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martes, 3 de junio de 2025

Grandes obras faraónicas: El lujoso palacio y la ciudad que fundó Amenhotep III en la orilla occidental de Tebas

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos entrega un reportaje sobre el lujoso palacio que fundo el faraón Amenhotep III en la orilla occidental de Tebas, quien perteneció a la Dinastía XVIII, cuyo reinado de 38 años, fue reconocido por la construcción de impresionantes monumentos, tales como el templo de Luxor y su propio templo funerario en la orilla occidental del Tebas....... siga leyendo.........



Este faraón de la dinastía XVIII tuvo un largo reinado de 38 años marcados principalmente por la construcción de impresionantes monumentos, como el templo de Luxor o su templo funerario en la orilla occidental de Tebas. 


Colosos de Memnón, lo único que queda en pie del templo funerario de Amenhotep III en la orilla occidental de Tebas.

iStock

Carme Mayans
Carme Mayans

Especialista en Historia Antigua y Arqueología



Hace unos días publicábamos en nuestra web un artículo sobre una de las reinas más influyentes y poderosas del antiguo Egipto, la reina Tiy, esposa principal de Amenhotep III, faraón de la dinastía XVIII que ha pasado a la historia con el sobrenombre de "El magnífico". Tiy es un ejemplo admirable de cómo una mujer de sangre no real pudo llegar a alcanzar las más altas cotas de poder en la corte faraónica.

En efecto, la vida de Tiy es fascinante, pero no lo es menos la de su esposo el faraón, un hombre que subió al trono de Egipto siendo un niño y que tuvo un largo reinado. Y es que Amenhotep III reinó durante 38 años, entre 1390 y 1952 a.C. Su reinado está considerado uno de los más prósperos de la historia de Egipto, y no hay para menos. En todo ese tiempo, no hubo demasiadas guerras (se conoce una expedición militar a Nubia), pero sí muchas campañas de construcción. A Amenhotep debemos el templo de Luxor, en Tebas, así como su grandioso templo funerario en la orilla occidental del Nilo. 


Patio de Ramsés II en el templo de Luxor.

iStock






Pero el faraón no se conformó con eso. Amenhotep III mandó erigir un extraordinario complejo palacial de 227.000 metros cuadrados, también en la orilla occidental del Nilo, en Malkata, que recibió el nombre de Per Hai (la casa de la alegría). Pero ¿por qué quiso Amenhotep construir un palacio en este lugar, y además, uno tan grande y fastuoso? 



Vista aérea de las ruinas de Malkata, el complejo palaciego de Amenhotep III en la orilla occidental del Nilo. 

PD

Algunos expertos creen que el soberano construyó Malkata para celebrar sus jubileos reales o festivales sed, aunque otros opinan que, en realidad, Malkata se convirtió en la residencia "oficial" del faraón desde el año 8 de su reinado hasta el final del mismo. Incluso hay quien piensa que el faraón se mudó aquí desde Tebas para distanciarse del creciente poder del clero de Amón, anticipándose, en cierto modo, a la reforma religiosa emprendida por su hijo Akhenatón. Sea como fuere, está documentado que Amenhotep III celebró en este lugar todos sus jubileos reales (años 30, 34 y 37).

Y, ¿cómo era Malkata? Aunque en la actualidad del lugar solo queda un extenso campo de ruinas, se aprecian aún restos de algunos edificios que nos pueden dar una idea de su majestuosidad. Años después, el lugar fue abandonado abruptamente, por lo que los cimientos se han conservado en bastante buen estado ya que nunca se construyó encima.



Fragmento de techo pintado recuperado en el palacio de Amenhotep III en Malkata. MET, Nueva York.

PD


En el complejo palaciego de Malkata se sucedían palacios conectados entre sí (en los muros de algunos se han conservado vibrantes escenas naturalistas de luminosos colores), salas de audiencias, un templo dedicado a Amón, además de residencias para funcionarios, servidores y cortesanos. Pero tal vez uno de los elementos más espectaculares de Malkata sea el gran lago artificial (conocido como Birket Habu) que hizo construir el faraón y que, a través de un canal, comunicaba con el Nilo.

El diseño del lago presentaba una forma de T, medía dos kilómetros de largo por un kilómetro de ancho, y, según los investigadores, además de un lugar de recreo (podemos imaginar a la reina Tiy paseando cada atardecer en su barca acompañada de sus sirvientas), Birket Habu seguramente jugó un papel importante en los jubileos de Amenhotep (al sur del lago se alzaba un altar que fue construido para estas ceremonias sagradas).

