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sábado, 17 de diciembre de 2022

EL GUERRERO DEL ISLAM: Saladino, el Sultán que conquistó Jerusalén durante Las Cruzadas. Saladino, el gran héroe del mundo islámico

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., el mundo musulmán, siempre ha estado en guerra contra los cristianos, sobre todo en la Edad Media; a quienes los consideran como "herejes", uno de estos sultanes es recordado como el Salah ad-Din, o Saladino, quien creando grandes extensiones territoriales, desde el norte de África, se hizo sultán de Egipto y se propuso eliminar a los estados cristianos del Medio Oriente, se enfrentó a las tropas de las Cruzadas y finalmente conquistó Jerusalén en 1,187, cuya pugna con el rey Ricardo Corazón de León, Rey de Inglaterra, e la III Cruzada, se convirtió en mítica tanto para los cristianos como para los musulmanes y le ganó la fama de caballerosidad medioeval incluso para sus propios enemigos, siendo una figura admirada en la cultura árabe, kurda y los propios musulmanes  ............. ..sigamos leyendo.......................

La guerra santa que Saladino declaró a los cruzados en Palestina culminó con la conquista de Jerusalén en 1187. Su pugna con Ricardo Corazón de León le ganó fama de gran general y monarca compasivo y tolerante.

Saladino era más bien bajo y de complexión frágil, muy moreno y de rostro amable. 

Óleo por Cristofano dell’Altissimo. Siglo XVI. Galería de los Uffizi, Florencia.

Foto: Wikimedia Common

Retrato de Saladino (antes de 1185 d. C.; corta)

Al-Nāsir Ṣalāḥ ad-Dīn Yūsuf ibn Ayyūb (en kurdoSelahedînê Eyûbî; en árabeصلاح الدين يوسف بن أيوب‎), más conocido en Occidente como SaladinoSaladínSalahadín o Saladine (2 de febrero del 1137Tikrit (Irak)-4 de marzo de 1193Damasco),1​ fue uno de los grandes gobernantes del mundo islámico, siendo sultán de Egipto y Siria e incluyendo en sus dominios PalestinaMesopotamiaYemenHiyaz y Libia.2​ Con él comenzó la dinastía ayubí, que gobernaría Egipto y Siria tras su muerte.

Defensor del islam y particularmente de la ortodoxia religiosa representada por el sunismo, unificó política y religiosamente el Oriente Próximo al combatir y liderar la lucha contra los cristianos cruzados y acabar con doctrinas alejadas del culto oficial musulmán que representaba el Califato abasí. Es particularmente conocido por haber vencido en la batalla de Hattin a los cruzados, tras lo cual volvió a ocupar Jerusalén para los musulmanes y se tomó Tierra Santa. El impacto de este acontecimiento en Occidente provocó la Tercera Cruzada liderada por Ricardo I de Inglaterra que se convirtió en mítica tanto para cristianos como para musulmanes.

Su fama trascendió lo temporal y se convirtió en un símbolo de caballerosidad medieval, incluso para sus enemigos. Sigue siendo una figura muy admirada en la cultura árabekurda y religión musulmana.

https://es.wikipedia.org/wiki/Saladino

WIKIPEDIA.

A finales del siglo XII, la Tercera Cruzada en Tierra Santa reunió a algunos de los más grandes príncipes cristianos del momento: Federico Barbarroja, emperador de Alemania; Felipe Augusto, rey de Francia, y Ricardo Corazón de León, rey de Inglaterra y duque de Normandía.

La llegada de todos ellos a Palestina tenía un solo objetivo: hacer frente a un sultán de origen kurdo que en unos pocos años había creado un vasto imperio islámico en todo el Próximo Oriente y que, en una serie de campañas fulgurantes, había reducido las posesiones cristianas en la región a unos pocos enclaves costeros.


Ricardo Corazón de León descabalga a Saladino, salterio Luttrell (1325-1340), Museo Británico, Londres.

Foto: Cordon Press


Salah ad-Din, Saladino para los cronistas cristianos, galvanizó el ímpetu guerrero musulmán y demostró que los cruzados podían ser vencidos y expulsados de Tierra Santa, como en efecto sucedería un siglo después. Nacido en Tikrit, al norte del actual Iraq, en 1138, en el seno de una familia de militares kurdos, su carrera militar y su personalidad dejaron una profunda huella en sus contemporáneos, incluso entre sus enemigos. Generoso, piadoso y valiente, dio a los cruzados un ejemplo de nobleza y caballerosidad que se haría legendario.

