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domingo, 12 de marzo de 2023

LIBROS HISTÓRICOS: La Biblia más antigua del mundo: el Códice Sinaítico

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Santa Biblia, sigue siendo un mito, sobre las primeras versiones escritas, la Revista National Geographic, nos entrega un reportaje que según sus investigaciones sería la primera versión escrita, cuyo manuscrito sucedió en el siglo IV d.C., existe el "Códice Sinaítico" hecho en un pergamino, que contiene la versión más antigua de la Biblia, que fue escrita en griego. En la actualidad este importante documento, imprescindible para conocer la historia de la Biblia Cristiana, permanece repartido por diversas bibliotecas europeas que ya han colaborado en un importante proyecto de conservación y digitalización de sus páginas.... siga leyendo....................

El "Códice Sinaítico" es un manuscrito del siglo IV d.C. hecho en pergamino y que contiene la versión más antigua de la Biblia, escrita en griego. En la actualidad este importante documento, imprescindible para conocer la historia de la Biblia cristiana, permanece repartido por diversas bibliotecas europeas que han colaborado en un importante proyecto de conservación y digitalización de sus páginas.

Imagen del Códice Sinaítico, un manuscrito escrito a mano en el siglo IV d.C. y que contiene la Biblia cristiana más antigua, escrita en griego.

Foto: Biblioteca Británica.

J. M. Sadurní
J. M. Sadurní

Redactor digital de Historia National Geographic

Actualizado a 


el Códice Sinaítico es un tesoro de incalculable valor. Este manuscrito, que recibe su nombre del monasterio de Santa Catalina, al pie del monte Sinaí, en Egipto, donde se conservó hasta mediados del siglo XIX, fue copiado a mediados del siglo IV (entre 330 y 350 d.C.) por un grupo de al menos tres copistas que lo escribieron en griego de manera simultánea. De hecho, se trata del manuscrito más antiguo existente que contiene la Biblia cristiana en griego, y el mejor y más antiguo testimonio de algunos de los libros de la versión griega del Antiguo Testamento como la Septuaginta o Biblia de los Setenta

En origen, este manuscrito uncial (todo el texto está escrito en letras mayúsculas) contenía tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento (incluidos los apócrifos bíblicos) en un único y gran volumen, aunque hasta nosotros solo ha llegado este último. La obra, asimismo, no solo es famosa por algunas variantes textuales inusuales (como la falta del relato de la Resurrección de Cristo al final del Evangelio de San Marcos), sino porque su texto también contiene una cantidad considerable de correcciones.


EL CÓDICE SINAÍTICO, UN LIBRO FUNDAMENTAL

Escrito sobre pergamino, originalmente en hojas dobles, el Códice Sinaítico, compuesto por un total de 346 folios escritos en cuatro columnas y con unas medidas de 380 mm de alto por 345 de ancho, resulta fundamental para la comprensión de la historia de la Biblia cristiana. De hecho, es uno de los tres primeros manuscritos en los que se copió la colección completa de libros que contiene la Biblia cristiana antigua. Así, aparte de la Septuaginta y el Nuevo Testamento, la obra cuenta asimismo con algunos libros adicionales como los Macabeos y la Sabiduría de Eclesiástico, la llamada Epístola de Bernabé y una colección de textos conocida como el Pastor de Hermas que aparece al final del Nuevo Testamento.

El Códice Sinaítico resulta fundamental para comprender de la historia de la Biblia cristiana.


Detalle de una de las páginas del Códice Sianítico.

Foto: Biblioteca Británica

Con todo, se sabe muy poco del origen de este códice. Algunos historiadores especulan con que pudo haber sido escrito en Alejandría o en Roma, e incluso lo han asociado con las cincuenta copias de las escrituras que se dice que encargó el emperador Constantino.

