Blog dedicado a cuentos, notas de interés, actividades políticas , sociales, historia, artes culinarias, fiestas patronales, astronomía, ciencia ficción, temas del Medio Ambiente ,y del acontecer Peruano y Mundial desde otro punto de vista muy personal y diferente!!!!!
********** Blog Fundado el 03 de Enero del 2008 **********
Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., a Revista National Geographic, nos entrega un reportaje, sobre los sobrevivientes de las explosiones atómicas en Hiroshima y Nagasaki, a quienes se les conocía como: "Hibakusha", que siendo naturales de esas ciudades sufrieron una cruel discriminación por temores infundados que ellos transmitían enfermedades contagiosas, su marginación fue tal que no podía contraer matrimonio, y lo que es, peor eran despedidos de sus centros de trabajo por temor al contagio de enfermedades.... siga leyendo.............
Una columna de 6 kilómetros de altura se eleva desde la zona cero sobre las ruinas de la ciudad de Hiroshima. La fotografía fue tomada por George Caron, artillero de cola del Enola Gay a quien le dieron una cámara en el último momento y la cual disparó a través de la ventana de plexiglás de su puesto de combate.
Foto: AP / US Air Force
Hiroshima, totalmente destruida por la bomba atómica arrojada por Los Estados Unidos el 06 de agosto de 1,945.
En esta foto proporcionada por el Cuerpo de Ingenieros de EE.UU., se pueden contemplar las heridas de una de las víctimas de la primera bomba atómica. La fotografía fue tomada en el departamento de Ujina, en el primer hospital provisional del ejército japones en Hiroshima. Los rayos térmicos emitidos por la explosión quemaron el patrón del kimono de esta mujer, los cuales quedaron grabados sobre su espalda.
Foto: AP/ U.S. Army Corps
Nagasaki, la segunda bomba
Una columna de humo ondulante en forma de seta se eleva a kilómetros de altura sobre la ciudad japonesa de Nagasaki. Fat man fue lanzada 3 días después del ataque sobre Hiroshima, acabando instantáneamente con la vida de 70.000 personas. Otros miles morirían después a consecuencia de la radiación.
Foto: AP
Para quienes sobrevivieron a las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, su tragedia no terminó con la guerra: la sociedad creía que las enfermedades debidas a la radiación eran contagiosas y durante décadas tuvieron que ocultar su pasado.
Periodista especializado en historia, paleontología y mascotas
Cuando el 6 de agosto de 1945 la primera bomba atómica arrasó Hiroshima y, tres días después, otra devastó Nagasaki, decenas de miles de personas murieron al instante. Pero hubo quienes sobrevivieron a la onda expansiva y a las posteriores secuelas inmediatas. A estos se les llamó hibakusha, “supervivientes de la explosión”. Sin embargo, la posguerra les reservaba una carga adicional, invisible pero demoledora, de estigma y marginación.
Los hibakusha, además de arrastrar secuelas físicas y psicológicas, se encontraron con un estigma que afectaba a todos los ámbitos de su vida. La ignorancia sobre los efectos de la radiación alimentó mitos persistentes: se les consideraba enfermos crónicos, incapaces de trabajar normalmente, y se creía que podían transmitir enfermedades a sus descendientes. Estas creencias, aunque científicamente infundadas, se reforzaban con el temor a lo desconocido y el silencio institucional de la posguerra.
Una marginación que duró décadas
En los primeros días tras el desastre, los hibakusha fueron vistos con una mezcla de compasión y miedo. Pero en los años que siguieron, esa compasión inicial se fue diluyendo, dejando paso a una marginación estructural. La gente común no entendía qué era la radiación, y pronto corrió el rumor de que los supervivientes podían contagiar enfermedades o que sus hijos nacerían con malformaciones.
En el mundo laboral, ser identificado como hibakusha podía significar la pérdida inmediata de un empleo o la imposibilidad de ser contratado, sobre todo en poblaciones pequeñas donde todo el mundo se conocía. Y en lo personal, las dificultades para contraer matrimonio eran frecuentes: muchas familias rechazaban la idea de que uno de sus miembros se casara con un superviviente por miedo a “contaminar” la línea familiar.
Estos prejuicios, aunque sin base científica sólida, se extendieron rápidamente y el silencio forzado se impuso. Ante este panorama, ocultar el pasado se convirtió en un mecanismo de supervivencia social: muchos hibakusha ocultaban su condición para evitar perder un empleo o ver rechazada una propuesta de matrimonio, y no pocos cambiaban de ciudad o mentían sobre su lugar de nacimiento para borrar cualquier vínculo con Hiroshima o Nagasaki.
Esta discriminación velada se mantuvo durante décadas y no empezó a remitir hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX, cuando los hibakusha comenzaron a organizarse, compartir sus testimonios y exigir reconocimiento y apoyo del gobierno japonés. Sin embargo, el daño social ya estaba hecho: muchos habían pasado la mayor parte de su vida escondiendo su pasado y soportando en silencio y sin ayudas el peso de una tragedia que el resto del país prefería no mirar de frente.
El rechazo se sumaba a problemas de salud muy reales. La exposición a la radiación provocó leucemias, cánceres y un sinfín de dolencias crónicas. La incertidumbre sobre su futuro médico hacía que las compañías aseguradoras, e incluso las administraciones, los discriminaran. Fue solo con el paso de los años y gracias a la presión de organizaciones de supervivientes que se aprobaron leyes para ofrecerles atención médica gratuita y reconocimiento oficial como víctimas de guerra.
Paradójicamente, los hibakusha también fueron testigos involuntarios de una carrera armamentística que crecía en nombre de la “seguridad” mundial. Muchos se convirtieron en activistas por la paz y el desarme nuclear, llevando su testimonio a foros internacionales. Su voz tenía un peso único: no hablaban desde la teoría ni desde la política, sino desde la experiencia directa de lo que significa que una ciudad entera se convierta en cenizas en cuestión de segundos.
