Mostrando entradas con la etiqueta Holocausto. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Holocausto. Mostrar todas las entradas

martes, 19 de agosto de 2025

La leyenda de la puñalada por la espalda: ¿Por qué Hitler quiso exterminar a los judíos? El bulo que motivó el ascenso de los nazis

 Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos alcanza un reportaje, buscando los motivos y razones que tuvo el líder nazi Adolf Hitler para odiar a los judíos, hay tantas especulaciones que hasta no se descarta que una chica de ascendencia judía Stefanie Rabatsch, lo rechazó, otros dicen que cuando estudiaba tuvo profesores judíos y lo desaprobaban en sus tareas y todas razones se sumó la pesudo ciencia racial y el darwinismo, quienes sostenían que las razas inferiores (judíos), eslavos y gitanos deben desaparecer para que supuestamente la raza humana mejore.
Pero, la teoría de la llamada "Puñalada por la espalda", que según él, los judíos y socialistas, entregaron a Alemania a la rendición en la Primera Guerra Mundial, ya que nunca perdió la guerra en el campo de batalla, esa obsesión le generó un odio visceral contra los judíos......................... siga leyendo................. 


Adolf Hitler.
Esta imagen ha sido coloreada. La coloración es especulativa y puede diferir significativamente de los colores reales. 

https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Adolf_Hitler_colorized.jpg 
Wikipedia. 


Adolf Hitler .
Ver la imagen en su resolución original (2079 × 2739 píxeles; tamaño de archivo: 1,04 MB; tipo MIME: image/jpeg
La foto secreta de Hitler que lo muestra como jamás te lo hubieras imaginado. 

https://encyclopedia.ushmm.org/es/a-z/photo?letter=a 
Enciclopedia del Holocausto

https://www.bbc.com/mundo/articles/c74n0dz0939o 

"Hitler estaba destrozado, su rostro era una máscara de miedo y confusión": cómo fueron los últimos días del líder nazi hace 80 años.  

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/por-que-hitler-odiaba-tanto-a-judios-bulo-que-motivo-ascenso-nazis_24109  

¿De dónde surgió el antisemitismo visceral de Hitler? Más allá de la ideología racista, hay una mezcla de traumas personales detrás de uno de los odios más viscerales de la historia.

Arbeiter Zeitung


Cuando uno piensa en Adolf Hitler, inevitablemente surge la pregunta de por qué odiaba tanto a los judíos. Aunque el antisemitismo estaba a la orden del día en Europa desde hacía siglos, en el caso de Hitler fue tan intenso como para convertir ese odio en un proyecto político que desencadenaría el Holocausto y arrastraría a Europa a una segunda guerra total. La respuesta no es simple, pero lo cierto es que el antisemitismo de Hitler no surgió de la nada: fue el producto de una combinación de factores sociales y personales que se fueron consolidando desde su juventud.

En la Viena de principios del siglo XX, donde Hitler vivió entre 1908 y 1913, el antisemitismo estaba muy presente, especialmente entre los nacionalistas alemanes y católicos. Karl Lueger, alcalde de la ciudad y figura admirada por el joven Hitler (en palabras suyas, fue "el alcalde alemán más grande de todos los tiempos"), utilizaba un discurso abiertamente antijudío para movilizar apoyos. Aunque en esa época Hitler aún no mostraba un odio sistemático hacia los judíos, sí empezó a absorber muchas de estas ideas.


En parte, el antisemitismo de Hitler tenía ciertos motivos personales. Algunas fuentes apuntan que habría tenido malas experiencias con profesores judíos durante su adolescencia, lo que podría haber contribuido a generar resentimiento. Incluso se ha especulado con que una chica de ascendencia judía, Stefanie Rabatsch, lo rechazó, lo que alimentó un sentimiento romántico frustrado, aunque esta versión está más cerca del rumor que de la evidencia sólida.

A esto se sumó su obsesión por la pseudociencia racial y el darwinismo social, que presentaba la idea de que los “individuos inferiores” debían desaparecer para que así supuestamente la especie humana mejorase. Eso no solo incluía a las llamadas “razas inferiores” como judíos, eslavos o gitanos, sino también a individuos considerados “desviados”, como los homosexuales, así como aquellos que presentasen algún tipo de discapacidad.

La escalada hacia el Holocausto

Pero aparte de sus traumas personales, hubo un motivo muy específico que llevó su antisemitismo a un nuevo nivel. Durante la Primera Guerra Mundial, Hitler se alistó como voluntario para luchar en el ejército alemán, renunciando a combatir por Austria (donde había nacido) porque su ejército estaba integrado en parte por eslavos y judíos, de los cuales no se fiaba. Y, cuando llegó la noticia del armisticio que pondría final a la guerra, montó en cólera, convencido de que sus sospechas se habían visto confirmadas.

