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domingo, 2 de abril de 2023

EL FARAÓN DE LA GRAN ESFINGE: Kefrén, el constructor de la segunda pirámide más grande de Egipto

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la meseta de Giza (Gizeh), sigue siendo un enigma por ser sede de las tres pirámides más célebres de la antigüedad, ya que son parte de la siete maravillas del mundo antiguo: Keóps, Kefrén y Micerino; la revista National Geographic, nos entrega un reportaje, sobre el faraón Kefrén, constructor de la segunda pirámide más alta y grande Egipto....."¿Quién fue este faraón que miles de años después de construir su tumba ha conseguido eclipsar con ella, momentáneamente siquiera, a la Gran Pirámide, la única de las siete maravillas del mundo antiguo que aún se conserva en pie? Kefrén fue un hijo de Keops (o Khufu, en egipcio), aunque no su primogénito ni su sucesor directo. Gracias a algunas inscripciones sabemos que a Keops lo sucedió su hijo Didufri. Éste, nacido de otra esposa del faraón, hizo construir su pirámide –de apenas 60 metros de altura– lejos de la de su padre, en Abu Rawash, una necrópolis situada al norte de Gizeh...." ..... sigamos leyendo...................

El historiador griego Heródoto presentó a este faraón de la dinastía IV como un déspota que explotaba a sus súbditos. En realidad, lo único seguro es que construyó la segunda pirámide más grande de Egipto, que se alza majestuosa en la meseta de Giza.

La pirámide de Kefrén en Giza, reconocible por el revestimiento de piedra caliza que conserva en su cúspide.

iStock

Las pirámides de Guiza.
https://es.wikipedia.org/wiki/Pir%C3%A1mides_de_Egipto

Actualizado a 


Heródoto de Halicarnaso (en antiguo griego, Ἡρόδοτος [Hēródŏtŏs]; en neogriego, Ηρόδοτος; en latínHerodotus; Halicarnaso484 a. C.-Turios425 a. C.) fue un historiador y geógrafo griego, tradicionalmente considerado como el padre de la historia en el mundo occidental y el primero en componer un relato razonado y estructurado de las acciones humanas.1

Dedicó parte de su vida a efectuar viajes para obtener la información y los materiales que le permitieron escribir una obra de gran valor histórico y literario.1​ No obstante, recibió severas críticas incluso por parte de sus contemporáneos por incluir en su trabajo anécdotas y digresiones que, aunque proporcionaban informaciones valiosas, poco tenían que ver con el objeto de estudio que se había propuesto: las luchas de los persas contra los griegos.1

https://es.wikipedia.org/wiki/Her%C3%B3doto


Sucede casi siempre: un grupo de turistas desembarca en la meseta de Gizeh y de inmediato empiezan a fotografiar con fruición la pirámide más alta y mejor conservada de las tres que tienen ante el objetivo de su cámara... hasta que el guía les comenta amablemente que, en realidad, es la pirámide de Kefrén la que están fotografiando.

Sorprendidos, observan entonces que el monumento que tanto les ha llamado la atención está situado sobre un pequeño altozano y, pese a ser ligeramente más bajo que la pirámide de Keops (situada justo a su lado), da la impresión de ser algunos metros más alto; impresión favorecida porque la cima de la pirámide de Kefrén conserva casi intactos los bloques de piedra caliza de Tura de su revestimiento superior.

EL ENIGMÁTICO KEFRÉN

¿Quién fue este faraón que miles de años después de construir su tumba ha conseguido eclipsar con ella, momentáneamente siquiera, a la Gran Pirámide, la única de las siete maravillas del mundo antiguo que aún se conserva en pie? Kefrén fue un hijo de Keops (o Khufu, en egipcio), aunque no su primogénito ni su sucesor directo. Gracias a algunas inscripciones sabemos que a Keops lo sucedió su hijo Didufri. Éste, nacido de otra esposa del faraón, hizo construir su pirámide –de apenas 60 metros de altura– lejos de la de su padre, en Abu Rawash, una necrópolis situada al norte de Gizeh.