Hoy, el término hibakusha ha dado un giro considerable: ahora es símbolo de una memoria histórica que se desvanece a medida que los supervivientes van muriendo, y una advertencia global sobre los peligros de la carrera armamentística. Aunque la discriminación social ha disminuido con el tiempo, el trauma físico y emocional sigue marcando sus vidas. Y su mensaje, repetido incansablemente en cada aniversario de Hiroshima y Nagasaki, permanece claro: que nadie más tenga que vivir para contarlo.
Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la legendaria y muy próxima China, fue gobernada por muchas dinastías imperiales, destaca una de ellas con la última emperatriz llamada Cixi, que perteneció a los Manchúes, siendo su Dinastía Qing. Cixi, adoptó este nombre (que significa «bondadosa y alegre») en sustitución del suyo original, Yi.
Su ascenso al poder lo hizo mediante un golpe de estado.."Cixí había llegado a la Ciudad Prohibida de Pekín como concubina del emperador Xianfeng, de quien se convirtió en esposa tras tener un hijo suyo. Cuando el pequeño, con cinco años, sucedió al soberano a su muerte, en 1861, Cixí comenzó su ascenso al poder: orquestó un golpe de Estado, apartó a los regentes elegidos por su marido y se convirtió en la gobernante en la sombra como regente del joven Tongzhi y, a la muerte de éste, en 1875, como regente del nuevo emperador Guangxu, entonces de tres años, sobrino suyo y al que adoptó. ..".... siga leyendo.............
El lema de esta dirigente fue zi-qiang, "hacer fuerte a China". De hecho, para conseguirlo, no dudó en enfrentarse a Japón, a Occidente y a su hijo el emperador Guangxu, de quien hizo un prisionero en palacio.
Cixí había llegado a la Ciudad Prohibida de Pekín como concubina del emperador Xianfeng, de quien se convirtió en esposa tras tener un hijo suyo. Cuando el pequeño, con cinco años, sucedió al soberano a su muerte, en 1861, Cixí comenzó su ascenso al poder: orquestó un golpe de Estado, apartó a los regentes elegidos por su marido y se convirtió en la gobernante en la sombra como regente del joven Tongzhi y, a la muerte de éste, en 1875, como regente del nuevo emperador Guangxu, entonces de tres años, sobrino suyo y al que adoptó. Los soberanos pertenecían a la élite de los manchúes, el pueblo que había conquistado China en el siglo XVII y sometido a la etnia mayoritaria de los han. Cixí –a quien le encantaba la fotografía– luce en esta imagen el peinado y los largos y enjoyados protectores de uñas de las damas manchúes, mientras hace ademán de colocarse una flor en el pelo. Al fondo vemos las manzanas procedentes de sus huertas, cuya sutil fragancia apreciaba.
Aliados en el golpe
El emperador Xianfeng había muerto en la frontera de Mongolia, adonde se había retirado con la corte tras el ataque a Pekín de franceses y británicos durante la segunda guerra del opio. Cixí ejecutó su golpe de Estado ante el negro panorama que se abría ante China y ante su hijo, con un consejo de regencia formado por los nobles tradicionalistas que habían aconsejado la fatal guerra con Occidente y un país devastado por la contienda y por la cruenta rebelión campesina de los Taiping, que controlaban un tercio del país. Fue entonces cuando la concubina Yi (“ejemplar”), pues así era llamada en la corte, decidió coger el timón del país y preparó el golpe junto con Zhen, la consorte principal del difunto emperador (y como tal, madre oficial de Tongzhi). Para su ejecución recabaron la ayuda de dos hermanos del emperador: el príncipe Gong, partidario de contemporizar con Occidente, y el príncipe Chun, al que Cixí había casado con su hermana menor. Si hubieran fracasado, todos se enfrentaban, como traidores, a la pena capital que llevaba el explícito nombre de “muerte de los mil cortes”. En la imagen, la emperatriz Zhen, fallecida en 1908.
Gobernar detrás de un biombo
Al convertirse en regente de su hijo, Cixí adoptó este nombre (que significa «bondadosa y alegre») en sustitución del suyo original, Yi. Que la antigua concubina lograra mantener en sus manos los hilos del poder casi cincuenta años fue un éxito impresionante, visto el limitado papel que el rígido protocolo de la corte asignaba a la mujer. Por ejemplo, debía presidir las audiencias tras un biombo de seda emplazado detrás del trono, pues los ministros no debían verla, y jamás pudo pisar la parte delantera de la Ciudad Prohibida, reservada al emperador. Por ello necesitó hombres fieles que aplicasen sus decisiones (como el príncipe Gong, hermanastro de Xianfeng, que estuvo al frente del Gran Consejo imperial), y siempre tuvo que ejercer el poder como regente, debiendo retirarse formalmente cuando un emperador llegaba a la mayoría de edad. Aquí aparece rodeada de sus eunucos, ataviados con túnicas bordadas con el dragón imperial, que la transportan a una audiencia matutina.
Eunucos, los sirvientes del trono
La vida en la Ciudad Prohibida no se concebía sin los eunucos, fieles sirvientes del soberano; la imposibilidad de engendrar hijos hacía que supusieran un peligro menor que los nobles ansiosos por reunir un patrimonio que legar a sus descendientes. Pero su vida no era feliz. La mayoría de los hombres sentía una repugnancia visceral hacia los eunucos, que eran despreciados por haber perdido su virilidad, y la gente del común se reía de ellos por uno de los problemas más frecuentes que provocaba la castración: la incontinencia, que se agravaba con la edad y que los obligaba a llevar pañales. En 1869, el sector más tradicionalista de la corte asestó un duro golpe a la reformista Cixí cuando, se ordenó la ejecución del eunuco An Dehai, por quien la emperatriz sentía un afecto insólito (¿quizás amor?). Los eunucos no podían salir de la Ciudad Prohibida bajo pena de muerte, y Cixí había enviado a An a Souzhou, a comprar seda para la boda de su hijo Tongzhi. En la imagen, el eunuco que fue copero de Cixí, fotografiado en 1931.
