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martes, 23 de septiembre de 2025

Grandes mujeres del antiguo: Egipto Las peripecias del tesoro funerario de Ahhotep, la reina guerrera de Egipto

 Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos entrega un reportaje sobre el descubrimientos de tumbas de reinas que gobernaron el Antiguo Egipto, siendo una de ellas:  Ahhotep - Reina egipcia, que tuvo que enfrentar guerras contra el norte de Egipto en poder de los Hicsos, sus tesoros fueron encontrados intactos y pasaron por muchas peripecias intentando su apropiación, que felizmente gracias, fueron salvadas por Auguste Mariette y hoy se exhiben el Museo Nacional del Cairo..... siga leyendo..............


Recreación fantasiosa de una reina egipcia e imagen d euna figurilla de Ahhotep. Fuente: Midjourney/Erica Couto; Museo del Louvre (fotografía) - Recreación ficticia de una soberana egipcia.
https://www.muyinteresante.com/historia/quien-fue-ahhotep-la-reina-guerrera-del-antiguo-egipto-enterrada-con-un-opulento-tesoro-de-armas-y-joyas.html


Estatuilla de Ahhotep. Fuente: Museo del Louvre 




Collar compuesto por tres moscas de oro macizo que forma parte del ajuar funerario de la reina Ahhotep. Museo Egipcio, El Cairo.

Shutterstock editorial 

Carme Mayans
Carme Mayans

Especialista en Historia Antigua y Arqueología


Corría el año 1859, y el comerciante Galli Maunier, socio de Auguste Mariette, a la sazón director del Departamento de Antigüedades de Egipto, se encontraba excavando en la necrópolis tebana de Dra Abu el Naga en su nombre cuando, el 8 de febrero, sus trabajadores dieron con lo que parecía ser una tumba intacta al fondo de un pozo de más de 5 metros de profundidad. Maunier envió de inmediato un informe a El Cairo para informar a Mariette del hallazgo.

"Tengo el placer de comunicarle que sus capataces han encontrado un magnífico sarcófago y, junto a este, un cofre que contiene cuatro recipientes de alabastro de formas diferentes sin decoración ni inscripciones. La tapa del sarcófago es dorada e incluye una inscripción longitudinal y los ojos están esmaltados en oro; sobre la cabeza tiene una serpiente en relieve, aunque, desafortunadamente, falta la cabeza del animal", escribió Maunier.




Pero ¿a quién pertenecía aquella sepultura? El enterramiento que, en efecto, estaba intacto, era el de una reina llamada Ahhotep. Esta antigua soberana, miembro de la familia real tebana durante la dinastía XVII (1580-1550 a.C.), tuvo una gran relevancia durante ese convulso período de la historia egipcia en el que los reyes de Tebas emprendieron una "guerra de liberación" contra los gobernantes hicsos del norte.

La reina guerrera

De hecho, Ahhotep fue la esposa y hermana de Seqenenre Taa II, un monarca que murió en el campo de batalla y cuya momia es prueba de la violencia de los combates que tuvieron lugar en el Delta (Seqenenre Taa murió de un tremendo golpe en el cráneo, seguramente asestado con un hacha).

Tras la muerte de Seqenenre, le sucedió en el trono Kamose, que tradicionalmente se ha creído que era hijo o hermano del fallecido (hoy en día se piensa que en realidad no tenía ningún parentesco con el monarca). Sea como fuere, Kamose murió al poco tiempo y fue sucedido por Amosis, un niño, que, este sí, era hijo de Sequenre y de Ahhotep, la cual ejerció de regente durante la minoría de edad de su hijo y jugó un papel destacado en la lucha contra los invasores. 

Brazalete de la reina Ahhotep con representaciones de las almas de Pe y de Nekhen, que alzan sus brazos en la posición henu. Oro y lapislázuli. Museo Egipcio, El Cairo.

