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Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos entrega un resumen de La Conferencia de Potsdam, donde se reunieron los líderes triunfantes de la Segunda Guerra Mundial: Winston Churchill, Harry S. Truman y Josef Stalin, quienes acordaron la repartición del territorio de Alemania entre los cuatro: Los Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia al oeste y al este la Unión Soviética, lo mismo sucedería con la capital Berlín..... siga leyendo.....
Reunidos en esta ciudad palaciega los tres grandes (Churchill, Truman y Stalin) acordaron las condiciones para la rendición de Japón y se repartieron la derrotada Alemania
Sentados alrededor de esta mesa del palacio de Postdam se puede ver a Churchill (izquierda), Stalin (derecha) y al presidente Truman de espaldas a la cámara en el centro.
Iniciada el 17 de julio de 1945 tras la rendición de la Alemania nazi, la Conferencia de Potsdam decidiría el futuro del mundo. En ella se reunieron los principales líderes de las potencias aliadas incluyendo los tres grandes: Churchill, Stalin y Truman, para decidir la suerte de las potencias del Eje derrotadas en Europa, e imponerle a Japón (única nación enemiga todavía en guerra) las condiciones de su rendición.
La muerte del presidente Roosevelt en abril de ese mismo año había aupado a la presidencia a su vicepresidente Harry S. Truman, quien acudió al encuentro sin la experiencia ni contactos diplomáticos de su colosal predecesor. Igualmente Churchill llegó a la palaciega ciudad alemana deprimido por su derrota en las elecciones generales celebradas el 5 de julio y su próxima sustitución como primer ministro por Clement Atlee, dejando a Stalin como el hombre fuerte de la conferencia.
Una Europa en paz
El primer punto a tratar fue el destino de la Alemania nazi. Sobre la mesa se pusieron diferentes propuestas, desde su desintegración en un rosario de microestados hasta su ocupación permanente por los aliados, pero al final se decidió repartirla en cuatro zonas bajo control soviético, británico, americano y francés con la promesa de permitir su reunificación e independencia en un futuro cercano.
Antes el país debía ser desnazificado, eliminando todos los símbolos y elementos de propaganda fascista al tiempo que los principales jerarcas nazis serían castigados por sus crímenes de guerra en los futuros juicios de Nuremberg. La industria alemana fue igualmente afectada, cerrándose todas la fábricas de armamento y vehículos para evitar un futuro rearme que llevara a una Tercera Guerra Mundial.
Alemania y la ciudad de Berlín fueron divididos en cuatro zonas bajo ocupación aliada, mientras que el este del país y la Prusia oriental fueron entregadas a Polonia y la URSS como compensación de guerra.
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Un tema más espinoso fueron las indemnizaciones de guerra que exigían los soviéticos de Alemania, algo que ni británicos ni americanos se sentían inclinados a aceptar para no convertir el tratado de paz en otro Versalles que llevara al país a la miseria y al radicalización, de modo que al final se acordó que cada potencia tendría autoridad de aplicarlas o no en su zona de ocupación.
Polonia y Japón
Pero la verdadera manzana de la discordia de la conferencia fue Polonia. La primera víctima de la guerra se encontraba en ese momento ocupada por el Ejército Rojo de Stalin, quien había instalado un régimen comunista opuesto al gobierno polaco exiliado en Londres con vistas a anexionarla a la Unión Soviética. A ello se oponían tanto Churchill como Atlee, peor al final Truman acabó por ceder y dejar el caso en manos de un consejo de ministros que la entregó a los comunistas, ganándose así el apoyo de los rusos en la guerra todavía en marcha contra Japón.
Las fronteras de Polonia también se vieron afectadas en la conferencia, perdiendo esta sus provincias orientales en favor de la soviética Bielorusia y ganando a cambio el este de Alemania. Las poblaciones de estos territorios serían sustituidas bajo supervisión aliada, desplazándose los polacos de este a oeste y siendo repatriados los alemanes a su devastada tierra.
Los tres grandes se dan la mano al inicio de la conferencia de Postdam. Esta imagen de amistad entre potencias pronto se resquebrajaría por el inicio de la Guerra Fría y el enfrentamiento entre capitalistas y comunistas.