Con la rendición de Alemania, Hitler abrazó con fanatismo una teoría que le marcaría para siempre: la llamada “leyenda de la puñalada por la espalda”. Según esta narrativa, Alemania no había sido derrotada en el campo de batalla, sino vendida por traidores internos judíos y socialistas, que habían saboteado el esfuerzo de guerra desde dentro. Esta idea circulaba entre sectores ultranacionalistas y caló profundamente en Hitler: desde entonces, para él los judíos fueron los responsables directos de la humillación de Alemania.



Ese odio fue escalando con el tiempo. Cuando los nazis llegaron al poder en 1933, su objetivo inmediato fue aislar a los judíos de la sociedad alemana: las leyes de Núremberg de 1935 les quitaron la ciudadanía y prohibieron los matrimonios mixtos. Más adelante se les expulsó del sistema educativo, la administración pública, y se fomentó el boicot a sus negocios. El objetivo, en un principio, no era el exterminio, sino marginalizarlos para que emigrasen.

Más adelante, a medida que el Tercer Reich se preparaba para la guerra, se les internó en guetos. En este fase Hitler, creyendo en la “leyenda de la puñalada por la espalda”, pensaba prevenirse para evitar que, supuestamente, volvieran a boicotear sus planes. De aquí se pasó a la idea de la expulsión total de los territorios del Reich: se consideraron varios destinos posibles; entre ellos, irónicamente, el actual territorio de Israel y Palestina, que estaba bajo mandato británico tras la disolución del Imperio Otomano; o Madagascar, entonces colonia francesa.


Pero este plan se descartó tanto por el coste logístico de trasladar a millones de personas como por el estallido de la Segunda Guerra Mundial, que hizo imposible el transporte masivo por mar. Fue entonces cuando se propuso su exterminio total en los campos de concentración, una decisión que se tomó con una frialdad abrumadora. Buena muestra de ello es que en las discusiones entre los jerarcas del Tercer Reich el debate no giraba alrededor de cuestiones éticas, sino económicas y prácticas: de hecho, si al final se propuso usar cámaras de gas fue, por terrible que parezca, porque los altos mandos militares no querían “desperdiciar” balas.

De todo ello se deduce una lección: Hitler no era un caso excepcional para su época; había otros tan antisemitas como él, puede que incluso más. Lo que le diferenció de ellos fue que él tuvo el poder y la obsesión por llevar a cabo algo con lo que otros de su entorno meramente habían fantaseado.

NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui 

miércoles, 11 de agosto de 2021

CRONISTA DEL HORROR NAZI : Ana Frank, la niña que soñó con ser escritora .- Diario de Ana Frank.

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., durante la Segunda Guerra Mundial, hubieron héroes anónimos, hasta niños que describieron los horrores del Holocausto, como lo fue el Diario de Ana Frank; una niña que le agarró la guerra en su último año de educación primaria; quien describió con lujo de detalles de manera directa y sincera el horror nazi.........  "Con muy pocas tareas que hacer en el escondite, Ana se volcó en su diario. Primero, como desahogo con una amiga, pero poco a poco desarrolló una voluntad de estilo, manifestando cualidades literarias. Ana dejó constancia de todo: las reflexiones sobre la relación conflictiva con su madre, la cada vez más complicada convivencia con los otros escondidos, sus miedos, el terror nocturno por las alarmas antiaéreas que le hacía ir a buscar refugio a la cama de sus padres. Hay pasajes en los que logra expresar ideas tan profundas que aún hoy en día son usadas de modo reivindicativo: “Mientras la humanidad entera, sin excepción, no sufra una gran metamorfosis, la guerra seguirá haciendo estragos y todo cuanto se ha construido, cultivado y desarrollado volverá a ser cortado de raíz y aniquilado para volver a empezar a continuación.” (3 de mayo de 1944)....." .. sigamos leyendo...................

En el 90 aniversario de su nacimiento analizamos la vida de la niña que emocionó con la literatura, a través de su famoso diario donde relató de manera directa y sincera el horror nazi.








Foto: Cordon Press

La niña escritora

Se conserva una fotografía en la que se ve a Ana Frank sentada en su pupitre; es en el último año de la escuela primaria, mira directamente a la cámara y sonríe, cómo no, sonríe, mientras sujeta un lapicero como si escribiera. Seguro que Ana estaba encantada con esta fotografía, ella que soñaba con ser escritora y periodista.


Foto: Cordon Press

Una nueva vida en Ámsterdam

Ana Frank, la segunda por la izquierda, es fotografiada en su décimo cumpleaños (1939) junto con sus amigas frente a la casa de los Frank en Ámsterdam. La familia había emigrado a Holanda. No fueron los únicos. Las autoridades de inmigración holandesas calcularon que entre 1933 y 1934 habían llegado cuatro mil doscientos fugitivos judíos.


Foto: Cordon Press

De la libertad a la clandestinidad

En esta imagen tomada en 1941, la familia Frank camina por las calles de Ámsterdam para asistir a la boda de Miep y Jan Gies, los amigos que más tarde les ayudarían a sobrevivir escondidos en la parte trasera de la sede empresarial de Otto Frank.