Estatuilla en marfil que representa al faraón Keops, artífice de la Gran Pirámide de Giza.

Museo Egipcio, El Cairo

Khaefre, nombre egipcio que los griegos convirtieron en Kefrén, fue uno más de los faraones egipcios que nos han legado grandiosos monumentos y apenas nada sobre sus vidas. Los datos proporcionados por la documentación escrita son, cuando menos, parcos, apenas algunas inscripciones aquí y allá; ni siquiera en los anales reales escritos en la dinastía V se dice nada de su reinado. De modo que los egiptólogos han tenido que basarse en su interpretación de los monumentos rescatados de las arenas del desierto para ofrecer una reconstrucción de los acontecimientos de este período. Aunque el resultado no siempre ha sido satisfactorio.

Kefrén ha legado grandes monumentos a la posteridad, pero apenas sabemos nada sobre su vida.

El mejor ejemplo de lo anterior es la reconstrucción que hizo el egiptólogo norteamericano George A. Reisner de las dificultades que experimentó Kefrén para acceder al poder. Las mastabas que rodean en ordenadas filas la pirámide de Keops, así como los títulos y genealogías escritos en sus paredes, nos informan de que Keops tuvo numerosos descendientes, nacidos de madres diferentes. El linaje real debía preservarse a cualquier precio, y en una época en que la mortalidad infantil (incluida la de la clase alta) era muy elevada, los matrimonios y los partos debían ser numerosos para lograr que al menos un niño llegara a la edad adulta.

para saber más

Vista lateral de la estatua sedente del faraón Kefrén. Museo Egipcio, El Cairo.

LOS SECRETOS DE LA MAGNÍFICA ESTATUA SEDENTE DEL FARAÓN KEFRÉN

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DIDUFRI Y KEFRÉN

El primer hijo de Keops fue Kawab, nacido de la reina Meritites I; considerado el heredero legítimo, falleció antes de tiempo. Keops tuvo otro hijo con Meritites, Hordjedef, que siglos después sería considerado un erudito y autor de un afamado texto sapiencial. De una esposa anónima nació uno de los príncipes herederos que ya conocemos, Didufri. El matrimonio del faraón con la reina Henutsen dio como fruto a Kefrén y Baufre. De todos estos vástagos (y sólo hemos mencionado a los varones) fueron dos los que le sucedieron en el trono consecutivamente: Didufri y Kefrén.


El matrimonio de Keops con la reina Henutsen dio como fruto a Kefrén y Baufre.


El príncipe Rahotep (uno de los hijos de Keops) y su esposa Nofret. Estatuas descubiertas en su mastaba en Meidum.

Museo Egipcio, El Cairo

Así pues, hubo dos hermanastros que reinaron de un modo sucesivo y un príncipe heredero que falleció prematuramente. A partir de estos elementos, Reisner elaboró una reconstrucción de los acontecimientos que hoy sabemos que es falsa, pues no se basa en ninguna prueba sólida, pero que durante años ha aparecido en los manuales de historia. La tesis parecía casi una novela de intriga. Según el egiptólogo norteamericano, la muerte prematura de Kawab sólo podía explicarse de un modo: Didufri, un príncipe excluido de la sucesión –como lo probaba, según Reisner, el hecho de que construyó su tumba alejada de la de su padre– había asesinado a su hermanastro para usurpar el trono. Según el mismo Reisner, Didufri reinó tan sólo unos pocos años y a su muerte le sucedió su hermanastro Kefrén.

para saber más

Estatuilla del faraon Keops expuesta en el Museo de El Cairo.

