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martes, 26 de octubre de 2021

Segunda Guerra Mundial : EL ENGAÑO QUE CAMBIÓ LA HISTORIA.- La operación "Mincemeat" en la Segunda Guerra Mundial

Hola amigos: A VUELO DE UN QUJINDE EL BLOG., durante la Segunda Guerra Mundial, funcionó el espionaje y contra espionaje tanto de las potencias aliadas como de las potencias del Eje; justamente una trama de gran estrategia fue la llamada Operación "Mincemeat" (carne molida), que se convirtió en uno de los episodios más decisivos de la Segunda Guerra Mundial, que fue un engaño a la inteligencia alemana, que los aliados iban a invadir Europa por Cerdeña y Grecia, cuando en realidad se preparaba la invasión por la península de Sicilia.
Se montó la trama con el cadáver de un supuestamente Comandante de la Fuerza Aérea Inglesa, llamado William Martin, que fue encontrado flotando en las playas de Huelva y en realidad fue el de Glyndwr Michael, un vagabundo galés de 34 años que había fallecido tras ingerir matarratas. A aquel cadáver, al que se había mantenido en un congelador desde finales de 1943 (el tiempo suficiente hasta que empezara la operación) le dieron una nueva identidad: se trataría del comandante William Martin....  .....siga leyendo................

Al más puro estilo de las novelas de espionaje, la Operación Mincemeat se convirtió en uno de los episodios más decisivos de la Segunda Guerra Mundial, una operación arriesgada que, gracias a su éxito, cambió el curso de la contienda al engañar los aliados a Hitler sobre las operaciones militares que tenían pensado realizar en el mar Mediterráneo.







Foto: CC

Justo el 30 de abril de 1943, se encontró un cadáver en la playa de La Bota, en Punta Umbría, Huelva. Un joven pescador llamado José Antonio Rey María vio un bulto que flotaba en el agua y tras lanzarse al mar lo llevó al bote en el que estaba faenando y de ahí a la orilla. No sabía que aquella acción se convertiría en una de las historias de espionaje más fascinantes del convulso y bélico siglo XX.

EL COMANDANTE WILLIAM MARTIN

Tras la exitosa campaña de los aliados en el norte de África, que culminó con la derrota del general alemán Erwin Rommel, el zorro del desierto, el siguiente objetivo era avanzar hacia el centro de la Europa ocupada y, para ello, Sicilia se convirtió en un objetivo clave. Para llevar a cabo la invasión de la isla italiana se diseñó la llamada Operación Husky.

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Pero los aliados tenían que engañar a los alemanes respecto a sus planes en el Mediterráneo. Con ese objetivo diseñaron otra operación paralela, a la que bautizaron con el nombre de "Operación Carne Picada" (Mincemeat en inglés). El proyecto fue encargado a dos oficiales de la inteligencia británica: el capitán de la RAF Charles Cholmondeley y el oficial de inteligencia naval Ewen Montagu. La idea era hacer llegar a manos de los alemanes unos documentos que les indicaran que la invasión aliada iba a producirse en Cerdeña y en Grecia en lugar de en Sicilia. Para ello necesitaban un cadáver. Y el cadáver en cuestión fue el de Glyndwr Michael, un vagabundo galés de 34 años que había fallecido tras ingerir matarratas. A aquel cadáver, al que se había mantenido en un congelador desde finales de 1943 (el tiempo suficiente hasta que empezara la operación) le dieron una nueva identidad: se trataría del comandante William Martin.

La idea era hacer llegar a manos de los alemanes unos documentos que les indicaran que la invasión aliada iba a producirse en Cerdeña y Grecia en lugar de en Sicilia.

HUELVA, UNA PROTAGONISTA INVOLUNTARIA

Alrededor de aquel nombre, construyeron la historia del personaje: le adjudicaron una novia, algunas deudas y disputas familiares, entre otras cosas, y todo para dar más verosimilitud al engaño. El siguiente paso era crear los documentos falsos necesarios en los que basar la trampa. Para no levantar las sospechas de los alemanes, se decidió incluir una carta redactada por el teniente general sir Archibald Nye, segundo jefe del Estado Mayor General Imperial, dirigida al general sir Harold Alexander, comandante británico en el norte de África. En dicha misiva se podía leer entre líneas que el ataque aliado se iba a producir en Cerdeña y en Grecia, e incluso, para rizar e rizo, se pudo interpretar que los aliados estaban intentando engañar a los alemanes haciéndoles creer que iban a invadir Sicilia.

