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lunes, 27 de enero de 2020

LOS MAYAS : MÉXICO .- NATIONAL GEOGRAPHIC.- FUE USADO POR LA ÉLITE MAYA.- Encuentran restos de un Palacio Maya en México

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., acaba de descubrirse en el Estado Mexicano de Yucatán, un palacio en el Yacimiento Arqueológico de Kulubá que fue usado por la élite Maya.
NATIONAL GEOGRAPHIC .- narra : "...... El yacimiento arqueológico de Kulubá se ubica a unos 35 kilómetros de la turística población de Cancún, en el estado mexicano de Yucatán. Kulubá fue un asentamiento maya que mantuvo contactos con ciudades vecinas tan importantes como Ek'Balam y sobre todo con Chichén Itzá, tal vez el yacimiento maya más famoso de esta zona de México. Alfredo Barrera Rubio, arqueólogo del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México (INAH) al frente de los trabajos, comenta respecto a la relación entre ambas ciudades: "Fue en el Clásico Terminal cuando Chichén Itzá, al volverse una metrópoli destacada en el nororiente del actual Yucatán, extendió su influencia sobre sitios como Kulubá, el cual, por los datos que tenemos y materiales de cerámica tipo Chichén y obsidiana de las mismas fuentes que proveían a esta urbe maya, podemos inferir que se convirtió en un enclave Itzá"..........."

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/encuentran-restos-palacio-maya-mexico_15042

En el yacimiento de Kulubá, en Yucatán, México, los arqueólogos han descubierto los restos de una grandiosa estructura que han identificado como un edificio de representación o "palacio" que posiblemente fue utilizado por la élite que dominó esta antigua ciudad maya.

Foto: INAH
Carme Mayans
· Lectura: 3 min

 El yacimiento arqueológico de Kulubá se ubica a unos 35 kilómetros de la turística población de Cancún, en el estado mexicano de Yucatán. Kulubá fue un asentamiento maya que mantuvo contactos con ciudades vecinas tan importantes como Ek'Balam y sobre todo con Chichén Itzá, tal vez el yacimiento maya más famoso de esta zona de México. Alfredo Barrera Rubio, arqueólogo del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México (INAH) al frente de los trabajos, comenta respecto a la relación entre ambas ciudades: "Fue en el Clásico Terminal cuando Chichén Itzá, al volverse una metrópoli destacada en el nororiente del actual Yucatán, extendió su influencia sobre sitios como Kulubá, el cual, por los datos que tenemos y materiales de cerámica tipo Chichén y obsidiana de las mismas fuentes que proveían a esta urbe maya, podemos inferir que se convirtió en un enclave Itzá".
Kulubá fue un asentamiento maya que mantuvo contactos con ciudades vecinas tan importantes como Ek'Balam y sobre todo con Chichén Itzá.

Un suntuoso "'palacio" maya

Desde hace algunos años, el INAH está llevando a cabo labores de excavación y recuperación de las estructuras arquitectónicas de Kulubá. Durante la presente campaña de excavaciones en el yacimiento, los arqueólogos han descubierto una gran estructura, de 55 metros de largo por 15 de ancho y seis de alto, en la que se han podido datar dos fases de ocupación: una en el Clásico Tardío (entre los años 600 y 900) y otra en el Clásico Terminal (entre 850 y 1050).
Los arqueólogos han descubierto una gran estructura bautizada como "palacio" por los investigadores y que posiblemente fue usada por la élite de la ciudad.
Este lugar, del que se han excavado los cimientos, las escalinatas y una crujía con pilastras en la parte superior, y que posiblemente fue usado por la élite de la ciudad, ha sido bautizado como "palacio" por los investigadores, y se ha descubierto en la zona oriental de la plaza principal del conocido como Grupo C. Barrera ha puntualizado que "los trabajos son iniciales, apenas estamos rescatando una de las estructuras más voluminosas del sitio", aunque "el palacio, que consideramos de seis cámaras, ya está siendo intervenido para localizar los muros, las escalera y luego conservar la estructura", ha explicado el arqueólogo.

La campaña de excavaciones se inició en noviembre de 2019 y durará hasta marzo de 2020. 
Foto: INAH

Habitantes y urbanismo

En el interior del "palacio", los arqueólogos han descubierto un entierro secundario –un enterramiento que fue depositado aquí tras ser extraído de su lugar de sepultura original– de diversos individuos. Los análisis de los restos óseos permitirán saber el sexo, la edad y las enfermedades que sufrieron estas personas, lo que sin duda arrojará luz sobre los pobladores mayas de este lugar. Además de este "palacio", los arqueólogos han desenterrado en la plaza del Grupo C otras estructuras como un altar, dos viviendas y una construcción de planta redonda que parece un horno.
La última campaña de excavaciones arqueológicas en Kulubá se inició en noviembre de 2019 y durará hasta marzo de 2020.Durante este tiempo, está previsto el estudio y rehabilitación de diversas estructuras, tal como señala Barrera: "En esta región del oeste de Yucatán conocemos muy poco de características arquitectónicas. Entonces, uno de los objetivos, parte de la conservación, es el estudio de la arquitectura de Kulubá". Otro objetivo de los investigadores es realizar el mapeo de 234 hectáreas del yacimiento para avanzar más en el conocimiento del patrón de asentamiento de esta antigua ciudad maya.



NATIONAL GEOGRAPHIC

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https://www.inah.gob.mx/boletines/8810-confirman-existencia-de-un-palacio-en-la-zona-arqueologica-de-kuluba-en-yucatan

Confirman existencia de un palacio en la Zona Arqueológica de Kulubá, en Yucatán

Proceso de estabilización y limpieza de los estucos del Templo de las U. Foto: Mauricio Marat. 
INAH.