Foto: Cordon Press

Un documento para la historia

Poco se podía imaginar la pequeña Ana que aquella libreta encuadernada con una tela a cuadros rojos y verdes, recibida por su décimo tercer cumpleaños, acabaría siendo su mejor amiga durante los veinticinco largos meses de encierro. Mucho menos podía imaginar que millones de personas leerían su diario, que acabaría siendo uno de los documentos clave del horror del Holocausto y que sería declarado por la Unesco como Memoria del Mundo.


Foto: CC


El mundo real: tan cerca y tan lejos

El paso a la clandestinidad de los Frank llegó el 5 de julio de 1942. Cuando Miep Gies cerró tras ellos el paso con la parte trasera de la casa, el exterior quedó lejos. El mundo se redujo para todos a un espacio de apenas cincuenta metros cuadrados ocupado por cinco adultos y tres jóvenes. 


Foto: CC

Reflexiones propias de un adulto

Con muy pocas tareas que hacer en el escondite, Ana se volcó en su diario. Primero, como desahogo con una amiga, pero poco a poco desarrolló una voluntad de estilo, manifestando cualidades literarias. “Mientras la humanidad entera, sin excepción, no sufra una gran metamorfosis, la guerra seguirá haciendo estragos y todo cuanto se ha construido, cultivado y desarrollado volverá a ser cortado de raíz y aniquilado para volver a empezar a continuación.” (3 de mayo de 1944)


Foto: Istock

El terrible final de la familia Frank

El 4 de agosto de 1944 los Frank fueron delatados y conducidos al campo de concentración de Auschwitz. Las mujeres y las niñas fueron separadas de Otto, quien terminaría por ser el único familiar superviviente. Ana y su hermana Margot murieron de tifus pocas semanas antes de la liberación del campo. 


Los que la trataron la describen siempre sonriendo, con interés por la vida, con ímpetu por vivirla. Dicen que miraba con ojos expresivos, que era vivaracha y que su pelo negro rizado era un vendaval de travesuras. Se conserva una foto en la colección de la Fundación Ana Frank en la que se la ve sentada en su pupitre; es en el último año de la escuela primaria, mira directamente a la cámara y sonríe, cómo no, sonríe, mientras sujeta un lapicero como si escribiera. Seguro que Ana estaba encantada con esta fotografía, ella que soñaba con ser escritora y periodista.

Millones de personas han leído su diario, que es uno de los documentos clave del horror del Holocausto declarado por la Unesco como Memoria del Mundo

Y lo fue durante todo el tiempo que lo soñó y escribió su diario. Poco se podía imaginar que aquella pequeña libreta encuadernada con una tela a cuadros rojos y verdes, recibida por su décimo tercer cumpleaños, acabaría siendo su mejor amiga durante los veinticinco largos meses de encierro, su querida Kitty: “me cuesta esperar cada vez que llegue el momento para sentarme a escribir en ti. ¡Estoy tan contenta de haberte traído conmigo!”, escribió el 28 de septiembre de 1942. Mucho menos podía imaginar que millones de personas leerían su diario, que acabaría siendo uno de los documentos clave del horror del Holocausto y que sería declarado por la Unesco como Memoria del Mundo.

ÉXODO Y NUEVA PATRIA

Las cosas no iban bien en la República de Weimar: el Crac del 29 llevó a la economía mundial a la quiebra. En Alemania, también creció el paro y la preocupación. Además, en las elecciones del 14 de septiembre de 1930, más de seis millones de personas votaron al que hasta entonces era solo grupo marginal, el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, dirigido por Adolf Hitler. Lo que parecía algo improbable se volvió una amenaza.

para saber más

"Estado de engaño": el poder de la propaganda nazi

El poder de la propaganda nazi

Leer artículo





El 30 de enero de 1933, Paul von Hindenburg, el presidente del Reich, enfermo y debilitado, nombró a Adolf Hitler canciller del Reich. Hitler hablaba de erradicar “el cáncer de la democracia” y señalaba a un enemigo: los judíos. Sin duda, era el momento de marcharse. Otto y Edith Frank, los padres de Ana, planearon emigrar a Holanda. No fueron los únicos. Las autoridades de inmigración holandesas calcularon que entre 1933 y 1934 habían llegado cuatro mil doscientos fugitivos judíos.

En Amsterdam, los Frank se instalaron en el número 37 de Merwedeplain, en un segundo piso. Era un barrio confortable, pero Edith no era feliz y Otto pasaba poco tiempo en casa, dedicando horas a la franquicia de Opekta, dedicada a los gelificantes destinados a la fabricación de mermeladas. En cambio, el entorno de Margot y Ana era más feliz. A pesar de su delicada salud, Ana siempre llevaba la voz cantante en el grupo. Era charlatana y divertida, siempre sonriendo y encajando las bromas, curiosa. Para algunos, también, distraída algo sabionda y rebelde, pero buena chica. Aunque con dificultades, parecía que la vida podría seguir su curso normal, pero ¿era segura Holanda frente a los inquietantes movimientos de Adolf Hitler?