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Más concordia hubo en una declaración conjunta dirigida a Japón enumerando de manera harto genérica los requisitos aliados del tratado de paz. Para empezar su gran imperio quedaría reducido a las cuatro principales islas del archipiélago japonés, y el país sería ocupado por los Estados Unidos mientras se eliminaban los elementos belicistas y se castigaba a los culpables de crímenes de guerra. La posición del emperador quedó sin concretar, comprometiéndose los aliados a convertir el país en un estado democrático sin injerencias del soberano.
China quedó en teoría bajo los nacionalistas de Chiang Kai-shek (quien perdería el país frente a los comunistas de Mao cuatro años después), mientras que la región de Manchuria pasó a los rusos y Corea fue dividida por el paralelo 38 entre las fuerzas de ocupación soviéticas en el norte y aliadas en el sur.
Clement Atlee (sentado a la izquierda) sustituyó a Churchill como Primer Ministro el 26 de julio, firmando la declaración de Postdam dirigida a Japón.
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El último punto decidido en la reunión fue el estatus de los aliados europeos de Alemania (Italia, Finlandia, Bulgaria, Rumanía e Hungría), que formalizarían su rendición en 1947 con alguna pérdida territorial manteniendo hasta entonces un armisticio con los aliados. Por su parte Austria fue independizada de Alemania y se le concedió la independencia en 1955 tras diez años de ocupación soviética.
La Conferencia de Postdam confirmó pues la separación del mundo entre países comunistas y capitalistas que ya se había empezado a perfilar en Yalta, con Polonia absorbida por la URSS, Berlín y Alemania divididos entre los ganadores y Corea como futuro teatro de la primera batalla de la Guerra Fría.
El establecimiento temporal de la línea Oder-Neisse, que sería la frontera del territorio administrado por el Gobierno de Polonia. (La frontera final entre Alemania y Polonia debía ser discutida en una conferencia de paz final.)
Acuerdo para la reconstrucción. Los aliados estimaron sus pérdidas en 200 000 millones de dólares. Alemania fue obligada a pagar únicamente 20 000 millones en productos industriales y mano de obra. Sin embargo, la Guerra Fría evitó que se pagara esta deuda.
Stalin inicialmente quería la ruptura de toda relación con el Gobierno de Franco. Finalmente, se llegó al acuerdo que Estados Unidos, la URSS y Gran Bretaña se opondrían a la entrada de España en la Organización de Naciones Unidas.[cita requerida]. No hay documento histórico que avale que en la Conferencia de Postdam se hablase de la situación de España tras la guerra civil española.
Esto llevaría más tarde a un mundo bipolar en la Guerra Fría, donde por primera vez el comunismo y el capitalismo se separarían de una forma física.
El resto de los asuntos debían tratarse en una conferencia de paz final tan pronto como fuera posible.
El 1 de septiembre de 1939, Adolf Hitler anunció la invasión de Polonia después que soldados regulares de este país hubieran, presuntamente, atacado territorio alemán. En realidad, todo fue un montaje nazi para justificar la invasión del país vecino.
Hitler se dirige al reichtag el 1 de septiembre de 1936, justo antes de la invasión de Polonia.
World History Archive / Cordon Press
Como casi todas las guerras, la Segunda Guerra Mundial empezó con una mentira. Según palabras del propio Adolf Hitler el 1 de septiembre de 1939 frente al Reichstag alemán: "Esta noche, soldados regulares polacos han disparado por primera vez contra nuestro territorio". Al finalizar la Primera Guerra Mundial y tras la firma del Tratado de Versalles, el siglo XX será testigo del ascenso en Europa de regímenes totalitarios como el fascismo en Italia o el nazismo en Alemania.
Los vencedores de la contienda, Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos, eran los grandes beneficiados de las condiciones impuestas en la Conferencia de Paris de 1919. Sin embargo, Alemania, creía firmemente en la teoría del "espacio vital"(Lebensraum) creada por el geógrafo alemán Friedrich Ratzel, y que consistía en la anexión de territorios con el propósito final de alcanzar el desarrollo de un país, en este caso, de territorios de habla alemana situados en otros países. Hitler combinó parte de esta idea con sus peculiares concepciones racistas, que contaban, a su vez, con un trasfondo social y cultural. La conquista de este espacio vital encaminó los esfuerzos del führer para dar su particular sentido a la guerra que se desataría en septiembre de 1939.