En cuanto a su descubrimiento, este se debe a Konstantinvon Tischendorf, un teólogo protestante, lingüista e investigador de manuscritos alemán, que en 1844 viajó hasta el monasterio de Santa Catalina. En su biblioteca descubrió 129 hojas del Antiguo Testamento arrojadas en una papelera, junto con otros manuscritos que habían sido desechados. Esas hojas eran lo que quedaba del Códice Sinaítico. Al preguntar al bibliotecario del monasterio sobre aquellas páginas, este le contestó que "son basura. Deben ser destruidas quemándolas en los hornos del monasterio". 

para saber más

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EL CÓDICE GIGAS, EL MANUSCRITO QUE FUE ESCRITO POR EL MISMO DIABLO

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LA BIBLIA EN UN SOLO LIBRO

¿Cómo estaba encuadernado el Códice Sinaítico? El manuscrito está conformado por cuadernos de ocho hojas dobles colocadas unas encima de las otras y dobladas por la mitad para formar un bloque completo, un formato que en la Edad Media fue extremadamente popular. Asimismo, la mayoría de los cuadernillos contienen cuatro hojas, salvo dos que contienen cinco. Como hemos visto, los folios se habían elaborado en pergamino, usando principalmente pieles de becerro y de oveja (se estima que para la confección de los folios fueron necesarias las pieles de unos 360 animales). Sin embargo, Tischendorf, su descubridor, pensó en un principio, viendo su excelente calidad, que el pergamino había sido confeccionado con piel de antílope.

El códice lo conforman cuadernos de ocho hojas dobles colocadas unas encima de las otras y dobladas por la mitad.


Retrato del teólogo alemán y descubridor del Códice Sinaítico, Konstantin von Tischendorf.

Foto: PD

Asimismo, su tamaño es sorprendente. De hecho, el manuscrito del Códice Sinaítico es uno de los primeros libros de gran formato encuadernados que ha sobrevivido desde la Antigüedad tardía. Al contener la totalidad de la Biblia cristiana en un solo volumen evidencia una gran innovación, ya que a partir de entonces los libros encuadernados con páginas de pergamino empezaron a sustituir a los rollos de papiro imperantes hasta el momento. La importancia de su encuadernado podría compararse con la introducción de la imprenta siglos después. 

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EL CÓDICE VOYNICH, EL MANUSCRITO MÁS EXTRAÑO DEL MUNDO

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PROYECTO DE DIGITALIZACIÓN

Actualmente, el códice se encuentra dividido en cuatro partes, que están repartidas en diferentes instituciones. Una parte se halla en poder de la Biblioteca Británica, en Londres, y consta de 347 folios que contienen el Nuevo Testamento al completo. Doce hojas y 14 fragmentos más se conservan en el Monasterio Santa Catalina; pertenecen al inicio y el final del códice. Otras 43 hojas se encuentran en la Biblioteca de la Universidad de Leipzig, y, por último, los fragmentos de tres páginas se conservan en la Biblioteca Nacional Rusa de San Petersburgo.

Actualmente el códice se encuentra dividido en cuatro partes repartidas en diferentes instituciones.


Actualmente, el Códice Sinaítico se encuentra repartido en cuatro bibliotecas europeas.   

Foto: Biblioteca Británica

La importancia de este manuscrito para los estudiosos y todos aquellos interesados en temas bíblicos es tanta que en el mes de junio de 2005 se anunció la creación de un consorcio (The Codex Sinaiticus Project), en el que participaron las cuatro bibliotecas que lo conservan, con el objetivo de elaborar una edición digital del códice. Este proyecto ha digitalizado las imágenes y empleado una tecnología hiperespectral para permitir la búsqueda de posibles textos ocultos en los pergaminos, producto de las correcciones, o textos que se han perdido debido al paso de los siglos. Se encuentra disponible en línea desde el 6 de julio de 2009.

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NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

viernes, 24 de septiembre de 2021

PACTO ENTRE RELIGIONES: Dhimmis, la "gente del libro" en el Islam

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., El Islam, reconocía ciertos derechos a las religiones de tradición abrahámica como la judía y la cristiana, esos fieles eran llamados Dhimmis o "gente del libro", que aunque gozaban de cierta protección estaban sujetos a limitaciones más o menos severas por ser considerados como infieles.
"...Los dhimmis eran los miembros de grupos religiosos que, sin ser musulmanes, estaban “protegidos” por el pacto de Omar. Inicialmente ese pacto abarcaba principalmente a dos grupos: los cristianos y los judíos que, por creer en profetas que también formaban parte de la tradición musulmana, se consideraba que de alguna manera habían empezado el camino hacia el Islam. Más adelante el término se hizo más flexible y se aplicó también a otras religiones monoteístas no abrahámicas, como el zoroastrismo persa o el sijismo indio; incluso, en algunos casos, a grupos que practicaban el politeísmo pero compartían ciertos principios con el Islam, como el de la limosna. A la práctica, la decisión de qué grupos eran dhimmis y cuáles no lo eran recaía en la persona del monarca o el gobernante, según su tolerancia o conveniencia......"  ..... siga leyendo.................

