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********** Blog Fundado el 03 de Enero del 2008 **********
Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., el cambio climático, sigue influyendo en el medio ambiente, la Revista National Geographic, nos alcanza la investigación de científico Jake Alexander, quien asegura que el cambio climático no afecta tanto a la vegetación de los lugares altos de los Alpes, sino que si se afecta es la invasión de nuevas especies vegetales, que antes estuvieron en partes bajas y ahora suben y viene la lucha por el especio vital.
Puede sonar irónico, que las planas siendo seres que no pueden desplazarse, al menos en el sentido que los hacen los animales; sin embargo si vemos una pugna por el espacio como una guerra entre especies vegetales, advertiremos que los movimientos estratégicos se producen de generación tras generación.
"Queremos descubrir cuan resistentes son las comunidades de plantas de hoy en día contra los recién llegados. También queremos averiguar si las especies de elevaciones más bajas ya pueden establecerse más arriba en la montaña y, si no, qué las detiene", explica Alexander.
La vegetación alpina está respondiendo a un clima cada vez más cálido, pero algunas comunidades de plantas continúan manteniéndose firmes ante los recién llegados de elevaciones más bajas.
EDITOR Y PERIODISTA ESPECIALIZADO EN CIENCIA Y NATURALEZA
Chrüzboden es el nombre de una pradera alpina situada sobre la línea de árboles en el pico Haldenstein del macizo de Calanda, a unos 2.000 metros sobre el nivel del mar. Desde las alturas, la pendiente es tan vertiginosa como para dar la sensación de estar flotando en el aire, y más abajo, los coches y las casas de la localidad de Chur parecen de juguete.
La carretera que lleva hasta Chrüzboden es sinuosa y está llena de baches. En algunos puntos incluso demasiado estrecha como para que pasen dos coches. Sin embargo, transitarla ya es parte de la rutina del profesor asistente de ecología vegetal de ETH Zurich, Jake Alexander, quien durante los últimos 15 años ha estado realizando experimentos para comprender mejor los cambios provocados por el cambio climático en la flora alpina.
Calanda es el lugar perfecto para este tipo de investigación. En un espacio de 5 kilómetros, abarca toda la gama de zonas de vegetación altitudinal de los Alpes, desde las colinas en el fondo del valle hasta el cinturón alpino en su pico de 2.800 metros. Todo el macizo es notablemente uniforme tanto en aspecto como en su geología. "Realmente deberíamos establecer una estación de investigación alpina aquí; ¡eso sería fantástico!", exclama Alexander, quien junto a su equipo ha establecido 5 puestos de investigación entre los 1.000 y 2.000 metros de altitud. Aquí, los investigadores están estudiando cómo responden las comunidades de plantas de elevaciones altas cuando se enfrentan a las especies que migran desde elevaciones más bajas.
Los investigadores están estudiando cómo responden las comunidades de plantas en elevaciones altas cuando se enfrentan a especies que migran desde abajo.
De hecho, investigaciones anteriores ya han demostrado que, de media, las regiones montañosas se están calentando el doble de rápido que el resto del mundo. Esto propicia que ciertas especies extiendan su hábitat a elevaciones o latitudes más altas, como en el Ártico. Sin embargo, los estudios previos de Alexander han demostrado que, a menudo , las plantas alpinas parecen no verse afectadas por el calentamiento global en sí mismo, más pueden tener dificultades para hacer frente a la competencia de las nuevas especies que migran a la montaña.
Una guerra por el espacio
Puede sonar irónico al tratarse las plantas de seres incapaces de desplazarse, al menos en el sentido en que lo hacen los animales; sin embargo, si vemos esta pugna por el espacio como una guerra entre especies vegetales, advertiremos como los movimientos estratégicos se producen generación tras generación.
Ee media, las regiones montañosas se están calentando el doble de rápido que el resto del mundo.
Tal y como defiende Alexander, tarde o temprano esto podría conducir a cambios en la composición de especies de las comunidades de plantas alpinas y subalpinas actuales, ya que según el investigador "un clima más cálido ofrece una ventaja competitiva a plantas de altitudes más bajas y que crecen más rápido, lo que amenaza con desplazar a las especies alpinas".
Estas comunidades de plantas alpinas han evolucionado durante siglos, tiempo suficiente para que surgieran innumerables interacciones entre individuos y especies, incluso con microorganismos como las bacterias del suelo y los hongos. Y pese a que con los niveles actuales de calentamiento, a las nuevas especies les puede resultar difícil afianzarse, al menos al principio, a medida que el clima se vuelve más cálido las plantas que avanzan desde la base del macizo obtendrán una ventaja competitiva, pudiendo provocar un cambio tanto en la composición como en la miríada de interacciones de la comunidad vegetal original. Este es precisamente el fenómeno que los investigadores ya han observado en una de sus estaciones de investigación a 1.400 metros de altitud.
