Mostrando entradas con la etiqueta National Geographic. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta National Geographic. Mostrar todas las entradas

viernes, 5 de septiembre de 2025

Orígenes étnicos: Un estudio de ADN revela que la migración eslava tuvo sus orígenes entre Bielorrusia y Ucrania

 Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la revista National Geographic, nos entrega un informe sobre lo que fueron las migraciones eslavas, al encontrarse restos óseos, cuya ADN, sugiere que las poblaciones eslavas, podría encontrase su origen étnico en una región desde el sur de Bielorrusia hasta el centro de Ucrania, ....... siga leyendo..............


El primer estudio exhaustivo realizado por un equipo de investigadores en el ADN de antiguas poblaciones eslavas sugiere que el origen étnico de los eslavos podría encontrarse en una región que se extiende desde el sur de Bielorrusia hasta el centro de Ucrania.


Entierro de una mujer adulta con marcadores genéticos de origen local junto con su ajuar funerario. Cementerio preeslavo de Brücken, Renania-Palatinado (Alemania).  

Oficina Estatal de Conservación de Monumentos y Arqueología de Sajonia-Anhalt 


J. M. Sadurní
J. M. Sadurní

Especialista en actualidad histórica




La expansión de los pueblos eslavos es uno de los acontecimientos menos comprendidos de la historia europea. Fueron las fuentes bizantinas y occidentales del siglo VI las que empezaron a documentar la aparición de los primeros grupos de eslavos que se establecieron desde el Báltico hasta los Balcanes y desde el Elba hasta el Volga. 

En contraste con otras migraciones, como las de los los godos o las legendarias conquistas de los hunos, la historia eslava ha sido durante mucho tiempo un enigma que ha tenido en vilo a investigadores e historiadores, que se han preguntado, hasta ahora sin obtener respuesta, cuál pudo ser el origen geográfico de los eslavos





De hecho, al parecer la respuesta la ofrece ahora un estudio publicado en la revista Nature, en el que un equipo de investigadores, dirigido por Joscha Gretzinger, genetista del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig, sugiere que las primeras poblaciones eslavas medievales tienen su origen étnico en una región que se extiende desde el sur de Bielorrusia hasta el centro de Ucrania.

Pocas evidencias, hasta ahora

"Si bien la evidencia directa de las regiones centrales eslavas tempranas aún es escasa, nuestros resultados genéticos, basados en más de 550 genomas antiguos, ofrecen las primeras pistas concretas sobre la formación de la ascendencia eslava, apuntando a un origen probable en algún lugar entre los ríos Dniéster y Don", afirma en un comunicado Joscha Gretzinger, que es también el autor principal del estudio.

Y es que a diferencia de otras migraciones, la expansión eslava no siguió el modelo de conquista e imperio que vemos en otras civilizaciones. En lugar de enviar poderosos ejércitos y someter a los distintos pueblos, los eslavos construyeron su sociedad como una comunidad flexible y a menudo organizada en torno a grandes familias, con lazos de parentesco basados en la línea paterna. 


Vista aérea del lugar de enterramiento de Velim, en la actual Croacia.

Museo Arqueológico de Zadar. 

Pero este modelo no era rígido. En Alemania Oriental, por ejemplo, el cambio fue mucho más profundo, hasta el punto de que las clases nobles se convirtieron en la columna vertebral de una nueva sociedad, en la que se desarrollaron nuevos vínculos familiares, mucho más extensos y estructurados que en el caso de las pequeñas familias que hasta el momento habían formado aquellas sociedades.
Sin embargo, en otras zonas de Europa, como Croacia, la llegada de grupos procedentes de Europa del Este no alteró de manera significativa los patrones sociales ya establecidos. Aquí tuvo lugar la creación de comunidades en las que se produjo una fusión de las nuevas tradiciones con las antiguas, lo que, en todo caso, pone de manifiesto que la expansión eslava no fue un proceso uniforme.

Restos óseos de un bebé enterrado en un contexto eslavo muy temprano vinculado solamente a cremaciones.