Shutterstock editorial 


De la importancia de Ahhotep da fe el magnífico ajuar funerario que se encontró en su tumba. Un ajuar que también destacaba por su singularidad. Y es que entre los valiosos objetos que acompañaron a la reina al más allá (entre ellos un pequeño barco de plata) había diversas armas, como una hermosa hacha ceremonial y un magnífico collar de oro compuesto por tres moscas, una condecoración militar que normalmente se entregaba a aquellos que demostraban especial valor en el combate (tal vez la reina incluso llegó a ejercer el mando efectivo sobre las tropas).

un tesoro viajero

Pero tras su descubrimiento, las joyas y la momia de Ahhotep no tuvieron ni un momento de tranquilidad. De hecho, a partir de entonces las peripecias se sucedieron sin cesar. Tras el hallazgo, el ataúd de la reina fue llevado a Qena y allí, el jefe local, Fadil Pachá, lo abrió sin muchos miramientos. El hombre, deseoso de hallar tesoros entre las vendas, destrozó la momia y extrajo dos kilos de joyas de oro que, en un gesto de amistad, envió como regalo al virrey de Egipto, Said Pachá, que estaba en El Cairo. 
Cuando Mariette, que no había podido supervisar la excavación, se enteró de lo que había pasado, fue consciente del peligro de que el tesoro de la reina fuese fundido o repartido entre las mujeres del harén del virrey, así que tomó de inmediato cartas en el asunto y decidió "interceptar" el barco enviado por Fadil Pachá a El Cairo con el tesoro. Théodule Devéria, fotógrafo, egiptólogo y buen amigo de Mariette, describe así lo que sucedió a continuación:

Hacha ceremonial hallada en la tumba de Ahhotep que lleva el nombre de su hijo Amosis. Museo de Luxor.

Jesse (CC BY-SA 2.0) 

"Habíamos llegado ya todo lo lejos que nuestro vapor podía llevarnos cuando vimos que se dirigía hacia nosotros el barco que transportaba el tesoro de la momia real. Una media hora después ambas embarcaciones estaban a la misma altura. Tras intercambiar algunas acaloradas palabras acompañadas con gestos no menos expresivos, Mariette amenazó a uno con tirarlo por la borda, a otro con achicharrarle los sesos, a un tercero con enviarlo a galeras, a un cuarto con la horca... Al final decidieron subir la caja con las antigüedades a nuestro barco". 

Tal acción, en contra de lo que pudiera parecer, suscitó la admiración de Said Pachá, que entonces encargó a Mariette la creación de un museo para contener el creciente número de objetos que las excavaciones del director del Departamento de Antigüedades iban proporcionando y que desde 1835 estaban guardados en un vetusto almacén. El nuevo museo se levantó en el barrio de Bulaq, y fue el antecedente del actual Museo Egipcio que se levanta en la plaza Tahrir de El Cairo. 

regalos diplomáticos

Pero el interés del virrey por todos estos tesoros no era solamente debido a su más que dudoso compromiso con la preservación del patrimonio de su país, sino que principalmente la idea de Said Pachá era conservarlos en condiciones hasta que pudiesen ser "ulitizados para engrasar los mecanismos diplomáticos", es decir, ser usados como regalos.

Y aunque Said murió en 1863, una excelente ocasión se le presentó a su sucesor, Ismail Pachá, en 1867, cuando tuvo lugar la Exposición Universal de París. En el pabellón de Egipto se mostraron las momias de los sacerdotes de Montu, que entre 1858 y 1866 habían sido descubiertas por Mariette bajo el templo de la reina Hatshepsut en Deir el-Bahari, y, por supuesto, las joyas de la reina Ahhotep, que causaron sensación. Sobre todo a la emperatriz Eugenia de Montijo, la esposa de Napoleón III, que, cuando las vio, quedó absolutamente fascinada. 

 

Entonces, ni corta ni perezosa, la emperatriz pidió a la delegación egipcia que le regalase las joyas de la antigua soberana. A Ismail no le pareció mal, pero antes tuvo la precaución de consultarlo con Auguste Mariette, quien, cuando se enteró de la pretensión de la emperatriz, no pudo ocultar su asombro y se negó en redondo afirmando que el lugar donde las joyas debían estar era Egipto. Así, sin escuchar las quejas del virrey, el ofendido Mariette envió de inmediato el tesoro de vuelta a El Cairo.