En otra carta personal enviada por lord Mountbatten al almirante sir Andrew Cunningham, comandante en jefe del Mediterráneo, también se incidía en la idea de la invasión de Cerdeña. Ambas cartas, junto con otros documentos, fueron incluidas en un maletín que sería atado en el último momento al cadáver de Glyndwr Michael (comandante Martin).

Junto al cadáver de Michael, los aliados incluyeron una carta en la que se podía leer entre líneas que el ataque aliado se iba a producir en Cerdeña y en Grecia.

¿Por qué los aliados eligieron las costas onubenses para desarrollar el plan? Muy sencillo. España, que se encontraba entonces bajo la dictadura de Francisco Franco, guardaba muy buenas relaciones con el Tercer Reich de Adolf Hitler. Es más, en Huelva residía Adolf Clauss, un espía alemán muy bien situado entre los dirigentes de régimen y que iba a ser uno de los primeros en saber de la aparición del oficial inglés muerto en el mar. La aparición de un cadáver flotando en las aguas de un pequeño pueblo de pescadores no pasaría desapercibida para las autoridades locales y tampoco lo sería para Clauss. Si lograban que el espía se tragara el señuelo y trasladara la información sustraída al cuerpo al alto mando alemán, la misión habría sido un éxito.

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PREPARANDO EL "SEÑUELO"

Los aliados metieron el cadáver en un contenedor estanco dentro del submarino HMS SeraphEl traslado por mar evitaría, así, atravesar territorio enemigo. La idea era que los alemanes creyeran que el muerto había sido víctima de un accidente de aviación. El deterioro que sufriría el cuerpo dentro del agua posiblemente también evitaría que la autopsia revelara el tiempo transcurrido desde que se produjo la muerte, lo que podría poner en peligro la trama. Un cuerpo flotando en el mar puede tardar varios días en ser recuperado y su proceso de deterioro complica el diagnóstico de los motivos reales de la muerte. Los vuelos entre Inglaterra y el norte de África eran frecuentes, sobre todo entre los oficiales británicos que actuaban como enlaces. Esto se sabía en Berlín, por lo que la posibilidad de que uno de esos vuelos hubiese sido derribado por las baterías antiaéreas que vigilaban la costa resultaba perfectamente creíble.


OFICIALES A BORDO DEL HMS SERAPH, EL SUBMARINO ESCOGIDO PARA LA OPERACIÓN, EN DICIEMBRE DE 1943.

El deterioro del cuerpo dentro del agua posiblemente también evitaría que la autopsia revelara el tiempo transcurrido desde que se produjo la muerte, lo que podría poner en peligro la trama.

A las 4,30 h. del 30 de abril, se dispuso el cadáver de Glyndwr Michael en la cubierta del submarino, tras colocarle un tipo de chaleco salvavidas al que apodaban Mae West (como la diva norteamericana del cine de la época), se le esposó a la muñeca el maletín donde guardaría los documentos confidenciales que debían ser interceptados por la Abwehr, la inteligencia alemana. En su cuello pusieron una cadena con una cruz de plata y placas de identificación en las que podía leerse su nueva identidad, William Martin: "Major Martin, R.M., R/C", y cuyo significado era: "Mayor Martin, Royal Marine, Católico Romano". Si todo salía como estaba previsto, la identificación garantizaría que fuera enterrado en el cementerio católico de Huelva y no en el de la colonia inglesa de Gibraltar por lo que las tareas de investigación de los espías alemanes, que actuaban libremente y con el beneplácito de las autoridades españolas en el cementerio onubense, serían coser y cantar. En el maletín también se incluía una carta de su padre, algunas llaves y recibos bancarios atrasados que explicaban los movimientos de Martin los días previos a su partida. Era fácil deducir, por los objetos que portaba, que era un hábil especialista en organizar maniobras militares anfibias, motivo por el que había sido destinado al frente del norte de África.