LA LEYENDA NEGRA DEL FARAÓN KEOPS, ARTÍFICE DE LA GRAN PIRÁMIDE

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UNA SUCESIÓN POLÉMICA

Pocas cosas de la anterior teoría son ciertas. La muerte prematura de Kawab se explicaría más bien por la edad relativamente avanza- da que tenía, pues había nacido cuando su padre Keops era muy joven y éste estuvo casi 30 años en el poder; la escasa esperanza de vida de la época hizo el resto. En cuanto a Didufri, era un heredero legítimo en idéntico grado que Kefrén, pues sus madres respectivas poseían la misma categoría. Es fácil explicar la presencia de su pirámide en Abu Rawash: no se trataría sino de una deferencia por su parte, para permitir que la tumba de su padre Keops, deificado en vida, luciera única en la meseta de Gizeh.

En realidad, si indagamos un poco, no nos costaría nada convertir a Kefrén en el "malo" de la historia. Hoy sabemos algo que Reisner ignoraba: en realidad, Didufri gobernó más de veinte años, lo que le habría dado tiempo de sobra para terminar su pequeña pirámide de 60 metros de altura y habría permitido alcanzar la edad adulta a alguno de sus hijos. Sin embargo, no lo sucedió ninguno de ellos, sino su hermanastro Kefrén. ¿Podría ser, entonces, que hubiera sido este quien en realidad usurpara el trono al legítimo heredero? Otros datos así lo sugieren.

Didufri gobernó más de veinte años, lo que le habría dado tiempo de sobra para terminar su pequeña pirámide de 60 metros de altura.


Restos de la pirámide de Didufri en Abu Roash.

PD

En primer lugar, está la sospechosa mastaba del príncipe Khaef-Khufu, ubicada en el cementerio oriental de la Gran Pirámide y que fue identificada por Rainer Stadelmann como la primera tumba de quien luego se convirtió en soberano de las Dos Tierras con el nombre de Kefrén. No parece muy lógico que Keops construyera una mastaba para el heredero designado, pues éste debía ser enterrado en una pirámide. Por otra parte, cabe en lo posible que Kefrén decidiera erigir su tumba justo al lado de la de su progenitor precisamente para legitimar su acceso al trono; no olvidemos que devino soberano de Egipto en detrimento de uno de sus sobrinos.

En cualquier caso, lo cierto es que Kefrén se convirtió en monarca de las Dos Tierras y, como tal, se hizo edificar una tumba grandiosa. El error de los turistas a la hora de apuntar sus cámaras es más que comprensible, porque la pirámide que contuvo el cuerpo de Kefrén posee unas dimensiones tan impresionantes (215 metros de base cuadrada por 143 de altura) que la convirtieron en la segunda construcción más grande del mundo durante milenios.


Templo del valle de Kefrén en Giza.

iStock

Orgullosamente, su propietario decidió bautizarla con el nombre de "La gran pirámide" (la de Keops se llamaba realmente El horizonte de Khufu). No es para menos, ya que además de su tamaño este edificio destaca porque en su realización se utilizaron sillares de piedra de mayores dimensiones aún que los empleados en la pirámide de Keops; si estos tienen como media un peso de 2.500 kilos, los de la pirámide de Kefrén pesan nada menos que 3.000 kilos. Sin embargo, sus habitaciones interiores son infinitamente más sencillas que las que hay dentro de la Gran Pirámide.

para saber más

140 Didufri 6

DIDUFRI, EL HIJO DE KEOPS

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EL GUARDIÁN DE LA NECRÓPOLIS

En cambio, los templos del complejo funerario de Kefrén son realmente dignos de semejante estructura, con la ventaja añadida de que se cuentan entre los mejor conservados de todo el Reino Antiguo. En el templo alto (destinado al culto funerario del soberano) se introducen elementos que luego se harán obligatorios para todos los templos posteriores, como una sala con cinco nichos para otras tantas estatuas del faraón. El templo bajo (destinado, según parece, a una función de acogida) destaca, en cambio, por los gigantescos monolitos de granito utilizados como columnas en el interior del edificio, que contenía numerosas esculturas que representaban al monarca, como la famosa estatua de diorita en la que le protege el dios Horus, conservada en el Museo de El Cairo.