Ismail Pachá montó en cólera y aunque acabó aceptando la decisión tomada por Mariette, nunca le perdonó (Napoleón III tampoco perdonó al virrey el desaire hecho a su esposa). De hecho, Ismail recortó considerablemente los fondos del francés destinados a sus excavaciones. Pero a pesar de todos estos incidentes las magníficas joyas se quedaron en Egipto, donde hoy en día pueden ser admiradas por los visitantes en la Sala 4 del primer piso del Museo Egipcio de El Cairo.

NATIONAL GEOGRAPHIC 
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui 
ayabaca@gmail.com

jueves, 20 de marzo de 2025

Enigmas del antiguo Egipto : Bashiri, la enigmática momia que ningún egiptólogo se atreve a desenvolver

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la revista National Geographic, nos ofrece un reportaje de la momia egipcia Bashiri, conocida como: "la intocable", por que no se han tocado sus finas envolturas de su embalsamiento por temor a dañar sus vestiduras y vendajes que origina un misterio, que nadie se atreve a tocarla. Esta momia ya tiene un siglo de su descubrimiento por el investigador y arqueólogo británico Howard Carter, se encuentra expuesta en el Museo Egipcio de El Cairo..... siga leyendo................


Tras su descubrimiento hace más de un siglo, Bashiri sigue cautivando a los egiptólogos por ser una momia que no solamente se distingue por el cuidado y la precisión con que fue envuelta por los antiguos embalsamadores, sino porque quedan misterios en su interior que aún no se han podido desentrañar.



La momia Bashiri ha sido sometida a técnicas no invasivas para desvelar sus secretos. 

Museo Egipcio de El Cairo


Descubierta hace más de un siglo en el Valle de los Reyes por el famoso arqueólogo británico Howard Carter, la momia Bashiri, que en árabe significa "profeta" o "alguien que puede predecir el futuro", siempre ha estado envuelta en un halo de misterio. A pesar de que muchas de las momias que han llegado hasta nuestros días han sido analizadas y estudiadas ampliamente por los expertos, sin embargo parece que en lo que respecta a la momia Bashiri parece haber cierta reticencia a desentrañar sus secretos. 

A diferencia de la mayoría de las momias, Bashiri, datada en el siglo III a.C. y expuesta en el Museo Egipcio de El Cairo, ha permanecido prácticamente intacta y muchos de sus secretos aún se ocultan en el interior de sus vendajes. De hecho, lo que distingue a esta momia de otras es el excepcional cuidado y la precisión con la que fue envuelta en sus finos vendajes de lino, que crean un intrincado patrón en su rostro que se asemeja a las famosas e icónicas pirámides de Giza.





Básicamente, el motivo por el cual los egiptólogos se han mostrado tan reacios a realizar cualquier actuación sobre ella es que un análisis invasivo pudiera poner en riesgo a la momia y causar algún daño irreparable a su espléndido vendaje. De este modo, Bashiri es conocida entre los expertos como "la intocable", pues los riesgos asociados a que sea desenvuelta han disuadido incluso a los egiptólogos más experimentados.

Desafíos desde el más allá

A pesar de los grandes desafíos que presenta el estudio de Bashiri, su importancia es incuestionable, ya que es un magnífico ejemplo para que los investigadores puedan conocer de primera mano cómo eran las prácticas funerarias del antiguo Egipto. El extraordinario cuidado con el que fue envuelta pone de manifiesto que este individuo fue, muy probablemente, un miembro importante de la sociedad egipcia. Y es que la complejidad de los diseños de las vendas que la envuelven deja entrever el respeto con que esta persona fue tratada en vida.

Pero el hecho de que los egiptólogos no se hayan atrevido a desenvolver a Bashiri no hace más que añadir un aire de misterio a esta historia, como si la propia momia se negara a revelar sus secretos y retara desde el más allá a los expertos a desentrañar su historia. Pero, gracias a los avances tecnológicos en el estudio de las momias, los investigadores han dado con una manera no invasiva para poder atisbar en su interior sin necesidad de desenvolverla físicamente. 


