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sábado, 5 de septiembre de 2020

NATIONAL GEOGRAPHIC : Arquitectos del faraón, los constructores de Egipto

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos entrega un informe sobre los arquitectos quienes fueron los constructores del Antiguo Egipto, quienes con su talento e ingenio de ingeniería y aplicando una depurada arquitectura construyeron pirámides, tumbas, obeliscos y majestuosos templos para los faraones y los dioses, que constituyen hoy en día; el grandioso legado que nos han dejado para admiración y a veces asombro de la humanidad.

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/arquitectos-faraon-constructores-egipto_7916/1

Pirámides, tumbas y majestuosos templos para reyes y dioses son el grandioso legado que nos han dejado los arquitectos y constructores del antiguo Egipto

Robert Harding World Imagery / Corbis / Cordon Press

Los colosos de Memnón

Estas dos enormes estatuas del faraón Amenhotep III, erosionadas por el tiempo, son todo lo que queda del templo funerario que Amenhotep hijo de Hapu levantó para su señor en Tebas oeste.


WFA

Amenhotep hijo de Hapu

En esta estatua, Amenhotep está representado como un escriba. Dinastía XVIII. Museo Egipcio, El Cairo.


WFA

El faraón constructor

Retrato de Amenhotep III en la tumba del escriba real Haemhet. Dinastía XVIII. Museo Egipcio, Berlín.


Robert Harding Picture Library / Age Fotostock

Templo de Seti en Abydos

En Abydos, centro del culto a Osiris, Seti I erigió un templo, terminado por Ramsés II, en el que se grabó una lista de todos los reyes de Egipto.

Reinhard Dirscherl / Age Fotostock

Templo de Luxor

Uno de los más grandes arquitectos del Imperio Nuevo, Amenhotep hijo de Hapu, concibió el templo de Luxor para su faraón, Amenhotep III. En la imagen, patio erigido en tiempos de Ramsés II en el mismo templo.

John Frumm /Hemis.fr

La pirámide de Kefrén

La construcción de las grandes pirámides de Gizeh fue una empresa titánica. La de Kefrén es la segunda en tamaño y la única que conserva parte de su revestimiento de piedra caliza.

En el antiguo Egipto, la arquitectura no podía concebirse sino al servicio de la religión. Los arquitectos, como los escribas, pintores, escultores o médicos, adquirían sus conocimientos en las «casas de vida», escuelas adscritas a los templos y centros culturales que dictaban las normas a seguir en todas las disciplinas. Ello explica que los arquitectos ostentasen títulos religiosos, a menudo más importantes que el de su actividad constructiva.

Además, los grandes arquitectos, los que estaban a cargo de las obras de la realeza, no sólo se ocupaban de proyectar tumbas y santuarios, sino que, como indicaba su cargo, eran los «directores de todas las obras del rey». Ello incluía la planificación de presas y canales, así como la elección de las piedras más idóneas para las colosales estatuas del faraón. Si se observa la estrecha relación entre la arquitectura religiosa y las estatuas destinadas a cada templo en particular, se aprecia que ambas disciplinas se complementaban. La arquitectura estaba al servicio de la estatuaria y viceversa, formando un todo armonioso surgido de una única mente rectora.
Los obreros del faraón que vivían en el poblado de Deir el-Medina disponían de una habitación en la que rendían culto a sus ancestros familiares
Este condicionante religioso se manifestaba en todos los campos del quehacer arquitectónico. Obviamente, los templos, considerados como «la casa del dios», estaban impregnados de un alto contenido espiritual –no compartido con el pueblo, ya que el acceso a los santuarios siempre estuvo vedado al conjunto de los fieles–. Pero es que también las tumbas, tanto reales como civiles, eran consideradas «casas de eternidad», ya que, en sus capillas, el ka o aliento vital del difunto recibía las ofrendas necesarias para su supervivencia en el Más Allá. También las casas particulares tenían un componente religioso. Por ejemplo, los obreros del faraón que vivían en el poblado de Deir el-Medina disponían de una habitación en la que rendían culto a sus ancestros familiares, la misma en la que tenían lugar los nacimientos, con lo que se creaba una continuidad entre vivos y muertos tutelada por la divinidad.