"La expansión eslava fue un mosaico de diferentes grupos, cada uno adaptándose y fusionándose de manera distinta, lo que sugiere que nunca hubo una sola identidad eslava, sino muchas", explica Zuzana Hofmanová, antropóloga, arqueóloga y genetista del MPI EVA y de la Universidad Masaryk de Brno (Chequia), y también autora del estudio. 

El estudio destaca asimismo que en estas migraciones no se identifica ningún sesgo de género. Los grupos humanos estaban formados por familias enteras, hombres, mujeres y niños, que contribuyeron a la creación de las sociedades emergentes. Pero lo más significativo es que estas primeras comunidades dejaron muy poco material que pueda ser estudiado, ya que practicaban la cremación, construían casas sencillas y producían una cerámica simple y sin decoración.

Los historiadores han debatido durante mucho tiempo si la difusión de la cultura y de la lengua eslavas se debió a una migración masiva, a la gradual "eslavización" de las poblaciones en las cuales se asentaron o a una combinación de ambos factores. Pero las pocas evidencias que existían, especialmente de los primeros siglos de expansión, y el hecho de que estos pueblos practicasen mayoritariamente la cremación en sus entierros, han dificultado durante mucho tiempo un estudio completo del ADN. 

Suscríbete a nuestro canal de WhatsApp y recibe las últimas noticias sobre grandes descubrimientos, además de las efemérides más importantes y mucho más.

NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

domingo, 13 de julio de 2025

Medio Ambiente.- Océanos: El Mediterráneo hierve: cuando el Mare Nostrum se convierte en un mar tropical

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos entrega un informe que el Mar Mediterráneo se está convirtiendo en una caldera, con temperaturas que oscilan  hasta en 30.55°C, que nunca antes hubieron aquí, el calentamiento de las aguas marinas impide las brisas marinas lo que produce tórridas noches tropicales..... siga leyendo...............

https://www.nationalgeographic.com.es/medio-ambiente/mediterraneo-hierve-cuando-mare-nostrum-se-convierte-mar-tropical_25483

ESA

La primera ola de calor del verano ha disparado los termómetros en la península ibérica y elevado la temperatura del Mediterráneo hasta niveles récord.





El Mediterráneo se ha convertido en una caldera, algo que no solo incomoda a los bañistas que acuden cada verano a las costas, especialmente en Levante y Baleares, sino que representa una seria amenaza para numerosas especies marinas, cuyo hábitat cambia a ritmo acelerado mientras enfrentan la competencia de especies invasoras mejor adaptadas al calor.


Los registros no mienten. La temperatura media del Mare Nostrum ha superado los 26 ºC, dos grados por encima de la temperatura  media de esta época del año. Algunas marcas han sido especialmente preocupantes. Por ejemplo, los 30,55 ºC que registró el pasado 30 de junio la boya de Dragonera, en Baleares, una temperatura más propia de un mar tropical.

Consecuencias más allá del agua

En tierra firme, el aumento drástico de la temperatura se traduce generalmente en un mayor riesgo de incendios forestales, pero en la costa las consecuencias pueden ser más drásticas. El calentamiento del agua del mar viene aparejado de una reducción de la brisa marina, lo que es sinónimo de tórridas noches tropicales que minan la salud de quienes habitan cerca de la costa, especialmente aquellas personas aquejadas de enfermedades respiratorias, así como ancianos o niños.

Como ocurre normalmente con las estadísticas, los datos dispuestos en frío —con perdón por la antífrasis— ocultan dinámicas preocupantes difíciles de representar con valores. La progresión histórica revela que el Mediterráneo se ha convertido en uno de los puntos más sensibles al cambio climático. La temperatura aumenta aquí mucho más rápidamente que la media mundial, una situación que genera especial inquietud entre los científicos.

Los datos acumulados evidencian una ola de calor persistente que está asolando la región, con numerosos picos severos de temperaturas extremas, especialmente notables en el sudeste de España y en el norte de Marruecos. Esta situación podría tener consecuencias devastadoras para la biodiversidad , y para los recursos pesqueros.

No se trata solo del aumento de la temperatura de la superficie del mar, sino también de las olas de calor marinas, unos fenómenos adversos más difíciles de identificar que están siendo especialmente severos en el mar Mediterráneo.