La lucha por los recursos
"Queremos descubrir cuan resistentes son las comunidades de plantas de hoy en día contra los recién llegados. También queremos averiguar si las especies de elevaciones más bajas ya pueden establecerse más arriba en la montaña y, si no, qué las detiene", explica Alexander.
En una de las estaciones del equipo, situada a 1.400 metros de altura en un claro conocido como Nesselboden, la temperatura es notablemente más elevada que a 600 metros por encima. La temperatura promedio cambia aproximadamente 0,5 ºC por cada 100 metros de elevación, por lo que un simple cálculo sugiere que el aire que nos rodea ahora es 3 grados más cálido. Este es, pues, el clima al que se enfrentarán las plantas alpinas en el futuro.
Aquí las cosas se ven bastante diferentes en uno de los otros parches de suelo de un metro cuadrado estudiados por el equipo de Alexander. Como parte de un experimento anterior, hace algunos años, los investigadores trasplantaron el suelo y su comunidad de plantas desde los 2.000 metros a este enclave, situado a 1.400.
FOTO: PETER RUEEGG / ETH ZÚRICH
El parche está dominado por alchemilla, más comúnmente conocida como manto de dama. "Esta especie claramente no tiene problemas con el nuevo clima. Pero algunas de las otras plantas alpinas que se trasplantaron al mismo tiempo ya han perdido la batalla por los recursos contra competidores que están mejor adaptados a las temperaturas cálidas", explica el investigador. "Suponiendo que el clima continúe calentando y secando elevaciones cada vez más altas, esta es la situación a la que tendrán que enfrentarse en el futuro las plantas de allí arriba", añade.
Sea como fuere, Alexander y su equipo tienen la intención de estudiar estas parcelas en el claro de Nesselboden durante al menos diez años más para verificar si sus predicciones sobre cómo cambiarán las comunidades de plantas son precisas.
Su investigación finalmente revelará exactamente cómo evolucionará la flora en Calanda. Pero ciertamente parece que el cambio es inevitable, y que pronto habrá muchos más parches de flores blancas, violetas y amarillas en las praderas alpinas de hoy.
Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la desaparición de los glaciares en el mundo es alarmante debido al Calentamiento Global y el Cambio Climático, que afecta a los polos Ártico y Antártico, y el continente europeo no escapa a este grave proceso; justamente es alarmante en los Montes Pirineos, que han perdido el 80% de su masa de hielo, en 1850 tenían 52 glaciares, ahora sólo les queda 19... ..siga leyendo...........
La inmensa mayoría de los glaciares del planeta retroceden a un ritmo sin precedentes, y algunos de los primeros en desaparecer para siempre se encuentran en los Pirineos, donde los científicos calculan que para el 2050 no quedará ninguno.
Editor y periodista especializado en ciencia y naturaleza
Hace unas semanas mis padres regresaron de su viaje a los Pirineos. Llevaban 30 años sin pisar aquellos parajes. Su recuerdo era el de un paisaje cubierto de nieve y glaciares. Después de más de dos décadas, volvían al lugar para rememorar aquel recuerdo y a la vez huir del calor que, todavía en septiembre, azota del sur de la península Ibérica. Poco dados al alarmismo climático, a menudo suelen relativizar la información que respecta al calentamiento global; no es que lo nieguen, si no que como tantas personas, recelan de mensajes catastrofistas. Sin embargo, años después, la desconcertante visión de unos Pirineos sin hielo y nieve, o al menos muchísimo menos de lo que recordaban, les ha hecho darle más de una vuelta a la cuestión. ¿Dónde habían ido los glaciares de los Pirineos?
La evolución de los glaciares depende de la acumulación de nieve durante la estación fría y del deshielo durante la más cálida respectivamente. De hecho, según los expertos la llamada Pequeña Edad de Hielo que tuvo lugar entre los siglos XIV hasta mediados del XIX, representa la última fase de avance de los glaciares de montaña en todo el mundo. Desde entonces, según varios estudios, el declive de los glaciares de montaña a nivel global ha sido casi continuo, a excepción de breves periodos de estabilización.
Glaciares de montaña, el inicio del fin
Varios estudios identifican la década de 1980 como el último punto de inflexión en la evolución de los glaciares, momento desde el cual han comenzado a menguar en todo el mundo. En las cadenas montañosas del hemisferio norte ubicadas en zonas templadas, predominan en la actualidad los glaciares considerados muy pequeños, que son los que cuentan con menos de 0,5 kilómetros cuadrados de superficie. La contracción de estos glaciares se ha acelerado desde finales del Siglo XX y principios del XXI, algo que los científicos achacan al aumento de las temperaturas a nivel global.