En el maletín también había una carta de su padre, algunas llaves y recibos bancarios atrasados que explicaban los movimientos de Martin los días previos a su partida.

¡EMPIEZA LA FUNCIÓN!

A las 7,30 h., el cuerpo fue avistado por José Antonio Rey, el pescador que se encargaría de rescatar el cadáver. Tras avisar rápidamente a las autoridades locales, estas informaron del hallazgo a la Comandancia de Marina y, desde allí, ordenaron el traslado del cuerpo a Huelva para que fuera analizado. El juez instructor de la Marina de Huelva encargado del levantamiento del cadáver fue Mariano Pascual del Pobil, el cual se hizo cargo del maletín recuperado y se dispuso a entregárselo a su amigo personal, el vicecónsul británico Francis Haselden, el cual estaba al tanto de la operación.

Haselden rechazó el maletín, solicitando a Mariano Pascual que siguiera el trámite legal con las pertenencias del ahogado y se las entregara a las autoridades españolas. Eso quería decir que en poco tiempo caerían en manos de los espías alemanes. El informe de la autopsia señaló que Martin había fallecido aproximadamente entre cinco y diez días atrás. A pesar de que el informe también reflejaba la extrañeza del forense al no observar las típicas mordeduras de los peces, características de alguien que lleva días en el mar, los espías alemanes no prestaron atención a estos datos ni a ningún otro ya que estaban más interesados en acceder a la documentación rescatada del maletín. De haberlo hecho tal vez se hubieran dado cuenta de que entre los objetos hallados había unas entradas de teatro al cual, supuestamente, habría asistido Martin con su prometida en la víspera de su misión, el 22 de abril.

A pesar de que el informe también reflejaba la extrañeza del forense al no observar las típicas mordeduras de los peces, los espías alemanes no prestaron atención.

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"SE HAN TRAGADO TODA LA CARNE PICADA"

Adolf Clauss, el espía alemán afincado en Huelva, tenía acceso a la Comandancia de Marina y, por lo tanto, a la documentación incautada. Después de fotografiarla, envió las imágenes a los servicios secretos alemanes antes de que los británicos solicitaran al embajador del Reino Unido en España, sir Samuel Hoare, que mediara ante el Gobierno español para que éste devolviera los documentos. Cuando finalmente llegaron a Inglaterra, Ewen Montagu pudo comprobar que los alemanes los habían estado manipulando y que, por lo tanto, el contenido había llegado precisamente a donde tenía que llegar.

Adolf Claus tenía acceso a la Comandancia de Marina y por lo tanto a la documentación incautada. Después de fotografiarla, envió las imágenes a los servicios secretos alemanes.

Cuando el embajador británico Haselden recibió el cuerpo del comandante Martin, organizó el entierro el día 2 de mayo. Se le rindieron todos los honores militares y se procuró que no faltara ningún detalle, incluida una corona de flores enviada por su prometida, Pamela, y también por su familia.


IMAGEN DE PAM, LA NOVIA FICTICIA, QUE LLEVABA CONSIGO EL COMANDANTE WILLIAM MARTIN.


Para comunicar el final de la operación, Montagu envió un mensaje cifrado a Winston Churchill, que en ese momento se encontraba de viaje oficial a los Estados Unidos, con el texto: "Mincemeat Swallowed Whole" ("Se han tragado toda la carne picada"). La invasión de Sicilia se llevó a cabo desde el sur, cuando todas las defensas alemanas estaban orientadas hacia el norte. Los aliados sorprendieron a italianos y alemanes, que aún mantenían centrada su atención en Cerdeña. El 17 de agosto, el general Patton del Séptimo Ejército y el mariscal de campo Montgomery del Octavo Ejército tomaron la isla. Gracias al éxito de la operación Mincemeat, el coste de vidas humanas tanto en el bando aliado como en el alemán se se vio ampliamente reducido.

A día de hoy, el comandante William Martin sigue enterrado en el cementerio de Huelva convertido, sin saberlo, en el principal testigo de una de las operaciones más famosas del contraespionaje.


NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

sábado, 2 de junio de 2018

ITALIA : HISTORIA .- NATIONAL GEOGRAPHIC .- El aceite de oliva más antiguo de Italia ha sido hallado en esta vasija................ El aceite, artículo multiusos de los romanos

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., , la Revista National Geographic, nos informa del hallazgo de una vasija muy grande de forma ovoidal, conocida con el nombre de Pithos, que contenía aceite de oliva, que corresponde a la Edad del Bronce; que una vez restaurada presentaba los siguientes elementos: varias asas en la parte superior y una decoración peculiar formada por unas bandas a modo de cuerdas. En el mismo sitio arqueológico se encontraron dos cuencos fragmentados con una división interna para mantener múltiples sustancias juntas pero separadas, además de un plato grande de terracota para cocinar.
En 1997 finalizaron varias campañas de excavación dirigidas por Giuseppe Voza en un asentamiento prehistórico de comienzos de la Edad del Bronce en Castelluccio di Noto, en la provincia de Siracusa, en el sureste de Sicilia. La denominada Cabaña 8, abandonada a mediados del IV milenio a.C., debió de tener una función importante en el pasado. En el centro de la cabaña se encontraron más de 400 fragmentos de una vasija grande de forma ovoidal.

http://www.nationalgeographic.com.es/historia/actualidad/aceite-oliva-mas-antiguo-italia-ha-sido-hallado-esta-vasija_12770
http://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/aceite-articulo-multiusos-romanos_11568/1
Los análisis químicos realizados en tres recipientes de comienzos de la Edad del Bronce demuestran que el aceite de oliva se usó en Italia 700 años antes de lo que se creía

Vasija prehistórica
Vasija grande de forma ovoidal, conocida como pithos, que antiguamente contenía aceite de oliva. Fue hallada muy fragmentada y, una vez restaurada, presentaba los siguientes elementos: varias asas en la parte superior y una decoración peculiar formada por unas bandas a modo de cuerdas.
Foto: Regione Sicilia-Polo Regionale di Siracusa per i siti e musei archeologici Museo Paolo Orsi

Cabaña 8
La denominada Cabaña 8, abandonada a mediados del IV milenio a.C., debió de tener una función importante en el pasado. Fue excavada en un asentamiento prehistórico de comienzos de la Edad del Bronce en Castelluccio di Noto, en la provincia de Siracusa, en el sureste de Sicilia.
Imagen: USF
Alec Forssmann
31 de mayo de 2018

El aceite de oliva más antiguo de Italia ha sido hallado en esta vasija
 En 1997 finalizaron varias campañas de excavación dirigidas por Giuseppe Voza en un asentamiento prehistórico de comienzos de la Edad del Bronce en Castelluccio di Noto, en la provincia de Siracusa, en el sureste de Sicilia. La denominada Cabaña 8, abandonada a mediados del IV milenio a.C., debió de tener una función importante en el pasado. En el centro de la cabaña se encontraron más de 400 fragmentos de una vasija grande de forma ovoidal, conocida como pithos, que una vez restaurada presentaba los siguientes elementos: varias asas en la parte superior y una decoración peculiar formada por unas bandas a modo de cuerdas. En el mismo sitio arqueológico se encontraron dos cuencos fragmentados con una división interna para mantener múltiples sustancias juntas pero separadas, además de un plato grande de terracota para cocinar.


"Estos recipientes eran típicos de la vajilla siciliana de finales del III milenio y comienzos del II milenio a.C., a comienzos de la Edad del Bronce. Queríamos saber cómo fueron utilizados, así que realizamos análisis químicos de los residuos orgánicos hallados en el interior", explica Davide Tanasi, de la Universidad del Sur de Florida, quien ha dirigido los análisis químicos, cuyos resultados han sido publicados en Analytical Methods. Los tres objetos han sido analizados con técnicas usadas tradicionalmente y con éxito en la arqueología cerámica: la cromatografía de gases, la espectrometría de masas y la resonancia magnética nuclear.


Las tres muestras contenían ácido oleico y ácido linoleico, característicos del aceite de oliva
El equipo de investigadores descubrió que los residuos orgánicos de las tres muestras contenían ácido oleico y ácido linoleico, ambos característicos del aceite de oliva. "Los resultados obtenidos en las tres muestras de Castelluccio son las primeras evidencias químicas del aceite de oliva más antiguo de la prehistoria italiana, por lo que la producción sistemática de aceite de oliva retrocede, al menos, 700 años", afirma Tanasi.