Es evidente que la ubicación de Malkata debía de ser importante para el monarca, ya que a través de una larga vía el palacio real se conectaba con el templo funerario o de millones de años de Amenhotep III, del que hoy en día quedan en pie, como testigos silenciosos, aunque bastante deteriorados por el paso del tiempo y los elementos, los famosísimos colosos de Memnón.

Pero Amenhotep III no solo quiso alzar en este lugar su residencia real y su templo funerario. El faraón ordenó erigir muy cerca una ciudad de nueva planta, un asentamiento de grandes dimensiones que diese apoyo logístico y administrativo a su complejo palacial. Una ciudad llamada el Ascenso de Atón (el disco solar, una divinidad que jugaría un papel fundamental durante el reinado de su hijo y sucesor Akhenatón).



Ruinas de la Ciudad Dorada Perdida de Amenhotep III, cerca de Malkata.

Cordon Press

El Ascenso de Atón fue abandonada también con el tiempo, y sus ruinas desaparecieron bajo las arenas del desierto durante milenios hasta que fue excavada parcialmente en la década de 1930, y posteriormente identificada y excavada en profundidad en 2020 por un equipo de arqueólogos, dirigido por Zahi Hawass, que buscaba en sus inmediaciones el templo funerario de Tutankamón

La ciudad, que se extiende entre el templo de Ramsés III en Medinet Habu y el templo de Amenhotep III en Malkata, y se encuentra en excelente estado de conservación, ha sido bautizada por sus descubridores como la Ciudad Dorada Perdida y es la más grande jamás encontrada en Egipto. Los trabajos realizados allí por los arqueólogos han sacado a la luz diversos barrios y distritos, tanto administrativos, industriales como residenciales. La datación del lugar ha podido ser confirmada gracias a los objetos localizados allí, como anillos, escarabajos, vasijas de cerámica de colores y ladrillos de barro con el cartucho de Amenhotep III inscrito en ellos. 

Los investigadores están convencidos de que este yacimiento será clave para aclarar diversos aspectos de un período tan importante, pero a la vez convulso, de la historia de Egipto. Por ejemplo, el hallazgo de algunas inscripciones ha puesto de manifiesto que aquí se prepararon algunos elementos relacionados con, por lo menos, uno de los jubileos de Amenhotep III, como carne de vacuno para los banquetes. También se halló un sello de barro que hacía referencia al Gempaatón, el templo dedicado al disco solar Atón erigido en Karnak por Akhenatón, hijo y sucesor del faraón. 



Relieve del templo de Atón en Karnak. Museo de Luxor.

Cordon Press

¿Quiere esto decir que tras la muerte de Amenhotep III, su hijo vivió en Malkata antes de trasladar la capital de Egipto a Amarna? Y, más importante aún, ¿por qué trasladó la capital de Tebas a Amarna?¿Volvió a ser ocupada Malkata tras el abandono de Amarna, cuando Tutankamón se convirtió en el nuevo faraón y restableció el culto a Amón? Los arqueólogos esperan poder resolver todas estas apasionantes cuestiones algún día. Tal vez las impresionantes ruinas de Malkata y de la Ciudad del Ascenso de Atón guarden las respuestas a buen recaudo esperando el momento en que puedan ser reveladas…

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NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

sábado, 5 de septiembre de 2020

NATIONAL GEOGRAPHIC : Arquitectos del faraón, los constructores de Egipto

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos entrega un informe sobre los arquitectos quienes fueron los constructores del Antiguo Egipto, quienes con su talento e ingenio de ingeniería y aplicando una depurada arquitectura construyeron pirámides, tumbas, obeliscos y majestuosos templos para los faraones y los dioses, que constituyen hoy en día; el grandioso legado que nos han dejado para admiración y a veces asombro de la humanidad.

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/arquitectos-faraon-constructores-egipto_7916/1

Pirámides, tumbas y majestuosos templos para reyes y dioses son el grandioso legado que nos han dejado los arquitectos y constructores del antiguo Egipto

Robert Harding World Imagery / Corbis / Cordon Press

Los colosos de Memnón

Estas dos enormes estatuas del faraón Amenhotep III, erosionadas por el tiempo, son todo lo que queda del templo funerario que Amenhotep hijo de Hapu levantó para su señor en Tebas oeste.


WFA

Amenhotep hijo de Hapu

En esta estatua, Amenhotep está representado como un escriba. Dinastía XVIII. Museo Egipcio, El Cairo.