A modo de muestra, los informes del servicio marítimo del programa Copérnico de la Comisión Europea, de cuyos datos se extrapola que el Mediterráneo es el mar más afectado por estos fenómenos extremos.

Este calentamiento excepcional desencadena efectos en cascada: proliferación de medusas, decoloración de corales y cambios drásticos en todo el ecosistema marino. Las grandes beneficiadas son las especies invasoras, que tradicionalmente encontraban barreras naturales en las temperaturas más frías del Mediterráneo.


Es el caso, entre otros, del pez león. Desde que en 1991 se capturara el primer ejemplar en aguas de Israel, esta especie invasora se ha propagado por todo el Mediterráneo, desde la zona más oriental del Mare Nostrum hasta las costas españolas. Su apariencia colorida y llamativa esconde un peligro alarmante, pues se trata de una especie especialmente voraz. No supone un peligro directo para la fauna marina del Mediterráneo, pero sí que provoca estragos de manera indirecta, pues compiten con ellas por los recursos marinos.

Todos percibimos los efectos de las olas de calor atmosféricas, pero existen otras menos visibles, pero más peligrosas: las que ocurren bajo la superficie marina. Su impacto silencioso puede ser más devastador que el calor que sentimos en la piel en verano.

Este contenido se publicó originalmente en nuestra newsletter semanal. ¿Te ha gustado? Apúntate a las newsletter que más te interesen y recibe gratis los mejores reportajes, fotografías, y noticias cada semana en tu email.

Más Sobre...
Océanos Mediterráneo

NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

jueves, 7 de marzo de 2024

Un pueblo de artesanos y mercaderes: Tartessos, el enigmático reino ibérico del oro y la plata que fue confundido con la Atlántida

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos entrega un reportaje de lo se conocía como: Los Tartessos .- Un pueblo de artesanos y mercaderes: Tartessos, el enigmático reino ibérico del oro y la plata que fue confundido con la Atlántida, ............... siga leyendo.............

La existencia de una tierra rica en metales preciosos, situada en el lejano Occidente, cautivó las mentes de los antiguos historiadores griegos, cuyos textos dieron pie en la Edad Moderna a la búsqueda de aquel próspero reino y de su capital.

Los fenicios acudieron a la península Ibérica en busca de metales. En la imagen,  naves fenicias en un relieve del palacio de Sargón II en Khorsabad. Siglo VIII a.C. Louvre, París.

Wikimedia Commons

Actualizado a 


según cuenta el Antiguo Testamento, en el siglo X a. C. las naves de Salomón, el rey de Israel, volvían cada tres años cargadas de oro de un lejano y misterioso lugar llamado Tarsis: «El rey Salomón tenía en el mar naves de Tarsis con las de Hiram [rey de Tiro], y cada tres años llegaban las naves de Tarsis, trayendo oro, plata, marfil, monos y pavones». La cita procede del Libro de los Reyes, escrito allá por el siglo VII a.C., pero nos remite tres siglos atrás, cuando la opulencia mineral del sur de la península Ibérica atraía hasta el otro extremo del Mediterráneo a los primeros navegantes semitas.

La mayoría de historiadores lo tiene claro: el primer autor que mencionó a Tarsis se estaba refiriendo a las relaciones comerciales que los israelitas mantenían con Tartessos, el reino situado más allá de las columnas de Hércules (el estrecho de Gibraltar), en el Bajo Guadalquivir, que rigió el mítico rey Argantonio. Desde esta primera mención, el aura enigmática en torno a Tartessos no se ha desvanecido.


Viajeros, filólogos y arqueólogos se han lanzado durante decenios a la búsqueda de los restos de aquella civilización que floreció entre los años 1000 y 500 a.C., para desaparecer luego y caer en un olvido silencioso que ha durado hasta hace poco, inmersa en una nebulosa de incertidumbres y conjeturas. 