El aceite, artículo multiusos de los romanos

En la antigua Roma, el aceite de oliva se utilizaba para aliñar los platos, iluminar las casas o cuidarse la piel en las termas



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Una factoría aceitera romana
El método de extracción del aceite de oliva era totalmente manual e implicaba un enorme esfuerzo físico. En este dibujo se muestran los diversos sistemas de molienda de la aceituna para la obtención del aceite, en los que participaba mano de obra esclava, en algunos casos ayudada por animales de carga. 
Ilustración: Inklink Musei - Sovrintendenza Archeologica di Firenze

Factoría de producción de aceite de oliva en el norte de África
En el espacio central, o "torcularium", se encuentran las prensas para elaborarlo. La provincia de la Bética, la actual Andalucía, se convirtió durante el Alto Imperio en el centro más importante de producción de aceite. Según Plinio, sólo el procedente de Histria (actual Croacia) y el aceite licinio, originario de la Campania italiana, superaban en calidad al aceite andaluz. Desde las ciudades béticas se exportaba a todo el Imperio, tanto para abastecer al ejército como a la propia Roma. A partir de Augusto, el emperador pasó a controlar la producción del aceite bético, marcando asimismo el precio de mercado. Era un comercio que iba de la mano de las salazones de pescado,  que también contaban en la zona andaluza con un importante foco de producción. Durante el Bajo Imperio, África se erigió como otro importante centro de producción de aceite, compitiendo directamente con la Bética.
Foto: Acuarela de Jean-Claude Golvin. Musée départemental Arles antique. © éditions errance
Recogida de la aceituna. Museo Arqueológico, Córdoba.
Dieta de olivas
Las aceitunas eran un alimento muy difundido en Roma. En su tratado sobre las labores agrícolas, Catón el Viejo recomendaba a los terratenientes conservar las olivas que caían espontáneamente del árbol y usarlas como alimento de los esclavos.
Foto: Prisma / Album

Ánforas especiales
Para comercializar y transportar el aceite se usaban ánforas. En el caso de la Bética, se empleaba un tipo de ánfora olearia llamada Dressel 20 (como la de la imagen), caracterizada por su forma globular y cuello corto, menos estilizada que las usadas para el vino o las salazones de pescado. Se han localizado cerca de un centenar de alfares a orillas del Genil y Guadalquivir.
Foto: Prisma archivo

Mosaico del siglo III
Dos esclavos manejan una  prensa para machacar las aceitunas. Museo de Saint-Romain-en-Laye.
Foto: Dea / Scala, Firenze

Bronce del siglo I
Lucerna en forma de máscara de comedia. Las lucernas eran huecas y se llenaban con aceite de mala calidad que empapaba una mecha. Museo de Rabat.
Foto: Dea / Album
María José Noain
14 de mayo de 2018

El aceite, artículo multiusos de los romanos
"Hay dos líquidos que son especialmente agradables para el cuerpo humano: el vino por dentro y el aceite por fuera. Ambos son los productos más excelentes de los árboles, pero el aceite es una necesidad absoluta, y no ha errado el hombre en dedicar sus esfuerzos a obtenerlo". No erraba Plinio el Viejo al expresarse de este modo en su Historia natural: el aceite de oliva fue un producto indispensable para la vida diaria de los antiguos romanos, que no sólo lo usaban como ingrediente en la cocina, sino también como combustible para la iluminación y como un higiénico ungüento en las termas. No es extraño que en torno a él se desarrollara toda una industria de producción, comercialización y transporte.
La elaboración de aceite en la antigua Roma vino de la mano de fenicios y griegos, aunque fueron los romanos quienes lo produjeron a gran escala y lo convirtieron en algo consumido habitualmente por todas las clases sociales. El aceite se obtenía en las villas, explotaciones agrícolas de carácter rural que también solían cultivar cereal y elaborar vino. Imperio Romano


Producción y categorías

Tras su recolección, la aceituna se almacenaba en el tabulatum, una estancia con un suelo impermeabilizado y ligeramente inclinado sobre el que se depositaba la aceituna para que soltara el alpechín. Este líquido oscuro y maloliente, según nos narra el mismo Plinio, podía ser empleado como insecticida, herbicida y fungicida.