WFA

El faraón constructor

Retrato de Amenhotep III en la tumba del escriba real Haemhet. Dinastía XVIII. Museo Egipcio, Berlín.


Robert Harding Picture Library / Age Fotostock

Templo de Seti en Abydos

En Abydos, centro del culto a Osiris, Seti I erigió un templo, terminado por Ramsés II, en el que se grabó una lista de todos los reyes de Egipto.

Reinhard Dirscherl / Age Fotostock

Templo de Luxor

Uno de los más grandes arquitectos del Imperio Nuevo, Amenhotep hijo de Hapu, concibió el templo de Luxor para su faraón, Amenhotep III. En la imagen, patio erigido en tiempos de Ramsés II en el mismo templo.

John Frumm /Hemis.fr

La pirámide de Kefrén

La construcción de las grandes pirámides de Gizeh fue una empresa titánica. La de Kefrén es la segunda en tamaño y la única que conserva parte de su revestimiento de piedra caliza.

En el antiguo Egipto, la arquitectura no podía concebirse sino al servicio de la religión. Los arquitectos, como los escribas, pintores, escultores o médicos, adquirían sus conocimientos en las «casas de vida», escuelas adscritas a los templos y centros culturales que dictaban las normas a seguir en todas las disciplinas. Ello explica que los arquitectos ostentasen títulos religiosos, a menudo más importantes que el de su actividad constructiva.

Además, los grandes arquitectos, los que estaban a cargo de las obras de la realeza, no sólo se ocupaban de proyectar tumbas y santuarios, sino que, como indicaba su cargo, eran los «directores de todas las obras del rey». Ello incluía la planificación de presas y canales, así como la elección de las piedras más idóneas para las colosales estatuas del faraón. Si se observa la estrecha relación entre la arquitectura religiosa y las estatuas destinadas a cada templo en particular, se aprecia que ambas disciplinas se complementaban. La arquitectura estaba al servicio de la estatuaria y viceversa, formando un todo armonioso surgido de una única mente rectora.
Los obreros del faraón que vivían en el poblado de Deir el-Medina disponían de una habitación en la que rendían culto a sus ancestros familiares
Este condicionante religioso se manifestaba en todos los campos del quehacer arquitectónico. Obviamente, los templos, considerados como «la casa del dios», estaban impregnados de un alto contenido espiritual –no compartido con el pueblo, ya que el acceso a los santuarios siempre estuvo vedado al conjunto de los fieles–. Pero es que también las tumbas, tanto reales como civiles, eran consideradas «casas de eternidad», ya que, en sus capillas, el ka o aliento vital del difunto recibía las ofrendas necesarias para su supervivencia en el Más Allá. También las casas particulares tenían un componente religioso. Por ejemplo, los obreros del faraón que vivían en el poblado de Deir el-Medina disponían de una habitación en la que rendían culto a sus ancestros familiares, la misma en la que tenían lugar los nacimientos, con lo que se creaba una continuidad entre vivos y muertos tutelada por la divinidad.

Todo el mérito para el faraón

La paternidad de las construcciones, por otro lado, no se atribuía a los arquitectos, sino al rey. Eran el faraón y la diosa Seshat –esposa de Thot y, como éste, deidad de la escritura y los cálculos– quienes marcaban sobre el terreno los límites del futuro santuario. Luego, al menos a partir del Imperio Nuevo, el rey dirigía los trabajos iniciales de la cimentación y modelaba, siguiendo un ritual establecido, los ladrillos que marcaban los ángulos principales del templo. Finalmente, las construcciones eran ofrecidas a los dioses por el faraón, como obras personales del monarca. De este modo, una operación humana se elevaba al plano espiritual gracias a la intervención divina.

Aunque en la historia egipcia se menciona a muchos arquitectos, sólo algunos alcanzaron auténtico renombre. Hemyunu ostentó los títulos de «hijo real», «visir» y «director de todos los trabajos del rey». Como vivió bajo el reinado de Keops, durante la dinastía IV, muchos egiptólogos le consideran autor del proyecto de la pirámide de este rey y director de su construcción, aunque no existe ningún documento concreto que así lo atestigüe. Hemyunu se hizo enterrar en la gran mastaba G4000 de Gizeh, cerca de la pirámide de su señor.