Los glaciares más meridionales de Europa, todos ellos clasificados como glaciares muy pequeños, se encuentran en los Pirineos, los Apeninos y la Península Balcánica, en elevaciones de entre 2.000 y 3.300 metros sobre el nivel del mar. Desde el máximo de la pequeña edad de hielo estos glaciares han perdido entre el 30% y el 100% de su volumen.
Pero en el sur de Europa, los glaciares de más de 5 hectáreas, en la actualidad solo se encuentran presentes en los Pirineos, los cuales están en peligro extremo y podrían desaparecer o convertirse en parches de hielo residual en aproximadamente 20 años, según explican los investigadores Ixeia Vidaller, Jesús Revuelto, Eñaut Izagirre y Francisco Rojas Heredia, en un artículo que bajo el título Toward an Ice‐Free Mountain Range: Demise of Pyrenean Glaciers During 2011–2020 se publicaba en septiembre de 2021 en la revista especializada Geophysical Research Letters. Este tipo de proceso ya se ha observado en otras cadenas montañosas del sur de Europa o en áreas tropicales como las montañas de Santa Isabel, en Colombia o las montañas de Puncak Jaya, en Indonesia, donde su desaparición es inminente.
El declive de los glaciares pirenaicos
En los Pirineos, la temperatura ha aumentado más de 1,5°C desde la Pequeña Edad de Hielo, y los datos obtenidos desde la década de 1980 muestran una disminución significativa de la profundidad de la nieve especialmente marcada en las zonas más altas de los Pirineos españoles y franceses. Esto ha provocado un marcada reducción de los glaciares de los Pirineos en las últimas décadas, que han pasado de contar con 2.060 hectáreas en el año 1850 a 810 en 1984, y a tan solo 246 en 2016, una reducción total en la masa de hielo y nieve de más del 80%. En cuanto a su número, la cordillera contaba en el año 1850 con 52 glaciares, de los cuales en la actualidad, solo sobreviven 19.
Según los investigadores, la principal pregunta que debe responderse sobre la evolución de los glaciares pirenaicos es si aún están controlados por las condiciones climáticas mostrando un encogimiento y un desgaste acelerados, o si por el contrario los cambios de los glaciares actuales obedecen a factores topográficos que podrían atenuar su respuesta al aumento de la temperatura, como que se hallen en zonas de sombra o se encuentren en zonas preferentes para la acumulación de nieve.
Sin embargo, los científicos han constatado que en los últimos años, entre 2011 y 2020, la superficie cubierta de glaciares de los Pirineos has disminuido en más de un 20% en solo 9 años, y han desaparecido 3 de ellos, siendo la tasa de pérdida de hielo similar a la observada desde la década de 1980. Los científicos concluyen que en general, el factor que sigue controlando la evolución de los glaciares de alta montaña de los Pirineos responde a las condiciones climáticas, lo que indica que los glaciares pirenaicos se encuentran en un grave desequilibrio, por lo que es muy probable que desaparezcan en las próximas décadas.
Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., las sequías constituyen un flagelo para la agricultura que produce los alimentos para la alimentación humana, cada vez son más frecuentes que los científicos han identificado un nuevo fenómeno llamado: Sequías Repentinas : ..."se han vuelto cada vez más comunes y amenazan la seguridad alimentaria mundial. Para ayudar a gestionar y prevenir de manera proactiva los efectos devastadores de la sequía repentina, proponemos un enfoque de alerta temprana de sequía repentina basado en aumentos inusualmente lentos o disminuciones inusualmente rápidas de un proxy espacial para la fotosíntesis de las plantas, la fluorescencia de clorofila inducida por la luz solar (SIF). En relación con el US Drought Monitor operativo, el enfoque basado en SIF proporciona un tiempo de anticipación de 2 semanas a 2 meses para el inicio de la sequía repentina y varias semanas para la recuperación de la sequía. Muestra un gran potencial para apoyar el desarrollo de un sistema de alerta temprana global relevante para la agricultura que ayudará a proteger la seguridad alimentaria humana, especialmente en regiones donde otros índices de sequía están limitados por la escasez de datos hidrometeorológicos...." ...siga leyendo...............
Cada año que pasa las sequías se producen con más frecuencia, severidad y de manera más súbita, lo que ha dado lugar a un nuevo fenómeno conocido como sequías repentinas. Ahora, no obstante, un equipo de científicos ha averiguado como predecirlas.