Contra el Tratado de Versalles
Así pues, tras su toma del poder en 1933, Adolf Hitler retiró a Alemania de la Sociedad de Naciones y de la Conferencia de Desarme. En enero de 1935, la Sociedad de Naciones celebró un plebiscito en el Sarre, un territorio que había pertenecido a Alemania y que ahora era administrado por este organismo internacional, sobre su posible reincorporación al país germano. En medio de una intensa agitación, el 13 de enero de 1935, con un voto favorable del 90,73%, el Sarre fue reincorporado a Alemania el 17 del mismo mes.
Dos meses después, en marzo de 1935, Hitler rechazó las cláusulas del Tratado de Versalles, que pretendían mantener a Alemania desarmada, y a pesar de los acuerdos alcanzados en Locarno en 1926 por los que Alemania, Francia, Bélgica, Gran Bretaña e Italia pretendían garantizar el mantenimiento de la paz en Europa Occidental, reconstituyó abiertamente el ejército alemán y el 7 de marzo de 1936 ocupó Renania, supuestamente una zona desmilitarizada.
En Francia se habló de actuar, pero el Gobierno francés se encontraba dividido al respecto y no estaba dispuesto a hacerlo sin contar con el apoyo de Inglaterra; y los ingleses no querían correr el riesgo de una guerra por impedir que tropas alemanas ocupasen lo que consideraban suelo alemán.
En 1937, Hitler exigió para Alemania la anexión de la ciudad libre de Danzig (Gdansk en polaco), que el Tratado de Versalles había puesto bajo protección de la Sociedad de Naciones, y también el acceso ferroviario extraterritorial por el "corredor polaco", la frontera de Polonia con Prusia Oriental. En 1938, fuerzas alemanas entraron en Austria –ante el entusiasta recibimiento de la población–, consumándose la unión política de Alemania y Austria, el llamado Anschluss. En septiembre de 1938 le llegó el turno a Checoslovaquia con la crisis de la región de los Sudetes, que fue anexionada también por Alemania.
La petición de los Sudetes por parte de Alemania y la solicitud de auxilio por parte del Gobierno checo a Francia e Inglaterra provocaron la celebración en septiembre de 1938 de la Conferencia de Múnich para decidir no sólo la suerte de Checoslovaquia, sino también la de toda Europa. Se reunieron Chamberlain, Daladier, Mussolini y Hitler, y se aceptó la ocupación alemana de Checoslovaquia tan sólo en las zonas de habla germana. Ingenuamente creyeron que Hitler cumpliría su compromiso y no invadiría otros países. Pensaban que la Conferencia había asegurado la "paz para nuestro siglo", pero ésta apenas duró un año.
La "Operación Himmler"
Todo empezó el 31 de agosto de 1939 en el marco de la "Operación Himmler", cuando media docena de miembros de las SS, fingiendo ser alborotadores, irrumpieron por la fuerza en la emisora de radio de Gleiwitz, una región de la alta Silesia, disparando al aire. Los asaltantes redujeron a los tres empleados y a un policía que estaban allí en esos momentos y lanzaron violentas proclamas en contra del führer y del Tercer Reich –eran los mismos hombres que habían iniciado un año antes campañas de sabotaje cuando colocaron una bomba en la estación ferroviaria de Tarnow, Polonia–. El comando conectó un micrófono para permitir que un intérprete lanzase consignas patrióticas y antialemanas en polaco. Uno de ellos decía: "¡Atención! Esto es Gleiwitz. La emisora está en manos polacas".
Para hacer que la escena fuera aún más creíble llevaron hasta allí a un nacionalista polaco al que las SS había detenido un día antes, llamado Franz Honiok, un agricultor de 43 años el cual fue seleccionado tras haber participado en alguna revuelta. Lo arrastraron hasta allí absolutamente drogado y, nada más llegar, le pegaron un tiro en la puerta dejando su cadáver a la vista de todos. Para que no hubiese confusión posible, lo habían vestido con un uniforme del ejército polaco que previamente habían robado. Las SS sólo estuvieron 15 minutos en la emisora y debido a un fallo técnico se emitió nada más una parte del discurso. A pesar de que la parte del discurso que se radió no anunciaba la falsa invasión de Alemania, fue suficiente para que Hitler encontrara su deseado casus belli. Después subieron el cadáver de Franz Honiok a la sala de retransmisión para tomar las fotos que saldrían publicadas en los periódicos.
La invasión de Polonia ya había sido anunciada días antes por Adolf Hitler en un discurso dirigido a la cúpula del ejército alemán en el que dejaba bien claros sus propósitos: "Aniquilación de Polonia en primer término. No tengáis piedad. Actuad con brutalidad".