Proyectos grandiosos

En el Imperio Nuevo, durante la dinastía XVIII, el arquitecto Ineni tuvo una dilatada vida profesional, ya que proyectó obras bajo los reinados de los faraones Amenhotep I, Tutmosis I, Tutmosis II, Tutmosis III y Hatshepsut. Precisamente para esta última reina construyó la tumba KV20, la de mayor longitud excavada en el Valle de los Reyes, sin contar la de Seti I, prolongada por un túnel inconcluso. Aunque quizás Ineni sea más recordado por una frase que se le atribuye a raíz de la construcción de la tumba de Tutmosis I, probablemente la misma KV20, de la que el arquitecto real dice que hizo el trabajo «sin que nadie lo viese, sin que nadie lo oyese»; seguramente hacía referencia al secreto que debía rodear la construcción de una tumba real. Otro arquitecto de Hatshepsut, Sen-en-Mut, que probablemente fue su amante, construyó para la reina su templo funerario en Deir el-Bahari, además de ser el preceptor de la princesa Neferure.
Aunque en la historia egipcia se menciona a muchos arquitectos, sólo algunos alcanzaron auténtico renombre
Kha, por su parte, fue un arquitecto real destacado en Deir el-Medina, cuya tumba intacta, TT8, fue hallada por Ernesto Schiaparelli en 1906. Su ajuar funerario, conservado en el Museo Egipcio de Turín, muestra el alto estatus social de los arquitectos durante el Imperio Nuevo. Otro personaje interesado en la arquitectura fue Khaemuaset, cuarto hijo de Ramsés II y segundo de la reina Isetnofret, que ostentó el título de Gran Jefe de los artesanos de Ptah, la máxima jerarquía del clero de Menfis. Proyectó las primeras galerías del Serapeum de Menfis, el lugar de descanso de los sagrados bueyes Apis, y restauró las pirámides del Imperio Antiguo en nombre de su padre, por lo que se le considera el primer egiptólogo de la historia.

Pero con todo, ninguno de ellos logró nunca igualar la fama de dos arquitectos que con el tiempo llegaron incluso a ser deificados: el primero de ellos es Imhotep, que fue arquitecto del rey Djoser durante la dinastía III, en los albores de Egipto, y el otro es Amenhotep hijo de Hapu, director de los trabajos del rey Amenhotep III, durante la dinastía XVIII.

Arquitectos y dioses

Imhotep construyó para su rey un grandioso recinto funerario en cuyo interior se elevaban al cielo seis gigantescos peldaños: la primera pirámide escalonada levantada en Egipto que, junto al resto del recinto, es la más antigua construcción del mundo hecha en piedra labrada. El diseño de algunas de sus columnas prefiguraba, a dos mil años de distancia, el orden dórico griego, y tan insólita era la arquitectura de este recinto que cuando Cecil M. Firth lo descubrió en 1924 pensó que se trataba de una obra grecorromana. En el templo ptolemaico de Edfú, construido miles de años después, una inscripción relataba que este santuario fue edificado según las directrices milenarias de Imhotep. Su fama de hombre sabio le ascendió al Olimpo griego como el dios de la medicina Asclepio, y más tarde al romano como Esculapio. Su tumba, todavía no descubierta, sigue siendo el objetivo principal de muchas misiones arqueológicas que operan en las arenas de Saqqara.

Imhotep fue arquitecto del rey Djoser durante la dinastía III y Amenhotep fue director de los trabajos del rey Amenhotep III
Más de mil años después de Imhotep, Amenhotep hijo de Hapu concibió el templo de Luxor, bajo el reinado de Amenhotep III, en la dinastía XVIII, edificio que fijó el canon definitivo del templo egipcio. Él fue el encargado de elegir los bloques de cuarcita roja en la cantera de Gebel el-Ahmar, bloques con los que se esculpirían los famosos Colosos de Memnón, que presidieron el templo funerario de Amenhotep III en la orilla occidental de Tebas, la moderna Luxor. Por ello fue premiado por Amenhotep III con un templo para su culto funerario, privilegio sólo reservado a los faraones y a contadas reinas. Además, varias de sus estatuas, que recibieron culto popular, fueron colocadas en el recinto de Amón, en el de la diosa Mut y en el santuario de Khonsu, en Karnak. En una de ellas, Amenhotep declara que ha alcanzado la edad de la santidad, fijada religiosamente en ciento diez años, aunque sólo es pura retórica, ya que el ilustre arquitecto murió a los ochenta años, aun así una edad extraordinaria en aquella época.

Para saber más

Los obreros de la muerte. Fernando Estrada Laza. Planeta, 2001.
Los sabios del antiguo Egipto. Christian Jacq. La Esfera de los Libros, Madrid, 2008.
El arquitecto del faraón. Bernard Simonay. DeBolsillo, 2003.