Todo el mérito para el faraón

La paternidad de las construcciones, por otro lado, no se atribuía a los arquitectos, sino al rey. Eran el faraón y la diosa Seshat –esposa de Thot y, como éste, deidad de la escritura y los cálculos– quienes marcaban sobre el terreno los límites del futuro santuario. Luego, al menos a partir del Imperio Nuevo, el rey dirigía los trabajos iniciales de la cimentación y modelaba, siguiendo un ritual establecido, los ladrillos que marcaban los ángulos principales del templo. Finalmente, las construcciones eran ofrecidas a los dioses por el faraón, como obras personales del monarca. De este modo, una operación humana se elevaba al plano espiritual gracias a la intervención divina.

Aunque en la historia egipcia se menciona a muchos arquitectos, sólo algunos alcanzaron auténtico renombre. Hemyunu ostentó los títulos de «hijo real», «visir» y «director de todos los trabajos del rey». Como vivió bajo el reinado de Keops, durante la dinastía IV, muchos egiptólogos le consideran autor del proyecto de la pirámide de este rey y director de su construcción, aunque no existe ningún documento concreto que así lo atestigüe. Hemyunu se hizo enterrar en la gran mastaba G4000 de Gizeh, cerca de la pirámide de su señor.

Proyectos grandiosos

En el Imperio Nuevo, durante la dinastía XVIII, el arquitecto Ineni tuvo una dilatada vida profesional, ya que proyectó obras bajo los reinados de los faraones Amenhotep I, Tutmosis I, Tutmosis II, Tutmosis III y Hatshepsut. Precisamente para esta última reina construyó la tumba KV20, la de mayor longitud excavada en el Valle de los Reyes, sin contar la de Seti I, prolongada por un túnel inconcluso. Aunque quizás Ineni sea más recordado por una frase que se le atribuye a raíz de la construcción de la tumba de Tutmosis I, probablemente la misma KV20, de la que el arquitecto real dice que hizo el trabajo «sin que nadie lo viese, sin que nadie lo oyese»; seguramente hacía referencia al secreto que debía rodear la construcción de una tumba real. Otro arquitecto de Hatshepsut, Sen-en-Mut, que probablemente fue su amante, construyó para la reina su templo funerario en Deir el-Bahari, además de ser el preceptor de la princesa Neferure.
Aunque en la historia egipcia se menciona a muchos arquitectos, sólo algunos alcanzaron auténtico renombre
Kha, por su parte, fue un arquitecto real destacado en Deir el-Medina, cuya tumba intacta, TT8, fue hallada por Ernesto Schiaparelli en 1906. Su ajuar funerario, conservado en el Museo Egipcio de Turín, muestra el alto estatus social de los arquitectos durante el Imperio Nuevo. Otro personaje interesado en la arquitectura fue Khaemuaset, cuarto hijo de Ramsés II y segundo de la reina Isetnofret, que ostentó el título de Gran Jefe de los artesanos de Ptah, la máxima jerarquía del clero de Menfis. Proyectó las primeras galerías del Serapeum de Menfis, el lugar de descanso de los sagrados bueyes Apis, y restauró las pirámides del Imperio Antiguo en nombre de su padre, por lo que se le considera el primer egiptólogo de la historia.

Pero con todo, ninguno de ellos logró nunca igualar la fama de dos arquitectos que con el tiempo llegaron incluso a ser deificados: el primero de ellos es Imhotep, que fue arquitecto del rey Djoser durante la dinastía III, en los albores de Egipto, y el otro es Amenhotep hijo de Hapu, director de los trabajos del rey Amenhotep III, durante la dinastía XVIII.

Arquitectos y dioses

Imhotep construyó para su rey un grandioso recinto funerario en cuyo interior se elevaban al cielo seis gigantescos peldaños: la primera pirámide escalonada levantada en Egipto que, junto al resto del recinto, es la más antigua construcción del mundo hecha en piedra labrada. El diseño de algunas de sus columnas prefiguraba, a dos mil años de distancia, el orden dórico griego, y tan insólita era la arquitectura de este recinto que cuando Cecil M. Firth lo descubrió en 1924 pensó que se trataba de una obra grecorromana. En el templo ptolemaico de Edfú, construido miles de años después, una inscripción relataba que este santuario fue edificado según las directrices milenarias de Imhotep. Su fama de hombre sabio le ascendió al Olimpo griego como el dios de la medicina Asclepio, y más tarde al romano como Esculapio. Su tumba, todavía no descubierta, sigue siendo el objetivo principal de muchas misiones arqueológicas que operan en las arenas de Saqqara.

