Durante siglos los sacerdotes se casaban y tenían hijos. ¿En qué momento, y por qué, se les impuso la abstinencia marital?
Hoy en día, asociamos al clero católico a una serie de normas, entre las cuales la del celibato. Pero lo cierto es que en los primeros siglos del cristianismo no existía tal obligación. Muchos obispos, sacerdotes e incluso algunos papas estaban casados. Lo que se exigía era, más bien, la fidelidad y la moderación: se valoraba la castidad como virtud, pero no se consideraba incompatible el ministerio religioso con la vida matrimonial.
Fue solo a partir de la Edad Media cuando la Iglesia latina impuso de forma definitiva la prohibición de casarse a quienes tomaban los votos. El celibato obligatorio fue una decisión tomada en los concilios del siglo XII y su implantación respondió tanto a motivos espirituales como a intereses materiales y políticos. ¿Por qué se produjo este cambio?
Una distracción de la vida espiritual
Además, en una época en la que la vida gravitaba en torno a la religión, el celibato se interpretaba como signo de mayor santidad y entrega total a Dios. El clérigo célibe podía dedicarse plenamente a la oración y al servicio, sin las “distracciones” de la vida doméstica y marital; además, no hay que olvidar que el sexo sin fines de procreación se percibía como lujuria y, al menos de cara a la galería, los eclesiásticos debían dar ejemplo.
la Realidad y la apariencia
Los Concilios de Letrán de 1123 y 1139 marcaron el punto de no retorno: allí se declaró inválido el matrimonio de los clérigos y se estableció el celibato como disciplina obligatoria en la Iglesia latina. A partir de entonces, los candidatos al sacerdocio debían comprometerse al celibato desde su ordenación. Si, por circunstancias excepcionales, un hombre ya casado debía tomar los hábitos, tenía que separarse de su esposa y, aun así, la mayoría de las veces no llegaría a un alto cargo.
Sin embargo, la medida no estuvo exenta de resistencias. Hubo muchos clérigos que siguieron conviviendo con sus esposas o que mantuvieron concubinas. Las crónicas medievales están llenas de denuncias sobre la dificultad de aplicar la norma en la práctica y la diferencia abismal entre las apariencias y la realidad.
Había muchos altos cargos, incluidos papas, con hijos no reconocidos a los que oficialmente llamaban “sobrinos”: un caso muy conocido es el del papa Alejandro VI (Rodrigo Borgia) con sus hijos César y Lucrecia, pero esto no era tan raro, simplemente otros se molestaban en llevarlo más discretamente que los Borgia. De hecho, la palabra “nepotismo” proviene del latín nepotes (sobrinos) por la costumbre de beneficiar políticamente a estos hijos extraoficiales.
Es importante subrayar que esta obligación no se extendió a toda la cristiandad. En las Iglesias orientales —tanto las ortodoxas como las católicas orientales en comunión con Roma— se mantuvo la posibilidad de que los sacerdotes se casaran antes de su ordenación, aunque no después. Y más adelante, Iglesias reformadas como la luterana y la anglicana abolieron el celibato obligatorio. Hoy en día, en el seno del catolicismo, este se ha convertido en uno de los grandes temas de debate: ¿El amor a Dios y a una pareja son compatibles, o quienes eligen uno deben renunciar al otro?