TARTESSOS Y LA ATLÁNTIDA

El interés por la misteriosa Tartessos se remonta a la Antigüedad. Diversos historiadores y viajeros griegos de los siglos VI al IV a.C. dejaron constancia de lo que se sabía, o creía saberse, sobre aquella civilización. Tal fue el caso de Hecateo de Mileto, de Heródoto y, sobre todo, de Avieno, que en su Ora marítima hablaba de un río llamado Tartessos que ceñía la isla en la que se encontraba la ciudad, también denominada Tartessos. Otro autor del siglo IV a.C., Eforo, se refería igualmente a «un mercado muy próspero, la llamada Tartessos, ciudad ilustre, regada por un río que lleva gran cantidad de estaño, oro y cobre de Céltica».



Desde el siglo IX a.C., la poderosa ciudad fenicia de Tiro estableció contactos comerciales con el mundo tartésico.
En la imagen, ruinas de la Tiro romana

iStock

A todos ellos se sumó una referencia aún más intrigante, la de la Atlántida cantada por Platón en sus Diálogos, particularmente en el Timeo, y que muchos no dudaron en identificar con Tartessos. ¿A qué, si no, podría aludir Platón cuando describe la Atlántida como «una gran isla, más allá de las columnas de Heracles, rica en recursos mineros y fauna animal»? Incluso arqueólogos contemporáneos han creído hallar los restos de la Atlántida en la región tartesia. Pero, de momento, se trata de una conexión imposible, basada más en las fabulaciones que en las certezas.

Tal es caso de la tesis del francés Jacques Collina-Girard, que ubicó en 2001 la Atlántida en la isla Espartel, a medio camino entre Cádiz y Tánger; y de los avistamientos de Rainer Kuehne, quien en 2004 dijo haber localizado con imágenes aéreas los vestigios del templo de «plata» consagrado a Poseidón y el templo «dorado» levantado en honor a Cleito en la Marisma de Hinojos, cerca de Cádiz.


En las estelas funerarias de guerreros halladas en Extremadura y Andalucía se ha visto una manifestación de la cultura tartésica. Estela de Solana de Cabañas. Siglos VIII-VI a.C. MAN, Madrid.  

Wikimedia Commons


Al margen de la cuestión de la Atlántida, el primer autor que intentó localizar con exactitud Tartessos fue un filólogo, Antonio de Nebrija, responsable de la primera gramática castellana. En 1492, Nebrija identificó Tartessos con el río Betis (Guadalquivir) y con el paisaje de brazos marinos que formaba el río en su desembocadura. Pero las conjeturas de Nebrija, emitidas desde la intuición, no contaban con ningún tipo de respaldo arqueológico. 

para saber más

Imagen de el Tesoro de El Carambolo expuesto en el Museo Arqueológico de Sevilla.

EL ENIGMA DE TARTESSOS: LA TEORÍA QUE EXPLICARÍA SU DESAPARICIÓN

Leer artículo



TRAS LAS RIQUEZAS DE ARGANTONIO

La investigación arqueológica se hizo esperar hasta el siglo XIX. El primero que removió las entrañas andaluzas en busca de Tartessos fue George Bonsor, un pintor anglofrancés que quedó fascinado por los paisajes de Andalucía y que, desde la década de 1880, cambió lienzo y acuarela por pico y pala en cuanto comprobó el potencial arqueológico que se extendía bajo sus pies. Nadie le había enseñado a excavar, pero su ilusión pudo más que su bisoñez. Bonsor recuperó un alijo de piezas tartésicas en diversas necrópolis sevillanas como las de Cruz del Negro, Carmona, Setefilla y Cerro del Trigo.


A Bonsor lo siguió el alemán Adolf Schulten, gran impulsor de la investigación en el yacimiento de Numancia, de donde salió enemistado con las autoridades culturales españolas. Schulten quería seguir el ejemplo de su compatriota Schliemann, que había desenterrado Troya gracias a su fe en las fuentes clásicas. La Ora marítima de Avieno sería para Schulten lo que la Ilíada había sido para Schliemann; y el Coto de Doñana haría las veces de colina de Hissarlik, en Turquía, donde Schliemann encontró, en 1873, la Troya cantada por Homero.


La diosa Astarté en un trono flanqueado por esfinges, hallada en Tutugi (Granada). Siglo VII a.C. Museo Arqueológico Nacional, Madrid.