La odisea del ferrocarril
Cixí acometería numerosas reformas en China –desde la occidentalización de los estudios superiores hasta el impulso a la economía– para modernizar el país y ponerlo a la altura de otras potencias. El ferrocarril era un sector decisivo para el desarrollo económico, pero su expansión no fue fácil. El principal obstáculo que la construcción de ferrocarriles halló en China fue el temor a que su humo y sus ruidos perturbasen a los difuntos que descansaban en las tumbas ancestrales privadas, cementerios en los que generaciones de chinos creían que fallecer se encontrarían con sus familiares fallecidos, y el miedo a que el tendido de las vías destruyera esas sepulturas, convirtiendo a los muertos en fantasmas errantes. Cixí se decidió a probar el tren, y en 1888 compró a una empresa francesa un convoy con seis lujosos vagones y 3,5 km de vías que se instalaron en el Palacio del Mar –su imponente residencia oficial junto a la Ciudad Prohibida– siguiendo las reglas del feng-shui (que también regían la construcción de las tumbas o de las viviendas). Pero la experiencia no complació a la emperatriz. Tras oír el ruido que hacía la locomotora y ver el humo que arrojaba, mandó guardar el tren en un almacén, de donde mandaba sacarlo ocasionalmente para mostrarlo a visitantes de importancia, pero movido por eunucos mediante cuerdas de seda trenzada. Sin embargo, en 1889 publicó un decreto que abría las puertas al ferrocarril con el tendido de la línea entre Pekín y el puerto de Wuhan -que después se prolongó hasta Cantón y que sigue siendo básica para la economía china-. La convenció la idea de que promovería la economía de las provincias del interior al conectarlas con la costa, favoreciendo las exportaciones. En la imagen, la estación de Pekín en 1933.
La pasión imperial: el Nuevo Palacio de Verano
Una de las decisiones de Cixí que le valieron la condena de la posteridad por la forma en que la ejecutó fue la de reconstruir el Antiguo Palacio de Verano, una maravilla incendiada por las tropas británicas y francesas en 1860, durante la segunda guerra del opio. Esta pretensión era rechazada porque la emperatriz viuda ya disponía del Palacio del Mar y por el enorme coste de las obras. Cixí garantizó que no se destinarían recursos públicos a los trabajos en el nuevo e inmenso recinto: el Nuevo Palacio de Verano, cuyo nombre era en realidad Yi-he-yuan, Jardín de la Salud y la Armonía. Pero sí empleó caudales públicos: los sustrajo del presupuesto de la Armada china, aunque no fueron las decenas de millones que según se dijo habían impedido modernizar la flota y provocado su derrota ante los japoneses en la guerra de 1894-1895. La cantidad que Cixí desvió quizá fue de unos tres millones de taeles, un montante inferior a los gastos que comportó la boda del emperador Guangxu con su esposa Longyu, cifrados en 5,5 millones de taeles y que no suscitaron ninguna oposición. Las obras del nuevo recinto, que eran la pasión de Cixí, continuaron a pesar del gran incendio que sufrió la Ciudad Prohibida en 1889, poco antes de la boda de Guangxu; en aquel desastre la emperatriz creyó ver un castigo del Cielo por su delito y paralizó temporalmente las obras, pero no tardó en reanudarlas. La fotografía muestra el Palacio de Mármol, un espléndido pabellón en la orilla del lago Kunming, junto al cual se levantó el conjunto de edificios palaciegos; la estructura de dos plantas no es de piedra, sino de madera pintada a imitación del mármol.
Pionera de la electricidad
Las únicas luces eléctricas que hubo en China hasta 1888 fueron las que había en los cinco puertos que el país tuvo que abrir a los occidentales en virtud del tratado de Nankín, al término de la primera guerra del opio: Cantón, Amoy, Fuzhou, Ningbo y Shanghái, del que la fotografía muestra el recinto de las legaciones extranjeras. Fue Cixí quien inauguró el camino de la electrificación de China cuando en 1888 decidió instalar luces eléctricas en el Palacio del Mar, para lo que se trajeron ordenadores de Dinamarca; fueron las primeras que se encendieron fuera de los puertos del Tratado. La actitud de la emperatriz fomentó la adopción de la electricidad; no tardaron en fundarse nuevas compañías eléctricas, y en 1889 se inauguró el primer tranvía eléctrico de Pekín.
Intrigas mortales en palacio
En 1889, con la mayoría de edad de Guangxu, acabó la regencia de Cixí, que dejó la Ciudad Prohibida y se trasladó al palacio del Mar, contiguo a aquella. Aquí aparece entre las flores de loto del lago del palacio, en una barca, sentada y rodeada de sus eunucos y damas de compañía (todos de pie, como exigía el protocolo). Pero la influencia del tradicionalista tutor de Guangxu, Weng Tonghe, propició el abandono del programa de modernización económica y militar al estilo de Occidente emprendido por Cixí, y Japón derrotó a China en 1895. La catástrofe favoreció el regreso al poder de Cixí, que mantuvo prisionero a Guangxu en el Nuevo Palacio de Verano desde 1898, después de que Kang Youwei, un pensador chino que había adquirido un gran ascendiente sobre el emperador, planeara asesinarla con ayuda de Japón, proyecto que Guangxu conocía. Kang y Guangxu quedaron como reformadores víctimas de una despótica Cixí, que ocultó lo sucedido para no comprometer la dinastía.
