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miércoles, 13 de marzo de 2019

MAYAS : NATIONAL GEOGRAPHIC .- Redescubierta una cueva sagrada de los mayas en Chichén Itzá (México)

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos reporta sobre redescubrimiento de la Cueva de Balamkú(la cueva del dios jaguar), que constituye un santuario subterráneo de Chichén Itzá, de los Mayas.
 Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en Ciudad de México, dijo: "Especialistas del proyecto Gran Acuífero Maya (GAM), a través de su línea de estudio Chichén Itzá Subterráneo, han documentado uno de los hallazgos más importantes en la historia de la investigación de esta antigua ciudad maya. Se trata de Balamkú, “la cueva del dios jaguar”, en cuyo interior se han registrado cientos de objetos arqueológicos, indicativo de su uso ritual hace más un milenio. En conferencia de prensa, realizada en la sede del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en Ciudad de México, Pedro Francisco Sánchez Nava, coordinador nacional de Arqueología, y Guillermo de Anda, director del GAM, detallaron que este espacio se ubica a 2.7 kilómetros al este de la Pirámide de El Castillo o Templo de Kukulcán, y fue descubierto fortuitamente en 1966 por ejidatarios de la comunidad San Felipe: Eleuterio, Mariano y Esteban Mazón; Ermilo, Jacinto y Pascual Un Noh..."

Proyecto GAM redescubre Balamkú, santuario subterráneo de Chichén Itzá

https://inah.gob.mx/boletines/7974-proyecto-gam-redescubre-balamku-santuario-subterraneo-de-chichen-itza

Interior Cueva Balamkú. Foto: Karla Ortega, Proyecto Gran Acuífero Maya.

*** Investigadores accedieron a la cueva descubierta fortuitamente hace más de 50 años, y documentaron cientos de artefactos arqueológicos

*** El proyecto del INAH, Gran Acuífero Maya, iniciará un minucioso registro del sitio a través de la creación de modelos en tercera dimensión, sin modificar el contexto

*** Este espacio ritual ayudará a reescribir la historia de Chichén Itzá, por tratarse de un lugar sellado por siglos


Especialistas del proyecto Gran Acuífero Maya (GAM), a través de su línea de estudio Chichén Itzá Subterráneo, han documentado uno de los hallazgos más importantes en la historia de la investigación de esta antigua ciudad maya. Se trata de Balamkú, “la cueva del dios jaguar”, en cuyo interior se han registrado cientos de objetos arqueológicos, indicativo de su uso ritual hace más un milenio.

En conferencia de prensa, realizada en la sede del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en Ciudad de México, Pedro Francisco Sánchez Nava, coordinador nacional de Arqueología, y Guillermo de Anda, director del GAM, detallaron que este espacio se ubica a 2.7 kilómetros al este de la Pirámide de El Castillo o Templo de Kukulcán, y fue descubierto fortuitamente en 1966 por ejidatarios de la comunidad San Felipe: Eleuterio, Mariano y Esteban Mazón; Ermilo, Jacinto y Pascual Un Noh.

No obstante, la cueva permaneció inalterada por más de cinco décadas, dado que el arqueólogo Víctor Segovia Pinto —quien recibió el reporte del sitio— consideró tapiar la entrada de la cueva poco después de su hallazgo. El año pasado, Luis Un, el niño que acompañó a los ejidatarios y que ahora es un adulto de 68 años, condujo al equipo del GAM hacia este santuario subterráneo, brindando una gran oportunidad para su exploración bajo una metodología que evitará alterar los contextos rituales que alberga.

Guillermo de Anda, investigador del INAH, y James Brady, profesor de la Universidad Estatal de California y codirector de la iniciativa, coinciden en que este es el mayor descubrimiento en la zona desde el hallazgo de la cueva de Balamkanché, en la década de los 50, de donde se extrajeron alrededor de 70 incensarios, entre otros materiales, sin llevar a cabo su análisis. Eso derivó en la pérdida de información invaluable, de ahí que Balamkú representa una ocasión imperdible para la arqueología en cavidades profundas.