Históricamente, el Islam reconocía ciertos derechos a los seguidores de determinadas religiones, sobre todo las de tradición abrahámica. Eran los dhimmis o "gente del libro", que aunque gozaban de cierta protección estaban sujetos a limitaciones más o menos severas.







Foto: Colección Wellcome (CC)

Durante la Edad Media y Moderna, el Islam protagonizó numerosas expansiones sobre territorios donde había tradiciones religiosas muy arraigadas. A ciertos grupos se les otorgó la consideración de ahl al-kitab“gente del Libro”, es decir, los seguidores de las religiones que, en parte, compartían un corpus de escrituras o doctrinas con el Islam. Por ese motivo se les consideraba dignos de mayor respeto que quienes practicaban otras creencias consideradas idólatras, como el politeísmo o el animismo.

En virtud de ello, el califa Omar -segundo tras la sucesión de Mahoma- decretó un “pacto” con estas comunidades, a las que se llamó mu'ahid (aliados) o ahl ad-dhimmah, “la gente del pacto”, término del cual proviene el nombre con el que son más conocidos: dhimmis.

Los dhimmis eran los miembros de grupos religiosos que, sin ser musulmanes, estaban “protegidos” por el pacto de Omar, que les garantizaba ciertos derechos como individuos y como comunidad

¿QUÉ ERA UN DHIMMI?

Los dhimmis eran los miembros de grupos religiosos que, sin ser musulmanes, estaban “protegidos” por el pacto de Omar. Inicialmente ese pacto abarcaba principalmente a dos grupos: los cristianos y los judíos que, por creer en profetas que también formaban parte de la tradición musulmana, se consideraba que de alguna manera habían empezado el camino hacia el Islam. Más adelante el término se hizo más flexible y se aplicó también a otras religiones monoteístas no abrahámicas, como el zoroastrismo persa o el sijismo indio; incluso, en algunos casos, a grupos que practicaban el politeísmo pero compartían ciertos principios con el Islam, como el de la limosna. A la práctica, la decisión de qué grupos eran dhimmis y cuáles no lo eran recaía en la persona del monarca o el gobernante, según su tolerancia o conveniencia.

Cabe destacar que la condición de dhimmi entre las religiones abrahámicas se aplicaba únicamente a aquellas que habían surgido antes del Islam, pero no después. El motivo era que el Islam era considerado como la fe definitiva y perfecta, y Mahoma como el último profeta, por lo que cualquier aportación o deformación de sus doctrinas era considerada una herejía. Así, irónicamente, los “infieles” merecían mayor respeto que los fieles de ramas no ortodoxas del Islam.

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El concepto del “pacto” era que el soberano musulmán garantizaba a los dhimmis la protección de sus derechos civiles, jurídicos y religiosos a cambio del pago de un impuesto especial llamado djiziya, que representaba una prueba material de que reconocían al soberano musulmán como legítimo. Dicha protección comprendía una serie de derechos bien regulados: en el ámbito personal, a no ser atacados y a conservar sus propiedades; en el comunitario, a regirse por sus propios organismos civiles, comerciales y jurídicos; y en el religioso, a profesar su fe en sus casas y centros de culto, aunque con la limitación de no hacer proselitismo ni construir nuevas iglesias o sinagogas.

El pacto también les eximía de las obligaciones religiosas de los musulmanes, como el rezo, el ayuno durante el Ramadán, la prohibición de consumir alcohol y determinados alimentos, y el zakat, una limosna que obligatoriamente debían pagar los musulmanes para ayudar a los más pobres y que constituía, de hecho, otra forma de impuesto. En muchos aspectos legales no estaban sujetos a la ley islámica y tenían sus propios tribunales, salvo en aquellos casos en los que también estuvieran implicados musulmanes, por ejemplo una disputa comercial, en cuyo caso prevalecía la ley islámica.


UNA FAMILIA COPTA EGIPCIA

Los coptos, la población cristiana de Egipto, constituyeron uno de los grupos de dhimmis más importantes, con una identidad cultural propia que ha llegado hasta la actualidad.

Foto: CC.

JUNTOS, PERO NO REVUELTOS

Bajo una apariencia de “pacto” con obligaciones y derechos distintos, los dhimmis eran tratados de hecho como súbditos de segunda. En primer lugar, la presión fiscal sobre ellos era mayor ya que debían pagar impuestos como comunidad (la mencionada djiziya) y como individuos; puesto que dicha presión era proporcional a las tierras poseídas, los ricos tenían más incentivo para convertirse.