La rebelión de los bóxers
Poco después de que Cixí recuperase el poder, las agresiones de los militares alemanes en Shandong provocaron la oposición de los habitantes de aquella región, en especial de la Sociedad de los Puños Justos y Armoniosos, los Yi-he-quan, a quienes los ingleses llamaron bóxers (“boxeadores”) por practicar las artes marciales. Los bóxers consiguieron cientos de miles de seguidores y protagonizaron una cruenta rebelión nacionalista y anticristiana. Cixí rechazó someterse al dictado de las potencias para reprimirla, y la emperatriz –con una Armada destruida en la guerra contra Japón y un ejército se estaba modernizando pero era débil– decidió confiar en los bóxers como fuerza de choque para enfrentarse a las tropas extranjeras. En junio de 1900, los bóxers cercaron el barrio de las embajadas extranjeras de Pekín; la fotografía muestra una manifestación en esta ciudad pidiendo la muerte de los “demonios extranjeros”.
Magia contra ametralladoras
Cuando el 20 de junio unos soldados chinos mataron al embajador alemán en Pekín el conflicto se hizo inevitable, y el día 21 Cixí declaró la guerra a ocho países: Reino Unido, Rusia, Japón, Francia, Alemania, Estados Unidos, Austria-Hungría e Italia. Los soldados y los bóxers combatieron con enorme valor, pero fueron derrotados. Los bóxers practicaban rituales mágicos que, según creían, los hacían invulnerables a las balas. Uno de sus adversarios escribió: “Venían despacio, gritando, con las espadas y las picas relucientes al sol, para caer derribados, filas enteras de una vez, por el fuego de los fusiles y las ametralladoras”. En la fotografía, bóxers marchando por una calle de Tientsin.
Tácticas ambiguas
Uno de los episodios más mitificados de esta contienda en el mundo occidental fue el asedio de 55 días al barrio de las embajadas de Pekín por parte del ejército chino y los bóxers, del 20 de junio al 14 de agosto. En realidad, si las decenas de miles de combatientes chinos no penetraron en el barrio de las legaciones no fue porque no pudieran, sino porque desde palacio se les contuvo. La falta de puntería de la artillería china no se debía a la impericia de sus servidores, sino que era provocada, y Cixí ordenó que se hicieran llegar alimentos a los sitiados. Murieron 68 occidentales y 159 fueron heridos; del otro lado, perecieron miles de bóxers. Las ambiguas estrategias de Cixí respecto a éstos enviaron a muchos a una muerte segura, y garantizaron la supervivencia de la mayoría de extranjeros atrapados en China. Cixí huyó de Pekín el 15 de agosto. Había sobreestimado las capacidades de los bóxers, que sufrieron una brutal represión. Las imágenes corresponden a la exhibición de cabezas de bóxers ejecutados.
La abolición de una tortura
Cixí, que había abandonado Pekín cuando las tropas enemigas entraban en la ciudad, volvió a la capital en enero de 1902, dispuesta a seguir con su política de reformas. Uno de los primeros edictos que promulgó a su vuelta fue el que prohibía vendar los pies de las mujeres desde la niñez, una costumbre terrible que aumentaba el atractivo de una mujer a ojos de los hombres pero que deformaba las extremidades, como muestra esta fotografía tomada hacia 1900, y provocaba dolores atroces.
El asesinato de Guangxu
Habiendo asumido de nuevo el poder, Cixí impulsó reformas que igualasen el país con Occidente, incluida la transformación de China en una monarquía constitucional y el derecho al voto, pero la muerte le impidió culminar esta serie de cambios decisivos. El 3 de noviembre de 1908 celebró su 73 cumpleaños, pero sentía que su fin estaba próximo. Decidió envenenar a Guangxu, que seguía siendo su prisionero de hecho y estaba muy enfermo; Cixí temía que se repusiera y llegase al trono, convirtiendo a China en una presa fácil de Japón. El emperador, del que aquí vemos una fotografía tomada hacia 1890, falleció a las seis y media de la tarde del 14 de noviembre; murió en una cama sin adornos ni cortina que la rodeara, “como una persona común y corriente”, observó uno de los médicos. Un examen forense de sus restos en 2008 halló grandes cantidades de arsénico, seguramente en los platos que Cixí le enviaba siempre como muestra de amor de madre. Su esposa, Longyu –que le había sido impuesta por Cixí y a la que nunca había amado–, lo acompañó en sus últimos momentos; ambos se abrazaron a la vista de todos, algo que pocas veces habían hecho en veinte años de matrimonio. Tras morir su esposo, Longyu lo vistió y quiso coger una perla de la corona del emperador para ponérsela en la boca, como exigía el ritual, pero un eunuco se lo impidió porque no tenía permiso de Cixí para ello. Entonces Longyu se quitó una perla de su propia corona para ponérsela sobre la lengua.
Puyi, el heredero
La emperatriz falleció poco antes de las dos del mediodía del 15 de noviembre. Antes de morir convirtió a su sobrino nieto Puyi, de dos años, en el siguiente emperador. En esta imagen, Puyi aparece de pie, junto a su padre Zaifeng, a quien Cixí nombró regente.