“Balamkú ayudará a reescribir la historia de Chichen Itzá, en Yucatán. Los cientos de artefactos arqueológicos, pertenecientes a siete ofrendas documentadas hasta ahora, se encuentran en un extraordinario estado de preservación. Debido a que el contexto se mantuvo sellado por siglos, contiene información invaluable relacionada con la formación y caída de la antigua Ciudad de los Brujos del Agua, y acerca de quiénes fueron los fundadores de este icónico sitio”, expresó Guillermo de Anda.

            El difícil acceso y la morfología de la cueva exacerban las cualidades sagradas de la misma, lo que hace inferir se trata de un contexto netamente ritual, refirió el arqueólogo Pedro Francisco Sánchez Nava, coordinador nacional de Arqueología del INAH, en la reunión con los medios de comunicación, que fue presidida también por Roberto Junco, titular de la Subdirección de Arqueología Subacuática.

La hipótesis de la que parte el equipo del GAM, es que hacia los periodos Clásico Tardío (700-800 d.C.) y Clásico Terminal (800-1000 d.C.), el norte de la Península de Yucatán experimentó una inusitada sequía que obligó a sus pobladores a realizar peticiones de lluvia, yendo a las entrañadas de la tierra, al inframundo, donde residían las deidades de la fertilidad.

Eso explica el enorme esfuerzo que hicieron los antiguos mayas para depositar las ofrendas en las galerías recónditas y restringidas de la cueva Balamkú, “uno de los espacios más sagrados de Chichén Itzá”: cajetes, piedras de molienda, malacates y metates en miniatura, y tapas de incensarios con representaciones de jaguar.

Entre los incontables restos cerámicos que se vislumbran en las siete ofrendas registradas, destacan, por lo menos, 200 incensarios, muchos de ellos con la representación del dios del agua, Tláloc (característico por sus bigoteras y anteojeras), una divinidad cuyo culto, en algún momento aún no precisado, “viajó” del centro de México a la península de Yucatán.

Los incensarios y vasijas que aparecen concrecionados con estalagmitas, conservan aún restos carbonizados, alimentos, semillas, jade, concha y huesos, entre otros elementos ofrendados que servirán para datar no sólo con mayor exactitud estos depósitos —dado que no se descarta la presencia de contextos más antiguos al periodo Clásico Tardío-Terminal—, sino la actividad ritual de los itzáes por medio de la pelobotánica.

De Anda comentó que la cueva Balamkú es una especie de “gusano” por su morfología serpenteante, y es partir de los 400 metros, tras andar pecho tierra, cuando se empiezan a abrir algunas galerías y cámaras, la mayor de ellas con 3.80 m de altura, que es justo donde se encuentran las grandes ofrendas.

En virtud de que muchos de los incensarios parecen haber sido destruidos intencionalmente, una segunda hipótesis apunta a que fueron “matados ritualmente”, o bien, parte de una acción de desacralización del espacio, quizá en el ocaso de Chichén Itzá.

Hasta el momento, dijo el titular del GAM, sólo se ha llevado a cabo una exploración preliminar y aún no se efectúa ningún tipo de excavación, por lo que no se descarta la posible presencia de una amplia variedad de materiales, entre ellos restos óseos humanos, debajo de los lodos y sedimentos.

La cueva Balamkú representa un proyecto de investigación de largo aliento, que sentará las bases para crear un nuevo estándar en el estudio de cuevas arqueológicas en México. Será un trabajo sumamente delicado y que se hará poco a poco, dado que el lugar representa un caudal de información científica irrepetible.

La primera fase de la exploración incluye la creación de un modelo en 3D de la cueva, y no se modificará en forma alguna el contexto, dada la minuciosidad con que se hará el registro digital y el mapeo de todo el sistema cavernario. Cabe mencionar que este santuario subterráneo ha sido recorrido en alrededor de 450 metros, lo que equivaldría a una tercera parte de su extensión.