El templo bajo de Kefrén destaca por los gigantescos monolitos de granito utilizados como columnas en el interior del edificio y por sus muchas estatuas.


La gran Esfinge de Giza.

iStock

Aun siendo notables e impresionantes, ni la pirámide de Kefrén ni sus templos son los monumentos más conocidos relacionados con este soberano: este honor recae en la extraña e impresionante estatua, mitad león, mitad ser humano, que se yergue majestuosa justo al lado del templo bajo. Nos referimos, claro está, a la Esfinge, un animal fantástico que, según los egipcios, actuaba como guardián de las puertas del más allá; esto explica su emplazamiento, próxima a las grandes tumbas de los faraones más poderosos del Reino Antiguo.

Esculpida dentro de lo que parece una bañera de piedra, que rodea sus costados y su parte posterior, cuando la Esfinge fue deja- da a su suerte no tardó en hacer de colector de toda la arena en suspensión que transporta la brisa de la meseta. El resultado ha sido que el monumento ha pasado más tiempo oculto por la arena (exceptuando la cabeza, que casi nunca llegó a quedar enterrada) que a la vista. En cierto modo, esto ha sido una ventaja, pues durante largos años la obra ha estado protegida de la erosión, que aún así causó mella en el monumento e hizo necesarias dos restauraciones ya en la Antigüedad: durante la dinastía XXVI y durante la época grecorromana.

para saber más

Guardiana de las pirámides

LOS ORÍGENES DE LA MAGNÍFICA ESFINGE DE GIZEH

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EL FARAÓN OLVIDADO

Precisamente estaba cubierta de arena cuan- do la visitó el futuro faraón Tutmosis IV, por entonces sólo un príncipe de la dinastía XVIII. Durante una cacería en el desierto se paró a descansar bajo la sombra que proyectaba la cabeza de la Esfinge, donde descabezó un sueñecito. Entonces el dios solar Harmaquis (la versión griega del nombre egipcio Hor em akhet, Horus del horizonte), que era la divinidad a la que representaba la Esfinge, se le apareció en sueños y le prometió que si lo liberaba de la arena que lo aprisionaba lo convertiría en el próximo soberano de Egipto, como así fue. Para conmemorar el acontecimiento, Tutmosis IV describió el suceso en la Estela del sueño, que todavía se alza entre las patas de la Esfinge.

Un poco más allá se encuentran los restos de un templo de extraño significado, que consta de un gran patio rectangular rodeado por 24 columnas, con dos grupos de nichos a este y oeste. Los especialistas todavía no saben a ciencia cierta si estaba dedicado al culto de la Esfinge; sin embargo, la ausencia de algún tipo de conexión física entre ambos edificios parece descartar esta posibilidad. No obstante, también es posible que, tal y como parece sugerir su estructura, se trate de un templo destinado a adorar al sol en sus tres aspectos principales: Khepri al amanecer, Re al mediodía y Atum al atardecer. Todavía no se ha encontrado información sobre posibles sacerdotes adscritos a este templo, lo que quizá signifique que nunca llegó a entrar en funcionamiento.

Cerca de la Esfinge se alzó un templo que consta de un gran patio rectangular rodeado por 24 columnas, con dos grupos de nichos a este y oeste.


Estatua sedente del faraón Kefrén, procedente de su templo del valle.