Bashiri fue envuelta con finas vendas de lino que crean un intrincado patrón en su rostro.

Museo Egipcio de El Cairo

Técnicas como la tomografía computarizada de alta resolución y otros sistemas de imagen avanzados han permitido un examen exhaustivo de las vendas de lino y obtener información valiosa que de otra manera habría sido imposible. Estos métodos no invasivos han permitido a los egiptólogos mapear las intrincadas capas de los vendajes y obtener pistas sobre la identidad de esta persona, sobre su estatus social o los rituales que se habrían llevado a cabo durante el proceso de momificación, además de desvelar los diversos objetos que se colocaron entre los vendajes.

Gracias a todas estas técnicas, los egiptólogos esperan poder obtener una información de incalculable valor que permita responder muy pronto a todas las cuestiones que rodean a Bashiri y que hasta ahora había sido imposible conseguir. Porque los investigadores recuerdan que a pesar de su excelente estado de conservación, la fragilidad de Bashiri nos recuerda la importancia de preservar para las generaciones futuras cualquier elemento del pasado. 



Los investigadores esperan que con las nuevas técnicas no invasivas se pueda al fin conocer la identidad de esta bien preservada momia.

Museo Egipcio de El Cairo

Bashiri es, sin duda, un magnífico testimonio de cómo se puede intentar responder a los enigmas del pasado, en este caso mediante el estudio de una antigua momia egipcia, sin comprometer su integridad.

Es, en fin, un recordatorio de que, incluso ante los nuevos avances de la tecnología, hay secretos que seguramente continuarán ocultos. Y es que el misterio es, y continuará siendo, una parte integrante del encanto del antiguo Egipto.

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NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

miércoles, 19 de abril de 2023

MISTERIOS Y CURIOSIDADES DEL ANTIGUO EGIPTO: Los 'Ushebtis', sirvientes de ultratumba

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., los antiguos egipcios, se hacían enterrar con figurillas funerarias llamadas Ushebtis, que tenían como función servir al difunto y hacerle la vida más confortable en el El Más Allá. Las tumbas se llenaron de estas figurillas que dependiendo de la clase social y solvencia económica, se acumulaban hasta miles de figuritas funerarias..  "Los ushebtis se situaban junto a la momia del difunto en un principio, pero cuando ya se contaban por centenares o miles, se fueron disponiendo en bellos estuches, arcas, hornacinas... Desde sus lugares de reposo velarían para siempre por el bienestar de su propietario en el más allá....." ..siga leyeno..........

En el antiguo Egipto, todo el mundo se hacía enterrar acompañado de unas figurillas funerarias llamadas ushebtis que tenían la función de servir al difunto y hacerle la vida más confortable en el más allá.

Conjunto de ushebtis procedentes de la tumba de un hombre llamado Neferibreheb.

Serge Ottaviani (CC BY-SA 3.0)

Carme Mayans
Carme Mayans

Especialista en Historia Antigua y Arqueología

Actualizado a 


De todos es sabido que los antiguos egipcios preparaban con mucho tiempo y con esmero su viaje al más allá. Todo ello para lograr su objetivo final: alcanzar sin problemas el reino de Osiris. Para ello se hacían enterrar con amuletos y textos sagrados como el Libro de los muertos, indispensables para sortear los peligros que presentaba ese trascendental viaje. Pero aparte de conseguir llegar al otro mundo sin demasiados inconvenientes, los egipcios también querían otra cosa: no tener que trabajar allí.

Los egipcios se hacían enterrar con amuletos y textos sagrados como el "Libro de los muertos".