NATIONAL GEOGRAPHIC  
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
ayabaca@gmail.com 
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domingo, 26 de noviembre de 2017

ANTIGUO EGIPTO : EGIPTO .- HISTORIA .-.NATIONAL GEOGRAPHIC .- El templo de Karnak: el gran santuario de Amón

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la civilización egipcia, tuvo muchos dioses, pero fue el principal el dios Amón, símbolo máximo de los rituales de los faraones, que incluso competían en la construcción de templos; sin embargo fue el Gran Templo a Amón que se construyó en Karnak: ..."Hace más de cuatro mil años, Intef II, rey de la dinastía XI, comenzó las obras del templo de Amón-Re en Tebas, donde se alza la moderna población de Karnak. Fue el núcleo a partir del cual, durante los siguientes dos mil años, decenas de faraones fueron creando y remodelando uno de los lugares de culto más ricos y espectaculares de la Antigüedad, en el que los arqueólogos han catalogado más de doscientas estructuras..."(National Geographic).
Les invito a leer este artículo gracias a la Revista National Geographic...

Zahi Hawass
Hawass.jpg

Coat of arms of Egypt.svg
Ministro de Antigüedades de Egipto
31 de enero de 2011-3 de marzo de 2011
PredecesorCargo creado
SucesorMohamed Ibrahim Ali

30 de marzo de 2011-17 de julio de 2011
PredecesorMohamed Abdel Maqsud
SucesorMohamed Said

Líder del Consejo Supremo de Antigüedades
1 de enero de 2002-31 de enero de 2011
PredecesorGaballa Ali Gaballa
SucesorCargo fusionado con el Ministerio de Antigüedades

Información personal
Nombre en árabeزاهى حواس Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacimiento28 de mayo de 1947
Damieta, Egipto Ver y modificar los datos en Wikidata
NacionalidadEgipcia Ver y modificar los datos en Wikidata
ReligiónIslam
Educación
Educacióndoctorado Ver y modificar los datos en Wikidata
Educado en
Información profesional
OcupaciónAntropólogo, arqueólogo, académico, egiptólogo y político Ver y modificar los datos en Wikidata
Empleador
Miembro de
Distinciones
Web
Sitio web
Zahi Hawass (árabe: زاهي حواس; Damieta, Egipto, 28 de mayo de 1947) es uno de los más célebres egiptólogos del mundo, y en los últimos años ha adquirido gran renombre fuera de los círculos arqueológicos por sus frecuentes apariciones en documentales televisivos dedicados al Antiguo Egipto.
Hawass encabeza un movimiento orientado a devolver a Egipto muchos antiguos objetos egipcios que se encuentran en colecciones en distintas partes del mundo. En julio de 2003, Egipto exigió la devolución de la piedra de Rosetta, que se encuentra actualmente en el Museo Británico. En esa ocasión, Hawass declaró: "Si los británicos desean que se lo recuerde, si quieren restaurar su reputación, deberían ofrecerse a devolver la piedra, ya que es el icono de nuestra identidad egipcia".[1]​ Hawass también se opone frontalmente a las teorías sobre astronautas de la antigüedad y otras posturas históricas pseudocientíficas.
En 2005 se enfrascó en el estudio de una momia conocida como KV60a, descubierta más de un siglo antes. En ningún momento se creyó que esta momia iba a ser tan importante como para retirarla del suelo de una tumba menor en el Valle de los Reyes, ya que se encontró sin un ataúd y sin los tesoros que distinguían a los faraones, descubriéndose muchos años más tarde que era la momia de la reina faraón Hatshepsut. Al principio no se creyó pero después se encontró un diente en el mismo sitio donde ésta fue encontrada en una caja identificada como Hatshepsut; luego se comprobó que era ella, ya que el diente encontrado e identificado encajaba perfectamente en su boca.
https://es.wikipedia.org/wiki/Zahi_Hawass
WIKIPEDIA.

http://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/karnak-el-gran-santuario-de-amon_6312/1
https://spain.memphistours.com/Egipto/sobre-egipto/atracciones-en-el-luxor/wiki/el-templo-de-karnak#prettyPhoto[pp_gal]/5/


A lo largo de más de dos milenios, los faraones embellecieron el principal centro de culto de egipto, dedicado a Amón, el gran dios del imperio nuevo
 
 
Amón, el dios Patrón de Tebas: Wikipedia

Ra-Horus ("Ra (que es el) Horus de los dos Horizontes"), la fusión de (Ra) y Horus, en la representación típica del Imperio Nuevo. Ra-Horus fue identificado a su vez con Amón
WIKIPEDIA.
https://es.wikipedia.org/wiki/Am%C3%B3n