Museo Egipcio, El Cairo

Tras el período faraónico, la Esfinge no cayó en el olvido; se convirtió, de hecho, en uno más de los monumentos de Gizeh visitado por los turistas de la época grecorromana. Desgraciadamente, no puede decirse lo mismo del propio Kefrén. Heródoto lo menciona por su nombre y nos cuenta algunas cosas sobre él, la mayoría falsas o mal interpretadas. Primero afirma que era hermano de Keops (falso), para luego informarnos de que fue el constructor de la segunda pirámide de Gizeh (verdadero) y que durante su largo reinado, de más de medio siglo de duración (falso), se ganó el odio eterno de sus súbditos al continuar la nefasta política religiosa comenzada por Keops, quien mandó cerrar templos e impidió el culto a todos los dioses (falso). Y, por si esto fuera poco, según el historiador griego, Kefrén obligó a la población a trabajar en la construcción de su tumba (falso).

Manetón, un cronista egipcio del siglo III a.C. que escribió en griego, fue incluso más parco, pues se limitó a mencionar su nombre, Sufis II, y a comentar que tras el reinado de Keops no sucedió en esta dinastía nada digno de mención. Después de estas escasas noticias, el artífice de uno de los más grandes monumentos que nos ha legado la Antigüedad sufrió el ostracismo de la Historia hasta su redescubrimiento por los egiptólogos en la época moderna.

 


NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

miércoles, 7 de julio de 2021

MISTERIOS Y CURIOSIDADES DEL ANTIGUO EGIPTO: William Vyse y la arqueología de la pólvora en Egipto

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., con consternación comparto este relato de la arqueología en Egipto, que mediante el uso de la pólvora se dinamitó reliquias históricas para encontrar dizque las cámaras funerarias de los faraones; el atacante fue un inglés llamado Richard William Howard Vyse, que empezó, con esta labor depredadora en 1,836 a pesar que hizo importantes descubrimiento, sus métodos nada científicos destruyeron parte las pirámides de Giza.................

En 1836, un militar británico llamado William Howard Vyse exploró las pirámides de Giza. A pesar de que hizo importantes descubrimientos, los métodos que utilizó, que incluían el uso indiscriminado de la pólvora para llevar a cabo explosiones controladas, serían impensables para los arqueólogos actuales.







Imagen de las tres grandes pirámides de la dinastía IV que se alzan en la llanura de Giza, en Egipto. 
Foto: iStock.

En 1835, un militar inglés visitó Egipto y quedó fascinado por la grandiosidad de sus monumentos, sobre todo de las grandes pirámides que se alzan en la llanura de Giza. Estaba absolutamente seguro de que tenían mucho que ver con la llegada a Egipto del patriarca bíblico José. Este hombre se llamaba Richard William Howard Vyse, y ese mismo año se instaló en el país. Al año siguiente, 1836, inició sus primeras excavaciones en compañía del aventurero y explorador genovés Giovanni Battista Caviglia, a quien había conocido en Alejandría. Pero esta asociación no duraría mucho, y en 1837 Vyse, quien acababa de ser ascendido a coronel, empezó una fructífera colaboración con el ingeniero británico John Shae Perring con el objetivo de explorar las pirámides.

para saber más

Giovanni Belzoni en Abu Simbel

Giovanni Belzoni en Abu Simbel

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En 1836, Vyse inició sus primeras excavaciones en Egipto en compañía del aventurero y explorador genovés Giovanni Battista Caviglia, a quien había conocido en Alejandría.

Los dos hombres montaron un campamento junto a la necrópolis oriental de Giza, reclutaron un equipo de obreros y trabajaron día y noche en diversos yacimientos cercanos. Perring dibujó mapas, planos y perfiles de pirámides, no sólo en Giza, sino también en Abusir, Saqqara y Dashur, que serían publicados en su obra Las pirámides de Gizeh. Vyse aprovechó los dibujos de su colega para incorporarlos asimismo a su obra Operaciones realizadas en la pirámide de Giza en 1837.


CAMPAMENTO ANTE LAS PIRÁMIDES DE GIZA. GRABADO. 1886.

Foto: iStock.