*** La estructura, de 55 metros de largo, es investigada junto con cuatro edificaciones del Grupo C de la ciudad prehispánica maya, la cual recobra su esplendor gracias a expertos del INAH
*** Se realizan labores de conservación en edificios de los Grupos A y B; mapeo y registro topográfico; y se preserva el antiguo Rancho Kulubá, que data de mediados del siglo XX
Tizimín, Yuc. - Ubicada 35 kilómetros al sureste de este municipio yucateco, Kulubá es una zona arqueológica que avanza sostenidamente en su estudio y en la recuperación de su antiguo esplendor. Personal del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) explora y consolida el llamado Grupo C del asentamiento, a la par que emprende acciones de conservación en sus acabados arquitectónicos, como parte de un proyecto interdisciplinar entre especialistas en arqueología y restauración.
Estos trabajos, que se realizan gracias al apoyo financiero del Gobierno del Estado de Yucatán, han permitido confirmar la existencia de un palacio al oriente de la plaza principal del Grupo C, mediante la liberación y el reconocimiento del basamento, las escalinatas y una crujía con pilastras, en la parte superior, que habría sido usada por la élite del lugar.
Se trata, menciona el arqueólogo Alfredo Barrera Rubio, de una voluminosa construcción de aproximadamente 55 metros de largo por 15 de ancho y 6 de altura, cuyos vestigios materiales apuntan a dos fases de ocupación: una en el periodo Clásico Tardío (600–900 d. C.) y otra en el Clásico Terminal (850–1050 d. C.).
“Fue en el Clásico Terminal cuando Chichén Itzá, al volverse una metrópoli destacada en el nororiente del actual Yucatán, extendió su influencia sobre sitios como Kulubá, el cual, por los datos que tenemos y materiales de cerámica tipo Chichén y obsidiana de las mismas fuentes que proveían a esta urbe maya, podemos inferir que se convirtió en un enclave Itzá”.
Para el investigador del Centro INAH Yucatán, una cualidad de esta cuarta temporada de campo en Kulubá, la cual inició en noviembre y llegará hasta marzo de 2020, es que las acciones arqueológicas están acompañadas por expertos en restauración.
Así, por ejemplo, un entierro secundario –es decir, que fue depositado allí tras haber sido extraído de su sitio original– en el cual yacían diversos individuos y que se ubicó durante la liberación del palacio, fue excavado y recibió un tratamiento de conservación inicial por parte de los restauradores, a fin de que pudiera ser resguardado en condiciones idóneas para su estudio y preservación. Futuros exámenes de antropología física permitirán determinar el sexo, la edad, las patologías e incluso los hábitos de aquellos individuos mayas del pasado.
Junto con este palacio –ubicado en uno de los tres conjuntos arquitectónicos que se estima contemplará, a mediano plazo, la visita pública de Kulubá–, los expertos exploran y consolidan otras cuatro estructuras en la citada plaza del Grupo C: un altar, dos vestigios de espacios de uso habitacional y una construcción redonda que, se cree, era un horno.
Barrera Rubio explica que una parte adicional del recurso destinado al sitio, derivado del convenio suscrito entre el INAH y el Gobierno del Estado de Yucatán, se dedica al mapeo y levantamiento topográfico de 234 hectáreas, así como al análisis del patrón de asentamiento de la urbe prehispánica, la cual se encuentra en su totalidad bajo resguardo del Instituto.
Un frente de trabajo adicional consiste en la rehabilitación del casco del antiguo Rancho Kulubá, ya que esta construcción, ubicada dentro del área patrimonial protegida, es a su vez un vestigio histórico de la primera mitad del siglo XX: con techumbre de palma de guano, mampostería tradicional y hamaqueros de madera.
Vinculado con este rescate de la herencia patrimonial edificada, detalla el arqueólogo, está el énfasis que tiene el proyecto en priorizar la colaboración de ayudantes provenientes de comisarías cercanas a Kulubá, como San Luis Tzuc Tuc, San Pedro y Tixcancal, así como albañiles con amplia experiencia en consolidación arqueológica, originarios del municipio de Oxkutzcab.
“Que Kulubá sea totalmente propiedad federal es muy importante al momento de planear que su paulatina habilitación tenga efectos sustentables y positivos para las comunidades circundantes”, declara el investigador al encomiar la labor de los 55 jornaleros, 20 de ellos mujeres, que apoyan el rescate de la urbe prehispánica, conociendo con ello más acerca del patrimonio arqueológico de su lugar de origen.

Restaurar en la selva media
A lo largo del siglo XX, Tizimín cedió la mayor parte de su terreno selvático al uso agrícola y ganadero, a tal grado que Kulubá es uno de los últimos reductos de selva media en el municipio. Esto hace que los expertos que hoy devuelven su esplendor a los edificios mayas no solo convivan con monos araña y otras especies de flora y fauna, sino que también prioricen que la zona arqueológica se distinga por su equilibrio natural y cultural.
            Para María Fernanda Escalante Hernández y Natalia Hernández Tangarife, restauradoras de la Sección de Conservación del Centro INAH Yucatán, quienes codirigen el proyecto de conservación de acabados arquitectónicos en Kulubá, lo anterior implica que las acciones que realizan, tengan criterios de permanencia y retratabilidad; determinados a partir del análisis de los elementos en relación con sus conjuntos arquitectónicos y su contexto climático.
           
            Esto, detallan, se debe al hecho de que las estructuras que en esta temporada atienden –correspondientes a edificios de los Grupos A y B, explorados y consolidados por los arqueólogos en temporadas previas– forman parte de un ecosistema selvático activo y, por lo tanto, están más sujetas a la acción del intemperismo.
            En vista de ello, comenta Natalia H. Tangarife, se han colocado elementos como pisos y recubrimientos 'de sacrificio', para preservar los acabados originales, al tiempo que se hacen intervenciones para optimizar la canalización de agua en los inmuebles.
            "Una opción que el propio sitio da, es usar la vegetación en favor de la conservación; reforestando sitios específicos para que los árboles protejan de la luz directa, el viento y otros elementos a las estructuras que tienen policromía", ejemplifica.
Ahora mismo, los especialistas en conservación atienden dos edificios destacados en Kulubá: uno es un palacio también perteneciente al Grupo C, en el cual, en el año 2000, el arqueólogo Barrera localizó un piso estucado que, a su vez, tenía esgrafiado un ‘patolli’; un juego de mesa prehispánico ampliamente difundido en Mesoamérica.
El segundo es llamado el Templo de las 'U', se trata de un edificio con una planta en forma de T, cuya característica más notoria es que sus fachadas tienen decoraciones de piedras labradas y recubiertas de una capa de estuco que asemejan letras 'u'.
"En su época, los acabados de este templo habrían dado la impresión de ser escamas de serpiente; esto se sabe porque los relieves de piedra que el inmueble tiene en sus accesos, asemejan las fauces de un 'monstruo de la tierra'", detalla Fernanda Escalante.
Un rasgo más de este templo es que cada uno de sus relieves con forma de 'u', presenta sobre el estuco una policromía roja, o bien, conserva restos de ese color en sus intersticios más profundos.
Para atender estos elementos, los restauradores se concentran en la estabilización de los estucos, así como en la limpieza –con soluciones y procesos compatibles con las técnicas originales que exponen las estructuras– de rastros de humedad, microorganismos y plantas que con el tiempo se han acumulado sobre la fachada estucada y policromada.
Todas estas acciones exploratorias y de conservación, son el inicio de los trabajos que el INAH realiza para recuperar, investigar y difundir entre el público la herencia cultural y natural de Kulubá, un sitio que, concluye el arqueólogo Alfredo Barrera, aumenta su atractivo patrimonial y de sostenibilidad regional, en la medida que sus espacios y senderos se consolidan y habilitan gracias al quehacer arqueológico.
Archivos adjuntos:
Descargar este archivo (Confirman existencia de un palacio en la Zona Arqueológica de Kulubá, en Yucatán.pdf)Boletín 567[Descargar]
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Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
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miércoles, 13 de marzo de 2019

MAYAS : NATIONAL GEOGRAPHIC .- Redescubierta una cueva sagrada de los mayas en Chichén Itzá (México)

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos reporta sobre redescubrimiento de la Cueva de Balamkú(la cueva del dios jaguar), que constituye un santuario subterráneo de Chichén Itzá, de los Mayas.
 Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en Ciudad de México, dijo: "Especialistas del proyecto Gran Acuífero Maya (GAM), a través de su línea de estudio Chichén Itzá Subterráneo, han documentado uno de los hallazgos más importantes en la historia de la investigación de esta antigua ciudad maya. Se trata de Balamkú, “la cueva del dios jaguar”, en cuyo interior se han registrado cientos de objetos arqueológicos, indicativo de su uso ritual hace más un milenio. En conferencia de prensa, realizada en la sede del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en Ciudad de México, Pedro Francisco Sánchez Nava, coordinador nacional de Arqueología, y Guillermo de Anda, director del GAM, detallaron que este espacio se ubica a 2.7 kilómetros al este de la Pirámide de El Castillo o Templo de Kukulcán, y fue descubierto fortuitamente en 1966 por ejidatarios de la comunidad San Felipe: Eleuterio, Mariano y Esteban Mazón; Ermilo, Jacinto y Pascual Un Noh..."