Imhotep fue arquitecto del rey Djoser durante la dinastía III y Amenhotep fue director de los trabajos del rey Amenhotep III
Más de mil años después de Imhotep, Amenhotep hijo de Hapu concibió el templo de Luxor, bajo el reinado de Amenhotep III, en la dinastía XVIII, edificio que fijó el canon definitivo del templo egipcio. Él fue el encargado de elegir los bloques de cuarcita roja en la cantera de Gebel el-Ahmar, bloques con los que se esculpirían los famosos Colosos de Memnón, que presidieron el templo funerario de Amenhotep III en la orilla occidental de Tebas, la moderna Luxor. Por ello fue premiado por Amenhotep III con un templo para su culto funerario, privilegio sólo reservado a los faraones y a contadas reinas. Además, varias de sus estatuas, que recibieron culto popular, fueron colocadas en el recinto de Amón, en el de la diosa Mut y en el santuario de Khonsu, en Karnak. En una de ellas, Amenhotep declara que ha alcanzado la edad de la santidad, fijada religiosamente en ciento diez años, aunque sólo es pura retórica, ya que el ilustre arquitecto murió a los ochenta años, aun así una edad extraordinaria en aquella época.

Para saber más

Los obreros de la muerte. Fernando Estrada Laza. Planeta, 2001.
Los sabios del antiguo Egipto. Christian Jacq. La Esfera de los Libros, Madrid, 2008.
El arquitecto del faraón. Bernard Simonay. DeBolsillo, 2003.

NATIONAL GEOGRAPHIC  
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
ayabaca@gmail.com 
ayabaca@hotmail.com 
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lunes, 23 de octubre de 2017

HISTORIA : EGIPTO .- PIRÁMIDES DE GIZEH .-- Las primeras pirámides: Esnofru, el gran constructor

http://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/esnofru-el-gran-constructor_9796

A inicios de la dinastía IV, Esnofru quiso dar un paso más en la consecución de una pirámide perfecta para que fuera su morada de eternidad. En esta búsqueda, el faraón llegó a construir al menos tres de estos grandes monumentos a vuelo

Las pirámides de Gizeh
La dinastía IV representa el cénit en el arte de construir pirámides. Keops y después su hijo Kefrén erigieron las pirámides más grandes y perfectas en la necrópolis de Gizeh, como muestra la imagen.
FERGUS 0’BRIEN / GETTY IMAGES

La Gran Esposa Real
Detalle de un cofre hallado en la tumba de la reina Hetepheres, esposa de Esnofru, en Gizeh. A la izquierda, un cartucho contiene el nombre Nesu-Bity del rey: el de las bondades.
BRIDGEMAN / ACI

El constructor de pirámides
Faraón, posiblemente Esnofru, con la corona blanca del Alto Egipto. Museo Egipcio, El Cairo.
BRIDGEMAN / ACI

Un hijo del faraón
Antílope, en un fragmento de pintura mural de la tumba de Nefermaat. Museo Británico, Londres.
BRITISH MUSEUM / SCALA, FIRENZE

Rey del Alto y del Bajo Egipto
Esnofru entronizado y tocado con la doble corona. Relieve en el Museo Egipcio, El Cairo.
AKG / ALBUM

Las pirámides de Dashur
La imagen muestra la pirámide Romboidal en primer término, alzándose en la llanura de Dashur; al fondo se vislumbra la pirámide Roja. Ambas fueron construidas por Esnofru.
AKG / ALBUM
3 de noviembre de 2015