Editor y periodista especializado en ciencia y naturaleza
La sequía es un fenómeno que cada vez se produce con más frecuencia y severidad, y que tiene lugar en todas las regiones del mundo con efectos especialmente dañinos para los recursos hídricos y la agricultura.
En base a su alcance e impacto, las sequías a menudo se clasifican en 3 clases: la sequía meteorológica sería aquella en la que se produce una escasez continuada de las precipitaciones; la sequía hidrológica, sería aquella relacionada con la merma de los caudales y reservas de los volúmenes de agua embalsados por debajo de lo normal; y la sequía agrícola, en tercer lugar, podría definirse como un déficit de agua en la zona radicular de los cultivos, es decir, la parte del suelo donde estos obtienen el agua que necesitan.
Así, en el imaginario colectivo, la sequía es un proceso que resulta de todas las anomalías en la precipitación y acumulación de agua que dan lugar a una escasez prolongada del preciado líquido. Sin embargo, desde hace una década, los expertos en la materia vienen empleando un nuevo término para definir un nuevo tipo de sequía de inicio rápido y acusada intensidad causada por el aumento del calor y la disminución de las precipitaciones: la llamada sequía repentina.
La mayoría de las sequías repentinas presentan una rápida disminución de la humedad del suelo y, por lo tanto, pueden clasificarse como sequías agrícolas. Una sequía repentina típica tarda de 5 a 30 días en desarrollarse y suelen tener efectos devastadores, sobre todo para el sector agrícola. Así, debido a su inicio rápido y su acelerada intensificación a menudo toman desprevenidos tanto a los agricultores como a los autoridades encargadas de la gestión de las masas forestales, quienes en estos casos no cuentan ni con los recursos ni con el tiempo de reacción suficiente para paliar sus efectos.
Ahora, no obstante, un equipo de científicos dirigido por el investigador de la Universidad de Connecticut, Koushan Mohammadi, acaba de desarrollar un nuevo método para ayudar a gestionar y prevenir de manera proactiva los efectos devastadores de la sequía repentina. Los pormenores de su trabajo se detallan en un artículo que bajo el título Flash drought early warning based on the trajectory of solar-induced chlorophyll fluorescence se pública esta semana en la revista PNAS.
En los últimos años se han propuesto múltiples enfoques para detectar o identificar las sequías repentinas basados en una amplia variedad de variables que reflejan el estado de los recursos hídricos en la agricultura y los ecosistemas naturales, entre los que se incluyen la temperatura, la precipitación, la humedad del suelo, la evapotranspiración, el índice de vegetación o la productividad primaria bruta, entre otros. En su caso, para desarrollar una estrategia para predecir el inicio de las sequías repentinas, Mohammadi y sus colegas estudiaron la fluorescencia de clorofila inducida por la energía solar (SIF) una medida de la fotosíntesis de las plantas que varía en función de los cambios en las condiciones ambientales, como la luz solar o la disponibilidad de agua, y que actualmente se emplea para evaluar la gravedad de una sequia.
"El SIF varía según las condiciones fisiológicas y bioquímicas de la planta y responde rápidamente cuando las plantas sufren estrés por sequía, lo que lo hace muy relevante para el monitoreo de sequías repentinas" explican los autores. "Proponemos un sistema de alerta temprana de sequía repentina basado en aumentos inusualmente lentos o disminuciones inusualmente rápidas del este indicador, el cual proporciona un tiempo de anticipación de 2 semanas a 2 meses para el inicio de la sequía repentina y varias semanas para la recuperación de esta", continúan. Por tanto, este nuevo método tiene un gran potencial a la hora de desarrollar un sistema de alerta temprana global para la agricultura que ayude a proteger la seguridad alimentaria humana, especialmente en regiones donde otros índices de sequía están limitados por la escasez de datos hidrometeorológicos.
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Las sequías repentinas se han vuelto cada vez más comunes y amenazan la seguridad alimentaria mundial. Para ayudar a gestionar y prevenir de manera proactiva los efectos devastadores de la sequía repentina, proponemos un enfoque de alerta temprana de sequía repentina basado en aumentos inusualmente lentos o disminuciones inusualmente rápidas de un proxy espacial para la fotosíntesis de las plantas, la fluorescencia de clorofila inducida por la luz solar (SIF). En relación con el US Drought Monitor operativo, el enfoque basado en SIF proporciona un tiempo de anticipación de 2 semanas a 2 meses para el inicio de la sequía repentina y varias semanas para la recuperación de la sequía. Muestra un gran potencial para apoyar el desarrollo de un sistema de alerta temprana global relevante para la agricultura que ayudará a proteger la seguridad alimentaria humana, especialmente en regiones donde otros índices de sequía están limitados por la escasez de datos hidrometeorológicos.
