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domingo, 23 de abril de 2023

UNA CIUDAD ARRASADA A SANGRE Y FUEGO: La caída de Troya, el amargo final de una ciudad mítica

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., el gran poeta Homero, en sus poemas épicos de la Ilíada y la Odisea, describe como cayó la ciudad de Troya, gracias a la astucia de Odiseo al idear un gigantesco caballo de madera, y convencidos los troyanos por Sinón para introducir el caballo lleno de soldados griegos en su interior, ofrecido como un trofeo de guerra, que supuestamente los griegos abandonaron aceptando su derrota, una estratagema astuta que permitió ingresar a los griegos al interior de Troya,  cuando los troyanos celebraban su supuesta "victoria" y se encontraban dormidos, salieron los guerreros griegos del interior del caballo y abrieron las puertas de la ciudad de Troya e ingresaron los griegos tomaron la ciudad incendiándola...."Tras diez años de duro combate, había caído el mejor de los aqueos y las murallas de Troya aún coronaban intactas el paso de los Dardanelos. El desánimo cobró fuerza en el corazón de los griegos y, al final, aceptando el fracaso, el rey Agamenón ordenó el regreso. Sin embargo, la astucia de Odiseo dio un vuelco a los acontecimientos. Tomando la iniciativa de las operaciones, el rey de Ítaca urdió la estratagema militar más célebre de la historia: los griegos construirían un gran caballo de madera en cuyo interior se escondería un puñado de guerreros; una vez dentro de las murallas abrirían las puertas de Troya al resto del ejército, que se mantendría oculto en la vecina isla de Ténedos....Se trataba de una acción que no admitía ningún margen de error y que se debía ejecutar en un solo intento. Dada la orden, los griegos reunieron toda la madera que pudieron encontrar y con ella construyeron el gigantesco caballo; luego, al amparo de la noche, lo arrastraron hasta el lugar donde hasta ese momento se había alzado su campamento y lo dejaron allí. Todos, a excepción de un tal Sinón, embarcaron en las naves y partieron. Cuando a la mañana siguiente la guardia troyana oteó el horizonte y sólo halló tiendas derruidas, huesos de animales y hogueras apagadas, pero ni rastro de los sitiadores. Parecía como si los griegos hubieran desistido en su empeño y, tras levantar el cerco, hubieran abandonado Troya dejando atrás un misterioso caballo de madera...."


Tras diez años de sangriento conflicto, la ciudad de Troya cayó en manos de sus sitiadores griegos, los aqueos, merced a la estratagema de Odiseo: un gigantesco caballo de madera repleto de guerreros

La entrada del caballo de madera en la ciudad de Troya. Pintura al óleo de Giovanni Tiepolo, 1760, Galería Nacional, Londres.

Wikimedia Commons

Odiseo y Euriclea, de Christian Gottlob Heyne.

Odiseo o Ulises (en griego clásico: Ὀδυσσεύς; en griego moderno: Οδυσσέας; Ulixes en latín) fue uno de los héroes legendarios de la mitología griega. Aparece como personaje de la Ilíada y es el protagonista y da nombre a la Odisea, ambas obras atribuidas a Homero. Aparecía también en varios de los poemas perdidos del llamado ciclo troyano y posteriormente en muchas otras obras. Era rey de Ítaca, una de las actuales islas Jónicas, situada frente a la costa occidental de Grecia. Hijo de Laertes y Anticlea, en la Odisea, o Sísifo y Anticlea, era esposo de Penélope, padre de Telémaco y hermano mayor de Ctímene, que sufrieron esperándolo durante veinte años: diez de ellos los había pasado luchando en la guerra de Troya y los otros diez intentando regresar a Ítaca lidiando con una serie de problemas y obstáculos que tuvo que afrontar.

Odiseo es caracterizado en los poemas homéricos por su brillantez, astucia y la versatilidad de su carácter. Siguiendo las reglas del estilo formulario, su nombre aparece frecuentemente acompañado de los epítetos "el astuto" (griego πολύμητις) o "de muchas mañas" (griego πολύτροπος, también traducido como "de muchos senderos, de multiforme ingenio").

https://es.wikipedia.org/wiki/Odiseo



Busto de Homero. Mármolcopia romana de un original helenístico del siglo ii a. C., Museo BritánicoLondres.

Homero (en griego homérico, Ὅμηρος [Hómērŏs]; en griego moderno, Όμηρος [Hómirŏs]; en latín, Homerus; ca. siglo viii a. C.) es el nombre dado al aedo a quien tradicionalmente se atribuye la autoría de los principales poemas épicos griegos: la Ilíada y la Odisea. Desde el período helenístico se ha cuestionado que el autor de ambas obras fuera la misma persona; sin embargo, antes no solo no existían estas dudas, sino que la Ilíada y la Odisea eran considerados relatos históricos reales.