Tras este paso, se procedía a la molienda. Los distintos mecanismos que se empleaban molían las aceitunas sin romper el hueso, puesto que se consideraba que éste daba mal sabor al aceite. El sistema de molienda más común era el trapetum. Este gran molino se componía de una zona fija denominada mortarium y de dos piedras semiesféricas llamadas orbis, que dos hombres hacían girar sobre el mortarium empujando un eje horizontal. Así se obtenía una pasta de aceitunas que se sometía al prensado en una habitación conocida como torcularium. En este espacio se encontraba la prensa (llamada también, por extensión, torcularium), un complejo mecanismo capaz de someter la pasta a una gran presión. El aceite así obtenido se decantaba en grandes vasijas globulares de cerámica llamadas dolia, que solían estar semienterradas, y luego se almacenaba en ánforas en la llamada cella olearia.
El oleum omphacium, el de mejor calidad, se extraía de las aceitunas aún verdes y se elaboraba en septiembre
Según su calidad, el aceite se dividía en tres tipos. El oleum omphacium, el de mejor calidad, se extraía de las aceitunas aún verdes y se elaboraba en septiembre. Se destinaba principalmente a las ofrendas religiosas y la fabricación de perfumes que, siglos antes de la incorporación del alcohol, utilizaban el aceite como base. En palabras de Plinio, "el mejor [aceite] de todos lo da la aceituna verde y que aún no ha empezado a madurar; éste es de un sabor excelente. Cuanto más madura es la aceituna tanto más grasiento y menos agradable es el jugo". El oleum viride se elaboraba en diciembre, con aceitunas que variaban entre el verde y el negro. Era un aceite más suave y afrutado. Por último, el oleum acerbum se fabricaba con las aceitunas que habían caído al suelo y por este motivo era de inferior calidad.


La categoría intermedia, es decir, el oleum viride, que era el más empleado en gastronomía, podía dividirse a su vez en tres variedades según su calidad: el oleum flos era el aceite virgen obtenido con la primera presión, que podríamos equiparar a nuestro aceite virgen extra; el oleum sequens era un aceite de calidad inferior, ya que se obtenía con una segunda presión, más intensa, y por último, el oleum cibarium, el más ordinario de los tres, provenía de las siguientes prensadas.

Aceite en todos los platos

Como ocurre hoy en día en la denominada "dieta mediterránea", el aceite era un elemento fundamental de la alimentación romana. Apicio, en su célebre recetario De re coquinaria, nombra el aceite en más de trescientas recetas. Podía usarse tanto para aliñar como para condimentar, cocinar y freír. Además era un ingrediente básico en la preparación de salsas; aunque éstas variaban según el tipo de alimento al que acompañaban, todas tenían en común el aceite. Por ejemplo, para la carne hervida Apicio recomienda una salsa blanca compuesta de "pimienta, garum, vino, ruda, cebolla, piñones, vino aromático, un poco de pan macerado para espesar y aceite". Además, antes de servir un plato en la mesa, fuera a base de pescado, carnes, verduras o legumbres, era frecuente rociarlo con unas gotas de aceite. Éste tenía igualmente cabida en la repostería. Apicio nos da la fórmula de un "plato que puede usarse como dulce": "Tostar piñones, nueces peladas; mezclar con miel, pimienta, garum, leche, huevos, un poco de vino puro y aceite".
Una receta dulce de Apicio decía: "Tostar piñones, nueces peladas; mezclar con miel, pimienta, garum, leche, huevos, un poco de vino puro y aceite"
Un indicativo de la importancia del aceite en la dieta romana es que Julio César lo incorporó a la annona, abastecimiento gratuito de grano que se entregaba al ejército para su manutención. A partir de entonces, la demanda de aceite se incrementó en gran manera. La presencia de este producto entre los soldados acantonados en la frontera norte del Imperio indica que los pueblos del centro y norte de Europa lo fueron incorporando a su dieta.