Resumen
Las sequías repentinas a menudo tienen efectos devastadores en múltiples sectores y presentan un desafío único para la alerta temprana de sequías debido a su inicio repentino y su rápida intensificación. Los sistemas existentes de vigilancia de la sequía y alerta temprana se basan en diversas variables hidrometeorológicas que alcanzan umbrales de contenido de agua inusualmente bajo. Aquí, proponemos un enfoque de alerta temprana de sequía repentina basado en mediciones espaciales de fluorescencia de clorofila inducida por energía solar (SIF), un proxy de la fotosíntesis que captura la respuesta de la planta a múltiples factores ambientales estresantes. En lugar de anomalías negativas de SIF, nos enfocamos en la trayectoria subestacional de SIF y consideramos un aumento más lento de lo habitual o una disminución más rápida de lo habitual de SIF como una advertencia temprana del inicio de una sequía repentina. Para cuantificar la desviación de la trayectoria SIF de la norma climatológica, adoptamos fórmulas existentes para un índice de cambio rápido (RCI) y aplicamos el análisis RCI a datos SIF de 8 días reducidos espacialmente de GOME-2 durante 2007–2018. Usando dos eventos de sequía repentina bien conocidos identificados por el Monitor de sequía operativo de EE. UU. (en 2012 y 2017), mostramos que SIF RCI puede producir fuertes señales predictivas del inicio de la sequía repentina con un tiempo de anticipación de 2 semanas a 2 meses y también puede predecir recuperación de la sequía con varias semanas de anticipación. Si bien SIF RCI muestra un gran potencial de alerta temprana, su magnitud disminuye después del inicio de la sequía y, por lo tanto, no puede reflejar la intensidad de la sequía actual. Con su largo tiempo de espera y relevancia directa para la agricultura, SIF RCI puede respaldar un sistema mundial de alerta temprana para sequías repentinas y es especialmente útil en regiones con datos hidrometeorológicos escasos.
La sequía influye en todas las regiones del mundo, con efectos especialmente dañinos en los recursos hídricos y la agricultura. Con base en el alcance y el impacto, las sequías a menudo se clasifican como sequía meteorológica, sequía agrícola y sequía hidrológica; dependiendo de la severidad y duración, una sequía meteorológica puede o no conducir a una sequía hidrológica o agrícola. En la noción convencional, la sequía resulta de una acumulación gradual de anomalías negativas de precipitación que conducen a una escasez prolongada de agua. En la última década, se acuñó el término “sequía repentina” para describir las sequías con un inicio rápido y una intensificación causada por el calor, el déficit de precipitaciones o su combinación ( 1 – 7). La mayoría de las sequías repentinas presentan una rápida disminución de la humedad del suelo y, por lo tanto, pueden clasificarse como sequías agrícolas. Una sequía repentina típica tarda de 5 a 30 días en desarrollarse ( 8 ). Si bien una sequía repentina puede tener una duración corta de varias semanas a un par de meses, un evento que comienza como una sequía repentina puede continuar convirtiéndose en una sequía convencional de mayor duración. Un ejemplo de ello es la sequía de 2012 en los Estados Unidos, que ha sido el foco de muchos estudios anteriores. El rápido inicio y la intensificación de las sequías repentinas a menudo toman a las partes interesadas (p. ej., agricultores y guardabosques) con la guardia baja, sin dejar tiempo ni recursos para la planificación y la adaptación ( 4 - 9 ). El “flashness” presenta desafíos únicos para el monitoreo de sequías y la alerta temprana.
Se han propuesto múltiples enfoques para detectar o identificar sequías repentinas, basados en una amplia variedad de variables que reflejan el estado de los recursos hídricos, la agricultura y los ecosistemas naturales, incluida la temperatura, la precipitación, la humedad del suelo, la evapotranspiración (ET), la ET potencial, la presión de vapor (VPD), índice de vegetación y productividad primaria bruta (GPP). Por ejemplo, Mo y Lettenmaier ( 1 , 2 , 10 ) utilizaron diferentes combinaciones de alta temperatura, baja precipitación, baja humedad del suelo y ET alta o baja para identificar sequías repentinas, dependiendo de si un evento fue inducido por calor o por falta de agua. de precipitación Otkin et al. ( 3 , 11) utilizaron el índice de estrés por evaporación (ESI, definido como las anomalías estandarizadas de la relación ET real a potencial) ( 12 ) como indicador de la humedad del suelo y propusieron el índice de cambio rápido (RCI) de ESI como una métrica de la intensificación rápida de la sequía, y mostró que el ESI RCI podía detectar el inicio de una sequía repentina 4 semanas antes que el Monitor de Sequía de los Estados Unidos (USDM) operativo. En su estudio ( 3 ), el RCI se definió como el exceso acumulado de la anomalía estandarizada de los cambios semanales del ESI por encima de un determinado umbral, y un valor negativo del RCI indicaba una disminución inusualmente rápida de la humedad del suelo durante varias semanas. Hobbins et al. ( 13) propusieron el Índice de Sequía de la Demanda Evaporativa (EDDI), derivado de una estimación basada físicamente de la demanda evaporativa atmosférica. Tanto ESI como EDDI pueden servir como alerta temprana de sequía en relación con la detección de sequía mediante otros indicadores, como el USDM operativo ( 14 , 15 ).