Recientemente, los investigadores del GAM accedieron al manto freático, desde donde se iniciará la exploración subacuática de la cueva. Llegar a ese punto resultó complejo por lo estrecho de algunos pasajes —que en algunos casos se trata de grietas de no más de 40 centímetros— que obligaron ir a rastras el 90 por ciento del tiempo. 

La línea de investigación Chichen Itzá Subterráneo del proyecto Gran Acuífero Maya, consiste en una gran expedición multidisciplinaria a las entrañas de Chichén Itzá, y tiene como propósito principal investigar esta antigua ciudad a través de su extensa y escasamente estudiada geografía subterránea.

Cabe mencionar que la cueva está siendo debidamente resguardada por el INAH, en colaboración con los ejidatarios de la zona.

El proyecto de la Coordinación Nacional de Arqueología del INAH cuenta además con el acompañamiento financiero de la National Geographic Society y la Universidad Estatal de California, en Los Ángeles.

El cosmograma de Chichén Itzá

Guillermo de Anda, quien además dirige el proyecto Culto al cenote, señaló que se ha conceptualizado un cosmograma para la antigua Chichén Itzá, el centro de éste —a manera de axis mundi— es El Castillo, donde un equipo liderado por el doctor René Chávez Segura, de la UNAM, ha determinado la existencia de un cuerpo de agua bajo el mismo, el cual también podría contener restos de una ofrenda ritual de “fundación” o “sacralización”, especuló el especialista. 

Los cuatro rumbos restantes están marcados por los cenotes Holtún, Sagrado, Xtoloc y Kanjuyum, a una distancia de dos mil 600 m; 400 m; 500 m y mil 700 m, formando una cruz con respecto a la pirámide. Sin embargo, duda que exista una conexión directa entre la recién redescubierta cueva Balamkú, con la Pirámide de Kukulcán, dada la distancia que los separa.

 De Anda Alanís indicó que hasta el momento el proyecto Gran Acuífero Maya ha registrado alrededor de 20 cenotes con evidencia de actividad ritual prehispánica en el área próxima a Chichén Itzá: “Es un proyecto que, entre otros aspectos, está buscando flujos del agua que nos lleven a entender el patrón de asentamiento de esa ciudad como un paisaje sagrado”, finalizó.
Archivos adjuntos:
Descargar este archivo (20190304_boletin_51.pdf)Boletín 51[Descarga]





























https://www.nationalgeographic.com.es/historia/redescubierta-cueva-sagrada-mayas-chichen-itza-mexico_13966

Este santuario subterráneo de los mayas, frecuentado hace más de un milenio, ha permanecido inalterado durante más de cinco décadas; ¿por qué depositaron los antiguos mayas sus ofrendas en galerías tan recónditas y restringidas de la cueva Balamkú?

Santuario subterráneo
El arqueólogo Guillermo de Anda observa los restos cerámicos hallados en la cueva Balamkú, cerca de las ruinas mayas de Chichén Itzá, en una fotografía del pasado 19 de febrero. Hasta el momento se han recorrido alrededor de 450 metros, lo que equivaldría a una tercera parte de su extensión.
Foto: Karla Ortega / Mexico's National Institute of Anthropology and History via AP / Gtres

Estalagmita e incensario
Entre los incontables restos cerámicos de las siete ofrendas registradas destacan más de 200 incensarios, muchos de ellos con la representación de Tláloc, el dios del agua, característico por sus bigoteras y anteojeras. Algunos incensarios y vasijas aparecen concrecionados con estalagmitas.
Foto: Karla Ortega / Mexico's National Institute of Anthropology and History via AP / Gtres

Contexto inalterado
La cueva ha permanecido inalterada durante más de cinco décadas gracias al arqueólogo Víctor Segovia, quien consideró tapiar la entrada de la cueva poco después de su hallazgo en 1966. El Gran Acuífero Maya, un proyecto del INAH, incluye la creación de un modelo en 3D de la cueva, sin modificar el contexto.
Foto: Karla Ortega / Mexico's National Institute of Anthropology and History via AP / Gtres