DUEÑO DE EGIPTO

Por aquel entonces, el Islam se extendía por un territorio amplísimo: Asia Central, la zona del mar Caspio, Iraq, Mesopotamia, Arabia, Palestina, Siria y Egipto, hasta el norte de África y la parte meridional de la península Ibérica. Sin embargo, ese extenso espacio no estaba unificado políticamente. En Bagdad, los califas abasíes ejercían una autoridad nominal, puesto que el poder real estaba en manos de sus visires o sultanes turcos, jefes de tribus que habían penetrado desde Asia Central hacía tiempo y que, tras convertirse al Islam, se constituyeron en tropas mercenarias al servicio de los califas.

El último de estos linajes turcos en alzarse con el poder en Mesopotamia y Siria fue el de los zangíes. Zangi y, a partir de 1148, su hijo y sucesor Nur al-Din crearon en la región un gran Estado formalmente sometido al califa de Bagdad. Como musulmán ortodoxo, suní –la fe religiosa dominante en el Islam, que se consideraba heredera del Profeta–, Nur al-Din pretendía establecer una nueva unidad, política y religiosa, en el mundo islámico, para así asegurar al mismo tiempo su propio poder, reciente y aún no bien asentado. El instrumento para lograrlo era la guerra santa, la yihad, preconizada por Mahoma, según el cual todo buen musulmán tenía la obligación de defender su fe con las armas.


La mezquita de Ibn Tulum es la más antigua de El Cairo y fue erigida poco antes de que los fatimíes conquistasen la ciudad. Tras la muerte del último califa fatimí, en 1171, Saladino quedó como dueño indiscutible de Egipto.

Foto: iStock


Nur al-Din se dirigió, pues, contra quienes consideraba enemigos de la fe musulmana. El primero de sus objetivos lo constituyó el califato fatimí, un Estado que se extendía por todo el norte de África, desde Egipto hasta el Magreb, y que había surgido en el siglo X a partir de un movimiento religioso muy estricto, de tendencia chií.
En la década de 1160, Nur al-Din extendió su influencia en este territorio enviando tropas con el pretexto de defender al califa fatimí de sus enemigos. Fue entonces cuando destacó por primera vez la figura de Saladino, que llegó a Egipto acompañando al lugarteniente del sultán turco, su tío Shirkuh.


Patio de la Gran Mezquita de Damasco, con la cúpula del Tesoro en primer término. Saladino ocupó la ciudad en 1174, lo que le dio el control de toda Siria. Murió allí en 1191 y fue enterrado en un mausoleo situado detrás de la mezquita.

Foto: iStock


Cuando éste murió en 1169, Saladino se convirtió en el hombre fuerte en Egipto y concibió el proyecto de crear un Estado propio bajo su única dirección. En 1171 abolió el califato fatimí, al tiempo que acometía una serie de campañas de conquista en el norte de África. Cuando tres años después falleció Nur al-Din, su herencia recayó en su hijo, un niño de apenas once años, As-Saleh. Saladino se declaró su tutor, y desde esa posición se lanzó durante la década siguiente a la conquista de Siria y Mesopotamia, hasta convertirse en dominador de todo el Próximo Oriente, sobre todo después de la repentina muerte del hijo de Nur al-Din en 1181, lo que le permitió asumir todo el poder. La conquista de Alepo en 1183, plaza que se mantuvo durante mucho tiempo fiel al linaje de Nur al-Din, afianzó definitivamente su poder.

GUERRA CONTRA LOS CRISTIANOS

Como soberano, Saladino, para evitar divisiones y problemas internos, decidió intensificar la política de unidad religiosa según los principios de la ortodoxia suní. Impulsó para ello la creación de numerosas madrasas, lugares de estudio del Corán donde se preparaban los futuros dirigentes religiosos y políticos musulmanes. Desde las madrasas se hacía una ferviente defensa de la ortodoxia suní, y en ellas Saladino encontró apoyo para su lucha contra los fatimíes de Egipto, que al fin y al cabo constituyó una guerra santa contra musulmanes.

Consecuencia inevitable de esta política de unidad y fervor religioso fue el enfrentamiento directo contra el gran enemigo de la fe islámica en el Próximo Oriente: los Estados cristianos establecidos en Palestina y Siria. Las dos primeras cruzadas, emprendidas en 1095 y 1145, había supuesto la llegada de guerreros cristianos a los territorios próximos a Jerusalén, en la Palestina y Siria actuales. Fueron empresas victoriosas, y dieron lugar a la conquista de Jerusalén y de una serie de territorios que se repartieron entre los principales caballeros, formando pequeños dominios feudales.


