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lunes, 11 de marzo de 2019

JAPÓN : NATIONAL GEOGRAPHIC .- TSUNAMIS .- Fukushima: paisajes después del tsunami

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos alcanza un reportaje de lo que ahora es parte de los alrededores de Fukushima, después del tsunami, que vino como consecuencia del terremoto el 11 de marzo del 2011, con la intensidad de 9.0 en al escala de Richter, que destruyó la Central Nuclear Daiichi de Fukushima.
El fotógrafo David Guttenfelder viajó hasta la ciudad japonesa golpeada por la naturaleza y captó la desolación de una ciudad fantasma golpeada por un brutal tsunami en 2011.
National Geographic.- narra : " Namie es uno de los nueve núcleos urbanos situados total o parcialmente dentro de un radio de 20 kilómetros de la central nuclear Daiichi de Fukushima, designado por las autoridades como zona de acceso prohibido. Al igual que las otras ciudades de la zona de exclusión, Namie ya no existe. De sus 21.000 habitantes, 7.500 se han dispersado por Japón. Los otros 13.500 viven en alojamientos provisionales en la región de Fukushima. Son parte de los más de 70.000 refugiados nucleares desplazados a raíz del peor accidente nuclear ocurrido desde Chernobil..."

https://www.nationalgeographic.com.es/mundo-ng/grandes-reportajes/paisajes-despues-del-tsunami_5223

El fotógrafo David Guttenfelder viajó hasta la ciudad japonesa golpeada por la naturaleza y captó la desolación de una ciudad fantasma golpeada por un brutal tsunami en 2011

 
Marcas en el fango
Tras la catástrofe del 11 de marzo, decenas de miles de personas fueron evacuadas de sus hogares en las proximidades de la central nuclear afectada. Sus huellas están impresas en el barro seco.
Foto: David Guttenfelder

Ladridos en Fukushima
Dos perros se pelean en las calles desiertas de Okuma. Los primeros días después del desastre, pululaban por la zona de exclusión un sinfín de animales domésticos: vacas, cerdos, cabras, perros, gatos, incluso avestruces. Había voluntarios que, desafiando las patrullas y los controles de la policía, recogían animales, los descontaminaban y los devolvían a sus dueños, y daban de comer a otros. Pero a mediados de verano muchas mascotas habían muerto de hambre o enfermedad.
Foto: David Guttenfelder

La cama sin hacer
Los futones se suelen doblar y guardar en un armario por la mañana. Pero aquel día fatídico la gente no tuvo tiempo de ordenar la casa antes del precipitado éxodo, derivado de las órdenes de evacuación difundidas por televisión la madrugada del 12 de marzo. Este dormitorio está en Okuma, a menos de cinco kilómetros de la central nuclear afectada. Las autoridades municipales han acusado a la compañía eléctrica Tepco de incumplir su deber de advertir a la población de la crisis inminente.
David Guttenfelder

Evacuación infantil
Los ensayos de evacuación son muy frecuentes en las zonas de Japón con actividad sísmica. Por eso, cuando en marzo se produjo el desastre real, los niños sabían lo que tenían que hacer, y actuaron según lo previsto pensando en volver al colegio unos días después. Pero han pasado meses desde que se marcharon, y en las taquillas todavía siguen las mochilas de piel que los escolares usan en Japón, que cuestan varios cientos de euros y son una de sus más preciadas posesiones. Es probable que nadie las reclame nunca.
David Guttenfelder

A la búsqueda de animales abandonados
Un solitario defensor de los derechos de los animales camina por la costa de Fukushima. La central nuclear está al otro lado de la cuesta, a menos de un kilómetro de distancia. Cuando otras regiones afectadas por el tsunami hacía semanas que habían sido despejadas de escombros, las brigadas de limpieza aún no habían llegado a esta área a causa de los niveles de radiación. Pese a las estrictas sanciones por entrar en la zona, algunos desafiaron las restricciones para ayudar a los animales domésticos que quedaron abandonados.
David Guttenfelder

Escombros tras el tsunami
Meses después del tsunami, la hierba había crecido en este vehículo tragado por las aguas en la costa cercana a Namie. Los escombros se esparcieron por el litoral de Fukushima a consecuencia del desastre. El miedo a la radiación desaconsejó la limpieza inmediata.
David Guttenfelder

Ganado abandonado
No se previno la evacuación del ganado de la zona irradiada y muchos animales fueron abandonados.
David Guttenfelder

Supermercado porcino
Un cerdo deambulando por las calles desiertas del centro de Namie descubrió este supermercado, en el que se atracó de lo lindo y luego se echó una siesta.
David Guttenfelder