Los ecosistemas agrícolas y de pastizales se encuentran entre los más vulnerables a las sequías repentinas. Las respuestas de la vegetación capturadas por datos satelitales, como el Índice de vegetación de diferencia normalizada (NDVI), el Índice de vegetación mejorado (EVI) y la fluorescencia de clorofila inducida por la luz solar (SIF), por lo tanto, pueden proporcionar información útil a gran escala sobre el desarrollo y el impacto de las sequías repentinas. NDVI y EVI son más indicativos del verdor de la vegetación, que responde al estrés hídrico durante un período prolongado y con retraso. Sin embargo, SIF varía según las condiciones fisiológicas y bioquímicas de la planta y responde rápidamente cuando las plantas sufren estrés por sequía ( 16 - 19 ), lo que lo hace muy relevante para el monitoreo de sequías repentinas. Se encontró que el SIF disminuía durante los episodios de sequía incluso cuando el NDVI permanecía constante ( 20) y mostró una clara relación lineal con la fotosíntesis o GPP en las escalas de tiempo subestacionales a anuales, especialmente en ecosistemas de cultivos y pastos ( 21 - 27 ). sol et al. ( 28 ) demostraron que el SIF satelital capturó con éxito el patrón espaciotemporal del desarrollo y la gravedad de la sequía de 2011 en Texas y la sequía de 2012 en las Grandes Llanuras, mostrando una fuerte correlación con la humedad del suelo. Del mismo modo, Chen et al. ( 29) encontró que SIF espacial caracterizó con éxito la magnitud y la variación espaciotemporal de las anomalías de GPP inducidas por la sequía de 2009-2010 en China, y funcionó mejor que el EVI basado en el verdor como un monitor de sequía de vegetación en tiempo real a gran escala. Aunque el SIF o las anomalías del SIF, tal como se utilizan en estos estudios, pueden funcionar bien como monitores de sequía, no pueden proporcionar suficiente tiempo de anticipación para servir como alerta temprana de sequía. A medida que el calentamiento global hace que las sequías sean más frecuentes, más intensas o que se intensifiquen más rápidamente ( 30 – 32), la alerta temprana de sequía es cada vez más importante para la seguridad alimentaria regional y mundial. De particular interés es la alerta temprana para sequías que ocurren en etapas críticas del desarrollo del cultivo, por ejemplo, en la etapa de emergencia o durante la etapa reproductiva temprana cuando los cultivos son más vulnerables al estrés ambiental ( 33 , 34 ).
En la etapa temprana del desarrollo de la sequía repentina, los efectos colectivos del agotamiento de la humedad del suelo, el aumento de la demanda de evaporación y, a veces, el estrés por calor influyen en la trayectoria de la fotosíntesis, lo que puede causar un aumento más lento de lo habitual o una disminución más rápida de lo habitual de GPP. y SIF, según el momento del desarrollo de la sequía en relación con la temporada de crecimiento. Estas respuestas de trayectoria preceden y finalmente conducen a anomalías SIF negativas. Por lo tanto, planteamos la hipótesis de que una tasa inusual de cambio subestacional en SIF proporciona una advertencia temprana de sequía repentina. Para probar la hipótesis, cuantificamos la dinámica temporal de SIF antes y durante las sequías repentinas de 2012 y 2017 en los Estados Unidos utilizando las ecuaciones RCI de Otkin et al. ( 3 ) (ver Materiales y Métodos) y evaluar el potencial de alerta temprana del SIF RCI comparándolo con el USDM operativo. Estas dos sequías se eligieron como estudios de caso porque se han identificado comúnmente como sequías repentinas, y la descripción detallada del desarrollo de la sequía está disponible en el USDM operativo ( Apéndice SI , Figs. S1 y S2 ) y de otros estudios para facilitar la comparación de nuestros resultados . con métricas de sequía existentes ( 3 , 15 ). Si bien nuestros análisis se centran principalmente en los datos SIF GOME-2 de 8 d reducidos ( 35 - 37), también aplicamos el algoritmo RCI a los datos GPP y ET compuestos de 8 días llenos de espacios de MODIS/Terra para comparar, ya que ambos están estrechamente relacionados con la fotosíntesis de la planta a nivel de proceso. Además, también examinamos el desarrollo y la intensidad de las sequías repentinas desde una perspectiva hidrometeorológica basada en la precipitación, la temperatura, el déficit de presión de vapor y los datos combinados de sequía a corto plazo de GridMET ( 38 ).