Porque, de hecho, la vida en el inframundo egipcio era como una copia de la vida terrenal (aunque algo más espiritual), donde todo el mundo debía ejercer algún trabajo para subsistir. Además, era obligatorio arar en los fértiles "campos de Iaru", por lo que además de amuletos y sortilegios, los egipcios llenaron sus tumbas, dependiendo de su estatus social y su riqueza, con multitud (incluso cientos o a veces miles) de figuritas funerarias llamadas ushebtis.

para saber más

tumbas y sarcofagos egipto 3

DESCUBREN 16 CÁMARAS FUNERARIAS REPLETAS DE SARCÓFAGOS

Leer artículo



SUSTITUTOS DEL DIFUNTO

Los ushebtis son unas pequeñas figuras de forma momiforme, normalmente hechas en madera o loza, que se depositaban en el sepulcro con la intención de que actuasen como sirvientes del difunto y que, de este modo, éste no tuviese que trabajar durante la eternidad. Los ushebtis llevaban inscrito el nombre de su propietario y muchas veces se representaban pertrechados con pequeñas azadas o útiles de labranza. También se les conocía como "replicantes" o "los que responden", puesto que cuando el difunto era llamado por los dioses a desempeñar cualquier cometido en el más allá, los ushebtis respondían "aquí estoy" y le reemplazaban, librándole de esta obligación.

Se les conocía como "replicantes", puesto que cuando el difunto era llamado a desempeñar cualquier cometido en el más allá, los ushebtis respondían "aquí estoy"

Ushebti procedente de una tumba de la dinastía XVIII. Museo Metropolitano, Nueva York.

PD


Para cualquier egipcio era una ventaja disponer de varios ushebtis; incluso los campesinos más pobres, en una sociedad eminentemente agrícola, no estaban dispuestos a seguir realizando las duras labores de la tierra por toda la eternidad. De este modo, todo el mundo se hacía enterrar en compañía de los pequeños "replicantes".

para saber más

Rendir cuentas ante Osiris

EL LIBRO DE LOS MUERTOS DE LOS EGIPCIOS

Leer artículo



LEGIONES DE "REPLICANTES"

Con el tiempo, en los ushebtis no sólo se inscribió el nombre del difunto, sino también conjuros mágicos para protegerle de cualquier mal. La mayoría de inscripciones hacían referencia a un extracto del capítulo VI del Libro de los muertos, titulado "capítulo de los ushebtis", y que dice así: "Fórmula para que un ushebti ejecute los trabajos para alguien en el más allá. Palabras dichas por el Osiris (el nombre del difunto): ¡Oh ushebti de (el nombre del difunto)".

En este capítulo, el propietario del ushebti le ordena lo siguiente: "Si soy llamado, si soy designado para hacer todos los trabajos que se hacen habitualmente en el más allá, (sabe) bien que la carga te será infligida allí. Como (se debe) alguien a su trabajo, toma tú mi lugar en todo momento para cultivar los campos, para irrigar las riberas y para transportar la arena de Oriente a Occidente. Heme aquí (responderás tú figurilla); iré a donde me mandes, Osiris (el nombre del difunto) Justificado".

El número de ushebtis que se colocaban en las tumbas fue creciendo exponencialmente a lo largo de los siglos. Así, durante el Reino Nuevo los altos funcionarios y los faraones y sus familias se enterraban acompañados de un auténtico ejército de ushebtis. Por ejemplo, en la tumba de Tutankamón se descubrieron nada más y nada menos que 413 ushebits, todos ellos de una gran calidad artística, pintados de vivos colores y con las facciones del rey. Así, el faraón contaba con 365 obreros, uno por cada día del año; 36 capataces, uno por cada cuadrilla de 10 obreros, y 12 jefes de mes, uno por cada mes del año. En total, 413.

En la tumba de Tutankamón se descubrieron 413 ushebtis y en la de Seti I, Belzoni creyó haber visto cerca de mil.


Ushebti hecho en fayenza azul, datado en la Baja Época. Museo Metropolitano, Nueva York.

PD

También el explorador Giovanni Battisa Belzoni descubrió una legión de ushebtis cuando penetró en la tumba de Seti I en el Valle de los Reyes, en 1817. El italiano calculó haber visto cerca de mil, todos ellos elaborados en fayenza de un hermoso tono azulado.

Los ushebtis se situaban junto a la momia del difunto en un principio, pero cuando ya se contaban por centenares o miles, se fueron disponiendo en bellos estuches, arcas, hornacinas... Desde sus lugares de reposo velarían para siempre por el bienestar de su propietario en el más allá.

 

 


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