La Ilíada y la Odisea son el pilar sobre el que se apoya la épica grecolatina y, por ende, la literatura occidental.1

https://es.wikipedia.org/wiki/Homero


Ilustración del Vergilius Romanus (siglo V d. C.): Sinón cautivo y llevado ante Príamo al pie de las murallas de Troya.

En la mitología griega Sinón (Σίνων) era un guerrero griego, primo de Odiseo, que, a través de engañosas razones, persuadió a los troyanos para que introdujeran el caballo de madera en la ciudadela de Troya.

Una vez que el caballo estuvo dentro de la ciudad, Sinón, durante la noche, abrió el vientre del caballo para permitir la salida de los hombres que se encontraban en su interior y encendió una antorcha como señal luminosa para los aqueos, que se acercaban en los barcos desde la isla de Ténedos.

https://es.wikipedia.org/wiki/Sin%C3%B3n



Detalle de Los amores de Paris y Helena (L'amour d'Hélène et Paris, 1788), de Jacques-Louis David.
En la mitología griegaParis (en griego antiguo: Πάρις), también llamado Alejandro (en griego antiguo: Αλέξανδρος, Aléxandros, «El protector del varón»), fue un príncipe troyano, hijo del rey Príamo y de su esposa Hécuba y hermano de Héctor. Paris fue conocido como «El de la hermosa figura».
https://es.wikipedia.org/wiki/Paris



Francesco PrimaticcioEl rapto de Helena (Il rapimento di Elena, 1530-1539).

Paris fue acogido en la corte real de Troya y tuvo la oportunidad de embarcarse hacia Grecia, donde su tía Hesíone vivía después de que Telamón la hubiera secuestrado tiempo atrás. El príncipe Paris se ofreció para acaudillar la expedición y decidió dirigir a Cástor y Pólux, que vivían en Lacedemonia. Su padre dio el visto bueno, a pesar de que Héleno ya había revelado que, si el viaje se llevaba a cabo, Troya pagaría las consecuencias.7

Después de estar en casa de Cástor y Pólux, Paris llegó a Esparta, donde reinaba Menelao y su esposa Helena, la mujer más preciosa del mundo que le había prometido antaño Afrodita. El príncipe troyano no tardó en enamorarla con la ayuda de la diosa8​ y, aprovechando que Menelao estaba en Creta celebrando los funerales de su abuelo, Paris y Helena se fugaron a Troya. Algunas versiones dicen que la joven fue raptada y no se marchó por su propia voluntad y otras dicen que lo que se fugó con Paris fue una imagen fantasmagórica de ella, cumpliéndose así la venganza de Hera por no haber sido escogida como la diosa más bella.

En su viaje se llevaron un gran número de riquezas, pero no a la hija de 9 años de Helena: Hermíone.9​ En su viaje, una tempestad provocada por la diosa Hera hizo que el barco fuera a parar a Sidón, ciudad que los troyanos saquearon.10​ A su llegada a Troya, los ciudadanos no aceptaron a Helena, pues lo consideraban una ofensa hacia el rey Menelao, y quisieron devolverla. A pesar de ello, la decisión de la familia real troyana fue que Helena podía quedarse en Troya junto a Paris.11​ La ninfa Enone, primer amor de Paris, y su padre, Cebrén, se marcharon despechados de la ciudad.

https://es.wikipedia.org/wiki/Paris

Actualizado a 


A finales del siglo XIX, el alemán Heinrich Schliemann desenterró en la colina de Hissarlik, en la costa noroccidental de Anatolia, los vestigios de una antigua ciudad que rápidamente identificó con Troya o Ilión, el escenario de la guerra que relató Homero en su Ilíada. Como luego certificarían sus sucesores sobre el terreno, lo que en realidad escondía Hissarlik no era una, sino hasta nueve Troyas, una sobre otra. 

Los arqueólogos encontraron en Troya VI (1700- 1250 a.C.) la más firme candidata a ser la ciudad homérica. Su estratégica posición a la entrada del Bósforo, en la órbita del Imperio hitita, le procuraba un control total sobre el tráfico marítimo, lo que a ojos de los griegos micénicos –la potencia rival y vecina– era tan buen motivo para ir a la guerra como la belleza de Helena, esposa de rey espartano Menelao, cuyo rapto por el troyano Paris fue, según el mito, la causa de la contienda.


