercado minorista. 

Foto: AP

Carne de ballena a más de 30 euros por kilo

Carne de ballena a la venta en el mostrador de una pescadería de Kushiro, Hokkaido, el norte de Japón.  La mercancía procedería de las dos primeras ballenas capturadas desde que el país reanudara la pesca de estos cetáceos después de más de 30 años de moratoria. La medida, muy criticada por las organizaciones conservacionistas, ha sido aplaudida el sector ballenero, preocupado, por otra parte, por la baja demanda del producto. 

Foto: AP


Carne de ballena en un restaurante de Japón

Unos comensales come carne de ballena en el restaurante Mutsuko Onishi, en Tokuya, Osaka, el pasado 25 de mayo de 2019. La vuelta a la caza de ballenas contrasta con la caída del consumo registrada en el país, donde el año pasado solo se contabilizaron unas 5.000 toneladas destinadas al mercado nacional, una cifra que queda muy lejos de las 200.000 toneladas consumidas en 1962. El dueño del restaurante Onishi, de 76 años de edad, tuvo que cerrar el establecimiento ese mismo día,  después de 50 años de servicio. 

Foto: AP


En 1986 la Comisión Ballenera Internacional acordó una moratoria internacional para la caza y la comercialización de ballenas, una decisión que respondía al declive de numerosas especies de estos cetáceos, algunos de los cuales se encuentran en peligro de extinción debido a la pesca indiscriminada que había sido practicada durante decenios. El acuerdo fue respetado, no sin reticencias, por las principales potencias del sector, entre ellas Japón, Noruega e Islandia. Pero el año pasado Tokio anunció su retirada después de que la organización internacional desestimara su petición para permitir la caza de aquellos cetáceos que las autoridades japonesas consideran abundantes, como el rorcual común, el aliblanco o de Bryde.

La decisión de Tokio se hizo efectiva el pasado domingo 30 de junio, cuando varias flotas pesqueras volvieron a hacerse a la mar en busca de ballenas. El Gobierno, eso sí, se ha propuesto cazar un número limitado de cetáceos, que han cifrado en un total de 227 ejemplares, 52 de la especie aliblanca, 150 rorcuales de Bryde y 25 rorcuales comunes, una cuota autoasignada que, según las autoridades japonesas, ha sido calculada para que estas especies no se vean afectadas en caso de mantener el mismo ritmo de pesca durante unos 100 años.

Desde el gobierno japonés han elaborado una lista con la cantidad máxima de ballenas que se pueden pescar este año para que no se vea afectada la biodiversidad de cara al futuro

Las críticas a esta decisión no se han hecho esperar. Coincidiendo con la celebración del G20 el último fin de semana de junio, numerosas organizaciones ecologistas alertaron de las consecuencias que el incumplimiento de la moratoria tendría para las poblaciones de cetáceos, unos animales con un ciclo de reproducción muy lento.

Temporada ballenera en Alaska

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TEMPORADA BALLENERA EN ALASKA

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Una decisión inadmisible

"Es inadmisible que en pleno siglo XXI Japón haya reabierto la caza comercial de ballenas, y todo para alimentar una industria que no cuenta ni con el respaldo de la población del país, que cada vez consume menos carne de este cetáceo", afirma Luis Suárez, responsable del programa de especies amenazadas de WWF España, quien considera imprescindible "parar esta matanza y abordar otras amenazas que ponen en riesgo a las ballenas y otros cetáceos, como la contaminación del océano, las colisiones con embarcaciones, la pesca accidental o el calentamiento del planeta".

Cetáceos amenazados

Según reza el informe del Instituto del Bienestar Animal (Animal Welfare Institute por sus siglas en inglés), la moratoria internacional del comercio de ballenas ha conseguido salvar a algunas especies de la extinción en los últimos 30 años, aunque en todo este tiempo numerosos países, entre ellos Noruega, Japón e Islandia, han seguido cazando cetáceos con una supuesta justificación científica. La organización calcula que los tres países han acabado con 38.539 ejemplares desde 1986, fecha en la que se aprobó la moratoria.

Cetáceos amenazados en aguas canarias

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CETÁCEOS AMENAZADOS EN AGUAS CANARIAS

Caída del consumo

La vuelta a la caza de ballenas contrasta con la caída del consumo registrada en el país, donde el año pasado solo se contabilizaron unas 5.000 toneladas destinadas al mercado nacional, una cifra que queda muy lejos de las 200.000 toneladas consumidas en la década de 1960. Las ballenas prácticamente han desaparecido de la gastronomía nipona, según informa Nippon.com basándose en datos del Ministerio de Agricultura y Pesca del Gobierno Japonés.

Tokio justifica la decisión en la tradición ballenera. Sin embargo, cabría recordar que el país únicamente registró un consumo elevado de carne de ballena durante los años de escasez posteriores a la Segunda Guerra Mundial, cuando el Gobierno encontró en estos cetáceos, cuya carne se vendía enlatada, una solución barata para garantizar el suministro alimentario, especialmente en los comedores escolares.


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