Proyecto GAM redescubre Balamkú, santuario subterráneo de Chichén Itzá

https://inah.gob.mx/boletines/7974-proyecto-gam-redescubre-balamku-santuario-subterraneo-de-chichen-itza

Interior Cueva Balamkú. Foto: Karla Ortega, Proyecto Gran Acuífero Maya.

*** Investigadores accedieron a la cueva descubierta fortuitamente hace más de 50 años, y documentaron cientos de artefactos arqueológicos

*** El proyecto del INAH, Gran Acuífero Maya, iniciará un minucioso registro del sitio a través de la creación de modelos en tercera dimensión, sin modificar el contexto

*** Este espacio ritual ayudará a reescribir la historia de Chichén Itzá, por tratarse de un lugar sellado por siglos


Especialistas del proyecto Gran Acuífero Maya (GAM), a través de su línea de estudio Chichén Itzá Subterráneo, han documentado uno de los hallazgos más importantes en la historia de la investigación de esta antigua ciudad maya. Se trata de Balamkú, “la cueva del dios jaguar”, en cuyo interior se han registrado cientos de objetos arqueológicos, indicativo de su uso ritual hace más un milenio.

En conferencia de prensa, realizada en la sede del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en Ciudad de México, Pedro Francisco Sánchez Nava, coordinador nacional de Arqueología, y Guillermo de Anda, director del GAM, detallaron que este espacio se ubica a 2.7 kilómetros al este de la Pirámide de El Castillo o Templo de Kukulcán, y fue descubierto fortuitamente en 1966 por ejidatarios de la comunidad San Felipe: Eleuterio, Mariano y Esteban Mazón; Ermilo, Jacinto y Pascual Un Noh.

No obstante, la cueva permaneció inalterada por más de cinco décadas, dado que el arqueólogo Víctor Segovia Pinto —quien recibió el reporte del sitio— consideró tapiar la entrada de la cueva poco después de su hallazgo. El año pasado, Luis Un, el niño que acompañó a los ejidatarios y que ahora es un adulto de 68 años, condujo al equipo del GAM hacia este santuario subterráneo, brindando una gran oportunidad para su exploración bajo una metodología que evitará alterar los contextos rituales que alberga.

Guillermo de Anda, investigador del INAH, y James Brady, profesor de la Universidad Estatal de California y codirector de la iniciativa, coinciden en que este es el mayor descubrimiento en la zona desde el hallazgo de la cueva de Balamkanché, en la década de los 50, de donde se extrajeron alrededor de 70 incensarios, entre otros materiales, sin llevar a cabo su análisis. Eso derivó en la pérdida de información invaluable, de ahí que Balamkú representa una ocasión imperdible para la arqueología en cavidades profundas.

“Balamkú ayudará a reescribir la historia de Chichen Itzá, en Yucatán. Los cientos de artefactos arqueológicos, pertenecientes a siete ofrendas documentadas hasta ahora, se encuentran en un extraordinario estado de preservación. Debido a que el contexto se mantuvo sellado por siglos, contiene información invaluable relacionada con la formación y caída de la antigua Ciudad de los Brujos del Agua, y acerca de quiénes fueron los fundadores de este icónico sitio”, expresó Guillermo de Anda.

            El difícil acceso y la morfología de la cueva exacerban las cualidades sagradas de la misma, lo que hace inferir se trata de un contexto netamente ritual, refirió el arqueólogo Pedro Francisco Sánchez Nava, coordinador nacional de Arqueología del INAH, en la reunión con los medios de comunicación, que fue presidida también por Roberto Junco, titular de la Subdirección de Arqueología Subacuática.

La hipótesis de la que parte el equipo del GAM, es que hacia los periodos Clásico Tardío (700-800 d.C.) y Clásico Terminal (800-1000 d.C.), el norte de la Península de Yucatán experimentó una inusitada sequía que obligó a sus pobladores a realizar peticiones de lluvia, yendo a las entrañadas de la tierra, al inframundo, donde residían las deidades de la fertilidad.

Eso explica el enorme esfuerzo que hicieron los antiguos mayas para depositar las ofrendas en las galerías recónditas y restringidas de la cueva Balamkú, “uno de los espacios más sagrados de Chichén Itzá”: cajetes, piedras de molienda, malacates y metates en miniatura, y tapas de incensarios con representaciones de jaguar.

Entre los incontables restos cerámicos que se vislumbran en las siete ofrendas registradas, destacan, por lo menos, 200 incensarios, muchos de ellos con la representación del dios del agua, Tláloc (característico por sus bigoteras y anteojeras), una divinidad cuyo culto, en algún momento aún no precisado, “viajó” del centro de México a la península de Yucatán.

Los incensarios y vasijas que aparecen concrecionados con estalagmitas, conservan aún restos carbonizados, alimentos, semillas, jade, concha y huesos, entre otros elementos ofrendados que servirán para datar no sólo con mayor exactitud estos depósitos —dado que no se descarta la presencia de contextos más antiguos al periodo Clásico Tardío-Terminal—, sino la actividad ritual de los itzáes por medio de la pelobotánica.

De Anda comentó que la cueva Balamkú es una especie de “gusano” por su morfología serpenteante, y es partir de los 400 metros, tras andar pecho tierra, cuando se empiezan a abrir algunas galerías y cámaras, la mayor de ellas con 3.80 m de altura, que es justo donde se encuentran las grandes ofrendas.

En virtud de que muchos de los incensarios parecen haber sido destruidos intencionalmente, una segunda hipótesis apunta a que fueron “matados ritualmente”, o bien, parte de una acción de desacralización del espacio, quizá en el ocaso de Chichén Itzá.

Hasta el momento, dijo el titular del GAM, sólo se ha llevado a cabo una exploración preliminar y aún no se efectúa ningún tipo de excavación, por lo que no se descarta la posible presencia de una amplia variedad de materiales, entre ellos restos óseos humanos, debajo de los lodos y sedimentos.

La cueva Balamkú representa un proyecto de investigación de largo aliento, que sentará las bases para crear un nuevo estándar en el estudio de cuevas arqueológicas en México. Será un trabajo sumamente delicado y que se hará poco a poco, dado que el lugar representa un caudal de información científica irrepetible.

La primera fase de la exploración incluye la creación de un modelo en 3D de la cueva, y no se modificará en forma alguna el contexto, dada la minuciosidad con que se hará el registro digital y el mapeo de todo el sistema cavernario. Cabe mencionar que este santuario subterráneo ha sido recorrido en alrededor de 450 metros, lo que equivaldría a una tercera parte de su extensión.