Coronación de Guido de Lusignan como rey de jerusalén por su esposa Sibila. Historia de Guillermo de Tiro, 1770-1779, Biblioteca Nacional de Francia, París.

Foto: Wikimedia Commons

Saladino necesitaba derrotar a los cruzados para asegurar su autoridad, pues en esos años no le faltaron los rivales internos, como prueban los varios intentos de envenenamiento que sufrió y los dos atentados que organizaron contra él los «asesinos», una secta chií conocida por su consumo ritual de hachís (de ahí su nombre, hashshashin). La guerra contra los cristianos serviría para aglutinar a todos los creyentes bajo el liderazgo del «sultán del Islam y de los musulmanes», como Saladino se tituló desde 1184.

Saladino supo utilizar con gran habilidad las diferencias que existían entre los distintos Estados cristianos: el reino de Jerusalén, el condado de Trípoli y el principado de Antioquía. Algunos cruzados, sobre todo los recién llegados, eran partidarios de hacer constantemente la guerra contra los musulmanes para mantener así el espíritu de cruzada. Otros, en cambio –como Raimundo, conde de Trípoli, con quien Saladino mantuvo cordiales relaciones–, preferían la convivencia pacífica, en parte por motivos económicos, pues empleaban a campesinos musulmanes para cultivar sus tierras.

LA CONQUISTA DE JERUSALÉN

En 1185, la muerte del rey Balduino IV el Leproso abrió una crisis en el reino de Jerusalén que dio alas a los elementos más belicistas entre los cristianos y provocó, a la postre, la guerra abierta. El detonante fueron las provocaciones contra los musulmanes de un señor cristiano de frontera, Reinaldo de Châtillon, quien, después de una incursión contra La Meca, la ciudad sagrada de los musulmanes, atacó en 1186 una caravana árabe.


Saladino derrota a los cruzados en Hattin, miniatura de un manuscrito del siglo XII.

Foto: Cordon Press

Saladino consideró rota la tregua que desde el año anterior regía entre cristianos y musulmanes y reunió tropas propias y de sus aliados para atacar el reino de Jerusalén. En 1187 Guido de Lusiñán, que acababa de ser coronado soberano de Jerusalén por la facción más belicista de los cruzados, lanzó una gran ofensiva contra Saladino cerca de Tiberíades, pero el sultán logró cercar el ejército cristiano y le infligió una aplastante derrota en Hattin, el 4 de julio de 1187. El caudillo victorioso permitió escapar a Raimundo de Trípoli con sus hombres, pero exigió un elevado rescate por los demás caballeros apresados, entre ellos Guido. A Reinaldo de Châtillon, también capturado, Saladino lo ejecutó con sus propias manos, tal como había prometido tras la incursión del cruzado contra La Meca.

A partir de este momento, Saladino fue ocupando las plazas más importantes de los cruzados: la propia Tiberíades, Acre, Ascalón, Gaza... La última etapa de este avance era la ciudad de Jerusalén. Entre los cristianos de la Ciudad Santa había dos grupos bien definidos: los cristianos ortodoxos, que prestaban obediencia al Patriarca de Constantinopla, y los seguidores del Papa de Roma. Los primeros estaban dispuestos a entregar la ciudad a cambio de que se respetara el culto cristiano, pero los católicos se opusieron. Por ello, el 20 de septiembre de 1187, Saladino puso sitio a la ciudad. Sin tropas para defenderla, los cristianos se vieron forzados a abrirle las puertas el 2 de octubre.

SALADINO Y RICARDO

Con la conquista de Jerusalén, Saladino había dado a Occidente el pretexto que esperaba para emprender una nueva guerra santa: la Tercera Cruzada. Desde 1189 empezaron a llegar barcos con cruzados para poner sitio a Acre, cuyo puerto pretendían utilizar como base de operaciones en la guerra contra el sultán. En el mes de octubre del mismo año llegó por tierra a Constantinopla un poderoso ejército al mando del emperador de Alemania, Federico Barbarroja. Sus tropas tuvieron grandes problemas al atravesar Asia Menor en el verano del año siguiente y el emperador murió ahogado mientras se bañaba en un arroyo, posiblemente a causa de un ataque al corazón. Esto motivó que su ejército se dispersara por territorio turco y bizantino, sin lograr ningún éxito.