Longyu, la elegida
También antes de morir, Cixí confirió el título de emperatriz viuda a Longyu, que en esta fotografía es la segunda por la derecha; Cixí está en el centro, con una capa. El último decreto que dictó en las tres horas previas a su fallecimiento decía que “en el futuro, los asuntos de Estado los decidirá el regente Zaifeng. Sin embargo, si se encuentra con materias de excepcional importancia, deberá obedecer a la emperatriz viuda”. Esto suponía que la suerte final del Imperio caería sobre los frágiles hombros de la retraída, triste y encorvada Longyu, que amortajó a Cixí. ¿Por qué Cixí tomó esa decisión? La última biógrafa de la emperatriz, Jung Chan, afirma que lo hizo porque Cixí temía que las revueltas asediaran a la monarquía y que los nobles manchúes decidieran resistir costase lo que costase, pero sabía que Longyu no actuaría así: se rendiría para asegurar su supervivencia y la de la minoría manchú. Era una mujer y, a diferencia de los hombres, no tenía que luchar hasta el fin por el honor ni para demostrar su valentía. Así sucedió en 1911, cuando estallaron las revueltas en favor de la república. El 6 de diciembre, Zaifeng dimitió de regente y remitió todas sus decisiones a la emperatriz. Ésta, tras reunir a los nobles, declaró entre lágrimas que estaba dispuesta a asumir la responsabilidad de poner fin a la dinastía con la abdicación de Puyi, que tenía cinco años, y el 12 de febrero de 1912 puso su nombre en el Decreto de Abdicación que acabó con la gran dinastía Qing tras 268 años en el poder, y con más de dos mil años de monarquía absoluta en China: “En nombre del emperador, transfiero el derecho a gobernar todo el país, que a partir de ahora será una República constitucional”.
Los despojos profanados
Cixí fue enterrada en el cementerio real de los Qing Orientales, en Zunhua, a 125 kilómetros al noreste de Pekín. La fotografía corresponde a su cortejo funerario, que incluyó figuras de caballos y distintos personajes que fueron quemadas después del entierro, de acuerdo con la tradición. Los líderes de los primeros gobiernos republicanos protegieron los mausoleos de la dinastía Qing. Pero en 1927, los nacionalistas radicales encabezados por Chiang Kai-shek instauraron un nuevo régimen, y al año siguiente, cuando habían pasado dos décadas de la muerte de Cixí, la soldadesca irrumpió en la tumba para robar las joyas con las que se sabía que la emperatriz había sido enterrada. Oficiales y soldados utilizaron la dinamita para abrir un boquete en el muro de su mausoleo, y abrieron la tapa del féretro imperial con bayonetas y barras de hierro. Tras hacerse con las joyas, desgarraron los ropajes de Cixí, le arrancaron los dientes en busca de cualquier posible tesoro escondido y se fueron dejando su cadáver abandonado.
La ira de Puyi
Cuando Puyi se enteró de la profanación de la tumba de Cixí se quedó desolado, y envió a varios miembros de la antigua familia real para que volvieran a enterrar los restos de la emperatriz y presentaran una protesta ante el gobierno de Chiang Kai-shek. Pero cuando oyó el rumor de que la perla de la boca de Cixí decoraba el zapato de la mujer de Chiang lo invadió un odio irreprimible. La indignación consolidó su decisión de aliarse con los japoneses, que lo nombraron emperador de Manchukuo, el Estado marioneta creado en Manchuria después de la ocupación de 1931. No deja de ser irónico que el sucesor elegido por Cixí se convirtiera en un títere de Japón, cuando ella se había esforzado por encima de todo en desbaratar los intentos de Japón por convertir China en parte de su imperio asiático.
Este artículo pertenece al número 214 de la revista Historia National Geographic.
Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., el origen de la vida en La Tierra, sigue siendo un enigma; sin embargo, un análisis hecho al asteroide 162173 Ryugu, recogido por la Agencia de Exploración Espacial Japonesa (Japan Aerospace Exploration Agency: JAXA).."Las muestras recogidas en el asteroide Ryugu ofrecen pistas sobre los compuestos orgánicos que se formaron y acumularon en los objetos del Sistema Solar y de su evolución. Además, informan acerca de los precursores químicos de los que dispuso la Tierra primitiva en la época prebiótica, a partir de los cuales, gracias al agua, el ambiente y la geología terrestres, pudo surgir la vida tras una compleja red de procesos químicos que se denomina evolución química....." ....siga leyendo..............
El análisis de compuestos orgánicos del asteroide Ryugu, recogido por la Agencia de Exploración Espacial Japonesa, ha mostrado similitudes con numerosos estudios previos en el campo de la química probiótica, lo que ayudaría a comprender mejor cómo surgió la vida en la Tierra.
El asteroide 162173 Ryugu visto por la nave Hayabusa 2 a 20 km de distancia de su superficie. Ryugu tiene un diámetro mayor de unos 870 metros y pesa 450 millones de toneladas.
Foto: JAXA, University of Tokyo, Kochi University, Rikkyo University, Nagoya University, Chiba Institute of Technology, Meiji University, University of Aizu y AIST.
El 8 de diciembre de 2020 fue un día de júbilo en Sagamihara (Japón). Aquel día llegaba al campus de la JAXA (Japanese Aerospace Exploration Agency) la cápsula de retorno con muestras del asteroide 162173 Ryugu, recogidas por la sonda de la misión Hayabusa 2.
Supuso un gran éxito para la tecnología de la exploración espacial y también puso a disposición de los científicos muestras tomadas directamente de la superficie de un asteroide en el espacio, estériles, sin alteraciones ni contaminación.
Esa es la diferencia con las muestras de meteoritos, los asteroides que han sufrido un impacto en la Tierra y la exposición al ambiente, además de la manipulación de las personas. Numerosas preguntas sobre el origen de la vida han comenzado a tener respuesta, pues se han publicado los primeros análisis de compuestos orgánicos en las muestras de Ryugu.
No dan evidencias de que la vida llegara a la Tierra a bordo de meteoritos (panspermia). Tampoco ayudan (de momento) a entender mejor cómo fue su origen, ni prueban que los impactos de meteoritos fueran necesarios para ello. Pero los resultados publicados son una buena noticia para quienes tratan de entender la química prebiótica. Es decir, los procesos químicos que tuvieron lugar antes de que existiera la vida.
¿Por qué es interesante el asteroide Ryugu?