Recientemente, los investigadores del GAM accedieron al manto freático, desde donde se iniciará la exploración subacuática de la cueva. Llegar a ese punto resultó complejo por lo estrecho de algunos pasajes —que en algunos casos se trata de grietas de no más de 40 centímetros— que obligaron ir a rastras el 90 por ciento del tiempo. 

La línea de investigación Chichen Itzá Subterráneo del proyecto Gran Acuífero Maya, consiste en una gran expedición multidisciplinaria a las entrañas de Chichén Itzá, y tiene como propósito principal investigar esta antigua ciudad a través de su extensa y escasamente estudiada geografía subterránea.

Cabe mencionar que la cueva está siendo debidamente resguardada por el INAH, en colaboración con los ejidatarios de la zona.

El proyecto de la Coordinación Nacional de Arqueología del INAH cuenta además con el acompañamiento financiero de la National Geographic Society y la Universidad Estatal de California, en Los Ángeles.

El cosmograma de Chichén Itzá

Guillermo de Anda, quien además dirige el proyecto Culto al cenote, señaló que se ha conceptualizado un cosmograma para la antigua Chichén Itzá, el centro de éste —a manera de axis mundi— es El Castillo, donde un equipo liderado por el doctor René Chávez Segura, de la UNAM, ha determinado la existencia de un cuerpo de agua bajo el mismo, el cual también podría contener restos de una ofrenda ritual de “fundación” o “sacralización”, especuló el especialista. 

Los cuatro rumbos restantes están marcados por los cenotes Holtún, Sagrado, Xtoloc y Kanjuyum, a una distancia de dos mil 600 m; 400 m; 500 m y mil 700 m, formando una cruz con respecto a la pirámide. Sin embargo, duda que exista una conexión directa entre la recién redescubierta cueva Balamkú, con la Pirámide de Kukulcán, dada la distancia que los separa.

 De Anda Alanís indicó que hasta el momento el proyecto Gran Acuífero Maya ha registrado alrededor de 20 cenotes con evidencia de actividad ritual prehispánica en el área próxima a Chichén Itzá: “Es un proyecto que, entre otros aspectos, está buscando flujos del agua que nos lleven a entender el patrón de asentamiento de esa ciudad como un paisaje sagrado”, finalizó.
Archivos adjuntos:
Descargar este archivo (20190304_boletin_51.pdf)Boletín 51[Descarga]





























https://www.nationalgeographic.com.es/historia/redescubierta-cueva-sagrada-mayas-chichen-itza-mexico_13966

Este santuario subterráneo de los mayas, frecuentado hace más de un milenio, ha permanecido inalterado durante más de cinco décadas; ¿por qué depositaron los antiguos mayas sus ofrendas en galerías tan recónditas y restringidas de la cueva Balamkú?

Santuario subterráneo
El arqueólogo Guillermo de Anda observa los restos cerámicos hallados en la cueva Balamkú, cerca de las ruinas mayas de Chichén Itzá, en una fotografía del pasado 19 de febrero. Hasta el momento se han recorrido alrededor de 450 metros, lo que equivaldría a una tercera parte de su extensión.
Foto: Karla Ortega / Mexico's National Institute of Anthropology and History via AP / Gtres

Estalagmita e incensario
Entre los incontables restos cerámicos de las siete ofrendas registradas destacan más de 200 incensarios, muchos de ellos con la representación de Tláloc, el dios del agua, característico por sus bigoteras y anteojeras. Algunos incensarios y vasijas aparecen concrecionados con estalagmitas.
Foto: Karla Ortega / Mexico's National Institute of Anthropology and History via AP / Gtres

Contexto inalterado
La cueva ha permanecido inalterada durante más de cinco décadas gracias al arqueólogo Víctor Segovia, quien consideró tapiar la entrada de la cueva poco después de su hallazgo en 1966. El Gran Acuífero Maya, un proyecto del INAH, incluye la creación de un modelo en 3D de la cueva, sin modificar el contexto.
Foto: Karla Ortega / Mexico's National Institute of Anthropology and History via AP / Gtres

Objeto prehispánico
Guillermo de Anda, el director del proyecto Gran Acuífero Maya (GAM), junto a una pieza prehispánica hallada en el interior de la cueva. El arqueólogo ha descrito la cueva como una especie de "gusano" por su morfología serpenteante.
Foto: Karla Ortega / Mexico's National Institute of Anthropology and History via AP / Gtres

¿Destrucción intencionada?
Hasta ahora se han documentado siete ofrendas, compuestas por cientos de artefactos arqueológicos. Muchos de los incensarios parecen haber sido destruidos intencionalmente.
Foto: Karla Ortega / Mexico's National Institute of Anthropology and History via AP / Gtres

Santuario de los mayas
El arqueólogo explora la cueva de Balamkú, frecuentada por los mayas hace más de 1.000 años.
Foto: Karla Ortega / Mexico's National Institute of Anthropology and History via AP / Gtres

Vista exterior del templo de Kukulcán
Balamkú está situada a 2,7 kilómetros al este de El Castillo o templo de Kukulcán, que aparece aquí en una fotografía del 19 de diciembre de 2014. Guillermo de Anda ha explicado que se ha creado un cosmograma de la antigua Chichén Itzá, cuyo centro, a modo de axis mundi (eje del mundo), es El Castillo, donde un equipo liderado por el doctor René Chávez Segura, de la UNAM, ha determinado la existencia de un cuerpo de agua bajo el mismo, el cual también podría contener restos de una ofrenda ritual de fundación o sacralización. Sin embargo se duda de que haya una conexión directa entre la recién redescubierta cueva Balamkú y la pirámide de Kukulcán, dada la distancia que separa ambos lugares.
Foto: Denis Düttmann / picture-alliance / dpa / AP Images / Gtres
Alec Forssmann

Redescubierta una cueva sagrada de los mayas en Chichén Itzá (México)

Balamkú, "la cueva del dios jaguar", situada a 2,7 kilómetros al este de El Castillo o templo de Kukulcán, en la antigua ciudad maya de Chichén Itzá (península de Yucatán, México), ha sido redescubierta por especialistas del proyecto Gran Acuífero Maya (GAM) más de 50 años después de su descubrimiento fortuito, en 1966, según informó ayer el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México en un comunicado. Este santuario subterráneo de los mayas, frecuentado hace más de un milenio, ha permanecido inalterado durante más de cinco décadas gracias al arqueólogo Víctor Segovia, quien consideró tapiar la entrada de la cueva poco después de su hallazgo.
"Balamkú ayudará a reescribir la historia de Chichen Itzá, en Yucatán. Los cientos de artefactos arqueológicos, pertenecientes a siete ofrendas documentadas hasta ahora, se encuentran en un estado de preservación extraordinario. El contexto se mantuvo sellado por siglos y por eso contiene información inestimable sobre la formación y la caída de la antigua ciudad de los brujos del agua y sobre quiénes fueron los fundadores de este sitio icónico", ha expresado Guillermo de Anda, el director del GAM.
El año pasado, Luis Un, un niño que acompañó a los descubridores de la cueva y que hoy tiene 68 años de edad, condujo al equipo del GAM al santuario subterráneo, de difícil acceso y que, según Guillermo de Anda, es una especie de "gusano" por su morfología serpenteante; a partir de los 400 metros, y tras avanzar a rastras, se empiezan a abrir algunas galerías y cámaras, la mayor de ellas de 3,8 metros de altura, que es justo donde se encuentran las grandes ofrendas.
Sequía en la península de Yucatán