Objeto prehispánico
Guillermo de Anda, el director del proyecto Gran Acuífero Maya (GAM), junto a una pieza prehispánica hallada en el interior de la cueva. El arqueólogo ha descrito la cueva como una especie de "gusano" por su morfología serpenteante.
Foto: Karla Ortega / Mexico's National Institute of Anthropology and History via AP / Gtres

¿Destrucción intencionada?
Hasta ahora se han documentado siete ofrendas, compuestas por cientos de artefactos arqueológicos. Muchos de los incensarios parecen haber sido destruidos intencionalmente.
Foto: Karla Ortega / Mexico's National Institute of Anthropology and History via AP / Gtres

Santuario de los mayas
El arqueólogo explora la cueva de Balamkú, frecuentada por los mayas hace más de 1.000 años.
Foto: Karla Ortega / Mexico's National Institute of Anthropology and History via AP / Gtres

Vista exterior del templo de Kukulcán
Balamkú está situada a 2,7 kilómetros al este de El Castillo o templo de Kukulcán, que aparece aquí en una fotografía del 19 de diciembre de 2014. Guillermo de Anda ha explicado que se ha creado un cosmograma de la antigua Chichén Itzá, cuyo centro, a modo de axis mundi (eje del mundo), es El Castillo, donde un equipo liderado por el doctor René Chávez Segura, de la UNAM, ha determinado la existencia de un cuerpo de agua bajo el mismo, el cual también podría contener restos de una ofrenda ritual de fundación o sacralización. Sin embargo se duda de que haya una conexión directa entre la recién redescubierta cueva Balamkú y la pirámide de Kukulcán, dada la distancia que separa ambos lugares.
Foto: Denis Düttmann / picture-alliance / dpa / AP Images / Gtres
Alec Forssmann

Redescubierta una cueva sagrada de los mayas en Chichén Itzá (México)

Balamkú, "la cueva del dios jaguar", situada a 2,7 kilómetros al este de El Castillo o templo de Kukulcán, en la antigua ciudad maya de Chichén Itzá (península de Yucatán, México), ha sido redescubierta por especialistas del proyecto Gran Acuífero Maya (GAM) más de 50 años después de su descubrimiento fortuito, en 1966, según informó ayer el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México en un comunicado. Este santuario subterráneo de los mayas, frecuentado hace más de un milenio, ha permanecido inalterado durante más de cinco décadas gracias al arqueólogo Víctor Segovia, quien consideró tapiar la entrada de la cueva poco después de su hallazgo.
"Balamkú ayudará a reescribir la historia de Chichen Itzá, en Yucatán. Los cientos de artefactos arqueológicos, pertenecientes a siete ofrendas documentadas hasta ahora, se encuentran en un estado de preservación extraordinario. El contexto se mantuvo sellado por siglos y por eso contiene información inestimable sobre la formación y la caída de la antigua ciudad de los brujos del agua y sobre quiénes fueron los fundadores de este sitio icónico", ha expresado Guillermo de Anda, el director del GAM.
El año pasado, Luis Un, un niño que acompañó a los descubridores de la cueva y que hoy tiene 68 años de edad, condujo al equipo del GAM al santuario subterráneo, de difícil acceso y que, según Guillermo de Anda, es una especie de "gusano" por su morfología serpenteante; a partir de los 400 metros, y tras avanzar a rastras, se empiezan a abrir algunas galerías y cámaras, la mayor de ellas de 3,8 metros de altura, que es justo donde se encuentran las grandes ofrendas.
Sequía en la península de Yucatán