Estratos de la antigua Troya. La ciudad sufrió a lo largo de milenios diversas destrucciones, pero siempre fue reconstruida y estuvo habitada hasta época romana. En la imagen, vista de las ruinas de Troya

iStock

Que los habitantes de Troya eran conscientes de una amenaza lo demuestra el hecho de que la ciudad estuviese protegida por una poderosa muralla y unos fosos especialmente diseñados para frenar los ataques de los carros de guerra, el arma de destrucción más característica de la época. Esta amenaza debió de concretarse hacia 1250 a.C., ya que los estratos arqueológicos que se corresponden con esta fecha ofrecen signos evidentes de una ciudad en estado de emergencia, de un asalto armado y de destrucción por el fuego. Pero lo que no ha determinado la arqueología es la identidad de sus asaltantes ni si la destrucción de Troya se debió a un conflicto a la altura de su leyenda o a una sucesión de esporádicos asaltos. En este punto, en el que la arqueología calla, es donde volvemos la vista a los antiguos poemas que nos hablan de la estratagema genial de un caballo de madera y de la noche funesta en que la inexpugnable ciudad de Troya cayó, envuelta en llamas


Vista aérea de las ruinas de Troya. La ciudad destruida en la Ilíada se correspondería con la fase VI de ocupación.

iStock

Paradójicamente, aunque el sombrío presagio de su final recorre todo el poema, la Ilíada no narra la destrucción de Troya, y, por su parte, la Odisea tan sólo nos cuenta el final de la guerra como una acción del pasado. El hecho es que los dos poemas de Homero se limitaban a contar dos episodios del ciclo mítico de Troya –el de la cólera de Aquiles y el del azaroso regreso de Odiseo (o Ulises) a Ítaca–, mientras que el resto de episodios que completaban la leyenda circuló en composiciones que sólo se han conservado de forma fragmentaria, como la Iliupersis o Caída de Ilión, que narraba con detalle los últimos momentos de la ciudadela. Por ello, los episodios clave de los últimos días de Troya nos han llegado a través de poemas compuestos siglos más tarde, como la Eneida de Virgilio o las Posthoméricas de Quinto de Esmirna, que daba comienzo justo en el punto en que Homero ponía fin a la Ilíada: los funerales de Héctor, hijo de Príamo y heredero del trono de Ilión. 

AQUILES CONTRA TODOS 

Tras la muerte de Héctor, la ciudad quedaba abocada a la ruina. Pero los troyanos aún tenían depositadas sus esperanzas de victoria en la llegada de tropas auxiliares, capaces de hacer frente a los griegos. Los primeros refuerzos en acudir fueron las amazonas de la reina Pentesilea, quienes nada pudieron hacer ante el empuje de Aquiles, rey de los mirmidones. Con todo, la tradición nos ha hecho llegar un famoso episodio derivado de este encuentro: cuando Aquiles y la reina quedaron frente a frente, comenzó un duelo entre los dos que se saldó con la muerte de Pentesilea a manos del héroe griego, quien se enamoró de ella en el mismo instante en que la atravesaba con su lanza.


Aquiles se enfrenta a Memnón en esta ánfora ática del 490 a.C. Museo Británico, Londres.

Wikimedia Commons

Pero a los troyanos todavía les quedaba el auxilio de las tropas etíopes, los hombres de «tez quemada». Llegados de un punto no bien determinado de África, la tierra de los etíopes aparecía mencionada por Homero como un lejano lugar a orillas del río Océano, tal vez identificable con el Nilo, zona que desde siempre había provisto de mercenarios a los faraones egipcios. Bajo el mando de Memnón, los etíopes constituían el último obstáculo que se interponía entre Aquiles y las puertas de Ilión. Así, los dos guerreros tomaron posiciones para dirimir la batalla en un prototípico «combate singular». Tras esquivar mutuamente sus lanzas, se atacaron con sus espadas hasta que Aquiles encontró una abertura entre las láminas metálicas de su rival y logró arrancarle la vida.
Parecía que la victoria estaba de parte de Aquiles, pero mientras éste combatía, el príncipe troyano Paris, raptor de Helena y causante de la guerra, se había apostado tras los parapetos que protegían las puertas de la ciudad y tensaba su arco para ejecutar su disparo en el momento oportuno. De este modo, cuando Aquiles se disponía a tomar la ciudad, una flecha guiada por el dios Apolo escapó del arco de Paris y fue a impactar en el talón del señor de los mirmidones.

EL ARMA SECRETA DE LOS GRIEGOS 

Tras diez años de duro combate, había caído el mejor de los aqueos y las murallas de Troya aún coronaban intactas el paso de los Dardanelos. El desánimo cobró fuerza en el corazón de los griegos y, al final, aceptando el fracaso, el rey Agamenón ordenó el regreso. Sin embargo, la astucia de Odiseo dio un vuelco a los acontecimientos. Tomando la iniciativa de las operaciones, el rey de Ítaca urdió la estratagema militar más célebre de la historia: los griegos construirían un gran caballo de madera en cuyo interior se escondería un puñado de guerreros; una vez dentro de las murallas abrirían las puertas de Troya al resto del ejército, que se mantendría oculto en la vecina isla de Ténedos. 