¿Por qué depositaron los antiguos mayas las ofrendas en galerías tan recónditas y restringidas de la cueva Balamkú? "La hipótesis de la que parte el equipo del GAM es que, hacia los periodos Clásico Tardío (700-800 d.C.) y Clásico Terminal (800-1000 d.C.), el norte de la península de Yucatán experimentó una inusitada sequía que obligó a sus pobladores a realizar peticiones de lluvia, yendo a las entrañas de la tierra, al inframundo, donde residían las deidades de la fertilidad", señala el comunicado del INAH.
"Balamkú ayudará a reescribir la historia de Chichen Itzá", asegura Guillermo de Anda, director del proyecto Gran Acuífero Maya
Entre los incontables restos cerámicos de las siete ofrendas registradas destacan más de 200 incensarios, muchos de ellos con la representación de Tláloc, el dios del agua, característico por sus bigoteras y anteojeras; también hay tapas de incensarios con representaciones del jaguar. Muchos de los incensarios parecen haber sido destruidos intencionalmente y, una segunda hipótesis, apunta a que fueron "matados ritualmente" o bien como parte de una acción de desacralización del espacio, quizá en el ocaso de Chichén Itzá, corazón del imperio maya.
NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
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viernes, 13 de julio de 2018

HISTORIA: PIRÁMIDES.- CULTURAS .- AZTECAS.- MÉXICO.- NATIONAL GEOGRAPHIC .- Aparecen los restos de un templo en el interior de la pirámide de Teopanzolco (México)

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., , la Revista National Geographic, nos informa sobre el hallazgo de vestigios de un templo dentro de la Pirámide Teopanzolco, que se descubrió como consecuencia del terremoto que sacudió a México el 19 de septiembre del 2017. Los trabajos científicos fueron realizados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
INAH.- Dice: "La fuerza de la naturaleza que recientemente generó devastación en diversas entidades de la nación, también ha develado secretos que la historia aún tiene guardados. Ejemplo de ello es el hallazgo de una subestructura localizada por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en el interior de la pirámide de la Zona Arqueológica de Teopanzolco, en Cuernavaca, Morelos, y que posiblemente corresponde a la ocupación más antigua del sitio..."
INAH .- Agrega: "Afirmó que Teopanzolco, además de ser considerado uno de los sitios más importantes de los tlahuicas en la región, este hallazgo lo ubica dentro de las primeras etapas de lo que posteriormente sería el periodo mexica..."
INAH .- Añade: "En esta labor, encabezada por la arqueóloga Bárbara Konieczna, del Centro INAH Morelos, con la colaboración de su colega Georgia Yris Bravo López, se descubrieron los muros de un posible templo con una banqueta y restos de una pilastra estucada que sostenía un techo; al parecer, se trata de los vestigios de la primera etapa constructiva de la pirámide de Teopanzolco, cuya antigüedad podría corresponder al periodo Posclásico Medio (1150-1200 d.C.), de acuerdo con las características de su sistema constructivo...."

http://www.nationalgeographic.com.es/historia/actualidad/aparecen-restos-templo-interior-piramide-teopanzolco-mexico_12964
http://www.inah.gob.mx/es/boletines/7353-especialistas-del-inah-descubren-restos-de-un-templo-al-interior-de-la-piramide-de-teopanzolco-en-morelos
Los vestigios, posiblemente correspondientes a la ocupación más antigua del sitio, han aparecido como consecuencia del fuerte terremoto que sacudió México el 19 de septiembre de 2017

Pirámide de Teopanzolco
El hallazgo se produjo en la estructura piramidal de la Zona Arqueológica de Teopanzolco, propiciado por el sismo ocurrido el pasado 19 de septiembre, que causó la inclinación y el hundimiento del centro de la estructura piramidal.
Foto: Melitón Tapia, INAH

Interior de la pirámide
Los especialistas del INAH han descubierto los restos de un templo originario en el interior de la pirámide de Teopanzolco, en el estado de Morelos.
Foto: Melitón Tapia, INAH

Primera etapa constructiva
Al parecer se trata de los vestigios de la primera etapa constructiva de la pirámide de Teopanzolco.
Foto: Melitón Tapia, INAH

Más de 800 años de antigüedad
La subestructura corresponde posiblemente al periodo Posclásico Medio (1150-1200 d.C.).
Foto: Melitón Tapia, INAH

Muros y banqueta
Durante la intervención de la estructura se encontraron muros recubiertos de estuco, una banqueta y restos de una pilastra.
Foto: Melitón Tapia, INAH

Labores arqueológicas
Labores en el interior de la pirámide de la Zona Arqueológica de Teopanzolco, en Cuernavaca.
Foto: Melitón Tapia, INAH
Alec Forssmann
12 de julio de 2018

Aparecen los restos de un templo en el interior de la pirámide de Teopanzolco (México)
Los restos de una subestructura, de la que no se tenía noticia hasta ahora, han aparecido en el interior de la estructura piramidal de la Zona Arqueológica de Teopanzolco en la ciudad de Cuernavaca, en el estado de Morelos y al sur de la Ciudad de México. Los vestigios, posiblemente correspondientes a la primera etapa constructiva de la pirámide de Teopanzolco, en el Posclásico Medio (1150-1200 d.C.), han aparecido como consecuencia del fuerte terremoto que sacudió México el 19 de septiembre de 2017, según anunció ayer el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). El sismo causó la inclinación y hundimiento del centro de la edificación piramidal y, al intervenirla, se encontraron muros recubiertos de estuco, una banqueta y restos de una pilastra. Las culturas prehispánicas a menudo construyeron un nuevo templo encima del antiguo.

Las culturas prehispánicas solían construir un nuevo templo encima del antiguo
"A pesar de lo que significó el sismo, gracias a este fenómeno natural ha aparecido una importante estructura que cambia la datación del sitio arqueológico", comenta Isabel Campos Goenaga, directora del Centro INAH Morelos. Teopanzolco, además de ser considerado uno de los sitios tlahuicas más importantes de la región, queda ubicado ahora en las primeras etapas de lo que posteriormente sería el periodo mexica. "El hallazgo cambia la cronología de Teopanzolco: primero fue construido el basamento descubierto y después, a imagen de este tipo de construcción, se edificó el Templo Mayor en Tenochtitlán. Los mexicas no aportaron el estilo arquitectónico a la región, al contrario, fueron las construcciones de la civilización tlahuica las que los inspiraron para construir el Templo Mayor", asegura Bárbara Konieczna, responsable de la zona arqueológica. La subestructura hallada pudo ser un adoratorio dedicado a Tláloc, el dios de la lluvia, cuyo tamaño aproximado sería de 6 metros de largo y 4 de ancho, con la escalinata de acceso en el lado oeste.