Wikimedia Commons

Schulten pretendía demostrar que Tartessos yacía en las Marismas de Doñana y pasó a la acción con la ayuda de Bonsor. Se hizo con las herramientas necesarias y dirigió la ambiciosa aventura de localizar allí Tartessos. Pero al final lo único que encontró fueron unas ruinas de época romana en el llamado Cerro del Trigo. Schulten fracasó, pero su contribución no dejó por ello de ser importante. Su obra Tartessos, publicada en 1924, sirvió para ordenar todos los conocimientos que se tenían sobre la antigua civilización del Guadalquivir y constituyó el punto de partida de investigaciones posteriores.

Todos los testimonios legados por las fuentes se refieren a Tarsis o Tartessos como una civilización de alma metalúrgica: «El más elegante de los mercados, la ciudad del oro y la plata...». Tanto es así que Argantonio, el rey tartesio por antonomasia, lleva la plata (Arg-) incorporada a su nombre.

Pero la literatura se elevó a certeza arqueológica el 30 de septiembre de 1958, el día en que una cuadrilla de obreros que trabajaban en un terreno de un club de cazadores de Sevilla –la Real Sociedad de Tiro al Pichón–, en la localidad de Camas, cuatro kilómetros al oeste de Sevilla, hizo un sensacional descubrimiento: un recipiente de barro en cuyo interior aparecieron 16 placas, dos brazaletes, dos pectorales y un collar. Todas las piezas eran de oro macizo y pesaban casi tres kilos. Después de analizarlas, el arqueólogo Juan de Mata Carriazo concluyó que era «un tesoro digno de Argantonio».


Esta ánfora muestra la lucha entre Hércules y Gerión, mítico soberano de tres cabezas que gobernaba Tartessos, país situado en los confines del mundo conocido. Siglo VI a.C. 

Wikimedia Commons


El hallazgo del tesoro de El Carambolo (se lo llamó así por el cerro de 91 metros de altura, de este nombre, en el que se encontró) alborotó los foros científicos cuando muchos se resignaban ya a una Tartessos virtual. El Carambolo se convirtió en la imagen de cabecera de la cultura tartesia y Juan de Mata Carriazo, en el padrino del descubrimiento.

Durante tres años, Mata Carriazo excavó el yacimiento que representaba a la Tartessos tangible. Desenterró muros, estudió cerámicas, cotejó niveles estratigráficos y demostró, por fin, que Tartessos no era una alucinación de los autores de la Antigüedad.

De este modo, los estudiosos pudieron definir un mapa de la civilización tartesia, que se extendía por la mitad sur de la Península. Diversos yacimientos quedaban, así, asociados con Tartessos: en la provincia de Huelva, los de La Joya y el Cabezo de San Pedro; en la de Sevilla, El Gandul y Carmona; en Córdoba, La Colina de los Quemados; en Bajadoz, Medellín y Cancho Roano, e incluso en Portugal se considera tartesio el yacimiento de Alcácer do Sal.

También cabe incluir en el área tartesia la localidad gaditana de Mesas de Asta, la Asta Regia romana. El término Regia es una interesante pista sobre el tipo de organización política del mundo tartésico; investigadores como Manuel Bendala sospechan que alguna élite tartésica gobernó estas tierras antes de que Roma le pusiera nombre.


La influencia fenicia en la península Ibérica dejó su huella en la religión. Arriba, la diosa Astarté agitando unos sistros. Bocado de caballo. Siglo VIII a.C. Museo Arqueológico, Sevilla.

Wikimedia Commons

En años recientes, la cuestión que más debate ha suscitado en torno a la cultura de Tartessos es la de su relación con el mundo fenicio. A partir del siglo VIII a.C., navegantes y comerciantes fenicios fundaron ciudades y factorías en el sur peninsular, especialmente en las provincias de Málaga, Granada, Cádiz, Almería y Alicante; un territorio, pues, muy próximo al de los tartesios, con quienes sin duda los fenicios mantuvieron contactos de todo tipo, tanto económicos como culturales y artísticos. 