Finalmente, la mañana del 1 de septiembre de 1939, y con la justificación de los hechos acaecidos el día anterior, soldados alemanes preparados de antemano avanzaron hacia Polonia a través de distintos puntos fronterizos. Hitler deseaba iniciar la guerra contra Polonia desde hacía mucho tiempo, lo que no previó es que, en cuestión de pocos días, Gran Bretaña y Francia se pondrían del lado polaco: la Segunda Guerra Mundial había empezado.
Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Segunda Guerra Mundial, tuvo batallas épicas entre los aliados contra las tropas de la Alemania Nazi, uno de ellos fue en el frente oriental, luego que Alemania perdió sus emplazamientos en Stalingrado, y sus planes de apoderarse de la Unión Soviética. Kursk se convirtió en el último intento del ejército alemán para recuperar la iniciativa en el frente oriental. Pero, tal vez ya era tarde, por que Rusia recuperó la iniciativa y demostró estar preparada para derrotar a Alemania, con una gigantesca industria bélica y miles de soldados que eran tropas frescas contra las desgastas y mermadas tropas alemanas y que esta última se vio frenada por la invasión de los aliados a Sicilia.
La batalla de Kursk, fue considerada como la más grande de blindados de la historia, empezó un 5 de julio de 1,943, la operación conocida como Ciudadela, las tropas alemanas desencadenaron su último intento para doblegar al ejército rojo, al inicio lo estuvieron logrando con sus tanques, ganando terreno lentamente, pero el Führer, ordenó desviar parte de su contingente de tanques que mellaban a la defensa soviética, para enviarlos al frente de Italia, ya que los aliados invadieron Sicilia, esta batalla se considera que participaron entre 3,600 a 6,400 blindados, que si Hitler no los retira cancelando la operación; otro hubiese el resultado de la batalla...... ... siga leyendo.........................
Tras la derrota en Stalingrado, Kursk fue el último gran intento del ejército alemán para recuperar la iniciativa en el frente oriental. Considerada como una de las batallas de blindados más grandes e importantes de la historia, la Batalla de Kursk supuso el final para una Alemania nazi cuyo plan para apoderarse de la Unión Soviética se vio frenado por la invasión de Sicilia por parte de los aliados.
Frente Oriental antes de la batalla de Kursk. Las áreas en oscuro muestran la destrucción de una incursión soviética previa, que desembocó en la tercera batalla de Járkov. Las áreas en claro muestran los avances alemanes hacia Kursk.
Batalla de Kursk o también llamada el Arco de Kursk, da nombre a una serie de brutales choques armados que tuvieron lugar entre el mes de julio y de agosto de 1943 en la región de ese mismo nombre. En ella, las ya recuperadas (aunque cansadas y gastadas) tropas de la Wehrmacht harían el último esfuerzo ofensivo en el frente del este, agrupando el grueso de sus fuerzas acorazadas y sus más modernas armas, pasando por las unidades más potentes y sus generales más prestigiosos; la operación recibió el nombre en clave de “Operación Zitadelle” (Operación Ciudadela).
En el verano europeo de 1943, el mando alemán decidió atacar el llamado saliente de Kursk, formado como resultado de una ofensiva invernal y la retirada forzosa del Ejército Rojo durante una operación defensiva de la ciudad de Járkov —ciudad en la parte oriental de Ucrania.
El 5 de julio de 1943 dio comienzo la Batalla de Kursk, en la región rusa del mismo nombre. Las tropas alemanas sumaron todos sus efectivos del frente oriental para intentar un último ataque que acabase con la resistencia del Ejército Rojo. Más de tres millones de soldados llegaron a participar en el curso de este enfrentamiento bélico.
Messerschmitt AG, posteriormente llamada Messerschmitt-Bölkow-Blohm, fue una famosa empresa aeronáutica alemana, conocida sobre todo por sus aviones de caza producidos durante la Segunda Guerra Mundial, en especial Bf 109 y Me 262. La empresa sobrevivió a la guerra y, en 1968, tras fusionarse con Bölkow y adquirir Hamburger Flugzeugbau (HFB), la división aeronáutica de Blohm & Voss, pasó a denominarse Messerschmitt-Bölkow-Blohm (MBB). Finalmente, al crearse el grupo DASA en 1989 se integra como una división del mismo.