La arqueóloga también ha destacado el hallazgo de restos cerámicos y de un incensario con motivos tlahuicas, además de una importante cantidad de carbón que podría ser de la actividad ritual que hubo en el templo, de la posible destrucción del mismo para dar paso a la siguiente etapa constructiva o de algún desastre acontecido en el lugar.

NATIONAL GEOGRAPHIC

Especialistas del INAH descubren restos de un templo al interior de la pirámide de Teopanzolco, en Morelos

El hallazgo se suscitó tras el sismo del pasado 19 de septiembre, que provocó una inclinación y un hundimiento al centro de la estrura principal del sitio. Foto: Melitón Tapia, INAH.

*** El hallazgo se suscitó tras el sismo del pasado 19 de septiembre, que provocó una inclinación y un hundimiento al centro de la edificación piramidal
 
*** Al intervenirla se encontraron muros recubiertos de estuco, una banqueta y restos de una pilastra, elementos de una subestructura posiblemente del periodo Posclásico Medio (1150- 1200 d.C.)


 
La fuerza de la naturaleza que recientemente generó devastación en diversas entidades de la nación, también ha develado secretos que la historia aún tiene guardados. Ejemplo de ello es el hallazgo de una subestructura localizada por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en el interior de la pirámide de la Zona Arqueológica de Teopanzolco, en Cuernavaca, Morelos, y que posiblemente corresponde a la ocupación más antigua del sitio.


En conferencia de prensa, Isabel Campos Goenaga, directora del Centro INAH Morelos, destacó que durante los trabajos de consolidación y restauración de la estructura principal de Teopanzolco —que fue de las más afectadas por el sismo del 19 de septiembre de 2017—, encaminados a reforzar su núcleo, al hacer las calas y pozos de sondeo para llegar al centro y ver las condiciones en las que se encontraba, se descubrió tal vestigio.


“A pesar de lo que significó el sismo, hay que agradecer que por este fenómeno natural apareció esta importante estructura que cambia la datación del sitio arqueológico”.


Afirmó que Teopanzolco, además de ser considerado uno de los sitios más importantes de los tlahuicas en la región, este hallazgo lo ubica dentro de las primeras etapas de lo que posteriormente sería el periodo mexica.


 En esta labor, encabezada por la arqueóloga Bárbara Konieczna, del Centro INAH Morelos, con la colaboración de su colega Georgia Yris Bravo López, se descubrieron los muros de un posible templo con una banqueta y restos de una pilastra estucada que sostenía un techo; al parecer, se trata de los vestigios de la primera etapa constructiva de la pirámide de Teopanzolco, cuya antigüedad podría corresponder al periodo Posclásico Medio (1150-1200 d.C.), de acuerdo con las características de su sistema constructivo. 


“Ese hallazgo cambia la cronología de Teopanzolco, ya que primero fue construido el basamento descubierto y después, a imagen de ese tipo de construcción, se edificó el Templo Mayor en Tenochtitlan. No es que los mexicas hayan aportado ese estilo arquitectónico a esta región, al contrario, las construcciones tlahuicas los inspiraron para construir el Templo Mayor”, aseguró Bárbara Konieczna.


Tras el embate de la naturaleza, entre las diversas afectaciones que presentó este sitio patrimonial, cuya cronología principal se ubica en el Posclásico Tardío (1200 a 1521 d.C.), la pirámide sufrió un considerable reacomodo del núcleo de su estructura. El daño más grave se situó en la parte superior, donde se ubican los templos de Tláloc y Huitzilopochtli; ahí, el piso entre ambos adoratorios se hundió e inclinó, lo que puso en peligro su estabilidad.


Para verificar los daños en el núcleo de la edificación y realizar los trabajos para su recuperación, se abrieron dos pozos de sondeo, uno en el interior del templo de Tláloc y otro en el pasillo que separa los oratorios. Previamente, se realizaron estudios con un georradar del Laboratorio de Geofísica de la Coordinación Nacional de Arqueología del INAH, encabezado por el doctor José Ortega.


Luego de los análisis hechos a la estructura piramidal y en la plataforma de Ehécatl, ubicada en el lado noroeste de la plaza y la cual también resultó dañada, se decidió intervenir el monumento arqueológico.


Bárbara Konieczna, responsable de la zona arqueológica, explicó que debido a la humedad acumulada en décadas y a la fuerza del movimiento sísmico, el núcleo de la construcción estaba en muy mal estado de conservación: la tierra se deslavó dejando grandes oquedades entre las piedras, lo que causó su inestabilidad y los daños mencionados.


Por su parte, la arqueóloga Georgia Bravo López detalló que aproximadamente a dos metros debajo del nivel del piso que actualmente tiene la parte superior de la pirámide, se localizaron los vestigios de la subestructura, cuyo patrón arquitectónico es muy similar al del templo actual: muros de doble fachada hechos de piedras alargadas, bien cortadas y lajas, recubiertas de estuco al exterior y una banqueta que no es continua.


En el pozo ubicado entre los templos se encontró una pilastra recubierta con estuco que presenta una base inclinada, semejante a las que sostenían los techos de los templos exteriores.


Sobre este último elemento arquitectónico, la arqueóloga Bárbara Konieczna refirió que los techos pudieron ser de material perecedero, ya que no se ha encontrado ninguna evidencia de la posible cubierta de mampostería, a diferencia de la techumbre de los templos dobles del Templo Mayor, en la Ciudad de México.


Debido a la humedad, el estuco de los muros está casi pulverizado, pero se lograron rescatar algunos fragmentos que serán intervenidos. Los pisos estucados del templo están sobre un firme de nivelación hecho de tezontle molido; bajo una parte de éstos se descubrió una delgada capa de carbón.


Konieczna manifestó que el posible adoratorio hallado pudo estar dedicado a Tláloc —al igual que el ubicado sobre éste—, cuyo tamaño aproximado sería de seis metros de largo por cuatro de ancho, con la escalinata de acceso del lado oeste. “Posiblemente, del lado derecho estén los restos de otro templo dedicado a Huitzilopochtli”.


El acceso al templo es el mismo que conduce a la parte superior de la estructura conocida: la escalinata que se aprecia actualmente sólo fue ampliada cuando se construyeron los nuevos templos de Tláloc y Huitzilopochtli; el frente de ambos adoratorios, el recién descubierto y el expuesto, está orientado hacia el oeste.


La arqueóloga mencionó que también se hallaron restos cerámicos y de un incensario con motivos tlahuicas, además de importante cantidad de carbón que podría ser tanto de la actividad ritual que hubo en el templo, como de la posible destrucción del mismo para dar paso a la siguiente etapa constructiva, o tratarse de restos de algún desastre acontecido en el lugar.


Georgia Bravo López dijo que hasta el momento no hay evidencias de alguna ofrenda, sólo se han encontrado materiales arqueológicos fragmentados como el incensario, que estaba a 15 centímetros debajo del nivel actual del piso; las piezas serán analizadas por carbono 14 para determinar a qué periodo pertenecen.