Las columnas del dios Amón
El templo de Karnak, en Tebas, dedicado a Amón, fue el principal recinto de culto de Egipto desde el Imperio Nuevo. La fotografía corresponde a la gran sala hipóstila.
NICO TONDINI / CORBIS

En busca del favor de Amón
Los sucesivos faraones compitieron en erigir edificios y obeliscos en Karnak para honrar a Amón, dios principal del panteón egipcio. En la imagen, panorámica general del recinto.
KENNETH GARRETT / GETTY IMAGES

El poder de los sacerdotes
En el siglo XI a.C., el poder se dividió entre los faraones, en el norte, y los sacerdotes de Amón en Tebas, en el sur. Uno de ellos, Pinedjem I, hizo erigir en Karnak este coloso.
J. L. BELLURGET / GETTY IMAGES

La barca de la divinidad
Durante los grandes festivales, la barca con la imagen de Amón era llevada en procesión por los sacerdotes. En la imagen, la barca en un relieve de la capilla Roja de la reina Hatshepsut.
AKG / ALBUM

Las guardianas del santuario
Las vías procesionales que unen los recintos sagrados en Karnak están flanqueadas pr esfinges con cabeza de carnero que cumplían la función de guardianas y protectoras.
MC PHOTO / AGE FOTOSTOCK

El esplendor de las ruinas
En los siglos XVIII y XIX, Karnak maravilló a los investigadores a pesar de que estaba en ruinas, como muestra esta litografía realizada durante la expedición de Richard Lepsius.
AGE FOTOSTOCK
25 de julio de 2012

Hace más de cuatro mil años, Intef II, rey de la dinastía XI, comenzó las obras del templo de Amón-Re en Tebas, donde se alza la moderna población de Karnak. Fue el núcleo a partir del cual, durante los siguientes dos mil años, decenas de faraones fueron creando y remodelando uno de los lugares de culto más ricos y espectaculares de la Antigüedad, en el que los arqueólogos han catalogado más de doscientas estructuras.

Como cualquier templo egipcio, el santuario de Amón en Karnak empezó a construirse después de una larga serie de rituales con los que se pretendía purificar el espacio que iba a ser consagrado. Hay que tener en cuenta que un templo egipcio no era un lugar al que el pueblo acudiera a rezar, sino que constituía la residencia del dios (era su hut, su «mansión»). Por ello, a los sacerdotes se les llama en egipcio hemu-netjer, «los sirvientes del dios».
El primer ritual que se realizaba al inaugurar un templo era el «estiramiento de la cuerda», pedj-sesh, que se documenta desde la dinastía I (3065-2890 a.C.). Con este ritual, los sacerdotes buscaban orientar los ejes principales del templo hacia objetivos prominentes, bien fueran accidentes geográficos o puntos astronómicos. En el caso de Karnak, la orientación del eje este-oeste se hizo hacia el punto por donde sale el sol en el solsticio de invierno (entre el 20 y el 23 de diciembre), de modo que, si nos situamos en el muelle que hay ante la entrada del templo, ese día veremos salir el sol sobre la puerta oriental, llamada de Bab el-Makhara, situada casi a seiscientos metros de distancia.
A continuación, se esparcía yeso para purificar el área, se excavaban trincheras de fundación, se elaboraban los primeros adobes y se colocaban los depósitos de fundación, materiales enterrados en los cimientos de los edificios para conmemorar su construcción y atraer el favor de los dioses. Una vez acabada la construcción, se purificaba el edificio con fumigaciones y lecturas de textos sacros, y quedaba listo para ser consagrado al dios que iba a habitarlo.