Control policial
Policías con mascarillas protectoras hacen guardia en un control de la carretera que lleva a la ciudad de Minami-Soma. El cartel dice: «Manténgase alejado».
David Guttenfelder

Formación para volver
En un gimnasio de Hirono, residentes de la zona de exclusión vestidos con trajes protectores reciben instrucciones el 8 de junio antes de ser conducidos a sus hogares para recuperar efectos personales pequeños (en el autobús no hay sitio para los grandes.) En los viajes de ida los controles eran estrictos, dice un funcionario municipal, pero el proceso de descontaminación a la vuelta (recogida de trajes, gorros y mascarillas, y medición de los niveles de radiación) era mucho menos riguroso.
David Guttenfelder



Casas de cartón
Nobuko Sanpei, de 74 años, cena en su casa de cartón en el centro de congresos Big Palette de Fukushima, en la ciudad de Koriyama. «Recorté un agujero a modo de ventana porque el calor era sofocante», explica. Meses después del desastre nuclear, miles de refugiados vivían en «casas» de cartón instaladas en albergues, escuelas y otros espacios públicos. Sanpei, que luego se mudó a un apartamento, añora los arrozales que cuidaba con su marido en Tomioka, al sur de la central nuclear.
David Guttenfelder

Intimidad reducida
Una evacuada descansa en la «vivienda» que ha improvisado en el recinto del centro de congresos Big Palette. En los reducidos alojamientos de emergencia no hay intimidad, y las enfermedades pueden propagarse rápidamente. Las personas mayores, que han pasado su vida en comunidades rurales con gran cohesión social, son las más reacias a trasladarse lejos de la familia y los amigos. Los trabajadores sociales intentan prevenir una oleada de kodoku-shi («muerte solitaria») entre los mayores.
Foto: David Guttenfelder



Centro de evacuados
Toyoo Ide, un hombre de 69 años con la espalda tatuada, es uno de los que aprovechan los baños instalados por los militares a las puertas de Big Palette, que se ha convertido en un centro de evacuados. Ide, que ha trabajado toda su vida en la central nuclear, se define a sí mismo como una persona bromista y con buen humor, pero echa mucho de menos su casa. «Ahora no hay agua ni electricidad, pero si las hubiera, yo regresaría a mi hogar, con radiactividad o sin ella. Volvería hoy mismo. No puedo vivir en una ciudad extraña.»
Foto: David Guttenfelder



Recuerdos abandonados
El agua estropeó un álbum de fotos abandonado en la costa de Fukushima asolada por el tsunami. En las fotos, los niños y niñas aparecen ataviados con kimonos con motivo de una ceremonia tradicional en la que celebran el tercer, quinto y séptimo cumpleaños.
Foto: David Guttenfelder



Última visita al hogar
Durante una breve visita a su hogar de Namie, Junko Shimizu hace la maleta de su marido antes de abandonar la zona.
Foto: David Guttenfelder



Estragos del terremoto
En esta casa, situada dentro de los límites de la zona de exclusión, el terremoto movió el retrato de un miembro de la familia e hizo añicos el cristal del marco. Muchos japoneses mantienen viva la memoria de sus antepasados colocando en su vivienda sombrías imágenes de patriarcas y matriarcas desaparecidos, que a menudo presiden el altar budista de la familia, donde se queman barritas de incienso y se reza por los muertos. En la actualidad los retratos presiden casas desiertas.
Foto: David Guttenfelder 
16 de febrero de 2017, 19:03

Fukushima: paisajes después del tsunami

Lo más desgarrador de la ciudad de Namie es que todo parece en orden. La hierba verdeazulada de los prados parece fresca. Los ríos Takase y Ukedo fluyen resplandecientes bajo el sol. La barbería, la estación de trenes y el restaurante de cerdo frito parecen a punto de abrir sus puertas, lejos del caos y la destrucción que se abatieron sobre las localidades costeras un poco más al norte. En las prefecturas de Miyagi e Iwate, los relojes que las olas devolvieron a la playa se habían parado hacia las 3.15 h de la tarde, la hora en que el tsunami devoró ciudades enteras. Pero en la humilde localidad pesquera de Namie, los relojes siguen funcionando.
Namie es uno de los nueve núcleos urbanos situados total o parcialmente dentro de un radio de 20 kilómetros de la central nuclear Daiichi de Fukushima, designado por las autoridades como zona de acceso prohibido. Al igual que las otras ciudades de la zona de exclusión, Namie ya no existe. De sus 21.000 habitantes, 7.500 se han dispersado por Japón. Los otros 13.500 viven en alojamientos provisionales en la región de Fukushima. Son parte de los más de 70.000 refugiados nucleares desplazados a raíz del peor accidente nuclear ocurrido desde Chernobil.
El tsunami provocó que 70.000 personas tuvieran que moverse de sus hogares y vivir en otras zonas de Japón
El fin de Namie comenzó en las caóticas horas que siguieron al terremoto del 11 de marzo. La ciudad se abre hacia el noroeste desde la central Daiichi. Sus habitantes, guiados por las noticias de televisión sobre el accidente nuclear y por las autoridades, se dirigieron hacia la zona más alta, en el centro de la ciudad.