“No había noticias, hasta ahora, de la existencia de una subestructura al interior de la estructura piramidal. Lo que encontramos podría corresponder al templo más antiguo de Teopanzolco, pero faltan más estudios para ver si está asociado a una fase temprana del periodo Posclásico Medio (1150- 1200 d.C.), lo que lo haría contemporáneo con la primera etapa constructiva de la pirámide de Tenayuca, en Estado de México, que es la primera con escalinata doble de acceso a la parte superior donde se ubican los dos templos”, finalizó la arqueóloga.
  
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Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH)
http://www.inah.gob.mx/es/boletines/7353-especialistas-del-inah-descubren-restos-de-un-templo-al-interior-de-la-piramide-de-teopanzolco-en-morelos
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
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domingo, 1 de julio de 2018

HISTORIA : MÉXICO .- NATIONAL GEOGRAPHIC .- 26 fosas prehispánicas de hace más de 2.500 años al sur de la Ciudad de México, Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México....

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., tal como sucede en  el Perú, que tenemos muchas culturas pre hispánicas, lo mismo sucede con México, y justamente se acaba de descubrir 26 fosas prehispánicas en la Ciudad de México que corresponde las fases de  Zacatenco (700-400 a.C.) y Ticomán (400-200 a.C.), de las cuales 20 corresponden a esta primera fase.
 INAH , dice : "En un predio ubicado en los límites de la alcaldía Álvaro Obregón, arqueólogos del INAH han registrado 26 oquedades de los periodos Formativo Medio y Tardío.
Destacan que en un hecho inédito, además de localizar fosas de tipo funerario y para almacenamiento, otras debieron servir para realizar baños de vapor...."
INAH.- agrega: "...De las 26 fosas localizadas en el Callejón La Otra Banda, 20 corresponden al 700-400 a.C. De esta temporalidad se registró una que por lo angosto de su boca (58 cm) y una profundidad de 1.70 metros, debió servir como granero. También de la fase Zacatenco, se localizó un entierro primario (en relación anatómica) de un adulto femenino que presenta deformidad craneal tabular oblicua y objetos asociados, como cajetes y vasijas..."

http://www.nationalgeographic.com.es/historia/actualidad/26-fosas-prehispanicas-hace-mas-2500-anos-sur-ciudad-mexico_12904
La zona de los hallazgos, en la colonia La Otra Banda, parece indicar la realización de labores cotidianas efectuadas sólo por mujeres, como por ejemplo baños de vapor con hierbas

Fosas circulares prehispánicas
Foto: Mauricio Marat, INAH

Fragmento de figurilla zoomorfa
Foto: Mauricio Marat, INAH

Las piezas presentan pigmentación roja, amarilla y negra
Foto: Mauricio Marat, INAH

Plato prehispánico de la fase Zacatenco
Foto: Mauricio Marat, INAH

Tapón de rocas de una de las oquedades
Foto: Mauricio Marat, INAH

Se han localizado más de 130 figurillas
Foto: Mauricio Marat, INAH

Esqueleto en el interior de una fosa
Foto: Mauricio Marat, INAH

Figurillas de las fases Zacatenco y Ticomán
Foto: Mauricio Marat, INAH

Fosa de tipo funerario
Foto: Mauricio Marat, INAH

Figurillas halladas durante las excavaciones arqueológicas
Foto: Mauricio Marat, INAH
Alec Forssmann
28 de junio de 2018

26 fosas prehispánicas de hace más de 2.500 años al sur de la Ciudad de México
Un total de 26 fosas prehispánicas de las fases Zacatenco (700-400 a.C.) y Ticomán (400-200 a.C.), de las cuales 20 corresponden a esta primera fase, han salido a la luz como consecuencia de un proyecto inmobiliario que se llevará a cabo en la colonia La Otra Banda, al sur de la Ciudad de México, según informó ayer el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México. Los contextos preclásicos de las fases Zacatenco y Ticomán se han conservado tan bien porque el terreno se ubica sobre la cima de una loma a 2.296 metros sobre el nivel del mar, de tal forma que "no fue cubierto por la lava del volcán Xitle, sino que esta se escurrió por la parte superior del lomerío", asegura Antonio Balcorta, un especialista de la Dirección de Salvamento Arqueológico del INAH. En esta zona, ocupada hace 2.700 años, las mujeres desarrollaron actividades específicas, posiblemente relacionadas con los cuidados perinatales.
Las 26 fosas, 11 de ellas en forma de cono truncado, tienen una profundidad variable, entre 1,23 y 3,3 metros bajo el nivel de la calle. Balcorta, quien ha trabajado junto con Montserrat Alavez, explica que el descubrimiento de fosas troncocónicas suele asociarse a espacios habitacionales y estas podían contener materiales de desecho, podían ser lugares de almacenamiento de grano y artefactos y, además, tenían usos funerarios. Sin embargo, un par de fosas halladas en La Otra Banda presentan unas características que "parecen indicar la realización de labores cotidianas efectuadas sólo por mujeres, como por ejemplo baños de vapor con hierbas que formarían parte de los cuidados perinatales, pues mezclados con restos de carbón hallamos un semicírculo formado por cantos rodados y basaltos pegados a la pared que están rotos o estrellados por una constante exposición al fuego".
El espacio no estaba dedicado exclusivamente al cuidado perinatal, pero es probable que estuviera asignado a las mujeres
Balcorta añade que "en el tapón de las fosas y dentro de las mismas se han registrado más de 130 figurillas que en su mayoría representan a mujeres embarazadas (y niños en menor medida), unas piezas que lucen pigmentación roja, amarilla y negra en el rostro, cuello, vientre, ombligo, manos y piernas". Las fosas fueron tapadas metódicamente con sendos tapones de cantos rodados y tezontles, y clausuradas de forma ritual. A modo de parábola del trabajo arqueológico, Balcorta dice que "una vez que comenzamos a excavar las fosas conservadas durante 2.700 años las trajimos de nuevo a la vida, pero al mismo tiempo comenzaron a morir".
Excavan tumbas de hace más de 2.500 años en Ciudad de México
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Descubren fosas prehispánicas de más de 2,500 años, al sur de la CDMX
Destacan que en un hecho inédito además de localizar fosas de tipo funerario y para almacenamiento otras debieron servir para cuidados perinatales. Foto Mauricio Marat INAH
 
*** En un predio ubicado en los límites de la alcaldía Álvaro Obregón, arqueólogos del INAH han registrado 26 oquedades de los periodos Formativo Medio y Tardío  
*** Destacan que en un hecho inédito, además de localizar fosas de tipo funerario y para almacenamiento, otras debieron servir para realizar baños de vapor
 
Singular como su nombre, la colonia La Otra Banda sobrevive al sur de la Ciudad de México, aprisionada entre grandes avenidas y espigadas construcciones. Ahí, en un predio colindante al decimonónico panteón San Rafael, especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) han descubierto un área que fue ocupada hace 2,700 años, donde las mujeres desarrollaron actividades específicas, posiblemente relacionadas con los cuidados perinatales.
 
 
Si se observara en picada desde una de las grandes torres que se levantan en la escuadra que forman el Eje 10 Sur y las avenidas Insurgentes y Revolución, el terreno del Callejón La Otra Banda luciría como un gruyer de 360 m². Esas oquedades corresponden a 26 fosas de los periodos Formativo Medio (700 a 400 a.C.) y Formativo Tardío (400 a 200 a.C.) que los arqueólogos han registrado a una profundidad que oscila entre 1.23 m a 3.30 m, bajo el nivel de la calle.
 