Resultados
Sequía repentina en 2012.
En 2012, una sequía anormal migró a través de diferentes regiones de los Estados Unidos, con señales de sequía severas a extremas sobre las Grandes Llanuras y el Medio Oeste a partir de julio y agosto; la sequía se intensificó rápidamente entre el 17 y el 31 de julio sobre el centro de los Estados Unidos, se expandió en cobertura espacial en agosto y persistió hasta el final del año ( Apéndice SI , Fig. S1 ). Figura 1presenta los patrones espaciotemporales de RCI para el SIF compuesto de 8 días durante los eventos de intensificación rápida en 2012. Antes de la sequía en la región del Medio Oeste y las Grandes Llanuras, se encontraron grandes valores positivos de SIF RCI en marzo y principios de abril, lo que refleja un efecto no estacional. inicio rápido del crecimiento de la vegetación a principios de la primavera. Sin embargo, en mayo, el SIF RCI hizo la transición a grandes valores negativos. Las señales negativas de RCI reflejan una disminución inusualmente rápida en SIF o, en este caso, un aumento inusualmente lento (o incluso una disminución) en un momento en que se espera que SIF aumente ( Fig. 2 ). ..................... siga leyendo....................... https://www.pnas.org/doi/full/10.1073/pnas.2202767119
Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la rivalidad entre las potencias hegemónicas Los Estados Unidos, Rusia y China, quienes están armados hasta los dientes con armas nucleares, hacen prever que en un futuro cercano podría estallar un conflicto bélico entre ellas que podría terminar en un ataque y respuesta nuclear, quienes con tan sólo usasen el 1% de su potencial, ocasionaría una hambruna que con impacto a nivel global que duraría unos 15 años con consecuencias catastróficas..... " No sabemos si nos encontraremos con este escenario climático tras la guerra, pero es una consecuencia esperable de un cisma entre Occidente y Oriente. En estas circunstancias, nos encontraríamos con una intensificación del cambio climático. A día de hoy, con los acuerdos que están aprobados, la temperatura global a nivel medio aumentaría 2,7 ℃ a final de siglo. Bajo el escenario de nacionalismo resurgente, la temperatura aumentaría hasta los 4 ℃. Estamos hablando de la temperatura media global. Esto quiere decir que en algunas zonas el calentamiento podría llegar a ser de 7 ℃..." ..siga leyendo...................
En un mundo dividido, la degradación ambiental parece cobrar poca importancia si el uso del armamento nuclear está encima de la mesa. En un conflicto regional nuclear donde se usase únicamente un 1% se desencadenaría una hambruna con impactos a nivel global que duraría unos 15 años. En uno a escala global, las consecuencias serían catastróficas.
Imágenes aéreas de la explosión de dos bombas atómicas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki lanzadas por Estados Unidos el 6 y el 9 de agosto de 1945 respectivamente.
La guerra en Ucrania se está recrudeciendo. El presidente de EE. UU. Joe Biden advertía hace meses que involucrar a la OTAN en la guerra implicaría la tercera guerra mundial y hace poco Putin avisaba de que tenía las cabezas nucleares preparadas.
¿Qué podemos esperar a partir de ahora si el conflicto parece estar enquistándose y la guerra nuclear vuelve a estar sobre la mesa? La ciencia tiene muy claras las consecuencias de una escalada bélica sobre el clima y sobre la escasez de alimentos.
Los modelos climáticos nos permiten simular las repercusiones de la guerra sobre la producción agrícola, ganadera y piscícola. A continuación repasamos algunos de los diferentes escenarios posibles que nos puede dejar un enfrentamiento bélico: desde un invierno nuclear hasta un escenario de creciente rivalidad entre países.
Décadas después del fin de la Guerra Fría, el debate de las armas nucleares vuelve a estar sobre la mesa. En realidad, es un debate que nunca se fue. La carrera armamentística entre India y Pakistán, por ejemplo, puede tener consecuencias globales aunque se trate de una guerra local.