La serie KV fue una línea de producción de una serie de carros de combate pesados de origen soviético. Fueron bautizados con el nombre del comisario de defensa y político Kliment Voroshílov. En el momento de la invasión de la Unión Soviética por parte de Alemania en la Segunda Guerra Mundial, los KV eran los carros de combate mejor protegidos de su época, pero solo constituían el 2 %1 del total de las fuerzas acorazadas soviéticas el 22 de junio de 1941. Su éxito inicial en detener y diezmar a las fuerzas "panzer" le valió el sobrenombre de "matanazis".
Cinco de julio de 1943. Las 5:30 h. de la madrugada era la hora marcada para que diese inicio la Operación Ciudadela. Los tanques alemanes considerados de última generación, como los Panther y los Tiger, estaban a punto de entrar en combate, junto con los habituales Panzer III y IV, contra los temibles T-34 soviéticos. A esta enorme congregación de blindados se unieron además las fuerzas de la Luftwaffe, la fuerza aérea alemana, con cazas Messerschmitt, bombarderos Stuka y los novedosos Henschel HS 129. Pero lo que no esperaban los alemanes es que unas horas antes, los soviéticos les sorprendieran con fuego de artillería gracias a la información proporcionada por Lucy, un espía que los rusos habían infiltrado en campo alemán, y así conocieran de antemano los planes del mando supremo del ejército de tierra alemán.
CAOS INICIAL
Adolf Hitler tenía en mente provocar un enfrentamiento decisivo y que fuera capaz de inclinar la balanza definitivamente de su lado. Tras el desastre que supuso para Alemania la batalla de Stalingrado, Hitler pretendía que en Kursk (un saliente de 160 kilómetros cuyo epicentro se hallaba en la ciudad de Kursk, situada a unos 640 kilómetros al sur de Moscú) su ejército pudiera conquistar definitivamente el frente oriental en pocas semanas. Pero tras el inesperado recibimiento de la artillería soviética, el plan inicial se vio alterado lo que acabó provocando un enorme caos organizativo y un gran número de bajas en las filas alemanas. A pesar de las contrariedades, el operativo siguió en marcha. La Operación Ciudadela se estaba librando en un escenario relativamente pequeño, aunque abarrotado tanto de medios humanos como materiales, lo que obligó a los contendientes a desarrollar un nuevo tipo de combate sin tregua que primaba el desgaste del enemigo. Con el paso de los días, este tipo de lucha se revelaría agotadora ya que llevaba a los soldados al límite para lograr ganar los pocos metros que les dejaba el rival.
Un soldado alemán inspecciona un tanque T34 ruso que quedó totalmente destruido durante la batalla de Kursk, en la zona de Pokrovka.
Foto: CC
Ivan Konev, general del Ejército Rojo (centro), y Gueorgui Zhúkov (derecha), mariscal soviético, dan indicaciones a un oficial cerca del campo de batalla en Kursk en 1943.
Foto: CC
Hitler pretendía que en Kursk (un saliente de 160 kilómetros cuyo epicentro se hallaba en la ciudad de Kursk, situada a unos 640 kilómetros al sur de Moscú) su ejército pudiera hacerse definitivamente con el frente oriental en pocas semanas.
En Kursk, la ventaja numérica de los soviéticos respecto a los alemanes era de dos y medio a uno, aunque el nivel organizativo de ambos contendientes era muy similar. Pero la estrategia de desgaste empleada por los soviéticos era la única a la que el ejército alemán no estaba acostumbrado y por ese motivo fiaría el éxito de la operación al poder de sus blindados. Aunque estos eran inferiores en número a los soviéticos, los blindados alemanes suponían un hueso duro de roer para el Ejército Rojo. A los Panzer, los Tiger y los Panther se unieron los Elefant, unos monstruosos panzerjäger (cazacarros) a los que no se consideraba carros de combate puesto que no disponían de torreta. Por su parte, el Ejército Rojo contó con un millón y medio de efectivos, tanques pesados KV-1, cañones de asalto autopropulsados y un gran número de blindados ligeros capaces de soportar la potencia de fuego alemán. Pero a pesar de la superioridad numérica, uno de los más famosos blindados del ejercito soviético, el T-34, era incapaz de traspasar el blindaje de los carros alemanes a larga distancia, mientras que el cañón de 88 milímetros del Tiger alemán no tenía rival en campo abierto.