¿TARTESIOS O FENICIOS?

Tradicionalmente, se ha pensado que ambas áreas, pese a la cercanía geográfica y a las relaciones que se establecieron entre ellas, permanecieron sustancialmente independientes una de otra. El territorio nuclear tartesio se ha ubicado tradicionalmente lejos de la costa, mientras que lo fenicio se asocia al litoral andaluz y alicantino. Sin embargo, algunos estudiosos plantean hoy en día que entre tartesios y fenicios se dio una auténtica fusión cultural, hasta el punto de que en términos arqueológicos se hace muy difícil distinguir en muchas ocasiones qué elementos son tartesios y cuáles fenicios.

Ésta es justamente la teoría que mantienen dos arqueólogos sevillanos, Álvaro Fernández Flores y Araceli Rodríguez Azogue, que entre 2002 y 2005 excavaron en el yacimiento de El Carambolo, ampliando la investigación que había llevado a cabo Mata Carriazo décadas atrás. En su opinión, El Carambolo no sería un asentamiento indígena, producto de la civilización tartesia, sino un santuario fenicio, dedicado a la diosa Astarté, que alcanzó su máximo esplendor en el siglo VII a.C. y se abandonó en el siguiente. Una sentencia que reduce Tartessos a atrezzo imaginario y cuya onda expansiva ha sacudido a la comunidad científica. 

Ambos autores mantienen que el área de expansión colonial de los fenicios se extendió incluso a Extremadura. Creen que los objetos bautizados como tartésicos (entre ellos, el propio tesoro de El Carambolo) son la expresión colonial de un pueblo semita que se asentó en Cádiz allá por el siglo X a.C. para luego expandirse por la costa y el interior peninsular. De esta forma, El Carambolo sería un santuario fenicio, resultado de un cierto «mestizaje» entre lo semita y lo local. Se podría comparar con la colonización española de América tras la llegada de Cristóbal Colón. Si uno contempla la huella dejada por los españoles en catedrales o iglesias de América Latina, ¿las catalogaría como obras españolas o locales?


Piezas de El Carambolo. puede que fuesen ornamentos de una imagen de culto (quizás adornaron toros sagrados) o atributos sacerdotales. 

Wikimedia Commons


Un reciente congreso, celebrado en Huelva en diciembre del año 2011, ha dado resonancia a las posiciones de los «tartesoescépticos», aquellos que dudan de que Tartessos pueda ser considerada como una cultura diferenciada. El debate se ha trasladado incluso a las vitrinas del Museo Arqueológico de Sevilla. Allí se exponen, también desde diciembre de 2011, las piezas del tesoro de El Carambolo, que durante décadas habían permanecido a buen recaudo en la caja fuerte de un banco. Pero ahora los visitantes leen  una nueva denominación de origen: fenicia.


Sin embargo, para la mayoría de especialistas el dictamen de Fernández Flores y Rodríguez Azogue peca de atrevido. Creen, por el contrario, que en El Carambolo sí se advierten rasgos específicamente tartesios. Una evidencia de ello se encontraría en el altar con forma de piel de toro que ha aparecido en el epicentro del recinto sagrado, la misma forma de los pectorales del tesoro de El Carambolo. En ningún santuario fenicio se encuentran altares con este perfil; únicamente en territorio hispano.


El conjunto de piezas de oro hallado en La Aliseda (Cáceres), que tal vez fue el ajuar funerario de una dama de alcurnia, permite apreciar con claridad el influjo fenicio en el ámbito de Tartessos.

Wikimedia Commons.

Otros altares del área tartesia tienen la misma forma que el hallado en el Carambolo, como los de Cancho Roano (Zalamea de la Serena, Badajoz) y Cerro de San Juan (Coria del Río, Sevilla). Cuenta el mito griego que Hércules, después de matar al gigante Gerión –el primer rey de Tartessos, según la leyenda–, se apropió de su rebaño de toros rojos, en el que fue el décimo de los doce trabajos atribuidos al héroe griego. Así, pues, el toro es el salvoconducto de Tartessos para no arder en la pira de las invenciones históricas. 


NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

Mi lista de blogs