En abril de 1191 llegaron las tropas del rey Felipe Augusto de Francia, que estrecharon el cerco sobre Acre, y a primeros de junio arribó el rey de Inglaterra, Ricardo Corazón de León. Las relaciones entre ambos monarcas europeos no fueron fáciles; se habían unido circunstancialmente en defensa de la fe cristiana y para obedecer al Papa, pero tenían intereses contrapuestos. Al francés le afectó el clima y siempre estaba enfermo, lo que hizo que, tras lograr conquistar finalmente Acre en julio de 1191, considerara cumplida su misión y volviera a Francia.


Felipe Augusto embarca hacia Tierra Santa. Iluminación de Pasajes de Ultramar publicado por Sébastien Mamerot y Jean Colombe en el siglo XV.

Foto: Wikimedia Commons

Ricardo, por su parte, emprendió una ofensiva inicialmente exitosa contra las posiciones de Saladino en la costa palestina. En 1192 volvió a fortificar Ascalón y llegó a amenazar Jerusalén. Al mismo tiempo, el monarca inglés sentía una extraña fascinación por Saladino, cuya fama había llegado a Inglaterra. Desde el primer momento pretendió mantener una entrevista con el sultán y llegar a algún acuerdo con él.

Así, viendo que no iba a conseguir reconquistar Jerusalén, quiso concertar el matrimonio de su hermana Juana, que acababa de enviudar, con un hermano de Saladino, Al Adil, creando para ellos un reino con las tierras y ciudades de la franja litoral. El futuro novio no veía mal la boda; Saladino, escéptico, también aceptó, pero Ricardo comunicó al final que su hermana se negaba a casarse con un musulmán.


Krak de los caballeros, en Siria. Esta fortaleza cruzada fue erigida para proteger la ruta entre Homs y Trípoli. Saladino la asedió infructuosamente en 1188.

Foto: iStock

Ricardo no logró sus propósitos frente a Saladino, ni por la fuerza ni mediante la diplomacia. La personalidad y la política de ambos rivales eran muy divergentes. El monarca inglés luchaba por el éxito a toda costa y no se detuvo ante las medidas más extremas, como la masacre de 3.000 prisioneros musulmanes en Acre. Saladino también protagonizó acciones cruentas, como la ejecución de 200 caballeros templarios y hospitalarios capturados en Hattin; pero, en general, utilizó la clemencia y la negociación como sus mejores armas.

En las negociaciones, Ricardo exigió la devolución de Jerusalén, pero Saladino se negó en redondo; «la Ciudad Santa es tan nuestra como vuestra», le respondió. Aceptaba, eso sí, que los cristianos pudieran peregrinar a ella para rezar en los Santos Lugares. Ricardo I estaba ansioso por volver a Inglaterra, y fue así como en septiembre de 1192 se acordó una paz por cinco años, por la que los cruzados se aseguraban el dominio de la franja costera entre Tiro y Jaffa, pero renunciaban a la reconquista de Jerusalén.

EL FINAL DEL HÉROE DEL ISLAM

Saladino no disfrutó mucho tiempo de su éxito: murió tan sólo seis meses después de la firma de la paz, el 2 de marzo de 1193, en Damasco, rodeado de sus numerosos hijos y de su única hija, de sus mujeres y de sus fieles. Tenía 55 años, aunque sus continuos achaques lo habían envejecido prematuramente. En los últimos tiempos se hizo acompañar por Maimónides, filósofo y médico judío andalusí, al que había hecho venir desde Córdoba, y se complacía con su sabiduría.

En el Occidente cristiano, los caballeros que habían vuelto de la cruzada sin haber podido reconquistar Jerusalén propagaron, para justificar su derrota, mil historias crueles sobre Saladino y su ejército. Pero pronto se impuso, incluso en Europa, la imagen del sultán que ha llegado hasta nuestros días: la de un guerrero invencible y, sobre todo, un dechado de espíritu caballeresco.

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Saladino, el gran héroe del mundo islámico :

Fue el primer sultán de la dinastía ayubí, admirado tanto por musulmanes como por cristianos


El sultán Saladino en un grabado de Gustave Doré (1832-1883).