Se trataba de una acción que no admitía ningún margen de error y que se debía ejecutar en un solo intento. Dada la orden, los griegos reunieron toda la madera que pudieron encontrar y con ella construyeron el gigantesco caballo; luego, al amparo de la noche, lo arrastraron hasta el lugar donde hasta ese momento se había alzado su campamento y lo dejaron allí. Todos, a excepción de un tal Sinón, embarcaron en las naves y partieron. Cuando a la mañana siguiente la guardia troyana oteó el horizonte y sólo halló tiendas derruidas, huesos de animales y hogueras apagadas, pero ni rastro de los sitiadores. Parecía como si los griegos hubieran desistido en su empeño y, tras levantar el cerco, hubieran abandonado Troya dejando atrás un misterioso caballo de madera.


Grabado de Joseph Denis Odevaere sobre la entrada del caballo en Troya, la trampa griega es arrastrada por los troyanos dentro de su ciudad entre las danzas y alegría de la población. 1818, colección privada.

Wikimedia Commons

Cuando el rey Príamo lo supo, ordenó abrir las puertas de la ciudad. Por primera vez en diez años, los habitantes de Troya corrieron por la playa sin temor a las lanzas del adversario, y allí, entre los restos del campamento vacío, contemplaron atónitos la extraña ofrenda. Fue entonces cuando la estratagema de Odiseo entró en su segunda fase. En ese momento, Sinón apareció ante los troyanos asegurando que había desertado para no ser víctima de un sacrificio. Interrogado sobre el terreno, refirió a sus captores que el caballo era una ofrenda a los dioses que los griegos habían construido para obtener un buen regreso. Añadió que, según las palabras de Calcante, el adivino de los griegos, el poseedor de la monumental figura jamás sufriría derrota alguna ante el enemigo.


La muerte de un sacerdote. El troyano Laocoonte y sus hijos mueren por haberse opuesto a la entrada del caballo de madera en su ciudad. Escultura del siglo I d.C. Museo Pío Clementino, Roma.

Wkimedia Commons

Necesitados de noticias esperanzadoras tras una década de guerra, los troyanos decidieron trasladar el caballo a la ciudad y para introducirlo fue necesario derribar parte de la muralla. Sólo el sacerdote de Apolo, Laocoonte, sospechó el engaño y se opuso firmemente a que llevaran el caballo a la ciudad. En vista de la inutilidad de sus protestas arrojó con rabia su lanza contra él, pero entonces surgieron del mar dos serpientes que estrangularon a Laocoonte y a sus hijos. Los troyanos interpretaron que el sacerdote había incurrido en sacrilegio y que por eso Poseidón, dios del mar, le había impuesto un castigo. De este modo, por la brecha abierta en la muralla, introdujeron el siniestro presente en la ciudadela. 


El arma de la destrucción. Ésta es la primera representación conocida del caballo de Troya, con su mortal cargamento de guerreros griegos. Siglo VII a.C. Museo Arqueológico, Mikonos.

Wikimedia Commons

El plan podía haber fracasado, pues, en un momento dado, Helena, también recelosa, imitó ante el caballo la voz de las esposas de los guerreros griegos; sin embargo, el astuto Odiseo intuyó el engaño y contuvo a sus compañeros para que no se delataran. También la voluntad de los dioses se puso de su parte cuando la princesa troyana Casandra, condenada a profetizar el futuro y no ser creída, gritó en vano que se trataba de una emboscada y que la ciudad sería tomada esa misma noche. Así pues, con la engañosa ofrenda dentro de sus muros, los troyanos festejaron bajo las estrellas su falsa victoria; cuando ya todos dormían, los aqueos descendieron del caballo y, tomando los puestos de guardia, franquearon las puertas de Troya al resto del ejército. 

LA ÚLTIMA TRETA 

Esa noche, Ilión fue tomada a sangre y fuego, y los troyanos sufrieron un funesto destino: el viejo rey Príamo vistió su armadura y fue masacrado junto al resto de los defensores. Las mujeres fueron esclavizadas y asignadas a los mejores guerreros griegos. Tan sólo Eneas pudo huir de la muerte y escapar hacia un esperanzador futuro: con su anciano padre Anquises a hombros y su hijo Ascanio de la mano, dejó atrás la ciudad incendiada y puso rumbo a las costas de Italia para fundar una nueva Troya en lo que más tarde sería Roma. Por su lado, Paris, arrastrándose entre terribles dolores por el veneno de una flecha, acudió hasta su antiguo amor, la ninfa Enone, a quien había abandonado por Helena, para suplicarle el antídoto que sólo ella poseía, pero ésta se lo negó. En cuanto a Helena, al ver que Menelao, su antiguo esposo, se abalanzaba con su espada sobre ella, se desató el vestido y sellaron la reconciliación en ese instante.


Muerte de Príamo a manos de Neoptóleomo, hijo de Aquiles. Óleo de Pierre-Narcisse Guerin, 1817, Museo de Bellas Artes, Angers.

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Muchos son los personajes que hacen de esta guerra el más fascinante de los mitos, pero el gran protagonista de la noche en que Troya fue conquistada es un personaje silencioso. Se ha intentado explicar la figura del caballo como la trasposición poética de los barcos sobre los que llegaron los conquistadores griegos. También se ha pensado que la ciudad habría sido tomada gracias a que un traidor habría dibujado en una puerta un caballo para señalar al enemigo el camino de entrada; incluso podría tratarse de la representación figurada de un terremoto, ya que el dios Poseidón, el «Sacudidor de la Tierra», tenía al caballo como animal sagrado. 