OCUPACIÓN NAZI DE HOLANDA

Hacía meses que las conversaciones giraban alrededor de la política. Cada vez más preocupados, Otto y Edith se plantearon abandonar Ámsterdam. Tal vez ir a Inglaterra, pero las circunstancias al final hicieron que se quedaran. Mientras, el ejército nazi avanzaba imparable por Europa: el 15 de marzo de 1939 cayó Praga, el 10 de mayo de 1940, los Países Bajos y el 1 de septiembre, Polonia. Comenzaba la II Guerra Mundial.

para saber más

Publican un libro con fotografías inéditas en color de la Segunda Guerra Mundial

Fotos de la II Guerra Mundial en color

Leer artículo





La invasión de Holanda por tropas alemanas cayó sobre sus nuevas vidas como un jarro de agua fría. “Después de mayo de 1940, los buenos tiempos quedaron definitivamente atrás”, escribió Ana en su diario, el 20 de junio de 1942. La vida se alteró de forma precaria después de que incluso la reina Guillermina huyera de Holanda el 13 de mayo de 1940. Un día después, el país comunicó su capitulación y columnas de soldados alemanes entraron desafiantes en Amsterdam, pero por paradójico que pudiera parecer, la empresa familiar por fin daba beneficios ahora que Otto había ampliado el negocio a las especias.

Tan solo siete meses después de la invasión, el padre trasladó la empresa a un nuevo edificio austero de ladrillo visto, el mismo que hoy alberga el museo y la fundación Ana Frank. En realidad, se trataba de dos casas; la primera, con fachada junto al canal, la ocupaban las instalaciones de Opekta y Pectacon, pero había una zona trasera, a la que se accedía por un estrecho pasillo. De momento, Otto Frank decidió subarrendar una zona y con el resto ya vería qué uso le daba.

Las órdenes contra los judíos eran cada día más rigurosas y los nacionalsocialistas estrechaban su control contra el “capital judío”, lo que originó problemas a la empresa de Otto Frank. Ana hizo el listado en su diario de algunas de las medidas aprobadas contra los judíos: “Los judíos deben llevar una estrella de David; deben entregar sus bicicletas; no les está permitido viajar en tranvía; no les está permitido viajar en coche, tampoco en coches particulares…”.

Ana anotó en su diario: “Los judíos deben llevar una estrella de David; deben entregar sus bicicletas; no les está permitido viajar en tranvía; no les está permitido viajar en coche"

El 9 de febrero de 1941 se realizó la primera redada contra judíos, mientras que el Movimiento Nacionalsocialista Neerlandés seguía haciendo de las suyas. A finales de junio de 1942, un rumor inquietó aún más el sueño de Otto y Edith: los alemanes se proponían deportar a todos los judíos residentes en Holanda. Lo cierto era que por entonces, Adolf Eichmann ya había acordado con Franz Rademacher, encargado de “asuntos judíos”, la deportación de unos cuarenta mil judíos a Auschwitz.

EN LA CASA DE ATRÁS

“Querida Kitty: Desde la mañana del domingo hasta ahora parece que hubieran pasado años. Han pasado tantas cosas que es como si de repente el mundo estuviera patas arriba”, escribió Ana en su diario, el 8 de julio de 1942.

El paso a la clandestinidad de los Frank llegó el 5 de julio de 1942. Era un domingo habitual, salvo porque a eso de las tres de la tarde, llamaron a la puerta. Cuando Edith abrió, vio al cartero. Venía a entregarles una citación dirigida a Margot. La niña tenía dieciséis años y querían que se presentara en la Central del Servicio Obligatorio de Trabajo en Alemania para ser trasladada al campo de concentración de Westerbork.

para saber más

Ana Frank sobre la prostitución: "En París tienen grandes casas para eso. Papá ha estado ahí"

Textos ocultos del libro

Leer artículo





Doce horas después, se dirigieron en secreto a la sede de la empresa familiar. Caminaron bajo la lluvia con el máximo de prendas que lograron ponerse encima a la vez. La imagen habría pasado por humorística si no hubiera sido tan dramática. Todo había sido preparado con antelación sin que las niñas lo supieran. Una estantería giratoria, como si fuera el truco de un mago, daba acceso a aquella otra parte trasera de la sede empresarial. La ingeniosa idea fue de Johan Voskuijl, que junto a Bep Voskuijl, Johannes Kleiman, Victor Kugler, Jan Gies, quien tenía contactos con la resistencia, y Miep Gies, se convirtieron en los protectores de los escondidos.

Cuando Miep Gies cerró tras ellos el paso con la parte trasera de la casa, el exterior quedó lejos. El mundo se redujo para todos a un espacio de apenas cincuenta metros cuadrados ocupado, al principio, por cuatro adultos y tres jóvenes: los Frank, Hermann van Pels y su esposa Hermann van Pels, junto a su hijo Peter; semanas después entró Fritz Pfeffer.

“Está claro que no podemos mirar por la ventana ni salir fuera. También está prohibido hacer ruido, porque abajo no nos deben oír”, anotó Ana en su diario, el sábado 11 de julio de 1942.