Actualizado a 


E4 de marzo de 1193 murió Saladino, el primer sultán de la dinastía ayubí y el principal héroe del mundo islámico, admirado también por los cristianos por su carácter noble y caballeroso. Saladino nació en 1138 en Tikrit (Irak), en el seno de una respetable familia kurda originaria de Dvin, una antigua ciudad de Armenia.

Saladino fue sultán de Egipto (1171-1193), donde reinstauró el sunismo, y de Siria (1174-1193), además unificó Oriente Próximo. En 1187 derrotó a los cruzados en la batalla de Hattin y conquistó Jerusalén, poniendo fin a casi nueve décadas de ocupación por parte de los cruzados, lo que provocó la Tercera Cruzada (1189-1192). Los cristianos, bajo el mando de Ricardo Corazón de León, no volvieron a tomar la ciudad, pero firmaron la paz con Saladino y recuperaron las plazas costeras que habían reconquistado.

Saladino murió en 1193, a la edad de 55 años, víctima de una enfermedad. En Occidente se convirtió en héroe de numerosas leyendas. Su tumba está situada junto al ala norte de la Gran Mezquita de Damasco, en la capital de Siria.

NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

viernes, 21 de agosto de 2020

NATIONAL GEOGRAPHIC : Ricardo Corazón de León ¿rey valiente o soberano cruel y ambicioso?

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos entrega un amplio reportaje sobre el Rey Ricardo I, Corazón de León, monarca de Inglaterra, que prácticamente no pisó su país y que  dedicó su vida a la guerra en Francia y en el Oriente en Las Cruzadas.
NATIONAL GEOGRAPHIC.- narra : "Más conocido como "Corazón de León", es recordado como un soberano fabuloso que abandonó su reino para luchar en las cruzadas, y regresó a él para recuperarlo ante la ambición de su hermano Juan sin Tierra. La imagen que el cine y la literatura han ofrecido de Ricardo es la del monarca que vuelve a un reino abatido por los abusos y el mal gobierno para imponer la justicia y restaurar el bienestar del pueblo, donde sólo algunos leales, como el semilegendario Robin Hood, mantienen viva la fe en su monarca durante su ausencia. Pero ese rey es un personaje inventado...."

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/ricardo-corazon-leon-rey-valiente-o-soberano-cruel-y-ambicioso_14681/1

La leyenda ha mitificado la figura de Ricardo I de Inglaterra, un monarca que prácticamente no pisó su país y que dedicó su vida a la guerra en Francia y en Oriente

José Luis Corral



 Merry-Joseph Blondel realizó este retrato de Ricardo Corazón de León en el siglo XIX.
 Foto: CC

Tumba de Ricardo en la Abadía de Fontevrault, en Francia.
 Foto: CC



La unción de un rey
Ilustración del siglo XIII que muestra a Ricardo I siendo ungido durante su coronación como rey en la abadía de Westminster, Londres.
Foto: CC

Estatua ecuestre en bronce de Ricardo I realizada por Carlo Marochetti y situada en palacio de Westminster de Londres.
Foto: CordonPress

 Gran Sello Real de 1189 con el rey Ricardo I.
 Foto: CC

Ricardo I, rey de Inglaterra, duque de Aquitania y de Normandía, entre otros títulos, es uno de los personajes más controvertidos de la Edad Media. Su vida estuvo cuajada de guerras, intrigas y aventuras que discurrieron entre las verdes colinas de Francia y las tórridas arenas de los desiertos de Oriente. Fue príncipe, caballero, trovador, amante, rey y héroe, para acabar convirtiéndose en protagonista de las más atractivas leyendas del Medievo.

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Más conocido como "Corazón de León", es recordado como un soberano fabuloso que abandonó su reino para luchar en las cruzadas, y regresó a él para recuperarlo ante la ambición de su hermano Juan sin Tierra. La imagen que el cine y la literatura han ofrecido de Ricardo es la del monarca que vuelve a un reino abatido por los abusos y el mal gobierno para imponer la justicia y restaurar el bienestar del pueblo, donde sólo algunos leales, como el semilegendario Robin Hood, mantienen viva la fe en su monarca durante su ausencia. Pero ese rey es un personaje inventado.