Apoyados por un equipo de trabajadores, Antonio Balcorta Yépez y Montserrat Alavez Ortúzar, expertos de la Dirección de Salvamento Arqueológico (DSA) del INAH, han invertido cuatro meses de trabajo hasta llegar a este nivel de excavación. Gracias a la colaboración del arquitecto José Juan Medina Garcés, responsable del proyecto inmobiliario que se llevará a cabo en el sitio, los arqueólogos han tenido la oportunidad de desarrollar la extracción de materiales por niveles.
 
“De esta manera conservamos los contextos completos. Hasta el momento hemos detectado cuatro etapas ocupacionales, cuatro épocas históricas vinculadas con el inicio del siglo XX, el Porfiriato, el México Independiente y la época prehispánica”, indica Antonio Balcorta.
 
Explica que en el estrato más superficial se registraron los restos de una casa de tipo rural de fines del siglo XIX e inicios del XX, hecha con bloques de adobe y tepezil, techos de ladrillo y viguería, y pisos de ladrillo. Por sus características y su fecha de construcción, comenta que esta vivienda pudo servir de prototipo para la construcción de las casas de los obreros que laboraban en la Fábrica de Papel Loreto, a 97 metros al norte.
 
Otro aspecto interesante, es que en el terreno se encontraron desperdigados restos de municiones de una batalla que en 1914 libraron carrancistas parapetados en la antigua fábrica de papel, contra zapatistas que se hallaban justo en la ribera sur del río Magdalena, a un lado del panteón San Rafael.
 
En un nivel inferior permanecían los cimientos de tezontle y basalto de habitaciones del siglo XIX, en asociación con cerámica llamada Oaxaca policromo que se elaboró entre 1800 y 1900. Bajo ese nivel “no tenemos presencia de asentamientos de periodos prehispánicos más cercanos. Hay un lapso de dos mil años sin evidencia de presencia humana, lo cual nos remite a las actividades volcánicas registradas en el sur y sureste de la cuenca (años: +/- 50 a.C. a 280 d.C.) que condujeron a su abandono”.

El motivo por el cual contamos con una buena conservación de los contextos preclásicos de las fases Zacatenco (700 a 400 a.C.) y Ticomán (400 a 200 a.C.) en esta parte de la colonia La Otra Banda, se debe a que el terreno se ubica sobre la cima de una loma a 2,296 msnm, por lo que no fue cubierto por “la lava del Xitle, sino que ésta escurrió por la parte sur del lomerío”, detalla el especialista de la DSA.
 
En el estrato prehispánico de ambas fases, se ubicaron vestigios de muros que definían cuartos, empedrados y apisonados. Los arqueólogos decidieron registrar tridimensionalmente cada uno de estos elementos para continuar con la excavación que ha dado lugar a la localización de 26 fosas, once de ellas en forma de cono truncado.
 
“Desde entonces hemos tenido una serie de hallazgos que nos han revolucionado los conocimientos que teníamos sobre las fosas del periodo Formativo o Preclásico. Los contextos nos sugieren que estamos ante una aldea donde se realizaban actividades especializadas. La altura, la posición geográfica y estratégica, nos señala que la gente de esta loma pudo tener un control mayor sobre ciertos recursos, en comparación con la aldea de Copilco”.
 
Antonio Balcorta refiere que el descubrimiento de fosas tronconónicas suelen asociarse a espacios habitacionales y tenían la función de contener materiales de desecho, ser lugares de almacenamiento de granos y de artefactos al igual que de uso funerario, pero en el Callejón La Otra Banda no. 1 se hallaron un par de fosas cuyas características “podrían estar indicándonos la realización de labores cotidianas efectuadas sólo por mujeres. Es el caso de baños de vapor con hierbas, como parte de los cuidados perinatales, pues mezclados con restos de carbón hallamos un semicírculo formado por cantos rodados y basaltos pegados a la pared, que se encuentran rotos o estrellados por una constante exposición al fuego”.
 
Para confirmar esta hipótesis se hace el registro y toma de muestras de distintos puntos de las fosas: la boca o entrada, las paredes y fondo de las mismas, así como de las distintas capas de tierra y cantos rodados, con el objetivo de efectuar análisis químicos y de polen a cada una de ellas.
 
“Nuestra propuesta también se apoya en que en el tapón de las fosas y dentro de las mismas se han registrado más de 130 figurillas que en su mayoría representan a mujeres embarazadas (e infantes en menor medida). Estas piezas lucen pigmentación roja, amarilla y negra en el rostro, cuello, vientre, ombligo, manos y piernas.
 
“Aunque no se trata de un espacio dedicado exclusivamente al cuidado perinatal, es probable que estuviera asignado a las mujeres y administrado por ellas mismas. El Preclásico o Formativo es un periodo en que las sociedades se vuelven más complejas y empieza la especialización del trabajo, por eso no es de extrañar que la mujer esté jugando un papel fundamental”.
 
La arqueóloga Montserrat Alavez Ortúzar detalla que otro hallazgo que sustenta la hipótesis de que parte del área fue utilizada para los cuidados pre y posteriores al parto, fue la localización de los entierros ofrendados (fase Zacatenco) de un par de niños de un año de edad, aproximadamente. El primero de ellos fue colocado como parte del tapón de la fosa; en tanto, al interior de la misma estaba el entierro del otro infante, al que se dispuso una cuenta de piedra verde en la boca.
 
Salvo un par de intrusiones que se realizaron en el siglo XIX para buscar tepezil en el terreno, un material utilizado para la construcción, y que afectaron al menos cuatro fosas prehispánicas, una veintena se localizó en perfecto estado de conservación.
 
 De las 26 fosas localizadas en el Callejón La Otra Banda, 20 corresponden al 700-400 a.C. De esta temporalidad se registró una que por lo angosto de su boca (58 cm) y una profundidad de 1.70 metros, debió servir como granero. También de la fase Zacatenco, se localizó un entierro primario (en relación anatómica) de un adulto femenino que presenta deformidad craneal tabular oblicua y objetos asociados, como cajetes y vasijas.
 
Entre ambos contextos, el del granero y el entierro del individuo adulto, dentro de una pequeña fosa rectangular y bajo un cajete que fue roto como parte de un ritual, se hallaron los restos de un perro que debió ser destazado antes de ser depositado en la fosa.
 
Otro entierro femenino, pero de la fase Ticomán (400-200 a.C.), ha sido localizado en una oquedad más, asociado con un cajete, herramientas para la molienda, un metate y artefactos de sílex, entre otros materiales.
 
Sobre el destino de las fosas, el arqueólogo Antonio Balcorta Yépez indica que al estar realizadas en una capa de arcilla limosa, la intemperie facilita su colapso. A modo de una parábola del trabajo arqueológico, dice, “una vez que comenzamos a excavar las fosas conservadas por 2,700 años, las trajimos de nuevo a la vida, pero al mismo tiempo comenzaron a morir”.
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Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH)
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
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