La niña conmocionada por el repentino giro que tomaba su vida -habían escapado sin siquiera despedirse de sus amigas- vivió aquellas primeras semanas en el escondite como una aventura. Finalmente, pasarían veinticinco largos meses encerrados. Para Ana, una séptima parte de su corta vida.

A pesar de que Otto y Edith habían planeado la logística de víveres y habían trasladado poco a poco todo lo necesario, la vida en el escondite no fue fácil. Justo cuando los adolescentes buscan su propio lugar en el mundo, a Ana le tocó compartir uno reducido con sus padres y tres adultos más, sin apenas intimidad, sin la posibilidad de salir afuera dando un sonoro portazo. Fue sin duda una situación difícil, a la que la niña no tuvo más remedio que adaptarse con cierta madurez. Además, a medida que el tiempo iba pasando, todos perdían la esperanza en una pronta derrota de Hitler.

para saber más

Localizan un túnel que fue cavado por un grupo de judíos para huir de los nazis

Un túnel excavado por judíos para huir de los nazis

Leer artículo





Con muy pocas tareas que hacer en el escondite, Ana se volcó en su diario. Primero, como desahogo con una amiga, pero poco a poco desarrolló una voluntad de estilo, manifestando cualidades literarias. Ana dejó constancia de todo: las reflexiones sobre la relación conflictiva con su madre, la cada vez más complicada convivencia con los otros escondidos, sus miedos, el terror nocturno por las alarmas antiaéreas que le hacía ir a buscar refugio a la cama de sus padres. Hay pasajes en los que logra expresar ideas tan profundas que aún hoy en día son usadas de modo reivindicativo:

“Mientras la humanidad entera, sin excepción, no sufra una gran metamorfosis, la guerra seguirá haciendo estragos y todo cuanto se ha construido, cultivado y desarrollado volverá a ser cortado de raíz y aniquilado para volver a empezar a continuación.” (3 de mayo de 1944)

DEPORTACIÓN A AUSCHWITZ

La última anotación del diario es una reflexión sobre las contradicciones propias de un adolescente. No pudo proseguir. El 4 de agosto de 1944, a eso de las diez de la mañana, aparcó un automóvil frente al edificio de Prinsengracht del que bajó el sargento de las SS Karl Silberbauer y varios de sus subordinados. Alguien, al parecer una voz femenina sin identificar, había avisado a la Gestapo de que allí había varios judíos escondidos.

para saber más

Recuperan miles de objetos personales de las víctimas de Auschwitz-Birkenau

Las últimas pertenencias de las víctimas de Auschwitz-Birkenau

Leer artículo





Los ocho detenidos recogieron como en estado de trance sus pocas pertenencias a punta de pistola. Al salir a la calle, la luz del sol les deslumbró. Era la primera vez que salían en veinticinco meses. Tras la detención, tanto los ocho judíos escondidos como sus auxiliadores fueron llevados al cuartel general del Servicio de Seguridad. Los primeros fueron conducidos rápidamente a Westerbork, mientras que Johannes Kleiman y Victor Kugler, fueron llevados al campo de concentración para enemigos del régimen por colaborar con ellos. Tiempo después, Otto Frank explicó que Ana no dejó de mirar en todo momento el paisaje, pegada a la ventana. Tal vez pensara que después de tantos meses de encierro, debía aprovechar al máximo el momento, ¿quién podía imaginar el futuro, a pesar de temerlo?

Pasaron un degradante examen médico en el campo de concentración; como “judíos penados” se vieron forzados a dejar sus ropas y vestir un mono azul de presidiario y usar bastos zapatos de madera. Edith y las dos niñas fueron a parar a un barracón junto a trescientas mujeres más y Otto, aparte, a un barracón de hombres. La disciplina de trabajo para ellos fue más dura que para el resto: Ana, Margot y Edith fueron enviadas a desmontar baterías del ejército alemán. Era un trabajo duro, sucio e insalubre por los vapores del cloruro amónico. A pesar de ello, estaban juntas y llegaban noticias de las derrotas alemanas, lo cual les daba cierta esperanza de ser rescatados.

Ana y Margot fueron deportadas de Auschwitz a Bergen-Belsen, donde murieron de tifus, en marzo de 1945

Pero la liberación no llegó a tiempo. El 3 de septiembre de 1944, los vigilantes del campo condujeron a mil diecinueve judíos a un tren de vagones para el transporte de ganado. Muchos murieron hacinados. Cuando la carga finalizó, el tren arrancó; el de la familia Frank fue el último que partió a Auschwitz. Tres días y dos noches después, llegaron al fatídico destino. En aquel caos, Otto Frank vio por última vez a Edith y a las niñas.

Otto Frank se libró por poco de morir asesinado en el campo. Los hombres de las SS huyeron ante los soldados del Ejército Rojo que entraron en Auschwitz. Fue el único que sobrevivió de los ocho. Edith murió de inanición el 6 de enero de 1945. Ana y Margot fueron deportadas de Auschwitz a Bergen-Belsen, donde murieron de tifus, en marzo del mismo año. Primero murió Margot y más tarde, Ana, ya sin que nadie la consolara en el mundo. A las pocas semanas, el campo fue liberado por tropas inglesas.