El príncipe valiente

Es difícil perfilar con precisión la verdadera personalidad de Ricardo I, pues durante su vida los cronistas manejaron su biografía según los intereses que los movían. Ricardo fue el tercer hijo varón de dos formidables personalidades: el ambicioso y vital Enrique II de Inglaterra y la incansable y hermosa Leonor de Aquitania. Nació en el palacio real de Beaumont, en la ciudad de Oxford, el 8 de septiembre de 1157. Por su puesto en el orden sucesorio apenas tenía posibilidades de reinar, pero la muerte de sus dos hermanos mayores lo alzó al trono de Inglaterra. Antes se había convertido en conde de Poitiers y señor de Aquitania, por deseo expreso de su madre la reina Leonor, que siempre lo consideró como su hijo predilecto. En 1189, Corazón de León heredó la corona de Inglaterra, que ostentaría hasta su muerte el 6 de abril de 1199. Murió sin hijos y fue sucedido por su hermano, el taimado Juan sin Tierra.
Pero, ¿cómo fue realmente Ricardo Corazón de León? ¿El rey caballeresco y noble, de recia personalidad y profundas convicciones, que dibuja la leyenda, o el monarca fútil, mediocre, inane y veleidoso que presentan algunos libros de historia? Desde luego, el aspecto físico de Ricardo debió de ser imponente: alto, aunque no en demasía, de cabello rojizo, ojos azules, rostro leonino, y cuerpo recio y poderoso (aunque en sus últimos años, al regreso de las cruzadas, engordó demasiado y se convirtió en un hombre obeso).
Su aspecto debió ser imponente: alto, tenía un cuerpo recio y poderoso, rostro leonino, ojos azules y pelo rojizo
Nada se sabe de su infancia, que transcurrió junto a su madre, la brillante Leonor, en una corte rodeada de poetas exquisitos, de trovadores que cantaban al amor y a los placeres, y de nobles y damas apasionados por la moda del amor cortés. Apenas tenía diecisiete años cuando su padre encarceló a Leonor en una prisión de Inglaterra, y Ricardo, privado del apoyo de su madre, se vio inmerso en las endémicas disputas familiares de los Plantagenet, sumidos en una vorágine de guerras feudales en las que los nobles batallaban entre sí y se aliaban a favor o en contra de sus soberanos, todo ello en medio de la tensión entre Francia e Inglaterra por el dominio de Aquitania, el Poitou, Bretaña, el Vexin y Normandía –territorios que comprendían la mitad de la actual Francia.

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En esos años, entre 1174 y 1189, Ricardo se formó como un formidable guerrero, y adquirió fama de soldado invencible cuando en 1178, con veintiún años, dirigió el asalto y conquista del castillo de Taillebourg, que se consideraba inexpugnable. Era un príncipe y gobernaba la rica Aquitania, pero ambicionaba más. Ocluido por la amplia sombra de su padre, sabía que en sus circunstancias no era sino una pieza más del rompecabezas político en que se había convertido Europa occidental. Enrique II acordó con Luis VII de Francia el matrimonio de sus respectivos hijos, Ricardo y Aélis, para sellar un acuerdo de paz que pusiera fin, o al menos tregua, al enfrentamiento entre ingleses y franceses. Aélis era una niña cuando se trasladó a la corte de Enrique II, quien la convirtió en su concubina, en un acto verdaderamente escandaloso. Más tarde, Ricardo se negaría a contraer matrimonio con su prometida, alegando que había sido desflorada por su padre, el futuro suegro, que la había tenido como amante durante años. Es probable que este comportamiento –que hoy calificaríamos de auténticamente pedófilo– de Enrique con la novia de su hijo Ricardo influyera en la inclinación sexual de este último.

Odios familiares

Desde luego, el linaje de los Plantagenet no constituía una familia modélica. Enrique II, el soberano patriarca, se había casado con Leonor, once años mayor que él, tras separarse ésta de Luis VII de Francia, y había ganado la corona de Inglaterra con tesón y habilidad política. Había concebido diez hijos con Leonor, a la que había encarcelado, y había disfrutado de numerosas amantes, entre ellas la pobre Aélis. Hombre libidinoso y autoritario, se había empeñado en crear un imperio en el que sus hijos gobernarían los diversos estados en tanto él actuaría como un verdadero emperador, por encima de sus vástagos.
El padre de Ricardo, Enrique II era un hombre autoritario y libidinoso que tuvo numerosas amantes, entre ellas la prometida de su hijo cuando era sólo una niña.
Leonor era brillante y rebosaba energía; hija y heredera del duque Guillermo X de Aquitania y nieta de Guillermo el Trovador, se había educado en la refinada y sutil corte de Poitiers, en la que los placeres eran por sí mismos un objetivo. Duquesa de Aquitania, reina de Francia primero y de Inglaterra después, pasó quince años de su vida encerrada en un castillo inglés por orden de su propio esposo. Los hijos de ambos, ambiciosos, egoístas y caprichosos, configuran un mosaico de personalidades diversas. Enrique el Joven, el primogénito, fue coronado rey de Inglaterra por su padre, pero vivió amedrentado por éste y envidiando a Ricardo, que pese a su condición de segundón podía gobernar sus propios Estados con cierta autonomía. Juan sin Tierra fue coronado rey de Irlanda en 1185, pero siempre se mantuvo a la sombra de sus hermanos, aunque sin dejar de intrigar cuanto pudo con y contra ellos. Los demás hermanos maquinaban en silencio para ganarse un puesto al sol, en tanto las hermanas se convertían en meras piezas de cambio en los pactos políticos de sus padres a través de enlaces matrimoniales con príncipes de Francia, Aragón o Castilla.