Una de las claves es el carbono. Ryugu es un asteoride del tipo C, rico en carbono y compuestos orgánicos. Estos objetos son abundantes en el cinturón de asteorides, una región situada entre Marte y Júpiter donde se encuentra, entre otros, el planeta enano Ceres.
Se piensa que los meteoritos del tipo condrita carbonácea, como los famosos meteoritos de Allende y Murchison, son fragmentos de asteroides tipo C. Estos asteroides se cuentan entre los objetos más antiguos del Sistema Solar.
La materia carbonosa que contienen es el resultado de un largo proceso químico que se desarrolló desde la formación de materia orgánica en la nube molecular y la nebulosa protosolar, hasta la acreción de protoplanetas y la exposición del asteroide a millones de años de radiaciones cósmicas.
Las muestras recogidas en el asteroide Ryugu ofrecen pistas sobre los compuestos orgánicos que se formaron y acumularon en los objetos del Sistema Solar y de su evolución. Además, informan acerca de los precursores químicos de los que dispuso la Tierra primitiva en la época prebiótica, a partir de los cuales, gracias al agua, el ambiente y la geología terrestres, pudo surgir la vida tras una compleja red de procesos químicos que se denomina evolución química.
Muestras de la superficie de Ryugu, tras su apertura en el laboratorio.
Foto: JAXA
Los compuestos orgánicos del asteroide Ryugu
Las muestras del asteroide Ryugu analizadas contienen un 3,7% de carbono. La mayor parte se encuentra en forma de un material no muy diferente al carbón. Pero también contiene carbono en forma de moléculas orgánicas que, por acción del agua, liberan aminoácidos, identificándose la glicina, alanina, beta-alanina y alfa-aminobutirato. En general, los compuestos identificados no sorprenden, y ahí precisamente radica su importancia.
Los aminoácidos son los componentes de las proteínas de los seres vivos, por lo que su presencia en el espacio siempre ha sido sugerente. El primer experimento realizado con el objetivo de entender cómo surgieron las primeras proteínas lo realizó el bioquímico alemán Walter Löb en 1913. En él, obtuvo abundante glicina mediante descargas eléctricas en una atmósfera primitiva simulada. Desde entonces se sabe que los aminoácidos se forman con facilidad a partir de gases simples. Por ello, cabe pensar que eran abundantes en el inventario químico del Sistema Solar.
En su célebre experimento de 1953, Stanley Miller identificó glicina, alanina, beta-alanina y alfa-aminobutirato en la mezcla orgánica que obtuvo. No fue casualidad, pues los procesos químicos que dan lugar a la formación de aminoácidos son, posiblemente, robustos y universales.
En el camino hacia la vida en un planeta es probable que se parta de un inventario químico similar, con aminoácidos y otros compuestos que aún no se conocen al detalle. El asteroide Ryugu aporta una valiosa muestra de ese inventario.
El rudimentario análisis de Stanley Miller en 1953, que muestra la presencia en su icónico experimento de glicina, alanina, beta-alanina y alfa-aminobutirato, en forma de manchas oscuras en un soporte de papel.
Foto: S.L. Miller / Science
Similitudes moleculares
Puede que las reglas de la química limiten los posibles exotismos y no sería sorprendente que estructuras proteicas similares a las que ya se conocen sean una característica universal. Las bioquímicas potenciales no son una cuestión de combinaciones o azar. Las reglas de la química se aplican no solo al inventario de precursores, como el que muestra Ryugu.
En la evolución química hacia la vida tienen lugar procesos de selección molecular y compresión combinatoria que van a limitar la variedad de las composiciones y estructuras. Por ejemplo, dado un número de aminoácidos de partida, no surgen al azar proteínas de entre las estadísticamente posibles, sino que hay reglas que dirigen las estructuras resultantes. Al sumar la universalidad de los precursores a las reglas de la evolución química, es posible que el día que la Humanidad descubra vida extraterrestre se reconozcan similitudes en su intimidad molecular.
El asteroide Ryugu confirma que el esfuerzo realizado durante un siglo de química prebiótica tiene sentido. Muestra que, desde el laboratorio, se puede predecir la química de los objetos celestes. Poco a poco, el ser humano se acerca a la formulación de una teoría de la evolución química, que formará el primer (o el último) capítulo de los libros de Bioquímica.
*César Menor-Salván es profesor de Bioquímica y Astrobiología en la Universidad de Alcalá de Henares. Este artículo se publicó originalmente en The Conversation y se publica aquí bajo una licencia de Creative Commons.
Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., el milenario Japón, tuvo su nacimiento en base a familias nobles que se disputaban el poder en cruentas batallas, y aprovechándose de las convulsiones unas familias subían al poder; en desmedro de otras, algo parecido sucedió con la Familia noble Ieyasu, que aprovechándose de las convulsiones de su tiempo lo usó para acumular poder, para convertirse en Shogun o gobernante de todo Japón..... siga leyendo.........................
Nacido en el seno de una familia noble, Ieyasu supo aprovechar las convulsiones de su tiempo para acumular poder y seguidores, hasta convertirse en Shogun o gobernante de todo Japón. Numerosas batallas y conspiraciones marcaron su ascenso en el poder, a su muerte el país disfrutaría de una larga paz que duraría 250 años.
Will Adams y Tokugawa Ieyasu
El navegante inglés Will Adams, en la derecha, muestra un barco en miniatura a Tokugawa Ieyasu, en el centro.
Tokugawa Ieyasu nació el 31 de enero de 1543 en el castillo de Okazaki en la provincia de Mikawa (al sur del actual Tokio) y su padre era Matsudaira Hirotada, un Daimio o señor feudal. La familia de su padre se hallaba dividida por la guerra que enfrentaba a dos clanes vecinos: Oda y Imagawa. Precisamente este enfrentamiento marcaría decisivamente su infancia: cuando solo contaba sólo un año de edad su madre fue repudiada por ser una Oda, y a los cinco tuvo que trasladarse al castillo de los Imagawa en calidad de rehén para cimentar la alianza de su padre con estos.