EL DIARIO DE ANA FRANK Y SU PUBLICACIÓN

Después de la detención, Miep Gies recogió los diarios y numerosas hojas sueltas de Ana que los agentes de la SS habían arrojado al suelo en el registro del escondrijo. La mujer los guardó en un cajón sin atreverse a leerlos con la intención de devolvérselos en cuanto regresara tras la guerra, pero el único que regresó fue Otto Frank. Y fue él quien, sorprendido de que Ana hubiera escrito el diario sin que él lo notara durante el encierro, no cejó hasta publicarlo, cumpliendo así con el sueño de la niña.

Fue precisamente Miep Gies una de las primeras personas que valoró la publicación del Diario de Ana Frank. Para ella, la vida y la muerte de Ana Frank no es un símbolo de las víctimas del Holocausto, sino que muestra, en realidad, un destino individual que se repitió en las seis millones de víctimas. La historia que no se puede olvidar de Ana, según Miep Gies, es que el destino de aquella niña que soñaba con ser escritora evidencia la irreparable pérdida de la humanidad como consecuencia del Holocausto. ¿Cuánto no habría aportado a la humanidad Ana Frank? ¿Y todas las otras víctimas?

para saber más

¿Reconoces a estos dirigentes del partido Nazi?

¿Reconoces a estos dirigentes nazis?

Leer artículo


NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

miércoles, 27 de enero de 2021

NATIONAL GEOGRAPHIC : EL HOLOCAUSTO.- La liberación de Auschwitz: rescatados del infierno nazi, efectuado gracias a la llegada del ejército soviético un 27 de enero de 1,945...

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., hoy 27 de enero se celebra la liberación del Holocausto del campo de Auschwitz en Polonia, efectuado por la llegada del ejército soviético que perseguía a los alemanes en retirada, lo que los soldados rusos encontraron eran espectáculos  indescriptibles, era la barbarie más repudiable en la historia de la humanidad.
Se calcula que los alemanes transportaron a ese campo de exterminio a 1´300,000 judíos y que murieron allí 1´100,000 judíos, el ejército rojo se tomó el trabajo de documentar todo indicio de lo que encontraron, que hoy sirve a los historiadores en sus investigaciones

Las prisioneras se desplazan por el campo de concentración. Algunas se toman del brazo. Están desabrigadas y se percibe el frío. Las despojaron hasta del pelo. En los ojos, las miradas perdidas.
INFOBAE


Supervivientes de Auschwitz-Birkenau.
DW

NATIONAL GEOGRAPHIC.- narra : "...Auschwitz era un gigantesco complejo compuesto por tres campos de prisioneros: Auschwitz I (el campo original), Auschwitz II-Birkenau (campo de concentración y exterminio) y Auschwitz III-Monowitz (campo de trabajo), además de otros campos satélites. Cuando los soviéticos hicieron su entrada allí, la mayoría de los guardias ya había huido, anticipándose a las consecuencias que traería la llegada del avance del Ejército Rojo después de su victoria meses atrás en el transcurso de la Operación Bagration, que representó la liberación de toda la Unión Soviética ocupada por los nazis y dio paso a la ofensiva de los rusos en Polonia, hasta llegar finalmente a Alemania. "Estuve en Auschwitz. Vi todo con mis propios ojos. Te amo ahora aún más. Por favor, no pierdas la calma: esto no va a volver a pasar, mamá. Nosotros nos vamos a asegurar de ello", escribió Vladimir Brylev, soldado del Ejército Rojo, en un carta a su madre. Cuando los soldados soviéticos entraron en Auschwitz, los recibió un hedor insoportable. Frente a ellos, sólo vieron montones de zapatos, algunas personas en condiciones infrahumanas vagando sin rumbo, cadáveres en el suelo y niños atemorizados en barracones gritando "¡No somos judíos!"......."

El nombre de Auschwitz representa en la actualidad la barbarie y la depravación máxima en la que puede caer el ser humano. Las imborrables imágenes que salieron a la luz tras la liberación de este campo de exterminio nazi por el Ejército Rojo sólo nos permiten atisbar la superficie de un infierno terrible que los supervivientes no han dejado de pedir que nunca se olvide para que no se repita jamás.







Foto: Cordon Press

Aquel 27 de enero de 1945 fue especialmente frío. Eran casi las tres de la tarde cuando una avanzadilla de la 332º división de infantería del Ejército Rojo se topaba con una enorme verja donde, en lo alto, se podía leer Arbeit Macht Frei (el trabajo os hará libres). Ante ellos se abría el mayor campo de exterminio construido por los nazis en Polonia: Auschwitz. Aquella fecha ha quedado inmortalizada a nivel mundial como el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto.