¿Por qué depositaron los antiguos mayas las ofrendas en galerías tan recónditas y restringidas de la cueva Balamkú? "La hipótesis de la que parte el equipo del GAM es que, hacia los periodos Clásico Tardío (700-800 d.C.) y Clásico Terminal (800-1000 d.C.), el norte de la península de Yucatán experimentó una inusitada sequía que obligó a sus pobladores a realizar peticiones de lluvia, yendo a las entrañas de la tierra, al inframundo, donde residían las deidades de la fertilidad", señala el comunicado del INAH.
"Balamkú ayudará a reescribir la historia de Chichen Itzá", asegura Guillermo de Anda, director del proyecto Gran Acuífero Maya
Entre los incontables restos cerámicos de las siete ofrendas registradas destacan más de 200 incensarios, muchos de ellos con la representación de Tláloc, el dios del agua, característico por sus bigoteras y anteojeras; también hay tapas de incensarios con representaciones del jaguar. Muchos de los incensarios parecen haber sido destruidos intencionalmente y, una segunda hipótesis, apunta a que fueron "matados ritualmente" o bien como parte de una acción de desacralización del espacio, quizá en el ocaso de Chichén Itzá, corazón del imperio maya.
NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
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viernes, 12 de enero de 2018

HISTORIA : NATIONAL GEOGRAPHIC .- Sylvanus Morley el arqueólogo que inspiró a Indiana Jones.- Chichén Itzá, corazón del imperio maya

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG : verdaderamente es un enigma la Civilización Maya, sabiendo que fue una vasta cultura llena de conocimientos de las matemáticas, la geometría, la astronomía, sin embargo, parece que su punto débil fue la agricultura, dada la particularidad del relieve de los terrenos en al zona del Yucatán; los arqueólogos no llegan a descifrar como de la noche a la mañana desapareció, dejando construcciones tan fastuosas como la Pirámide de Kukulkán, dedicado al dios del mismo nombre.
La Revista National Geographic, ha elaborado múltiples reportajes de la Civilización Maya, referente a los trabajos del arqueólogo Sylvanus Morley, hemos tomado dos de ellos para transcribir este artículo que lo brindamos para su lectura... a vuelo
 
http://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/sylvanus-morley-arqueologo-que-inspiro-indiana-jones_12194
http://www.nationalgeographic.com.es/viajes/grandes-reportajes/chichen-itza-corazon-del-imperio-maya_11202/1
https://es.wikipedia.org/wiki/El_Caracol_(arquitectura)
Este arqueólogo estadounidense se especializó en el estudio de la cultura maya y sus jeroglíficos, y su figura de explorador sirvió como inspiración para el personaje de Indiana Jones

Un arqueólogo de cine
Se dice que Spielberg y Lucas se inspiraron en Morley para crear el personaje de Indiana Jones, dada su doble condición de arqueólogo y espía. En la Primera Guerra Mundial Morley debía localizar supuestas bases de submarinos alemanes mientras cartografiaba el litoral de México y Centroamérica. También pasaba informes de los competidores locales a las compañías estadounidenses United Fruit Company e International Harvester.
Foto: Gtres

Templo de Kukulkán
Ubicado en el complejo de Chichén Itzá, tiene forma piramidal y en el centro cada una de sus cuatro fachadas hay una escalinata central que se eleva hasta el templete que remata el templo. Estaba dedicado al dios Kukulkán y su localización, así como sus formas geométricas permiten, apreciar los fenómenos de luz solar que se producen durante los equinoccios y solsticios.
Foto: Gtres

Portada de la revista National Geographic de 1915
La National Geographic Society apoyó las excavaciones de Sylvanus Morley en Chichén Itzá, y más tarde el explorador publicó una serie de artículos sobre sus investigaciones en la revista.
Foto: Gtres

El sitio de Chichén Itzá
Patrimonio de la Humanidad desde 1988, Chichén Itzá, en la Península de Yucatán, es uno de los sitios arqueológicos maya que más información ha desvelado acerca de este pueblo de mesoamérica. Está dedicado al dios Kukulkán, que presidía el sitio, y fue construido durante el periodo clásico tardío, que abarca desde el 800 d.C. al 1100 d.C.
Foto: Gtres