A estas hipótesis se ha venido a sumar en los últimos tiempos la teoría de que tras el enigma se encuentra una máquina de asedio como la que se muestra en un bajorrelieve asirio del palacio noroccidental de Assurnasirpal II (883-859 a.C.) en su capital, Nimrud. Bien es cierto que este testimonio del «caballo asirio» es muy posterior a la fecha en que Troya VI fue destruida, pero existen pruebas documentales en los archivos de Hattusa, la capital del Imperio hitita, que indican que ingenios de este tipo estaban en uso ya en el siglo XVIII a.C.


La suerte de los vencidos. Cassandra se agarra al altar de Atenea implorando su protección antes de ser violada por Áyax Oileo, quien sería castigado por los dioses en el viaje de regreso a Grecia.

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Esta máquina de asedio consistía en un poste de cinco metros de longitud rematado en punta, manejado por guerreros que se protegían del enemigo gracias a una carcasa de madera de hasta ocho metros de largo y dos de ancho. Bajo ella, los guerreros trataban de derribar la muralla enemiga, debilitando la juntura de los bloques de piedra que la componían. Lo realmente interesante es que, debido a su aspecto zoomorfo, en los documentos hititas este ingenio aparece bajo denominaciones de tipo animal como «asno salvaje» o «bestia de un solo cuerno». 

Eneas escapa con su padre Anquises a cuestas. Óleo sobre tela de Luca Giordano, 1700, Museo del Prado, Madrid.

Wikimedia Commons

En definitiva, la historia del caballo de Troya puede ser racionalizada como un instrumento de asedio de apariencia equina con espacio para proteger a los guerreros que lo manejaban. Sea como fuere, tres mil años después de que el viejo mito de Troya encontrara en los versos de Homero su máxima expresión artística, el mayor reto de la arqueología sigue siendo descubrir la historia de unos hombres dispuestos a defender desesperadamente una ciudad que arde en llamas. 

NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

MITOLOGÍA GRIEGA: Atlas, el titán que soportaba el peso del mundo sobre sus hombros

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., Atlas el más poderoso de los titanes de la mitología griega; que el también poderoso dios Zeus, dios supremo del Olimpo, lo condenó a sujetar el peso del mundo durante la eternidad sobre sus espaldas, por rebelarse contra el poder de los dioses del Olimpo......"Pero ¿dónde se encontraba Atlas? Cuenta el poeta Hesíodo, que Atlas se hallaba en el país de las Hespérides, en el extremo del mundo conocido, mientras que para el filósofo Platón, Atlas fue el primer rey de la mítica Atlántida. De hecho, asociamos el nombre del titán con el de la gran cordillera que recorre el norte de África y con el océano Atlántico. Asimismo Atlas, gracias a la increíble gesta que se veía obligado a realizar, está considerado el epítome de la fuerza física, además de simbolizar el tesón, la firmeza y el compromiso...".... "Pero ¿qué sabemos de sus orígenes? La mayoría de escritores clásicos refiere que Atlas era hijo del titán Japeto y de la oceánide Clímene, aunque algunos apuntan a que su madre podría haber sido la ninfa Asia. El escritor romano Higino es el único que menciona a Atlas, en su obra Fábulas, como hijo de Éter y de Gea, y lo sitúa en la lucha de los gigantes contra los olímpicos (la gigantomaquia), un acontecimiento que cronológicamente es posterior a la guerra de los titanes. Atlas tenía varios hermanos, titanes como él, entre los que se encuentran Epimeteo, Menecio y Prometeo..."  ....... siga leyendo...................


Tal vez uno de los personajes más fascinantes de la mitología de la antigua Grecia sea Atlas, el titán al que Zeus, el dios supremo del Olimpo, castigó de un modo terrible por rebelarse contra los dioses y contra el orden establecido: sujetar el peso del mundo durante toda la eternidad sobre sus espaldas.

La caída de los titanes. Cornelis Cornelisz van Haarlem, 1588. Galería Nacional de Dinamarca, Copenhague.

PD


Estatua de Atlas en el palacio Linderhof.
https://es.wikipedia.org/wiki/Atlas_(mitolog%C3%ADa)


J. M. Sadurní
J. M. Sadurní

Especialista en actualidad histórica

Actualizado a 


Según la mitología griega, tras la aplastante victoria de Zeus y los dioses olímpicos sobre los titanes, los poderosos seres que se habían rebelado contra su dominio, estos fueron enviados al inframundo. Pero hubo algunas excepciones, como Atlas y su hermano Prometeo. Este último fue condenado por los dioses por entregar el fuego a los hombres y Atlas también fue sometido a un terrible castigo: soportar el peso del firmamento sobre sus hombros durante toda la eternidad. Aunque a pesar de las limitaciones que le imponía tan ímproba tarea, Atlas también jugó un papel muy destacado en las historias que tuvieron como protagonistas a dos grandes héroes: Heracles y Perseo. 