Los Imagawa secuestraron al pequeño durante el viaje con el fin de presionar a Hirotada para que se pasara a su bando. Su padre no cedió ante el chantaje, pero en vez de ejecutar al niño, los Oda decidieron mantenerlo con vida, educándolo como correspondía a un miembro de la nobleza.
Apenas pasado un año, Hirotada fue asesinado por un grupo de samuráis pagados por los Oda, lo cual no causaría demasiada pena en un niño que había visto como su progenitor prefería el apoyo de sus vecinos a su propia vida. La guerra entre Oda e Imagawa llegó a un punto crítico con la muerte del líder de los primeros. Aprovechando el vacío de poder resultante, los Imagawa atacaron, sitiando el castillo dónde se encontraba Ieyasu, que fue entregado como parte de las negociaciones de paz.
Los Imagawa atacaron e Ieyasu fue entregado como parte de las negociaciones de paz.
DE REHÉN A GENERAL
Pronto, en 1556, adoptó las responsabilidades aparejadas a su mayoría de edad: visitó su patria de Mikawa, recibió el juramento de sus vasallos y al año se casó con Tsukiyama Dono, con quien tuvo un hijo y heredero. Todavía sometido a los Imagawa, sirvió con distinción en su ejército, dando precoces muestras de sus dotes de general.
TOKUGAWA IEYASU
Tokugawa Ieyasu, fundador del shogunato Tokugawa.
Foto: CORDON PRESS
Su primer mando militar fue a los 15 años, a la cabeza de un ejército Imagawa asedió el castillo de Terabe, perteneciente a los Oda. La operación resultó un éxito, pues no solo incendió la fortaleza, sino que derrotó a un ejército enemigo que amenazaba sus comunicaciones. Al año siguiente dio nuevas muestras de sus excepcionales dotes militares al abastecer un fuerte asediado gracias a un ardid basado en un falso ataque contra otra posición enemiga. Gracias a esta treta consiguió que las fuerzas asediantes se trasladaran al punto amenazado, liberando el fuerte que fue prontamente reabastecido.
Su primer mando militar, a la cabeza de un ejército, fue a los 15 años.
UN NUEVO DAIMIO
La cambiante situación en el centro de Japón pronto dio otro vuelco con el ascenso de Oda Nobunaga a la cabeza del clan. Este hábil guerrero que casi consiguió unificar Japón decidido poner fin de una vez por todas a la guerra con sus vecinos y atacó por sorpresa a los Imagawa, aplastándolos en la decisiva batalla de Okehazama.
La súbita derrota brindó a Ieyasu la oportunidad que necesitaba para sacudirse el yugo de sus captores, y aliándose rápidamente con Nobunaga (al cual conocía de la infancia) empezó una lucha por la independencia. Los preparativos tuvieron que hacerse en secreto, pues su mujer y primogénito permanecían cautivos en manos del enemigo. Gracias a un rápido ataque consiguió tomar la fortaleza de Kaminogo e intercambió los prisioneros nobles que había capturado por su familia.
En los siguientes años se dedicó a recuperar y ampliar su feudo familiar de Mikawa. Para consolidar su alianza casó a su heredero con una de las hijas de Nobunaga. Además, para mejorar su control sobre los terrenos conquistados, una vez concluida la empresa en una región o una plaza fuerte, la delegaba en uno de sus seguidores nobles, quien se convertía en un agradecido vasallo aliado.
SANTUARIO DE NIKKŌ TŌSHŌ-GŪ
Nikkō Tōshō-gū, santuario sintoísta que se encuentra en Tochigi, Japón, y que fue construido para Tokugawa Ieyasu.
Foto: CORDON PRESS.
De entre los problemas a los que tuvo que enfrentarse durante esta época destaca la revuelta de los ikkō-ikki, también conocida como la Rebelión de Kaga. Este movimiento agrupaba a monjes budistas, samuráis y campesinos, que causaban revueltas por todo el país, en una revolución anti feudal opuesta también a la tasación de los templos. En una de las muchas batallas que libró para su controlar a los ikkō-ikki, Ieyasu casi muere, pues diversas balas de arcabuz atravesaron su armadura mientras luchaba en primera fila. Pese a ello, su valor en el campo de batalla atrajo a algunos samuráis enemigos, admirados de su valía y fortaleza.
El valor en el campo de batalla de Ieyasu atrajo a algunos samuráis enemigos, admirados de su valía y fortaleza.
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ALIADOS Y RIVALES
Con las revueltas bajo control, Ieyasu pudo concentrarse en expandir sus dominios. Sus tropas lucharon junto a Nobunaga (quien se había convertido en el daimio más importante de Japón), derrotando a diversos clanes en diferentes territorios del actual Japón.
Este avance arrollador le llevó a enfrentarse a otro destacado general, Takeda Shingen, contra quien libró diversas batallas. Una de las más famosas y decisivas fue la batalla de Mikatagahara donde Ieyasu fue derrotado. Sin embargo, a pesar del descalabro, reunió a los soldados que le quedaban en un castillo cercano, lo que puso en alerta a Shingen, quien sospechó que quizá Ieyasu tenía más tropas de refresco en el interior. Este temor se agravó cuando una incursión nocturna contra el campamento Takeda Shingen le hizo retirar a sus tropas consiguiendo así Ieyasu una victoria en lo que, poco antes, era una derrota decisiva.
CONSPIRACIÓN CONTRA NOBUNAGA
En 1579 un duro golpe en el seno de su familia oscureció esta brillante cadena de triunfos. Nobunaga acusó a la mujer e hijo de Ieyasu de haber conspirado para asesinarlo. Reacio a echar a perder una alianza tan provechosa, decidió creer la acusación, ejecutando a su mujer y obligando a su hijo a cometer un suicidio ritual.