EXPLOSIONES SIN PARAR

A pesar de su admiración por tan inmortales monumentos, Vyse no tuvo, sin embargo, reparos en utilizar para su exploración métodos que hoy en día serían totalmente impensables. Por ejemplo, empleó la pólvora a discreción para volar los tapones de granito que obstruían la entrada inferior de la pirámide de Kefrén. También usó taladros para buscar cámaras ocultas y recurrió a las voladuras para abrirse paso y sortear los obstáculos con los que se iba topando. Es el caso de una de las pequeñas pirámides perteneciente a una de las reinas del faraón Micerino, el artífice de la pirámide más pequeña de Giza. En referencia a la exploración de una de estas pirámides menores, Vyse dijo: "Estaba preparado para taladrar eliminando las piedras de la parte superior, porque esperaba encontrar la cámara sepulcral penetrando a través de ella".


LA PIRÁMIDE DE KEFRÉN, QUE AÚN CONSERVA PARTE DE SU REVESTIMIENTO DE PIEDRA CALIZA.

Foto: iStock.

Vyse empleó la pólvora a discreción para volar los tapones de granito que obstruían la entrada inferior de la pirámide de Kefrén. También usó taladros para buscar cámaras ocultas y recurrió a las voladuras para abrirse paso.

Ni siquiera la Esfinge se libró de las ansias taladradoras de Vyse. Creyendo que podía haber una cámara secreta en el interior del monumento, el explorador ordenó a los obreros taladrarla desde arriba en su parte posterior. Pero los taladros, compuestos por varas perforadoras, se encallaron al llegar a los ocho metros de profundidad, por lo que Vyse, sin dudar, mandó usar una vez más la pólvora para liberarlos. Aunque al final, afortunadamente, se lo pensó mejor ya que "por no desear desfigurar este monumento venerable, la excavación se abandonó y se dejaron allí varios metros de varas perforadoras", según sus propias palabras. Los agujeros que causó esta intervención son aún visibles en la actualidad.

para saber más






LA ESFINGE DE GIZA VISTA DESDE SU PARTE POSTERIOR. EN ESTA ZONA TALADRÓ VYSE EL MONUMENTO.

Foto: iStock

EN LA CÁMARA FUNERARIA DE MICERINO

Pero el interés de Vyse se centraba sobre todo las tres grandes pirámides que se alzaban en la llanura de Giza. La más pequeña, la de Micerino, está cruzada por una enorme grieta que fue practicada por el hijo de Saladino en 1196. Vyse aprovechó la grieta para penetrar en el edificio, y para ello empleó, otra vez, la pólvora. Junto al eje central de la pirámide hizo girar el túnel hacia abajo y lo forzó hasta la base de la pirámide a base de explosiones, aunque no encontró ningún pasaje nuevo. Al final, logró localizar la entrada y tras despejarla penetró en la cámara funeraria (que estaba llena de inscripciones en árabe) acompañado por el artista Edward Andrews.


VISTA AÉREA DEL COMPLEJO FUNERARIO DE MICERINO EN GIZA. EN LA PIRÁMIDE SE APRECIA LA GRAN GRIETA HECHA POR EL HIJO DE SALADINO.

Foto: iStock.

En la cámara funeraria de Micerino, Vyse encontró fragmentos de la tapa del sarcófago desperdigados por el suelo, huesos humanos, envoltorios de lino y restos de un ataúd de madera.

En la cámara funeraria de Micerino se alzaba el enorme sarcófago de granito del faraón, que fue extraído con enormes dificultades por los hombres de Vyse. Embarcado para su traslado a Inglaterra, el Beatrice, el barco que lo transportaba, naufragó a causa de una tormenta a la altura de Cartagena (España) y el sarcófago desde entonces descansa en el fondo del Mediterráneo. En la cámara funeraria de Micerino, Vyse también encontró fragmentos de la tapa del sarcófago desperdigados por el suelo, huesos humanos, envoltorios de lino y restos de un ataúd de madera en el que podía leerse una inscripición: "Osiris Micerino, que vivirá para siempre, nacido del cielo, la divinidad celestial Nut sobre ti...". Sorprendentemente el ataúd no pertenecía a la época en que murió este rey de la dinastía IV (2543-2436 a.C.), sino que su estilo remitía a muchos siglos después, en época de la dinastía XXVI (664-525 a.C.); además los huesos hallados en la cámara tampoco eran del faraón, sino que databan del período cristiano.