Bajo un escenario de guerra nuclear entre estos dos países, donde solo se usaría el 1% del arsenal nuclear mundial, se emitirían 5 millones de toneladas de hollín a la estratosfera. Esto es, los penachos de las bombas inyectarían a las capas altas de la atmósfera una cantidad ingente de aerosoles que bloquearían la radiación solar.
La radiación solar chocaría contra estos aerosoles y sería reflejada. Como consecuencia, la temperatura global disminuiría 1,8 ℃. El consiguiente oscurecimiento y enfriamiento afectaría a la producción mundial de maíz y trigo, que disminuiría un 13% globalmente.
Esta disminución no afectaría a todo el mundo por igual, sino que la zona templada del hemisferio norte, que incluye a Europa, Estados Unidos y China, sería la más afectada. La producción agrícola disminuiría entre un 20 y un 50% en estos países.
Se desencadenaría, por tanto, una hambruna con impactos a nivel global que duraría unos 15 años. Pasado este tiempo, volveríamos al escenario de cambio climático actual.
En un conflicto regional nuclear donde se usase únicamente un 1% se desencadenaría una hambruna con impactos a nivel global que duraría unos 15 años
Guerra mundial nuclear
Un conflicto nuclear a gran escala entre los Estados Unidos y Rusia en el que se empleasen 4.400 bombas de 100 kt (kilotones, equivalentes a miles de toneladas de TNT) inyectaría a la estratosfera 150 millones de toneladas de aerosoles. Esto disminuiría la radiación solar y la temperatura del mar bajaría 6,4 ℃. Estamos hablando de un escenario en el que solo se usaría en torno a la mitad del arsenal atómico actual.
A nivel global, dos años después de la guerra, la producción de alimentos disminuiría en un 80%. Dichas reducciones serían también más acusadas en la zona templada del hemisferio norte, donde llegarían al 99%.
De forma directa, fallecerían 770 millones de personas tras las bombas (muchas de ellas serían vaporizadas). Los supervivientes se enfrentarían a un invierno nuclear. En la zona templada, tendríamos menos del 1% de los alimentos que actualmente se producen.
Cabe destacar que, probablemente, la especie humana sobreviviría a semejante escenario nuclear. No se trata de un cataclismo comparable, por ejemplo, al causado por el meteorito de Chicxulub, que acabó con los dinosaurios a finales del cretácico. En ese caso, se emitieron más de 1.500 millones de toneladas de hollín.
El escenario de guerra nuclear es sin duda un escenario extremo y se debe evitar a toda costa. Lo que ya está pasando a día de hoy es que el mundo occidental está tratando de aislar económicamente a Rusia, y no sabemos todavía cómo reaccionarán las otras potencias mundiales. Cabe esperar que disminuya la cooperación internacional y que se produzca un aumento en la rivalidad entre regiones.
No solo las políticas de Putin, sino que muchos de los líderes regionales o nacionales actuales o recientes se encuadran dentro del escenario que el IPCC califica como SSP3. Se trata de un escenario donde, en palabras de sus creadores, se produce un “nacionalismo resurgente”.
En este escenario, las grandes potencias se centran principalmente en sus necesidades domésticas de seguridad alimentaria a corto plazo y en la seguridad nacional. Se abandonan los pactos climáticos actuales, junto con las mejoras tecnológicas y de educación. La degradación ambiental cobra poca importancia en un mundo dividido.
No sabemos si nos encontraremos con este escenario climático tras la guerra, pero es una consecuencia esperable de un cisma entre Occidente y Oriente. En estas circunstancias, nos encontraríamos con una intensificación del cambio climático. A día de hoy, con los acuerdos que están aprobados, la temperatura global a nivel medio aumentaría 2,7 ℃ a final de siglo. Bajo el escenario de nacionalismo resurgente, la temperatura aumentaría hasta los 4 ℃. Estamos hablando de la temperatura media global. Esto quiere decir que en algunas zonas el calentamiento podría llegar a ser de 7 ℃.
Las simulaciones climáticas nos enseñan que el precio de una escalada nuclear o el de un resurgimiento nacionalista es la seguridad alimentaria (aunque en grados diferentes, obviamente). Una escalada bélica no solo no salvaría a nuestros vecinos de Ucrania, sino que además comprometería la disponibilidad de alimentos en otras partes del mundo. Debemos por tanto disminuir, y no aumentar, el número de países que participan en esta guerra.
*Víctor Resco de Dios es profesor de Incendios Forestales y Cambio Global en PVCF-Agrotecnio, Universitat de Lleida. Este artículo se publicó originalmente en The Conversation y se publica aquí bajo una licencia de Creative Commons.
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