TARDE PARA MUCHOS

Auschwitz era un gigantesco complejo compuesto por tres campos de prisioneros: Auschwitz I (el campo original), Auschwitz II-Birkenau (campo de concentración y exterminio) y Auschwitz III-Monowitz (campo de trabajo), además de otros campos satélites. Cuando los soviéticos hicieron su entrada allí, la mayoría de los guardias ya había huido, anticipándose a las consecuencias que traería la llegada del avance del Ejército Rojo después de su victoria meses atrás en el transcurso de la Operación Bagration, que representó la liberación de toda la Unión Soviética ocupada por los nazis y dio paso a la ofensiva de los rusos en Polonia, hasta llegar finalmente a Alemania. "Estuve en Auschwitz. Vi todo con mis propios ojos. Te amo ahora aún más. Por favor, no pierdas la calma: esto no va a volver a pasar, mamá. Nosotros nos vamos a asegurar de ello", escribió Vladimir Brylev, soldado del Ejército Rojo, en un carta a su madre. Cuando los soldados soviéticos entraron en Auschwitz, los recibió un hedor insoportable. Frente a ellos, sólo vieron montones de zapatos, algunas personas en condiciones infrahumanas vagando sin rumbo, cadáveres en el suelo y niños atemorizados en barracones gritando "¡No somos judíos!".


Tomada a finales de junio de 1944 por la unidades de reconocimiento de los Aliados, esta imagen aérea muestra la magnitud de los campos de trabajo, concentración y exterminio del complejo de Auschwitz-Birkenau. A la derecha (el norte) se puede ver el curso del río Vístula.

Foto: Cordon Press

En ese momento quedaban 2.819 prisioneros en Auschwitz. Pero para muchos la liberación llegó tarde. Centenares de presos, demasiado débiles, murieron en sus camas o hacinados en los barracones. Para los soldados fue muy difícil establecer un vínculo de confianza con ellos y hacerles comprender que pertenecían al ejército soviético y estaban allí para liberarles. Ivan Martynushkin, uno de los soldados de la avanzadilla contó: "Al principio había cautela, por nuestra parte y por la de ellos. Pero luego se dieron cuenta de quiénes éramos y empezaron a darnos la bienvenida, a mostrar que sabían que no debían temer, que no éramos guardias ni alemanes".

para saber más



LA INDUSTRIA DE LA MUERTE

Los soldados soviéticos que llegaron al campo aquel 27 de enero de 1945 encontraron 370.000 trajes de hombre, 837.000 vestidos de mujer, 44.000 pares de zapatos y 7,7 toneladas de cabello humano, que, según cálculos de la época, corresponderían a unas 140.000 personas. Se calcula que 1,3 millones de personas fueron enviadas a Auschwitz entre 1940 y 1945, y al menos 1,1 millones fueron asesinadas allí según los datos del Museo Estadounidense Conmemorativo del Holocausto. Se calcula que durante la guerra, en todos los campos de concentración y de exterminio seis millones de personas fueron asesinadas por los nazis por el mero hecho de ser judías, mientras que once millones más murieron por pertenecer a otras minorías, incluidos civiles y soldados soviéticos y polacos capturados en combate.


Desde su apertura en 1940 hasta su liberación en 1945, se calcula que fueron enviadas a Auschwitz 1,3 millones de personas. Llegaban tras un terrible viaje en tren que podía durar días y que en la mayoría de ocasiones hacían sin agua, comida y soportando gélidas temperaturas.

Foto: Cordon Press

Se calcula que 1,3 millones de personas fueron enviadas a Auschwitz entre 1940 y 1945, y al menos 1,1 millones fueron asesinadas allí.

Primo Levi, el gran pensador judío del Holocausto, que estuvo preso en Auschwitz III-Monowitz, señalaba que Auschwitz representó "la industrialización de la muerte a una escala inimaginable". La vida humana no significaba nada más que un número tatuado sobre el brazo de una persona indefensa que sólo estaba a la espera de ser enviada a la "ducha", donde las víctimas eran rociadas con gas tóxico para, a continuación, ser llevadas a los hornos crematorios y, desde allí, a las fosas comunes. Aquella aniquilación planificada contemplaba asimismo experimentos genéticos y la práctica de la eugenesia (un sistema de perfeccionamiento de la especie humana mediante el criterio racista de selección). El oro de las dentaduras de las víctimas fue fundido para engrosar las reservas del Reich, e incluso las cenizas de los muertos fueron recicladas como fertilizantes.

para saber más



COBERTURA MEDIÁTICA

V. Letnikov, uno de los soldados soviéticos que llegaron al campo días después, lo describió así en una carta enviada a su esposa: "Ayer examinamos un campo de exterminio para 120.000 prisioneros. Postes de dos metros de alto con alambrada electrificada encierran al campo. Además, los alemanes pusieron minas en todos lados. Hay torres de vigilancia con guardias armados y ametralladoras cada 50 metros. No muy lejos de las barracas hay un crematorio. ¿Puedes imaginar cuántas personas deben haber quemado los alemanes ahí? Al lado de este crematorio destruido, hay huesos, huesos y pilas de zapatos que llegan a varios metros de altura. Hay zapatos de niños en la pila. El horror es total, imposible de describir". A pesar de que los soldados soviéticos ya habían sufrido en primera persona de lo que era capaz la Wehrmacht, las fuerzas armadas alemanas, y en especial las temidas SS, famosas por sus masacres de civiles en Ucrania y otros territorios, no estaban preparados para lo que tuvieron que ver en Auschwitz.