Además, estaban sujetos a una serie de restricciones en su relación con los musulmanes que no se aplicaba a la inversa. Por ejemplo, un hombre musulmán tenía derecho a tomar como esposa a una dhimmi y esta podía conservar su fe y costumbres, pero si un dhimmi deseaba casarse con una mujer musulmana debía obligatoriamente convertirse al Islam. Asimismo, se animaba a los musulmanes a convertir a sus conocidos dhimmis, pero estos eran castigados si intentaban lo propio con los seguidores del Islam. Tenían derecho a profesar su religión, pero siempre que no fuese de manera “molesta” para sus vecinos musulmanes; así, por ejemplo, las misas y otras celebraciones no debían ser ruidosas y las campanas en las iglesias estaban prohibidas.

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En asuntos legales o administrativos, también tenían una serie de desventajas. Les estaba restringido el acceso a cargos públicos, aunque sí podían ser llamados como asistentes o trabajadores. En disputas legales su palabra valía la mitad que la de un musulmán, o incluso una cuarta parte si se trataba de una mujer. Dhimmis y musulmanes no podían recibir herencias unos de otros, por lo que si un miembro de la familia se convertía sus familiares más cercanos debían hacerlo también si querían heredar.

Para la mayoría de grupos religiosos, el estatus de dhimmi era sin duda una desventaja. La única excepción eran los judíos, acostumbrados a un sometimiento peor todavía por parte de los cristianos, para quienes esta relativa tolerancia representaba una mejora: al menos no debían temer por sus vidas o sus propiedades y se les permitía la libertad de culto. Por esa razón, en territorios del Islam la cultura judía floreció mucho más de lo que hizo en Europa y, a raíz de las sucesivas persecuciones que sufrieron, muchos se trasladaron a tierras musulmanas.

Con tales condiciones sería de esperar que muchos decidieran convertirse al Islam aunque fuera por conveniencia y, de hecho, oficialmente se animaba a la conversión. En teoría bastaba con la shahada (testimonio), es decir que la persona manifestara ante un líder religioso y algunos testigos que “no hay más divinidad que Dios y Mahoma es el mensajero de Dios”. Pero conscientes de que muchas conversiones se realizaban por interés, se esperaba que los responsables de acreditar la conversión indagaran la sinceridad de sus intenciones o, cuanto menos, aportasen testigos no relacionados directamente con la persona interesada.

Cuando en un territorio se producían muchas conversiones se debía incentivar también la inmigración desde otros lugares, para compensar la caída de ingresos.

Sin embargo, en realidad este paso no era tan común y ni siquiera del todo deseable para los propios gobernantes, ya que los impuestos que podían obtener de un converso eran menores que de un dhimmi. Por ello, cuando en un territorio se producían muchas conversiones se debía incentivar también la inmigración desde otros lugares, para compensar la caída de ingresos: en estados con una gran extensión y que extendían su dominio sobre muchas etnias distintas, esto podía suponer una fuente de conflictos, porque no todas compartían la misma interpretación del Islam. De ahí podían surgir, y de hecho surgieron, muchos conflictos internos en el seno de los grandes imperios musulmanes que, uno tras otro, propiciarían su caída.

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NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

jueves, 24 de diciembre de 2020

NATIONAL GEOGRAPHIC : ¿CUÁNDO FUE EL NACIMIENTO DE JESUCRISTO?.- En qué año nació Jesús según la historia

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., con motivo de la celebración de la Navidad, en honor al Nacimiento de Jesús, se han elaborado muchas teorías sobre  el  día y año de nacimiento, que ni aún la Biblia lo menciona con exactitud.
La Revista National Gegoraphic, ha elaborado un informe, sobre las posibles fechas del nacimiento de Jesús y que tampoco aportan mayor claridad; sin embargo, para ilustración de nuestros lectores, hacemos público el reportaje de National Geographic....... 

El calendario usado en la mayoría del mundo, que toma como cambio de era la fecha de nacimiento de Jesús de Nazaret, no es correcto si nos atenemos a los registros históricos. Ni Jesús nació el año 1, ni fue el 25 de diciembre.