Siglos de tsunamis en Japón

Subir a las colinas es un acto reflejo para los japoneses, condicionados por siglos de tsunamis, pero en este caso fue una decisión nefasta, porque se dieron de bruces con el penacho de aire cargado de residuos radiactivos. La gente se apiñó en refugios con escasas provisiones hasta el día 15, cuando otra explosión la obligó a desplazarse a Nihonmatsu.

En el número de julio, la popular revista Bungei Shunju llamaba a Namie «la ciudad olvidada», cuyos habitantes nunca recibieron órdenes oficiales de evacuación, ni cuando las explosiones de hidrógeno en las unidades 1 y 3 esparcían partículas tóxicas en toda el área de Fukushima.
Provistos de máscaras y trajes protectores, los desplazados son a veces transportados en autobús a la ciudad para recuperar pequeños efectos personales y comprobar el estado de sus casas. Los viajes son breves (de dos a tres horas) para reducir al mínimo el riesgo de radiación. Junko y Yukichi Shimizu, que vivían con su hijo, su nuera y su nieto de dos años, parecen abrumados mientras se mueven lentamente por su vivienda. El 26 de julio los acompañé durante una hora en una de esas visitas a la ciudad abandonada.

La vida tras el desastre

Yukichi, de 62 años, sella las ventanas con cinta aislante mientras contempla su adorado jardín, ahora asilvestrado. Su mujer, Junko, de 59, limpia el altar budista de la familia y recoge los pocos objetos que pueden sacar de la zona de exclusión: fotos, hierbas medicinales chinas y el quimono de su hija. Deja atrás las tablillas conmemorativas budistas.
«No hay nadie más para proteger la casa», explica. El ayuntamiento de Namie se ha instalado en unas oficinas improvisadas en Nihonmatsu. Sus funcionarios siguen expidiendo partidas de nacimiento, intentan tener localizados a los ciudadanos, que cada vez se van más lejos, y consultan a los expertos sobre el cesio radiactivo que ha vuelto inhabitables los 222 kilómetros cuadrados de Namie.
Muchos mantienen la esperanza de regresar cuando la central esté estabilizada. Pero la gente no podrá volver a sus casas en un futuro próximo, y el Gobierno empieza a considerar la posibilidad de comprar sus viviendas.
Mientras los suaves rayos del crepúsculo en­­vuelven el paisaje urbano en un cálido fulgor, la fresca brisa marina ondula nuestros sofocantes trajes protectores. Por un momento es posible olvidar que a pocos kilómetros, por la Ruta 6, el contador Geiger marca un nivel de radiactividad 600 veces superior al normal. Yukichi Shimizu, que cultivaba los arrozales y trabajaba en la construcción, observa su amada ciudad hoy sin vida: «¿De verdad sería peligroso vivir aquí?».
NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
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viernes, 18 de marzo de 2011

JAPÓN: MÁS DE 6,500 MUERTOS Y MÁS DE 10,000 DESAPARECIDOS EN TERREMOTO Y TSUNAMI

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., día a día se siguen contabilizando las víctimas del pavoroso terremoto con intensidad de 9 grados en la escala de Richter que afecto el noreste japonés y lo que más hizo estragos fue el tsunami con olas marítimas de hasta 10 metros de altura y penetró hasta 10 kilómetros tierra adentro. Las autoridades de Japón cifran en 6.405 los muertos y en 10.259 los desaparecidos por el terremoto y posterior tsunami del pasado día 11 en el noreste de país, según el último cómputo oficial facilitado hoy por la Policía. Aquí en la imagen observamos como quedaron muchas ciudades japonesas después del terremoto y el tsunami, las cifras oficiales de los muertos que ya suman más de 6,500 y los desaparecidos en más de 10,000, siguen siendo optimistas, según los medios periodísticos solo los desaparecidos serían arriba de 50,000 víctimas. Foto : Efe.

Se teme que la cifra final de víctimas pueda aumentar todavía en algunos municipios de las provincias más afectadas, como Iwate, Miyagi y Fukushima.