En contra de lo que podría pensarse, el mayor constructor de pirámides de la historia de Egipto no fue Keops, el faraón al que se debe la Gran Pirámide de Gizeh. Ese título corresponde en realidad a su padre Esnofru, quien, según han calculado los estudiosos, empleó para la construcción de las tres pirámides que se le atribuyen un cuarenta por ciento más de metros cúbicos de piedra que su hijo Keops, el constructor de la Gran Pirámide de Gizeh. Esnofru, además, fue el primer soberano egipcio que levantó una pirámide perfecta de caras lisas y que desarrolló la estructura clásica de los complejos funerarios egipcios, que perduraría durante varios siglos.
Los tres grandes monumentos funerarios creados por Esnofru coronaron el sensacional desarrollo de la arquitectura funeraria egipcia a partir de la dinastía III. El rey Djoser, gracias a su conocido arquitecto Imhotep, fue el primero que construyó su tumba totalmente en piedra, ofreciendo así un sentido de eternidad a unos edificios que anteriormente se hacían de adobe y que por ello se desvanecían al poco tiempo. Además, en esta gran obra que llevó a cabo en Saqqara (una necrópolis próxima a Menfis, la capital de Egipto), Imhotep prescindió de la típica mastaba, un edificio funerario rectangular con paredes en talud. La sustituyó por una pirámide escalonada, compuesta por un total de seis niveles que alcanzaban los 62 metros de altura. Cabe señalar que éste fue el edificio más alto del mundo hasta el reinado de Esnofru.
Gesta de la ingeniería y plasmación del poder del Estado faraónico, la pirámide escalonada tenía una estructura característica, en la que los estudiosos han visto el reflejo de un simbolismo estelar propio de la cultura egipcia en esa época. Así, el eje principal del complejo, de 544 metros de longitud, se orienta de norte a sur y la entrada a la pirámide se sitúa en el lado norte, al igual que el templo funerario del faraón, adosado a la pirámide sobre una base de dos metros de altura. Además, el denominado serdab –una habitación en el lado norte de la pirámide en la que estaba colocada la estatua del ka del faraón (su espíritu o fuerza vital)– poseía dos orificios a través de los cuales una estatua de Djoser podía observar Dubhe y Kochab, dos importantes estrellas circumpolares. La propia forma de la pirámide, como un edificio de seis escalones, evoca las escaleras por las que el espíritu del faraón ascendía al cielo.
 

El soberano innovador

Durante la dinastía III, los reyes Sekhemkhet y Khaba levantaron en Saqqara y Zawiyet el-Aryan construcciones similares a la pirámide escalonada de Djoser. Lo mismo hizo Esnofru en su pirámide de Meidum, una necrópolis situada 55 kilómetros al sur de la pirámide escalonada de Saqqara. Allí el faraón erigió un gran monumento funerario a modo de pirámide de ocho escalones, con una torre central de mampostería y paredes en talud, a la que se añadieron capas superpuestas también en talud con una inclinación de 75º.
Sin embargo, a finales de su reinado Esnofru puso en marcha una tercera fase constructiva que cambiaría radicalmente la fisonomía de la pirámide de Meidum. En la base, los obreros levantaron una plataforma nivelada de bloques de caliza, y sobre ésta fueron colocando sucesivas hiladas horizontales de piedra. Por último, toda la construcción recibió un revestimiento exterior de fina caliza de Tura. De este modo se obtuvo una pirámide perfecta, con cuatro caras lisas de 51º de inclinación, 144 metros de base y 92 de altura.
 