Así inspeccionaban los soldados rusos en marzo de 1945 las enormes pilas de objetos personales que encontraron en Auschwitz tras su liberación. Muchos de los soldados explicaban que ésta era una de las imágenes que más les había impactado.

Foto: Cordon Press

Al lado de este crematorio destruido, hay huesos, huesos y pilas de zapatos que llegan a varios metros de altura. Hay zapatos de niños en la pila. El horror es total, imposible de describir, escribió un soldado soviético a su esposa.

A pesar de que otros campos ya habían sido desmantelados y parcialmente destruidos por los nazis en su huida, el hecho de encontrar prisioneros vivos en ese terrible estado, cientos de cadáveres apilados y la evidencia de un plan bien organizado de extermino era algo inimaginable y quedó marcado a fuego en las mentes de todos aquellos soldados que no conocían la existencia de esos centros de exterminio. Pero al contrario de la prensa británica y estadounidense, que publicaron rápidamente la noticia de la liberación, en la Unión Soviética este acontecimiento no tuvo la misma cobertura; sólo Pravda, el periódico oficial del Partido Comunista, informó meses después de la liberación del campo, aunque sin mencionar la presencia de judíos.

para saber más



RECORDAR PARA NO REPETIR

Existen muchos testimonios de primera mano que relatan el horror que presenciaron los soldados rusos que liberaron Auschwitz. Por ejemplo, el corresponsal de guerra Konstantin Simonov dijo a sus editores en Moscú que su mente todavía se negaba a creer lo que había visto y les advirtió de que ellos estaban a punto de ver algo "inmenso, aterrador e incomprensible"; asimismo, el coronel Georgy Elisavetsky dijo que al recordar las imágenes del campo, "la sangre se me hiela de sólo pensarlo". Por su parte Anatoly Shapiro, comandante del regimiento 1085°, declaró: "Había visto mucho en esta guerra. Había visto a gente inocente morir, gente colgada, incluidos niños, gente quemada, pero no estaba preparado para lo que vi en Auschwitz". Vassily Petrenko, general del ejército soviético, escribió: "Yo, que había visto gente morir a diario, quedé estupefacto ante el odio indescriptible de los nazis hacia los prisioneros, que se habían convertido en esqueletos. Había leído sobre el tratamiento de los nazis para con los judíos en varios folletos, pero no había nada allí sobre el tratamiento que tenían con las mujeres, los niños y los ancianos. Fue en Auschwitz donde me enteré del destino que habían sufrido los judíos".


La imagen sobre estas líneas muestra la puerta de acceso a uno de los hospitales improvisados por el Ejército Rojo tras descubrir la inesperada necesidad de ayuda de los presos que encontraron con vida en enero de 1945.

Foto: Cordon Press

Había visto mucho en esta guerra. Había visto a gente inocente morir, gente colgada, incluidos niños, gente quemada, pero no estaba preparado para Auschwitz, dijo Anatoly Shapiro, comandante del regimiento 1085°.

A pesar de que liberar Auschwitz en principio no se encontraba entre los objetivos del Ejército Rojo, la liberación del campo se produjo cuando los rusos avanzaban en persecución del ejército alemán. Rápidamente se prestó atención médica a aquellos que la necesitaban y se construyó, con ayuda de la Cruz Roja polaca, un hospital de campaña para tratar a los prisioneros más graves, según explica Dan Stone, catedrático de Historia Moderna y Director del Instituto de Investigación del Holocausto en Royal Holloway, en su libro The Liberation of the Camps: The end of the Holocaust and its Aftermath (La liberación de los campos: el fin del Holocausto y sus secuelas). Los primeros meses, mientras se combatía muy cerca de allí y los suministros escaseaban, fueron muy duros. Muchos de los enfermos, especialmente aquellos que padecían tuberculosis y otras enfermedades graves, perdieron la vida.

Poco antes de la rendición de Alemania, y con la llegada de la primavera, la situación se estabilizó y la mayoría de los supervivientes fueron trasladados a barracones para que pudieran recuperarse. De hecho, más allá de la falta de cobertura mediática ofrecida por la Unión Soviética, el Ejército Rojo se aseguró de registrar con el máximo detalle posible la magnitud de la barbarie nazi. Por eso, gran parte de lo que hoy sabemos sobre el horror de lo sucedido en Auschwitz es gracias a este ingente trabajo de documentación.

TEMAS RELACIONADOS

Segunda Guerra Mundial

 

Nazismo

 

Holocausto


NATIONAL GEOGRAPHIC

Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

Mi lista de blogs