Mucho se ha escrito sobre Jesús de Nazaret y la verosimilitud de su vida e incluso de su propia existencia. Aunque hoy en día es ampliamente aceptado que dicho personaje fue real -independientemente de su aspecto místico-, los datos que nos llegan sobre él son a menudo contradictorios e interpretados con una finalidad religiosa; pero a través de un examen y una criba de aquellos que son pura invención intencionada, podemos deducir algunas cosas como, por ejemplo, la fecha de su nacimiento.

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EL AÑO REAL DEL NACIMIENTO DE JESÚS

Las fuentes principales que tenemos sobre el nacimiento de Jesús son los Evangelios y estos nos ofrecen dos datos incompatibles. Por un lado, los evangelistas Mateo y Lucas fechan su nacimiento “en los días de Herodes el grande”. Este fue rey vasallo de Roma entre los años 37 y 4 a.C. -fechas que sí sabemos con exactitud por los registros romanos- y, según los evangelios, reinó todavía uno o dos años en vida de Jesús, que por lo tanto habría nacido el año 5 o 6 a.C..

Sin embargo, el mismo Lucas señala que en el año de su nacimiento, el emperador Augusto ordenó realizar un censo de la población, del cual se encargó el gobernador de Siria, Publio Sulpicio Quirino. Pero el historiador Flavio Josefo sitúa este censo 37 años después de la batalla de Actium -que enfrentó a Octavio, el futuro Augusto, contra Marco Antonio y Cleopatra-, es decir, en el año 6 o 7 d.C.. Además, aunque Judea fuera un reino vasallo, seguía siendo gobernado por una dinastía autónoma y los súbditos pagaban sus tributos a su rey, no al emperador romano: sólo cuando se convirtió efectivamente en provincia romana en el 6 d.C. habría tenido sentido realizar tal censo.

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Por lo tanto, entre los dos anclajes cronológicos que se dan para el nacimiento de Jesús, hay como mínimo una diferencia de diez años. Ateniéndonos al registro de Flavio Josefo y a las repetidas menciones al rey Herodes, es más seguro tomar como referencia válida la que señala el nacimiento en vida de este rey y, por lo tanto, situarlo alrededor del año 6 a.C..

La fecha incorrectamente considerada como año 1 fue establecida - ya fuera por accidente o intencionadamente - en el siglo VI por un monje bizantino llamado Dionisio el Exiguo, quien diseñó un nuevo sistema de datación de los años para separar la era pagana de la cristiana: el Anno Domini -“año del Señor”, es decir, del nacimiento de Jesús-, en sustitución de la datación romana ad Urbe condita -“desde la fundación de la ciudad”, es decir, de Roma.

Ateniéndonos a los registros históricos, lo más seguro es situar el nacimiento de Jesús en vida de Herodes el Grande, alrededor del año 6 a.C.

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¿POR QUÉ SE PIENSA QUE JESÚS NACIÓ EL 25 DE DICIEMBRE?

Si el año de nacimiento de Jesús cuenta al menos con algunas referencias, no se puede decir lo mismo del día. El 25 de diciembre, la fecha elegida para celebrar su natalicio, es con toda seguridad una elección intencional, ya que ni siquiera las fuentes religiosas primarias mencionan tal día.

De hecho, en los primeros tiempos del cristianismo, la celebración de la natividad de Jesús - la Navidad- ni siquiera fue importante. La primera referencia al 25 de diciembre data de la época del emperador Constantino, quien legalizó la práctica del cristianismo. Sólo a partir de entonces el proselitismo de esta religión estuvo permitido y, con esto, surgió la preocupación por la conversión de la población pagana: es por ese motivo que mucha de la tradición cristiana está elaborada para ser fácilmente interpretada y aceptada por un público de cultura grecorromana.

La elección del 25 de diciembre como fecha de la Navidad es una elección intencional para facilitar la conversión de la población romana al cristianismo.

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El 25 de diciembre ya era la fecha convencional cuando Dionisio el Exiguo elaboró su datación. La elección de este día se debía a que era la fiesta del Sol Invicto, un dios oriental que había sido elevado a culto oficial del Imperio por parte del emperador Aureliano a finales del siglo III. A partir del reinado de Constantino y especialmente de Teodosio -quien hizo del cristianismo la religión oficial- los esfuerzos de evangelización implicaron la superposición de las celebraciones cristianas a las paganas para facilitar la conversión.

También con este fin se identificaron muchos aspectos del cristianismo y del propio Jesús con los dioses antiguos: la elección del Sol Invicto servía como metáfora de que Jesús era el nuevo “sol” que había venido a iluminar el mundo.

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