Pero ¿dónde se encontraba Atlas? Cuenta el poeta Hesíodo, que Atlas se hallaba en el país de las Hespérides, en el extremo del mundo conocido, mientras que para el filósofo Platón, Atlas fue el primer rey de la mítica Atlántida. De hecho, asociamos el nombre del titán con el de la gran cordillera que recorre el norte de África y con el océano Atlántico. Asimismo Atlas, gracias a la increíble gesta que se veía obligado a realizar, está considerado el epítome de la fuerza física, además de simbolizar el tesón, la firmeza y el compromiso.


Recreación de la mítica Atlántida de Platón.

Віщун (CC BY-SA 4.0)

LA FAMILIA DE ATLAS

Pero ¿qué sabemos de sus orígenes? La mayoría de escritores clásicos refiere que Atlas era hijo del titán Japeto y de la oceánide Clímene, aunque algunos apuntan a que su madre podría haber sido la ninfa Asia. El escritor romano Higino es el único que menciona a Atlas, en su obra Fábulas, como hijo de Éter y de Gea, y lo sitúa en la lucha de los gigantes contra los olímpicos (la gigantomaquia), un acontecimiento que cronológicamente es posterior a la guerra de los titanes. Atlas tenía varios hermanos, titanes como él, entre los que se encuentran Epimeteo, Menecio y Prometeo.

El escritor romano Higino sitúa a Atlas en la lucha de los gigantes contra los olímpicos.


Techo de la Sala de los Gigantes en el Palacio Te, Mantua. obra de Julio Romano.

(CC BY-SA 4.0)

Como titán, Atlas era un ser gigantesco, dueño de un cuerpo poderoso, pero también estaba dotado de una enorme sabiduría. Algunos mitos cuentan que se casó con Pléyone, una oceánide hija de Océano y Tetis, y que con ella engendró a las Pléyades. Según otras versiones, Atlas también era el padre de las famosas Hespérides, conocidas como las "ninfas del ocaso", guardianas de las preciadas manzanas de oro que el héroe Heracles tuvo que robar en uno de sus doce trabajos. Entre tantas hijas, el único hijo varón de Atlas fue Hias o Hiante, encarnado en la constelación de Acuario. 

para saber más

Maqueta del caballo de Troya utilizada para rodar la película Troya.

TRAS LAS HUELLAS DEL MÍTICO CABALLO DE TROYA

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EL PESO DEL UNIVERSO

La principal fuente que ha llegado hasta nosotros sobre la guerra que tuvo lugar entre los titanes y los dioses es la Teogonía de Hesíodo, donde se cuenta que los titanes, liderados por Atlas, fueron derrotados y arrojados al Hades por Zeus. Pero el dios supremo tenía reservado para Atlas un castigo muy especial. El titán fue conducido hasta el borde mismo de la Tierra y condenado a cargar con la bóveda celeste por toda la eternidad. Aunque no todos los autores están de acuerdo con esto. Por ejemplo, según Homero, "Atlante vigila las largas columnas, sustento del cielo". El gran poeta épico también cuenta que Atlas sufrió un castigo añadido cuando el hijo de Helios y Clímene, Faetón, se precipitó sobre la Tierra mientras conducía el carro solar, con lo que Atlas tuvo que soportar en sus propias carnes el abrasador fuego del Sol que se acercaba cada vez más a la superficie terrestre.

La principal fuente que ha llegado hasta nosotros sobre la guerra que tuvo lugar entre los titanes y los dioses es la Teogonía de Hesíodo. 


Jardín de las Hespérides, obra de Edward Coley Burne-Jones, 1869-1873. Hamburger Kunsthalle, Hamburgo.

Bridgeman Images / Gtres

El terrible castigo decretado por Zeus sobre Atlas obligaba al titán a permanecer inmóvil mientras sostenía el peso del mundo, aunque eso no fue óbice para que algunos héroes recalaran en sus dominios en el transcurso de sus aventuras, tal como cuentan diversos autores. Según el poeta romano Ovidio, tras vencer a la terrible gorgona Medusa, Perseo llegó al reino de Atlas, situado en el extremo más occidental de la Tierra "donde el Sol para a los caballos cansados", y le pidió refugio esgrimiendo que era hijo de Zeus.

En aquella región, cerca de Mauritania, crecía una frondosa arboleda, en cuyas ramas colgaban unas hermosas manzanas de oro. Aquellas valiosas frutas, que estimulaban la pasión tanto de hombres como de dioses, estaban constantemente vigiladas por las hijas de Atlas, las Hespérides. Tras escuchar a Perseo, Atlas recordó la profecía que le advertía de que sería un hijo de Zeus quien robaría aquellos frutos: "Llegará el momento, Atlas, y el oro será robado del árbol, y la mejor parte irá al hijo de Zeus". 

para saber más

Heracles lucha contra Cerbero. Óleo por Pedro Pablo Rubens. 1636. Museo del Prado, Madrid.