La pirámide de Meidum

La pirámide de Meidum.
WIKIPEDIA
 
La innovación arquitectónica impulsada por Esnofru en Meidum está relacionada con el auge del culto solar durante la dinastía IV, que promovió la identificación del faraón con el dios sol Re. No es casualidad que Huni, el predecesor de Esnofru, fuese el primer monarca en inscribir su nombre y títulos en un cartucho, el óvalo que simboliza el recorrido de Re; y tampoco que Didufri, nieto de Esnofru, fuera el primer faraón en llamarse Hijo de Re.
De acuerdo con esta visión, la pirámide simbolizaría el benben, la colina primordial, ese primer trozo de tierra que, tras la creación del dios solar Atum, emergió de las aguas del nun, el inerte, oscuro y silencioso océano primordial. La pirámide, como la colina primigenia, representa la creación y el renacimiento y se convierte en el vehículo de la revitalización del faraón difunto. Si las pirámides de la dinastía III simbolizaban escaleras al cielo estrellado, ahora la pirámide, como elemento solar, podía expresar también la idea de los rayos del Sol que permitían el ascenso del rey hasta la divinidad solar. Con sus caras lisas que resplandecían gracias a su recubrimiento con caliza blanca de Tura, los colosales edificios podían ser vistos desde la lejanía y se convertían en perfectos marcadores geográficos y manifestación del poder de Re y del dominio del faraón.
De acuerdo con esta nueva concepción, el eje de construcción principal del complejo funerario pasó a ser el este-oeste, en lugar del norte-sur anterior. Así se pretendía propiciar la unión del rey con el dios solar en su recorrido diario, desde que se asomaba por el este en forma del escarabajo Khepri, pasando por su culminación al mediodía como Re, en forma de disco solar, y su ocaso por el oeste en forma de carnero, Atum.
La pirámide de Meidum marcó el triunfo definitivo de este nuevo modelo de conjunto funerario. La obra de Esnofru incluye por primera vez todos los elementos característicos de los complejos funerarios faraónicos a partir de entonces: una pirámide satélite junto a la principal, un templo funerario, otro templo situado a la orilla del río y una rampa que enlazaba estos dos edificios. De acuerdo con el modelo solar, el templo funerario quedó adosado a la cara oriental de la pirámide, en vez de la septentrional, aunque el acceso al interior se realizaba aún por el lado norte, como en la pirámide de Djoser. Desde esta entrada, a unos 18 metros de altura, parte un corredor descendente de casi 60 metros de longitud y una inclinación de 28º. Este conducto termina en un pasillo horizontal que desemboca en el fondo de un pozo, cuya parte superior da acceso a la cámara sepulcral, construida con una técnica típica de inicios de la dinastía IV: la falsa bóveda por aproximación de hiladas.
 

La pirámide Romboidal

Esnofru construyó una segunda pirámide en la necrópolis de Dashur, a 45 kilómetros al norte de Meidum. La forma final que adoptó este monumento es singular. Comenzada como una pirámide de 60º de inclinación, posteriormente se le añadió una envoltura a base de bloques inclinados 6º hacia el interior y una rebaja de la pendiente en cinco grados. A partir de los 47 metros de  altura, se redujo la pendiente de las caras de la pirámide a 43º, dándole así el peculiar aspecto de «pirámide romboidal», como se la conoce. No se sabe si este cambio de pendiente se debió a problemas estructurales que hubo que resolver sobre la marcha o bien tenía un significado simbólico: la doble pendiente representaría, por ejemplo, la unidad del Alto y el Bajo Egipto. Una vez concluida, la pirámide alcanzó los 105 metros de altura, con una base de 188 metros de lado.
 
 
La pirámide Roja de Dashur
 
Pirámide Roja de Dahshur.
WIKIPEDIA
 
La estructura interna de la pirámide Romboidal es inusual a causa de sus dos entradas. Una se halla, como era costumbre, en el lado norte, a 12 metros de altura, y da paso a un corredor de 80 metros de longitud que lleva a un pasillo horizontal; éste, a su vez, conduce a una cámara con falsa bóveda de 17 metros de altura. La segunda entrada, originalmente camuflada tras un bloque de revestimiento, se halla en el lado oeste, a 33 metros de altura. Da a un corredor descendente que al cabo de 65 metros continúa a modo de un pasillo horizontal, donde se dispusieron dos cámaras con bloques de cierre y, finalmente, una cámara funeraria con falsa bóveda de 16 metros de altura.
La tercera pirámide de Esnofru, conocida popularmente como «pirámide Roja», fue construida dos kilómetros al norte de la anterior, en Dashur. Es la segunda pirámide con mayor base (220 metros), sólo diez metros menor que la de la Gran Pirámide. Sin embargo, también es la que tiene menor pendiente de sus caras (43º), por lo que sólo alcanzó los 105 metros de altura. Su acceso se encuentra a 28 metros de altura en el lado norte, y desde allí parte un corredor descendente de 63 metros que termina en un pasillo horizontal. Éste atraviesa dos cámaras con falsa bóveda y luego da acceso a una cámara sepulcral, situada a un nivel superior, también con falsa bóveda y de casi 15 metros de altura. Tal vez el faraón fue enterrado allí.

Para saber más

Historia de las pirámides de Egipto. José Miguel Parra. Univ. Complutense, 2009.
Todo sobre las pirámides. Mark Lehner. Destino, Barcelona, 2003.
El constructor de pirámides. Santiago Morata. Pamies, Madrid, 2011.
 
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