El apodo de "Corazón de León"

Sobrevivir en esas circunstancias ya era todo un éxito, y Ricardo lo logró con creces. El 6 de julio de 1189 Enrique II murió tras ser herido en el transcurso de uno de los enfrentamientos que mantuvo con su hijo Ricardo, en ese momento aliado con el rey Felipe Augusto de Francia. Ricardo se convirtió en rey de Inglaterra y su primera decisión fue liberar a su madre Leonor del cautiverio. Esta decidió llevar el cuerpo de su esposo a la abadía de Fontevraud y allí acudió también Ricardo, quien, según relatan las crónicas, no sintió la menor emoción ante el cadáver de su padre.
Tras la muerte de Enrique II en un enfrentamiento con su propio hijo, Ricardo se convirtió en rey de Inglaterra
Ya convertido en rey, sus antiguos enemigos, como el famoso caballero Guillermo el Mariscal, le juraron fidelidad, y se ganó el apodo de "Corazón de León", símbolo de valor, dignidad y poder. Fue el noble y belicoso Bertrán de Born, su enemigo antaño, quien escribió un poema en el que identificaba a Ricardo con un león y a Felipe de Francia con un cordero. Ricardo se mostró generoso con todos y organizó su coronación solemne como rey de Inglaterra en la abadía de Westminster, en una ceremonia fastuosa a la que vetó la asistencia de judíos y de mujeres. ¿Fue una muestra de su supuesta tendencia homosexual?

De Jerusalén a la cárcel

En julio de 1187, tras la victoria de Saladino, el gran caudillo del Islam, en la batalla de Hattin, Jerusalén cayó en manos musulmanas. El fin del dominio cristiano en Tierra Santa parecía próximo. Pero ahí estaba Ricardo, dispuesto a acudir a una nueva cruzada y "liberar" Jerusalén. Para él, las cruzadas eran una ocasión única de conseguir gloria y fama, la máxima ambición de todo caballero medieval. Partió en el verano de 1190, aliado con Felipe de Francia, no sin antes romper su compromiso con Aélis. Seguía soltero y sin hijos; por ello, su madre se presentó en Sicilia con la princesa Berenguela de Navarra, con quien se casó en mayo de 1191 en Limassol, tras la conquista de Chipre.

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Ya en Tierra Santa logró varias victorias contra los musulmanes, una de ellas encabezando personalmente el ejército, en Jaffa. Pero nunca se enfrentó cara a cara con Saladino y no pudo recuperar Jerusalén. Regresó a Europa disfrazado de mercader, pero en el camino, en las afueras de Viena, fue identificado por un anillo de oro y encerrado en una prisión durante más de un año. De nuevo acudió su madre Leonor a salvarlo. La reina logró reunir la enorme cantidad solicitada por su liberación, y Ricardo quedó libre para regresar a sus dominios y hacerse cargo de sus estados.
Siguió guerreando sin cesar y en una batalla librada en Grisors en 1198 tomó el lema «Dieu et mon droit», algo así como "Dios y mi voluntad", en francés, divisa que ocho siglos después sigue siendo la leyenda heráldica del escudo de los monarcas de Inglaterra, pero en la lengua de Francia. Murió cinco años después, de resultas de una infección provocada por un flechazo en un hombro que recibió mientras planeaba el asalto al castillo de Châlus. Sus entrañas fueron enterradas en Aquitania y su cuerpo recibió sepultura en Fontevrault, en la región de Anjou, junto al de su padre, donde años después también reposaría el de Leonor. Pero su corazón –el corazón de un león– fue depositado en la catedral de Ruán.