CERBERO, EL PERRO MONSTRUOSO QUE VIGILABA EL INFRAMUNDO

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ENGAÑADO POR PERSEO

Fue entonces cuando el titán hizo rodear el huerto con un muro y que un dragón de siete cabezas, llamado Ladón, custodiara las preciadas frutas. Acto seguido, para prevenir males mayores, negó la hospitalidad a Perseo. Este, sabiéndose inferior en tamaño y fuerza, extrajo entonces la cabeza de Medusa del zurrón que llevaba consigo y se la mostró al titán, que nada más verla se convirtió en piedra. Su cabello y su barba se transformaron en bosques y sus hombros y sus brazos en lo que sería la cordillera del Atlas. La cabeza del titán se convirtió en el pico más alto de la cordillera, y "el cielo descansaba sobre él con el abismo de sus constelaciones". Pero Atlas se equivocó de hijo de Zeus. Y es que la profecía no se refería a Perseo, sino a Heracles, otro de los vástagos del dios supremo.

El titán hizo rodear el huerto con un muro y que un dragón de siete cabezas, llamado Ladón, custodiara las preciadas frutas.

Hércules roba las manzanas de las Hespérides, cuadro pintado por Lucas Cranach el Viejo. Museo Herzog Anton Ulrich. Braunschweig.

PD

De hecho, el mito más famoso referido a Atlas es el que tiene que ver con el papel que desempeñó en uno de los doce trabajos de Heracles, una de las misiones que, tras el asesinato de su esposa e hijos en un rapto de locura, el héroe debía cumplir como penitencia para el rey Euristeo de la Argólida. Para llevar a cabo su undécimo trabajo, Heracles debía partir hacia Mauritania en busca de las famosas manzanas de oro, que eran sagradas para la diosa Hera. Pero incluso para un semidiós tan fuerte como Heracles era muy difícil lograr sustraer las frutas, puesto que estaban custodiadas por el terrible Ladón. Heracles pidió entonces ayuda al propio Atlas para poder llevar a cabo con éxito aquella misión. 

para saber más

The Minotaur, cuadro pintado pr el artista inglés George Frederic Watts en el año 1885 (Tate Britain).

LA LEYENDA DEL MINOTAURO, EL TERRORÍFICO MONSTRUO MITAD HOMBRE Y MITAD TORO

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EL ASTUTO HERACLES

Atlas, viendo por fin una oportunidad de liberarse de su pesada carga, aceptó ayudarle siempre y cuando el héroe se comprometiera a sostener la bóveda celeste mientras él recogía las manzanas. Heracles aceptó y Atlas pasó sobre los hombros del héroe el terrible peso, que este apenas podía soportar. Al límite de sus fuerzas, Heracles vio con desesperación como el titán, tras recoger las manzanas, no tenía ninguna intención volver a ocupar aquel malhadado lugar. Es más, Atlas le dijo que sería él mismo quien llevaría las frutas a Euristeo.

Atlas propuso a Heracles que sostuviese la bóveda celeste mientras él recogía las manzanas.


Hércules y Atlas. cuadro pintado por Lucas Cranach el Viejo. Museo Herzog Anton Ulrich, Braunschweig.

PD

Así pues, mientras Heracles sostenía la bóveda celeste, pensaba en el modo de salir airoso de aquella situación. Entonces le dijo a Atlas que de buena gana aceptaría sus condiciones siempre y cuando le concediese el tiempo necesario para rehacer su capa a modo de almohada y de este modo poder soportar mejor el peso del universo sin lastimarse. Atlas, ingenuamente, sin sospechar en la trampa de Heracles, se avino a sus deseos y dejó las manzanas en el suelo para sustituir de nuevo a Heracles mientras este se acomodaba la capa. Cuando el héroe vio que el titán volvía a ocupar su lugar de nuevo, cogió las manzanas y salió corriendo.

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Jason y los Argonautas en el Argo, serigrafía realizada por la Escuela Americana en el año 1918.

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REY DE LA ATLÁNTIDA

Pero, como hemos visto, también hay algunas leyendas que hacen de Atlas un rey en lugar de un titán. Por ejemplo, Platón, en su Critias, menciona a Atlas como el primer rey de la mítica Atlántida. Según el filósofo, el padre de este soberano era el dios Poseidón, y de su nombre se derivaría el de la legendaria isla, Atlántida, y también el del océano circundante, Atlántico. Por su parte, el historiador Diodoro Sículo, en su Biblioteca Histórica, narra que Atlas era rey de la tierra de Mauri, la actual Mauritania, además de ser un reputado matemático y astrólogo. El propio Diodoro y también Paléfato relacionan también a Atlas con las terribles gorgonas, unos seres terroríficos que, como Medusa, tenían serpientes en lugar de cabellos. 