Ungüentos y perfumes

El aceite tenía otras utilidades fundamentales en la vida cotidiana de los romanos. Por un lado, se empleaba como combustible para la iluminación. Los romanos utilizaban lucernas fabricadas a molde y huecas que se llenaban con el aceite de oliva de peor calidad. Éste empapaba una mecha de fibras vegetales, como lino hilado o papiro, que de este modo podía mantenerse largo tiempo encendida.
El aceite se utilizaba también como ungüento; de ahí justamente la frase de Plinio "el vino por dentro y el aceite por fuera". Los que practicaban ejercicio físico en las termas se ungían el cuerpo con aceite antes de entrenarse en la palestra o gimansio. De esta forma protegían su piel del sol y la hidrataban. Tras el entrenamiento se limpiaban el cuerpo con un estrígilo, una herramienta curvada de bronce que les permitía quitarse la capa de aceite, polvo y sudor acumulada. Aunque cueste creerlo, esta mezcla era muy cotizada y los directores de los gimnasios la vendían para usos medicinales. Como explicaba Plinio, "es conocido que los magistrados que estaban a su cargo [de la palestra] llegaron a vender las raspaduras del aceite a ochenta mil sestercios". El equipo del deportista incluía, por tanto, uno o varios estrígilos y un pequeño frasco, también de bronce o vidrio, donde guardar el aceite.


No sólo los deportistas lo utilizaban; el aceite también se aplicaba como un hidratante corporal y como ungüento para curar heridas. En medicina podía usarse solo o como excipiente, y se prescribía para tratar úlceras, calmar los cólicos o bajar la fiebre. Los unguenta, modalidad de aceite perfumado asociado con la cosmética y la perfumería, se extendieron entre la sociedad romana a partir del siglo II a.C. No sólo tenían como base el aceite de oliva, sino que también podían emplear otras modalidades como el aceite de almendra, de laurel, de nueces o de rosas. A los difuntos también se los ungía con estos aceites perfumados, de ahí que los pequeños ungüentarios de vidrio fueran un objeto habitual en los ajuares funerarios.


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Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
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martes, 5 de septiembre de 2017

HISTORIA : SICILIA .- BBC Mundo Noticias .- Segesta, el templo olvidado de Sicilia

http://www.nationalgeographic.com.es/fotografia/foto-del-dia/segesta-templo-olvidado-sicilia_11781

https://es.wikipedia.org/wiki/Sicilia

https://es.wikipedia.org/wiki/Segesta_(Sicilia)

El majestuoso templo de Segesta

El yacimiento de Segesta dista 10 kilómetros de la costa y 50 kilómetros de Palermo. Su estructura de 36 columnas dóricas se conserva en excelente estado, gracias tal vez al hecho de que nunca llegó a cubrirse y por tanto carecía de interés para los saqueadores.

Los antiguos griegos construyeron algunos monumentos fascinantes en la mayor isla del Mediterráneo que todavía guardan parte del esplendor que tuvieron

El templo de Segesta se alza solitario en un valle tapizado de vegetación del noroeste de Sicilia. Desde su enclave parece mirar melancólico hacia los restos de Egesta, la ciudad griega que lo vio nacer en el siglo V a.C. Su estructura de 36 columnas dóricas se conserva en excelente estado, gracias tal vez al hecho de que nunca llegó a cubrirse y por tanto carecía de interés para los saqueadores.
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El legado de Grecia en Sicilia

El legado de Grecia en Sicilia

Los únicos que hoy merodean el templo son los pastores con sus rebaños y los turistas, pero en el pasado Segesta sufrió los continuos asedios de las tropas de Selinunte, el rico centro comercial de la Magna Grecia que quería asegurarse un puerto en el mar Tirreno. Aquella salida al mar es actualmente el pueblo costero de Castellammere del Golfo.
El poeta romano Virgilio ya escribió que la mejor vista de Segesta la ofrecía el monte Barbaro (431 metros). Hoy un autobús supera los 2 kilómetros hasta lo alto del cerro, aunque se aconseja subir a pie, pasando junto a los vestigios de la ciudad primitiva. Arriba se alcanza el teatro (III a.C.), que en verano acoge obras clásicas. Sus gradas para 3.000 personas siguen regalando aquel bello panorama, con el valle alrededor del templo y de fondo, el Mediterráneo.
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Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
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