Unos 90.000 militares y miembros de equipos de rescate japoneses, ayudados por voluntarios extranjeros especialistas en salvamento, peinan la zona devastada en busca de supervivientes atrapados bajo los escombros o arrastrados mar adentro por la ola gigante de diez metros de altura.

No obstante, poco a poco las infraestructuras de transporte se están recuperando en la zona afectada lo que facilita que los equipos de asistencia distribuyan la ayuda a las 380.000 personas que permanecen en los 2.200 refugios acondicionados tras el desastre.

En la ciudad de Sendai, una de las más afectadas por el terremoto y posterior tsunami, los supermercados del centro de la ciudad han comenzado a abrir para facilitar provisiones a los habitantes, mientras que en la provincia de Iwate, más al norte, la escasez de combustible ha obligado a detener las cremaciones de víctimas.

Por ahora se ha rescatado a unas 26.000 personas, aunque una veintena de ellas ha fallecido en los refugios debido a su delicado estado de salud o avanzada edad al ser trasladados desde un hospital en la zona evacuada a menos de 20 kilómetros de la central de Fukushima, según informó la agencia local Kyodo.

El terremoto y posterior tsunami del 11 de marzo ha destruido 11.991 hogares, provocado 269 incendios y dañado 1.232 puntos en las carreteras del norte y este de Japón.
EFE.

NHK en versión española nos informa:

Cifra de víctimas mortales a una semana del terremoto supera 6.500 :
El viernes, a una semana del terremoto y el tsunami que devastaron el nordeste de Japón, la policía ha confirmado 6.548 muertes.

Este terremoto ha sido el peor desastre en Japón desde la Segunda Guerra Mundial, ya que el número confirmado de víctimas mortales superó a las 6.434 provocadas por el Gran Terremoto de Hanshin, de 1995.

Continúan desaparecidas 10.354 personas, pero la cifra corresponde solo a los registros policiales, por lo que podría ser mayor.

En la prefectura de Miyagi, se han confirmado 3.860 muertes y 2.252 desaparecidos. En la de Iwate, se confirmaron 2.040 muertes y 4.253 desaparecidos. Fukushima ha confirmado 592 muertes y los desaparecidos serían 3.844. En la región de Kanto murieron decenas de personas, incluidas 19 en Ibaraki y 7 en Tokio.
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

miércoles, 16 de marzo de 2011

JAPÓN Y SU CRISIS NUCLEAR: OETTINGER ADVIERTE QUE EN POCAS HORAS PUEDE PRODUCIRSE UNA NUEVA CATÁSTROFE EN FUKUSHIMA

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la crisis nuclear se asentúa peligrosamente en la Central Atómica de Fukushima, afectada desde el terremoto del 11 de marzo de 2011, que no se puede controlar con las explosiones de los reactores número 1, 2, 3, con el sobrecalentamiento, mientras que los reactores números 4, 5, 6 están apagados. Tanto es así que el comisario europeo de Energía, Günther Oettinger, advirtió hoy que en las próximas horas podría producirse "una nueva catástrofe" en la central nuclear japonesa de Fukushima. Aquí en la imagen observamos a : Una fotografía facilitada hoy miércoles 16 de marzo de 2011 por la empresa operadora de la central nuclear de Fukeshima, el Tokyo Electric Power (TEPCO), que muestra los importantes destrozos de los reactores 3 (i) y 4 (d). EFE/TEPCO

Bruselas, 16 mar (EFE).- El comisario europeo de Energía, Günther Oettinger, advirtió hoy que en las próximas horas podría producirse "una nueva catástrofe" en la central nuclear japonesa de Fukushima.

"En las próximas horas corremos el riesgo de asistir a una nueva catástrofe de gran peligro para los habitantes y el bienestar del archipiélago" japonés, señaló en su comparecencia sobre la comisión de Medio Ambiente del Parlamento Europeo.

Las graves consecuencias se derivarían del hecho que "el nuevo accidente puede afectar a la población urbana de Tokio, con 35 millones de personas" dijo Oettinger quien sin embargo se mostró partidario de "no caer en el pánico".

El titular europeo de Energía dijo apostar por unas pruebas de estrés "estrictas" a las 153 instalaciones nucleares europeas y apuntó que los exámenes se llevarán a cabo durante el segundo semestre del año.

Oettinger avanzó asimismo que una vez esté encarrilado el proceso de las pruebas de resistencia a las nucleares europeas propondrá al Consejo y al Parlamento europeos una legislación para armonizar la seguridad nuclear a nivel comunitario.