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Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
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NATIONAL GEOGRAPHIC.- identificado un campo de batalla de la tercera cruzada

Hola amigos: A VUELO DE UN QUIENDE EL BLOG., la revista National Geographic, nos informa sobre el lugar exacto donde se desarrolló un episodio de  la batalla de Arsuf de la Tercera Cruzada, entre las tropas del rey inglés Ricardo Corazón de León contra el sultán Saladino.
NATIONAL GEOGRAPHIC.- narra: "El arqueólogo Rafael Lewis, de la Universidad de Tel Aviv, afirma haber encontrado el lugar exacto donde tuvo lugar la batalla de Arsuf, un episodio de la Tercera Cruzada que enfrentó directamente al sultán Saladino contra el rey inglés Ricardo Corazón de León, uno de los líderes destacados de las fuerzas cristianas. A través de un estudio amplio de hallazgos arqueológicos, registros históricos y estudios climáticos, ha señalado a un punto concreto en la llanura de Sharon, en las proximidades de Tel Aviv.
En septiembre del año 1191, ambos ejércitos chocaron cerca de Arsuf, una ciudad fortificada en la costa del actual Israel. Se trataba del segundo de tres enclaves estratégicos, junto a Acre y Jaffa, que aseguraban en un corredor litoral seguro para las tropas hasta su objetivo final, Jerusalén. El resultado de la batalla fue favorable a las fuerzas cristianas y, aunque no permitió el objetivo final de capturar la ciudad santa, fue una victoria muy importante para la moral de las tropas....."

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/identificado-campo-batalla-tercera-cruzada_15607

Un arqueólogo israelí ha identificado el sitio de la batalla de Arsuf, un episodio de la Tercera Cruzada en el que las tropas de Ricardo Corazón de León derrotaron a Saladino.

Abel de Medici
· Lectura: 2 min

Arsuf fue una ciudad fortificada en la costa del actual Israel.
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El arqueólogo Rafael Lewis, de la Universidad de Tel Aviv, afirma haber encontrado el lugar exacto donde tuvo lugar la batalla de Arsuf, un episodio de la Tercera Cruzada que enfrentó directamente al sultán Saladino contra el rey inglés Ricardo Corazón de León, uno de los líderes destacados de las fuerzas cristianas. A través de un estudio amplio de hallazgos arqueológicos, registros históricos y estudios climáticos, ha señalado a un punto concreto en la llanura de Sharon, en las proximidades de Tel Aviv.
En septiembre del año 1191, ambos ejércitos chocaron cerca de Arsuf, una ciudad fortificada en la costa del actual Israel. Se trataba del segundo de tres enclaves estratégicos, junto a Acre y Jaffa, que aseguraban en un corredor litoral seguro para las tropas hasta su objetivo final, Jerusalén. El resultado de la batalla fue favorable a las fuerzas cristianas y, aunque no permitió el objetivo final de capturar la ciudad santa, fue una victoria muy importante para la moral de las tropas.


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El hallazgo del campo de batalla

El lugar de la batalla era desconocido hasta ahora: aunque los registros hablaban de un bosque de robles, el paisaje ha cambiado mucho a lo largo de los siglos. El profesor Lewis empezó por analizar diversos factores que le permitieron acotar el área en la que podría haberse desarrollado el episodio, como el trazado de las carreteras y el número de horas al día que las tropas cristianas habrían podido avanzar desde Acre, así como el estudio de mapas antiguos que pudieran indicar de forma aproximada la localización de dicho bosque. En la fase final del estudio, utilizó un detector de metales en un área de terreno reducida y descubrió diversos objetos de guerra enterrados, como puntas de flecha y herraduras de caballo, datadas entre finales del siglo XII y principios del XIII, lo que coincidiría con la fecha de la batalla.
"Ricardo ganó la batalla, pero no logró destruir las fuerzas musulmanas", apunta el investigador.
Lewis también pone en cuestión que la batalla fuese realmente tan decisiva como los registros históricos afirman. “Ricardo ganó la batalla, pero no logró destruir las fuerzas musulmanas y los Cruzados nunca consiguieron reconquistar Jerusalén, que era su objetivo final”. La Tercera Cruzada terminó en una situación de empate con la firma de un tratado entre Ricardo y Saladino: Jerusalén permanecería en manos de los musulmanes, pero se permitiría a los peregrinos cristianos entrar en la ciudad.

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