El historiador Diodoro Sículo, en su Biblioteca Histórica, narra que Atlas era rey de la tierra de Mauri, la actual Mauritania.


Medusa, cuadro pintado por Caravaggio, Galeria de los Uffizi, Florencia.

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Según todos estos autores, aquellos seres vivían en unas islas del mar de Etiopía, cuya isla principal se llamaba Cerna (estudios recientes sugieren la posibilidad de que estas islas puedan corresponderse con las del actual archipiélago de Cabo Verde). Y siguiendo con las serpientes, según el romano Ovidio, después de que Perseo convirtiera a Atlas en una montaña, el héroe se alejó del lugar sobrevolando Etiopía y de la sangre de la cabeza de Medusa que goteaba de su zurrón nacieron las actuales serpientes que pueblan la zona. 

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EL TITÁN CARTÓGRAFO

El mito de Atlas, el titán que sostiene eternamente el firmamento sobre sus espaldas, no se encuentra solo en la literatura. También está presente en muchos otros ámbitos artísticos, como por ejemplo en la arquitectura. En esta disciplina, algunas columnas y pilastras usadas para sostener edificios o techos, que reciben el nombre de "atlantes" o "telamones", adoptan la forma de un hombre dotado de una fuerza descomunal. Pero no solo la arquitectura ha rendido homenaje a la figura de Atlas. También la escultura ha representado al forzudo titán.

Por ejemplo, en la Antigüedad clásica se esculpieron grandes estatuas de Atlas, como las que adornaron el templo de Zeus en Agrigento, en la isla de Sicilia. Aunque tal vez la escultura más impactante del titán que ha llegado hasta nosotros sea el famosísimo Atlas Farnesio, una copia romana de un original helenístico que actualmente se exhibe en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles y en la que Atlas aparece arrodillado, con el orbe sobre sus hombros, sujetándolo con un gran esfuerzo. 

Tal vez la escultura más impactante del titán que ha llegado hasta nosotros sea el famosísimo Atlas Farnesio.



Atlas Farnesio, estatua romana de mármol. Museo Arqueológico Nacional, Nápoles.

Lalupa (CC BY SA 4 0)

Siglos después, también los artistas del Renacimiento pondrían su mirada en la colosal figura de Atlas. Así, tenemos el grabado del artista italiano Francesco di Giorgio, donde se muestra a Atlas como rey de Mauritania, en su faceta de astrólogo. En esos años, a Atlas se lo relacionó asimismo con una pujante disciplina científica: la cartografía. Uno de los primeros editores que asoció al titán con los mapas fue el impresor francés Antonio Lafreri, quien usó su imagen para ilustrar la portada de la obra Tavole moderne di geografia de la maggior parte del mondo di diversi autori, del año 1572. Asimismo, cuando el emperador Carlos V abdicó en favor de su hijo Felipe II, el acontecimiento se conmemoró con la acuñación de unas monedas en las que se representa la historia de Atlas. En ellas se muestra al emperador como el titán, colocando el peso del poder sobre los hombros de su joven hijo Felipe, que se encarna en la figura del héroe Heracles. 

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LA RESIGNACIÓN DE ATLAS

En la actualidad, el mito de Atlas sigue vigente. La psicología, por ejemplo, se refiere al "síndrome de Atlas" para definir el comportamiento de todas aquellas personas que son incapaces de delegar, es decir, que cargan con todo el peso de la responsabilidad del trabajo sobre ellos, al igual que hizo el titán con la bóveda celeste. Pero ¿por qué Atlas nunca se rebeló? ¿Por qué se avino siempre a cargar con el peso del universo sobre sus hombros sin protestar? De hecho, solo una vez intentó sustraerse a su funesto destino (aunque de un modo efímero) cuando logró engañar al héroe Heracles diciéndole que sujetara su pesada carga por un momento. 

¿Por qué Atlas nunca se rebeló? ¿Por qué se avino siempre a cargar con el peso del universo sobre sus hombros sin protestar?

Esta actitud sumisa ha sido tratada en la moderna literatura, que se ha hecho eco de ella de algún modo, como en la novela distópica La rebelión de Atlas, de la autora Ayn Rand, publicada en 1957. En ella, uno de los personajes le pregunta a otro: "Si vieses a Atlas en la mitología, el gigante que sostiene al mundo sobre sus hombros, si vieses que está de pie, con la sangre latiendo en su pecho, con sus rodillas doblándose, con sus brazos temblando, pero todavía intentando mantener al mundo en lo alto con sus últimas fuerzas, y cuanto mayor sea su esfuerzo, mayor es el peso del mundo que carga sobre sus hombros, ¿qué le dirías que hiciese?", a lo que el interpelado contesta "que se rebele". Algo que el titán, al parecer, nunca se planteó hacer.


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