El juego de la pelota
Entre las ruinas de Chichén Itzá se halla esta estructura que los pueblos precolombinos de mesoamérica usaban para jugar a la pelota. El juego tenía ciertas connotaciones rituales y los participantes debían golpear la pelota con diferentes partes del cuerpo para llevarla de un lugar a otro, y tratar de que la pelota tocara o atravesara el aro de piedra
Foto: Gtres

Templo del Caracol
Morley dio el impulso definitivo a las investigaciones y a la identificación del edificio El Caracol como observatorio astronómico. De ahí que también sea conocido como el Templo de Venus o el Observatorio, pues se cree que los mayas lo usaban para observar y determinar los cambios en el cielo y los distintos fenómenos astronómicos. Construido alrededor del año 900 d.C., el interior de la torre que sobresale del edificio esconde una escalera en espiral que se eleva por dentro. 
Foto: Gtres
24 de diciembre de 2017

1923: Ese año marcó el inicio de la expedición que, dirigida por Sylvanus Morley (1883-1948), excavó las ruinas mayas de Chichén Itzá gracias al patrocinio de la Carnegie Institution of Washington y el apoyo de la National Geographic Society. El enclave ya había despertado la curiosidad de los arqueólogos en el siglo XIX, pero Morley dio el impulso definitivo a las investigaciones con el hallazgo de 400 columnas (el actual grupo de las Mil Columnas), la reconstrucción del templo de los Guerreros y la identificación del edificio El Caracol como observatorio astronómico, además de propiciar el turismo al alentar la construcción del ferrocarril que uniría Mérida con Chichén Itzá.
Descifrar los pictogramas mayas se convirtió en la obsesión de Morley durante los 18 años siguientes
Descifrar los pictogramas mayas se convirtió en la obsesión de Morley durante los 18 años siguientes y, a pesar de declarar que detestaba la selva, se instaló todo ese tiempo con su mujer en la hacienda Chichén, al pie de las ruinas. El resultado de su intenso trabajo lo materializó en numerosas obras, tanto dirigidas a especialistas como al público en general. Entre todas destaca el libro The Ancient Maya (1946), donde reveló teorías que cimentaron la base de estudios posteriores.
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Las majestuosas ruinas de la civilización maya son una visita imprescindible de cualquier viaje por Yucatán.

Pirámide o Castillo de Kukulkán
Este templo es el edificio principal de la ciudad de Chichén Itzá. Su estructura pone de manifiesto los conocimientos de los mayas sobre matemáticas, astronomía, geometría y acústica. Su perfecta simetría representa el calendario maya: 18 cuerpos (el número de meses, de 20 días cada uno) y 365 peldaños (días del año), cinco de los cuales se consideraban nefastos. 
Foto: Getty Images

La forma de un Dios
Cabezas de serpiente al pie de la escalinata de la pirámide de Kukulcán, que significa serpiente emplumada, una deidad maya. En otras lugares de los templos de Chichén Itzá también se hallan representaciones de algunas partes del cuerpo de una serpiente. 
Foto: Getty Images

Observatorio de Chichén Itzá
Esta edificio también es conocido como el Caracol por la forma de espiral que oculta en su interior. Se le atribuye una función astronómica puesto que las aberturas de sus muros estaban orientadas hacia Venus y otros astros. Las observaciones que se realizaban eran muy intuitivas y se llevaban a cabo sin ningún tipo de aparato. 
Foto: Secretaría de Fomento Turístico de Yucatán

Chacmool
Esta escultura del Templo de los Guerreros sostiene un cuenco posiblemente usado en los rituales.
Foto: Getty Images

Chichén Itzá
En la zona que ocupaba la antigua ciudad maya todavía se conservan los principales edificios de su época de máximo esplendor. Se puede contemplar el Templo de los guerreros, con el impresionante grupo de las mil columnas, el observatorio, también llamado el Caracol, la pirámide de Kukulkán, la cancha del Juego de pelota y el Tzompantli. 
Foto: Secretaría de Fomento Turístico de Yucatán