LA ESFINGE Y LAS PIRÁMIDES EN UN GRABADO DE 1890.

Foto: iStock.

CÁMARAS DE DESCARGA Y GRAFITOS

Pero en realidad Vyse puso casi todos sus esfuerzos en "investigar" la pirámide de Keops. Cargado con su inseparable pólvora, Vyse se dirigió a la cara sur de la pirámide donde pensaba abrir una segunda entrada a la misma altura que la entrada norte. Pero tras varios intentos (y un enorme agujero) desistió. A pesar de todo, el 9 de mayo de 1897 Vyse hizo, gracias a la pólvora de nuevo, un importante descubrimiento en el interior de la Gran Pirámide: cuatro cámaras reductoras de carga o cámaras de descarga (una primera cámara de descarga ya había sido descubierta en 1765 por Nathaniel Davison) con techo, suelo y paredes de granito, excepto la superior, que estaba revestida con piedra caliza para que el peso de la estructura no presionara sobre las cámaras inferiores. El explorador bautizó a estas cámaras con el nombre de allegados y conocidos suyos como el duque de Wellington, el almirante Nelson, lady Ann Arbuthnot y el coronel Campbell, cónsul británico en El Cairo.


LA GRAN PIRÁMIDE DE GIZA, LA ÚNICA DE LAS SIETE MARAVILLAS DEL MUNDO ANTIGUO QUE AÚN SIGUE EN PIE.

Foto: iStock.

El 9 de mayo de 1897 Vyse hizo, gracias a la pólvora, un importante descubrimiento en el interior de la Gran Pirámide: cuatro cámaras reductoras de carga.

Vyse también localizó numerosos grafitos en las paredes de estas cámaras, hechos con pintura roja, que representaban líneas de nivel, marcadores de ejes y anotaciones varias, entre ellas los nombres de las cuadrillas de obreros que participaron en la construcción del monumento, algunas de las cuales llevaban nombres tan sugestivos como "¡Cuán poderosa es la gran Corona Blanca de Khum Khuf (que significa el divino creador Khnum protege a Khufu)!". Justamente en el techo de la cámara Campbell aparece inscrito el nombre del rey: Khufu (Keops), formando parte del nombre de una cuadrilla, "los compañeros de Khufu". Todo ello ha permitido a los egiptólogos atribuir sin dudas la pirámide a este faraón (aunque no faltan tampoco quienes acusan a Vyse de falsificar las inscripciones para atribuirse tan importante hallazgo).

para saber más






CÁMARA DEL REY Y CÁMARAS DE DESCARGA DENTRO DE LA GRAN PIRÁMIDE DE GUIZA.

Foto: CC.

Vyse regresó a Inglaterra junto a su esposa y sus ocho hijos, donde falleció el 8 de junio de 1853. Durante las décadas siguientes, los sistemas de excavación que Vyse y sus contemporáneos emplearon con tanta frecuencia fueron dejándose de lado poco a poco para dejar paso a métodos mucho más científicos. Pero la pólvora continuó siendo utilizada en algunas ocasiones por parte de algunos egiptólogos como el mismísimo Auguste Mariette, que fue jefe de Antigüedades de Egipto desde 1858 hasta 1880. El reputado egiptólogo empleó este más que discutible método en sus excavaciones en el Serapeo de Saqqara. Afortunadamente, los tiempos, y la arqueología, han cambiado sustancialmente.


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