Ieyasu ejecutó a su mujer y obligó a su hijo a cometer un suicidio ritual.
Apenas tres años más tarde, en 1582, el asesinato de Nobunaga por uno de sus vasallos volvió a sumir al país en el caos. Ieyasu se encontraba lejos de sus ejércitos, visitando territorios sometidos recientemente, con el consiguiente peligro de que le apresaran y comenzara una nueva revolución en la zona. Sin embargo, gracias a las habilidades para el subterfugio y con la ayuda de un grupo de 300 ninjas liderados por Hattori Hanzo, consiguió volver a Mikawa y preparase para la guerra.
ASEDIO DEL CASTILLO DE OSAKA
Uno de los capitanes de Ieyasu, Honda Tadatomo, lidera un ataque contra el Castillo de Osaka en el año 1615.
Foto: CORDON PRESS
Del nuevo período de conflictos que estalló a continuación surgió Toyotomi Hideyoshi, quien después de derrotar al clan Shibata en la batalla de Shizugatake consiguió unificar gran parte de Japón.
En esta contienda Ieyasu se puso del lado del hijo de Nobunaga, Oda Nobukatsu, quien rechazaba someterse a Hideyoshi. Aunque él derrotó a las tropas de Hideyoshi, otras fuerzas aliadas fueron vencidas, lo que dejó la guerra en tablas. Para evitar más derramamiento de sangre, Nobukatsu y Ieyasu se declararon aliados de los Toyotomi, preservando así sus tierras y ejércitos.
HIDEYOSHI, EL AMO DE JAPÓN
Con Hideyoshi convertido en el amo indiscutible del Japón, Ieyasu decidió rebajar su perfil político, intercambiado sus provincias por un territorio más pequeño alrededor de Edo (hoy Tokyo), dónde construyó su nueva capital y esperó acontecimientos.
Su paciencia dio sus frutos en 1592. Confiado en que su conquista del imperio era definitiva Hideyoshi decidió ampliarlo invadiendo Corea. La desastrosa derrota que sufrió a manos de los coreanos se completó con su muerte en 1598 lo que terminó de debilitar al clan.
SEKIGAHARA
Aprovechando la fragmentación de los dominios del hijo de seis años de Hideyoshi, Ieyasu se lanzó a la lucha por la hegemonía, reuniendo a millares de seguidores de entre las provincias orientales de Japón. En 1599 sus fuerzas tomaron Osaka, capital de los Toyotomi. Tras esta declaración de guerra el país quedó partido en dos, sucediéndose una serie de escaramuzas y asedios.
La batalla final habría de tener lugar en Sekigahara. Los enemigos de Ieyasu habían recapturado Osaka y rodeado la capital imperial de Kioto, defendida por los Oda. Reuniendo a sus vasallos en Edo, Ieyasu partió al encuentro del enemigo, que bloqueaba el camino a la capital. Las dos fuerzas se encontraron el 20 de octubre de 1600 al noreste de Kioto.
Pese a hallarse en inferioridad numérica, con solo 75.000 hombres frente a los 120.000 de los Toyotomi, Ieyasu había estado en contacto con numerosos señores del bando contrario, tentándoles con recompensas si traicionaban a sus aliados durante la batalla.
Ieyasu contactó con numerosos señores del bando contrario, tentándoles con recompensas si traicionaban a sus aliados durante la batalla.
Confiados en sus defensas centradas alrededor del monte Tengu, los enemigos no se movieron. El primer empuje de los hombres de Tokugawa Ieyasu contra el flanco izquierdo consiguió empujar al enemigo colina arriba, hasta que fue frenado por el ataque del clan Otani.
EL ASEDIO DEL CASTILLO DE OSAKA
Esta escena representa como fue el asedio del Castillo de Osaka, en 1615, una la batalla emprendida por el shogunato Tokugawa contra el clan Toyotomi Asedio de Osaka.
Foto: CORDON PRESS
EL SHOGUN TOKUGAWA
Nombrado oficialmente shogun por el emperador en 1603, Ieyasu emprendió un programa político destinado a consolidar su recién adquirido poder. Desposeyó a algunos clanes enemigos de sus tierras y aniquiló los últimos centros de resistencia, asesinando al hijo de Hideyoshi en 1615 durante un segundo asedio de Osaka.
A nivel interno se aseguró de mantener al país aislado del exterior, limitando el comercio europeo a la Compañía Holandesa de las Indias Orientales. Decretó también la expulsión de los cristianos, seguramente para prevenir revueltas religiosas como las que había sufrido en Mikawa y frenar la influencia española, que había llegado a conquistar las Filipinas en 1565.
Realizó también un amplio programa de construcciones, incluida la restauración de numerosos templos dañados por los largos años de guerra, un castillo en Shizuoka donde estableció su residencia oficial y un inmenso palacio en Edo, el mayor jamás construido, que sería la residencia oficial de los shogunes descendientes de su linaje.
Si bien su política exterior fue en extremo conservadora, no fue este el caso de sus vasallos. Por ejemplo, uno de ellos, Date Masamune envió embajadores a Europa, visitando Roma e incluso llegando a quedar inmortalizados en un fresco del Palazzo del Quirinale. Por su parte, el clan Satsuma por su parte conquistó las islas Nansei al oeste de Japón.
Tokugawa Ieyasu murió en 1616, siendo deificado por la religión sintoísta, que todavía lo venera hoy en día como uno de los protectores del Japón. Tras su muerte, su dinastía gobernaría durante los 250 años siguientes, presidiendo un paréntesis de espléndido aislacionismo conocido como Sakoku, en el que florecerían numerosas artes como la caligrafía, el Kendo y el cuidado de bonsáis entre otras.
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