Asimismo, apuntó que Bruselas seguirá como hasta ahora al minuto lo que ocurre en Japón y será objeto de discusión tanto en el consejo de Energía del próximo lunes como en la cumbre de jefes de Estado y Gobierno el jueves y viernes, ambos en Bruselas.

Los eurodiputados de la comisión de Medio Ambiente reclamaron al titular europea de Energía promover la Europa libre de energía y le felicitaron en su mayoría al comisario por su sinceridad.
Oettinger reconoció el martes que la situación en Fukushima estaba "prácticamente fuera de control".

Tokio, 16 mar (EFE).- El deterioro de un reactor tras otro en la central de Fukushima aumentó hoy el temor a un desastre nuclear, sin que los desesperados intentos de los trabajadores para controlar la radiación hayan dado hasta ahora resultado.

La incertidumbre y la alarma rodean la situación en la planta nuclear 1 de Fukushima (Daiichi), donde los problemas se encadenan desde el seísmo y el tsunami que sacudieron el noreste de Japón el día 11 y causaron graves daños en su sistema de refrigeración.

Sus seis reactores de agua en ebullición provocan emergencias continuas y los empleados de TEPCO, la operadora de la central, trabajan contrarreloj desde hace cinco días para tratar de combatir el sobrecalentamiento, hasta ahora sin éxito y en medio de una fuerte radiación.

Buena parte de los esfuerzos de contención se centraron hoy en la unidad número 3, de la que esta mañana salían columnas de humo o vapor que, en un principio, se sospechó provenían de la propia vasija de contención del reactor.

Ya entrada la noche y después de innumerables especulaciones sobre el posible alcance de los daños, el portavoz del Gobierno, Yukio Edano, aseguraba que la posibilidad de un deterioro grave del contenedor del reactor "es baja".

Sin embargo, durante un momento el nivel de radiactividad en la zona llegó a alcanzar un alarmante nivel de 10.000 microsievert por hora y ello obligó a evacuar temporalmente a los empleados, que regresaron cuando descendió la radiación.

A última hora del miércoles unos 200 operarios y expertos esperaban aún en uno de los edificios de la planta mientras los expertos estudiaban cómo continuar con la inyección de agua marina para bajar la temperatura los reactores más afectados, según la televisión nacional NHK.

Hasta ahora, las operaciones para enfriar los reactores 1, 2 y 3 han fallado; las unidades 4, 5 y 6 estaban apagadas cuando tuvo lugar el seísmo, pero contienen piscinas con barras combustible atómico usado que pueden sobrecalentarse en caso de evaporarse el agua y emitir nubes radiactivas si se incendian.

En la unidad 4 se produjo hoy un fuego por combustión de hidrógeno (tal y como había ocurrido la víspera) que luego remitió, aunque los fuertes niveles de radiactividad impidieron a los trabajadores acercarse.

Las Fuerzas de Auto Defensa (Ejército) de Japón enviaron a la zona un helicóptero militar cargado con agua salada para arrojarla desde el cielo sobre el lugar, pero la misión tuvo que ser finalmente abortada ya que las radiaciones eran demasiado elevadas incluso para esa operación.
El nivel máximo de radiactividad para trabajar en una situación de emergencia en una central está normalmente establecido en 100 milisievert anuales, pero ante la crítica situación en Fukushima la Agencia de Seguridad Nuclear de Japón la elevó hasta 250 milisievert, según la televisión pública NHK.

Cada operario, no obstante, permanece muy poco tiempo expuesto a este nivel de radiactividad, con operaciones rápidas -que pueden ser de segundos- a fin de minimizar el riesgo.
Pese a las serias dificultades para controlar la planta de Fukushima, el Gobierno insistió hoy en que los niveles de radiactividad más allá de un radio de 20 kilómetros de la central no suponen aún un riesgo inmediato para la salud.

NHK emite continuamente partes sobre la situación en la central, las mediciones de radiactividad y el parte meteorológico con la dirección del viento, que hoy soplaba del noroeste, empujando el vapor de la central hacia el Océano Pacífico.

En la ciudad de Fukushima, situada a unos 70 kilómetros de la central, se medían hoy hasta 21,4 microsievert por hora, un nivel que, sin llegar a ser perjudicial para la salud, se encuentra muy por encima de los 0,02 microsievert habituales en esa ciudad, según NHK.

En Tokio, en el popular barrio de Shinjuku, la radiación se situaba en la tarde de hoy en unos 0,16 microsievert por hora, un nivel que, según las autoridades de la capital, está muy lejos de ser dañino: se calcula que una persona recibe, en condiciones normales, una media de 2.400 microsievert al año.
EFE.
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

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