La residencia del Oculto


Se dice que la barca de Amón «está rematada con plata pura y toda ella está trabajada en oro, y alberga en su interior un altar enorme de oro»
El dios que iba a habitar el templo de Karnak era Amón, también llamado «el oculto». En su origen, Amón era el dios local de la ciudad de Tebas, pero con el tiempo se convirtió en el dios principal del panteón egipcio, asociado al dios solar Re. Su imagen se guardaba en el sanctasanctórum, el espacio más reservado del templo, en una gran barca llamada Userhat. En un texto del reinado de Amenhotep III (1402-1364 a.C.) se dice que la barca de Amón «está rematada con plata pura y toda ella está trabajada en oro, y alberga en su interior un altar enorme de oro». Durante las grandes festividades tebanas, como la fiesta de Opet y la Bella Fiesta del Valle, la barca del dios se trasladaba hasta un punto del Nilo donde se había construido un muelle que se conserva intacto. A través de un canal, se unía con el río y permitía el atraque de las barcazas que transportaban por el Nilo a la Userhat.
Una avenida de esfinges une este muelle con el templo. Las esfinges de Karnak son crioesfinges, es decir, tienen cabeza de carnero, pues éste es uno de los animales con los que se identificaba el dios Amón, y actuaban como protectoras de las vías procesionales. Dado que los egipcios de a pie no podían entrar en el recinto sagrado, a veces se valían de intermediarios simbólicos para transmitir sus peticiones a la divinidad. En Karnak, esta función la ejercían las estatuas del sabio Amenhotep hijo de Hapú, escriba real y arquitecto de Amenhotep III, situadas ante la entrada del templo, en las que podemos leer: «¡Oh gentes de Karnak!, ¡vosotros los que deseáis ver a Amón, venid a mí! Yo comunicaré vuestras peticiones!» Los numerosos tebanos que solicitaron su intervención pulieron las estatuas con sus devotas caricias.

Lagos, pilonos y obeliscos

El templo egipcio representa el universo recién creado. Refleja el simbolismo del benben o colina primigenia que, con la creación, emergió de las aguas del Nun, el caótico océano primordial. De ahí que, en Karnak, el enorme muro de doce metros de altura que rodea el espacio sagrado, de 550 por 523 metros, esté hecho no con hiladas horizontales de adobes, sino formando ondas. De esta forma se simbolizaba que el caos (las aguas del Nun, representadas por las ondas) quedaba fuera del témenos o área sagrada.
 
 
Dentro del recinto de un templo, el espacio acuático más importante es el lago sagrado. El de Karnak, de 130 por 80 metros, fue remodelado por orden del faraón Taharqa (690-664 a.C.), el más activo de los faraones nubios de la dinastía XXV. El lago debía de servir como escenario para muy diversas ceremonias, más que para que los sacerdotes realizaran sus abluciones.
Al recinto se accedía a través de un pilono (bekhenet), una puerta monumental con dos grandes torres a los lados. Un texto del reinado de Amenhotep III describe el tercer pilono, que entonces era la fachada principal de Karnak: «Una enorme puerta ante Amón-Re, cubierta totalmente de oro y labrada con la imagen del dios bajo la forma de un carnero, decorada con lapislázuli verdadero y trabajada con oro y costosas piedras. Ninguna obra anterior la iguala. Está pavimentada con plata pura y en su cara exterior está cubierta de estrellas de lapislázuli a ambos lados». Ante los pilonos se erigían estatuas colosales; la de Amenhotep III se alza frente al pilono décimo, de 21 metros de alto.
Los pilonos son símbolos solares, pues representan las dos colinas del horizonte (akhet) por las que sale el sol
En Karnak podemos ver hasta diez pilonos, seis en el eje principal y otros cuatro en dirección al templo de Mut, la consorte de Amón. El más grande es, precisamente, el de su fachada principal, obra de Nectanebo I (380-362 a.C.). Mide 113 metros de lado. Quedó inacabado, pero de haberse concluido hubiera alcanzado cuarenta metros de altura. Los pilonos son símbolos solares, pues representan las dos colinas del horizonte (akhet) por las que sale el sol. La escena principal que los decora muestra al faraón venciendo a sus enemigos, arrodillados ante él; es el triunfo del orden (el rey) sobre el caos (los enemigos). En Karnak, esta escena aparece en los pilonos séptimo y octavo.
Los pilonos se rellenaban a veces con material procedente de estructuras desmanteladas. Los bloques hallados en el tercer pilono de Karnak, levantado por Amenhotep III, han permitido restaurar la capilla Blanca de Sesostris I, la capilla de calcita de Amenhotep I, el peristilo de Tutmosis IV y la capilla Roja de Hatshepsut. En la fachada de los pilonos se colocaban altos mástiles de madera de cedro, con los extremos cubiertos de electro (una aleación de oro y plata) y banderolas de colores. Los mástiles se sujetaban con grandes anclajes de bronce. En el primer pilono de Karnak aún se ven grandes ventanas que indican el lugar donde se situaban estos anclajes.
Otros elementos de simbología solar que embellecían el frente de los pilonos eran los obeliscos, auténticos rayos petrificados, normalmente dispuestos a pares. En Karnak se conserva uno de casi veinte metros de alto, de Tutmosis I (hacia 1500 a.C.), para cuyo transporte se construyó una barcaza de 62 metros de eslora. El segundo que aún sobrevive, de casi treinta metros y 323 toneladas, es de Hatshepsut. Fueron necesarios siete meses de trabajo en las canteras de Asuán para extraerlo.
El transporte hasta Karnak, a 220 kilómetros, no fue sencillo. Una representación hallada en Deir el-Bahari muestra la barcaza de transporte tirada por 27 remolcadores, encabezados por tres naves guía, en una operación en la que intervinieron más de mil marinos. También data del reinado de Hat-shepsut una inscripción en la que se dice que Djehuty, Inspector de Todos los Trabajos de Karnak, supervisó lo relativo a otros dos obeliscos de 108 codos de altura (56 metros), chapados completamente de electro. Tengamos en cuenta que el mayor obelisco que se conoce, el «inacabado» de Asuán, mide 43 metros y pesa 1.260 toneladas.