Tzompantli
Una plataforma donde se clavaban las cabezas de los enemigos. Presenta relieves de calaveras y de águilas que devoran corazones. 
Foto: Getty Images

Juego de Pelota
Es la cancha más grande y mejor conservada de todo el territorio mesoamericano con 120 metros de largo y 30 de ancho. El juego de la pelota tenía una importancia ritual para la sociedad maya, sin embargo no se conocen sus reglas con exactitud. En la pista de Chichén Itzá se preservan los dos anillos por donde debía pasar la bola.
Foto: Secretaría de Fomento Turístico de Yucatán
 
Escalinata de la pirámide de Kukulkán
Año tras año, durante el equinoccio de primavera que ocurre cada 21 de marzo –y también en otoño, el 22 de septiembre–, un grupo de gente se reúne delante de la explanada de la pirámide para contemplar el descenso de la serpiente, animal sagrado de la civilización maya. Durante unas horas determinadas, los efectos de la luz solar sobre la escalinata del templo producen la forma ondulada del cuerpo de una serpiente, que parece descender desde lo alto de la cumbre.  
Foto: Secretaría de Fomento Turístico de Yucatán

Chichen Itzá
El sitio arqueológico de Chichén Itzá fue una ciudad maya del periodo comprendido entre los años 525, cuando fue fundada, y el 1.100 d.C. Su nombre significa "boca del pozo de los itzá" en referencia al cenote sagrado que se encuentra en la zona. 
Foto: Secretaría de Fomento Turístico de Yucatán
http://www.nationalgeographic.com.es/viajes/grandes-reportajes/chichen-itza-corazon-del-imperio-maya_11202/9

Cenote Sagrado
Se trata de un agujero en la tierra de forma circular con 60 metros de diámetro y 15 de profundidad. Un camino de aproximadamente 300 metros conecta este lugar sagrado con la pirámide de Kukulkán. Las exploraciones han revelado que este cenote era un punto de peregrinación del mundo maya, donde se practicaban rituales y se hacía ofrendas a los dioses. 
Foto: Secretaría de Fomento Turístico de Yucatán

Templo de los guerreros
Este impresionante templo rodeado de un gran grupo de columnas está formado por cuatro cuerpos de 40 metros de ancho cada uno En la última plataforma está situado el templo superior, que a su vez se encuentra dividido en dos salas. Fue construido en el año 1200 d.C, perteneciente al periodo postclásico.
Foto: Secretaría de Fomento Turístico de Yucatán
24 de febrero de 2017
¿Cuánto sabes sobre los mayas?
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La pirámide de Kukulcán se eleva con precisión geométrica en medio de una explanada que hace mil años fue el centro político, religioso y cultural del imperio maya. Chichén Itzá significa "boca del pozo de los itzaes", en alusión al cenote situado al norte de la pirámide y que era considerado un enclave sagrado, además de una fuente de agua dulce esencial para aquella ciudad de templos y sabios astrónomos.
El recinto arqueológico ocupa 15 km2, es Patrimonio de la Humanidad desde 1998 y constituye uno de los testimonios mejor preservados de la civilización maya. El estudio de los grabados y la disposición de los edificios ha revelado que los mayas conocían el ciclo de Venus de 584 días y el hecho de que cada 8 años retornase a la misma posición en el cielo, lo que se reflejaba a su vez en el calendario maya. El edificio que los españoles llamaron el Caracol era un observatorio astronómico.
El emplazamiento de la ciudad, rodeada de selva y a más de 100 kilómetros de la costa, sume al visitante en una especie de ensoñación que lo conduce entre monumentos sensacionales: la cancha del Juego de Pelota, la calzada que lleva al Cenote Sagrado, las esculturas del dios Chaac, los relieves de la Casa de las Monjas o las cabezas de la Serpiente emplumada (Quetzalcóatl o Kukulcán).
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