Existen numerosos mitos acerca de la cantidad de blindados que se llegaron a desplegar en el campo de batalla de Kursk por ambas partes. Algunas fuentes apuntan a casi 3.000 entre los dos ejércitos y otras hablan de 6.400. Lo que sí queda claro es que la batalla de Kursk se caracterizó por la dureza del combate, en el que los dos ejércitos tuvieron que soportar además un calor abrasador. Después de la batalla, uno de los miembros del equipo de uno de los tanques soviéticos explicó, sobrecogido por el horror: "Cuando un proyectil antiblindaje perforaba el tanque, el combustible o el aceite del motor se derramaba y una cascada de chispas hacía que todo ardiera. Dios no permita que nadie tenga que presenciar a una persona herida retorciéndose mientras se quema viva".
Acerca de la cantidad de blindados que ambos bandos llegaron a desplegar, algunas fuentes apuntan a casi 3.000 entre los dos ejércitos y otras hablan de 6.400.
Un grupo de soldados de infantería alemana realiza un movimiento de avance durante la batalla de Kursk.
Foto: Cordon Press
Viendo el avance inexorable de los blindados alemanes, los soviéticos optaron entonces por una estrategia que consistió en enterrar a sus propios blindados bajo tierra, dejando tan solo al descubierto las torretas como si estas fueran cañones móviles. Pero nada servía para detener el implacable avance alemán. Las divisiones germanas destrozaban todo aquello que se ponía por delante apoyadas por la aviación. Aunque algunos altos mandos del ejército alemán, como el general Model, pensaron que de alargarse mucho más la contienda las cosas podían llegar a torcerse para ellos. Por aquel motivo, y para mantener a las tropas frescas, se establecieron sistemas de rotación aun a costa de ralentizar el avance, ya muy lento de por sí (aunque el alto mando germano consideró que esta lentitud no tenía porque impedir que acabaran ganando la batalla). Por su parte, los soviéticos optaron por realizar un ataque de gran envergadura que atrapara al ejército alemán en la ciudad de Orel (situada 360 kilómetros al sur de Moscú), a pesar de que sus bajas acabaran siendo superiores a las del enemigo.
Sorprendentemente, Adolf Hitler puso fin a la Operación Ciudadela de manera abrupta. ¿El motivo? La puesta en marcha de la Operación Husky por parte de los aliados o, lo que es lo mismo, el inicio de la invasión de la isla de Sicilia. Aquel contratiempo obligó al führer a desviar parte del contingente destinado en Kursk a defender las costas italianas, que, a su entender, tenían un valor estratégico más importante. Por aquel motivo, y a pesar de que los alemanes habían provocado unas bajas considerables entre las líneas soviéticas y no habían perdido ningún tanque, Hitler obligó al II Cuerpo SS Panzer y a la divisiones de élite de las Waffen-SS a trasladarse a la península italiana para intentar impedir el desembarco aliado. Dos días más tarde, el general soviético Kutuzov lanzó una contraofensiva que terminaría con una victoria gracias a la gran ventaja obtenida debido a la retirada de parte de los efectivos alemanes.
La puesta en marcha de la Operación Husky por parte de los aliados o, lo que es lo mismo, el inicio de la invasión de Sicilia, obligó al führer a desviar parte del contingente destinado en Kursk a defender las costas italianas.
El vehículo motorizado que aparece en la imagen fue diseñado por los alemanes para la batalla en territorio ruso, con condiciones especiales que lo hacían óptimo para avanzar entre barro y tierra pantanosa, como fue el caso de Kursk.
Foto: CC
El aura de misticismo que rodea a la batalla de Kursk reside en que fue uno de los combates en que participaron los blindados más grandes de la historia. Para algunos historiadores, el enfrentamiento en realidad podría haberse saldado con un empate técnico, aunque el resultado final dista mucho de ser un empate ya que para Alemania supuso la última oportunidad de conquistar el frente oriental, puesto que en ese momento ya era incapaz de poder mantener todos los frentes que tenía abiertos, mientras que la Unión Soviética, y a pesar de haber sufrido un número de bajas mucho más elevado, disponía de una potente industria con la que cubrir las pérdidas materiales y de una abundante población con la que proveer al ejército de más hombres. De este modo, la retirada de Alemania propició la hegemonía soviética en el campo de batalla, algo que culminaría con la entrada del Ejército Rojo en Berlín el 20 de abril de 1945.
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