La zona privada del dios

Con ocasión de las grandes festividades, las imágenes de los dioses eran trasladadas en barcas en el curso de largas procesiones
Tras el pilono de entrada viene un patio a cielo abierto. Simboliza la apoteosis de Re, el Sol, con su victoria repetida cada noche sobre el caos y sobre la serpiente Apofis, su enemigo, a la que sigue un nuevo amanecer. Aquí hallamos dos grandes santuarios que sirvieron como reposaderos de las barcas portátiles de la tríada tebana, formada por Amón, su esposa Mut y el hijo de ambos, Khonsu. Con ocasión de las grandes festividades, las imágenes de los dioses eran trasladadas en barcas en el curso de largas procesiones, durante las cuales se utilizaban los reposaderos para dar descanso a las divinidades. Fueron construidos en tiempos de Seti II (1200-1194 a.C.) y Ramsés III (1184-1153 a.C.).
Después del patio, siguiendo el esquema típico de un templo, nos encontramos con una sala hipóstila o columnada. Esta sala da la idea de la espesura del cañaveral que rodeaba la colina emergida del Nun, el océano primigenio. El ejemplo de Karnak, cuya ejecución se remonta a Seti I (1305-1289 a.C.), es espectacular. La sala, de 103 por 52 metros, contiene 134 columnas papiriformes, de las que las doce centrales, con capiteles de más de cinco metros de diámetro, alcanzan los 21 metros de alto frente a los 15 del resto de columnas.
La diferencia en altura de las columnas centrales respecto a las laterales permitía colocar grandes ventanas de piedra, que eran la única fuente de luz. Por ello, del mismo modo que sólo con la luz solar las plantas abren sus cálices, sólo los capiteles de las columnas centrales están abiertos, mientras que los capiteles de las columnas laterales, sumidas en la penumbra, están cerrados. Esta sala se convirtió en el lugar de coronación de los reyes en Tebas.
A medida que nos introducimos en el templo, no hacemos sino reproducir el ascenso por la colina primordial, desde su orilla hasta la cima. Por ello, con nuestro avance vamos subiendo a través de pequeñas rampas y escalones, acercándonos al sanctasanctórum, simbólica cima de la colina. Al mismo tiempo, los techos, decorados con estrellas, son cada vez más bajos, para reflejar que nuestro ascenso nos va acercando al cielo. Por desgracia, el núcleo del templo de Amón en Karnak no está tan bien conservado como para que podamos percibir este detalle, que sí podemos advertir en otros templos más tardíos, como el de Edfú.
Antes de acceder al lugar donde reposa el dios, llegamos al principal santuario para su barca portátil. En Karnak, este espacio se conserva perfectamente. Fue erigido en época de Filipo Arrideo (siglo IV a.C.), en el mismo lugar donde mil años atrás se levantaba, con la misma función, la famosa capilla Roja de Hatshepsut. Aquí se depositaba la barca portátil de Amón cuando éste no participaba en las procesiones.
Más allá del santuario de la barca, donde ahora sólo hay un yermo, se levantó el centro neurálgico del templo: una sala en penumbra, donde una capilla o naos tallada en un monolito de piedra albergaba la estatua de Amón. Era el sanctasanctórum, la cima de la colina primordial, morada y trono del dios, el lugar más sagrado del templo, al que sólo el faraón o el sumo sacerdote y sus ayudantes más cercanos podían entrar. Todas las puertas que llevaban a este espacio eran cerradas y selladas cada día, pues nadie debía molestar a Amón en su morada.

Para saber más

Guía ilustrada de Luxor. Kent R. Weeks. White Star, 2006.
Los templos del antiguo Egipto. Richard H. Wilkinson. Destino, Barcelona, 2002.
 
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Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
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